Work Text:
Kevin llegó ese día al entrenamiento con el peor humor posible. El día anterior había sufrido una molestia que lo había obligado a interrumpir los ejercicios y a realizarse estudios. Ese mismo día recibiría los resultados, algo que no dejó de darle vueltas durante toda la noche, impidiéndole dormir. Esa fue la razón por la cual llegaba tan malhumorado.
No podía creer que finalmente había alcanzado el nivel que tanto quería mostrar en la cancha después de meses de trabajo, y que todo podría arruinarse por una lesión, como si todo su esfuerzo no valiera nada. Tal vez perdería la titularidad que le costó conseguir o, peor aún, Fernando encontraría un reemplazante y ni siquiera podría sumar minutos.
Bajó del auto casi tirando la puerta haciendo que su novio, que estaba bajando del asiento del copiloto, salte en su lugar.
— La vas a hacer giratoria —escuchó la risa que tanto le gustaba, otro día se hubiera reído con él pero el nerviosismo del momento no lo dejó. — ¿Seguís enojado?
— No estoy enojado —suspiró — Estoy cagado
— Ya vas a ver que no tenés nada, amor —sintió como lo abrazaba desde atrás — Te lo juro.
No contestó, solo pudo poner sus manos sobre las del santiagueño y seguir su camino hasta los vestuarios.
Mientras todos entrenaban, se colocó una campera con capucha y se sentó en uno de los bancos de suplentes donde los pensamientos que había estado evitando volvieron a su cabeza.
Después de volver de los juegos olímpicos era muy consciente que no era el mismo Zenón, a veces por no poder jugar en su posición, por fatigas y por los cambios en los últimos meses del año. Nada había sido tan grave como el partido contra Unión, su ex equipo, donde todos los elogios que había recibido alguna vez ahora eran cuestionamientos y decepción. Después de ese día trabajó más que nunca y recibió la confianza de su DT para ser titular y poco a poco volvía a mostrar su mejor versión, si una lesión lo relegaba ahora era para morirse.
Sus compañeros en frente suyo estaban practicando definición y lo único que podía pensar era las ganas que tenía de estar ahí junto a ellos. Estaba observando todo con seriedad, analizando los remates y en ocasiones pensando ‘Fua, que atajada’ cuando Agustín o Leandro sacaban algo muy difícil.
Tocó el turno de Exequiel y se sentó bien en su lugar para prestar mejor atención, su estilo había cambiado un poco pero seguía manteniendo intactas sus bicicletas, Cristian no pudo frenarlo y Agustín tampoco haciendo un muy lindo gol.
Su novio se dió la vuelta y corrió con los brazos abiertos, buscó algo con la mirada hasta que lo encontró y lo señaló haciendo un corazón. Una risa salió de él, mirando fijamente como el sol besaba su cara haciéndolo aún más hermoso de lo que ya era.
Exequiel, no conforme con eso, se dio vuelta mientras otro grupo de compañeros realizaba el ejercicio, y sin dejar de mirarlo ni un segundo, lo señaló con el dedo.
— Para vos, hermano — y mostró una sonrisa tan grande que podía ver sus encías.
Por primera vez en el día Kevin sonrió genuinamente . Podía sentir la cámara del community manager enfocando su cara embobada pero poco le importaba. No era un secreto lo hasta las manos que estaba por el santiagueño, nunca le contó de su relación a nadie más que a Ander, que lo notó por su propia cuenta y les preguntó, pero era imposible esconder las miradas que se dedicaban todo el tiempo.
Después de terminar de entrenar y cambiarse en el vestuario, todos se dirigían a almorzar en el comedor del club, menos él, que tenía que pasar por la oficina de los médicos para los resultados. Ya no sabía a que Santo invocar para escuchar una buena noticia.
— Voy con vos —Sintió una mano agarrar la suya con delicadeza — Ya avisé que voy a demorar un poco.
Ambos caminaron por los pasillos del predio de la mano hasta llegar a la puerta que correspondía, Exequiel le dió un beso en la frente y se quedó esperando afuera.
Tomó asiento en la silla al frente del médico y esperó lo peor.
— Kevin, me da gusto decirte que en los estudios no hay ninguna lesión
Sintió como todo el peso que tenía en los hombros había caido de golpe dejándolo respirar otra vez.
— Una sobrecarga muscular nada más, ya le avise a Fernando, ponete un poco de hielo a la noche y probá mañana como te sentís.
Dió las gracias y salió apurado del consultorio, encontrándose con Exequiel apoyado en la pared del costado con los ojos cerrados. No puede creer lo que está robando.
No le dió tiempo para reaccionar al sonido de la puerta cerrándose, agarró con fuerza el cuello contrario y estrelló sus labios, era la primera vez en el día que podían besarse correctamente.
Zeballos no tardó ni un segundo en devolverle el beso con la misma intensidad abrazando delicadamente su cintura, sus manos eran tan suaves pero a la vez lo quemaban y eso le encantaba.
La lengua del rubio recorría cada parte de la boca contraria como si fuera la primera vez, nunca se sabe que parte no había conocido aún.
Sintió como las manos contrarias abandonaban su cintura para colocarse a cada lado de su cara y separarlos, un gemido lastimero salió de él ya extrañando la calidez de su boca.
— Imagino que hay buenas noticias ¿No? — le mostró otra vez esa sonrisa que le había dedicado con el gol. No pudo aguantar y unió sus labios otra vez.
Antes de escalar en intensifidad Exequiel volvió a hacer lo mismo y separó sus rostros otra vez.
— Dale, Exe… —miró a su novio intentando darle lástima con la mirada y que se apiede de él.
— Tengo hambre, quiero ir a comer —la cabeza del santiagueño se apoyó en su hombro y lo abrazó con fuerza.
— Podes comerme a mí — una risa escapó de sus labios y sintió un beso en su cuello.
— No seas boludo —levantó su cabeza y el frío recorrió su hombro —Tomá te dejo un regalo para que me perdones.
Metió una de sus manos en su bolsillo y sacó un chupetin, de esos rojos, grandes y con un chicle adentro.
— ¿Un chupetín? ¿Por?
— Por ser un buen paciente —otro beso corto en sus labios— Cuando lo termines andá a buscarme y te doy el otro regalo.
Exequiel palmeó su culo y escapó de sus brazos, dejándolo con un vacío en sus extremidades pero con calor un poco más abajo de su estómago.
— Ah —volvió sobre sus pasos— Dejatelo en la boca cuando lo termines, así sea más divertido —entendió que se refería al chicle que venía adentro.
Volvió a caminar hasta que salió de su vista, miraba el chupetín fijamente hasta reaccionar en lo que le había dicho. Sonrió aún más de lo que creía posible, desenvolvió el papel lo más rápido que pudo y ahora quedaba esperar al menos media hora para poder tener a su novio arriba suyo, o abajo, quién sabe.
