Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandoms:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2025-03-10
Words:
7,441
Chapters:
1/1
Hits:
17

Entre Pesas y Suspiros - Sungchan x Gyuvin

Summary:

Hecho por chat gpt!!!!!!!!!

Lo que comenzó como simples entrenamientos en el gimnasio se convirtió en una atracción innegable entre Jung Sungchan y Kim Gyuvin. Entre risas, desafíos y coqueteos descarados, sus sentimientos crecieron hasta volverse imposibles de ignorar. Del calor de los entrenamientos al fuego de su amor, cada encuentro los acerca más, convirtiendo su historia en una mezcla perfecta de pasión, ternura y momentos inolvidables.

¿Hasta dónde los llevará esta conexión que empezó entre pesas y terminó entre suspiros?

Notes:

Recordé que se conocieron en el gym y dije porque no

Work Text:

"Latidos Acelerados" – Capítulo 1
El sonido de las pesas chocando, la música motivadora de fondo y el murmullo de las personas entrenando eran el pan de cada día en el Titan Gym, el gimnasio más concurrido de la ciudad.
Para Jung Sungchan, ese lugar no era solo un sitio para entrenar. Era su segunda casa. Trabajaba ahí como entrenador personal, ayudando a los clientes a alcanzar sus objetivos mientras él mismo seguía puliendo su físico. A sus 24 años, había encontrado en el ejercicio no solo una rutina, sino una pasión.
Lo que no esperaba era que esa rutina se viera alterada por la llegada de alguien en particular.
Kim Gyuvin.
Desde el momento en que Gyuvin entró al gimnasio, Sungchan supo que era diferente. No porque fuera un novato—de hecho, se veía bastante en forma—sino porque tenía esa energía relajada, casi despreocupada, que contrastaba con el ambiente serio del gimnasio.
Y, por supuesto, porque era ridículamente atractivo.
Alto, con una sonrisa encantadora y un cuerpo que indicaba que tenía una genética injustamente buena. Lo peor de todo era que lo sabía.
—Hola, ¿quién es el entrenador más paciente de aquí? —preguntó Gyuvin en su primer día, apoyándose en el mostrador de recepción con una sonrisa divertida.
Sungchan, que estaba al lado, alzó una ceja.
—¿Por qué, planeas ponerlo a prueba?
Gyuvin lo miró de arriba abajo y sonrió aún más.
—Tal vez.
Y fue así como todo comenzó.

Capítulo 2
—No puedo más. —Gyuvin dejó caer las mancuernas y se dejó caer en el banco, fingiendo un agotamiento extremo después de hacer solo tres repeticiones.
Sungchan cruzó los brazos y lo miró con una mezcla de paciencia y diversión.
—No llevas ni quince minutos aquí.
—Mi cuerpo no está hecho para esto.
—¿Ah, no? —Sungchan se inclinó un poco, apoyando una mano en el banco al lado de Gyuvin—. ¿Y para qué está hecho, entonces?
Gyuvin lo miró fijamente por un segundo antes de sonreír con picardía.
—Para descansar mientras tú me motivas.
Sungchan rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír.
—Vamos, levántate. —Le tendió la mano.
Gyuvin la tomó, y en lugar de simplemente levantarse, aprovechó para jalar un poco a Sungchan hacia él.
—Tienes una sonrisa bonita, ¿lo sabías? —dijo con tono casual.
Sungchan parpadeó.
No era la primera vez que alguien lo coqueteaba en el gimnasio, pero con Gyuvin se sentía diferente. Más ligero. Más entretenido.
—Eso no te va a salvar de hacer ejercicio. —Apretó un poco la mano de Gyuvin antes de soltarlo—. Vamos, tienes una serie más.
Gyuvin suspiró exageradamente.
—Si muero, pon en mi lápida que lo intenté.
—Intentaste evitarlo, querrás decir.
A pesar de sus quejas, Gyuvin siguió entrenando. Y con cada sesión, Sungchan se dio cuenta de algo:
Gyuvin no era tan perezoso como decía ser.
De hecho, se esforzaba. Le gustaba desafiarse a sí mismo.
Y lo que más le gustaba… era provocar a Sungchan.
Y Sungchan, aunque intentara negarlo, estaba empezando a caer en su juego.

"Latidos Acelerados" – Capítulo 3
Las semanas pasaron, y lo que comenzó como un simple entrenamiento se convirtió en una rutina especial.
Cada vez que Gyuvin llegaba al gimnasio, Sungchan ya sabía que su sesión sería todo menos tranquila.
—Llegas tarde. —Sungchan miró el reloj cuando Gyuvin apareció con su sonrisa característica.
—Relájate, entrenador, lo importante es que llegué, ¿no? —Gyuvin le guiñó un ojo antes de dejar su botella de agua sobre una banca.
Sungchan suspiró, pero no pudo evitar que sus labios se curvaran en una pequeña sonrisa.
—Calienta rápido. Hoy trabajaremos piernas.
Gyuvin hizo una mueca dramática.
—¿Piernas? ¿Otra vez? ¿Quieres que deje de caminar?
—Quiero que dejes de quejarte.
—Eso nunca va a pasar.
A pesar de sus bromas, Gyuvin siguió las instrucciones. Sungchan lo observó de reojo mientras él hacía sus sentadillas. Era imposible no notar lo bien que se veía concentrado, con el ceño ligeramente fruncido y los músculos de sus brazos tensándose con cada movimiento.
Sungchan carraspeó, apartando la mirada. No estaba ahí para admirarlo.
Pero Gyuvin, como si pudiera leer su mente, terminó su serie y se giró hacia él con una sonrisa ladina.
—¿Te gusta lo que ves?
Sungchan cruzó los brazos y alzó una ceja.
—Me gusta ver a mis alumnos progresar.
Gyuvin se acercó un poco, aún con esa sonrisa juguetona.
—¿Solo eso?
Sungchan mantuvo la compostura. No caería en su juego.
—Sigue con la siguiente serie.
Gyuvin soltó una risita y volvió a su rutina, pero Sungchan no pudo evitar notar la forma en que, de vez en cuando, Gyuvin lo miraba de reojo, como si esperara una reacción.
Y aunque Sungchan se negara a admitirlo, Gyuvin estaba empezando a afectarlo más de lo que le gustaría.

Capítulo 4
El problema era que Gyuvin no sabía cuándo detenerse.
O mejor dicho, sabía exactamente cuándo insistir más.
—Vamos a hacer press de banca —indicó Sungchan, guiándolo hasta la máquina.
Gyuvin se acostó sobre la banca con un suspiro exagerado.
—¿Me vas a ayudar si no puedo levantarlo?
Sungchan rodó los ojos.
—Obviamente. Pero no uses eso como excusa para hacer el ridículo.
Gyuvin sonrió.
—¿Eso significa que confías en mi fuerza? Qué lindo.
—Significa que no quiero que te lesiones por jugar demasiado.
Gyuvin rió, pero tomó la barra con seriedad. Levantó el peso sin problemas, haciendo repeticiones controladas. Sungchan, de pie sobre él para asegurarse de que no perdiera el control, lo observó con atención.
Y luego, pasó.
Gyuvin, en lugar de concentrarse completamente en el ejercicio, alzó la vista y lo miró fijamente a los ojos mientras levantaba la barra.
Directo. Intenso.
Sungchan sintió un leve escalofrío recorrer su espalda.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó con el ceño fruncido.
Gyuvin sonrió.
—Trabajo de resistencia… y de concentración.
—Deja de verme y concéntrate en no dejar caer el peso sobre tu cara.
—No puedo evitarlo. Eres muy bonito desde este ángulo.
Sungchan sintió que su corazón latía más fuerte, pero disimuló bien su reacción.
—Termina la serie.
Gyuvin soltó una risa baja y continuó el ejercicio. Pero Sungchan supo en ese momento que Gyuvin no iba a detenerse hasta hacerlo reaccionar.
Y lo peor era que estaba funcionando.

Capítulo 5
El gimnasio estaba más vacío de lo usual esa noche.
Después del entrenamiento, Sungchan se quedó para cerrar, y Gyuvin, en lugar de irse, se sentó en uno de los bancos, bebiendo agua mientras lo miraba trabajar.
—¿No tienes a dónde ir? —preguntó Sungchan sin mirarlo.
—No tengo prisa. Además, disfruto verte así.
Sungchan le lanzó una mirada de advertencia, pero Gyuvin solo sonrió.
—Me pregunto… —Gyuvin apoyó los codos en sus rodillas, inclinándose un poco—. ¿Siempre eres tan profesional con todos?
Sungchan lo miró sin responder.
—Porque conmigo tengo la sensación de que te contienes mucho.
Sungchan apretó la mandíbula.
—¿De qué hablas?
Gyuvin se puso de pie y se acercó, acortando la distancia entre ellos.
—Vamos, Sungchan. Sabes de qué hablo. —Su voz bajó, más suave, más provocativa—. ¿Cuánto tiempo más vas a seguir fingiendo que no te afecta?
Sungchan se quedó en silencio. Porque la verdad era que sí le afectaba.
Gyuvin no solo le parecía atractivo. Le gustaba.
Y el hecho de que lo supiera y se divirtiera con eso solo lo hacía más frustrante.
—No tengo idea de qué estás diciendo —respondió al final, intentando sonar indiferente.
Gyuvin sonrió, divertido.
—Bien. Entonces… supongo que no te molestará esto.
Antes de que Sungchan pudiera preguntar a qué se refería, Gyuvin acortó la distancia y lo besó.
No fue un beso impulsivo ni torpe. Fue un contacto lento, calculado, lleno de intenciones.
Y Sungchan, por primera vez en mucho tiempo, no pudo resistirse.
Sin darse cuenta, le correspondió, cerrando los ojos por un segundo. Solo un segundo.
Luego, se separó rápidamente, dando un paso atrás con la respiración acelerada.
Gyuvin lo miró con esa maldita sonrisa suya.
—Vaya. Así que sí te afecto.
Sungchan sintió su cara arder.
—Cállate.
Gyuvin rió, divertido y encantado.
—No puedes hacerme callar si sigues besándome así.
Sungchan suspiró, pasando una mano por su rostro. Estaba en problemas.
Porque por más que quisiera negarlo…
Ya no podía seguir fingiendo que Gyuvin no le importaba.

 

"Latidos Acelerados" – Capítulo 6
Sungchan evitó a Gyuvin los siguientes días.
No porque no quisiera verlo, sino porque sabía que, si lo hacía, terminaría besándolo otra vez.
Y lo peor era que Gyuvin lo sabía.
—¿Estás huyendo de mí? —preguntó con diversión cuando finalmente se encontraron en el gimnasio.
Sungchan rodó los ojos.
—No tengo tiempo para tus tonterías hoy.
Gyuvin apoyó un brazo en la máquina de pesas y sonrió.
—Interesante. Porque la última vez que me dijiste eso… terminamos besándonos.
Sungchan frunció el ceño.
—¿Siempre tienes que recordarlo?
—¿Siempre tienes que fingir que no te gustó?
Sungchan apretó la mandíbula. Maldito Gyuvin.
—Cálmate. No significa nada.
Gyuvin chasqueó la lengua.
—Mmm… no sé. Un beso así no se da si no significa nada.
Sungchan respiró hondo, intentando mantener la compostura.
—¿Vas a entrenar o solo viniste a molestarme?
Gyuvin sonrió.
—Ambas.
Y así era siempre.
Desde ese beso, Gyuvin no perdió oportunidad de provocarlo. Se acercaba demasiado, lo llamaba "Sungie" con voz juguetona, e incluso se ofrecía a ayudarlo a cerrar el gimnasio solo para estar más tiempo con él.
Sungchan, por su parte, intentaba mantener su postura firme. Pero era imposible no ceder un poco cuando Gyuvin lo miraba con tanta intensidad.
Esa noche, después de un largo entrenamiento, Gyuvin estaba apoyado contra la pared, bebiendo agua mientras lo observaba.
—Oye.
Sungchan levantó la mirada.
—¿Qué?
Gyuvin sonrió.
—Dime la verdad. ¿Te gusto?
Sungchan suspiró.
—¿En serio estás preguntando eso?
—Sí. —Gyuvin inclinó la cabeza—. Quiero escucharlo de ti.
Sungchan se cruzó de brazos, mirándolo fijamente.
No iba a mentir. No esta vez.
—Sí. Me gustas.
El brillo en los ojos de Gyuvin fue inmediato.
—¿Desde cuándo?
Sungchan exhaló, rindiéndose.
—Desde que me miraste mientras hacías press de banca.
Gyuvin rió, encantado.
—Sabía que eso te había afectado.
—Eres insoportable.
Gyuvin se acercó un poco, con una sonrisa traviesa.
—¿Y qué vas a hacer al respecto?
Sungchan se quedó en silencio por unos segundos antes de dar un paso adelante, reduciendo la distancia entre ellos.
—Creo que ya sabes la respuesta.
Y esta vez, fue Sungchan quien lo besó.
No hubo dudas, no hubo juegos.
Solo un beso real, sincero.
Gyuvin sonrió contra sus labios antes de corresponderle, deslizando sus manos por la espalda de Sungchan, atrayéndolo más hacia él.
Esa noche, Sungchan decidió dejar de resistirse.
Porque, después de todo, Gyuvin ya había ganado.

 

"Un Juego Peligroso" – Capítulo 7
Desde aquella noche, algo cambió entre ellos.
Sungchan ya no evitaba a Gyuvin.
Pero tampoco podía actuar como si nada pasara.
Lo supo cuando Gyuvin llegó al gimnasio con una sonrisa descarada y se apoyó contra la recepción, mirándolo fijamente.
—Hola, Sungie.
Sungchan, quien intentaba concentrarse en revisar el inventario, se quedó congelado por un segundo.
No porque Gyuvin lo hubiera llamado así (aunque, sí, eso también lo afectaba), sino porque el tono en su voz era diferente.
Más juguetón.
Más provocador.
Sungchan respiró hondo y levantó la mirada con fingida indiferencia.
—¿Qué quieres?
Gyuvin sonrió, inclinándose un poco más sobre el mostrador.
—Solo verte.
Sungchan apretó los labios.
—¿No tienes que entrenar?
—Mmm… —Gyuvin fingió pensarlo—. Sí, pero prefiero calentar contigo primero.
Sungchan entrecerró los ojos.
—¿Te das cuenta de cómo suena eso?
—Por supuesto. —Gyuvin sonrió más—. Lo dije así a propósito.
Maldita sea.
Sungchan desvió la mirada, fingiendo que no le afectaba, pero Gyuvin no le quitó los ojos de encima ni por un segundo.
Ese día, durante el entrenamiento, Gyuvin llevó su coquetería al siguiente nivel.
—Sungie, ¿me ayudas con esto?
Cada vez que le pedía ayuda, se acercaba demasiado.
Cada vez que Sungchan lo corregía, Gyuvin lo miraba con una expresión descarada.
Y cada vez que hacían contacto visual, Gyuvin sonreía como si estuviera ganando un juego secreto.
—Sungie… —Gyuvin se inclinó hacia él después de hacer abdominales—. Si sigues mirándome así, voy a pensar que quieres besarme otra vez.
Sungchan exhaló lentamente.
—Deja de provocarme.
—¿Por qué? ¿No te gusta?
Sungchan le sostuvo la mirada por unos segundos antes de sonreír de lado.
—No dije eso.
Gyuvin quedó en silencio.
Por primera vez, Sungchan sintió que le había devuelto la jugada.
La expresión de Gyuvin cambió por un instante, como si no esperara esa respuesta, pero luego sonrió, más encantado que nunca.
—Así que ahora sí juegas, ¿eh?
Sungchan levantó una ceja.
—¿Te asusta?
Gyuvin rio suavemente.
—Para nada.
Y en ese momento, Sungchan supo que ese juego apenas comenzaba.

 

"¿Quién Juega Mejor?" – Capítulo 8
El juego entre ellos no se detuvo.
Si antes Gyuvin era coqueto, ahora lo era el doble.
Y si Sungchan intentaba resistirse, ahora ya ni lo intentaba.
—Sungie, ¿me pasas la toalla?
Sungchan levantó la mirada justo a tiempo para ver a Gyuvin sacarse la camiseta, con el cuerpo brillante por el sudor después de su entrenamiento.
"Este tipo lo hace a propósito."
Sungchan respiró hondo y le lanzó la toalla, pero Gyuvin, en lugar de atraparla, la dejó caer al suelo.
—Ups… —Gyuvin sonrió de lado—. ¿Me la recoges?
Sungchan lo miró con incredulidad.
—¿Hablas en serio?
Gyuvin inclinó la cabeza con inocencia fingida.
—¿Acaso me ves bromear?
Sí, totalmente.
Sungchan suspiró, acercándose lentamente.
Si Gyuvin quería jugar, él también podía.
Se agachó para recoger la toalla, pero en lugar de entregársela de inmediato, se tomó su tiempo, deslizándola por los brazos de Gyuvin con lentitud.
—¿Así está bien? —preguntó, con una sonrisa traviesa.
Gyuvin pestañeó.
Por un instante, pareció perder su seguridad.
Pero luego rio suavemente y tomó la toalla, sin apartar la mirada de Sungchan.
—Cada vez me gustas más.
Y ahí fue cuando Sungchan supo que este juego nunca iba a tener un ganador.
Porque, al final, ambos se estaban rindiendo.

Más tarde esa noche
El gimnasio estaba cerrado.
Era raro que ambos se quedaran tanto tiempo después del entrenamiento, pero ninguno quería irse.
Gyuvin estaba sentado en una banca, con una botella de agua en la mano, mientras Sungchan terminaba de acomodar unas pesas.
Por primera vez en toda la noche, el ambiente no era un juego.
—Oye.
Sungchan volteó a verlo.
—¿Qué pasa?
Gyuvin sonrió suavemente antes de desviar la mirada.
—Nada. Solo… me gusta estar aquí contigo.
Sungchan dejó lo que estaba haciendo y se acercó, sentándose a su lado.
—Sabes que yo también, ¿verdad?
Gyuvin lo miró.
No con esa expresión traviesa de siempre.
Sino con algo más profundo.
—¿Entonces por qué tardaste tanto en admitirlo?
Sungchan sonrió, apoyando un codo en su rodilla.
—Porque me das miedo.
Gyuvin alzó una ceja.
—¿Miedo?
Sungchan asintió.
—Sí. No cualquiera puede coquetearme y hacerme caer tan rápido.
Gyuvin rio, pero luego se inclinó un poco más hacia él.
—Y ahora que caíste… ¿qué vas a hacer?
Sungchan sonrió de lado, antes de sujetarlo de la nuca y acercarlo aún más.
—Esto.
Y lo besó.
Pero esta vez no fue un beso de impulso.
Ni un beso para ganar un juego.
Fue un beso lento, profundo y sincero.
Uno que decía todo lo que no se atrevían a poner en palabras.
Cuando se separaron, Gyuvin sonrió contra sus labios.
—Por fin…
Sungchan rio suavemente.
—Sí. Por fin.
Y en ese momento, supieron que esto ya no era un simple juego.
Era algo más.
Algo que no querían detener.

 

"¿Distraído?" – Capítulo 9
Desde el primer beso, nada cambió y, al mismo tiempo, todo cambió.
Porque Gyuvin seguía siendo el mismo coqueto descarado de siempre.
Y Sungchan, aunque lo disimulaba mejor, ya no tenía intención de resistirse.
Era una mala combinación.
Pero les encantaba.
—Sungie, ¿me ayudas con esto?
Sungchan levantó la mirada y lo vio sentado en el banco de pesas, sujetando la barra con las manos.
No necesitaba ayuda.
Era obvio.
Pero Sungchan no iba a negarse.
Se acercó lentamente, apoyando una mano en su espalda baja mientras la otra tocaba su hombro.
—¿Aquí? —susurró, inclinado sobre él.
Gyuvin tragó saliva.
Por primera vez, pareció sorprendido.
—H-Hey… —intentó reír, pero su voz sonó un poco más inestable de lo normal—. Yo era quien debía provocarte.
Sungchan sonrió.
—Oh, ¿y ahora no puedes concentrarte?
—Cállate.
—Hazlo tú.
Sungchan aprovechó su ventaja y se inclinó un poco más, acercando sus labios al cuello de Gyuvin.
No lo besó.
Solo rozó su piel con su aliento.
—Sungchan…
—¿Sí?
Gyuvin cerró los ojos con frustración.
—Te odio.
Sungchan sonrió con suficiencia y se alejó como si nada.
—Vamos, levanta la pesa.
Gyuvin lo fulminó con la mirada antes de negar con la cabeza, mordiéndose el labio para no sonreír.
—Vas a pagar por esto.
Y Sungchan esperaba con ansias que lo hiciera.

Gyuvin no se quedó de brazos cruzados.
Si Sungchan quería jugar, él podía jugar mejor.
Un par de días después, mientras Sungchan hacía dominadas, Gyuvin aprovechó su oportunidad.
Esperó a que estuviera en su punto más alto y, cuando Sungchan bajó, se pegó a su espalda y rodeó su cintura con los brazos.
Sungchan se congeló.
Gyuvin sonrió.
—Vamos, sigue.
—Gyuvin… —murmuró Sungchan entre dientes, con los músculos tensos.
—¿Qué pasa? No te desconcentres.
Sungchan exhaló lentamente.
No podía ceder.
Apretó la barra con más fuerza y siguió con sus repeticiones.
Pero Gyuvin no se movió.
Al contrario, se pegó más.
—Mmm… te ves muy bien así —murmuró junto a su oído, con una sonrisa ladina.
Sungchan apretó los labios.
Cuando terminó la serie, se soltó bruscamente y atrapó a Gyuvin antes de que pudiera alejarse.
Lo empujó contra la pared suavemente y lo sujetó por la cintura.
—¿Te gusta jugar sucio, eh?
Gyuvin tragó saliva, pero su sonrisa nunca desapareció.
—Tienes que admitir que fue una buena venganza.
Sungchan inclinó la cabeza.
—¿Sí?
—Sí.
—Entonces… —Sungchan se acercó, dejando su frente pegada a la de Gyuvin—. ¿Cómo piensas vengarte de esto?
Y sin previo aviso, lo besó.
Pero esta vez fue un beso corto, demasiado fugaz como para saciar a Gyuvin.
Cuando Sungchan se separó, sonrió con burla.
—¿Qué te pasa? —Gyuvin lo miró con indignación—. ¿Por qué te detienes?
—Porque estás enojado —Sungchan se burló, dándole un beso rápido en la mejilla—. Me gusta verte así.
Gyuvin casi gritó.
—Juro que…
—¿Me vas a castigar? —Sungchan ladeó la cabeza, con una sonrisa pícara—. Por favor, hazlo.
Gyuvin exhaló con frustración antes de reír, rindiéndose.
—Te odio.
—Mientes.
Y Gyuvin no pudo negarlo.
Porque, en realidad, lo amaba.

 

"Primera cita" – Capítulo 10
—¿Me estás invitando a salir?
Gyuvin sonrió, apoyando los codos en la barra del gimnasio mientras miraba a Sungchan con descaro.
—¿Por qué? ¿Vas a decir que no?
Sungchan rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír.
—¿Y si digo que sí?
—Entonces iríamos a mi departamento ahora mismo.
—¿Tienes prisa?
—Claro que sí. Llevamos semanas en este jueguito —Gyuvin se acercó un poco más, rozando su brazo con el de Sungchan—. Y me muero por verte sin esas pesas estorbando.
Sungchan se rió entre dientes.
—Estás desesperado.
—¿Y quién me culpa?
Sungchan apoyó la toalla en su cuello y lo miró con interés.
—Está bien. Vamos a una cita.
Gyuvin parpadeó.
—¿Hablas en serio?
—Sí.
—Pero pensé que te gustaba jugar duro.
—¿Y quién dijo que no lo haré?
Gyuvin entrecerró los ojos.
—¿Qué estás planeando?
Sungchan sonrió.
—Vamos a descubrirlo.

Sungchan escogió el lugar.
Un restaurante en la azotea de un edificio, con vistas a toda la ciudad.
La luz tenue de las velas iluminaba sus rostros, pero a Gyuvin solo le interesaba mirarlo a él.
—Tengo que admitirlo —Gyuvin apoyó el codo en la mesa y dejó caer la barbilla sobre su mano—. Sabes cómo elegir un lugar.
Sungchan sonrió.
—Me gusta el ambiente.
—¿El ambiente?
—Sí. Es… íntimo.
Gyuvin arqueó una ceja.
—¿Acabas de decir "íntimo"?
—¿Te asusta?
—Me encanta.
Sungchan le sostuvo la mirada con diversión antes de tomar su copa de vino y darle un sorbo.
Gyuvin no podía dejar de mirarlo.
Cada uno de sus movimientos.
Cada pequeño gesto.
Cada maldita sonrisa.
—Si sigues viéndome así —murmuró Sungchan, inclinándose un poco sobre la mesa—, voy a pensar que me deseas.
Gyuvin sonrió.
—Esa es la idea.
Sungchan dejó la copa sobre la mesa con calma, pero sus ojos brillaban con un peligroso interés.
—¿Y qué vas a hacer al respecto?
Gyuvin se inclinó también.
—Esperar a que terminemos de cenar.
—¿Ah, sí?
—Sí.
—¿Para qué?
—Para arrinconarte contra la pared y besarte hasta que dejes de provocarme.
Sungchan parpadeó.
Por primera vez, pareció sorprendido.
Gyuvin sonrió, satisfecho.
—¿Qué pasa? ¿Acaso te gané en tu propio juego?
Sungchan entrecerró los ojos.
—Ni en tus sueños.
Y en un movimiento rápido, deslizó su mano bajo la mesa y la apoyó en el muslo de Gyuvin.
Gyuvin se tensó.
Sungchan sonrió.
—¿Qué pasa? —susurró con burla—. ¿Acaso te gané en tu propio juego?
Gyuvin tragó saliva.
No iba a perder.
Se acercó más, hasta que sus rostros quedaron a centímetros de distancia.
—Vamos a ver quién gana esta noche.
Sungchan estaba más que listo para averiguarlo.

No llegaron a la casa de Gyuvin.
Porque apenas entraron al ascensor del estacionamiento, Sungchan lo acorraló contra la pared.
—Maldición… —Gyuvin sonrió, apoyando las manos en su cintura—. No aguantaste ni cinco minutos.
—Cállate.
Sungchan lo besó con ganas.
No había espacio para sutilezas.
Sus cuerpos chocaron con fuerza, las manos de Gyuvin se deslizaron por su espalda, y Sungchan lo atrapó por la nuca con desesperación.
El ascensor se detuvo.
Ninguno de los dos se movió.
La puerta se abrió.
Sungchan se separó con la respiración agitada.
—Vamos.
Gyuvin sonrió.
—¿A dónde?
Sungchan lo tomó de la muñeca y lo arrastró fuera del ascensor.
—A terminar lo que empezamos.
Gyuvin no podía estar más feliz.

 

"No hay vuelta atrás" – Capítulo 11
La puerta del departamento se cerró de golpe.
Las luces seguían apagadas.
Los labios de Sungchan aún estaban sobre los suyos.
El camino desde el ascensor había sido un caos de besos apresurados y roces furtivos.
Gyuvin apoyó las manos en la pared, sin intención de alejarse, dejando que Sungchan siguiera marcando el ritmo.
—¿No vas a decir nada? —murmuró Gyuvin entre besos.
Sungchan sonrió contra su boca.
—¿Para qué? Prefiero hacer.
Gyuvin sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Sungchan lo estaba devorando vivo.
Sus manos se deslizaban por su cintura, presionándolo contra la pared con firmeza, sus labios dejaban un rastro de besos por su mandíbula, y su respiración se volvía cada vez más descontrolada.
—Si sigues así —susurró Gyuvin, con una sonrisa entre divertida y peligrosa—, no voy a dejarte dormir esta noche.
Sungchan se detuvo por un segundo.
—¿Y quién dijo que quiero dormir?
Gyuvin se quedó sin palabras.
Sungchan aprovechó la sorpresa para empujarlo suavemente hacia la habitación, sin soltarlo ni por un segundo.
—Espera —murmuró Gyuvin, riendo entre besos—. ¿Siempre eres así?
—No.
—¿Entonces por qué ahora sí?
Sungchan lo miró con intensidad.
—Porque eres tú.
Gyuvin sintió un vuelco en el pecho.
Sungchan no le dio tiempo de responder.
Lo besó como si no hubiera un mañana.
Lo empujó suavemente sobre la cama, inclinándose sobre él con una mirada que le quitó el aliento.
—¿Estás asustado?
Gyuvin sonrió.
—Estoy encantado.
Y lo atrajo de nuevo hacia él.

"La mañana siguiente"
El sol se filtraba por las cortinas.
Gyuvin abrió los ojos lentamente, sintiendo el peso de un brazo alrededor de su cintura.
Giró la cabeza y vio a Sungchan durmiendo a su lado.
Despeinado.
Relajado.
A su lado.
Gyuvin sonrió.
Con cuidado, acarició su cabello, deslizando los dedos entre los mechones oscuros.
Sungchan se movió un poco, pero no abrió los ojos.
Gyuvin aprovechó para acercarse más, escondiendo el rostro en su cuello.
—Si sigues así —murmuró Sungchan, con la voz aún ronca de sueño—, voy a pensar que te gusta estar conmigo.
Gyuvin se rió entre dientes.
—No quiero que lo pienses. Quiero que lo sepas.
Sungchan finalmente abrió los ojos.
Se encontraron en una mirada suave y cálida.
—Entonces dímelo.
Gyuvin no dudó.
—Me gustas.
Sungchan sonrió.
—Dímelo otra vez.
Gyuvin lo miró fijamente.
—Me gustas mucho.
Sungchan cerró los ojos con satisfacción y lo atrajo más cerca.
—Bien. Porque tú a mí también.
Gyuvin sintió que su pecho estallaba de felicidad.
Y no pudo evitar besar su mejilla.
Y luego su mandíbula.
Y luego sus labios.
Sungchan rió entre besos.
—Gyuvin…
—Shhh… —Gyuvin lo besó de nuevo—. Solo disfruta.
Y Sungchan no tuvo ninguna queja.

 

"No hay vuelta atrás" – Capítulo 12
El desayuno era un desastre.
Gyuvin se sentó sobre la encimera de la cocina, con una sonrisa divertida, mientras Sungchan intentaba preparar algo comestible.
—¿Quieres ayudar o prefieres seguir viéndome sufrir? —preguntó Sungchan, sin dejar de revolver los huevos en la sartén.
—Prefiero verte sufrir —respondió Gyuvin, sonriendo con burla—. Es sexy verte concentrado.
Sungchan se giró con una ceja levantada.
—¿Sexy?
Gyuvin se encogió de hombros.
—¿No quieres que te lo diga?
Sungchan se acercó lentamente.
—Dímelo otra vez.
Gyuvin sonrió.
—Eres sexy.
Sungchan se inclinó sobre él, apoyando las manos en la encimera a ambos lados de su cuerpo.
—¿Y qué más?
Gyuvin mordió su labio inferior.
—Que te ves increíble cuando cocinas.
Sungchan se acercó aún más.
—¿Solo cuando cocino?
Gyuvin soltó una risa baja.
—No. También cuando me besas.
Sungchan no lo hizo esperar.
Lo besó con calma al principio, disfrutando el momento, hasta que Gyuvin enredó los dedos en su cabello y lo atrajo más cerca.
La sartén comenzó a soltar un olor extraño.
Sungchan no le prestó atención.
Gyuvin tampoco.
Hasta que el humo subió.
—¡Mierda! —exclamó Sungchan, separándose de golpe para apagar la estufa.
Gyuvin se dobló de la risa.
—¿Así es como piensas impresionarme? ¿Quemando el desayuno?
Sungchan suspiró, frustrado.
—Mira lo que me haces hacer.
Gyuvin se bajó de la encimera, rodeándolo con los brazos por la espalda.
—Yo puedo impresionarte de otra manera.
Sungchan se giró con una sonrisa.
—¿Cómo?
Gyuvin lo besó de nuevo.
Lento.
Profundo.
Como si tuvieran todo el tiempo del mundo.
Sungchan olvidó completamente el desastre en la estufa.
No necesitaban desayuno.
Ellos se estaban devorando el uno al otro.

"Confesiones a media luz"
La noche llegó más rápido de lo esperado.
Gyuvin se acomodó sobre el sofá, con la cabeza en el regazo de Sungchan, quien acariciaba distraídamente su cabello.
—Nunca me había sentido así con alguien —murmuró Gyuvin, sin levantar la vista.
Sungchan detuvo sus movimientos por un segundo.
—¿Así cómo?
—Tan cómodo.
Sungchan sonrió suavemente.
—Yo tampoco.
Gyuvin giró la cabeza para mirarlo.
—¿Qué sientes por mí?
Sungchan lo miró fijamente, sin huir de la pregunta.
—Siento que quiero quedarme contigo.
Gyuvin sintió su pecho apretarse.
Sungchan siguió acariciando su cabello.
—¿Y tú?
Gyuvin sonrió.
—Siento que si no me besas ahora, voy a volverme loco.
Sungchan se rió entre dientes.
—Entonces ven aquí.
Gyuvin se incorporó sobre sus rodillas y lo besó con suavidad.
Sungchan respondió con la misma ternura, sosteniéndolo por la nuca para profundizar el contacto.
Gyuvin se dejó caer sobre él, abrazándolo fuerte.
—Quiero quedarme contigo también.
Sungchan cerró los ojos, sonriendo.
—Entonces quédate.
Y Gyuvin supo que no había vuelta atrás.

 

"Solo nosotros dos" – Capítulo 13
Gyuvin no sabía qué estaba planeando Sungchan. Solo había recibido un mensaje con una hora y un lugar.
"Nos vemos a las 7. Ponte algo lindo."
Y Gyuvin, siendo Gyuvin, lo tomó como un reto personal.
Cuando llegó al punto de encuentro, Sungchan lo estaba esperando fuera del gimnasio, apoyado en su moto.
Vestía una chaqueta de cuero negra y una sonrisa que podría derretir el invierno.
—Sube —le dijo, extendiéndole un casco.
—¿A dónde vamos? —preguntó Gyuvin, intrigado.
—A una cita —respondió Sungchan, con una expresión juguetona—. Porque eso es lo que hacen los novios, ¿no?
Gyuvin se quedó en shock.
—¿Novios?
Sungchan levantó una ceja.
—¿No lo somos?
Gyuvin se acercó lentamente, quitándose el casco que Sungchan le había dado y sosteniéndolo en una mano.
—Dímelo bien.
Sungchan suspiró, divertido, antes de sostenerle el rostro entre sus manos.
—Gyuvin, ¿quieres ser mi novio?
Gyuvin sonrió.
—Esa es la actitud.
Y lo besó.
Con todas las ganas del mundo.

El restaurante estaba en una azotea, con una vista espectacular de la ciudad iluminada.
Gyuvin apoyó la barbilla en su mano mientras miraba a Sungchan con una sonrisa perezosa.
—Así que… ¿llevabas tiempo pensando en hacerme tu novio?
Sungchan se rió entre dientes.
—Desde la primera vez que te vi.
—¿En serio?
Sungchan se encogió de hombros.
—No podía evitarlo. Tienes esa forma de ser tan confiado, tan descarado… No me diste opción.
Gyuvin sonrió con arrogancia.
—¿Así que caíste rendido ante mi encanto?
—Más rápido de lo que me gustaría admitir.
Gyuvin mordió su labio, mirándolo con intensidad.
—¿Y ahora qué piensas hacer conmigo, novio?
Sungchan se inclinó sobre la mesa.
—Llevarte a casa y besarte hasta que te quedes sin aliento.
Gyuvin sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Eso suena prometedor.
Sungchan le tomó la mano sobre la mesa, entrelazando sus dedos con los suyos.
—No me gusta jugar con esto, Gyuvin. Me gustas de verdad.
Gyuvin se quedó en silencio por un momento.
Luego, sonrió suavemente.
—Yo también te quiero, Sungchan.
Y por primera vez en mucho tiempo, Gyuvin sintió que estaba exactamente donde debía estar.

Cuando llegaron al departamento de Sungchan, todo se sintió más real.
Gyuvin dejó caer su chaqueta en el sofá y se giró justo cuando Sungchan se acercó a él.
—¿Puedo besarte ya? —preguntó Sungchan, con una sonrisa torcida.
Gyuvin se mordió el labio.
—¿Qué estás esperando?
Sungchan no necesitó más invitación.
Lo tomó por la cintura y lo besó con hambre, con deseo contenido. Gyuvin lo rodeó con los brazos, acercándose más, perdiéndose en la sensación de sus labios.
El beso se volvió más profundo, más lento, más desesperado. Las manos de Sungchan viajaron por su espalda, sosteniéndolo con fuerza, asegurándose de que no se alejara.
Gyuvin soltó un suspiro contra su boca.
—Sungchan…
—Dime, amor —respondió Sungchan, besándolo en la mandíbula, bajando hasta su cuello.
Gyuvin cerró los ojos, sintiendo su corazón latir con fuerza.
—No pares.
Sungchan sonrió contra su piel.
—No tengo intención de hacerlo.
Y esa noche, no hubo espacio entre ellos.

 

"Días de rutina y noches de amor" – Capítulo 14
Las semanas pasaron en una perfecta sincronía entre el gimnasio, las citas y las noches juntos.
Sungchan y Gyuvin se volvieron inseparables, como si todo en sus vidas hubiera estado esperando este momento.
Las mañanas empezaban con entrenamientos juntos, con desafíos entre ellos, risas y provocaciones.
—Si me ganas en esta serie, te doy un beso —retó Gyuvin, con una sonrisa arrogante.
—¿Y si yo gano? —preguntó Sungchan, secándose el sudor con una toalla.
Gyuvin se inclinó hacia él, susurrando con picardía.
—Te doy dos.
Sungchan lo miró fijamente, su mandíbula tensándose.
—Más te vale cumplir tu palabra.
Y sí que lo hizo.
Después de cada entrenamiento, se tomaban selfies sudados, bromeaban sobre quién levantaba más peso y terminaban en la cafetería cercana, donde Sungchan siempre insistía en pagar.
—Déjame invitarte esta vez —se quejaba Gyuvin, cruzándose de brazos.
—No.
—¿Por qué no?
Sungchan le guiñó un ojo.
—Porque me gusta consentirte.
Gyuvin rodaba los ojos, pero no podía ocultar su sonrisa.

Las noches eran aún mejores.
A veces dormían en el departamento de Gyuvin, a veces en el de Sungchan.
Pero siempre juntos.
A Gyuvin le gustaba quedarse despierto viendo películas, acurrucado en el pecho de Sungchan, mientras este le acariciaba la espalda distraídamente.
—¿Sabes qué es lo mejor de esto? —susurró Gyuvin una noche.
—¿Que te tengo en mis brazos todas las noches? —respondió Sungchan, besando su frente.
Gyuvin sonrió.
—Eso… y que ahora tengo una excusa para quedarme más tiempo en la cama.
Sungchan se rió bajo.
—No necesitas una excusa.
—Sí la necesito, porque me cuesta admitir que me gusta demasiado dormir abrazado a ti.
Sungchan se quedó en silencio un momento, luego lo apretó más contra su pecho.
—Entonces nunca te suelto.

Una noche, después de una cena en casa, Gyuvin se acomodó en el sofá y miró a Sungchan con una sonrisa pensativa.
—¿Sabes? Me encanta todo esto… pero siento que nos vendría bien un cambio de aire.
Sungchan alzó una ceja.
—¿Un cambio de aire?
—Sí, algo diferente. Una escapada.
Sungchan apoyó el codo en el respaldo del sofá y le sonrió con diversión.
—¿Estás diciéndome que quieres que vayamos de viaje juntos?
Gyuvin se encogió de hombros.
—No suena tan mal, ¿o sí?
Sungchan se quedó en silencio unos segundos, luego sonrió de lado.
—No. Suena perfecto.
Gyuvin se inclinó sobre él, con una expresión traviesa.
—Entonces dime, novio mío, ¿a dónde quieres llevarme?
Sungchan le tomó la barbilla y lo besó despacio antes de responder.
—A cualquier lugar donde pueda seguir besándote sin interrupciones.
Gyuvin se rió contra sus labios.
—Eso podemos hacerlo aquí también.
—Sí, pero quiero hacerlo en la playa… o en una cabaña en la montaña.
—¿Una cabaña, eh?—Gyuvin sonrió, imaginándolo—. Me gusta la idea.
Sungchan lo abrazó, acomodándolo en su regazo.
—Entonces es un hecho. Nos vamos de viaje.
Y así, entre besos y risas, nació su primer viaje juntos.

 

"Escapada a la Cabaña" – Capítulo 15
Sungchan y Gyuvin no tardaron mucho en hacer realidad su pequeño escape.
Un viernes por la tarde, después del gimnasio, Sungchan tomó el volante de su coche y emprendieron el viaje hacia la cabaña que había reservado en las montañas.
—No puedo creer que realmente hicimos esto —dijo Gyuvin, apoyando la cabeza contra la ventana, mirando el paisaje.
—Dijiste que querías un cambio de aire —Sungchan sonrió, con una mano en el volante y la otra entrelazada con la de Gyuvin.
Gyuvin apretó su mano, disfrutando de la calidez.
—Tienes razón. Me encanta que siempre hagas todo lo que digo.
Sungchan soltó una carcajada.
—No exageres, Gyuvin.
—Lo digo en serio. Eres el mejor novio del mundo.
Sungchan se giró solo un segundo para mirarlo, y su expresión se suavizó.
—Tú eres el mejor.
Gyuvin sonrió, sintiendo su pecho calentarse con esas palabras.

Llegaron a la cabaña justo cuando el sol comenzaba a ocultarse.
Era un lugar acogedor, con una chimenea de piedra, una cama grande con mantas gruesas y una vista impresionante al bosque.
—Esto es perfecto —susurró Gyuvin, mirando alrededor.
Sungchan se acercó por detrás, rodeándolo con los brazos.
—Lo es, porque estás aquí.
Gyuvin se giró en su abrazo y le besó la mejilla con ternura.
—Vamos a hacer de esto un fin de semana inolvidable.

La primera noche fue de completa comodidad.
Se acomodaron en el sofá frente a la chimenea, con Gyuvin usando el suéter de Sungchan, porque le gustaba lo grande y cálido que era.
—Me gusta cómo huele —comentó, con una sonrisa perezosa.
Sungchan se acomodó a su lado, rodeándolo con sus brazos.
—Ahora huele a ti.
Gyuvin levantó la mirada y le besó la mandíbula con suavidad.
—Eso es bueno.
Pasaron el rato hablando, riendo, compartiendo chocolates y besos suaves.
Cuando el sueño los venció, se deslizaron juntos bajo las mantas.
Gyuvin se acurrucó en el pecho de Sungchan, sintiendo la seguridad de su abrazo.
—Casi parece que vivimos juntos —comentó en un murmullo soñoliento.
Sungchan se quedó en silencio por un momento, suavemente acariciando la espalda de Gyuvin.
—No sería tan mala idea.
Gyuvin levantó la cabeza, sorprendido.
—¿Lo dices en serio?
Sungchan sonrió, acariciando su mejilla.
—Vivimos juntos a medias de todas formas. Siempre terminamos en la casa del otro, compartimos casi todo… ¿por qué no hacer que sea oficial?
Gyuvin sintió una oleada de calidez en su pecho.
—Sungchan…
—Piénsalo. No hay prisa —Sungchan lo besó en la frente—. Solo quiero que sepas que, si quieres dar ese paso, yo también quiero.
Gyuvin no respondió de inmediato, solo lo abrazó más fuerte, sintiendo que, en ese momento, su felicidad era completa.
Porque sabía que, tarde o temprano, iba a decir que sí.

 

"El viaje de nuestras vidas" – Capítulo 16
El silencio tras las palabras de Sungchan llenó la habitación con una calidez diferente.
Gyuvin no respondió de inmediato.
No porque no quisiera, sino porque sabía lo importante que era esa pregunta.
Sungchan esperó, con su mano aún acariciando la mejilla de Gyuvin.
—No tienes que responder ahora —susurró—. Solo quiero que lo pienses.
Gyuvin asintió lentamente, apoyando la cabeza en su pecho.
—Lo haré.
Pero en su mente, ya tenía la respuesta.

La luz del sol se filtró por la ventana, iluminando la cabaña con un tono dorado.
Sungchan fue el primero en despertar, sintiendo el peso de Gyuvin sobre él.
Suavemente, deslizó los dedos por su cabello, sonriendo.
—Buenos días, dormilón.
Gyuvin se removió, frunciendo el ceño.
—Cinco minutos más…
Sungchan soltó una carcajada baja.
—Si te despiertas ahora, te hago el desayuno.
Gyuvin levantó la cabeza con los ojos entrecerrados.
—¿Panqueques?
—Lo que quieras.
Gyuvin sonrió somnoliento y se estiró para besarlo suavemente en los labios.
—Vale la pena despertar por esto.

Después de un desayuno improvisado y muchas risas, salieron a explorar el bosque.
Caminaron entre los árboles, tomados de la mano, disfrutando de la tranquilidad del lugar.
—Es lindo estar en un lugar solo para nosotros —murmuró Gyuvin, apretando su mano.
—Lo es —respondió Sungchan, mirándolo con ternura.
Se detuvieron junto a un lago, el reflejo del cielo danzando en el agua.
Gyuvin se quedó mirando el paisaje, pensativo.
—Sungchan…
—¿Mmm?
Gyuvin tomó aire, sintiendo su corazón latir más rápido.
—Lo he pensado.
Sungchan levantó la mirada, expectante.
Gyuvin se giró hacia él y sonrió.
—Quiero vivir contigo.
Sungchan se quedó en silencio por un segundo, como si procesara las palabras.
Pero cuando su sonrisa apareció, iluminando su rostro, Gyuvin supo que había tomado la decisión correcta.
—¿De verdad?
Gyuvin asintió.
—Sí. Ya pasamos casi todo el tiempo juntos, y cuando no estás, te extraño. Siento que… cuando estoy contigo, estoy en casa.
Sungchan no esperó más.
Lo tomó por la cintura y lo besó profundamente, con toda la emoción que no podía expresar con palabras.
Gyuvin le rodeó el cuello con los brazos, respondiendo con la misma intensidad.
Porque ahora, más que nunca, sabía que Sungchan era su hogar.

 

Capítulo Final – “Nuestro hogar”
Mudarse juntos parecía una decisión natural.
Después del viaje a la cabaña, Sungchan y Gyuvin se dieron cuenta de que ya vivían como si compartieran un hogar.
Sus cosas estaban mezcladas, pasaban más noches juntos que separados y, cuando no estaban en el mismo espacio, se extrañaban.
Así que, apenas volvieron, comenzaron a empacar.
No fue complicado, porque la mayor parte de sus pertenencias ya estaban en el departamento de Sungchan.
Aun así, la mudanza se convirtió en una excusa para compartir más momentos.
—No puedes llevar esto —Gyuvin levantó una sudadera vieja y raída que Sungchan había guardado en su maleta.
Sungchan frunció el ceño y la tomó rápidamente.
—Esta sudadera es parte de mí.
—Esa sudadera parece sacada de un basurero.
—Tiene historia.
—Tiene agujeros.
Sungchan le sacó la lengua y la dobló con cuidado antes de meterla en la caja.
—Me importa un carajo, me la llevo.
Gyuvin se cruzó de brazos, fingiendo indignación.
—Si duermes con eso, no te dejaré abrazarme.
Sungchan levantó una ceja y caminó lentamente hacia él.
—¿Ah, sí?
—Sí.
—¿Y si hago esto? —Se inclinó y presionó un beso lento en su mandíbula.
Gyuvin se estremeció, pero se mantuvo firme.
—No me convencerás.
—¿Y si hago esto? —Sungchan bajó la mano por su espalda y lo pegó contra su pecho, murmurando contra su oído.
Gyuvin se mordió el labio.
—Tienes ventaja ahora… pero…
Sungchan sonrió y lo besó suavemente en los labios, como si estuviera burlándose.
Gyuvin cedió casi al instante, suspirando contra su boca.
—Eres un tramposo.
—Un tramposo al que amas.
—No lo voy a negar.
Riendo, se apartaron para seguir empacando.

La mudanza no tomó más de un día.
Gyuvin se quedó mirando la sala, con sus cajas apiladas y el espacio ya familiar a su alrededor.
Sungchan se apoyó contra el marco de la puerta, observándolo con una sonrisa.
—¿Te arrepientes?
Gyuvin suspiró y negó con la cabeza.
—No. Solo… se siente real ahora.
Sungchan se acercó y rodeó su cintura con los brazos.
—Eso es bueno, ¿no?
Gyuvin se giró en su abrazo y apoyó la frente en su hombro.
—Es perfecto.
Sungchan besó su cabello.
—Vamos a hacer que sea aún mejor.
Se quedaron así, sintiendo la tranquilidad de estar en casa.
De verdad en casa.

Esa noche, no hicieron nada fuera de lo normal.
Vieron una película, cenaron juntos y compartieron el sofá como siempre.
Pero todo se sentía diferente.
Más especial.
Más íntimo.
Gyuvin jugaba con los dedos de Sungchan sobre su muslo, sintiendo el calor de su piel.
—¿Qué piensas? —preguntó Sungchan, con la voz baja y tranquila.
Gyuvin sonrió suavemente.
—Que nunca había sido tan feliz.
Sungchan se inclinó y lo besó, lento, sin prisas.
Un beso lleno de promesas silenciosas.
—Yo tampoco.
La película siguió sonando de fondo, pero ninguno de los dos le prestó atención.
En su nuevo hogar, construían algo más grande que cualquier historia que pudieran ver en la pantalla.
Su propia historia.
La más bonita de todas.
Fin.

 

Extra-1 – “Nunca dejamos de jugar”
Sungchan ya estaba en el gimnasio, terminando su segunda serie de pesas, cuando vio a Gyuvin entrar.
Como siempre, destacaba entre todos.
Pelo ligeramente desordenado, ropa deportiva que marcaba su físico y esa confianza natural que hacía que Sungchan no pudiera dejar de mirarlo.
Gyuvin se acercó directamente a él, sonriendo de lado.
—Te ves bien sudado.
Sungchan levantó una ceja y dejó las pesas en el suelo.
—Y tú llegas tarde.
Gyuvin se encogió de hombros.
—Me distraje pensando en ti.
Sungchan se rió, negando con la cabeza.
—No cambias.
—¿Para qué cambiar si me amas así?
Sungchan suspiró teatralmente.
—Lamentablemente, tienes razón.
Gyuvin se acercó más y le tomó la mano, entrelazando sus dedos.
—Vamos, hazme entrenar.
—Hoy te haré sufrir.
—Mm… me gusta cómo suena eso.
Sungchan rodó los ojos y le dio un pequeño empujón.
—Cállate y calienta.
Pero Gyuvin no dejó de sonreír.
Porque seguir coqueteando con Sungchan cada día era su actividad favorita.

 

Extra-2 – “¿Y si…?”
La luz tenue del departamento creaba un ambiente cálido mientras Gyuvin y Sungchan descansaban en el sofá.
Después de un día agotador, lo único que necesitaban era la compañía del otro.
Sungchan jugaba distraídamente con los dedos de Gyuvin, mientras este apoyaba su cabeza en su hombro, disfrutando del silencio.
Pero Gyuvin tenía algo en la mente.
Algo que lo había estado rondando todo el día.
—Hoy vi a una niña en el parque —dijo de repente, con la voz baja.
Sungchan levantó una ceja, curioso.
—¿Y?
—Me recordó a ti.
Sungchan frunció el ceño divertido.
—¿Era alta y guapísima?
Gyuvin sonrió.
—No, pero era testaruda y adorable.
Sungchan soltó una risa suave.
—Eso suena más a ti.
Gyuvin hizo una pausa antes de responder.
—No lo sé… solo me puse a pensar.
Sungchan giró un poco el rostro para mirarlo mejor.
—¿En qué?
Gyuvin suspiró y deslizó sus dedos entre los de Sungchan, entrelazándolos con calma.
—En cómo sería si tuviéramos un hijo.
Sungchan parpadeó, sorprendido.
El comentario lo tomó desprevenido, pero no de una mala manera.
Era un pensamiento que nunca antes habían discutido tan directamente.
—¿Hablas en serio?
Gyuvin levantó la vista y lo miró a los ojos.
—Sí.
Sungchan no dijo nada por unos segundos.
Luego, una sonrisa suave apareció en su rostro.
—Creo que sería lindo.
Gyuvin sintió su corazón latir más rápido.
—¿Sí?
—Sí. —Sungchan lo miró con cariño—. Contigo, todo es lindo.
Gyuvin sonrió y lo besó.
Fue un beso pausado, lleno de emoción y ternura.
Cuando se separaron, Gyuvin apoyó la frente contra la de Sungchan.
—Si tuviéramos una hija, quiero que tenga tu sonrisa.
Sungchan rió suavemente.
—Yo quiero que tenga tus ojos.
—Y tu forma de hacerme sentir amado.
Sungchan acarició la mejilla de Gyuvin, mirándolo con dulzura.
—Pero si se parece mucho a mí, ¿no crees que sería muy traviesa?
Gyuvin soltó una carcajada.
—Dios, sería un caos… pero la amaría más que a nada.
Sungchan se quedó en silencio un momento, observándolo.
—Realmente lo deseas, ¿verdad?
Gyuvin asintió con una sonrisa serena.
—Sí. Algún día. Cuando sea el momento.
Sungchan lo abrazó, escondiendo su rostro en su cuello.
—Me gusta la idea de que ese “algún día” sea contigo.
Gyuvin cerró los ojos, disfrutando del calor del abrazo.
—Siempre contigo.
Y aunque ese futuro aún no llegaba, sabían que cuando lo hiciera, estarían listos.
Porque su amor seguía creciendo, sin importar cuántos años pasaran.