Chapter Text
“¿Sabías que Hoseok regresó?”
Esas palabras retumbaron en sus oídos como si acabara de escuchar una explosión a lo lejos.
Kim Seokjin no tenía muchos amigos, y los pocos que tenía, se aseguraba de valorarlos más que nada. Si necesitaban tenerlo algún día, podía hacer a un lado sus responsabilidades. Si necesitaban comprar algo, les ayudaría con algo de dinero. Por suerte sus únicos tres amigos no eran gente aprovechada, de lo contrario, Seokjin habría caído en deuda hacía mucho tiempo.
Su psicólogo le había hecho entender que tanto cuidado que podía llegar a ser hasta peligroso para él mismo, y para su billetera, podía provenir de algún trauma del pasado. Quizás alguien que lo había abandonado, quizás algún amigo que él estaba seguro que nunca se iría pero al apartarse dejó una cicatriz que al día de hoy todavía no había sanado.
Si Seokjin fuese 100% sincero con la única persona con la que debía serlo, quizás el mismo profesional le hubiera ayudado a sobrellevar ese trauma. Pero no podía evitar el querer largarse a llorar cada vez que pensaba en esa persona. Cada vez que recordaba al mejor amigo que tuvo en toda su vida, un nudo se formaba en su garganta y agua cubría sus ojos aún sin dejar escapar ni una sola lágrima. Seokjin podría sanar tantas cosas en su corazón, podría arreglar tantos problemas en su vida, si tan solo no le hubieran quitado a la persona más cercana que tenía de la noche a la mañana. Quizás sabría hacer amigos, quizás no sería tan entregado con los pocos que tenía, quizás se valoraría un poco más también.
Pero aquel asunto que sentía que no podía compartir con nadie más que con el espejo llevaba atormentando desde poco después de haber cumplido doce años.
Ya habían pasado veinte años. Podía continuar con su vida, podría haberse enfocado en otras cosas. Tenía un buen trabajo, había logrado comprar un departamento propio gracias a una herencia, se iba de vacaciones a cualquier lugar que quisiese, tenía un grupo de amigos pequeño pero fiel que siempre estaban para él. De hecho, el asunto de aquella persona que se fue cuando tenía doce años no era un pensamiento recurrente, con la única excepción siendo cuando su psiquiatra buscaba y rebuscaba en su inconsciente cuál podía ser el motivo por el cuál él era así.
Pero, estando en aquel bar, sentado junto a su mejor amigo en la barra, aquella combinación de palabras le descolocaron de una manera que no sabía era humanamente posible. Agradeció no haber estado sosteniendo su jarra de cerveza en ese momento, porque sentía como si el suelo debajo de sus pies se hubiera colapsado y apenas pudiera sostenerse en su lugar gracias a la barra de madera que sostenía con fuerza.
Namjoon no parecía darse cuenta de la gravedad de las palabras que acababa de decir. No sabía el efecto que eso podía causar en Seokjin, extraño de su parte siendo que él estuvo ahí el mismo día en que tuvo que despedirse de su mejor amigo. Estuvo también ayudándolo a atravesar el proceso para sanar su roto corazón después de que este se fuera, lo vio llorar, lo vio gritar y echarle la culpa – aunque sabía que no era culpa suya. Pero Namjoon había cerrado ese capítulo en su vida hacía mucho tiempo, por supuesto que no iba a importarle tanto como a Seokjin.
Para él era tan solo un amigo de la infancia, un vecino inclusive. No tenía idea de todo lo que había transitado por la mente de Kim Seokjin en esas dos décadas en las que Jung estuvo ausente.
Mientras Seokjin sentía como se iba desarmando de a piezas, como si fuera perdiendo partes de su ser que iban cayendo una por una debajo de su asiento para luego desintegrarse en la nada, Namjoon dejó su bebida a un lado y decidió hacerle la pregunta:
-¿Te acuerdas de Hoseok?- Evidentemente sus emociones no se dejaban notar tanto como se hacían sufrir por dentro. Para el menor, Seokjin estaba completamente tranquilo, tan solo un poco callado.- Era un chico que vivía cerca de tu casa.
-Si, me suena el nombre…- El mayor intentó mantener la compostura mientras apretaba los dientes al responder.- Era… ¿Jung Hoseok verdad?
No podía fingir que no lo conocía. Era ridículo siquiera pensar que tenía alguna manera de esconder su tristeza al decir ese nombre en voz alta. Namjoon era algo despistado, porque no había llegado a notar que el hombre sentado a su lado estaba haciendo un esfuerzo mayúsculo para no largarse a llorar como si fuera un niño pequeño.
-Ese, si.- Contestó.- Estaba viviendo en Gwangju, volvió hace unas semanas.
-¡¿Y me lo dices aho…?!- Seokjin se sobresaltó al escucharle, pero a mitad de su desesperación recordó esa fachada de desinterés que quería mantener. Se aclaró la garganta y continuó.- Perdón, digo, ¿Hace cuánto? ¿Sabes?
-Si te acuerdas de él.- Namjoon finalmente concluyó.- Ya me estabas asustando, él preguntó por ti.
Y tan solo con eso, Kim Namjoon se encargó de desequilibrarlo completamente. Una cosa era que él se acordara de Hoseok, pero ¿Hoseok se acordaba de él? ¿Se acordaba de la última vez que se vieron? ¿Preguntó por él inclusive? No podía estar tan seguro si su única fuente era un intermediario.
No había terminado su “amistad” en buenos términos exactamente. Seokjin nunca entendió si fue su culpa o la de Hoseok, solo sabía que lamentaba ese día y lamentaba las circunstancias que los separaron. No iba a hacer nada al respecto tampoco. Cuando cumplió dieciocho años se dio cuenta de que tenía la autonomía para seguir a su ex mejor amigo a la ciudad donde se había mudado, pero decidió no hacerlo. Seguramente Hoseok se había olvidado de él, había continuado con su vida, había conseguido nuevos amigos.
Después de todo, Seokjin no era tan especial.
Se auto convenció de aquello, y nunca volvió a preocuparse por buscar a aquella amistad de su infancia.
Solo para enterarse que después de veinte años de su último encuentro, Hoseok había preguntado por él.
-¿Puedo verlo?- Quería ser discreto con sus sentimientos, pero cierto era que también eran demasiado fuertes como para empujarlos hacía el fondo de su corazón. Tenía una oportunidad de oro y solo esperaba que no fuera tarde para poder reclamarla.
-Tendría que hablar con él.- Contestó Namjoon.
-¿Cómo es que sabías que volvió? ¿Por qué yo no lo sabía?- Ahora sonaba indignado y Namjoon podía darse cuenta de eso, fácilmente. Toda su discreción desapareció desde que la conversación inició.
-Él me lo dijo.- Seokjin volvió a apretar los dientes mientras evitaba darse un cabezazo contra la barra frente a él.- Me mandó un mensaje, me dijo de juntarnos algún día. No recuerda nada de Seúl así que quería que le hiciera una pequeña guía, o algo…
-¿Se mudó aquí?
-En eso anda.- Respondió.- Por ahora, se que se está quedando en la vieja casa de sus padres. ¿Recuerdas dónde era?
¿Cómo iba a olvidarlo? Hoseok no vivía lejos de su hogar en su infancia. De hecho, parte de su vínculo había comenzado por las vueltas a casa después de la escuela. Seokjin tenía 8 años la primera vez que se lo cruzó en el camino y se dio cuenta de que iban en la misma dirección, tan solo separándose a cinco cuadras de su destino final. Seokjin giraba a la izquierda y Hoseok a la derecha.
Eventualmente, ambos giraban a la izquierda o a la derecha juntos, se juntaban a jugar, a ver caricaturas, a almorzar o hasta cenar. Seokjin recordaba la casa de los Jung, era uno de sus lugares favoritos cuando era niño, no sabía si por la casa en sí o más bien por el tiempo compartido con quien le esperaba allí.
-¿Sería mucho si llego un día sin avisar y pido hablar con él?- Seokjin habló finalmente.
-Estoy seguro que si.
-¡Pero es mi mejor amigo! ¡No puede molestarle mi presencia!
-Seokjin…- Namjoon sostuvo una de sus manos sobre el hombro del mayor.- Han pasado veinte años, tú no has olvidado a Hoseok y Hoseok no te ha olvidado a ti. Ten mucho cuidado con lo que vas hacer.
Tenía razón, por desgracia.
Namjoon no era ajeno a la relación de esos dos. Era una tercera rueda, pero no le molestaba serlo. Ambos eran sus amigos, y podía, aún a esa corta edad, darse cuenta de que entre Hoseok y Seokjin había algo más en lo que él no participaba. Algo más profundo, algo mutuo. No le molestaba no ser parte, al contrario, disfrutaba ver como esos dos eran tan tontos, tan tímidos, tan vergonzosos entre sí. Como si estuviera viendo una serie de romance adolescente en vivo y en directo, pero eran tan solo niños, así que todo era más torpe. Más inocente si se lo quería así.
No tocaron mucho más el tema hasta que fue momento de pagar la cuenta y decir adiós. Seokjin quería saber más, quería llenar a Namjoon de preguntas, quería que escupiera toda la información que tenía sobre Hoseok y su regreso. Pero antes de que pudiera siquiera formular una sola palabra, Namjoon se le adelantó.
-Hablaré con él.- Declaró el menor, mientras se colocaba su chaqueta de jean, decidido a salir del bar.- Voy a tantear las aguas a ver cómo se siente, quizás todavía no puede recibirte.
-Dijiste que preguntó por mi.- Seokjin insistió.
-Muy poco.- Contestó.- De hecho ni siquiera tuve que haberlo dicho, ahora vas a andar pesado con ese tema.
-¡Namjoon!
Seokjin exclamó, sonando ofendido, pero en realidad estaba más lastimado que otra cosa. Le dolía todo lo que estaba enterándose, le dolía saber que la persona que más amaba en el mundo estaba más cerca que nunca y no podía acercarse.
Namjoon pudo detectar ese dolor en sus ojos. Podía ver más allá de lo superficial. Podía entender lo que agobiaba a Seokjin, y podía sentir que era tan profundo como para llegar hasta su corazón.
Dejó un pesado suspiro escapar de sus labios y dio media vuelta, en dirección a la puerta, para poder dejar a su amigo detrás.
-Hablaré con él.
Fueron sus últimas palabras, pero con tan solo esas tres palabras, Seokjin sintió su corazón casi latiendo fuera de su pecho por la ilusión que rápidamente dominó su cuerpo entero. Poder volver a ver a Hoseok, ¿Qué importaba si el otro solo lo tenía como un recuerdo? ¿Qué le importaba a él si Jung no había pensado en él un solo día de su vida?
Veinte años soñó con volver a abrazar a una sola persona, y esa persona estaba a la vuelta de la esquina. Nunca había sido tan fácil.
Se puso su chaqueta, y por fin salió de ese bar, decidiendose a ir a su casa.
En el camino comenzó su pelea interna consigo mismo. ¿Debería hablarle? ¿Debería llamarlo? ¿Hoseok se acordaba de él? Claro que si, Namjoon le había dicho que preguntó por él, tenía que calmarse en ese sentido.
¿Pero qué más?
Seokjin no conocía su voz, su altura, sus cambios. Hoseok en su mente seguía siendo aquel niño dulce de diez años que se fue en el auto de sus padres, saludando desde la ventana trasera con una sonrisa triste. Recordaba sus rasgos, sus lunares, sus arrugas, recordaba el brillo de sus ojos también. Quizás nada de eso seguía con él, y quizás Seokjin se desilusionaría si lo veía una vez más.
Pero Hoseok de quien estaba hablando, no podría nunca decepcionarse de él.
Al contrario, quizás Hoseok se decepcionaría al verlo. Al ver que a los 32 años Seokjin no estaba casado, no tenía hijos, hacía años que no tenía una mascota, no tenía una posición alta en su lugar de trabajo, apenas podía pagarse un departamento. Era lisa y llanamente un fracasado. Le daría vergüenza presentarse ante su mejor amigo así.
Y sin embargo, cuando quiso darse cuenta de a dónde lo habían llevado sus pies, se dio cuenta de que estaba en ese cruce una vez más. Aquella esquina donde dos niños tomaban dos caminos distintos después de caminar juntos la mayor parte del camino desde la escuela. Estaba de vuelta en la esquina que lo separaba de Hoseok cuando eran jóvenes.
Cómo había llegado ahí era algo de lo que se preocuparía en otro momento. Su departamento quedaba del otro lado de la ciudad, y hacía media hora había dejado el bar. Estaba tan sumido en sus pensamientos que permitió que sus pies le arrastraron como si no tuviera voluntad propia.
Por la distancia a la que estaba, la mejor opción era tomar un taxi. Ya era tarde, el sol se había puesto apenas empezó a caminar, y no quería pasar mucho tiempo más alejado de su cama después de haber bebido.
También podría aprovechar el lugar dónde estaba para ir a visitar a sus padres, quienes seguían viviendo en la casa de su infancia. O, quizás, podría desafiar a su propio sentido común y tomar la dirección que sabía no debía tomar.
Quizás fue el alcohol en su sistema el responsable de darle un empujón hacía la izquierda, pero aunque no fuera así, ahora se dirigía hacía la casa de la familia que no veía hacía 20 años, sin saber muy bien por qué lo hacía.
Quizás era mejor actuar por su cuenta, en piloto automático, que pararse a pensar y calcular fríamente lo que estaba a punto de hacer. Quizás su cuerpo moviéndose solo le estaba haciendo un favor.
Tardó en reconocerse, más no en llegar. Llegó a correr hasta agotarse solo para llegar a un destino que desconocía. Y cuando su conciencia volvió a reflotar, se encontraba golpeando una puerta de madera que hacía dos décadas no veía. No hubo tiempo de pensar una forma de excusarse, no tenía el aire para poder hablar, no había tiempo de correr tampoco. La puerta frente a él se abrió, encegueciendolo cuando la luz del interior alcanzó por fin su rostro, tan solo viéndose interrumpida por un cuerpo humano.
-¿Si?- Reconocía a esa persona. Sabía quién era la mujer que le había abierto la puerta. Se la había cruzado más de una vez durante el corto periodo de tiempo en el que ella, Jiwoo, y su hermano mayor mantuvieron una relación hacía años.- ¿Puedo ayudarle?
Seokjin intentaba recuperar el aire que escaseaba en sus pulmones, pero se las arregló para sostenerse del marco de la puerta y pronunciar tan solo unas palabras.
-Jung Hoseok.- Salió de su boca.- Necesito verlo.
Pudo apreciar, aun desde su posición, como la expresión de Jung Jiwoo cambiaba por una mueca de confusión, inclusive percibía desagrado. Como si acabara de decir una obscenidad, cuando tan solo preguntó por el nombre de su hermano que ambos conocían muy bien.
-No, lo siento.- Respondió la muchacha mientras cerraba la puerta lentamente.- No es aquí.
No entendía por qué lo negaría. Ambos se conocían, quizás Jiwoo no pudo reconocerle siendo que la última vez que se vieron Seokjin tenía doce años, pero no tenía sentido que mintiera sobre su hermano.
-¡Por favor!- Seokjin sostuvo la puerta de madera con una de sus manos, sin importarle las represalias que tendría con semejante acción.- Por favor, mi nombre es Kim Seokjin, él es mi mejor amigo, necesito hablar con él.
Jung detuvo la puerta en su mano. No había cambiado la expresión de su rostro todavía, pero se notaba que estaba pensando en las últimas palabras que habían sido pronunciadas por el hombre en su puerta. Murmuró por lo bajo, y finalmente atendió con una respuesta:
-Un minuto.
Y cerró la puerta.
Pero Seokjin supo esperar. Mientras tanto, aprovechó el tiempo a solas para ordenar su cabello, chequear si su aliento olía bien, acomodar sus ropas, tenía que causar una buena primera impresión. Aunque no fuese una primera impresión, sino una re introducción. ¿Segunda impresión? No, se habían visto varias veces. Tan solo tenía que verse una vez más como Hoseok lo veía en un pasado.
Amigable, confianzudo, inclusive un poco atractivo. Seguro así lo recordaba Hoseok, o por lo menos así esperaba que fuera. Podía disimular el miedo que tenía en esos momentos, podría dejarlo libre más tarde. No quería que ese sentimiento lo dominara.
Pero en cuanto la puerta se abrió una vez más, no pudo evitar que así ocurriese. No pudo luchar contra el terror que paralizó por completo todo su cuerpo de pies a cabeza. Y ni siquiera el encontrarse una vez más frente a esa persona pudo mejorar su situación.
-¿Seokjin?
Ahí estaba una vez más. Totalmente diferente a como lo recordaba, pero por alguna razón, todavía era la misma persona. Todavía tenía esos ojos de avellana de color miel, todavía tenía aquellas mejillas redondeadas con la forma y el color de brillantes manzanas, todavía tenía esos labios que formaban una ilusión de corazón debajo de su nariz respingada, todavía tenía una maraña de cabello castaña ondulado por encima de sus orejas. Era más alto, más delgado, sus gestos estaban más marcados, pero esencialmente estaba ahí. Era la misma persona.
Era Jung Hoseok una vez más.
-¿Qué haces aquí?- Preguntó, cerrando la puerta detrás de él para poder acercarse a su visitante.- No creí que…
-¡Hola!- Seokjin por fin salió de su trance y pudo soltar una mínima palabra.- ¡Hoseok! ¡Hobi! Cuánto… digo, tanto… o sea, es que ha sido mucho… ¡Hola!
-Hola.- Jung le respondió con una sonrisa nerviosa.- No deberías estar aquí. ¿Sabes eso?
Seokjin sintió como si una daga le atravesara el pecho. Como si una bala cruzara desde el frente hasta dejar tan solo una marca en su espalda.
-Agradezco que hayas venido, pero…- Jung se acercó lentamente a él, apoyando ambas manos sobre el pecho del mayor, dándole un empujón muy suave sin mucha intención de apartarle.- Tienes que irte.
Pero Seokjin era testarudo, y sobre todo, orgullo. No iba a irse todavía. Tenía que luchar por lo que realmente anhelaba.
-Hobi, ¿De qué estás hablando? Eres mi mejor amigo.
Hoseok entonces se apartó. Apartó su tacto del cuerpo del mayor, y dio un par de pasos hacía atrás, apartando su mirada también, dedicándose a mirar al piso. Hoseok negaba con la cabeza levemente, y cada movimiento que hacía se encargaba de hundir cada vez más la daga sobre la punzante herida en el corazón de Kim.
-Seokjin, yo ya no soy tu amigo.
Finalizó con esas palabras, y destruyó por completo su corazón. Seokjin escuchó un leve “lo siento” por lo bajo, más no se dio cuenta en qué momento Hoseok se fue, abandonándolo a la deriva en medio de una calle oscura mientras se encerraba en su casa una vez más. Cuando volvió en sí, pudo darse cuenta de su condición.
Pudo darse cuenta que una vez más le habían abandonado en esa misma dirección, pero esta vez, Hoseok simplemente había decidido que sería así.
Ya no era su amigo. Lo esperaba. 20 años habían pasado, y tal y como lo había estado anticipando durante todo ese tiempo…
Él era el único que seguía amando al otro.
