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Su hermano es demasiado pequeño y bueno para todo el mal del mundo.
Él es demasiado sensible para ser también quien cause tanto dolor.
Ve sangre, oye gritos, escucha lamentos, alguien lo maldice, otros piden piedad, no le duelen menos las palabras, pero no encuentra su corazón para poder sentir.
Cada frase se siente como una puñalada lejana, un golpe que nunca llega, mira a los ojos a cada hombre, mira su miedo, también su rabia, la vergüenza escondida detrás de sus ojos de perder contra un niño, odio de saber que nadie vivirá por culpa de un traidor.
Algunos lloran hasta su último aliento, otros miran con resignación la sangre escapar de sus cuerpos, personas serenas que no se defienden y se dejan desvivir, sus muertes son menos dolorosas, más pacíficas, algunos, los cuales siempre va a llevar en su memoria se aferran con sus últimas fuerzas a los cuerpos ya fallecidos de sus grandes amores. Varias veces el rojo arde en sus ojos, pero muere como una brasa que no pudo quemar.
El rojo se extendió como fuego esa noche, calentó su cuerpo sin calor y lo mantuvo cálido hasta que él tuviera que llegar.
Camino lentamente por su casa, esperando la confrontación, el odio, la decepción, se encontró con sus padres arrodillados y esperando con paciencia la cruel muerte. Vaciló, un momento para retroceder, un momento que no podía tomar. Un segundo, sin mirarlo se fueron, tal vez apenados del final del cuento, como haya sido, muertos.
La sangre se derrama y después de tantos gritos y bendiciones finalmente todo se rompe. Un gota de culpa, un niño asesinado.
¿De quién es culpa que la noche sea roja? Una manta a sus pecados, un final glorioso, la guerra asesinada, unos por otros, rojo inevitable, pasos lejanos, la inocencia marcada por desgracia.
Un grito de auxilio que nunca llega, un odio que no nace sino que se crea, un niño que busca a su hermano, ¿quienes es él para causar tanto dolor? ¿Para decidir sobre la vida de los demás? ¿Un Dios, un criminal? ¿Quién obliga a un niño asesinar?
Grita en silencio, demasiado asustado como para hacer ruido, tan contradictorio como mira con tanto amor a quien más daño le hace. Amar es todo, no hay límites, tampoco restricciones.
No lo quiere hacer, pero lo tiene que alejar, que el amor muera esa noche, que mañana solo haya rencor, que olvidé que son hermanos, que son lo único que tiene uno del otro.
Lo ve huir, es lo que espera, pero se queda quieto mirando el suelo, casi sin respirar. Son solo niños jugando en un mundo de adultos. Lo ve llorar, desgarrado, sin alma ni ganas, no hay aliento, odio o rencor, solo un niño que lo perdido todo sin saber el motivo o si tan siquiera si había uno. Lo ve llorar como si todo lo que hubiera tenido en la vida fuera tristeza, sin alegrías para recordar, sin motivos para avanzar.
Lo ve tirando en el suelo murmurando por un consuelo, por el anhelo de que todo sea un sueño, gritando sin gritar a que mamá lo venga a buscar, que mañana todo vuelva a la normalidad, grita sin voz para que todo sea un mentira, lo oye gritar su nombre, en algunas ocasiones buscando su protección, por breves momentos olvidando que es su hermano quien lo ha metido en ese mundo de dolor.
Llama a mamá y a papá, y cuando deja de hacerlo suele llorar buscando consuelo, lo llama, luego se arrepiente, son las mismas imágenes más de tres mil veces, así se siente.
Es como morir en una noche todas la veces posibles, es un niño, luego el tío, grita y defiende a su familia, pero después el mismo se deja asesinar, es confuso y su mente se detiene, ¿qué culpa tiene?
Cuando las imágenes se detienen no tiene ganas de mirar otra vez, pero debe y los ves, detrás de la figura del asesino, fantasmas, gritan y lloran, piden piedad, gritan odio, mueren en silencio. Ya no quiere avanzar.
Siente sus manos aplastar su cuerpo, son una carga difícil de llegar, quiere correr, gritar de miedo, huye de los fantasmas y busca a su hermano, ¿dónde está? ¿Por qué no lo viene ayudar?
Un asesino lo persigue, los fantasmas vienen detrás, grita y siente asco del rojo, quiere despertar.
—¡Itachi!
Pero nadie lo viene a buscar, no tiene más voz para gritar, y quiere llorar y el corazón duele, sería tan fácil morir que de pronto se detiene. Que lo maten y acaben con el sufrir.
Mira a su verdugo, ojos rojos y manchas de sangre en la palidez de su piel, le recuerda a Itachi, pero su hermano no tiene odio en la mirada, su hermano siempre está limpio.
Mátame, no puede gritar, pero lo desea.
Quiero ver a Itachi, piensa.
No quiero sufrir, súplica por morir.
Itachi está ahí, muerto, ese hombre de ojos rojos lo asesino, lo dejó tirado en la sala junto a sus padres, lo mato después de jugar con su mente, Sasuke así lo creé, al final, su hermano no es cruel.
Mátame, grita sin gritar.
Ya no quiero vivir, llorá sin querer mirar.
Por favor, su corazón duele de simplemente latir.
Un paso atrás, todo sin sentido al final. Su hermano llora, no tiene más energía para luchar, no hay odio, solo dolor. No quiere verlo llorar. La muerte es amable, acaba con todo sin más. Lo quiere alcanzar, quiere gritar y abrazar, también llorar.
—Lo siento.
Es demasiado dolor para soportar, no lo quiere hacer sufrir más. ¿Es lo correcto? Nunca lo sabrá, decide que todo acabe hoy, no hay más días de sufrimiento o pesadillas por recordar, que mañana solamente sean ellos dos jugando y siendo niños.
Decide que no quiero verlo llorar. La muerte es tan amable que es difícil ignorarla.
Rojo una vez más, su cuerpo se desploma con facilidad, llora, pero goza de que todo acabará.
—Tengo miedo.
—Es una pesadilla, pronto acabará.
Su cuerpo no pesa, es ligero, lo toma con cuido, camina sobre el fuego mientras lo lleva a casa, sube las escaleras, no mira a mamá o papá, tampoco la sangre que queda atrás, va hasta la habitación y se acuestan en la cama.
Lo arropa, la sábana se mancha, pero son cosas sin importancia, lo arrulla como si de un bebé se tratara, solo tiene seis. Lo abraza y es tan cálido por un instante, al siguiente está tan frío que no quiere continuar.
—Ódiame.
Implora, pero nadie escucha, su rostro es tan pálido y su cuerpo apenas se mantiene cálido, al menos no siente dolor en estos últimos instantes.
—Itachi, ¿no te vas a ir verdad?
—Nunca.
Promete, mientras escucha las risas, los gritos de alegría, lo están esperando, los puede escuchar, todos estan allá, donde todo acaba.
Su cuerpo se congela con cada segundo, pero el miedo desaparece de su rostro, tiene sueño, quiere escapar de la pesadilla, espera que mañana su hermano se quedé con él todo el día. Itachi lo mira dormir, lo mira mientras la sangre se derrama y ensucia todo.
Pero mañana todo habrá acabado.
Lo abraza, se aferran al cuerpo de su hermano y espera poder estar con él en el más allá. Tiene miedo de que todo haya acabado para su amado hermano, pide como último deseo y arrepentimiento que Sasuke sea feliz en otra vida.
Sasuke está muerto, Itachi promete que pronto lo alcanzarán.
Cuando llegan para buscar sobrevivientes no hay nadie a quien rescatar, todos han muerto, Itachi fue el culpable, pero aún así murió llorando y abrazado a su hermano. Nunca nadie lo entenderá.
No hay más Sasuke, ni Itachi, el clan Uchiha se extinguió esa noche de luna de sangre.
