Work Text:
El gimnasio era una sala común que Bucky y él usaban de vez en cuando. En un principio había sido para una que otra reunión con otros héroes, pero poco a poco fue convertida en un gimnasio provisional, esto a falta de fondos para uno real. Aunque suponía que a Bucky no le desagradaba. Él era ese tipo de persona que odiaba que otros lo vean ejercitarse. Y si bien las razones eran varias y resultaban ser comprensibles, nada en la cabeza de Sam le hacía entender ese hábito de tantos que lo llevó a "esta" situación en especial.
Al entrar se topó con la dichosa escena a la que se había acostumbrado desde hace semanas; ver a Bucky bañado en sudor y sin camisa.
No es que hubiera algo malo en eso, para nada, pero una parte de él, una parte morbosa quizás, no podía apartar la mirada de sus músculos o del como se flectaba cada hueso de su espalda. Nunca iba a admitirlo, pero de vez en cuando se encontraba observando a Bucky por horas sin que este se diera cuenta, algo que ya empezaba a preocuparlo y causarle extrañeza.
No era gay y no tenía nada en contra de eso, pero no lo era. Nunca antes le pareció atractivo otro hombre y lo sabría si fuera así, no era tonto, para nada.
—¿Sucede algo?—preguntó a Joaquín, quien desde hace rato estaba con un ojo puesto en él, y no era nada sutil en su tarea.
Este venía de vez en cuando, aunque en su mayoría usaba la máquina de correr, el único lugar del cual Bucky no se había adueñado personalmente, y hoy no fue la excepción.
—Nada—respondió con un encogimiento de hombros—solo que llevas mucho rato mirándolo.
Sam, que tenía la botella de agua a medio camino hacia su boca, se atragantó y tosió.
—Ah, yo...no...yo...estaba viendo su rutina más bien. Nada importante.
Joaquín lo miró con escepticismo y rodó los ojos.
—Por favor, no es la primera vez que te veo haciéndolo. Lo estabas mirando ¡Embobado como en las caricaturas!
—No estoy embobado, ¿de qué hablas? ¿Acaso piensas que soy gay?
—Ni idea, tampoco me molestaría si lo fueras—Joaquín sonrió con malicia y bebió un poco de su propia agua—. Sin embargo, es solo una recomendación. Si piensas romperte el cuello adorandolo, será mejor que lo hagas después de la conferencia de mañana.
—¡Yo no...! ¡Oye, cállate metiche!
El soldado solo rió mientras Sam, enfurruñado, desvió la mirada e intentó enfocarse en cualquier otra cosa. Pero por mucho que quisiera agotar sus neuronas en algo mas importante, sus pupilas se desviaron hacia el ex soldado del invierno...otra vez.
Los golpes de Bucky contra el costal eran precisos, rítmicos, de alguna manera sensuales. Sam no tenía idea de por qué demonios no podía dejar de mirarlo. No era como si nunca antes hubiera visto a un hombre sin camisa ¡Habia estado en el ejercito, por Dios! Pero Bucky… Bucky era diferente.
Cada músculo, cada pedazo de piel hacía que se le erizasen los pelos de los brazos, y que su lengua se trabara, hipnotizada por esa imagen tan...¿excitante?.
“Es envidia”, se dijo. “Solo eso.”
Pero si solo era envidia, ¿por qué su cerebro insistía en enfocarse en detalles estúpidos como la forma en que el sudor bajaba lentamente por su espalda? ¿O el cómo apretaba la mandíbula con cada golpe?
Fue en ese momento, justo cuando intentaba apartar la vista de sus omóplatos, que su pie tropezó con la base de una de las máquinas de pesas y, sin poder reaccionar a tiempo, terminó estampado contra el suelo, con la nariz como amortiguador de la caída.
—¡Dios mío, Wilson!—Joaquin salto de la máquina de correr para auxiliarlo, con los labios apretados para evitar que la risa escapara de ellos.
Sam le dedicó una mirada asesina.
—Ni una palabra o estas muerto—advirtió.
Pero Joaquín no pudo evitarlo, no esa vez.
—No me digas que te rompiste la cara por estar mirando a Bucky, porque si es así me muero—susurró entre risas silenciosas.
—¡Cierra la maldita boca, Joaquín!
—¿Estás bien, Sam?—Bucky preguntó, acercandose al notar por fin la conmoción, sin molestarse en ocultar la diversión en su tono.
Sam apretó los dientes y se giró hacia el ex soldado, el cual tambien lo miraba conteniendo la risa.
—Estoy perfectamente bien—espetó e intentó enderezarse para conservar la poca dignidad que le restaba, aunque la punzada en la nariz le recordaba lo contrario.
Bucky arqueó una ceja.
—Ajá. Claro. ¿Sabes que el piso no tiene vida propia? ¿Verdad?
—Cállate.
—Solo digo, normalmente la gente ve por dónde camina.
—¡Dije que te calles!
Bucky dejó escapar una risita y negó con la cabeza. Luego, su mirada se deslizó fugazmente por el rostro de Sam, en lo que notó su nariz enrojecida.
—Déjame ver.
—¡No necesito...!
Pero antes de que pudiera terminar la frase, Bucky ya había acortado la distancia entre ambos; levantó su mano y se inclinó un poco para examinarlo mejor.
Sam sintió su respiración atraparse en su garganta. Estaban demasiado cerca. Podía oler el sudor y el jabón en la piel de Bucky, y por alguna razón eso solo empeoraba la situación.
El ex asesino frunció el ceño con una leve sonrisa en sus labios.
—Bueno, no está rota. Pero tu orgullo seguro sí—se levantó y se dio la vuelta hacia la puerta del gimnasio—voy a buscar el botiquín, no intentes matarte en mi ausencia.
—Créeme que no lo hará—replicó Joaquin con una sonrisa.
—Torres—siseó Sam entre dientes—si no te callas, te golpeó.
—No seas así con él, Sam—Bucky lo interrumpió—no es su culpa que te cayeras por estar de mirón.
Dicho esto, salió de allí, acompañado por las carcajadas cada vez más estridentes de Joaquín.
Sam solo deseó que la tierra se lo tragara.
