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Santi y el lobo.

Summary:

Después de la victoria de México, Santiago recibe una visita inesperada de Raúl. No es incómodo, pero hay una sensación extraña que no puede quitarse de la mente: es como tener enfrente a un lobo.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Nada tenía frente a sí salvo la pared del vestidor que anunciaba su nombre. Cerró los ojos, juntó las manos sobre su pecho y susurró rápidamente una última oración al cielo. 

Sus compañeros, en su mayoría, se encontraban afuera ya festejando, aplaudiendo a la afición que se había reunido en el estadio esa noche y disfrutando de la música de victoria proveniente del sonido local. Él nunca había sido la clase de persona que ansiara el festejo después de la victoria, sino la sensación del logro recién conseguido; quizás no había sido quien anotara los goles de aquella noche, pero sí había dado todo de sí para que su compañero lo lograra. Aún no había hablado con Raúl, fuera de aquel abrazo con el que lo había levantado del suelo al finalizar el juego, pero no tenía idea de qué decirle, de cualquier manera. 

Y es que jamás habían tenido una relación tan estrecha, tomando en cuenta la diferencia de edad entre ambos y el pertenecer a generaciones diferentes de la selección mexicana, aunque el hecho de que no compartieran un estilo de vida ni un círculo de amistades se sumaba a las razones por las que tenerlo como un cercano mentor en los últimos días le parecía algo que difícilmente hubiera imaginado antes. 

En los últimos días, el de Tepeji del Río había sido su mayor apoyo, incluso más que su propia familia o que el equipo técnico de la selección mexicana. Raúl lo había acompañado hasta tarde en los entrenamientos, le había aconsejado sobre su juego, se había sentado a su lado en todas las cenas y desayunos del equipo, y le había repetido una y otra vez lo mucho que confiaba en él, lo bueno que era, que su momento no era el futuro, sino el ahora, ahí mismo, a su lado en el once inicial de la plantilla. 

Claro que estaba acostumbrado a las palabras motivacionales y al apoyo de sus compañeros, pero, de algún modo, era extraña la forma en que sus interacciones se desarrollaban siempre.

No estaba seguro de la forma en que se sentía con eso.

—¡Santi! —escuchó desde detrás de sí. Su mirada llegó rápidamente a la voz que conocía bien, luego del sobresalto. Era exactamente Raúl Jiménez quien se acercaba a él y palmeaba su hombro al llegar a su lado—. ¿Qué haces aquí?

—Ah, es que… me quedé orando un momento. ¿Ya están todos afuera, verdad?

—Ya. Te estaban buscando todos.

—¿Ah, sí?

—Sí. Les dije que iba a venir por tí, ya sabía que ibas a estar aquí.

La sonrisa que le dedicó Jiménez le ponía nervioso. No sólo por estar a su lado, después de no planear sus palabras, sino porque estaba en realidad bastante cerca de él. 

Santiago sonrió de regreso, con una pequeña risa nerviosa. Maldecía el color de su piel que pronto delataba el sonrojo en sus mejillas. 

—Sí, gracias… —atinó a murmurar— Oye, por cierto…

Raúl lo miró a los ojos enseguida, y no había esperado que eso sucediera, porque ahora se sentía repentinamente tan nervioso que las palabras se amontonaban en su garganta.

—¿Hm?

—Ah… este… bueno, te iba a decir que —rascó su nuca. Maldita sea, ¿Qué demonios le sucedía? Era solamente un compañero de equipo, no la presidenta de la república— Te quería agradecer. Por, por lo de los últimos días, que me apoyaste mucho. De verdad lo aprecio, lo aprecio mucho, y, bueno, la verdad es que has sido el único que ha estado de verdad viendo por mi, y, y no todos harían eso, mucho menos cuando les está yendo tan bien como a ti, así que… uh, eso, eso es todo lo que quería decirte.

Había hablado tan rápido que estaba seguro de que su compañero apenas había comprendido debidamente sus palabras, pero no podía evitarlo, y de cualquier forma, a él no parecía importarle. Sonrió de una forma encantadora.

Parpadeó y regresó al momento, ¡¿Por qué carajos estaba llamando a su compañero “encantador”?! ¡A Raúl, maldita sea!

—No tienes que agradecer nada, Santi. Eso es lo que se debe de hacer —dijo, encogiéndose de hombros—. Si tenemos experiencia, tenemos que estar aquí para apoyarlos a ustedes. Es lo que te he dicho, para que no piensen que son el futuro, sino que sepan que son el presente. 

Asintió con una sonrisa. Quería abrazarlo, pero no se sentía en el suficiente nivel de cercanía para hacerlo. ¿Qué iba a pensar de él si lo hacía? No quería parecer raro. 

—Gracias por eso. No creo que esté a tu nivel todavía, eres otro nivel —sonrió— felicidades por tus goles de hoy. Eres… increíble.

Jiménez minimizó con un gesto sus palabras, y había esperado que luego de ese movimiento se apartara un poco de él y dejara a su corazón tomar un descanso del latido incesante que provocaba. 

—Es lo de menos. Lo importante es que el equipo gane, sea como sea. Y gracias, sí te lo agradezco, pero bien podrías haberlos hecho tú. No dudo que lo hagas la próxima vez, en realidad.

No pudo evitar soltar una risa nerviosa, porque no sabía si su mente estaba imaginando cosas que no estaban ahí o si realmente su compañero en la delantera del equipo estaba hablándole en un tono menos amistoso de lo que debería. ¿Y qué debería hacer en ese caso? No se sentía incómodo ni ofendido, pero se sentía intimidado, como teniendo, literalmente, a un lobo enfrente. 

—Ay, dios… —murmuró sin pensar en ello. Más que pronto, se dió cuenta de que no lo había pensado solamente; había hablado en voz alta. 

—¿Mande?

—Ah-h, digo… —tartamudeó, sus ojos abiertos mirándolo tan cerca que sentía que no podía pensar en nada qué decir— pues, pues que es, es todo un reto ¿No? Lo, lo de hacer lo que tú. Yo no.

—Debes creértela, Santi —dijo, colocando una mano en su hombro.

—Bueno, es que, la neta, me haces sentir como un niño si te tengo como referente.

Raúl había reído directamente en su cara por esas palabras, y no sabía si era porque le había parecido una estupidez o si lo había hecho por notar su nerviosismo. Podían ser incluso ambas, por supuesto. 

Y si no había podido prevenir esa reacción, había sido aún más sorpresivo el hecho de que, de un momento al otro, Raúl tomara el costado de su rostro para acercarlo a juntar sus labios con los suyos. La sorpresa lo paralizó en su lugar, contra el vestidor correspondiente a su número. El mundo a su alrededor pareció silenciarse en un segundo interminable mientras su mente intentaba procesar lo que estaba sucediendo. Raúl estaba besándolo:. no un roce fugaz, no un simple tanteo… sino un beso real, enérgico, que reclamaba su boca con una seguridad descarada. Los labios de su compañero, cálidos y húmedos, atraparon los suyos en un contacto que encendió un fuego inesperado en su pecho.

El agarre en su rostro era tan firme como la intensidad con la que Raúl se movía sobre su boca, sin permitirle una sola duda. Santiago sentía la lengua de su compañero rozando apenas la comisura de sus labios, tanteando, exigiendo que se abriera a él. Era un gesto tan íntimo, tan audaz, que un escalofrío le recorría la espalda, arrancándole un jadeo involuntario. Raúl aprovechó ese instante para colarse entre sus labios, explorándolo con una intensidad que lo hizo temblar.

Y a pesar de que su primera reacción era sentirse absolutamente congelado, como si su cuerpo entero se negara a entregarse a algo tan inesperado, pronto la habilidad del mayor había provocado a su cuerpo dejar de tensarse, relajarse sin siquiera pensarlo. Sus labios respondieron al beso con una torpeza inicial, pero pronto su propio deseo tomó el control. 

La fuerza de la mano que sostenía su rostro lo mantenía en su lugar, y ese leve dominio lo hacía sentirse aún más vulnerable y al mismo tiempo, desesperado por más. El menor notaba cómo su piel se erizaba, cómo el calor en su estómago descendía en un cosquilleo que lo hacía sentir inquieto, agitado, algo que nunca antes había experimentado de esa manera. Su corazón latía con violencia contra su pecho, su respiración se volvía más errática, su pulso desbocado. Por supuesto que tenía razón al sospechar lo peor, ¡Por supuesto que Raúl había estado hablándole en ese tono a propósito! Se sentía como un completo estúpido entregándose a él de esa forma, pero el cosquilleo en su entrepierna no le permitía parar, por más avergonzado que se sentía en ese momento.

Pero así como la intensidad del beso lo había atrapado, también lo hizo la súbita ausencia de Raúl cuando decidió apartarse de golpe.

Abrió los ojos rápidamente, aturdido, sus labios todavía entreabiertos y húmedos, su mente nublada por la sensación electrizante que le recorría el cuerpo. Le tomó unos segundos darse cuenta de que Raúl se había alejado de su cuerpo, y ahora le miraba desde una prudente distancia, con una sonrisa ladeada, provocadora, brillando en su rostro.

—Oye, Santi —murmuró con ese tono de burla traviesa, su voz rasposa por la cercanía—. Grábate que, desde ahora, ya no eres un niño.

El menor sintió que se ahogaba en la mezcla de vergüenza y deseo que lo embriagaba aún. Su pecho subía y bajaba, y la forma en que Raúl lo miraba, con esa maldita confianza y diversión en los ojos, sólo lo hacía sentir más expuesto.

—¿Eh?  —asintió, sin saber qué más podría haber respondido a esas palabras. 

Raúl soltó una risa baja, divertida, y con una última mirada cargada de intención, dio un paso atrás, alejándose lentamente como si acabara de ganar un juego que solo él conocía.

—Ya estás listo para hacer la clase de cosas que hacen los adultos. 

Raúl se marchó de los vestidores, pero Santiago sentía que no podía salir sin sentir como si fuera a desmayarse. 




Notes:

Perdón si esto tiene errores o faltas de ortografía, ayekis, luego me pongo a corregirlo XD No planeaba escribirlo, no me preparé para ello, pero en una hora hice lo que pude, porque ver cómo Santi alejó a todos para que no distrajeran a Raúl del penal me hizo sentir cosas de mexicano JAJAJAJJAJAJ

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