Work Text:
Para Julian, era difícil concentrarse en tocar su guitarra con Alex allí, con las rodillas en el piso, inclinándose hacia él, como si no tuviera idea de lo que es el “espacio personal”.
Le resultaba incómodo y, sobre todo, molesto. Pero no por las razones que uno pensaría.
Si no porque no podía concentrarse en nada más que en el cuello descubierto de Alex.
¿Desde cuándo el mocoso había comenzado a dejar dos botones desabrochados?
Parecía ridículo que se diera cuenta de eso ahora, cuando Alex lo hacía desde siempre. Lo notó justo en este momento, mientras tenía a Alex arrodillado a su lado, en el suelo de madera del sucio y mal decorado departamento.
A veces se sentía mal por traer a Alex hasta allí, pero el mocoso nunca se quejaba, así que no tenía por qué importarle.
Julian se recargó contra la pared, dejando que la guitarra descansara sobre su regazo. Fingió que seguía tocando, pero sus dedos apenas rozan las cuerdas, produciendo un sonido opaco, carente de intención.
Alex, ajeno a todo, siguió hablando.
—Encontré una banda nueva que me encanta, ¿te conté? —dijo, acomodándose mejor en el suelo de madera—. Tienen un sonido como… no sé, entre The Libertines y Television, pero más crudo, más…
Julián no estaba escuchando.
Miraba su boca.
Los labios de Alex se movían con facilidad, formando palabras que Julian no terminaba de procesar. Eran suaves, rosados, se curvaban en pequeñas sonrisas cada vez que hablaba de algo que le emocionaba. Su voz tenía un ritmo natural, casi musical.
El departamento estaba en penumbra, iluminado solo por la luz amarillenta de una lámpara vieja en la esquina. El ambiente se sentía cálido, pesado, como si el tiempo se hubiera ralentizado.
Julián dejó de fingir que tocaba. Sus dedos se deslizaron lentamente sobre las cuerdas, sin ejercer presión, sin formar ningún acorde. Sentía un zumbido en la cabeza, un calor incómodo en el pecho.
Alex seguía hablando.
—Las letras son buenas también, creo que te gustarían. Tienen ese estilo despreocupado que…
Julián se mueve.
Fue un gesto casi imperceptible, un ligero acercamiento. No lo pensó demasiado, solo se inclinó un poco más, apenas unos centímetros.
Alex no reaccionó.
Ni siquiera se lo cuenta.
Julian lo observó con atención, buscando algún indicio, algún cambio en su expresión que le indicara que tal vez sintió lo mismo, que tal vez estaba igual de jodido que él. Pero no encontré nada.
Y, sin embargo, estaba demasiado cerca para echarse atrás.
Se humedeció los labios y, en un impulso irracional, alzó una mano y la apoyó en la mandíbula de Alex, con la suavidad de quien teme romper algo.
El roce lo sacudió.
Alex parpadeó, sorprendido, pero no se apartó.
Julián lo besó.
Fue un contacto breve, apenas un segundo, como si su cuerpo hubiera accionado antes de que su mente pudiera detenerlo. Pero lo sintió con una intensidad absurda: el calor de su piel, la respiración de Alex contra su boca, la electricidad recorriéndole la espalda.
Y entonces, tan rápido como comenzó, terminó.
Julian se separó, con el corazón golpeándole las costillas, esperando—no, necesitando—una reacción.
Alex lo miró con una leve confusión, cargando la cabeza.
Y luego sonrió.
Pequeño, casual.
Casi como si nada hubiera pasado.
—Ah, sí, lo que te decía, —retomó sin esfuerzo, como si el beso hubiera sido un pensamiento pasajero— creo que te gustarían, deberías escucharlos
Julian sintió que el estómago se le hundía.
Se pasó una mano por el cabello, frustrado, tratando de encontrar algún rastro de tensión en el rostro de Alex, alguna señal de que lo había entendido, de que lo había sentido. Pero no había nada.
Nada.
Alex solo suena otra vez, ajeno, cómodo, sin darse cuenta de que Julian se estaba rompiendo por dentro.
La guitarra seguía en su regazo. Sus dedos se cerraron sobre el mástil con fuerza.
—Joder… —murmuró, apenas audible.
Y Alex siguió hablando, con la misma emoción de siempre, sin darse cuenta cuenta de que algo había cambiado.
O tal vez… sin darse cuenta de nada en absoluto.
