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Cuando Kihyun decidió renunciar a su vida estable para trabajar en una heladería mientras encontraba el propósito de su vida, se dio cuenta que había más vida detrás de un monitor lleno de números y un montón de expedientes a escanear sobre el escritorio.
A pesar de que el horario era restrictivo con un día de descanso a la semana, donde por lo general era entre semana, le gustaba atender a los clientes, que sudorosos pedían un cono para quitarse el calor que parecía no menguar. Entonces contento, preguntaría sobre sus vidas porque le interesaba saber lo que los demás decían. Aunque en realidad, era para saber si debía continuar con su vida de oficinista o debía perseguir algún otro sueño que aún no despertaba en él. Él veía algo en los demás y le causaba envidia ver que muchos parecían tener en claro qué era lo que querían hacer de sus vidas.
La mañana había estado tranquila, pues era un día nublado y esos días las ventas disminuían. Se quedó mirando la pared rosa, perdido en un sinfín de pensamientos recurrentes hasta que una voz lo hizo despertar de su ensoñación.
—Tierra llamando a Kihyun.
Una dulce risa hizo eco en el local, cosa que al instante llamó la atención de Kihyun. Sus mejillas se tiñeron de rojo por la vergüenza, aunque rápidamente se desvaneció el color cuando la pequeña Sojung no paraba de reír por las palabras de su padre. Todo le daba risa, todo le fascinaba. Kihyun adoraba esa felicidad e ingenuidad de una infancia saludable. Así que rio junto con ella después de ponerse de pie para ir al mostrador.
—Lo siento, estaba... —Quiso inventar una excusa, pero nada salió —. Pensando.
—Lo pudimos notar —dijo Wonho entre risas —. ¿Todo bien?
Claro que iba a estar todo bien, pensó Kihyun.
Las visitas periodicas de Wonho con Sojung mejoraban su estado de ánimo al triple. Eran sus clientes favoritos porque eran amables y lo hacían sentir una persona, no un sirviente. La pequeña solía darle propinas al dejar una moneda de más en el mostrador con dificultad debido a su estatura. Kihyun siempre sentía que su pecho iba a explotar. No comprendía cómo le causaba tanta ternura esa pequeña niña risueña. Aunque sus sospechas derivaban a su deseo de ser padre de una niña. La relación que Wonho y Sojung compartían le provocaba algo dentro de su cuerpo, pero no quería ahondar. No era momento.
—Todo bien —sonrió —. Sólo pensaba en qué voy a cenar.
Escaneó brevemente los sabores que estaban exhibidos y miró a Sojung con una sonrisa tan alta que sus pómulos tapaban sus ojos.
—¿Mismo sabor?
Sojung asintió enérgicamente.
—Chocolate, chocolate, chocolate —cantó con entusiasmo. Wonho la miró con adoración, sin soltarle la mano.
—Me pones uno de chocolate, uno de vainilla con dulce de leche y uno de frutos rojos.
Kihyun tardó en procesar el último pedido. Siempre eran dos conos, ¿por qué ahora serían tres?
No le incumbía, pero al final de cuentas le daba curiosidad. No dijo nada, asintió a la orden hecha y limpió el funderelele para raspar los botes. Con torpeza sirvió el helado en el cono. La penetrante mirada de Wonho siempre lo ponía nervioso y provocaba que el trabajo que sabía desempeñar bien, terminara siendo un desastre por culpa de esos ojos que no miraban a otro lado, más a que a él y su labor.
Carraspeó un poco para hacerle saber que podía sentir la mirada. A pesar de eso, lo único que cambió fue que Sojung también mirara a Kihyun con la misma intensidad que su padre. Fue entonces que el funderelele se le cayó al piso cuando quiso limpiarla para cambiar de sabor. Sus mejillas se sentían calientes, así como sus orejas.
—Lo siento —murmuró al recogerlo.
—¿Se te cayó la nieve? —preguntó Sojung con curiosidad. Levantaba las puntas de sus pies para lograr observar lo que había del otro lado del mostrador, sin embargo no pudo ver nada. Kihyun le sonrió en medio de todo el caos que tenía en su interior.
—No, fue esto. —Le mostró el funderelele. Lo dejó en los trastes sucios y tomó otro para seguir despachando.
—Ah, el agarranieve —dijo la niña, haciendo reír a los mayores.
Cuando el cono de Sojung estuvo listo, Kihyun le agregó algunas chispas de chocolate como topping extra. Se inclinó hacia el frente y estiró la mano para tendérselo a la niña que no aguantaba la emoción porque aquel amable muchacho agregó más cosas a su pedido.
—Gracias —dijo antes de lamer la nieve y mancharse el rostro en el proceso.
Wonho agarró unas servilletas que estaban en el mostrador y limpió las mejillas sucias de su hija, quien parecía no importarle en absoluto lo que ocurría a su alrededor, pues ahora el cono se había convertido en su principal razón de concentración.
Después Kihyun le tendió los dos conos faltantes a Wonho y sintió un nudo en su estómago al verlo sonreír tan adorable, porque se le hacían unas arrugas bonitas en su nariz. Eran tan frecuentes sus visitas, que había memorizado la forma en la que el interior de sus oídos se formaba un corazón, o cómo sus manos rozaban en la entrega del pedido. Siempre cálidas y suaves.
Kihyun sacudió la cabeza al darse cuenta de que sus pensamientos se habían ido lejos otra vez. Lo sabía porque otra vez el roce estaba ahí y no podía soportar un día más sin saber con entereza cómo se sentiría tener esa pálida mano envuelta con la suya. Esta vez Wonho tomó los dos conos con una mano y con la otra rodeó la muñeca de Kihyun para que no la alejara. Aquel chico juró que la sangre se le fue a los pies y regresó con intensidad.
—En realidad, el de frutos rojos es para ti —dijo con timidez, regresándole el cono.
Sojung había dejado de prestar atención a su manjar, para mirar con curiosidad y emoción la interacción de su papá con el chico de los helados. Sonrió porque le agradaba él, no sólo porque vendiera su postre favorito. Siempre era amable y le sonreía. Le permitía hablar y no la hacía menos por ser una pequeña niña, cosa que solían hacer los demás adultos.
Me cae muy bien . Una vez le dijo a su papá de regreso a casa con helado en mano. Wonho no dijo nada, pero asintió a su opinión. También a él le agradaba y se le hacía atractivo cuando fruncía las cejas para raspar la nieve del contenedor. Era una nimiedad, aunque a veces esa imagen le costaba el desconcentrarse en otras áreas de su vida laboral y personal.
—¿Para mí? —preguntó Kihyun con las orejas rojas. Aún tenía la mano caliente de Wonho alrededor de su muñeca y no podía concentrarse en otra cosa que no fuera la sensación de su piel ardiendo o aquellos ojos oscuros que lo miraban con tanta intensidad que pensaba, le desnudaría el alma.
—Sí —dijo Wonho con un aura de amabilidad y autoridad.
Kihyun ignoró la suave mirada de Sojung y lo que le rodeaba. Asintió y con la mano libre tomó el cono que le había sido obsequiado. Pensó que tan pronto tuviera el helado en mano, Wonho se alejaría, pero quedaron en esa posición por unos segundos más.
—¿Quieres venir a cenar con nosotros? —preguntó Sojung con chocolate en las comisuras. La interrupción hizo que Wonho reaccionara y liberara la muñeca de Kihyun.
Entre lo conversado, Sojung recordó que Kihyun estaba indeciso con su cena. Su padre le había dicho que le prepararía una pasta y de postre habría un pequeño pastel. Era injusto que ella sí tuviera qué cenar y su persona favorita no. Así que pronunció esas palabras sin malicia y con emoción.
Sin embargo, Wonho había quedado perplejo y con las orejas rojas. ¿Qué se suponía que debía decir para no crear incomodidad? Obvio que él estaría encantado de conocer una faceta distinta de Kihyun, pero ¿no era muy precipitado?
Le preocupaba lo que ese chico pensara de él.
Kihyun le sonrió a Sojung, aún si su corazón latía a mil por hora, mantuvo la compostura.
—Me encantaría —pronunció con suavidad y miró de reojo a Wonho —. Sólo si tu papá está de acuerdo.
Wonho no supo explicar lo que su mente y su cuerpo estaban experimentando. Kihyun estaba tranquilo, lamiendo su helado mientras que Wonho sentía una extraña revolución en su corazón.
—Claro que está de acuerdo —dijo Sojung con una sonrisa traviesa —. Siempre habla de ti.
Rio un poco y cuando sintió la mirada de su papá, corrió en dirección opuesta. Wonho solía tener buenos reflejos, pero estaba perdido ante la mentira que había soltado frente a Kihyun. Estaba de acuerdo que lo pensaba con frecuencia, pero jamás había abordado esos temas con Sojung.
Así que cuando la niña sintió los pasos de su padre, salió del local, mostrándole la lengua. Esta vez Wonho tenía el rostro rojo y giró su cabeza en dirección a Kihyun quien también había igualado el color de su helado.
—Lo siento, es que…
—No te preocupes —dijo Kihyun, con la voz temblorosa.
Wonho tomó una servilleta y escribió algo en ella para después dársela a Kihyun.
—Si este momento no fue lo suficientemente vergonzoso para evitarnos, estás invitado a la cena.
Le regaló una sonrisa y con rapidez salió del local para perseguir a Sojung quien seguía riendo por el momento incómodo que creó. Kihyun los observó desde la distancia, lamiendo su helado favorito y viendo a las dos personas que se habían ganado su corazón en un período corto de tiempo.
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Cuando Kihyun llegó al departamento, se quedó de pie por unos largos minutos frente a la puerta que indicaba 301. Su corazón latía deprisa que sentía que en cualquier momento se desmayaría. Por más que tomaba respiraciones profundas, el nerviosismo estaba ahí.
Miraba de vez en cuando su atuendo, indeciso de si había sido buena idea unos pantalones deslavados y una playera a rayas blanca con negro. Incluso su cabello corto, peinado hacia el frente lo hacía sentirse raro. No entendía porqué el nerviosismo lo había atacado de pronto, pero tuvo que armarse de valor tan pronto la puerta se abrió sin haber tocado el timbre.
Sojung estaba de pie en un banquito, con los brazos extendidos y una sonrisa que mostraba sus dientes de leche y algunos huecos de dientes en crecimiento. Llevaba el cabello castaño suelto hasta por debajo de los hombros y un vestido floral con vuelo.
—Viniste —gritó emocionada. Se bajó del banco para rodearlo en un abrazo, donde sólo podía abrazar sus piernas debido a la estatura.
Kihyun tomó las pequeñas manos de Sojung para separarse de ella y ponerse en cuclillas. Esta vez, la niña lo abrazó mejor y Kihyun le correspondió, sintiendo su corazón derretirse con lentitud.
Entre sus ilusiones como futuro padre, se había imaginado una escena similar donde al llegar, su hija le recibiera con los brazos abiertos y con una risa contagiosa. Eso era lo más cercano que había experimentado y no le desagradaba en absoluto.
—Sojung, ¿qué te dije de abrir la puerta tu sola? —señaló Wonho cuando se asomó a la entrada principal. A pesar de que le agradaba la vista, no quitaba la irresponsabilidad de esa acción.
—Perdón —dijo cuando soltó a Kihyun —. Es que estuve esperando que timbrara desde la cámara y nunca lo hizo.
En ese momento Kihyun sintió la vergüenza correr por cada parte de sus extremidades. No recordaba que había una cámara afuera de cada departamento.
Wonho sonrió para sus adentros, pensando en lo tierno que debió haberse visto nervioso por no saber en qué momento timbrar. Sacudió la cabeza y mejor lo invitó a pasar. Sojung ya había hecho suficiente exponiéndolo a él y a Kihyun en un mismo día.
—Ya está la cena. Sólo estaba acomodando la vajilla en la mesa —dijo Wonho, dirigiéndose a la cocina.
Sojung enredó su pequeña mano en los dedos de Kihyun para llevarlo al comedor. Lo miraba con frecuencia, para cerciorarse de que estuviera cómodo. Quería que se llevara una buena impresión para seguir viéndolo más seguido, no sólo como el chico que vende helados.
—¿Cómo estuvo tu día? —preguntó Wonho cuando sirvió agua en los tres vasos.
—Estuvo muy tranquilo —dijo y metió un poco de pasta a su boca. Al instante sus ojos se hicieron grandes. Había una fiesta en su paladar y no sabía cómo explicarlo —. Mmm, está buenísima la pasta.
—¿Verdad? Mi papá cocina muy rico —dijo Sojung, subiendo y bajando las cejas.
Wonho tosió un poco porque el agua se le había ido por otro lado cuando vio la acción de su hija. En un breve análisis, comenzó a comprender las intenciones de Sojung.
Kihyun se sintió cómodo y tranquilo, a pesar de que aún quedaba un pequeño rastro de nerviosismo en su sistema. Cuando terminaron de cenar, Kihyun se había ofrecido a ayudar a lavar los trastes sucios, pero Sojung lo arrastró a la sala para jugar con él.
Le pidió ayuda para poner el Just Dance y bajaron la cena bailando un rato.
Sojung se reía de Kihyun si se equivocaba en un paso o lo detenía y explicaba cómo se hacía. Desde la cocina, Wonho sonreía al escuchar las carcajadas de Sojung y la suave risa de Kihyun. Ya había pasado un largo tiempo desde que su hija no conectaba con facilidad con otro adulto que no fuera su familia.
Después de varias canciones, Sojung le entregó un libro que era compilación de cuentos. Kihyun estaba sentado en la orilla del sillón y Sojung acomodó su cabeza en el regazo de él. El resto de su cuerpo estaba estirado sobre lo que restaba del sillón.
Kihyun peinó hacia atrás los mechones sudorosos de Sojung para despejarle la frente. Cerró los ojos y Kihyun comenzó a leerle un cuento. No fue difícil que la niña cayera rendida al instante. Aquel chico tenía una voz increíble para tranquilizar, por lo que, siguió contando el cuento a pesar de saber que Sojung había quedado profundamente dormida.
Wonho se acercó una vez terminó sus quehaceres. Se sorprendió al ver a Sojung con la boca abierta y dormida. Apenas eran las ocho y media.
—¿Qué hechizo le hiciste? —preguntó con curiosidad Wonho. Kihyun aún sostenía el libro en sus manos, se había quedado leyendo en silencio el resto de los cuentos.
—¿Eh?
—Por lo general tengo que hacerle té para dormir. Lleva meses que le cuesta conciliar el sueño —explicó.
Kihyun no pudo evitar sentirse halagado. Que Sojung cayera en brazos de Morfeo con rapidez, probablemente sería uno de sus logros inesperados y especiales. Cerró el libro y lo dejó a un costado de él.
—No sé, sólo le conté un cuento y le hice piojito.
Wonho le sonrió, agradecido de su aportación. Asintió y se acercó un poco más.
—Voy a llevarla a su habitación, ahorita regreso.
Kihyun se maravilló al ver que cargó con facilidad a Sojung sin sacudirla tanto. Había apreciado de cerca cómo sus músculos se habían tensado al hacer esfuerzo y cómo sus venas se habían saltado. Era una imagen que no había pensado vivir de cerca. Su corazón volvió a detenerse cuando se marchó y lo único que quedó de él fue su perfume.
Se apresuró a buscar un vaso para servirse agua. Necesitaba bajarse el calor que se había apoderado de él. Aunque casi escupió el agua cuando Wonho apareció frente a él sin previo aviso.
—¿Estás bien? —preguntó con preocupación. Aún se palmeaba el pecho por la tos.
Kihyun asintió, mirando al suelo.
¿Con qué cara lo vería ahora sin sonrojarse por esos músculos? Había crecido una necesidad de ser abrazado por él a mitad de la noche, mientras aspiraba el embriagante olor de su perfume.
—Disculpa si Sojung es invasiva. No suele ser así con las personas, eso significa que le agradas mucho —comentó Wonho cuando ambos se encaminaron a la sala.
El mayor estaba en el sillón individual, mientras que Kihyun volvió a sentarse en el grande donde se había acomodado con Sojung.
—No te preocupes. Es una niña maravillosa —dijo sonriendo —. Para mí es un honor haberle caído bien.
Se hizo un breve silencio. Ambos miraron en todas direcciones, inseguros de qué decir o hacer. Kihyun quería demostrar su interés, pero no sabía cómo. Wonho no sabía cómo coquetear sin morir en el intento.
—Por lo de esta tarde —inició Wonho, recordando el desliz de palabras que había dicho Sojung.
—Está bien —interrumpió Kihyun. Tenía miedo que le dijera alguna excusa para ignorar el sutil interés que había dado a entender su hija —No tienes porqué explicarte.
Wonho se mordió el interior de la mejilla. ¿Lo estaba rechazando? Aún no decía nada y ya había preparado su línea divisoria.
—Me refiero a que Sojung parece saber más de mí, que yo mismo. —Kihyun ladeó su cabeza, intentando comprender sus palabras —. Yo no he hablado de ti con ella, pero sí has estado en mi cabeza por varias semanas ya.
Kihyun apretó los labios para evitar que una sonrisa se le escapara. Se sentía bien escuchar eso de alguien que tampoco dejaba en paz su mente y corazón. A través de los pocos meses trabajando en la heladería, se había encariñado con Wonho y Sojung. Era como un sueño hecho realidad estar en su hogar, haber cenado con ellos y haber sido tranquilidad para Sojung al grado de hacerla dormir con rapidez.
Estar ahí era como estar en casa.
—Confieso que tampoco has dejado de rondar por mi cabeza desde hace unas semanas —dijo sin aliento. Jugueteó con sus manos un poco para deshacerse de la acumulación de emociones que estaban desbordándose en su interior.
Wonho se levantó de su lugar para sentarse al lado de Kihyun. Ambos con el corazón en la garganta y la emoción de algo nuevo a punto de ocurrir. Ninguno de los dos medió palabra, sólo la mano pálida de Wonho tomando la de Kihyun con suavidad para entrelazarlas.
Los dos miraron en esa dirección con una sonrisa que no se podía ocultar. Cuando hicieron contacto visual, se dieron cuenta de lo rojo que estaban sus rostros por aquella acción. Se sentían adolescentes, con tantos sentimientos a punto de explotar.
—Me gusta —dijo Wonho al apretar su agarre.
—También me gustas —confesó Kihyun y ambos rieron.
Wonho inclinó su peso y plantó un pequeño beso en las comisuras de Kihyun, tomándolo desprevenido. El mayor asintió con una sonrisa grande.
—Sí, también me gustas.
