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El café más alternativo de la ciudad estaba lleno de gente con chaquetas de cuero, botas con plataformas, delineador corrido y tatuajes dudosos. Era uno de los tantos puntos de encuentro habitual del grupo de Deidara y, por ende, también del grupo de Obito, porque donde iba uno, tarde o temprano aparecía el otro.
—Ya llegó el maleante de tu novio —anunció Hidan con una sonrisa burlona, dándole un codazo a Deidara.
—No es mi novio, hmn —respondió el rubio con el automático reflejo de rodar los ojos, aunque no se molestó en corregir la sonrisa satisfecha que tenía en los labios.
Sasori, que estaba al lado, solo bufó.
—Sí, claro, y yo soy una persona cálida y expresiva.
Obito entró al café con su grupo detrás de él. Nagato y Yahiko, con su infalible colección de piercings y ropa oscura, parecían encajar perfectamente en el ambiente, mientras que Kakashi y Rin eran la excepción a la regla. Kakashi llevaba su usual chaqueta holgada, los ojos pegados a un libro de dudoso contenido, y Rin sonreía como si no estuviera rodeada de gente con más metal en la cara que sentido común.
—¿Por qué se sientan con nosotros si claramente tienen su propio grupo? —preguntó Konan, entrecerrando los ojos hacia Obito.
—Porque somos encantadores, por supuesto —dijo Yahiko, rodeándola con un brazo despreocupadamente. Konan le lanzó una mirada de advertencia, pero no se apartó.
Obito ni siquiera respondió, quizá demasiado acostumbrado a la mala actitud de Konan, de cualquier modo, el sentimiento era mutuo. Simplemente se dejó caer en la silla junto a Deidara, apoyando un brazo sobre el respaldo de su asiento de manera demasiado casual.
—¿Me extrañaste?
—Me extrañó la paz que se siente cuando no estás cerca, hmn.
—Mentirosillo.
Hidan chasqueó la lengua. —Dios, que se besen de una vez.
—¿Por qué? —intervino Kakashi, cerrando su libro lo justo para unirse a la conversación—. ¿Te excitaría verlos?
—Tal vez.
—Asqueroso.
Rin suspiró con diversión mientras removía su bebida con la pajilla. —Yo solo quiero decir que su dinámica es adorable.
—No es adorable —dijeron Obito y Deidara al mismo tiempo.
Sasori tomó su café con una calma digna de un asesino a sueldo. Las cosas que decía desentonaban brutalmente con su expresión —Es muy adorable. —. Ese tipo era tétrico.
Deidara bufó y se cruzó de brazos, mientras Obito deslizando la mirada sobre ese delineador negro y esos labios, sin que nadie más lo notara, por supuesto.
Konan los miró de reojo y suspiró.
—Voy a pedir otra bebida. ¿Quién más quiere algo?
Nagato levantó la mano. Yahiko se encogió de hombros. Hidan le pidió algo con alcohol, a lo que Konan le respondió con un golpe en la cabeza.
Obito, mientras tanto, simplemente sonrió con esa expresión confiada y molesta que sacaba de quicio a todos. Excepto a Deidara.
El café seguía lleno de risas y conversaciones, pero de alguna manera, parecía que todo el ruido se desvanecía cada vez que Deidara y Obito se miraban. Mientras los amigos de ambos charlaban sobre cosas que, sinceramente, no importaban mucho a ninguno de los dos, ellos compartían una especie de complicidad silenciosa. Deidara había dejado caer su chaqueta de cuero sobre el respaldo de la silla y ahora tenía los codos apoyados sobre la mesa, mirando a Obito con una sonrisa torcida.
—Entonces... ¿qué planes tienes para este fin de semana, malote? Hmn—preguntó con una voz que era más suave de lo que normalmente dejaba ver. Era un reto sutil, como si estuviera probando a ver hasta dónde podía llevar a Obito.
Obito levantó una ceja, encogiéndose de hombros de la manera más despreocupada posible, pero había algo en su mirada que traía consigo un ligero destello de algo que solo Deidara podría ver.
—No sé. Tal vez quedarme en casa, dormir, romper algunas cosas... ¿tú qué haces, entonces?
—Romper corazones. —Deidara se inclinó hacia él, un brillo travieso en sus ojos, haciendo que el rostro de Obito se endureciera por un segundo. Los amigos del rubio rieron, pero Deidara no dejaba de mirar a Obito.
—Eso es demasiado cliché para un niño bonito como tú. —Obito no pudo evitar soltar una sonrisa socarrona.
—Sí, bueno, uno de esos clichés tiene que ser cierto. —Su sonrisa más suave ahora. El rubio se recostó sobre la mesa con los brazos cruzados como almohada, mirando a Obito con una ligera melancolía en los ojos.
Obito, incapaz de resistir, se acercó un poco más, tocando sin querer el dorso de su mano. El sonido de las voces en el fondo del café se opacan cuando sus ojos se topan—Quizá me tengas que enseñar uno de esos clichés. —. La pequeña conexión provocó que el corazón de Deidara diera un brinco, pero, por supuesto, no iba a decir nada al respecto.
A su alrededor, Kakashi se acomodó en su silla, su mirada fija en su libro, pero escuchando la conversación como si fuera el espectáculo más interesante.
—Oh, aquí vamos de nuevo —dijo Hidan, claramente cansado de verlos coquetear sin hacer nada al respecto—. Ustedes dos se dicen que no les gusta el otro, pero siempre están juntos, así que no me vengan con ese cuento.
—Hidan, eres un idiota. —respondió Deidara sin mirarlo, mientras volvía a recargarse sobre su asiento. No podía evitarlo, Hidan siempre estaba justo donde no debía.
—Es la verdad, no sé por qué no lo admiten ya —agregó Sasori, mirando de una manera que Deidara solo describiría como aburrida, aunque para todos esos ojos están más que vacíos —. Lo mejor que pueden hacer es no complicarse.
—No tenemos que explicar nada, hmn —replicó Deidara, cruzando los brazos.
Rin, que estaba sentada cerca, suspiró con dulzura. —Es tan obvio.
—Rin, ¿no vas a defenderme? —se quejó Obito, girándose hacia ella con cara de falsa ofensa. Rin solo negó con la cabeza, sonriendo de manera comprensiva.
—Oh, por favor, ¿de verdad crees que puedes ocultarlo? —Nagato intervino, mirando a Deidara con una sonrisa traviesa.
—¿Acaso ustedes no ven lo que pasa? —Yahiko se cruzó de brazos, su tono de voz divertido y, a la vez, algo sabio para alguien que normalmente se comportaba como un tonto.
—Sí... como cuando Obito casi se echa encima de Deidara ayer cuando estábamos en el césped detrás del salón. —Rin se cubrió la boca con una mano mientras reía suavemente.
—¡Rin! —exclamó Obito, rojo como un tomate. Deidara no podía evitar reír por dentro, aunque se hizo el distraído y volvió a tomar su bebida.
—¡Oh, Jashin! —Hidan se echó hacia atrás en su silla hasta casi tirarla, sus ojos brillando con diversión—. Entonces todo tiene sentido. ¡La rubia fogosa ya se tiró al emo!
Deidara lanzó una mirada de advertencia a Hidan, quien solo levantó las manos en señal de rendición, pero sus ojos brillaban con picardía.
Kakashi, que no había dejado de leer su libro, sonrió desde detrás de la tapa. —Vaya, ya está claro que todo el mundo tiene una opinión... Menos los involucrados.
Obito resopló, mirando a todos. —Lo único que puedo decir es que no es mi culpa si Deidara no sabe cuándo dejar de coquetear —dijo, mirando a Deidara desde la esquina de los ojos.
Deidara levantó las cejas, una sonrisa casi imperceptible curvando sus labios, sorprendido por el ataque directo.
—Hmn... tal vez la culpa es tuya por dejarme hacerlo.
Obito lo miró fijamente por un segundo, y en su mirada había algo, algo que Deidara nunca había visto antes. Algo vulnerable, un toque de duda o de incertidumbre que se desvaneció tan rápido como apareció.
Y entonces, sin más palabras, Obito soltó una risita baja, como si acabara de entender una broma interna.
—Vamos a hacer esto. No pelees conmigo, y tal vez... solo tal vez... te de un beso.
Deidara quedó helado un momento, la sorpresa dibujándose en su rostro, pero de inmediato, ese brillo travieso regresó.
—Solo "tal vez", ¿eh?
Ambos rieron de la tensión, alejándose de nuevo. El resto del grupo se quedó ahí, observando y entendiendo más de lo que Deidara y Obito querían mostrar, pero sin hacer nada al respecto. Porque, al final, todos sabían que, entre esos dos, las cosas iban más allá de las palabras. Lo único que quedaba era burlarse de ese par de tontos enamorados.
El bullicio del café estaba tomando un tono cada vez más caótico. Entre los amigos de ambos, no era raro que las conversaciones se volvieran en un mar de bromas y gritos, pero en este momento, todo parecía tener un solo objetivo: fastidiar a Deidara y Obito.
Obito estaba ya harto de los comentarios de los demás. No era raro que se sintiera incómodo cuando todos se ponían a discutir sobre su relación con Deidara, o más bien, sobre el hecho de que, a pesar de ser un “tipo rudo” de aspecto, estaba claro que había algo más entre ellos dos. Pero ya era suficiente.
—Vamos, Dei. —Obito se levantó abruptamente en medio de otra risa de Yahiko a su persona. La presión de la situación ya era demasiado. Era hora de hacer lo que siempre había hecho: huir.
—¿A dónde vamos? —Deidara levantó una ceja, pero no le importaba mucho. Estaba tan acostumbrado a las “escapadas” improvisadas con Obito que ya no le importaba mucho preguntar pero de todos modos lo hacía. Sabía que, de alguna manera, las cosas siempre terminarían de buena forma.
—A donde no haya ruido. —Obito lo tomo de la muñeca, tirando suavemente de él.
Deidara se dejó hacer y rápidamente se alejaron de la mesa, con los ojos de los demás siguiéndolos, aunque sabían que era inútil detenerlos. Deidara sonrió como si tuviera todo bajo control, mientras Obito lo arrastraba por el café hacia la salida.
—¡¿A dónde van, malditos?! —gritó Hidan desde la mesa, haciendo un gesto exagerado con las manos.
—Nadie los detiene. —Sasori simplemente observó sin inmutarse, su mirada fija y la ceja levantada como siempre.
—¿De verdad lo van a hacer? —preguntó Nagato. Obito no respondió, solo apretó la mano de Deidara y aceleró el paso. Rin se rió suavemente, como si ya lo esperara.
—Son unos idiotas, hmn. —Deidara sonrió mientras caminaba con Obito, claramente entretenido.
A medida que salían del café, el ambiente ya no estaba tan cargado de miradas. Pero apenas estuvieron frente a la salida, una risa se escuchó detrás de ellos.
—¡¿A dónde vas, Obito?! —gritó Kakashi, quien iba saliendo de los baños que, para su desgracia, estaban cerca de la entrada.
—¡¿Tú también, Kakashi?! —Exclamó Obito, tratando de ocultar la incomodidad mientras jalaba a Deidara la esquina más cercana fuera del café.
Pero de alguna manera, en medio de la confusión, Deidara ya no podía resistirse. Apenas estaban saliendo a paso apresurado. Con una mirada rápida a Obito, vio la forma en que lo miraba, tan desconcertado pero también tan expectante, que no pudo evitarlo más.
—Hmn... —Deidara susurró con una sonrisa juguetona.— Ya basta de juegos.
Y de un tirón, lo atrajo hacia él, chocando sus labios con los de Obito de una forma que hizo que el mundo pareciera detenerse por un segundo. Torpe, rápido , aunque no tardó más de dos segundos en encontrar su ritmo. Era un beso intenso, pero a la vez tierno, lleno de esas pequeñas chispas que solo surgían cuando las emociones se dejaban llevar sin más.
Obito estaba tan sorprendido por el avance de Deidara que no pudo hacer nada más que sostenerlo por la cintura, atrapado entre el choque de emociones que sentía. Era un beso lleno de dulzura oculta, pero también cargado de la electricidad de un primer beso que había estado esperando durante demasiado tiempo.
Pero, claro, en medio del caos que ya era su vida, no iban a estar a solas mucho tiempo.
—¡¿EN SERIO?! —El grito vino de Yahiko, que había estado observando desde la puerta del café sin que ellos se dieran cuenta, pues obviamente habían ido tras ellos —No puedo creer que Tobi haya dado su primer beso antes que yo. —. La mirada del dolor de cachorro pateado con la que miró a Konan hizo que le subieran los colores a la cabeza, casi abre la boca para protestar cuando Rin habló.
—¡Ajá! ¡Lo sabíamos! —Exclamó con una sonrisa amplia, sus manos en la cintura, mirando por encima del hombro del cabello de zanahoria. Ella no dejaba de reír mientras los otros amigos se acercaban rápidamente.
Deidara rompió el beso y se apartó, pero la sonrisa en su rostro no desapareció.
—¡Vaya, Obito! ¡Te tomaste tu tiempo! —gritó Kakashi, aplaudiendo en señal de triunfo.
—¿Esto es lo que hacen los "tipos rudos"? —preguntó Nagato, mirando a Obito con una sonrisa sarcástica.
—Eso es lo que hace el "tipo rudo" cuando alguien no tiene sentido común —respondió Obito, su rostro sonrojado, mientras soltaba a Deidara y se arremangaba la sudadera de los brazos, una clara amenaza para quien siguiera hablando al respecto. Pero al mismo tiempo evitaba la mirada de todos.
Hidan, que había estado observando desde un rincón, sacudió la cabeza con desaprobación fingida.
—¡Ay, por Jashin! ¡Aquí nadie es un malote! ¡Miren cómo se está sonrojando! —se burló mientras reía de forma retumbante.
—¡Malditos, cállense! —Obito cruzó los brazos, totalmente avergonzado, pero no pudo evitar sonreír al ver la expresión de Deidara, que era aún más confiada que antes.
Sasori miraba la escena con una mirada casi imperturbable, pero su rostro no dejaba de mostrar una ligera mueca.
—Esto fue entretenido... aunque no creo que nadie esté sorprendido —dijo en su tono monótono.
Deidara, disfrutando de la confusión que había causado, miró a todos con una sonrisa traviesa.
—¿Qué? ¿Creían que no iba a pasar? —su tono era uno de burla juguetona, disfrutando de las miradas sorprendidas de sus amigos. Al final, todos sabían que no había nada que esconder.
