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Inefable [Libro 2]

Summary:

❝ Takemichi Hanagaki intenta nivelar la vida en su casa, las obligaciones escolares y su relación con Manjirō Sano, intentando todo lo posible para que su novio no sospeche de sus secretos domésticos.

Las tensiones entre Mikey y Rindō aumentan, lo cual provoca que su amistad se vuelva un sube y baja de emociones.

Rindō Haitani lidia con las complicaciones de su amor no correspondido y poco a poco pierde el control sobre sus acciones, lo que menos esperaba era recibir ayuda de la última persona en la que confiaría sus secretos más profundos, esos que ni siquiera puede confesar a su mejor amigo.

¿Hallarán un punto de estabilidad o serán arrastrados por el caos? ❞

« La palabra Inefable se refiere a algo que no puede ser expresado o explicado con palabras.»

Chapter 1: El poder de una mirada

Chapter Text



Link de playlist en youtube con subtítulos: https://www.youtube.com/playlist?list=PLh_I2PadL0vX5hwQxW6INl2HQ-cZQl-3z


[Takemichi] - Casa de Manjirō

La música inundaba el salón. El sonido de la guitarra retumbaba entre las cuatro paredes, mezclándose de una forma armoniosa con la suave voz de Rindō, que cantaba con los ojos cerrados y sosteniendo el micrófono con las dos manos, reflejando en su rostro una expresión de concentración. A su lado, Mikey mantenía la mirada en su guitarra, sus dedos parecían moverse solos, tocando cada acorde con maestría, conociendo qué cuerda hacer vibrar y qué melodía resaltar.

Se complementan de maravilla, sincronizándose de un modo que realmente impresionaba. La melodía de Mikey y la voz de Rindō se unían de forma que parecía un solo sonido. Uno impresionante. Ojalá estuviera aquí Draken para acompañarlos, debido a los múltiples trabajos que estaba tomando, prefería dormir en su casa.

Llevaba los últimos quince minutos embobado mirándolos con la boca abierta mientras permanecía sentado en el suelo con las piernas cruzadas y mi espalda apoyada en el sofá, el cual habíamos desplazado algunos metros de su sitio para tener más espacio. Detrás de mí, Yuzuha vociferaba y aclamaba la música, moviéndose de un lado a otro de manera inquieta, dando algún salto a la vez que palmeaba sus manos en el aire, gritando eufórica. A mi lado, también sentado en el suelo, Ran permanecía con el ceño fruncido, frotándose los oídos, aunque estoy seguro que su malestar no era debido a la música de los chicos, sino a los gritos de su novia que iban subiendo de tono a medida que pasaba los minutos.

Al principio me había reído al ver a Ran, para después quedarme enfrascado en la música de una forma que ya ni siquiera escuchaba las aclamaciones de Yuzuha. 

Tenía la mirada fija en los dos, Mikey y Rindō, estaba impresionado, jamás me hubiera imaginado que esos “famosos ensayos” en el sótano de la escuela pudieran haber dado fruto a esa clase de música. Una música que te hacía sentir en el aire.

En tus ojos, me perdí
¿Podrías quedarte un poco más?
Y me derrito entonces en tus ojos,
como la primera vez que me atrapó tu fuego
solo quédate conmigo,
mantente conmigo ahora.

De vez en cuando, Mikey levanta la vista y enfocaba sus ojos en los míos, sonriendo de medio lado. Esos eran los momentos en los que mi estómago daba un vuelco irremediable y yo sentía mis mejillas sonrojarse sin remedio. Aquello no era un concierto en toda regla, pero sí una de las tantas e improvisadas reuniones que tenía con los chicos estos últimos días, faltaba Draken que aprovechaba su tiempo durmiendo porque después de clases se dedicaba a trabajar.

Mi amistad con ellos había comenzado a raíz de mi relación con Mikey, y lo cierto es que, poco a poco, esa amistad ha ido creciendo más y más. Ahora la mayoría de mis tardes las dedicaba a algo que nunca había creído posible: Estar con ellos y divertirme, solo pasarlo bien mientras les decía a mis padres que me quedaba en la escuela, como siempre, trabajando en la sala del consejo y estudiando. Eso conllevaba que todas mis noches tuviera que matarme trabajando para adelantar las tareas que durante las tardes no hacía. Por eso es que a menudo me encontraba cansado y somnoliento. Todos lo habían notado y Mikey insistió varias veces en que fuera a ver a un doctor, pero yo salí del problema admitiendo que duermo menos de lo normal por insomnio crónico, y no era mentira, pero el método al que ya empezaba a acostumbrarme era el único realmente efectivo.

Es el único modo de poder estar con los chicos y con Mikey sin que en mi casa se enteraran, al mismo tiempo que no descuidaba mis tareas como estudiante y presidente estudiantil. Era mucho estrés a veces, pero merecía la pena.

Mikey y Rindō finalizaron la canción con una sincronización perfecta, lo cual no hizo sino arrancar más gritos de Yuzuha, quien de forma repentina, saltó del sofá por encima de Ran y de mí para gritarle a los chicos en la cara y felicitarlos por su música. 

Ran no dudó en suspirar aliviado y ponerse en pie, aún frotándose los oídos. 

—Ya era hora, tiene fuerza en los pulmones —Murmuró tambaleándose un poco, me eché a reír por sus palabras antes de volver a dirigir mi mirada a la persona que había estado observando todo el tiempo: Mikey.

Trataba de quitarse de encima a Yuzuha, la cual saltaba alrededor de él aplaudiendo y bromeando con que era su primera fan, divirtiéndose mucho por las muecas de Mikey. Estaba claro que le encantaba hacerlo rabiar.

Sin embargo, aunque Mikey frunció el ceño con todo aquel escándalo y comenzó a gritarle por enésima vez lo loca que estaba, lo cierto es que no engañó a nadie, todos sabíamos que no estaba enfadado de verdad. 

—¿Qué dices? —Me preguntó Mikey en cuanto logró zafarse de Yuzuha y pudo acercarse a mí, esbozando una sonrisa y tendiéndome ambos brazos para ayudarme a levantarme.

—¿Cómo decirlo? —Dije sonriendo de oreja a oreja fingiendo pensar, agarrando sus manos y dejándome impulsar hacia arriba. En un abrir y cerrar de ojos me encontraba de pie, frente a él —¡Fue impresionante! Jamás me imaginé que su música sonara de esa forma. Tienes un gran talento, ambos lo tienen.

—No creo que sea para tanto —Se rio Mikey haciéndome centrar mis ojos en él, justo después de apreciar como Ran se unía a su hermano y a Yuzuha, sin dejar de hacer muecas ante los gritos de su novia —Lo que pasa es que la música nos encanta, supongo que eso se ve reflejado después en las canciones, en las canciones de Rindō, él es la mente maestra.

Al verlo, aumenté mi sonrisa y lo abrace, tomándolo por sorpresa, a pesar de su desconcierto, no dudó en devolver el abrazo, suspirando fuertemente.

—Tienes talento, Mikey —Le susurré en voz baja por los gritos de fondo. Aunque seguían resonando con fuerza dificultando el oír con claridad, en aquel momento supe que Mikey escucharía lo que fuera a decirle —Es puro talento, de verdad y estoy muy orgulloso de ti.

En cuanto acabé de hablar, Mikey me abrazó con más fuerza sin decir nada. Sonreí. Ya habían pasado cuatro o cinco semanas desde el inicio de mi relación con Mikey, tampoco importaba la cantidad. El tiempo había transcurrido volando, literalmente volando, en un abrir y cerrar de ojos pasaron tantas cosas entre nosotros, tantas que la fecha del comienzo me era indiferente y sabía que para él también. Lo importante de recordar era cada momento, cada minuto, cada beso, cada palabra, cada caricia, cada instante a su lado y de eso me acordaba a la perfección.

Sin embargo, a pesar de no saber con claridad si ese tiempo juntos fue mucho o poco, sí que había comenzado a sentir como a cada día que pasaba lo conocía más y más, comenzaba a ser consciente de sus pensamientos, de sus manías, de sus inquietudes, de su nerviosismo, de sus alegrías y de sus silencios, esos silencios cargados de palabras que lo dicen todo. Por eso, en aquel instante, cuando me abrazó con fuerza sin dar una respuesta supe que no hacía falta porque sabía lo que quiere decirme con solo estar cerca de él. 

Comenzábamos a entendernos por el hecho de querernos, comenzábamos a aprender a comunicarnos haciendo a un lado el habla. Comenzábamos a decírnoslo todo a través de una simple mirada y entonces, apoyando mi barbilla en su hombro, sonreí al recordar cómo apenas una semana atrás, Mikey me había dicho que, a veces la verdadera clave de las cosas, era no decir nada y tenía razón.

—A ti también te ha gustado, ¿Verdad, Takemichi? —Preguntó de pronto Yuzuha, utilizando para alivio de todos los presentes, un tono de voz mucho más sosegado que antes.

—Fue increíble —Sonreí tomando distancia de Mikey y girando hacia los chicos —Tienes una voz impresionante, Rindō.

Rindō, el cual se había cuidado de apartar el micrófono y la guitarra apoyada a un lado, dejando el salón un poco más despejado, me dedicó una sonrisa amable.

—Gracias —Sonrió —Pero creo que exageras, solo reflejamos en la música la gran afición que sentimos por ella.

No dejo de sorprenderme con estos dos, Rindō acaba de repetir lo que Mikey me dijo antes.

—¿Ya ves? ¿Qué te decía yo? —Bromeó Mikey riendo levemente, tomándome por la cintura desde atrás —Por cierto, ¿Dónde anda el gemelo pitufo?

—¿Angry? —Pregunté frunciendo el ceño —Debe de seguir afuera, no creo que se haya marchado sin despedirse.

—Hace un buen rato que salió, ¿Se encuentra bien? —Preguntó Ran uniéndose a la conversación.

Justo iba a responderle cuando comenzó a sonar el tono de un teléfono, haciéndonos sobresaltar a todos.

—Es el mío —Dijo Rindō buscando en su bolsillo derecho su teléfono y ver la identidad del llamante —Ya vengo. 

No nos dirigió la mirada al ver su teléfono, se alejó con paso ligero en dirección a la cocina. En cuanto se hubo alejado, voltee encarando a Mikey.

—Voy a ver qué hace Angry —Le comenté ladeando la cabeza y tratando de mantenerme indiferente a su ceño fruncido y gruñido de protesta —¡No seas animal! Es mi amigo.

Salí al ver que abría la boca para replicar. 

Sé de sobra que Mikey no terminaba de aceptar del todo a Angry desde el día que estuve con él en el centro comercial después de todo lo ocurrido con Akkun, Mikey tenía la absurda idea de que Angry pretendía algo más conmigo que una simple amistad. Ya traté de explicarle mil veces que estaba equivocado, quise hacerle ver por todos los medios posibles que sus ideas eran inciertas y que sus celos no tenían fundamento alguno, pero no sirvió de mucho. Mikey era demasiado testarudo como para pretender hacerle cambiar de opinión.

A pesar de ello, yo prefería pensar que en el fondo era consciente de que sus suposiciones estaban totalmente equivocadas. Angry solo es mi amigo y fue un gran apoyo para mí durante aquellos momentos en los que mi relación con Mikey se encontraba resquebrajada a causa del malentendido que sucedió con Akkun.

Yo me había sentido mucho mejor abriéndome esa tarde, y él también había decidido depositar su confianza en mí contándome su secreto, su interés por Mitsuya. Realmente no estaba seguro de si se trataba o no de un secreto, pero al menos me tuvo en cuenta a la hora de confesar algo importante. Por eso yo lo valoro mucho. Tanto así que desde aquel día, me había cuidado de interesarme por su asunto, sintiéndome dispuesto a ayudarle cuando hiciera falta. Al fin y al cabo, él me había ayudado a mí en su momento, y mucho, Angry fue una de las personas que contribuyeron a ayudarme para solucionar mi problema con Mikey. Gracias a él, además de Yuzuha, Ran, Draken y Rindō, finalmente Mikey y yo habíamos logrado estar donde estamos y eso nunca, nunca podría dejar de agradecérselo.

Desde entonces, mantuvimos el contacto, y él me ha ido contando más detalles acerca de su interés en Mitsuya.

Al parecer, llevaba enamorado de él desde hace bastante tiempo, pero a día de hoy, Angry sigue sin estar seguro de si era o no correspondido, claro que no perdía la fe. Era un chico increíblemente optimista y no se rendía en su amor. Estaba convencido de que tarde o temprano Mitsuya se fijaría en él. En los últimos días se ha sentido muy feliz, ya que ha quedado con Mitsuya a solas un par de veces, en la hamburguesería o pasear por la ciudad para matar el tiempo. Angry tenía la certeza de que lograría su objetivo algún día y no le importaba esperar el tiempo que hiciera falta siempre y cuando su sueño se cumpliera al final.

A raíz de eso, de todo lo que ha ocurrido, yo estuve invitando a Angry a venir con nosotros cuando nos reunimos después de clase.

Los chicos mostraron su acuerdo desde el primer momento, y aunque Mikey fue un poco reticente al principio alegando que a Draken no le gustaría, al final acabó aceptando de mala gana cuando supo que no vendría por estar demasiado cansado. Aquella noche, constituía una de esas reuniones en las que nos habíamos juntado los seis. Durante los últimos días, Yuzuha insistió una y otra vez en que le apetecía oír lo nuevo de Mikey y Rindō, quienes últimamente están más entregados a la música que nunca y ya eran más un dúo que un trío, porque Draken estaba saturado de trabajo. Tras mucho insistir finalmente ambos aceptaron y decidieron organizar un pequeño espectáculo en casa de Mikey, a pesar de que Yuzuha había insistido en publicarlo en redes para invitar a media ciudad.

Por supuesto que Mikey se negó en rotundo gritando a los cuatro vientos que ni hablar, que si se había vuelto loca o qué. Por petición mía, la reunión era organizada tras la cena. De ese modo, pude volver a escaparme de casa sin problemas, después de que mis padres y Kazutora se fueran a dormir. Lo cierto es que, últimamente, aquella práctica se estaba volviendo casi una costumbre en mi vida.

Me pasaba los días teniendo sueño, cansado y sintiéndome un poco débil a causa de dormir menos horas cada vez, pero no me importaba en absoluto, vale la pena si con ello podía estar con Mikey y con los chicos a menudo.

—Bien —Aceptó finalmente Mikey a mis espaldas.

—Como si te estuviera pidiendo permiso —Dije antes de salir corriendo.

Aproximadamente a la mitad del espectáculo, Angry decidió salir fuera, a esperar a Mitsuya.

Me había preguntado antes de venir si podía invitarlo, confiando en que quizás ese encuentro podría unirlos un poco más, a mí no me había importado que lo invitara y a los demás tampoco porque era un ex compañero de curso. Mikey volvió a poner objeciones y malas caras durante un rato, solo para aceptar al final.

No obstante, ya estábamos por finalizar la reunión y Mitsuya no aparecía.

—Ya no eres mi presidente dulce, sino un rebelde —Añadió Mikey acercándose a la puerta para hablarme —No me fío nada del gemelo pitufo.

—Eres el colmo —Reí con resignación antes de darle un golpe en el hombro e ir a la puerta principal.

Cuando salí a la calle, me encontré con que Angry se encontraba apoyado en la pared de la casa con la mirada fija en la oscura calle. El viento era frío y le alborota el cabello rizado de color en varias direcciones.

—Hola —Susurré reprimiendo un escalofrío a causa de la diferencia de temperatura del exterior con respecto al interior de la casa.

—Ah, Takemichi —Exclamó girándose hacia mí en cuanto hubo escuchado que lo llamaba —¿Han terminado? 

—Sí, hace un momento —Respondí esbozando una leve sonrisa mientras me acercaba a su lado —Oye, hace frío, ¿No crees? ¿Por qué no entras? Llevas aquí mucho tiempo.

—Sí, sí, voy enseguida —Respondió introduciendo sus manos en los bolsillos de su cárdigan que era más grueso de lo habitual y se ocultaba tras la bufanda de lana —Supongo que ya no tiene sentido seguir esperando, no parece que Mitsuya vaya a venir.

Suspiré clavando mis ojos en él. A pesar de que la persona de la que estaba perdidamente enamorado acababa de darle plantón, Angry parecía estar igual de tranquilo. Era muy admirable esa capacidad suya de no perder el buen humor ni en sus peores momentos.

—Lo siento, Angry —Susurré —Quizás le haya surgido algo, dijo que vendría, ¿No es así?

—¡Sí, pero no pasa nada! —Intentó sonreír con los ojos cerrados, tal como su hermano, pero acabó echando la cabeza hacia atrás hasta apoyarla en la pared —Seguramente le surgió algo, como dices, pero estoy seguro de que la próxima vez vendrá.

El optimismo y el convencimiento con el que decía las cosas es impresionante.

Me quedé mirándolo fijamente unos segundos mientras sentía como el viento subía de intensidad, alborotándonos el cabello. Hacía frío.

—Claro que sí —Sonreí mostrando así mi apoyo, lo cual agradeció, devolviendo la sonrisa y asintiendo con ímpetu —La próxima vez.


[Manjirō] - Casa de Manjirō

Había dejado a Ran en el sofá recuperándose de los gritos que había dado su novia durante la actuación y a Yuzuha tirada en el suelo del salón jugueteando con mi guitarra. Esta chica no pierde la adrenalina ni aunque le pagaran para ello.

Tengo dos opciones mientras esperaba a que todos volviéramos a reunirnos para decidir qué hacer a continuación: Espiar la conversación de Takemitchy con el gemelo pitufo, del cual no me fiaba ni un pelo, o ir a ver a Rindō, quien a juzgar por el murmullo que salía de la cocina aún estaba al teléfono. Después de haber visto su expresión a la hora de contestar la llamada, puedo jurar que se trataba de Luna. Suspiré. Esa estupidez que hizo con ella l semana pasada le estaba trayendo más problemas que en toda su vida junta. Ahora Luna no paraba de llamarlo a todas horas, de pegarse como sanguijuela, de no dejarlo ni respirar.

Cielos, esa niña parecía un chicle, muy empalagosa, más de una vez tuve ganas de responder yo el teléfono de Rindō y decirle cuatro verdades, pero él no lo permitió. Según él, le debía una buena explicación, además de una disculpa y quizás tenga razón, pero ya llevaba una docena de explicaciones y sigue sin entender que Rindō no quería nada con ella. Era desesperante la situación y ni siquiera me relacionaba. Él tampoco ayuda siendo tan bueno y amable, en su intento de no lastimarla solo estaba alimentando esos sentimientos.

Al final opté por ir a ver a Rindō, suponiendo que su asunto urgía más que espiar a Takemitchy hablando con el gemelo pitufo.

Cuando llegué a la cocina, confirmé lo que ya me imaginaba: Rindō continuaba al teléfono, hablando con un tono de voz suave, pero al mismo tiempo cargado de impaciencia mientras se paseaba a un lado y a otro. A pesar de que apenas hice ruido, se giró como un resorte hacia mí en cuanto puse un pie.

—Es ella, ¿No? —Pregunté con irritación, apretando los puños a ambos lados de mi cuerpo.

—De acuerdo —Murmuró Rindō sin despegar sus ojos de mí, dirigiéndose a la persona con la que estaba hablando —Pero todo eso ya lo hemos discutido y… 

Rindō calló de golpe al ser interrumpido por una voz de lo más escandalosa que se oía a través del teléfono. Inmediatamente la reconocí y al hacerlo, resoplé molesto, conteniendome para no actuar sin pensar y sacarle el teléfono, después de un par de minutos oyendo lo mismo no pude contenerme más.

—¡Corta ya, Rindō! Apaga el teléfono y si no lo entiende por las buenas, lo hará por las malas.

—Mikey por favor —Susurró Rindō tapando con su mano el altavoz, tratando de llamarme la atención.

—Ni Mikey ni nada, dame eso —Repliqué tratando de arrebatarle el teléfono con un movimiento rápido, dando una zancada hacia él y alargando el brazo, pero Rindō se echó a un lado y me esquivó.

—Luna, lo siento, tengo que dejarte —Dijo antes de colgar. Seguidamente se giró hacia mí con el ceño fruncido —No vuelvas a hacer eso.

—¿Qué? —Dije de mal humor —¿Intentar decirle a esa chica una o dos verdades? ¿Tratar de hacer que te deje tranquilo de una vez? Lo siento, Rindō, pero estoy viendo día tras día como ella no te deja ni respirar y no puedo quedarme callado. ¡No puedo! 

Rindō no dijo nada, solo me miraba, sin ninguna expresión en su rostro. ¡Ya volvíamos a lo mismo! Ya estaba de nuevo comportándose así, como si no sintiera, como si todo le diera igual.

—Más bien el que tendría que decirle todo eso eres tu, no sé cómo la aguantas, lleva encima de ti una semana —Añadí, con el tono de voz un poco más bajo, aunque sin llegar a ser calmado.

Nada.

No dijo nada.

Siguió mirándome. Me era imposible saber lo que estaba pensando cuando me miraba sin hacer nada, ni siquiera pestañear. En este momento necesito la intervención de Draken.

¿Está molesto? ¿Cansado? ¿Triste? ¿Hambriento? ¿No sabe qué hacer? ¿No sabe qué decir? No lo sé, no lo sé porque sigue sin mostrar una expresión en su rostro. ¿Hasta cuándo íbamos a estar así?

—Rindō, por lo que más quieras, háblame —Dije impaciente, sintiéndome incapaz de estar ni un minuto más en aquella situación silenciosa.

—No vuelvas a hacer eso —Repitió apenas en un susurro.

Nada más. no dijo nada más, simplemente suspiró y agachó la cabeza, mordiéndose el labio inferior y comenzando a caminar para salir de la cocina.

—¿Quieres hacerme el favor de parar? —Murmuré en cuanto pasó por mi lado, sorprendiéndome a mí mismo por el tono calmado de mi voz aunque lo cierto es que no pude evitar que la frase sonara un tanto resentida.

—¿Qué es lo que quieres que pare, Mikey? —Respondió en mi mismo tono, sin mirarme —Me pediste que te hablara de mis sentimientos, lo hice, y después de todo lo que sucedió estuviste de acuerdo en que Luns merecía una explicación.

—¡Una, no cincuenta! —Grité ya sin poder contenerme, girando hacia él y haciendo que levantara la cabeza bruscamente —Estuve de acuerdo, sí, pero ni por asomo me iba a imaginar que esa chica iba a ser tan pesada, ¿No ves que por más explicaciones que le des a ella no le importa? No va a entender que la besaste por error, es incapaz de ver que no la quieres y mientras más amable seas, más esperanzas va a tener.

—Pero ella no se merece que la deje de lado, tampoco que puedo comportarme con indiferencia cuando el único culpable soy yo, ella también sufre con todo esto, no tengo ningún derecho de hacerle más daño —Replicó subiendo ligeramente el tono de voz sin llegar a gritar.

Me sorprendí. Aquella era la primera vez que veía a Rindō hablar con irritación, hablar sin utilizar ese monótono tono de voz que tenía siempre para todo y para todos. Sin embargo no le dije nada, ni le hice ver que estaba sorprendido. No pude evitar abrir los ojos con sorpresa y levantar las cejas quedándome pasmado, no dije nada.

—¿Y qué vas a hacer? ¿Salir con ella para que no sufra? —Protesté con ironía —¿Amargarte la vida al lado de alguien a quien no quieres solo porque te da lástima que lo pase mal?

No respondió, suspiró. Tratando de ignorar un sudor frío que me recorrió toda la espina dorsal, apreté los puños y suspiré tratando de calmar mis nervios, aunque de lo único que tenía ganas en aquel momento era de largarme de allí porque sentía que si seguía un minuto más en la misma habitación que Rindō no podría evitar discutir más sobre el asunto. 

Bajó la mirada apartando sus ojos de los míos y rehuyó mi pregunta. Automáticamente, la ira dentro de mi pecho, creció. Creció con su gesto, con su decisión de agachar la cabeza y no mirarme, creció porque yo era consciente de que a veces, una mirada puede decirlo todo. Pero en la mayoría de las ocasiones, la cosa resultaba al revés: Era precisamente la ausencia de la mirada, la que más verdades acaba revelando.

—Espero que sea una broma —Susurré apretando los dientes y mordiéndome el interior de la mejilla para no gritar. Pero pasados segundos, y al comprobar que Rindō no me contestaba, de pronto ya no pude contenerme más —¡Dime que es una maldita broma!

Acabe dándole una fuerte patada al suelo, cuando de pronto la puerta de la cocina se abrió, haciéndome callar de forma repentina.

—Ya estamos aquí, siento la… tardanza… —Dijo Takemitchy con entusiasmo primero y con algo de sorpresa después al observar seguramente, las expresiones en el rostro de Rindō y en el mío.

A su lado estaba Angry nos miraba con la cabeza ladeada, tratando de entender por qué al entrar me encontró gritando.

—¿Qué pasa aquí? —Añadió Takemitchy pasando los ojos desde Rindō hasta mí, clavando sus ojos en los míos un momento antes de que le desviara la mirada y suspirara tratando de calmarme —¿Mikey?

—No pasa nada —Respondí tratando de esbozar una sonrisa, aunque al final solo logré dibujar una extraña mueca —Absolutamente nada.

No pude ocultar la ironía en mi tono de voz, antes de suspirar nuevamente y echar a andar para salir de la cocina, no sin antes agarrar a Takemitchy del brazo arrastrándolo tras de mí. 


[Rindō] - Casa de Manjirō

Cuando Mikey y Hanagaki salieron de la cocina, levanté mi vista del suelo y froté mi frente con cansancio. Me sentía un tanto débil últimamente.

Suspirando y tratando de ordenar mis ideas, contemplé el teléfono que sostenía en mi mano y me decidí a hablar con Mikey sobre todo aquel enrevesado asunto. Aquello no podía seguir así, en los últimos días habíamos discutido demasiado debido a lo mismo, comprendía el punto de vista de Mikey, pero aquello no era fácil. Necesitaba que él también me entendiera un poco, yo no podía pretender que Luna se conformara con una explicación de diez minutos en la que en realidad no le había dicho nada, ni siquiera tuve el valor suficiente como para decirle de frente que no la quería, que todo fue un error, que aquel beso no había significado nada para mí.

Únicamente le había puesto una excusa tras otra, comportándome como un cobarde. No lograba comprenderlo, yo no soy así, pero no me sentía capaz de enfrentarla, no me sentía con derecho de fracturar los sueños y las ilusiones de Luna en mil pedazos, yo no puedo causarle ese daño que supondría hacerle ver la realidad, una realidad en lo que yo no sentía lo mismo que ella, una realidad en la que no podía corresponder sus sentimientos.

Aunque, ¿Engañarla no es peor? Cerré los ojos respirando hondamente. No la estaba engañando, solo había evitado hablar del tema por miedo a su dolor, sin embargo, mis acciones se convertirían en engaño si yo no me decidía a actuar pronto.

Debo hablar con ella, evitar que siguiera haciéndose ilusiones, necesito armarme de valor y dar la cara y pagando por mis errores. Lo terrible es que en vez de pagar yo, lo haría Luna. Habiendo tomado una decisión al fin, abrí los ojos. También debía hablar con Mikey, tengo que explicarle por qué Luna seguía insistiendo en hablar conmigo, es mi deber informarle que yo aún no le había dado ninguna explicación ni había sido capaz de enfrentar el tema.

Con esta idea en mente, de pronto me sentí mucho mejor, y me giré dispuesto a salir de la cocina y reunirme con el grupo, aún con la mirada clavada en el suelo.

—Hablaré con ella —Murmuré para mí mismo. 

—¿Qué hablarás con quién?

Esa voz me hizo sobresaltarme y dar un paso hacia atrás, logrando que mi espalda chocara contra la encimera. Tratando de ocultar una mueca de dolor, fijé en mis ojos en la persona que había hablado y me sorprendí al comprobar que Angry aún no salía de la cocina. 

Se encontraba parado en la puerta con sus manos ocultas con las mangas del cárdigan y había aflojado la bufanda alrededor de su cuello. Sus labios dibujaban un círculo y sus ojos estaban muy abiertos, como si se encontrara dispuesto a observar algo verdaderamente interesante, luce curioso.

—Angry, no sabía que seguías aquí —Murmuré sacudiéndome la ropa. 

—Entonces, ¿Con quién hablabas? —Rió de buen humor, sacando sus manos de los bolsillos y cruzándolas delante de las piernas.

—Con nadie —Respondí despacio en voz baja —Solo reflexionaba.

Angry torció el gesto y me observó fijamente, ocultando sus manos detrás de la espalda al tiempo que disminuía su sonrisa, dibujando en su rostro una extraña mueca confusa.

—¿Estás bien? —Preguntó en mi mismo tono de voz, casi con cautela. Sin mirarle, suspiré pasando por su lado dispuesto a salir de la cocina.

—He estado mejor.


[Atsushi] - Casa de Sendō

Hacía ya un buen rato que el reloj había marcado las dos de la madrugada. Los ojos me escocían, y se me cerraban solos, la luz de la pequeña lámpara situada sobre el escritorio no hacía sino incrementar mi dolor de cabeza. Estoy convencido de que a la mañana siguiente me costaría mucho trabajo levantarme, pero estaba tan cerca.

Hice una pausa, apartando el papel en el que escribía y froté mis cansados ojos con la yema de mis dedos. Picaban, seguramente los tenía irritados. 

Las temperaturas eran bajas, el invierno estaba a la vuelta de la esquina y por ello, el frío incrementa con cada día que pasa. No obstante, en aquel momento yo me sentía acalorado. Cerré un momento los ojos, descansando la vista, y cuando volví a abrirlos me dediqué a continuar con mi quehacer. Estaba cerca, muy cerca, no podía evitar pensar lo próximo que se encontraba mi victoria. Me sentía eufórico de solo pensar que si mi plan resultaba con éxito Takemichi y Sano no tardaría en separarse. No me gustaba que Takemichi tuviera que sufrir, no me gustaba en absoluto, pero consideraba el mal trago que estaba por llegar necesario para que, de una vez por todas, comprendiera que la única persona que siempre estaría a su lado era yo.

Al terminar de escribir, aparté el bolígrafo a un lado y observé satisfecha el resultado de mi trabajo, tomando el folio entre mis manos y releyendo lo escrito. 

Bien, la primera parte del plan estaba preparada, ahora solo restaba la segunda y la más difícil en realidad. Difícil y larga, el proceso llevaría tiempo, pero al final, obtendría unos resultados perfectos. Al haber elegido ese plan y no otro, mi éxito estaba garantizado. Observé la gran montaña de papeles que se alzaba al fondo de mi escritorio y un escalofrío me recorrió de arriba a abajo, es demasiado tarde y debo continuar al día siguiente, una vez hubiera repuesto fuerzas. 

Encontrándome tan cansado, era fácil cometer un error o pasar algún dato de interés por alto y eso no me convenía. Una vez recogí todo y estuve en la cama con los ojos cerrados, descansando la vista al fin, me dediqué a repasar una vez más el plan. Era algo que hacía todas las noches sin falta, aquello se había convertido en una necesidad para mí. 

Nada podía salir mal. Solo me quedaba dedicarme en cuerpo y alma a realizar esa pequeña tarea y una vez conseguida Takemichi iba a conocer la verdad de Sano.