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Harry sintió que si no se acercaba a ella en ese instante toda la valentía que había acumulado desde que regresaron a Hogwarts se esfumaría.
Pasó las vacaciones practicando frente a su espejo cómo la invitaría a salir e incluso le preguntó a sus padres y a sus padrinos qué hacer. La verdad es que Harry no estaba seguro si todo lo que le dijeron podría servirle. Draco Malfoy era un misterio qué Harry no podía descifrar, pero le encantaba el proceso de intentarlo.
Harry realmente no tenía muchas ilusiones porque el año pasado, cuando estaban cursando quinto año, había perdido la cuenta de la cantidad de pretendientes que Malfoy había descartado al momento en que se acercaron a ella. Estaba demasiado seguro que él sería el rechazado del día y, aunque no hubiera nadie a la vista, sabia que al día siguiente todo Hogwarts estaría enterado de cómo Harry Potter fue rechazado fríamente por la heredera Malfoy.
Por un momento quiso dejar atrás su plan y concentrarse en intentar ser su amigo, sabía que no sería lo mismo, pero tal vez convivir con ella sería suficiente para calmar a su corazón.
No sería el primero.
Harry sabía que Theodore Nott era amigo de Draco porque no podía ser algo más para ella. O tal vez porque no lo intentaba. Siendo objetivo, Harry consideraba que Nott tenía altas posibilidades de ser aceptado: era guapo, inteligente y de una familia sangre pura importante.
Era malditamente obvio cuánto la quería.
Muchas veces Harry se preguntó si podría soportar estar a su lado pero al imaginar que no podría tomar su mano, llamarla de forma cariñosa, besarla ni tocarla en los lugares correctos… todas las veces llegó a la conclusión de que le sería imposible.
Es por ello que estaba acercándose hacía ella con pasos apresurados. Harry sabía que si vacilaba por un segundo terminaría regresando a la sala común, donde Hermione y Ron lo esperaban con buenas noticias. Principalmente Hermione, dado que Ron adoptó una postura de no te entiendo, pero espero lo logres, suena imposible, pero sé que podrás.
Malfoy estaba sentada admirando el paisaje ante ella, sola. No Parkinson, no Goyle, no Crabbe y no el maldito Nott con sus ojos de enamorado.
Harry, más tranquilo al verla sola, se detuvo abruptamente. Eso pareció llamar la atención de la chica, quien giró la cabeza. Cuando un par de ojos grises con pestañas tupidas parpadearon en su dirección, Harry se preguntó, no por primera vez, si Malfoy acaso era una veela.
Eso por supuesto era absurdo.
Los Malfoy son de las pocas familias que mantenían un historial intacto respecto a su sangre. Un historial el cual Malfoy no estaría dispuesta arriesgar solo por alguien como Harry, quien tenía una familia prestigiosa y querida por la sociedad mágica, pero no con el principal requisito qué exigían una familia como los Malfoy.
Ella lo miró por un par de segundos en los cuales ninguno dijo nada, Harry sabía que era su momento, debía hacer honor a su casa y aventurarse a hacerle una invitación. Sobre todo, debía sacar a su James Potter interior. Conocía la historia de sus padres como la palma de su mano y sabía que si Malfoy en ese momento rechazaba su invitación, él no se daría por vencido.
Cuando Malfoy rodó los ojos fastidiada y decidió bajar la mirada hacía el libro que tenía en su regazo, Harry se acercó aún más a ella y tomó asiento a su lado.
—¿Necesitas algo, Potter? —preguntó la rubia sin molestarse en mirar a Harry.
—No… Bueno, si. Verás yo…
Harry se detuvo cuando ella levantó la mirada y escaneo su rostro en busca de algo. Harry quiso volver a hablar, pero ella abrió de nuevo sus lindos labios.
—Tienes solo un minuto para decirme a lo que viniste.
Estaba muerto. Había visto incontables veces cómo Malfoy al menos dejaba hablar a sus pretendientes todo lo que quisieran para después desecharlos, pero a él le había dado un maldito minuto. ¿Cómo se supone que le expresaría todo lo que sentía por ella en un minuto? ¿Cómo le explicaría lo que sintió cuando jugó quidditch por primera vez contra ella y lo difícil que fue concentrarse en la snitch? ¿O lo que sintió cuando la vio con Zabini en una cita en tercer año? ¿O cómo su corazón se detuvo al verla bailar con un chico de Durmstrang? ¿Cómo le explicaría qué en realidad fue ella su primer enamoramiento y no Cho como todo Hogwarts creía? ¿Cómo le diría que en su primera cita estuvo más ocupado pensando en ella qué en todo lo que Cho le contaba? ¿Cómo…?
—Te quedan veinte segundos y si no dirás nada, será mejor que…
—¡No, no! —la interrumpió Harry con desesperación mientras buscaba aquella breve carta qué escribió con tanto esmero y con ayuda de su madre y Remus—. Debe estar por aquí… yo la guarde… debería estar aquí… Creo que ya… ¿Malfoy?
Malfoy, molesta ante la interrupción, se levantó y avanzó unos cuantos pasos mientras él estaba buscando desesperadamente algo en su túnica. Cuando Harry se dio cuenta que ella iba de regreso al castillo, se levantó torpemente, la alcanzó y la tomó de la muñeca. Ella se giró molesta pero, antes de poder decir algo, Harry le entregó un sobre arrugado.
—Ábrelo cuando estés sola —mencionó Harry, mirándola fijamente. Sabía que era el momento indicado. No importaba si le decía que no, él esperaría seis años más por ella, esperaría el tiempo que fuera necesario—. Y me gustaría invitarte a Hogsmeade este sábado, ya sabes, una cita, pero si no quieres está bien, bueno no, quiero decir, estás en tu derecho de decir que no, pero en verdad deseo que me des una oportunidad y…
—¿Harry?
Harry detuvo su discurso abruptamente porque escuchó mal. Ahora no solo veía mal, sino que su audición estaba fallando.
—Harry, te estoy hablando —ahí estaba de nuevo. Malfoy llamándolo Harry mientras sacudía sus hombros con suavidad para después hacerlo de forma brusca, atreviéndose a preguntar con molestia—: ¿Acaso esto es una broma?
—¡No! ¡No! Draco… —Harry suspiró, en verdad suspiró, después de decir en voz alta el nombre de ella por primera vez —. ¿Te parece una broma?
Ella soltó el agarre en sus hombros, Harry quiso pedirle que lo tocara de nuevo, pero no se atrevió. Draco lo miraba con seriedad, había molestia en sus brillantes ojos. Esos brillantes ojos con los cuales Harry ha soñado más veces de las que puede recordar. En realidad, aunque sonará como un maldito pervertido, no había ni una parte de Draco con la que no hubiera soñado. Todo en ella encendía el interior de Harry, consumiéndolo por completo.
—Va un mes desde que volvimos a Hogwarts, pero apenas me mirabas —declaró la rubia, tocando el pecho de Harry con su dedo índice.
Harry se mordió la lengua para no decirle que podía tocarlo donde quisiera.
—Incluso en vacaciones, en el Callejón Diagon, te vi escabullirte cuando me acerqué a saludar al profesor Lupin. ¿Así que esperas que te crea?
—Eh, ¿sí?
Draco retiró su toque de Harry, y él quiso pedirle que lo tocara de nuevo; se sentía tan patético solo por el mínimo contacto de ella.
—No te creo —declaró Draco, guardando el sobre entre las páginas de su libro ya olvidado.
Harry sintió su corazón volverse más pesado ante esas palabras. No entendía cómo su padre había sido tan persistente, mientras que él estaba aquí, tratando de sobrellevar su inminente rechazo.
—En verdad no te creo, pero leeré esto, y más te vale tratarme bien el sábado, Potter.
Harry en verdad tenía problemas de audición. Era eso, o Draco en verdad había aceptado su invitación. Estaba soñando. Posiblemente esto no estaba sucediendo y, en realidad, seguía dormido.
—¿Escuchaste, Potter?
Harry asintió inseguro porque, ¿qué más podía hacer en un sueño? Esto era tan frecuente que sabía que, a continuación, Draco se acercaría y lo besaría, pidiéndole que la tocara y le demostrara lo mucho que la deseaba.
—¿Potter? Oh, vamos, Harry… ¿Necesitas que te lleve con Madame Pomfrey?
Harry sacudió la cabeza torpemente y miró a Draco confundido. Eso nunca había pasado en sus sueños. ¿Por qué debería ir a la enfermería?
Draco suspiró, entrelazó su brazo con el de Harry y lo instó a caminar en dirección al castillo. Harry obedeció con una sonrisa en su rostro, dándose cuenta por fin de que no había sido un sueño.
—¿Me dirás que tienes planeado para el sábado? —preguntó la rubia, deteniendo brevemente andar para pararse frente a Harry—. ¿O debo hacer algo a cambio para que me lo digas?
Harry quiso decirle que sería una sorpresa, pero Draco se acercó y lo besó en la comisura de sus labios. Ahí iba la cordura de Harry. Era increíble lo que ella podía provocarle con el mínimo contacto
—No te preocupes, Potter —dijo ella mientras retomaba su caminata con Harry del brazo—. Sé que te esforzaras. Creí que nunca lo harías. Ya era hora, Potter, ya era hora…
Harry negó con la cabeza divertido mientras acercaba más a Draco hacía él. Si, había tomado mucho tiempo, pero finalmente la había invitado a salir y no fue rechazado en el proceso.
No lo esperaba.
James Potter fue rechazado por Lily Evans más de quince veces y Sirius fue rechazado alrededor de cinco veces por Remus. Ambos habían bromeado sobre que al pobre Harry le sería más complicado convencer a la heredera Malfoy… Sin duda su padre y Canuto deberían enterarse lo más pronto posible que Harry les ganó y en la primera invitación fue aceptado.
No podía esperar a que fuera sábado y pedirle a Draco qué lo llamara de nuevo por su nombre.
No podía esperar a besarla apropiadamente.
No podía esperar para enamorarla.
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