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Bizcocho de cumpleaños

Summary:

Fred es sorprendido a mitad de la noche por su amado.

Notes:

Escribí esto mientras escuchaba canciones de Centimilimental, ¡espero disfruten la lectura! <3

Work Text:

El sueño de Fred era ligero. Siempre precavido y anticipado para cualquier ataque repentino. Aunque mantuviera un perfil bajo en la actualidad, su infancia le enseñó a dormir con un ojo abierto y otro cerrado, y el hábito no se deterioró pese al paso de los años y la comodidad que tuvo cuando empezó a dormir en una cama de verdad. Quizás había sabido nivelar su impulso hacia un ataque directo cuando sentía movimiento a su alrededor, pero la desconfianza prevalecía en el fondo de su conciencia.

Esa noche, cuando sintió unos golpes sordos en el pasillo indicativos de los pasos de una persona, sus instintos no reaccionaron al inicio, solo su oído se agudizó. Eligió culpar de las pisadas a Herder, que quizás se había levantado para ir al baño, o tal vez Bond decidió tomar un té antes de seguir durmiendo. Trató de descartar la situación hasta que percibió el ruido acercándose.

Paso. Paso. Paso.

El crescendo de estos iban encaminados hacia su habitación. Fred entreabrió sus ojos al descartar las anteriores posibilidades, sabiendo que el baño está en la dirección contraria al igual que la cocina. Se trataba de alguien que venía probablemente a su habitación. Era plena madrugada, no se le ocurrieron motivos particulares para que alguien de su equipo anduviera despierto, consideró una posible emergencia, pero el silencio que acompañaba a la persona no identificada no favorecía este razonamiento. Sus instintos se activaron, pero no sé movió de la cama ni siquiera al escuchar la puerta de la habitación abrirse.

No habían tocado ni dado un aviso previo a la irrupción. Esto era impropio de cualquiera de sus seres queridos. Todos ellos tenían el hábito de llamar a la puerta antes de entrar, o hablar para informar su presencia y ninguno tenía la costumbre de insertarse en su pieza a mitad de la madrugada.

Cerró sus ojos inmóvil al sentir a la persona moverse, haciendo uso de sus habilidades para fingir la vulnerabilidad del sueño. Cuando esa persona estuvo lo suficientemente cerca y Fred sintió que la mano ajena buscaba posarse sobre su hombro, eligió actuar: Fred reaccionó tirando del brazo ajeno con toda su fuerza para colocar a la persona contra el otro lado de la cama, sacó su cuchillo de debajo de la almohada, velozmente se colocó encima del desconocido con el fin de inmovilizar sus brazos con una mano y utilizando el cuchillo con su otra mano para amenazar el cuello ajeno.

Entre sus movimientos de contraataque y su destreza, fue difícil percatarse de quien era la persona a la que estaba atacando. 

La oscuridad de la habitación no permitía distinguir ningún rasgo facial, ni siquiera la luna proveía luz por las nubes que la envolvieron como un velo blanco. Sin embargo, antes de que Fred pudiera tomar un curso de acción… una pequeña risita salió de aquellos labios. Esa hermosa melodía era muy familiar para él y se sintió como una suave brisa, aliviando cualquier tensión en su cuerpo en un instante y logrando que Fred incluso se sonrojara.

Inmediatamente, el joven soltó el cuchillo y balbuceó una disculpa, avergonzado por sus acciones.

Louis extendió su mano hacia el cabello de Fred, con una sonrisa nostálgica enmarcada en su rostro. Este momento le había traído a la mente una antigua rivalidad que sentía por él y rememoró en un segundo lo mucho que los sentimientos podían cambiar.

—No trataba de ocultar mis pasos, admito que busqué esta reacción tuya—murmuró Louis, dejando que la confidencia de sus intenciones perteneciera solo a los oídos de su amado. El tono era increíblemente dulce para Fred, acelerando su corazón en hermosos latidos. Era cierto, ahora que reflexionaba en ello, Louis estaba adiestrado en cómo insonorizar su andar, y sin embargo, no había tratado de disimular su llegada.

Los dedos de Fred se apartaron de las muñecas del otro, permitiéndole a Louis liberar sus manos y tomar la nuca de Fred para atraerlo a su persona. La cercanía causó un estremecimiento breve y un ligero temblor de parte del menor, sus movimientos eran nerviosos, pero Louis logró guiarlo hacia un casto beso. La pureza de los sentimientos, la suavidad de la inexperiencia y la delicadeza de su tacto definieron aquella muestra de amor durante los segundos de duración.

Todo el cuerpo de Fred estaba congelado en su sitio, y Louis trató de contener una suave risita para seguirlo besando.

La boca de Louis estaba más dulce de lo habitual, pensaba Fred vagamente, sintiendo un pequeño escalofrío cuando la lengua del rubio lamió sus labios. Aquello lo tomó por sorpresa y el impulso lo llevó a apartarse.

Sentía la sangre acumularse en su rostro, y Louis pudo sentirlo mediante sus dedos que subieron para tocarle la mejilla con cariño.

En ese segundo, las nubes finalmente se apartaron en el cielo, permitiéndole a la luna reflejar luz para la tierra. Por la ventana, aquellos hilos lumínicos, que generaban una sensación de magia, lograron llegar hasta la cama, hacia las dos personas que yacían encima.

Fred pudo apreciar el rostro de su amado con claridad. Su sonrisa, suave en su manera, brillaba debido a la humedad de sus anteriores besos. Sus ojos se veían más violetas, como si un amatista reflejara su brillo en ellos, pero, más allá del color, había un sentimiento fuerte expresado en su mirar, escondido debajo del amor y regocijo por su unión. Había melancolía y dolor. Esa tristeza proveniente de una herida irreparable. Aunque sus ojeras habían mejorado en ese último tiempo, su rostro ya no estaba tan demacrado como los primeros días y su expresión no era tan desconsolada como en un inicio.

Tal vez en apariencia se había recompuesto. Pero su mirada estaba hundida en un vacío, como si se hubiera sumergido al abismo y estuviera a la deriva levitando en él, sin encontrar un fin a su ciclo, solo existiendo con un insoportable pesar.

Y, aún así, se las arreglaba para sonreír.

—Feliz cumpleaños, Fred—murmuró el rubio con un pequeño sonrojo abarcando sus mejillas como apenas un rubor, pero Fred pudo sentir el calor de su piel y las buenas intenciones en sus deseos.

El cumpleañero estaba conmovido por las palabras que lo llevaron momentáneamente a los recuerdos de años anteriores, de las celebraciones sencillas y momentos más animados. Su corazón se ablandó al pensar en William, quien había sido gentil en compartir el festejo de un día especial con él; en Moran, que no era bueno dando regalos, pero se esmeraba en darle un buen presente; y en Albert, que le daba elogios para animarlo mientras bebía vino. Para Fred, que jamás había celebrado un cumpleaños antes de conocer a los Moriarty, le hacía feliz pensar en esta fecha y lo apreciado que le hacían sentir. Incluso llegó a llorar por la amabilidad de todos, alegrándose tanto por tener una familia.

Y ahora estaba solo con Louis, quien pasó su propio cumpleaños trabajando para no quebrarse, dispuesto a celebrar este día por lo mucho que significaba para Fred.

—G-Gracias—balbuceó el más joven enternecido. Más allá de las felicitaciones, agradecía las intenciones, el deseo por su felicidad. Aquello era valioso. Aunque temió que Louis le estuviera forzando la situación a su corazón solo por él.

Otros besos lánguidos y cuidadosos fueron intercambiados. Louis atrajo a Fred con sus brazos, deslizando sus labios por la mejilla ajena con dulzura para poder susurrarle al oído: “Preparé algo para ti”.

La reacción de Fred fue mucho más que un poema, fue un libro entero en blanco porque su mente se nubló y no pudo pensar adecuadamente. No sabía a qué se refería con esas palabras, pero esa frase por sí misma implicaban un mundo. Saber que pese a todo Louis se había esmerado haciendo algo por él, le hizo sentir incluso avergonzado.

Antes de que pudiera preguntar al respecto, Louis les dió la vuelta para colocarse encima y posterior a esto se bajó de la cama, haciéndole un gesto con la cabeza de que su regalo estaba afuera. Fred había perdido el aliento ante el movimiento, pero se recompuso, apresurandose en buscar sus zapatos y seguirlo, haciéndose una idea de a dónde irían.

Fred fue guiado hacia la cocina por la mano de Louis, los pasos eran temblorosos debido a la expectación mutua. La iluminación era tenue dado que las llamas de las lámparas de gas estaban apagadas. En medio de la madrugada, caminar por esos pasillos los hizo sentir como si estuvieran envueltos en alguna travesura y se estuvieran dando a la fuga del mundo. Sus dedos entrelazados en el romance secreto, el silencio envolviendolos y algunas miradas significativas de las que solo fueron testigo las paredes.

Al cruzar ambos el umbral de la puerta, Fred pudo ver que en la encimera había un pequeño bizcocho de vainilla en un plato, rodeado de algunas velas encendidas que ayudan a centrar la atención en el postre. No estaba decorado y parecía recién horneado por el delicioso aroma que desprendía. Era de una receta sencilla, pero era la favorita de Fred, podía estar seguro de ello solo por el aroma; le conmovió enormemente el gesto, que Louis cocinara algo solo para él le hizo llevar su mano a su corazón, intentando calmar los latidos salvajes del hermoso sentimiento que lo dominaba.

—Pensé en hacer la crema para decorar.—Fred se giró al escucharlo explicar. Louis no lo estaba mirando, pero su voz frágil era una prueba contundente de sus ganas de llorar— Pero supongo que me ganó la nostalgia; a mis hermanos les gustaba saborear la mezcla, ayudar a prepararla y luego apropiarse del recipiente para devorar los restos. Sé que no es mucho, pero...

Louis dió unos pasos titubeantes hacia el bizcocho. Había pasado el día anterior decidiendo cómo lo decoraría, incluso había ideado un diseño inspirado en algunas de las flores que Fred solía cuidar, tenía todo listo en su mente y los ingredientes estaban ya medidos. Sin embargo, cuando tomó la paleta para mezclar, los fantasmas aparecieron para recordarle a las personas que no estaban a su lado. Y, aunque se resistió ante el dolor emocional, no pudo intentar preparar la crema, porque la pesadez lo había envuelto por completo en una angustia que le pedía gritar.

El corazón de Fred se oprimió un poco ante la situación, sabía lo valioso que era cocinar para Louis y lo doloroso que a veces era para él seguir haciéndolo. Fred se acercó con firmeza y abrazó a su amante con fuerza, deseando protegerlo de todas las tristezas y males del mundo. Sus brazos no conseguían abarcar todo lo que quería abrazar de Louis, y se sintió débil al escucharlo ahogar un sollozo.

—¡Muchas gracias por hacerlo, en serio! Y... n-no te contengas... eso... duele mucho, ¿verdad?—dijo Fred, no queriendo que su amante siguiera coleccionando los sentimientos más tristes en su interior. Louis trató de resistirse al sentimiento, quería seguir actuando que podía con todo, pero hubo un momento en que no pudo evitar romperse, y solo se aferró a Fred.

Louis era fuerte, Fred lo admiraba mucho por todas las cosas que había resistido y por su esfuerzo constante. Sintió la energía de vivir agotada en el rubio hace mucho tiempo, e igualmente tiene la fuerza para tratar de ayudar cada día, de esforzarse para ser digno de su puesto en el trabajo e intentaba hacerlo mejor cada día. Louis evita exteriorizar sus emociones, conteniendo toda su depresión para sí mismo, y eso ha hecho que la tristeza lo consuma desde lo más profundo de su corazón. Porque ignorar una herida no hace que sane.

—Lo siento, Fred, no sé porqué yo…—murmuró Louis dejando su rostro en el hombro ajeno, eran este tipo de días los que exprimían su corazón con fiereza. Fred sintió su camisa húmeda, y pensó en que las lágrimas de Louis eran cálidas— aunque es tu cumpleaños, yo simplemente estoy...

—Está bien, todo está bien—susurró Fred atrayendo al rubio contra sí, sintió que las piernas del contrario temblaban vagamente y decidió llevarlos con gentileza hacia el suelo de la cocina—. Me alegra que puedas desahogarte.

Fred, en algún momento, comenzó a llorar a su lado, porque ver a Louis expresar su sufrimiento tan abiertamente implicaba un punto de quiebre enorme. Louis, que había sonreído incluso mientras miraba al cielo estando tan solo entre las paredes de su oficina, negándose a aceptar el luto.

Sus hermanos estaban vivos. Ambos. Nada haría que Louis dudara de ello, incluso si pasan cien años y su cuerpo se descompone, esperará por ellos hasta el final. Pero la esperanza no borraba la añoranza, extrañaba a sus hermanos con cada fibra de su ser, y hacer el bizcocho había sido un recordatorio contundente de su ausencia.

Ambos estuvieron abrazados por horas. Fred piensa que incluso Louis debió haberse adormecido luego de tanto, sus ojos cansados debieron haberse cerrado y esos minutos donde solo escuchó su respiración lenta, debió haber estado soñando. No hablaron mucho en ese tiempo, Fred murmuraba palabras afectuosas cuando Louis se comenzaba a disculpar una y otra vez por su debilidad. La voz del rubio incluso se había puesto un poco ronca y sus labios tenían el sabor salado de su tristeza.

Las velas se desgastaron hasta apagarse. Aunque la penumbra de la cocina no fue feroz, no cuando la llama de sus corazones que buscaban consuelo habían encontrado cómo mantenerse fuertes. Y con el pasar de las horas, y el amanecer presumiendo su entrada, una luz fue llegando desde la ventana, un tono naranjoso que contrastaba con el ambiente. Empezó como un pequeño resplandor y se convirtió en un rayo de vida. Lentamente impactó con el cabello de Louis hasta hacerlo brillar con hermosura.

Aquella calidez atrajo la atención del rubio, el frío de la madrugada que había helado sus huesos fue olvidado por un segundo, decidiendo buscar aquello que le traía esperanza. El rubio lentamente se levantó y contempló con sus propios ojos el nacer de un nuevo amanecer, el inicio de un nuevo día.

No tenía una visión clara del sol, no podía verlo estando rodeado de tantos edificios, pero estaba allí, en algún lugar del cielo. Haber liberado sus sentimientos fue reconfortante a su manera, exhaló con pasión y miró hacia su amado, sonriendo con genuinidad y tendiendo su mano para que sintiera la luz

—Está amaneciendo…

Fred se levantó a su lado y contempló a Louis más de lo que vió al mundo que despertaba mediante esa pequeña ventana. La tristeza no se había ido en el rostro de Louis, su expresión se marcaba más por él estrés, sus ojos estaban hinchados y sus labios se habían secado, pero había en su sonrisa un rastro grande de amor.

Mientras contemplaban el cambio del mundo y como cada día se reiniciaba en oportunidades, decidieron probar el olvidado bizcocho. Saborearlo y sentir el hogar en su paladar. Tenía un buen nivel de cocción, estaba en su punto exacto y Fred pensó que podría vivir comiendo solo eso por el resto de su vida. Los besos volvieron a ser dulces, y algo húmedos por el jugo de manzana que decidieron tomar para acompañar.

Cuando Louis intentó volver a disculparse por la situación, Fred lo calló con un beso. Suave y gentil en su inicio, pero luego los alientos se vieron mezclados, y con ello las pasiones.

—El próximo año te daré un pastel digno, Fred. Lo prometo.

Fred lo miró y, con las mejillas sonrojadas por los últimos besos, pudo pronunciar apenas: “Celebremos tu cumpleaños tambien. Estemos juntos el siguiente año y todos los que sean posibles”.