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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-03-11
Words:
717
Chapters:
1/1
Comments:
3
Kudos:
24
Hits:
91

Resfriado de verano

Summary:

Gomah es enfermizo, sin embargo su consejero es casi inmune a los resfriados.
Casi.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Un fuerte estornudo estremeció la torre. Degesu solo se limitó a pasarle otro pañuelo a su señor.

—¡Maldita enfermedad de verano! —dijo Gomah luego de soplar su nariz.

El tiempo se sentía en pausa en su pequeña isla (prisión), Degesu solo se dio cuenta que había llegado el verano cuando salió a regar las flores y éstas brillaban más que nunca.

Su amo siempre se levantaba con los mocos por debajo del rostro y su cuerpo se calentaba hasta el punto donde podrías cocinar un huevo en su cabeza. Eso sin mencionar que las flores lo hacían estornudar sin cesar. Entonces Degesu trabajaba el doble, cambiando la compresa de agua fría, dándole comida en la cama y medicando con los remedios de siempre. 

Luego de dos días de arduo trabajo Gomah despertaba energético, radiante. Como si la enfermedad hubiera sido un mal sueño. Era lo usual, pero en un principio no le cerraba a Degesu. 

Pensó que se trataba del clima del primer mundo, del material de sus ropas, del polvo en el palacio. Un día simplemente se le informó que su rey, era un enfermizo. La impresión fue visible en el rostro de Degesu.

El glind, era diferente. Siendo una especie tan milenaria y asombrosa… caer enfermos era lo último que esperaban. Gomah ignoraba los detalles pero estos acechaban ahora que su fiel consejero yacía empapado de sudor, jadeando como un perro callejero.

Gomah chasqueó la lengua, ¡no iba a caer dos… tres veces!

Si bien Gomah era dramático, Degesu lo llevaba a otro nivel. Un día simplemente se desplomó en el palacio y a Gomah se le hundió el corazón. No, no lloró ni un poco, ni de tristeza, ni de nada (y quién haya esparcido tal rumor merecía cárcel eterna). Lo único que detuvo su sudor (sí, eso era), fue cuando Arinsu vino a su rescate y suavemente puso una mano en la frente del glind.

—Estará bien, es un resfriado de verano.

El rey (en ese entonces) no se contuvo y le dio una misera patada a la cama de Degesu. ¿Quién se creía para asustarlo así?

La segunda vez fue lento, solo tosiendo para aclarar su garganta y estornudando debido al polvo. La voz de Degesu se volvió rasposa, sus ojos rojos y su frente empezó a arder tanto que Gomah juraba que podía ver el humo huir de su cabeza.

¿Era esto una maldición? ¿Envenenamiento? ¿Había Degesu tomado la bala por él en el último banquete que tuvieron? Se sintió impotente cuando su consejero, recostado en la cama, lo miró con ojos llorosos.

—¿Cuál es el diagnóstico?—preguntó Gomah con el mismo poder que un hombre asalariado lo hace al ver a su esposa sucumbir en un accidente.

—Alergias —dijo Arinsu— Mañana volverá a ejercer sus tareas como siempre.

Al día siguiente, furioso, le ordenó a Degesu que hiciera mil reverencias en son de disculpa (aunque lo dejó ir a la quinta).

Esta vez, lejos de cualquier otro demonio, Gomah no tuvo más opción que ayudarlo. Llevarlo a la cama y arroparlo de mala gana. No pudo ir a tomar una siesta, ni jugar videojuegos porque a su asesor le costaba caminar al baño, agarrar la cuchara al comer…

—¡No puedo ser yo quién te esté dando tus raciones como un bebé! —dijo Gomah levantándose de golpe.

Degesu lo miró con los ojos a punto de cerrarse. A decir verdad, le iría bien la ayuda de su hermana. Disfrutaba ser cuidado por su servidor pero dicho servidor seguía siendo un adulto malcriado y no veía posible curarse a este ritmo. Con todas sus fuerzas alzó su mano y apuntó a un lado de la puerta.

Era un buzón para dejar cartas. Arriba escrito “solo usar en caso de emergencias”. Por supuesto que solo estaba a disposición de Degesu.

—Allí, mire por favor. Puede escribirle una carta a Arinsu…

La cara de Gomah se contorsionó.

—¿¡Y recién me lo dices!?—dijo saltando y echando humo.

Degesu, avergonzado, apenas hizo una reverencia. Mentiría si dijera que no fue apropósito; comió una horrible sopa, la compresa de agua estaba tibia y tomó la cantidad incorrecta de jarabe para la tos. Sin embargo, valió la pena verlo venir cada vez. Rodando los ojos, murmurando, pero presente.

Degesu sonrió débilmente.

—¿De que te ríes?

—Na-nada, señor.

 

Notes:

Hace años no escribo nada de Dragon Ball, ha sido la escasez de Degegoma lo que me ha orillado a tratar de escribir algo bonito.
¡Gracias por leer!