Work Text:
Camino desesperado hacia el espejo, buscando verla otra vez, mis ojos hinchados de las lagrimas se centran en el cristal frente a mi, durante minutos solo veo mi asqueroso reflejo, mis cabellos desarreglados y sucios y mi tosca barba que adorna mi rostro. Cuando lagrimas empezaron a brotar de nuevo, aquella criatura se mostró enfrente mío, sus ojos un color miel que penetraba mi alma, su piel parecía porcelana adornada por su larga cabellera que llegaba hasta tus tobillos, resaltando su delgada figura.
Intente decir algo, pero todo lo que salió fueron llantos, ahogadas penas dadas forma mientras que mis propias lagrimas brotaban hacia el suelo, ella me miro con lastima, de la misma forma que mirarías a un perro abandonado, polvoriento y enfermo. Con una sonrisa en sus labios esta imito el habla, pero nada salió de su boca, yo rogaba por escucharla, mis intento de palabras rogaban por al menos saber como era su voz, pero sabía qua aunque intentara nunca lo sabría, lo cual solo me hizo lloriquear más. Viendo el desastre enfrente suyo ella parecía dar una carcajada antes de volver a su perfecto estado natural, una mano sobre la otra y sus piernas cruzadas, como si fuera una pintura que alguien tomo años en hacer con cuidado.
Cuando por fin mis lagrimas cesaron, la mire de nuevo, esta vez ella estaba mirándome directamente, se acercaba lentamente, nuestros manos chocando contra la puerta que nos separaba, la una contra la otra mientras desesperadamente intentaba agarrar su mano, una y otra vez. Cansada de este ciclo ella puso su mano en su rostro y acomodo su cara ahí, en ese momento entendí lo que debía de hacer para poder tocar su realidad de una vez.
Imitándola, puse mi mano en mi rostro, apoye mi mejilla en la palma de mis manos dejando que mis dedos reposasen en el borde de mis ojos, respire pesadamente antes de mirar de nuevo al espejo, la mirada expectante de la chica mientras su sonrisa parecía solo crecer, hundí mis uñas y de un movimiento empecé a arrancar. El calor sobre mi carne mientras mi sangre teñía mis uñas era una sensación placentera, tanto que casi me hizo olvidar el dolor que sentía, aún así no me detuve, mi mano desesperada empezó a arrancar toda la piel que pudiera alcanzar, mi mejilla cayendo al suelo junto a trozos donde alguna vez estuvo mi barba. Mi otra mano ágilmente se unió al baile, arañando mi piel hasta que mi rostro fuera nada más que una irreconocible calavera con trozos de carne sobre ella y unos ojos de miel, pero la figura al otro lado del espejo seguía riendo.
Para probar mi devoción seguí el ritual, mis manos tomando mis brazos y quitando la piel hasta que mis uñas se desquebrajaran y rompieran, el dolor haciéndose más intenso mientras arrancaba mi piel a la fuerza de cada parte que pudiera encontrar, mi pecho, mis brazos, mis piernas, nada quedo. Era nada más que una horrenda masa de carne y huesos, el viento que entraba por la ventana cortaba como cuchillas y la sangre que chorreaba de todo mi cuerpo amenazaba con matarme de una vez, pero lo que importaba es que la figura finalmente se desvaneció, me vi a mi misma en el espejo.
