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El Gran Salón de la Fortaleza Roja resplandecía con la luz de cientos de velas, reflejando el esplendor de la corte de Viserys I Targaryen. En el trono de hierro,observaba con orgullo a su esposa, la reina Alicent, rodeada por los lores y damas de Poniente que le rendían respeto. Su posición parecía inquebrantable, su influencia incuestionable.
Pero en las sombras, la verdad comenzaba a gestarse.
Fue la princesa Rhaenys Targaryen quien sembró la primera semilla de duda en el corazón del rey. Una conversación al anochecer, palabras elegidas con precisión, suficientes para despertar una inquietud que Viserys no podía ignorar. La idea de que su esposa no solo despreciaba a su hija, sino que también podía haber participado en intrigas contra la difunta reina Aemma, se volvió una sombra persistente en su mente.
Viserys se encontraba en los jardines de la Fortaleza Roja, contemplando la estatua de un dragón alado cuando la princesa Rhaenys se acercó a él en silencio. Su expresión era seria, pero su mirada contenía algo más: una advertencia.
"Primo." dijo con suavidad, aunque su tono tenía un filo subyacente.
"Rhaenys." respondió Viserys con un suspiro, girando hacia ella. "¿Qué te trae aquí a estas horas?."
Ella se detuvo junto a él, observando la escultura con el ceño fruncido.
"Me preocupa, la Fortaleza Roja… y lo que ocurre dentro de sus muros."
Viserys arqueó una ceja
"Habla con claridad."
Rhaenys cruzó los brazos y lo miró fijamente.
"La muerte de Aemma…" hizo una pausa, midiendo sus palabras. "Fue demasiado conveniente para algunos."
El rostro de Viserys se endureció.
"¿Qué estás insinuando?."
"Aemma estuvo debil mucho antes del parto" continuó Rhaenys. "Los maestres la atendieron de una manera… inusual. Y poco después de su muerte, tu Mano movió cielo y tierra para que te casaras. ¿Nunca te pareció extraño lo rápido que sucedió todo? ¿Cómo Alicent apareció justo cuando tu dolor era más grande?"
Viserys apartó la mirada, su mandíbula apretada.
"Son coincidencias."
"¿Coincidencias?" Rhaenys rió, pero sin humor. "No hay coincidencias en la política, Viserys. Hay estrategias. Y ahora Rhaenyra está siendo socavada en la corte, humillada en privado por su madrastra, ignorada por los mismos que deberían apoyarla. Tu hija es la heredera… pero la están despojando de su autoridad poco a poco. Y tú lo permites."
Viserys cerró los ojos un instante, sintiendo el peso de sus palabras.
"¿Qué sugieres que haga?"
Rhaenys sostuvo su mirada con firmeza.
"Investiga. Abre los ojos. No confíes en quienes te susurran al oído lo que quieres escuchar. Antes de que sea demasiado tarde."
Cuando Rhaenys se marchó, sus palabras quedaron resonando en la mente de Viserys. Por primera vez en años, comenzó a cuestionar lo que creía cierto.
En secreto, Viserys envió un cuervo a la Ciudadela, convocando a su tío, el archimaestre Vaegon Targaryen. La presencia del anciano sabio en la Fortaleza Roja no debía ser conocida por nadie. Usando los túneles de Maegor, Vaegon se infiltró en el castillo, comenzando su investigación. Con paciencia y astucia, reuniendo evidencias, escuchó susurros y presenció con sus propios ojos una de las humillaciones que la reina infligía a la princesa
Alicent irrumpió en las habitaciones de Rhaenyra sin previo aviso, con una expresión severa y un grupo de sirvientes tras ella.
"Tu asignación ha sido reducida" anunció la reina con frialdad, recorriendo la estancia con la mirada. "Debes despedir a la mitad de tus sirvientes y entregar las joyas de la corona que tengas en tu poder.
Rhaenyra, que estaba sentada junto al fuego, alzó la vista con incredulidad.
"Esas joyas eran de mi madre" respondió con voz firme, poniéndose de pie.
Alicent dejó escapar una breve risa despectiva.
"No me importa. Son de la corona, y por lo tanto, me pertenecen a mí."
El silencio en la habitación se tornó denso. Rhaenyra dio un paso adelante, manteniendo la compostura, pero sus ojos ardían con una furia contenida.
"¿Así honras la memoria de mi madre? Despojándome de lo que le perteneció, de lo único que me queda de ella."
Alicent no respondió de inmediato. Sus manos se crisparon sobre la falda de su vestido antes de recuperar su expresión altiva.
"El rey lo ha aprobado" mintió con voz firme "No eres más que una princesa, y tu lugar está por debajo de la reina."
Rhaenyra sintió que la ira hervía en su interior, pero no le daría el placer de verla perder el control. En su lugar, se irguió con dignidad y dio la orden a sus doncellas de entregar las joyas. Cuando las colocaron en una caja, Rhaenyra tomó la tapa y la cerró con fuerza antes de entregársela personalmente a Alicent.
"Tenlas entonces. Pero recuerda esto, madrastra: un día, el trono será mío. Y ese día, ajustaré cuentas."
Alicent sostuvo su mirada durante un momento, pero al ver la determinación en los ojos de la princesa, se dio la vuelta sin decir más, dejando la estancia con la caja de joyas en manos de sus sirvientes. Rhaenyra se quedó de pie en medio de la habitación.
Mientras tanto, Otto Hightower, ajeno a la tormenta que se cernía sobre él, continuaba maquinando en las sombras. La red de conspiraciones que había tejido durante años estaba a punto de desmoronarse.
El archimaestre Vaegon se movía con sigilo a través de los túneles de Maegor, su antorcha apagada para no delatar su presencia. Desde una rendija oculta en la piedra, pudo ver y escuchar con claridad la reunión secreta en la que Otto Hightower conspiraba contra la princesa.
En la sala, iluminada por velas, Otto Hightower hablaba con un grupo de leales confidentes. Entre ellos se encontraban señores de la corte y maestres de confianza. Mapas, documentos y pergaminos con sellos rotos estaban esparcidos sobre la mesa.
"La situación es insostenible" dijo Otto, con voz grave "Viserys es un hombre necio, aferrado a una promesa sentimental. Pero las promesas no sostienen reinos. Rhaenyra no puede sentarse en el Trono de Hierro."
Lord Jasper Wylde asintió con cautela.
"La corte aún la reconoce como heredera, pero su posición se debilita. Hay quienes ya murmuran sobre su idoneidad."
"Y debemos asegurarnos de que esos murmullos se conviertan en certezas" prosiguió Otto, entrelazando los dedos. "Aegon es el hijo del rey, un varón legítimo de la dinastía Targaryen. Si queremos preservar el reino, debe ser él quien herede la corona."
El maestre Orwyle inclinó la cabeza con una expresión de duda.
"Aún está la cuestión del propio Viserys. No aceptará que se pase por encima de su decisión."
Otto sonrió con frialdad.
"Viserys es un hombre debil. Su juicio ya no es el de un rey fuerte. Hay formas de asegurarnos de que tome la decisión correcta… o de que la corte lo haga por él."
"¿Sugiere que…?" Lord Larys Strong dejó la pregunta en el aire.
"Sugiero" interrumpió Otto "que debemos estar preparados para actuar en el momento preciso. Si la voluntad del rey flaquea o si su salud se deteriora, debemos garantizar que Aegon sea proclamado antes de que Rhaenyra pueda reaccionar.
Vaegon apretó los dientes. Esto no era solo una intriga cortesana, era alta traición. Siguió escuchando con atención.
"Si vamos a asegurar el futuro de Aegon, necesitamos aliados" intervino Lord Wylde. "La Fe de los Siete podría sernos útil. Rhaenyra es vista como una amenaza por muchos devotos."
Otto asintió lentamente.
"Hablaré con los Septones y con aquellos que teman lo que su reinado podría significar para Poniente. Pero debemos movernos con cautela. No podemos dejar cabos sueltos."
Días después, en una reunión privada en los aposentos de Otto, el maestre Orwyle se sentó con nerviosismo frente a la Mano del Rey. Otto, con una copa de vino en la mano, lo observó con una mirada calculadora.
"Si todo falla, si el rey persiste en su obstinación" dijo Otto en voz baja "debemos asegurarnos de que Rhaenyra jamás consolide su linaje."
Orwyle tragó saliva.
"¿A qué se refiere, mi señor?"
Otto giró la copa entre sus manos antes de responder:
"Aemma Arryn no murió solo por la torpeza de los maestres. Su cuerpo fue debilitado con el tiempo. Una mezcla sutil, administrada por mellos con precisión. Infusiones que parecían inofensivas, pero que cerraban el vientre y minaban su fortaleza."
Los ojos de Orwyle se abrieron con sorpresa y temor.
"¿Quiere que haga lo mismo con la princesa?"
Otto asintió lentamente.
"Si no podemos desheredarla en favor de Aegon, al menos podemos asegurarnos de que su línea termine con ella. Sin hijos, sin herederos fuertes, su reinado se desmoronará por sí solo. Y en ese momento, el reino no tendrá más opción que volverse hacia Aegon."
Orwyle miró hacia la puerta, temiendo que alguien pudiera escuchar.
"Es un riesgo enorme, mi señor…"
"Es el destino de Poniente lo que está en juego" sentenció Otto. "Y no dejaré que un capricho sentimental destruya el reino."
Vaegon, oculto tras la pared, cerró los ojos con furia. Ahora tenía pruebas irrefutables de lo que sospechaba: no solo tramaban la usurpación, sino que el destino de Aemma había sido sellado por el mismo hombre que ahora buscaba acabar con su hija.
Vaegon supo que había escuchado suficiente. Retrocedió con el mayor de los cuidados, asegurándose de que no lo detectaran.
El golpe debía ser certero y devastador. Cuando la verdad saliera a la luz, no habría escapatoria para los Hightower.
La noche había caído sobre la Fortaleza Roja, y el fuego en la chimenea crepitaba suavemente en la cámara privada del rey Viserys. Un manto de agotamiento cubría su rostro, pero sus ojos, aunque cansados, reflejaban la tormenta que agitaba su mente. Frente a él, el archimaestre Vaegon permanecía de pie, con las manos cruzadas tras la espalda y la mirada serena, pero firme.
"Dime lo que has descubierto." ordenó el rey, su voz más grave de lo habitual.
Vaegon inclinó la cabeza levemente antes de hablar.
"Las pruebas que he reunido hasta ahora son alarmantes, majestad. He recorrido los túneles de Maegor y he observado en silencio. He visto cómo la reina Alicent menosprecia y humilla a la princesa Rhaenyra, cómo la despoja de su dignidad a puertas cerradas. Ante la corte es mesurada, pero en la intimidad, la ridiculiza, la trata como si fuera indigna de su posición. He visto con mis propios ojos a la princesa llorar en soledad, sintiendo el peso de su madre ausente y de una madrastra que solo busca socavarla.
Los dedos de Viserys se crisparon sobre el reposabrazos de su asiento. Su mandíbula se tensó.
"Continúa." dijo en un tono que apenas ocultaba su furia contenida.
"No es solo Rhaenyra quien ha sufrido a manos de la reina, También escuché una conversación entre la mano otto hightower y el gran maestre orwayl donde este le pedía al maestre que la princesa recibiera el mismo trato que se le dio a la reina Aemma Arryn el embarazo de la reina no fue simplemente desafortunado… sino manipulado." hizo una pausa, dándole tiempo al rey para asimilar sus palabras. "Los tratamientos que le administraron no fueron habituales. Se le daban tónicos que debilitaban su cuerpo en vez de fortalecerlo.Tengo razones para creer que esto no solo la debilitaba sino que también era para asegurarse de que ella nunca pudiera darle más hijos, y que finalmente muriera en el parto."
Un silencio denso se instaló en la habitación. Viserys parpadeó varias veces, su respiración se volvió irregular.
"¿Que?." preguntó con un tono debil, aunque en su interior ya sospechaba de ello.
"Los registros muestran que fue él quien ordenó a ciertos maestres atender exclusivamente a la reina Aemma. Y tengo de testigo al ex gran maestre mellos quien bajó un poco de persuasión ha accedido a declarar frente a la corte lo que hizo y quién le ordenó hacerlo ."
Viserys cerró los ojos con fuerza, su mente inundada de recuerdos de su esposa, de su risa, de su calidez… de su muerte.
"Todo este tiempo… creí que su muerte fue la voluntad de los dioses." Abrió los ojos, su mirada era pura ira. "Pero fue la voluntad de Otto Hightower."
"Fue su ambición, majestad" corrigió Vaegon. "El deseo de asegurar su influencia, de hacer que su hija se convirtiera en reina y que sus nietos heredaran el Trono de Hierro."
Viserys se puso de pie de golpe.
"Y mi ignorancia lo permitió" su voz tembló de rabia. "He confiado en Otto más de lo que debía. Le he permitido demasiado. ¿Y Alicent? ¿Sabía de esto?."
"No tengo pruebas concretas de que ella estuviera involucrada en la conspiración contra la reina Aemma, pero… su comportamiento hacia la princesa Rhaenyra demuestra que comparte las ambiciones de su padre. Ella ha trabajado incansablemente para apartarla de su lugar legítimo como heredera, para reducir su influencia en la corte. No es solo desprecio personal, es estrategia" explicó Vaegon con calma. "Si su Majestad me lo permite, debemos proceder y convocar a los señores e iniciar un juicio en contra de la reina y su padre aparte de esa conversación con el maestre atestigué como lores como jasper Wylde y larys strong conspiraban con otros para derrocar a la princesa obligar a su majestad a nombrar a su hijo Aegon como heredero al trono Y si esto no funcionado iban a acudir a los septones para desacreditar aún más a la princesa."
Viserys exhaló con pesadez y caminó lentamente hacia la ventana, observando la ciudad dormida bajo la luna.
"Quiero justicia, Vaegon" su voz era firme, su decisión tomada. "Por Aemma. Por Rhaenyra. Quiero que la verdad salga a la luz y que los responsables paguen." Se giró hacia él. "tomaré tu consejo, ahora mismo enviá un cuervo a los reinos más cercanos y una carta a los reinos más lejanos explicándoles por qué no puedo esperar su llegada para iniciar este juicio.
Vaegon asintió solemnemente.
"Así se hará, majestad."
Viserys, con la corona en la cabeza y su mirada fría, observa desde el Trono de Hierro. Alicent y Otto están de pie en el centro del salón, rodeados por la corte. Rhaenyra y Daemon están a su lado. Vaegon Targaryen, con su túnica de maestre, se adelanta con varios pergaminos en mano.
"Archimaestre Vaegon, has sido convocado para presentar la verdad ante la corte. Habla."
"He seguido la voluntad de mi rey y he investigado la muerte de la reina Aemma Arryn. También he descubierto actos de desprecio y traición dentro de estos muros… cometidos por aquellos en quienes confiaste, Majestad."
La corte murmuraba. Alicent trago saliva. Otto mantenía la compostura, pero sus ojos están tensos.
"Los registros de la Ciudadela indicaban que la muerte de la reina fue un trágico infortunio. Pero, al revisar los informes de los maestres que asistieron al parto, encontré anomalías. Los tónicos administrados a la reina contenían dosis alteradas de especias lunares y raíz de sombra, sustancias que debilitan el vientre."
Se escucharon exclamaciones ahogadas en la corte.
"No fue la naturaleza la que condenó a la reina Aemma. Fue un tonico, administrado durante años."
Viserys aprieto los brazos contra el trono. Alicent sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Viserys con voz dura preguntó
"¿Quién ordenó tal atrocidad?."
"Los registros fueron alterados, pero algunos testimonios y pagos secretos en la Ciudadela me llevaron a una fuente clara… el oro vino de Antigua, a través del tesorero real, bajo la orden de Otto Hightower."
La corte contuvo el aliento, toda la sala se sumió en un silencio absoluto. Otto hightower mantenía la compostura, pero su rostro palideció.
"¡Falsedades! No hay pruebas directas, solo suposiciones de un maestre que ha estado demasiado tiempo fuera de la corte."
Vaegon imperturbable le dijo
"No solo tengo registros. También tengo testigos."
Los guardias arrastraban a un anciano encorvado: un maestre con la cadena gastada. Es Mellos, el gran maestre que trabajó en la Fortaleza Roja en tiempos de la reina Aemma.
"Maestre Mellos, dígale a la corte lo que reveló en su confesión."
Mellos con voz temblorosa dijo
"Ser Otto me dio órdenes… me dijo que asegurara que la reina Aemma tuviera embarazos difíciles… que utilizara dosis exactas para debilitarla poco a poco hasta que en uno de esos embarazos sucumbiera."
La corte estallo en murmullos horrorizados. Alicent miraba su padre con desesperación.
"¿Lo niegas, Otto?."
Otto sereno, pero con el rostro endurecido exclamó
"¡Lo hice por el bien del reino. La reina Aemma era débil. El reino necesitaba herederos fuertes!."
Rhaenyra se adelantó, con la furia en los ojos.
"¿Y por eso asesinaste a mi madre? ¿Para asegurarte de que mi padre tuviera otra esposa, una que tú controlaras?."
Otto no se digno a responderle. Alicent parecía petrificada. Pero antes de que alguien hablara, Vaegon alza una mano.
"Eso no es todo. También he sido testigo de la humillación constante que la reina Alicent ha impuesto sobre la princesa Rhaenyra."
Alicent se estremeció. Viserys giró su mirada hacia ella.
"Utilicé los túneles de Maegor para observar la Fortaleza Roja sin ser visto. Lo que vi me llenó de repulsión."
sus ojos amatistas brillaron con juicio cuando miró a Alicent.
El archimaestre con voz fuertes exclamó
"Vi a la reina humillar a la princesa, reduciendo su mensualidad, despojarla de su personal, la vi quitándole las joyas que pertenecían a su madre robándole el único recuerdo que tenía de ella. Vi a la princesa Rhaenyra privada del respeto que merece como heredera. Vi el desprecio de la reina en cada mirada, en cada orden."
Alicent abrió la boca, pero la cerró al instante. La corte observa con furia contenida.
Viserys con la voz baja, temblando de ira preguntó
"¿Es cierto, Alicent?."
Alicent dudó, su mente trabajando rápido, pero no hallo una justificación
"¡Yo solo intenté corregirla! ¡Intenté hacer de ella una princesa digna! ¡Quería proteger el reino de su arrogancia! ¡Esas joyas me pertenecen, ahora la reina soy yo!."
Vaegon firme le siseo
"No fue disciplina, Majestad. Fue crueldad."
Viserys cerró los ojos un momento, respirando con dificultad. Cuando los abrió, su decisión está tomada.
"Otto Hightower, por el asesinato de la reina Aemma Arryn y la traición a la Corona, te condeno a muerte."
Otto hightower bajó la mirada. No pidió piedad. Sabe que es inútil.
Viserys poso su mirada hacia Alicent
"Y tú… fuiste cómplice de su ambición. Pero tu castigo será distinto."
Alicent abrió los ojos con horror.
"Serás despojada de tu título y encerrada. Nadie hablará tu nombre en la corte. No volverás a ver la luz del día, esta es la poca consideración que tendré contigo por ser la madre de mis hijos."
Alicent jadea. Busca a su padre, pero Otto ya ha aceptado su destino. El rey hace un gesto y los guardias los rodean.
Rhaenyra se acerca a Alicent, inclinándose para susurrarle al oído Con voz triunfante.
" Parece que no tuve que esperar hasta ser reina para darte lo que merecía, una eternidad en la oscuridad será tu castigo."
Alicent es arrastrada fuera del Gran Salón y Otto es llevado a su ejecución.
La corte observó en silencio, entendiendo que este es el fin de la Casa Hightower en la Fortaleza Roja.
El sol se alzaba sobre el patio de la Fortaleza Roja, iluminando la plataforma de ejecución donde Otto Hightower, la otrora poderosa Mano del Rey, aguardaba su destino. La multitud se agolpaba en torno al patíbulo, murmurando con expectación. Nobles y plebeyos por igual habían sido convocados para presenciar el juicio final del hombre que, durante décadas, había manejado los hilos del reino en la sombra.
El rey Viserys, observaba desde lo alto con una mirada pétrea. A su lado, Rhaenyra se mantenía erguida, sus ojos fijos en la figura encadenada de Otto.
Daemon Targaryen ascendió los escalones del patíbulo con la misma calma que si caminara por los pasillos de su hogar. Vestía su armadura negra y roja, la capa ondeando a su espalda, y en su mano derecha sostenía Hermana Oscura, la espada de Valyria que había pertenecido a Visenya Targaryen.
El silencio se apoderó del patio cuando Daemon se detuvo junto a Otto. El anciano, a pesar de sus ataduras, mantenía la espalda recta, la barbilla alzada en un último intento de dignidad.
"Otto Hightower." La voz de Daemon resonó en el aire "por orden del rey Viserys I Targaryen, te condeno a muerte por el asesinato de la reina Aemma Arryn, conspiración contra la Casa Targaryen y crímenes contra la Corona."
Otto no apartó la mirada.
"Todo lo que hice, lo hice por el reino" declaró con voz firme
"Para protegerlo de la ruina que traerá ella."
Sus ojos se clavaron en Rhaenyra, que ni siquiera parpadeó ante sus palabras.
Daemon sonrió con sorna.
"Si eso es lo que te consuela en tu último aliento, aférrate a ello."
Se giró hacia la multitud.
"Que todo Poniente sea testigo. Así termina el hombre que creyó que podía torcer la voluntad de un dragón."
Otto cerró los ojos un instante. Luego, sin perder su compostura, murmuró:
"Aegon es el legítimo heredero. Algún día, lo entenderán."
Daemon no respondió. Se limitó a levantar Hermana Oscura, y en un solo movimiento, la hoja descendió con la precisión de un verdugo experimentado.
La cabeza de Otto rodó por el patíbulo y cayó pesadamente sobre el suelo de piedra. Su cuerpo se desplomó un instante después. Un grito ahogado recorrió la multitud, pero nadie se atrevió a hacer más que observar.
Daemon limpió la hoja con un paño y la envainó con calma. Luego, alzó la cabeza ensangrentada de Otto por el cabello y la sostuvo en alto, volviéndose hacia la multitud.
"Que esto sirva como advertencia para aquellos que osen desafiar el fuego y la sangre."
El clamor fue inmediato. Algunos vitorearon, otros callaron en espanto, pero todos comprendieron que el gobierno de Rhaenyra se había asegurado con sangre.
Desde lo alto Viserys asintió en señal de aprobación. Y a su lado, Rhaenyra sonrió levemente.
El dragón había triunfado.
Alicent permanecía en la oscuridad de su celda, su mundo reducido a la frialdad de la piedra y el eco de sus propios pensamientos. Pero había algo más cruel que la soledad: las visitas de Rhaenyra.
Poco después de la ejecución de su padre a manos de Daemon targaryen, Rhaenyra llegó con noticias para ella sus hijos Aegon, Helaena y aemond. Ya no serían príncipes de la corona, serían relegados a ser maestres, sacerdotisas de esa religión pagana y guardia real.
Y entonces, con la crueldad de una reina victoriosa, Rhaenyra le dejó saber su último triunfo
"Voy a casarme con Daemon. Mi padre, gracias a tí, por fin ha comprendido que la sangre Targaryen debe permanecer unida, sin dar oportunidad a extraños de usurpar lo que nos pertenece por derecho. Tú querías purificar la dinastía, ¿verdad, Alicent?."
Cada vez que uno de sus hijos cumplía su destino, Rhaenyra se presentaba ante ella con la misma sonrisa de satisfacción que le dio durante su juicio.
Cuando Aegon tomó los hábitos de la Ciudadela, Rhaenyra entró en la celda con una mirada radiante.
"Aegon ha hecho sus votos, madrastra. Ya no es un príncipe, sino un maestre. Ha dejado atrás el linaje que tanto intentaste preservar."
Alicent sintió su estómago revolverse. Su hijo, su primogénito, reducido a un servidor de la Ciudadela, a un hombre sin apellido ni derechos. Trató de imaginarlo en túnicas grises, con la cadena de maestre alrededor del cuello, pero la imagen era insoportable. Rhaenyra lo sabía. Por eso estaba allí.
Meses después, llegó con otro anuncio.
"Helaena ha sido aceptada como novicia del templo valyrio. Está aprendiendo las antiguas oraciones y pronto hará sus votos de castidad y devoción."
Alicent cerró los ojos, pero no pudo evitar imaginar a su dulce hija atrapada en una vida pagana lejos de los siete, sin hijos, sin amor.
"Será una gran sacerdotisa," añadió Rhaenyra con fingida dulzura. "Lejos de las tentaciones del mundo."
Finalmente, llegó el turno de Aemond.
"Ya ha vestido la capa blanca, madrastra.Tu hijo ahora es un Guardia Real. No tendrá tierras, ni esposa, ni hijos. Dará su vida por la corona que nunca podrá reclamar."
Alicent apretó los dientes hasta que sintió el sabor metálico de la sangre. Su Aemond, su guerrero, condenado a servir sin poder aspirar a nada más. Todo lo que había soñado para ellos había sido arrebatado, metódicamente destruido por Rhaenyra.
Y siempre, siempre, Rhaenyra le traía más noticias.
"He dado a luz a otro hijo, Alicent. Un hermoso niño con el cabello de los dragones y la sangre pura de nuestra casa. Mientras los tuyos se desvanecen en la irrelevancia, los míos crecen fuertes."
Alicent no podía hacer nada más que escuchar, encadenada a su derrota, condenada a vivir lo suficiente para ver a sus hijos desaparecer en destinos que jamás había deseado para ellos.
Alicent apenas pudo responder. Su mundo se había reducido a la nada, a la oscuridad de su celda y al eco de la risa de Rhaenyra, resonando como la campana de una sentencia que nunca terminaría.
