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Hoshi no Kazoeta

Summary:

Es fácil llamarlo "amor", pero ¿acaso no puede hacerse realidad?

¿Cuánto tiempo estarás en silencio?

No he perdido nada

Ya no te amo, no necesito palabras

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Hace años que no lo veía.

 

Atravesando la calle por el paso peatonal, usando un par de vaqueros negros ajustados, una camisa verde fajada y con una revista enrollada que posaba casualmente en el hombro; siendo está su única cualidad de antaño que conservaba ya que incluso su peinado rebeldemente alzado en el pasado había desaparecido, siendo reemplazado por un corte tan simple como el de un empleado de oficina promedio. Recto y sin chiste, sin ese artificial rubio decorándolo dejando expuesto el negro natural de sus hebras. La mirada entusiasta y determinada parecía que se la había tragado el tiempo, dejando en su lugar una aburrida por todo lo que se le cruzara en frente.

 

Wakiya rogaba que pasara lo mismo en cuanto lo viera (si es que lo hacía), se iban a encontrar de frente y realmente no tenía ni las intenciones o energía para tener que lidiar con este tipo, no después de la última desastrosa vez en la que se vieron.

 

Iba a fingir que Rantaro era uno más del montón, que no sabia quien era ¿Mirada al frente o quizás en el celular? Optó por la primera ya que era demasiado torpe para sacar el teléfono y fingir que veía algo interesante en tiempo récord, además que nunca le había gustado pasearse por la calle sin mirar el camino.

 

“Eres un cobarde”

 

Si, era cierto pero no se avergonzaba por ello (aunque tampoco era razón de orgullo). Simplemente no quería seguir fingiendo algo que no era y quizás el primer paso para hacerlo era aceptar sus imperfecciones, justo como la cobardía era una de ellas.

 

“¿De verdad serás feliz así?”

 

La gente en la calle se atravesó frente suyo, pero el pensamiento aún persistía. No lo sabía, la cobardía hasta el momento había trazado el camino de su vida y en realidad no le iba tan mal. Antes de padecer de ese terrible mal consiguió hacerse del éxito con su equipo y un puesto importante en la WBBA. Después de eso se quedó un poco estancado pero no estaba incómodo, sus decisiones eran seguras para garantizar el éxito de nuevas promesas que alcanzan rápidamente el estrellato. Incluso ahora tenia entre manos el importante perfil de una joven promesa, entusiasta como el idiota de Valt y un poco arrogante como el mismo lo fue en su juventud.

 

¡Lo vio! Se dio cuenta en cuanto notó como su cabeza giró en su dirección. Mirándolo de reojo podía fingir perfectamente que aun era ignorante a su presencia pero quién sabe qué plan tenía Rantaro. Se detuvo en medio de la multitud, no podía ver qué expresión tenía en el rostro ¿Estaba feliz? ¿Sorprendido? ¿O aun seguía furioso con él?

 

Aceleró un poco el paso, pero sin quererlo también le puso fin con esa acción a pasar como ingenuo a su presencia.

 

—Wakiya —escuchó su llamado a lo lejos pero fingió no hacerlo. Se sentía estúpido al sacar su teléfono y buscar entre sus bolsillos los estúpidos audífonos. No alcanzó ni a revisar el segundo bolsillo de sus pantalones cargo cuando una mano lo tomó de la muñeca.

 

Sorprendido por la acción, se giró a mirar al responsable encontrándose con esos ojos castaños, dulces y agradables ante la vista que parecían querer transmitir tanto, pero simplemente parecía que Rantaro no sabia como hacerlo.

 

Su mano se abrió lentamente, dejándolo liberado en un instante que precedió a la incomodidad de ambos en un solo lugar; después de tantos años y una enorme brecha de incomunicación producto de la última vez que se vieron.

 

Wakiya no sabía bien qué decir, por su cabeza pasaba como una película su último encuentro hace diez años. En ese entonces tenía diecisiete años, todo un camino de sueños aún sin realizar por delante y una relación (que en ese momento calificaría como vergonzosa) detrás. Ese día su mente no estaba muy clara, mientras estaba encima de Rantaro dejando que el entonces rubio descargará sus pasiones sobre su cuerpo, su mente divagaba en lo que estaba haciendo, en como es que esto continuaría de está manera. Sin duda alguna era placentero pero ¿En realidad era esto lo que quería? Miró a Rantaro debajo de el, sonriendo como un idiota, mirándolo con entusiasmo e incitandolo a que continuará.

 

Wakiya le sonrió de lado y acató su petición, aunque la amargura se expandía en su pecho como una tinta espesa que lo recorría lentamente. No sabia bien como fue que terminaron así, un día discutieron y casi se golpean pero en su lugar terminaron follando, enojados el uno con el otro al empezar y con una enorme sonrisa al terminar. La rutina se repitió cuando algunos de los dos sentía la necesidad latiendo debajo de su piel, encontrándose incluso varias veces al día.

 

Una loca juventud, en eso deseaba que se quedará la situación, pero últimamente este idiota no dejaba de verlo así. Con esa estúpida sonrisa y esa mirada de adoración que hacían algo en el que no podía identificar. Más bien era algo que él no quería reconocer.

 

Su relación nunca debió torcerse de está manera. Miraba a Rantaro una y otra vez en el acto, pero no podía corresponder a esa adoración, no podía sentir su pecho palpitar en ese cosquilleo que llaman amor. 

 

O eso pensaba en aquel entonces.

 

Al terminar, salieron de su casa bajo las miradas chismosas de la servidumbre quienes como siempre, no dijeron nada. En la calle Rantaro se devolvió a él y lo abrazo, algo que nunca antes había hecho pero no pudo negar que se sintió bien, estar envuelto en esa manta protectora y en su aroma que cada día lo confortaba más y más. Pero aun nada, no sentía su pecho saltar o brincotear en ese sentimiento romántico.

 

—¿Qué te pasa? —le preguntó a Rantaro, el se separó un poco y le acarició la mejilla, Wakiya se ruborizo ya que no quería ser tratado como una chica.

 

—¿No has pensado en somos exactamente?

 

Su pregunta salió suave de sus labios, pero Wakiya sintió un enorme peso instalarse en su cuerpo en cuanto la escuchó. No tuvo que decir nada pues Rantaro pareció captar el cambio en su expresión.

 

—Es solo que… bueno, ya sabes. Hemos estado haciendo esto como por ¿Medio año? Y quizás sea momento de estar bien seguro de que se trata.

 

Wakiya estuvo más que dispuesto a hablar, pero un dedo de Rantario se posó entre sus labios, indicándole que lo dejara continuar.

 

—Por favor, escucha lo que tengo que decir  —A duras penas   Wakiya cedió pero no estaba conforme, su intuición le decía desde ya sobre la confesión de Rantaro—. Yo, desde hace tiempo he sentido algo por ti. Pensándolo bien, no soy muy bueno para explicar.

 

Se abalanzó hacia él y lo besó, furtivo como un cazador, tímido como un niño. Wakiya no lo apartó pero tampoco le correspondió, la respuesta fue clara en ese gesto.

 

Se apartó con tristeza en la mirada, sus ojos brillantes por las lágrimas que negaba formarse en sus cuencas.

 

—Soy el alto mando de una organización que trabaja constantemente con niños, niños pequeños que son confiados por sus padres de estar en un lugar seguro.

 

La mirada triste de Rantaro se endureció, ya conocía hacia donde iba Wakiya con todo esto.

 

—Por más que lo desee, no puedo salir a la calle y decirle al mundo: Mírame, soy un homosexual. Dejame cuidar de tus niños en mi organización. ¡Sería mi ruina, Kiyama!

 

La hipotética situación indignó al nombrado como si fuera un insulto para él (y lo era, captó más tarde el joven Wakiya).

 

—¡Ellos no tienen derecho de juzgar tú vida!

 

—¡Pero lo harán! —respondió Murasaki, alterado aunque aún precavido. Miró alrededor notando la calle vacía, no había riesgo de continuar hablando aquí—. Que no deban, no significa que no puedan.

 

Rantaro que se quedó en silencio un rato, soltó una risa enfadada y lo miró, como si no pudiera creer que era él quien decía todas estas cosas.

 

—¿Y vas a rendirte por eso? ¿Por qué dirá la gente? Entonces cuéntame, ¿Qué va a pasar con el resto de tú vida? ¿Vas a seguir haciendo lo que te dicen? ¿De verdad serás feliz así?

 

—Yo… estoy viviendo mi vida de la forma en que la que deseo.

 

La declaración dejó completamente en silencio a Rantaro, parecía que los argumentos se le habían terminado con una frase tan simple y fácil de refutar. Pero que en la boca segura de Wakiya parecían ser una absoluta verdad imposible de derribar. El de cabello largo se dio la media vuelta, sin verlo a la cara continuó.

 

—Deberíamos dejar de vernos.

 

El cuerpo de Rantaro reaccionó, con furia se acercó a Wakiya y se plantó frente a él quien no miraba más que el suelo, negándose a que sus ojos se encontraran nuevamente.

 

—¡¿Es en serio?!

 

Wakiya vió como apretó las manos, furioso por lo que acababa de decir y aún más por lo que dijo.

 

—No somos nada, no hay razones para que sigamos viéndonos.

 

Rantaro seguro apretó los labios, no lo sabía, nunca volteó a mirar más que sus puños furiosos que se contenían en tal vez golpearlo para hacerlo entrar en razón. Sin embargo solo se limitó a escupir las siguientes palabras, con ira en cada una de ellas.

 

—Eres un cobarde.

 

Se marchó chocando contra su hombro, provocandolo, pero no consiguió más que ser ignorado, al igual que sus llamadas unos cuántos días después, luego pasaron a ser mensajes que entraban directo al spam en los meses siguientes debido a la cantidad que enviaba. Ni hablar de las veces en que fue a visitarlo y le pidió a la servidumbre que le dijeran que no estaba.

 

Y con el paso de los años, todo cesó, lentamente se apagó como una tormenta al dispersarse en no más que simples y casi remotas nubes en el cielo.

 

Wakiya hizo que la tormenta parara, entonces ¿Por qué la anhelaba tanto? ¿Por qué dolía no verla a su alrededor?

 

Le gustaba la tormenta.

 

Amaba a Rantaro. 

 

Pero aun así no iba a ceder, su decisión seguía firme, para su desfortuna y eterna tristeza.

 

Por curiosidad, un día miró entre su spam el último mensaje que Rantaro le envió, a unas pocas horas de ser desechado en automático.

 

Te entiendo Ricitos.

 

Después de todo este tiempo lo entiendo, así que decidí dejarte en paz. No sabrás de mí aunque yo sepa de ti en cada noticia de la WBBA que vea. A pesar de que nunca dejaré de amarte, mis sueños son tan importantes como los tuyos y quiero avanzar aunque no estes a mi lado. En las noches en las que te extrañe demasiado, me dedicaré a contar las estrellas en el cielo, recordando en cada una de ellas esos sueños a los que nos aferramos con fuerza.

 

Te deseo lo mejor de aquí en adelante.

 

Sus lágrimas crearon pequeños charcos sobre la pantalla, abrazó con fuerza su teléfono como si se tratara del mismo Rantaro y pudiera quedarselo, incrustado en el corazón.

 

No fue más que otra desdicha en su juventud.

 

Justo como la última vez, Wakiya bajó la mirada y contempló las manos de Rantaro. Ya no formaban puños furiosos y estaban casualmente extendidas, como el de cualquier otra persona. Lo miró al rostro y este pareció incomodarse un poco.

 

—¿Cómo has estado? —preguntó al ahora azabache con cierta timidez, eso lo hizo reaccionar un poco y finalmente respondió.

 

—Bien, todo en orden —dijo fingiendo una risa al final de la frase, intentando ser lo más casual posible.

 

—Me alegro, vaya que ha pasado tiempo —dijo sonriente, señalando de pies a cabeza—. Aunque parece que no has cambiado para nada.

 

Wakiya finalmente se permitió sonreír con sinceridad y lo miró a él de la misma forma.

 

—En cambio tú pareces que finalmente enderezaste tú camino, ya no luces como si fueras a asaltar a alguien.

 

Rantaro rió fuerte, llamando la atención de unos cuantos transeúntes y alegrando el corazón de Wakiya que parecía estar últimamente apagado.

 

—Siempre con tú buen humor.

 

Wakiya sonrió de lado, una expresión que no sabía que aún podía hacer. Rantaro terminó de reír y lo invitó a caminar, no tenía mucho que hacer así que aceptó.

 

—Veo que aun sigues trabajando en la WBBA —comentó Rantaro, Wakiya bufó con una sonrisa.

 

—Cedí el puesto del alto mando, me estaba aburriendo de él. Aunque aún trabajo en proyectos externos para reclutar nuevos talentos.

 

Wakiya sabía que Rantaro lo sabía, después de todo fue una noticia muy sonada hace un par de años. Aún recordaba la promesa que hizo en su mensaje sobre seguir su trayectoria. Sin embargo, su sonrisa fanfarrona se desvaneció en cuanto noto la auténtica sorpresa en el rostro del azabache.

 

—¿De verdad? Lo lamento tanto, aunque te ves muy feliz… supongo.

 

Wakiya sabía que la duda se refería a su cambio de expresión, no deseaba aclarar que lo tomó por sorpresa su ignorancia así que continuó sobre el mismo tema.

 

—A veces me aburro un poco, pero hay otros días como este en el que tengo una cantidad enorme de entrevistas.

 

“Quiero irme”, era el mensaje entre líneas, Rantaro siempre había sido bueno en leerlos. Aunque está vez se veía auténticamente interesado en las supuestas entrevistas, descubrir el porqué fue dolorosamente amargo.

 

—¿De verdad? Solo dime una cosa —pidió con cautela, como cuando eran niños y se acercaba a él para pedirle un poco de dinero para el almuerzo, claramente antes de que se negara y pelearán nuevamente—. ¿En tú lista tendrás a Ren Kiyama?

 

Lo miró con confusión, luego con una terrible comprensión. No podía ser cierto, pero la edad del nombrado lo sacaría de dudas. Miró rápidamente su listado y sin confirmárselo a Rantaro, encontró el perfil del nombrado notando al instante su foto, esa mirada tan familiar y la sonrisa ridícula que tanto odio y amo por años. Abajo el nombre y la edad del pequeño de cinco años.

 

Cinco años.

 

—¿Es tú hijo?

 

Como si necesitara confirmación, se burló de sí mismo. Pero la negación hacia mella en su sistema, derrumbándose en cuanto Rantaro lo miró con lo que parecía ser pena y luego asintió.

 

—Justo estaba por ir a verte —dijo entrelazando las manos con nerviosismo. La realización llegó a Wakiya viendo la situación objetivamente—. Veras, es un chico muy bueno en el beyblade, pero es un burro necio como su padre.

 

Rió con lo último, pero no le hizo gracia alguna a un Wakiya quien comprendía la situación. Un viejo amigo de la infancia venía a buscarlo para pedirle un favor por su posición privilegiada dentro de la WBBA.

 

Los besos ya no existían, ni la pasión entre ellos y mucho menos el amor. Wakiya cuidaba de un puente que hacía rato se había derribado del otro lado, más bien que el mismo se encargó de que fuera demolido sin piedad ni consuelo que dejó atrás a un amante para convertirlo en un completo desconocido.

 

Esos sentimientos no iban a consumirlo, miró a Rantaro y con toda la fuerza que le quedaba en el cuerpo, actuó como todo un profesional.

 

—En ese caso, esperaré a ver su desempeño en el siguiente torneo —El pecho le dolía, rió dolorosamente pero pasando desapercibido por Rantaro—. Si su necio padre logró destacar, estoy seguro que él también lo hará.

 

Un último gesto para hacerle saber que debía marcharse, sin embargo antes de que avanzara lo suficiente para desaparecer de la vista de Rantaro, este lo tomó por la muñeca.

 

—Sabes que a mi no me importa dejar a mi hijo a tú cargo.

 

Como si Wakiya necesitará más puñaladas en su corazón de las que él mismo ya había dado. Mirándolo de reojo intentó sonreír lo mejor posible y nego, como si no importara y se apartó.

 

Continuar viviendo según sus expectativas.

 

Que mala decisión.

Notes:

Oh por dios, ¿Que significa todo esto?

1. Que sigo viva yay! Aunque no me he retirado del retiro, esta es una curiosidad a decir verdad. Andaba por aqui borrando un par de mensajes desagradables en mi tablero que yo misma puse jajaja y luego vi que una de mis historias es No.1 en la etiqueta Rankiya, me puse a ver por curiosidad y... No hay nada nuevo que leer. Todos abandonaron sus trabajos! Como estoy atorada en el siguiente capitulo de una historia que tengo en otro fandom y en otra cuenta, se me ocurrió esta historia para intentar salir de ese hueco y seguir escribiendo en mi otro fandom, no se si funciono ya que tal cual, esto lo escribi hoy :p Les repito, aun sigo retirada de beyblade pero cuando llegue a escribir algo de este fandom, lo publicaré claro que si

2. Dejando de lado que aun sigo por aqui de vez en cuando, les comparto que este fic se inspira en un par de canciones, aunque particularmente en esta llamada Hoshi no Kazoeta de Shiritsu Ebisu Chuugaku, una canción de desamor o lo que sea jajaja la barrera del idioma no me deja catalogarla bien. Les dejo un video pero con letra en ingles, si la quieren en español googleenla, no quería ponerla aqui porque es demasiado extenso.
La otra canción es Jump, del mismo grupo aunque no tome inspiración completa de ahí, justo tome solo una frase para el final

Es aburrido vivir según tus propias expectativas.

Y bien, es todo! Quien sabe si este sera mi último trabajo por aqui, a estas alturas no aseguro nada pero tengo un montón de proyectos pendientes en otro fandom que no deseo compartir por aqui. Como diría Megamente, no me busquen, yo los busco!