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—¿Qué haces?
Aziraphel interrogó con ese tono de voz suyo y los labios fruncidos, adorable, aún así Crowley sintió el temor frío en su nuca.
—¿Ordenó... Nuestros tés?— respondió obvio y mareado, sujetando las dos tazas de té en las manos. Levantandolas de la barra de Nina y saludando a esta con la cabeza.
—Si, ya lo sé, pero tú solías hacer eso ya antes— Aziraphel estaba demasiado ocupado lidiando con la confusión que lo habitaba hace ya un tiempo como para detenerse a ser más específico con sus palabras. De todos modos no importaba, Crowley lo entendía, y se regocijaba con eso.
—¿Debería hacer algo distinto?
—Se supone que debería ser distinto— el angel lo siguió hasta su mesa, agitando las manos al hablar— tu y yo...
—¿Tu y yo?— Crowley sonrió de lado mostrando los dientes y deslizó la taza por la superficie.
Aziraphel dió un sorbo y era un abrazó caliente con sabor a su té favorito, y su endulzante favorito. Pero nada de eso era nuevo, Crowley hacia esto antes. Y no se lo estaba poniendo fácil, lo estaba pinchando.
—Si, ya sabes, desde antes...
—¿Desde antes de tener el vergonzoso arrebato de besarte en la boca para que no me abandones hace una semana?
—Yo no iba a...
—Como sea.
—Y no fue vergonzoso.
—Aziraphel
—¿si?
—¿Cuál es el motivo de tu enfado está vez? Me fascina ver tu estúpido rostro fruncido, pero ten algo de respeto por la hora del té.
—¡No estoy... No estoy enfadado— Aziraphel se inclinó sobre la mesa para susurrar y Crowley lo imitó para poder oírlo, lo que dejó a sus narices más cerca de lo que él esperaba y lo hizo volver a retroceder— solo pensé, pensé, los humanos... Sus conductas son diferentes para con sus amigos a las con sus...
Crowley lo observaba en silencio, lucía como si esperara a que acabará de hablar para responderle, salvó que Aziraphel hizo una pausa enorme y Crowley no estaba hablando. Lo que era un tormento teniendo el cuenta la verborragia de Aziraphel en momentos de tensión, como el actual silencio. Crowley estaba esperando que lo nombre, le estaba dando toda la carga, él casi podía oírlo al fondo de su cráneo, "Vamos, ángel, di que quieres que sea esto"
—¿"Parejas"?— Aziraphel arriesgó con voz temblorosa y suave.
Crowley tosió y bebió té como nunca antes había venido nada que no tenga alcohol.
—¿Hay algo en como te he tratado durante estos años que necesites que cambie urgentemente?
—No, yo no...
—¿Te gustaría que nos tomemos de la mano al caminar... Cruzar la calle de tu librería hasta aquí?
—¡No! Bueno... Tal vez, de vez en cuando.
Crowley abrió los enormes y reptiles ojos por un segundo y rápidamente volvió a relajar su expresión, algo que Aziraphel no noto muy bien detrás de esos lentes de sol.
—Es solo que...— Aziraphel se retorció en su asiento y tomó la taza entre las manos, calentandolas— se siente bastante similar en mi corazón, esperaba...— se tocó el pecho y respiró. Siguió hablando mirando algún punto detrás del hombro de Crowley y este sonreía escuchándolo— esperaba que algo cambiará, eso me daba un poco de miedo, si puedo confesar. Ahora solo, me siento más liviano. Lo que es una tontería...
Crowley lo besó. Otra vez. Está era la segunda. Dos en una semana, Aziraphel casi lanza la taza, lo que hubiera sido un desastre teniendo el cuenta el temperamento de Nina. Crowley se había levantado despacio, le tomó las mejillas y lo besó suavemente. Muy diferente al primer choque de labios y tirón del cuello de su traje que había recibido hace unos días.
—Te voy a tomar de la mano en cuanto nos levantemos, pero por favor ya no... Ya no más sentimientos y ojitos, ángel.
Aziraphel no tenía idea de cómo hablar sobre esto, es nuevo, son ¿"Pareja"? O algo así. Él paso sesenta siglos rodeandose de las costumbres humanas, la música, la danza, el teatro, la comida, pero ignoro estrepitosamente el amor, casi adrede, sabe de el, de lo que los humanos suelen hacer, citas, matrimonio, sexo, hijos, tumbas una junto a la otra. Pero decidió ignorarlo por completo.
Y Crowley lo besó, lo que fue terrible y hermoso y él correspondió, y ahora no entiende porque no hay nada diferente, sabe que ama a Crowley. Está bien, ¿Por qué las citas, el matrimonio, el... No aparecen mágicamente? Cielos, él sabe que no funciona así, pero hay algo que no encaja.
—Estuvimos...—Crowley volvió a su asiento y tomó su taza mirando por la ventana—... Actuando como actúan las personas que se aman por seis mil años sin darnos cuenta— sorbio con tranquilidad, como si no acabará de lanzar una bomba a los pensamientos de Aziraphel.
—Cierto— asintió por inercia mientras aún lo procesaba.
—¿No es estúpido?
—Es lindo.
—¿Aún quieres que nos tomemos de las manos?
—Creo que tú quieres hacerlo más de lo que yo querría— Aziraphel dió un último sorbo y sonrió con los ojos sobre su taza.
Crowley bajó su taza, la cual tuvo la suerte de no ser estallada contra la mesa. Se levantó de un saltó y Aziraphel solo pudo seguirlo con la mirada.
—¡Voy a abrir la librería!— habló y salió a largas zancadas.
—¡Vuelve aquí! ¡No hay nada que vender de todos modos!
Aziraphel lo encontró en la puerta dos minutos después, con los brazos cruzados y sacudiendo su pie contra el suelo.
—Esta cerrado— Crowley informó y Aziraphel sacó las manos de los bolsillos de su abrigó y sacudió el llavero.
Abrió la cerradura y no abrió la puerta, en cambio, apoyó un dedo en su mejilla sonrojada y golpeteo. Crowley tardó una caótica fracción de segundo en entender.
—¿Qué haces?
—Paga la entrada.
—No voy a...
Aziraphel afiló la mirada y apuntó su mejilla por última vez. En sus ojos se leía claramente "Hazlo, demonio o te juro por las leyes divinas que no podrás entrar". Crowley bufó, se inclinó y le besó la mejilla en medio de la hora pico de Soho. Aziraphel chilló sonriente y emocionado y empujó la puerta, haciéndose a un lado con un "Después de tí".
—Eso es nuevo— habló cerrando detrás de él y Crowley estaba parado en medio de la librería mirándolo con los brazos cruzados.
—¿Oh? ¿Te parece que que yo esté dispuesto a hacer cualquier tontería que te haga feliz o que me órdenes es nuevo? No haz estado prestando atención— dió unos pasos hacia él y Aziraphel se pegó la espalda a la puerta como reflejo de supervivencia
—Bueno, yo...
—Angel...
—Ese tono es nuevo— lo interrumpió, señalandolo.
—¿Qué?
—El tono que hace tu voz... El "Angel" era un insulto al principio, un chiste luego, un apodo divertido, ahora es...
—Callate
—Esta bien.
Crowley dió unos pasos más y se quedó allí, a veinte centímetros, mirándolo, mirándole la boca, y respirando. No era incómodo, pero Aziraphel se estaba desincorporando.
—Crowley...
—Shhh
—Es que...
—Ya lo sé, dame un momento
—No es eso, yo... Quería que sepas que puedes... Mn, tienes mi permiso para besarme cuando quieras.
—¿Eh?
—Como ahora, por ejemplo.
Crowley subió su vista y lo miró directo a los enormes ojos azules.
—Oh... O podemos seguir respirando el aire exhalado por el otro, eso es... Romántico— Aziraphel sonrió y sus mejillas hicieron esa cosa que hace que Crowley quiera morderlas.
Estaba completamente perdido, Crowley, como todo demonio que se respetase, tiene en su conocimiento un amplio abanico de tentaciones humanas, y está seguro de que así se sienten todas las que refieren al amor. No conoce de costumbres humanas por pura diversión como Aziraphel, las conoce porque trabaja volviendolas en su contra. No sabe del amor reflejado en citas y matrimonio, él sabe de adulterio y sexo extramatrimonial, y una larga lista de fetiches que le gustaría olvidar que existen, y celos, y clubes nocturnos. Y a él le gustaría haber visto más citas en su vida, y lo que sea que los humanos hagan cuando están real y sanamente enamorados.
Pero al diablo lo que los humanos hagan, él no es uno, él quiere mirar el rostro sonrojado de Aziraphel demasiado cerca y quiere sentir que está allí y que es real y que no lo abandonó.
—Aziraphel— su voz salió ronca, demasiado, y su rostro estaba comenzando a caerse hacia el hueco en en hombro del ángel.
—Oh— Aziraphel soltó una adorable onomatopeya y lo abrazó, una mano en la parte posterior de su cabeza y otra en su espalda, y dió palmaditas.
—No quiero dormir con una secretaría— balbuceo y Aziraphel abrió sus ojos confundido y divertido en partes iguales.
—¿El té era normal, cariño?
—No quiero tener sexo sucio, ni ver bailar humanos desnudos en bares aún más sucios, y no quiero divorciarme y traumatizar a mis hijos.
Aziraphel lo tomó por los hombros y lo alejo de un tirón. Crowley se quitó las gafas y las lanzó hacia el escritorio a un par de metros de distancia. Estaban tristes, dos dorados y tristes ojos de reptil.
—¿Quieres que hablemos de algo, cariño?
—¿Desde cuándo me llamas así?
—Ahora mismo, y no dejaré de hacerlo, no insistas.
Crowley tosió incómodo, buscó el sofá con la mirada y se lanzó en él, con las piernas estiradas, haciendo que Aziraphel lo siguiera como a un niño.
—No harás nada de esas cosas, ¿te preocupan?
—Esas son... Las únicas cosas que he visto en detalle hacer a los humanos en pareja.
—Eso no es cierto. Tenías razón, me has tratado con cariño genuino todos estos años, tu... Crowley, no eres solo un demonio ni solo un ángel... Nunca has sido solo blanco o negro. Eres... Conoces a los humanos y al amor mejor que yo. Encontraras la manera... Porque claramente yo no lo haré, tal vez te obligue a que me beses de vez en cuando.
—Tal vez te bese sin que me obligues— Crowley habló con la voz cortada y Aziraphel sonrió emocionado como un niño.
—¿Ah sí?
—Si...— Crowley miró al suelo y susurro un balbuceó—... Tal vez hagamos más que eso.
—¿Qué?
—Estoy por enloquecer, no deberías escucharme. Un demonio loco. Voy a acomodar libros.
Se levantó, pasó por delante de Aziraphel y salió corriendo escalera arriba. El ángel se quedó totalmente estático y sonriendo confundido.
Eventualmente Crowley tuvo que bajar, era tarde, el sol daba sus últimos rayos rosados y Aziraphel trabajaba en su escritorio con música clásica de fondo cuando sintió los escalones debajo de los zapatos elegantes de Crowley.
—¿Acomodaste libros?
—No, dormí una siesta.
La voz estaba en su espalda más cerca de lo que el mapa mental de la librería que habitaba en el cerebro de Aziraphel había deducido que estaría parado Crowley, lo que en resumen lo hizo asustarse, voltear y maldecir en la cara del demonio.
—¡Mierda!
Crowley sonrió de lado y arrastró una silla para poder sentarse junto al escritorio. Aziraphel lo miró, tensionado, y continúo trabajando. Crowley lo observaba en silencio.
—¿Y... Te sientes mejor?
—Me siento mejor... ¿Te puedo besar ahora?
—¡Crowley!— Aziraphel chilló.
Era un regaño. Espera. ¿Regaño por qué? ¿Por querer... No. Él ya tenía un permiso.
La mente de Crowley trabajó en eso por un segundo antes de entenderlo e inclinarse para besar los labios suaves y rosados del ángel. Una mano en su mejilla y otra en su muslo, presionando, su lengua pidiendo entrar. Eso era nuevo, notó la tensión pero rápida relajación en los hombros de Aziraphel. Abrió los labios lentamente y Crowley entró y bebió como un muerto de sed en medio del desierto, y salió, besó con ruido infantil y superficial los labios otra vez y volvió a profundizar, y el movimiento mareo un poco a Aziraphel. Soltó la pluma y lo que sea que estaba haciendo y se aferró al sacó negro del demonio, abrazándose a su espalda.
Crowley intento alejarse despacio para mirarlo pero Aziraphel lo presionó contra él y continúo besándolo. La mano en el pantalón beige se resbaló hacia arriba no demasiado como para ser indecente pero lo suficiente como para ser peligroso. Y entonces lo escuchó, Aziraphel estaba demasiado distraído como para guardarselo y el gemido placentero se filtro hasta vibrar dentro de la boca de Crowley. Y todos sus sentidos se apagaron. Tiró del angel y presionó el besó y no sintió nada hasta que Aziraphel lo alejo con gentileza.
Estaba rojo, todo el rostro teñido de rosado, y una mano acariciaba sus propios labios, ojos brillantes en shock.
—No es...— Aziraphel respiro para hablar con normalidad, o lo más cercano a ella— no quise, no es una queja ni nada parecido, tal vez si no me hubiera tomado desprevenido— Crowley comenzaba a sentirla dentro de su boca— pero tú lengua repentinamente...
Crowley intentó hablar pero solo pudo sisear y corrió a taparse la boca con ambas manos.
—Mi...erda— balbuceó como si estaría mascando un chicle gigante mientras su lengua humana volvía a formarse.
—¡No me molesta!— Aziraphel lucía como si quisiera volver a abalanzarse sobre la boca ajena pero Crowley lo detuvo por un hombro.
—Estupido pervertido, sé que no te molestaría— bromeó y el ángel sonrió de lado, seguía siendo adorable.
—Me gustó— Aziraphel susurró y Crowley se acercó para hablar al mismo volumen.
—¿Te gustó?
Aziraphel lo miró a los ojos y entonces solo estaban él y sus sonrojos intensos contra el mundo.
—Me- me refiero al beso, tonto. No... No a la forma de tú lengua.
—Si, lo sé.
—Aunque no tengo ningún problema con ella.
—Cierra la boca.
Aziraphel se sentó recto y acomodo sus manos en su regazo, esa pose elegante que adapta cuando se cerebro se queda en pausa. Crowley lo admiró en silencio. No podía evitar mirarlo últimamente, aunque en retrospectiva siempre fue así, sus ojos siempre se desviaban hacia el ángel. Su rostro de expresiones dulces, su nariz respingaba, su enorme, blanca y genuina sonrisa. Pero últimamente, no había nada que lo detuviera, no tenía frenos y estaba haciendo el ridículo.
Aziraphel tosió.
—¿Qué estamos...— lo observó por el rabillo del ojo.
—¡Ugh!— Crowley se levantó enfadado por segunda vez en el día, arrastrando la silla hacia atrás con un ruido sordo— ¡eres exasperante!
Salió de la librería azotando la puerta y dejando bailar la campanilla. Aziraphel parpadeó confundido.
Decidió que era, a su manera, normal, así que cerró la puerta principal con llave a la hora exacta, y con un vinilo rodando con canciones relajantes, estaba en proceso de tomar su té y galletas y colocarse el pijama, y ya no esperaba tener noticias de Crowley hasta mañana por la mañana cuando la puerta volvió a abrirse por un milagro demoníaco.
—¡Estoy desesperado!
—Buenas noches.
Podría decirse que Aziraphel estaba acostumbrado a los arrebatos frenéticos sin explicación previa, lo estaba desde hace años, no eran exclusivos de esta semana.
Crowley azotó la puerta, volvió a girar la llave y estampó las manos contra los pestillos para trabarla una vez más. A Aziraphel le hubiera dado la impresión de que estaba teniendo un ataque cardíaco si fuera humano. Crowley respiró agitado, lo miró y Aziraphel descansó el peso sobre una pierna, con los labios apretados en esa expresión de decepción paternal.
—¡Estoy enamorado de ti!
—¡Lo sé! ¡¿Por qué estamos gritando?!
—¡No siento que lo sepas!
—¡Yo lo sé! ¡También siento lo mismo!
—¡No!— Crowley dió un paso adelante y levantó un dedo mientras se quitaba los lentes. Lo señaló acusador y Aziraphel le vio los ojos brillantes— ¡tu no! ¡Yo siento... Que me derrito! ¡Siento que estoy... Agh, ángel!
Aziraphel relajó su expresión y camino hacia él con pasitos tranquilos. Lo abrazo por los hombros con cuidado y sonrió, algo a lo que Crowley estaba acostumbrado, se dejó derrumbar contra el cuerpo contrario. Estaba cansado, y realmente dolía.
—Tienes que relajarte, no quiero que te lastimes.
—Me he sentido así por tanto tiempo, y ahora que tengo la libertad de expresarlo, no sé cómo seguir siendo normal, no recuerdo cómo fingir estar cuerdo, Aziraphel, parezco demente.
—Esta bien, nunca fuiste bueno luciendo normal de todas formas
—Ja, ja— fingió una risita y volvió a acostar su cabeza en el cuello ajeno como está mañana— ¿Qué traes puesto?
—Esto...— Aziraphel lo alejó y se observó a si mismo. Era un pijama azul de seda brillante y botones dorados— es mi pijama.
—Eres tan ridículo. Te amo tanto.
—Ya... Ya lo sé — el ángel luchaba contra el impulso de sus mejillas de prenderse fuego.
—Tanto, tanto.
—Crowley.
—mmmh mn mm— Aziraphel no estaba del todo seguro como para arriesgar, pero si tuviera que adivinar, Crowley estaba tarareando una canción romántica de alguna banda de "Rock" o bib bop, lo que sea.
—Tambien te amo— Aziraphel lo tomó de las mejillas y alejó para verlo.
Era un desastre, el aspecto de Crowley había tenido mejores días que ese, estaba sonrojado, ojos acuosos, cabello sin peinar y Aziraphel tenía la teoría de que ese cuello de tortuga estaba al revés. Bajó las manos con caricias a ambos lados de su cara, desde las mejillas hasta los hombros y presionó como pinzas, el rostro de Crowley se deformó al instante.
—¿Sientes el peso de retener tus sentimientos por 6000 años aquí?
—Aziraphel
—Eres tan tonto.
—Amable de tu parte, muchas gracias.
—Sé que tú lo estás hace años, pero yo estoy listo, ahora mismo, para que hagas lo que quieras conmigo.
Las pupilas de los ojos de Crowley se ensancharon dentro del dorado de sus ojos, sus mejillas se colorearon y retrocedió un paso.
—¡Dios no!— Aziraphel lo retuvo sosteniendo su brazo— no así, bueno... Quiero decir, de cualquier manera, no exclusivamente esa. Porque sé que tienes ideas. Hace años y años, muchas ideas...— Crowley le regaló media sonrisa y Aziraphel respiró tranquilo— sobre nosotros, y yo te he hecho esperarme una y otra vez y tal vez temas avanzar, así que quería decirte que ya no tienes que hacerlo. Eso... De verme a la boca y no hacer nada al respecto, está comenzando a ser incómodo.
—Lo tendré en cuenta.
Aziraphel es adorable, y parlanchin, y suele ser accidentalmente divertido, Crowley ama todo esto.
—¿Si? ¿Dónde vas a dormir hoy?
—Mi auto
—Seria un increíble comienzo si duermes en mi cama.
Crowley había recuperado un poco su compostura, se paró de lado, acomodó el saco negro y el cabello, tenía las manos en los bolsillos del pantalón y la energía fría y desinteresada que intentaba mantener las 24hs del día hace siglos. Así que cuando Aziraphel soltó eso, él solo dió un paso adelante e intentó explicarse con movimientos de manos fingiendo que no estaba entrando en combustión interna.
—No tengo idea de si somos físicamente capaces de hacer eso, además...
—¡No es...! ¡Me refiero a simplemente ocupar la misma cama! ¡No duermas en tu pobre auto!
—Oh— Crowley volvió a llenar sus pulmones— claro, si... Pero tu no duermes.
—Puedo leer junto a ti mientras tu...— la sonrisa enamorada y entusiasta de Crowley arruino por completo su vibra mística y despreocupada—... Duermes. ¿Qué ocurre?
—No, nada, nada, buena idea.
