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Language:
Español
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Published:
2025-03-20
Words:
1,398
Chapters:
1/1
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4
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33
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257

Johnny borracho termina en el pasado y crea una nueva línea temporal

Summary:

Lo que dice el título, esto es corto no sé como resumirlo más.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Johnny estaba borracho. Era 2018, así que por supuesto que estaba borracho.

El día había sido un desastre desde que abrió los ojos. Primero, el despertador no sonó… o al menos eso creyó, hasta que revisó y se dio cuenta de que lo había programado para las 7 pm en lugar de las 7 am. Bien, un clásico. Luego, cuando finalmente se levantó, descubrió que no había agua caliente, así que se bañó a lo Rocky Balboa, con agua helada y muchos insultos.

Después, camino a un trabajo mal pagado, su auto decidió morirse en medio de la calle, en la peor hora posible. Se bajó a "revisar el motor" (porque claramente, golpearlo con fuerza debería arreglarlo) pero lo único que consiguió fue llenarse de grasa y escuchar los bocinazos de la gente que no tenía su paciencia.

Cuando por fin logró mover su auto, llegó al trabajo… solo para que lo despidieran por llegar tarde. Genial.

Con el humor por los suelos, condujo hasta su departamento en Reseda, donde su casero lo estaba esperando con la mano extendida. Adiós al poco dinero que le quedaba. Así que, con hambre, el orgullo destrozado y la sensación de que el universo le tenía bronca, sacó una pizza congelada y atrapó la lata de Coors más cercana. Bebio hasta que todo dejó de importar.


Johnny despertó con la cara enterrada en la arena y la resaca golpeándole el cráneo como si hubiera perdido un combate contra Mike Tyson.

—Uf… ¿qué mierda…? —gruñó, apartando la arena de su boca.

Intentó incorporarse, pero el mundo le dio una vuelta olímpica y casi lo tumba de nuevo. Todavía estaba borracho. Bien, eso explicaba la sensación de que su cerebro flotaba en gelatina.

Se sentó lentamente, parpadeando para aclarar la vista. Lo último que recordaba era su apartamento, la pizza congelada y la cerveza caliente… y ahora estaba en una playa. No en la orilla. Estaba casi en el agua, como si alguien lo hubiera arrastrado ahí o, peor aún, como si hubiera decidido nadar borracho.

—Genial, ahora también sonámbulo —murmuró, frotándose la cara.

Se puso de pie con dificultad y echó un vistazo alrededor. Habían fogatas encendidas, un montón de adolescentes riéndose y música sonando en el fondo. Por un segundo pensó que se había metido en alguna fiesta hippie de la que no se acordaba, pero algo no encajaba.

No muy lejos, un tipo rubio estaba gritándole a una chica, ella lo empujó, claramente harta, y el rubio levantó los brazos como si estuviera a punto de hacer un berrinche. Johnny frunció el ceño. Odiaba a los imbéciles que trataban así a las mujeres.

Un segundo después, apareció otro chico, más moreno y con pinta de querer ser héroe, interponiéndose entre ellos. Johnny suspiro, ya sabia como terminaban esas cosas. Efectivamente, el rubio no tardó en lanzarse a los golpes con el más bajo.

—Pfft, amateurs —masculló, tambaleándose hacia ellos.

Cuanto más se acercaba, más le hervía la sangre. No tenía idea de quiénes eran esos mocosos, pero todo en esa escena le sentaba mal. No lo pensó dos veces. 

Y sin más, le soltó un derechazo al rubio. Conectó directo en la cara, mandándolo de espaldas contra la arena.

El grupo se quedó en silencio. La chica rubia abrió los ojos como platos. 

El chico rubio se alejó, llevándose una mano a la cara después del derechazo de Johnny.

— Pero ¿qué carajos viejo? —masculló furioso y fulminándo a Johnny con la mirada.

Johnny apenas tuvo tiempo de procesarlo antes de que el mocoso se lanzara contra él con una patada giratoria bastante decente. Johnny la esquivó por instinto, sintiendo el aire rozarle la cara.

—Ah, ¿sí? ¿Así vamos a jugar? —bufó, poniéndose en guardia.

El adolescente no dudó en atacar otra vez, esta vez con un golpe directo al torso. Johnny lo bloqueó sin esfuerzo y respondió con un barrido de pierna que casi lo manda al suelo. El chico logró mantener el equilibrio, pero Johnny ya estaba encima de él, atrapándolo en una llave y empujándolo contra la arena.

El chico forcejeó, intentando liberarse, pero Johnny tenía ventaja en peso y experiencia.

Pero entonces lo vio bien. El mocoso bajo él tenía la cara arañada por la arena, la respiración agitada y los ojos abiertos de par en par. No tenía esa mirada de furia que Johnny esperaba; No estaba cabreado, estaba asustado.

Entonces su cerebro todavía borracho empezó a reconocerlo.

Era él.

Joven. Con el cabello más corto, más brillante, la cara sin arrugas, pero definitivamente él.

Johnny sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Su corazón empezó a latir con fuerza, su estómago se revolvió y un pensamiento aterrador se abrió paso en su mente:

"Esto es 1984."

El mareo se intensificó. Miró alrededor y vio varios rostros juveniles que aún recordaba mirándolo con pánico, pero nadie se atrevía a moverse. Ni siquiera las cobras. Eso le dio otro golpe de realidad: era más grande, más fuerte, más rápido. Para ellos, él no era un tipo más… era un maldito monstruo. Como Kreese en ese estacionamiento.

Pero antes de que pudiera reaccionar, antes de que pudiera soltar a su yo adolescente o largarse de ahí, sintió un fuerte golpe en la cabeza.

El dolor fue un relámpago ardiente que lo dejó viendo chispas. Se tambaleó y cayó de lado sobre la arena. Junto con la destrozada radio con la que lo habían golpeado. 

—¡Déjalo en paz! —gritó alguien.

Johnny llevó una mano temblorosa a su cabeza y alzó la vista.

Y ahí estaba.

Moreno, con el ceño fruncido, los puños en alto, y esos enormes ojos marrones entrecerrados juzgandolo y respirando con rabia contenida como un chihuahua que saltaria a tu cuello si lo tocas.

Daniel LaRusso.

Johnny parpadeó, intentando enfocarlo. No podía ser. No podía estar ahí. No así.

El dolor en su cabeza no le permitió procesarlo del todo.

— ¿Qué…? —balbuceó.

La mirada de Daniel se mantuvo firme, protectora, desafiante. Johnny, el adolescente, seguía en el suelo, respirando entrecortado, pero ahora el chico moreno estaba interponiéndose entre ellos, como si estuviera protegiéndolo.

Johnny borracho frunció el ceño. Algo estaba mal. Algo estaba muy mal.

Pero no tuvo tiempo de averiguarlo antes de que todo a su alrededor comenzara a dar vueltas.


El sol le tocó la cara como un maldito reflector.

Johnny gruñó y se revolvió en la cama, con el cuerpo pesado y la boca amarga, como si se hubiera bebido una destilería entera. No era la primera vez que despertaba así, pero si era un recuerdo tan viejo que costaba no sentirlo lejano. La última vez había terminado con un hijo... y con una razón para burlarse de él de por vida.

Porque sí, Robby era genial y todo, pero Daniel jamás dejó pasar la oportunidad de recordarle como había llegado a existir. Cada que quería algo, ahí iba: "Bueno, al menos yo no voy por ahí dejando embarazadas a desconocidas porque no capté que mi novio no estaba terminando conmigo". Como si Johnny hubiera elegido conscientemente tener el corazón roto y tener el peor sexo casual de despecho influenciado por 16 horas de alcohol del mundo.

Pero esta vez no había bebido. Estaba seguro. Entonces, ¿por qué sintió la cabeza como si le hubieran dado una paliza y la boca como si hubiera lamido el suelo de un bar?

Frunció el ceño, tragando saliva. Su pecho subía y bajaba con fuerza, despertó agitado, con esa sensación extraña en el cuerpo, como si hubiera estado corriendo o peleando… pero no recordaba nada del sueño.

Parpadeó, enfocando mejor la habitación. La luz se filtraba entre las cortinas y el aire tenía ese olor familiar a madera vieja y sol matutino.

Algo se movió hacia su lado.

Johnny giró la cabeza.

A unos centímetros, sobre las sábanas revueltas, había alguien más.

Un cuerpo más pequeño. Bronceado. Cabello oscuro desordenado contra la almohada.

Daniel.

Bueno, al menos esta vez no había hecho nada con lo que Daniel pudiera joderlo por los próximos veinte años.

Johnny soltó un suspiro y se dejó caer de espaldas en el colchón. Era sábado. No tenía que levantarse. Los chicos no molestarían hasta después del medio día.

Con un movimiento lento, giró sobre un costado y pasó un brazo sobre Daniel, acercándolo contra su pecho.

El calor familiar, el ritmo constante de su respiración... Johnny cerró los ojos.

Podían dormir un poco más.


Notes:

Creo que mi idea se entiende, espero que lo haga. Voy a dejarlo así para que cada quien imagine lo que más le guste. Si les parece muy OCC, es porque lo es.