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Español
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2022-10-06
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Los hombres se ven bien cuando lo dan todo en el lodo

Summary:

Hidetoshi sabe que Luca no lo hace a propósito. Al menos, cree entender. Hasta que aquello deja de ser un desliz, la realidad de estarse acompañando y que Luca siempre tiene algo que decir de él.

Notes:

Hay algo muy gracioso en la relación de Hidetoshi y Luca, que mientras que Hide está muy interesado en el equipo japonés, el Inazuma Japan, Luca está más interesado en el antiguo capitán de Orpheus.

Capítulos de referencia: 69, 82, 83, 85, 91, 105, 106.

Work Text:

Su trato se inicia bastante informal y en familiaridad, cuando de buenas a primeras Luca lo llama Hide al poco rato de conocerse. Es Hide de Hidetoshi y el jugador genio de Japón desde el principio identifica al hijo del entrenador de la selección italiana como un irreverente; nada de extrañar si es que, siendo hijo de un entrenador de fútbol, Luca es que no sabe jugar fútbolRaro, Hidetoshi no puede evitar pensar así de él.

Luca es un excéntrico, quizá. O a lo mejor es que les tiene algo de manía; al fútbol y a ellos que lo juegan; porque desde luego que en ocasiones los está mirando durante las prácticas y en ocasiones está sentado debajo de un árbol tomándose un helado sin prestarles verdadera atención, como teniéndolos de ruido de fondo. Y en ocasiones, también, pueden verlo hablar a saber de qué con su padre, el entrenador Paolo (quién al poco rato les acaba cambiando el ritmo del entrenamiento). Pero siempre parece mantenerse al margen, reduciendo al mínimo el contacto con ellos. Menos con Hidetoshi.

A Hidetoshi no lo evita.

—Hide.

A Hidetoshi hasta lo busca.

—Sabía que estarías aquí.

La atención de Hidetoshi se distribuye y baja el ritmo un poco para evitar accidentes; no sabe bien cómo es que Luca sabía que seguiría practicando ni mucho menos el lugar que frecuentaba para hacerlo en solitario, pero tenerlo alrededor no le resulta extraño ni tampoco le produce incomodidad. Debe de ser por Hide. Fuera de Japón, se ha acostumbrado a ser Hide Nakata, para acortar, para los comentaristas durante los partidos y a veces también en algunas entrevistas; sus compañeros de equipo se limitan a llamarlo capitán, y si en ocasiones necesitaban tratarlo de algo más informal era por Nakata, inducidos brevemente en la cultura japonesa para aún así no perderle la actitud de respeto. Para su padre suele ser Hidetoshi. Solo su madre (cuya parte de su crianza se dio en Italia) lo trataba de Hide, tal cual Luca había decidido hacerlo.

Así que Hidetoshi supone que en algo tiene que ver la brecha cultural que existe, y en algo también que debe ser cuestión de ser italiano (aunque ello no tiene lógica; porque Fidio, y el resto de su equipo, también es italiano).

—Aclárame una cosa —comienza Hidetoshi, mirando al pecoso con curiosidad por unos pocos segundos antes de continuar maniobrando con el balón—. Cuando hablas con tu padre, ¿eres tú el que le da la idea de hacernos cambiar el ritmo del juego?

Luca parpadea, creciendo una sonrisa en su boca y encogiéndose de hombros. —No sé de qué hablas.

Hidetoshi asiente con cuidado, sin perder un segundo de vista el balón con el que juega; en un instante, manda el balón a volar con fuerza en dirección recta, hacia arriba, pisa firme el suelo con el pie izquierdo y al volverse a ver a Luca, extiende la mano en la que recibe el balón. Luca pasa su mirada de Hidetoshi al balón y silba, soltando unas cuantas risas. Hidetoshi no hace más que sonreírle de vuelta; en un ademán, parece estar a punto de tirarle el balón a los pies, pero a último segundo se interrumpe a sí mismo cuando, entonces, se le ocurre preguntar: —¿te gusta el soccer?

—Ahora sí.

Pausa. Y Hidetoshi por alguna razón está sonriendo, divertido: —... ¿y antes no?

Luca no lo entiende pero aunque también arquea una ceja y una sonrisa dudosa le aparece en el rostro, no se descoloca demasiado. —¿Antes de qué?

Tomando el balón con las dos manos, Hidetoshi se encoge de hombros al mismo tiempo que niega. —Fuiste tú el que dijo « ahora ».

Luca balancea su peso de un pie a otro, mirando alrededor con gesto pensativo.

—Con « ahora » me refiero a « en este momento » —intenta aclarar.

Hidetoshi asiente. Volviendo a sonreír: —¿y en otro momento?

Luca vuelve a parpadear, su mirada terminando por ponerse en el cielo. Luego, deja caer los hombros y tras un suspiro dice: —Vuelve a hacerme la pregunta.

Hidetoshi contiene una risa extraña que parece querer salirle pero de cualquier modo lo complace, volviéndole a cuestionar si le gusta el soccer.

Luca hace gestos con las manos (muchos, demasiados) mientras habla y Hidetoshi no puede evitar notarlo de tal manera que, tras volverle a preguntar, el pecoso luce satisfecho cuando da su, reformulada, respuesta: —Si preguntas tú sí.

Hidetoshi abre la boca tan solo para acabar por cerrarla momentos después, al darse cuenta de que no tiene una respuesta para eso. Frunce el entrecejo, luego mira una vez más el balón en sus manos y de nueva cuenta sonríe.

El balón rueda en dirección de Luca quien, con poca fuerza, lo patea de regreso a Hidetoshi y este sonríe un poco más al tenerlo de vuelta, volviendo a jugar con la pelota él solo.

—¿Quieres acompañarme a ver un partido la próxima semana?

Luca está tan distraído viendo al otro chico maniobrar con el balón que no se da cuenta de cuando acepta la invitación de este.

Contento, Hidetoshi da un lugar y hora para encontrarse (después de la práctica del sábado nos vamos andando a la cancha, ¿de acuerdo?) y poder ver el partido entre dos equipos locales de escuela media. Luca parpadea mientras al mismo tiempo la piel donde reposan sus múltiples pecas se tiñe de un colorido y brillante rosa y Hidetoshi toma nota de lo adorable que resulta de esa manera (más aún cuando, para cerrar con broche de oro su entendimiento a haber aceptado, Luca aprieta la boca y le sale hasta un puchero).

Así que, a la hora de la hora, a Hidetoshi no le sorprende mucho que, durante el partido, Luca no luzca ni demasiado contento ni tampoco preocupado. Pronto, Luca abre una bolsa de frituras y se entretiene comiendo mientras observa distraído el primer tiempo; para el segundo, cuando ya no hay más patatas en las que poner su atención, el rubio comienza a hablar entre quejas de todo lo que no le gusta del juego. Hidetoshi responde al principio sin mucho interés, pero conforme se adentran en el juego va entendiendo qué es lo que pasa con ese niño.

—No se han dado cuenta —dice, de pronto—, y como no se den cuenta no van a conseguir cruzar la defensa del otro equipo... pero seguro no lo notaran, la victoria ya es del otro equipo.

Como supone, Luca no es un solo un chico vago hijo de un entrenador de un deporte que no practica. Estando en las gradas de la cancha lo comprueba: tal cual como dice las cosas suceden; el equipo nunca se da cuenta de la táctica enemiga, así que no consiguen superarlos, no avanzan más allá de la defensa, y no consiguen anotar goles. A Hidetoshi no le sorprende del todo, pero de todas maneras llega a entender que Luca, entonces, no se reconozca a sí mismo como involuntario catalizador del cambio en los ritmos del entrenamiento de su padre (quizá ni siquiera se haya dado cuenta nunca de que el entrenamiento cambia tras su intervención, suele ser que deja de verlos justo después de hablar con su padre y todo el mundo siempre piensa que es tan solo por eso que le habla).

Cuando Hidetoshi le pregunta al entrenador Paolo tan solo por corroborar este no hace más que reírse (aunque los ojos le brillen con algo que solo puede suponer es orgullo paternal), cambia de tema y le pregunta qué piensa del equipo en general, y Hidetoshi por supuesto que responde que son un buen equipo. El entrenador recupera el tema perdido y le habla de que a Luca no parece gustarle tanto el soccer por su culpa; repitiendo sus palabras (son un buen equipo, son un buen equipo), al rato, el entrenador Paolo le dice por qué no le preguntas a Luca. Y por lo que parece, eso es un bucle sin fin.

Y al principio, Hide no entiende.

Hasta que en cierta ocasión llega tarde a un partido. Y Orpheus está siendo masacrado hasta que él aparece. No tiene tiempo para preguntar detalles, pero Luca está desde la banca, comiéndose un gelato de limón observando todo al lado de su padre. Ah, sin ti esto se pone aburrido, Hide...

Hidetoshi se obliga a ignorar el peso que se asienta y le revuelve el estómago con tales palabras, y hace el cambio con Gianluca en la cancha, ajustándose la banda de capitán al brazo izquierdo. —Bien, ¿listos para voltear la situación?

El equipo entero responde con un rugido aguerrido y por supuesto que las cosas cambian de inmediato. Para el segundo tiempo ya solo tiene que preocuparse por anotar la remontada y hasta marcan dos goles más que el equipo griego. Luca y su padre le aplauden y el resto del equipo también. Entonces tiene un mareo y Hidetoshi se da cuenta de que quizá se ha sobrepasado a la hora de tomar las riendas de la situación, pero en el equipo nadie parece notarlo. Luca, por otra parte.

—Toma, te subirá el azúcar con esto —sin esperar a que reaccione le mete una cuchara con helado en la boca. Hidetoshi se detiene sin más y cierra la boca antes de que la cuchara le entre por completo y lo atragante. Entonces, Luca revuelve en el interior de sus bolsillos hasta conseguir unos dulces que le muestra. Hidetoshi reacciona, extendiendo la mano; Luca sonríe y le deja caer los dulces directo en la palma, luego toma de vuelta su cuchara (directo de su boca, Hidetoshi no tiene tiempo ni de protestar) y vuelve a tomar un poco de helado que esta vez toma para sí. Traga, luego pregunta: —, ¿quieres un poco más?

Hidetoshi mira la cuchara y luego al helado, siente que de sus manos se resbalan los dulces que le ha dado así que hace con ellos un puño mientras niega, con la cabeza. —Gracias, yo- tengo suficiente con estos —abre y cierra la mano con los dulces para señalarlo.

Luca se encoge de hombros asintiendo. —Está bien, pero si quieres más solo lo pides. ¡Ah! Dulces no porque ya no tengo más que esos, aunque igual si quieres puedo comprar más...

Hidetoshi parpadea desorientado, a lo que Luca de inmediato solo sonríe, una pizca de travesura que parece relucir en sus ojos, que hasta va y le guiña un ojo de pronto y algo se alborota en el interior de Hidetoshi tomándolo por sorpresa.

Pero un par de partidos más consumen su energía del mismo modo que aquel y aunque no vuelve a presentarse un inconveniente como el que lo obligó a ausentarse poco más de la mitad del primer tiempo, el entrenador Paolo comienza a dejarlo fuera de la formación inicial para hacerlo entrar solo hasta que la situación de su equipo parece encontrar una desventaja significativa contra el equipo oponente. Para su sorpresa, Luca, quien no suele parecer interesado en estar en el banquillo italiano ni como miembro de apoyo, también toma lugar al lado suyo junto a otros jugadores de reserva del equipo. Y mientras que nadie parece entender lo que se trae en manos el entrenador Paolo dejando a su capitán fuera de juego a propósito, el hijo del entrenador hace uso de su agudo ingenio crítico por primera vez delante de los miembros de Orpheus dejando a más de uno con la mandíbula desencajada.

Hidetoshi escucha y observa, resignado, rendido, desde el banquillo, intentando entender las intenciones tanto de padre como hijo. Ninguno está hablando claro pero algo le están tratando de decir con ese juego de retenerlo y meterlo solo cuando las cosas rayan en lo complicado. Entonces, en cierta ocasión los escucha discutir.

—... estás llevándolo al límite con esta situación, papá. Hide usa más energía para remediar los errores que Orpheus comete al no estar bajo su guía.

—Y eso solo demuestra que tienes razón. Orpheus no es un buen equipo sin Hidetoshi Nakata.

Hidetoshi jadea, de pronto entendiéndolo todo.

—... Yo solo dije que Orpheus es aburrido cuando Hide no juega.

—Sí, sí, pero como sea, eso no está bien. Hidetoshi sigue siendo un invitado en la selección italiana y que el equipo solo pueda sacar su potencial bajo el mando de un invitado significa que no estamos siendo buenos anfitriones.

—Papá...

—Sé que esto no te interesa, hijo, pero ya que estás tan preocupado por Nakata, te dejaré saber que solo estoy haciendo esto tanto por su bien como por el del equipo.

Hidetoshi ve a Luca asentir un poco de mal humor y hacerse el desentendido yendo a mirar a otra parte lejos de su padre, es entonces que lo ve a él por ahí, escuchándolos más por casualidad que por estar haciendo cualquier tipo de trabajo de espía. Y, sin más que añadir a la discusión con su padre, Luca no tarda en seguirlo tras despedirse con un descuidado 'vale' tirado hacia el entrenador.

Hide —llama, al tiempo en que su mano se pone por encima de uno de sus hombros para detenerlo.

Hidetoshi no tiene la intención de escaparse como tal, pero tampoco se encuentra de humor como para hablar al respecto de lo que acaba de escuchar. En realidad, necesita tiempo para entender del todo eso de lo que el entrenador y su hijo estaban discutiendo, pero Luca parece no estar al tanto de ello. O quizá sí que lo está, porque cuando Hide se devuelve a verlo puede entender el tono de culpabilidad en su mirada. Así que a Hidetoshi se le escapa una breve sonrisa cuando hace por su propia cuenta un llamado al otro chico.

—Luca.

Y. Al hijo del entrenador se le ilumina tanto el rostro de pronto, que cuando comienza a sonreír de vuelta, a Hidetoshi se le hace más grande la sonrisa propia.

—¿Escuchaste... —no termina bien de preguntar, que, mientras Hidetoshi se entretiene en ver el gesto que hace, que Luca es que se lleva la mano al oido y de repente, interrumpiéndose a sí mismo, se toca el cabello y acomoda un mechón rubio detrás de su oreja—, uhm, no —se interrumpe él solito y sacude la cabeza en una negativa, su cabello volviendo a como estaba antes por cuenta propia—, esto no me corresponde pero, papá te ha estado presionando en los últimos partidos así que me gustaría disculparme por eso. Creo que estaba intentando que te dieras cuenta por ti mismo de como de dependiente es el equipo de ti, aunque no sé por qué no te lo dice tal cual en vez de hacer esto...

A Hidetoshi le parece curioso. Luca sigue gesticulando mientras le habla, pero también parece entender con facilidad lo que se le va pasando por la cabeza sin necesidad de que él lo externe. Es un entendimiento un tanto extraño pero no le desagrada.

—... en eso te pareces a tu padre.

Luca se lo queda mirando con la boca abierta, estupefacto, a lo que Hidetoshi no tarda en comenzar a reírse, sin ningún motivo en concreto.

—También hablas un poco como en clave. No es que no te entienda, pero a veces es como si estuvieras tratando de poner a prueba la capacidad intelectual de los demás...

Luca va frunciendo el entrecejo de a poco antes de decir: —no trato de poner a prueba a nadie. No es que yo sea demasiado listo tampoco...

—Lo eres. Si no listo, un buen observador, por lo menos.

—Ya... Solo digo lo que se me viene a la cabeza tal cual, no es para tanto...

Hidetoshi observa como Luca se va colorando a sus comentarios, por lo que, no se arrepiente de haber abierto la boca. Algo se le remueve en el estómago cuando sin pensarlo demasiado, copia el gesto de antes de Luca: su mano se alza y rozando parte de la pecosa mejilla del otro, le echa el mismo mechón rubio por detrás de la oreja. Hidetoshi se tambalea y retrocede, —eso solo me da la razón... —pero intenta no pensar en ello de más y aparta la mirada, en gesto aprupto, hacia un lado cualquiera, una sonrisa tensa en su boca.

Luca atrapa su sonrisa e inclinando la cabeza. No tarda en dibujar una propia, divertida, arqueando una ceja de manera perspicaz: —¿en que soy listo?

Hidetoshi se devuelve a verlo, una risa escapándosele de la sonrisa en cuanto lo hace y al mismo tiempo asiente, en respuesta. La sonrisa de Luca se hace más grande.

—¿Te gusta eso de mi?

Hidetoshi abre la boca un par de veces, pero antes de poder soltar ruido alguno de esta, Luca se adelanta a cubrirle la boca con ambas manos (de hecho, casi que le cubre la cara completa), que Hidetoshi termina por quedarse sin él mismo saber lo que iba a decir cuando Luca vuelve a interrumpirlo diciéndole que 'no era necesario que respondiera eso', que mejor sería que se fueran a conseguir algo para reponer las energías perdidas del capitán de la selección italiana.

—Y... ¿qué piensas hacer? Ahora que sabes lo que mi papá ha estado tratando de enseñarles...

El cambio de tema, no mal recibido, también acapara toda la atención de Hidetoshi, dejándose de lado aquella pregunta repentina a la cual no sabía ni por dónde tomar. Al menos para la situación del equipo ya venía haciéndose una idea desde antes de escuchar la confirmación de su disgusto y aunque su idea pudiera resultar en hacerlo ver como un niño en medio de una pataleta, estaba seguro de que solo así podría ayudar al equipo de Orpheus a superar sus propias debilidades.

—Me retiraré un tiempo del equipo.

En el siguiente partido Hidetoshi se rehusa a participar de él aún cuando el entrenador Paolo le diera la entrada. Y los jugadores del Orpheus al completo piensan que su capitán se ha vuelto loco, pero es que hasta estando en la banca la banda de capitán la seguía portando Hidetoshi. En esa ocasión no solo no participa y se queda sentado en la banca sin intenciones de ir a poner un solo pie en el campo de juego para ser parte del partido, sino que cuando rechaza la indicación del entrenador le hace un pedido y a poco rato de iniciado el segundo tiempo tanto entrenador como capitán mandan a llamar a Fidio cerca de la banca. Es entonces que Hidetoshi pasa la banda del capitán al Meteoro Blanco de la selección italiana y junto con eso anuncia su retirada.

—Que- Pero- ¿qué-

—Así que de ahora en más el equipo está en tus manos, Fidio. Felicidades, capitán.

Fidio no alcanza a comprender la magnitud del peso que se pone sobre sus hombros de un segundo a otro y mucho menos comprende lo que le dice su capitán acerca de " retirarse un tiempo " pero no hay más tiempo fuera del que puedan hacer uso para continuar con aquella charla, por lo que Fidio Aldena es arrojado a su posición de delantero con la banda de capitán en sus manos y preguntas de sus compañeros en el campo acerca de si el capitán iba a entrar o no a jugar con ellos ya no tardan en acribillarlo.

No teniendo el corazón ni el entendimiento suficiente todavía respecto a la situación, Fidio acaba haciéndose el loco, esconde la banda de capitán en sus bolsillos y da una respuesta tan vaga que ni él mismo se entiende en sus balbuceos.

El juego continúa tal cual.

Hidetoshi se queda en la banca recibiendo las miradas de Fidio cada poco, quien hasta se arrima varias veces al banco como si tuviera la intención de lanzarse a arrastrar al verdadero capitán de Orpheus al medio del juego. Nunca lo hace, sin embargo, la mirada de Hidetoshi y toda su postura dejando tan claras sus intenciones de no intervenir que, además de que Fidio respeta demasiado a su capitán como para contradecirlo, Fidio no tiene de otra más que devolverse al campo intentando proponer el juego con el que continuar a su equipo.

Nadie tiene nada muy claro, así que acaban siguiendo el mando de Fidio y, de alguna manera, funciona. Lo que sea que estén intentando hacer continúa a ejercicio de una torpe proeza y cuando quieren darse cuenta el pitido del silbato que marca el final del partido irrumpe. Y empatados, el juego se debe decidir por penales.

Ganan. Más por cuestión de un milagro, quizá (teniendo en cuenta lo distraído que se encontraba Fidio, y el equipo en general, luego de que las explicaciones hubieran tenido que darse después de que Angelo pasara a devolverle la banda del capitán que había acabado por caerse de los bolsillos de Fidio en medio de los últimos momentos del partido). Y aún tienen los partidos del FFI para emprender su camino hacia el mundo ese año.

—Que, ¿te vas?

—Pero. ¿Por qué...?

—Si no lo han entendido todavía significa que estoy haciendo lo correcto.

Nakata no da explicaciones y solo a Fidio se acerca para darle unas últimas palabras de aliento. Le coloca la banda del capitán en el brazo y luego lo deja frente a todos.

—Estaré al pendiente de su progreso, mientras tanto sé que los estaré dejando en buenas manos.

Un último apretón de hombros y se retira.

—Cuando se trata de tu equipo, puedes ser bastante duro si te lo propones... —comenta Luca luego, al respecto de su falta de sutileza para hacer las cosas y el como con tanta frialdad había sido capaz de darles la espalda y casi hasta cortar lazos. Hidetoshi lo mira de reojo, Luca no le está reclamando pero tiene una naturaleza observadora que suele obligarlo a hacer comentarios para nada amables pero siempre acertados, nunca demasiado lejos de la realidad. A veces, es un poco como si fuera un adivino, leyendo entre gestos y adelantándose a las reacciones que pudieran llegar a tener los demás. Eso, cuando no estaba más interesado en conseguir dulces o lo suficientemente agotado como para ocupar toda su reserva de energía en averiguar dónde y cuándo sería bueno tomar su próxima siesta.

Luca también es mucho más considerado que él, cuando lo piensa. Y más que otra cosa, Luca sí sabe cómo podrían o no afectar sus acciones en los demás, no como él, que se piensa hasta un tanto egoísta y desconsiderado cuando tiene que llegar a describirse.

—¿Y por qué crees que es eso?

Luca alza una ceja e inclina la cabeza con curiosidad cuando se detiene a contemplarlo. Hidetoshi se entretiene mirando a su alrededor a la gente que va y viene sin considerarlos a ellos dos en nada. Es momentos después que Luca al fin sonríe, pareciendo dar con una respuesta.

—Bueno, creo que eso es obvio. Es por que te importan, ¿no es así, Hide?

Hidetoshi se toma su tiempo antes de devolverse a él. Viendo la seguridad de Luca y su sonrisa, tan despreocupada que está… Hidetoshi no puede evitar sonreír también. Así que lo corrobora, le dice que es verdad.

—Estás muy interesado en el equipo japonés, Hide...

—¿Tú no?

Luca lo piensa un poco antes de hablar. —Tengo un interés. Pero es más por el interés que tú tienes en ellos. ¿Estás pensando en devolverte a Japón, Hide?

Hidetoshi hace una pausa pero a final de cuentas niega. Y solo entonces Luca llega a sonreír.

—Quieres enfrentarte a ellos, ¿verdad?

El resoplo de una risa se le escapa de la sonrisa que Hidetoshi acaba de darse cuenta tiene en la boca. Se regresa a ver a Luca y eso por sí mismo es una respuesta que parece que solo ellos entienden mientras no llegan a decirse nada más.

El esquema de sus actividades sigue planeado en torno a los partidos que van a dar el Inazuma Japan y Orpheus, a los japoneses los miran en vivo mientras que a los italianos los miran por televisión o buscan las repeticiones en internet. Parece una cuestión de favoritismo pero para Luca sigue siendo claro que tal cosa no favorece al que lo obtiene de parte de Hide, siendo claras sus intenciones de jugar contra Japón.

—Repite eso que dijiste.

—¿El qué?

Luca parpadea, extrañado. Y Hidetoshi está que no puede más.

Luca sigue haciéndole comentarios, sigue hablando con él durante los partidos con la precisión de un experto a pesar de sus propias nulas habilidades de juego. Sigue acompañándolo en su travesía buscando pistas sobre la relación entre aquella niña de nombre Rushe y el hombre que más dañó el soccer de secundaria en Japón, acaparando el título de campeón, invencible por décadas, recurriendo hasta a los trucos más sucios...

Los comentarios de Luca van desde las cosas más simples hasta las cosas más directas, pero ese último definitivamente lo ha sacado de balance. Y Hidetoshi no termina de comprenderlo.

—Lo que dijiste cuando estaba jugando con esos chicos en el lodo.

Luca está por llevarse una mano a la barbilla en gesto pensativo pero antes de llegar a tocársela es que ya tiene las palabras en su cabeza y. Realmente no piensa mucho en ello cuando tan solo va y con su mano pasándose por detrás de la nuca de Hidetoshi, acerca su rostro lo suficiente para acariciar con sus labios la boca ajena. Ni siquiera puede decirse que es un beso tal cual, solo, una breve caricia, boca a boca, y nada más. Pero ambos se ven tomados por sorpresa y que Luca también esté sorprendido solo pasa por dejar a Hide todavía más desconcertado.

—Mamma mia…!

De cualquier forma, Luca y su expresión siguen trayéndole una sonrisa genuina a Hidetoshi.

—¿Qué?

Luca comienza a ponerse rojo en ese mismo instante. —Y-yo… no puede creer que hice eso…

Hidetoshi siente que también comienza a acalorarse, y cuando al tratar de decir algo de nuevo, siente la garganta ronca, termina por carraspear, agachando la cabeza un poco hacia un lado.

—Quiero decir, te besé…

—… Lo sé.

—Eso… solo pasó, no lo sé. A veces digo y hago cosas sin pensar, lo mismo pasó con lo que te dije sobre el lodo y ahora-…

Primero es Luca que, de nuevo, sin pensarlo mucho es que pasa a apoyar sus manos en los brazos de Hidetoshi, tomándolo solo así, mientras su lengua, inquieta, se mueve y él balbucea y habla y suelta rápido lo que está tratando de decir esperando terminar antes de que Hidetoshi decida que lo mejor es abandonarlo ahí sin más. Luego es Hide que, correspondiendo al agarre, también hace uno propio a los brazos de Luca y le habla, con voz tranquila y bastante serena, incluso cuando no entiende la mitad de lo que está pasando pero por alguna razón eso no le incomoda, tan solo, es que sigue sin entenderlo aunque sí que lo entienda. Porque la situación es que Luca ha acabado por besar a Hidetoshi y ahora están que no entienden bien lo que ha pasado (ni por qué ha pasado) pero intentan aclararlo.

Es entonces, cuando Luca hace una pausa para respirar, de tan rápido que ha ido hablando, de tan lento que ha reaccionado a su propia acción, que se da cuenta de que Hidetoshi no está huyendo, ni tampoco está molesto con él. Está perplejo, por supuesto, pero Luca no puede culparlo cuando ni el mismo termina de creerse lo que acaba de hacer. Pero, ¿a Hide en serio que no le molesta? ¿en serio puede creer que no lo ha hecho enojar o lo ha incomodado con irlo besando de la nada? Quizá por eso mismo es que ha ido a preguntar por sus palabras de entonces…

Los hombres se ven bien cuando lo dan todo en el lodo.

¿Y bien…?

—¿No te molesta… verdad?

Hidetoshi parpadea a la visión del Luca retraído y de pronto tímido que se le presenta, como un cachorro apabullado ante la posibilidad de que su dueño se haya enfadado con él.

—No… —su respuesta, por el tono, incluso a Hidetoshi le sorprende; sonar tan conmovido y tan preocupado de pronto era también nuevo para él—, por supuesto que no, ¿por qué lo haría?

Llega a recomponer su propia voz y entonces vuelve a sonar como siempre, seguro de sí mismo, lleno de confianza. A Luca le trae una sonrisa inmediata y Hidetoshi no tarda en dejarse llevar por su propia seguridad auto infundida (y tal vez un poco por aquella sonrisa), que entonces agrega: —y si te hace sentir mejor, en realidad me ha gustado.

Sus miradas se sostienen cuando entonces llegan a sonreírse el uno al otro. Luca incluso se ríe y Hidetoshi vuelve a distinguirle ese brillo travieso en los ojos de otras ocasiones.

—¿Ah, sí?

—Por supuesto.

Hidetoshi mueve la cabeza en una ligera afirmación. Echa una mirada repentina a la boca de Luca y no piensa demasiado en ello cuando también dice: —no me molestaría si pasara una segunda vez...

Luca abra la boca primero antes de volver a cerrarla. Se inclina cerca, más cerca de Hidetoshi otra vez.

—¿Y si quiero hacerlo otra vez ahora?

No deja de mirar la boca de Luca cuando siente que tiene que tragar saliva, así que Hidetoshi lo hace.

—Bueno, puedes hacerlo si quieres.

Una pequeña risa vuelve a escapársele a Luca mientras su nariz tiene un encuentro fortuito con la de Hidetoshi y es que estas acaban rozándose un poco, brevemente, —¿no estás siendo un poco impulsivo, Hide…?

—Tal vez… —Hidetoshi concede, una nueva sonrisa ahí en su boca—, pero, soy impulsivo por naturaleza así que… y no hay nada de malo en ser un poco impulsivo, ¿cierto?

—Mmm… sí…

Distraído con la sensación de la respiración de Hidetoshi contra sus labios, Luca va dejando a sus párpados ceder a su intención de irse cerrando a la expectativa de un nuevo beso. Esta vez, uno real, por lo que parece. Por no decir compartido, igual.

—Entonces, seamos impulsivos por unos minutos y… luego hablemos con más calma de esto…

—Hecho.

Al fin, sus bocas se encuentran en un puntual beso. Y tan solo con eso, Hidetoshi termina de comprender, que si bien Luca lo ha tomado por sorpresa en más de una ocasión, estas siempre han sido no más que sorpresas gratas.