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Español
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Published:
2025-04-07
Updated:
2025-05-31
Words:
10,757
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2/?
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Fate/Sugar Life

Summary:

Elza Saijo es una camarógrafa que se hizo conocida por su trabajo en el extranjero, observando la violencia de la guerra en los seres humanos. Hace dos años, mientras estaba en el extranjero, su hijo desapareció en el terremoto de Fuyuki.
Devastada por la tragedia, abandonó todo buscando a su pequeño Luca. El tiempo pasa y el frío se hace más doloroso, pero cuando las esperanzas se han marchitado, una llamada cambia todo.

Chapter 1: Prólogo

Chapter Text

Fate/Sugar Life
Prologo
¿Realmente eres…?
Fuyuki significa Árbol de Invierno, ¿Por qué se llama de esta forma? Es por qué los inviernos en la ciudad suelen ser más largos que en otras partes de Japón, así que es natural que su nombre se involucrara con una cualidad geográfica de la ciudad.
En la actualidad, se puede decir que ese nombre es más fuerte que nunca, un frió perpetuo invade hasta los huesos y la nieve incluso cae en verano, desmoronando cualquier rastro de calidez que alguna vez salpicaba la ciudad en aquellos veranos en la que los cálidos vientos impregnaban el olor a la sal en toda la costa.
Verano de 1996, 3 de agosto y la nieve está tan densa que las plantas mueren bajo una tumba blanca y Fuyuki era una ciudad gris.
Las Sakura ya no florecían en las primaveras.
Un reciente apodo que se había popularizado por los pocos visitantes, ¨Ghost¨, un apodo desagradable para la población más anciana que tenían como objetivo que sus vidas se marchitara en esta ciudad sin importar los malos tiempos y la población más joven lo consideraban adecuado. Ellos quieren escapar de Ghost, porque a nadie le gustan los fantasmas, ya que son recuerdos del pasado y muchas veces, son malos recuerdos.
Una ciudad como Fuyuki, que hace dos años se desmoronó ante un movimiento tectónico que causó que los edificios y casas se desmoronaran por toda la ciudad e incluso un incendió provocado por una falla eléctrica, quemó a los sobrevivientes del terremoto de Fuyuki en el distrito de Shinto.
En una sola noche se apagó el calor de mil vidas y la ciudad perdió todo color que le quedaba.
Los sobrevivientes que no tuvieran fuertes raíces en la ciudad prefirieron abandonarla y una emigración sin precedente que causó que ciento de negocios quebraran y que empresas dejaran de invertir, los edificios no volvieron a ser construidos e incluso el negoció más ostentoso, el puerto de Fuyuki comenzó a tener pérdidas millonarias.
Una ciudad fantasma que perdía anualmente más población de la que migraba. Así que era raro ver caras nuevas, aunque aún existían almas que, por una u otra razón, decidían que Fuyuki sería su hogar.
Una de ellas era Elza Saijo.
Una mujer de cabellos rojos como el fuego y ojos verdes, que aparenta estar en medio de sus veinte años, cuando en la realidad, ya había cumplido treinta y tres.
Siete de la tarde, la nieve caía y la oscuridad de la noche temprana ya invadía las calles y Elza observaba todo desde la ventana de un bar ubicado en Shinto. Recién había llegado y en la soledad, pedía una cerveza.
Era uno de los pocos negocios que no quebró y aún así apenas, un viernes por la noche, apenas llegarían una cantidad de clientes aceptables. Incluso algún hombre se le acercaría a la mujer solitaria, pero estos serían rechazados con una sonrisa, una sonrisa poco sincera.
Pero ¿Quién es Elza Saijo? La mujer que aparecía todos los viernes en el mismo negocio y que tomaba cerveza en silencio mientras observaba la nieve caer.
Elza Saijo es una camarógrafa mitad alemana y japonesa que, en el extranjero, desde su juventud, obtuvo una moderada fama ante sus intrépidas fotos. Desde sus veinte años ha estado viajando por gran parte del medio oriente y áfrica, observando todo tipo de conflictos armados y los efectos en los civiles.
No sería una mentira que aquellos ojos verdosos han reflejado escenas que demuestran la brutalidad de los actos humanos y aún así podría sonreír, aunque aquellas sonrisas guardaban dolor.
¿Pero que hacía Elza Saijo en Fuyuki? Aunque fuera mitad japonesa por su madre, la residencia Saijo se encontraba en Tokio, no en Fuyuki. Algunos podrían decir que estaba aquí por trabajo, ya que un lugar tan devastado por el terremoto y el fuego, podía ser un lugar de interés para los noticieros extranjeros. Aunque no era mentira, ella no estaba por trabajo en esta ciudad.
Elza Saijo es una madre, bueno, era una madre hasta hace dos años. El terremoto de Fuyuki se llevó a dos personas importantes para ella y ella no lo supo hasta que volvió a Japón después de un viaje de dos meses.
Elza tenía un hijo que heredo su cabello, pero de ojos dorados, Luca Saijo, un pequeño de solamente siete años.
Elza bebió el jarro de cerveza alemana, ignorando las miradas a su alrededor y pidió otra. Sus ojos estaban llorosos, aunque sus labios formaban una sonrisa. No lloraba únicamente la pérdida de su hijo. Si no la de su propia madre, Nozomi Saijo.
No podía viajar con Luca, por ello solía dejarlo con su madre. Abuela y nieto tenían una buena relación, se pasaban posando poses de justicia cuando miraban la televisión, era divertido ver a dos personas de edades tan diferentes divirtiéndose con lo mismo. Así que cuando viajó, se quedó con su abuela.
Originalmente el viaje era solo de un mes, pero el conflicto armado que estalló a niveles inesperado y la violencia fue mucho mayor. Quedo incomunicada por demasiado tiempo. Así que cuando volvió a Tokio, se encontró con una pareja, que eran sus vecinos los Chiharu, desesperados.
Ellos habían salido de viaje, por ello le habían pedido a Nozomi si podía cuidar a su hija y cuando volvieron, nadie respondía. Llamaron a la policía y cuando entraron a la residencia, solamente encontraron un mensaje dirigido para ella.
¨Tengo un trabajo en Fuyuki que no me tomará más de un día, Elza, volveré lo antes posible. Me llevó a los niños, ya que no tengo a nadie para dejarlos, pero no te preocupes, sabes que sigo siendo una mujer cariñosa con sus nietos. ¨
El mensaje fue escrito dos semanas antes del terremoto de Fuyuki y nadie supo sobre el paradero de los tres. Por lo natural, fueron consideraros desaparecidos y victimas. Entre la más de mil víctimas del desastre.
Elza se limpió los labios y el calor ya había subido a su rostro hace un buen rato. Consideró pedir otra, pero ya eran cercas de las doce de la noche y aunque el departamento que le arrendaban estaba en menos de una cuadra, prefirió volver inmediatamente.
Dejó la paga y avanzó bajo los copos de nieve y el frió húmedo de la noche. No había una luna que pudiera apoyar su travesía, solo la oscuridad y un sentimiento enfermo. Elza Saijo no estaba en esta ciudad de visita, estaba aquí para buscar a las dos personas que más le importaban.
Estuvo muchas veces en campo de batallas, vio a muchas personas llorando por la perdida y aún en aquel mar de dolor, encontró las esperanzas, familias separadas en medio del fuego de la guerra, encontrándose, incluso después de años.
Así que lleva los últimos años haciendo llamadas, buscando en los registros de sobreviviente y heridos. Muchos niños huérfanos o que perdieron sus registros. Había estado buscando entre ellos, visitando orfanatorios e incluso llegó a la iglesia, en donde varios niños fueron enviados.
No había resultados. Solo pasó un mal rato conociendo al Sacerdote encargado.
—Luca… mamá ¿Dónde están? —su voz se rompió en un llanto y el viento de verano, tan frió y desconsolador como la muerte golpeó su rostro, llevando las lagrimas que se pierden entre los copos de nieve.
¿A quién engañaba? Lo sabía desde hace bastante tiempo, estaba en negación.
Sus manos se sentían tan frías, su rostro se congelaba y el cielo no tenía estrellas.
No había una luna que le saludará en la noche.
Solo blanca nieve que era representación del funesto futuro que todos compartían y solo estaba siendo terca. ¿Hace cuanto que no recibe un dato, un nombre, una señal? Ya había revisado todos los hospitales y preguntado al personal médico sobre los huérfanos y heridos.
Incluso en las ciudades cercanas, había revisado los orfanatos. Tantos pequeños sin una madre… pero ellos no eran Luca.
Había llegado ya al edificio en donde se hospedaba, pero no tenía ganas de subir. Así que se quedó en la entrada, sacando un cigarro. No era de fumar en solitario, pero ya se había vuelto un hábito. Un método para calentarse en una ciudad tan fría como un fantasma.
Una fuerte calada, tan profunda que su mente abandonaba los hermosos recuerdos de su madre e hijo.
El gusto a la nicotina invadía su interior y expulsó todo el aíre contaminado.
Asqueroso.
Habían pasado dos años…
¿Realmente seguiría actuando de esta forma? ¿Cómo un fantasma en busca de su hijo? ¿Cómo la Llorona? Su estado actual no era muy distinto al fantasma del folclore hispanoamericano. El alma en pena de una mujer que ahogó a sus hijos, por diversas razones dependiendo de la versión, con el arrepentimiento de su pecado, maldecida comienza a vagar en la noche.
No había muchas diferencias entre ellas en este momento. Estaba vestida de prendas blancas que le preservaban su calor, mientras que el alcohol y la nicotina invadían su cuerpo.
Vagaba en la noche mientras llora la pérdida de su hijo. Si hubiera estado con él ¿Habría sido distinto?
Realmente se parece a aquella alma en pena.
Tal vez fue el humo que aclaró sus pensamientos, pero entendió. Tenía aceptar la realidad.
Luca, mamá, la pequeña de los Chicharu, no volverán.
Ya ha visto situaciones similares, decenas o tal vez centenas de veces, de refugiados escapando de la guerra. Todos ellos perdieron a alguien importante, madres, padres, hijos, amantes.
Y aún así continuaban su camino por la esperanza de un lugar mejor, de poder vivir.
Había dejado de vivir para ahogar sus demonios.
Tenía que abandonar Fuyuki y acepar la realidad.
—Perdón por no estar para ustedes—susurro al viento, deseando que sus palabras llegaran a sus seres amados.
Una lagrima surgió como un presagió silencioso antes que estallará en llantos. No le importaba que todas ellas se confundieran por la nieve. Solo quería llorar mientras llamaba a las dos personas que había perdido.
Tenía que hacerlo, tenía que soltarlo.
Estuvo sollozando por varios minutos hasta que pudo controlar su respiración y el frio carcomía su interior. Si quería vivir, tenía que entrar.
Se limpiaba las lágrimas con un pañuelo cuando su móvil comenzó a sonar. Confundida por la hora y que pocas personas tenían su contacto, en su mayoría había entregado su número a contactos para su búsqueda. Contesto, pero la esperanza había desapareció.
—Saijo-san, soy Takahashi Akeno. Perdón por llamar a esta hora.
Takahashi… ese era el apellido de la enfermera del hospital que le entregó el dato de los niños que fueron enviados a la iglesia de Fuyuki.
—Takahashi-san ¿ha sucedido algo?
La enfermera que conoció brevemente te era una persona mayor, calmada y respetuosa que la recibió con amabilidad, hasta estuvo dispuesta a llamarla si tenía nueva información para ella.
Así que una llamada a esta hora solo podría significar una cosa y aunque ya había aceptado la realidad. Se habían ido, pero aún había algo en su pecho esperando cualquier llama para elevarse.
Pero si no lo era, caería y no se volvería a encender las esperanzas, se apagarían en la lenta muerte del planeta. Su corazón ya no resiste, se ha trizado como el cristal.
—Sobre su búsqueda… ¿Ha dado resultado? —Pregunta la enfermera con amabilidad.
—No, ningún avance.
—Mis sinceras condolencias.
—Gracias por su consideración, pero—se lame los labios y están fríos como el hielo— ¿Por qué la llamada?
Elza no pudo ocultad su ansiedad. Si fuera una llamada a una hora más aceptable, sería distinto, pero una llamada a esta hora.
—Cuando ocurrió el terremoto y el incendió, recibimos una cantidad de huérfanos con heridas de todo tipo. Con la reciente conversación que tuvimos, me acordé de un caso peculiar—Se detuvo un momento, como si estuviera organizando sus palabras. Elza no puede controlar su ansiedad y comienza a jugar con su cabello—. Hubo un chico, de unos siete u ocho años que llegó con quemaduras de tercer grado y heridas que lo dejaron en un estado grave. Contra todo pronóstico, el chico había sobrevivió milagrosamente, pero recuerdo que el trauma había causado que perdiera la memoria.
La angustia le consumía.
—Ese chico ¿Tenía el cabello rojo y ojos dorados?
—Cabellos pelirrojos, sí, estoy segura de ello, pero los ojos, disculpe, no los recuerdo.
Cabellos rojos, como los de ella, como los de Luca.
—Él—su voz temblaba—¿El chico Estaba con los niños que fueron enviados a la iglesia?
—No, por eso no lo recordaba, fue el chico que estuvo menos tiempo con nosotros.
—Menos tiempo—parece que aplastaran su corazón.
—No me refiero a que falleciera. Perdimos a varios pacientes que parecían haberse curado, pero no fue uno de ellos. La razón de que estuviera menos tiempo con nosotros es que le pudimos dar de alta antes que a los otros huérfanos, porque fue adoptado.
—¿Adoptado?
—Si, lo recuerdo bien, porque era una historia curiosa. Fue adoptado por el mismo hombre que lo trajo al hospital. Un hombre de aspecto cansado, pero que estuvo insistiendo en la adopción del chico. Al final al no tener documentos o contactos para el joven y al tener alguien interesado en adoptarlo, se accedió al darle la elección al joven, el cual aceptó.
Elza se mantuvo en silencio, aquella era mucha información para asimilar. Un niño de cabellos rojizos que perdió sus memorias, Luca.
—El nombre ¿Tiene el nombre del hombre que le adoptó?
—Si, por eso le llamo a esta hora. Encontré los informes de hace dos años y revisando los perfiles de los pacientes, logré encontrar al joven y tiene el nombre de su tutor. El nombre por el cual fue registrado fue Emiya Shirou y su tutor es Emiya Kiritsugu.
(*)
4 de agosto de 1996
—Emiya Kiritsugu.
Era complicado pronunciar aquel nombre sin que un escalofrió invadiera su espalda y el temor crecía. Podía decirse que sus instintos le decían que diera medía vuelta, que en este momento bajará del colectivo y escapará de la ciudad.
Si antes consideraba abandonar la ciudad porque se había estancado los últimos dos años, ahora tenía una razón para huir del país. Esto último es una exageración, Elza no es una cobarde, pero no mentiría que cuando escucho el nombre, sintió un escalofrió que le hizo perder el aíre.
Emiya Kiritsugu no era un nombre que fuera muy conocido por las personas comunes, pero para cualquiera que estuviera familiarizado por los conflictos armados en medio oriente y áfrica de los últimos veinte años, conocería su nombre. Incluso cuando en los últimos doce años no había hecho acto de presencia, su nombre aún era hablado.
Emiya Kiritsugu era el nombre de un mercenario y asesino a sueldo. Aunque nunca se encontró con él y agradece no haberlo hecho, si se encontró con el producto de su trabajo.
Había tantos cadáveres, incluso madres con sus niños.
Ese era el nombre que le traía malos recuerdos.
Un hombre japonés, así que existen posibilidades de encontrar otro hombre que comparta el nombre con infame hombre.
Pero había un dato que le hizo conectar varios puntos y las posibilidades que fuera el mismo Emiya Kiritsugu eran tan altas que daban miedo, pero debía tener la mente fría en este momento, no podía dejar que el pánico le ganará.
Emiya Kiritsugu no solo fue un mercenario, si no que había recibido un apodo que era incluso más conocido por un sector apartado de la sociedad.
¨Magus Killer¨.
Podía parecer una broma que aquel titulo causara pavor en el corazón de muchas personas, pero los magos existen ocultos en la sociedad moderna y cuando uno de ellos gana el título de asesinos de magos es que hacía su trabajo mejor que nadie.
Saijo Elza conocía aquella verdad porque ella también era un mago, su familia llevaba generaciones siéndolo.
Emiya es un hombre que, en menos de cinco años de constante actividad, se volvió una pesadilla andante hasta desaparecer hace doce años. Aquello fue inesperado y Elza investigo sobre ello. No estaba interesada en un asesino sediento de sangre como él, pero después de ver los cadáveres que dejó en su camino, fue una obligación investigar.
¿Había muerto, retirado? Ninguna de las dos, había sido contratado por una familia de Magus alemanes, los Einzbern y desde ahí no volvió a saber de él. Esos datos se lo dieron unos conocidos de la Asociación de Magus. Tampoco tenía el interés peculiar por conocer a ese hombre, todo lo contrario. Mientras que sus caminos no se cruzarán, sería mejor.
¿Cómo se conectaba todo esto? Los Einzbern podían considerase patrocinadores de un ritual que se lleva a cabo en Japón, en especifico en la ciudad de Fuyuki. La guerra del Santo Grial. Una guerra entre siete magus para reclamar el grial. Dicen que el que reclame el grial, se le concederá un deseo.
Hace dos años, se repitió el ritual por cuarta vez.
Lo que ahora se conoce como el terremoto e incendio de Fuyuki, probablemente era resultado de la Guerra por el Santo Grial. Como toda guerra, reclamó la vida de niños y personas inocentes.
Luca.
Así que la posible aparición de Emiya Kiritsugu en la guerra por el Santo Grial, era algo factible.
Emiya Kiritsugu era un recurso que cualquier bando desearía tener a su lado. Una maquina especializada en asesina magus y en una guerra de magus, era una carta de victoria casi asegurada.
Así que esas eran todas sus pistas. Era muy factible que fueran el mismo Emiya Kiritsugu, pero ¿Por qué adoptó a un huérfano? ¿Qué tenía especial ese chico? Si ese pequeño era Luca ¿Por qué el Magus Killer lo necesitaba?
Una idea le carcomió las entrañas. Un mercenario que adopta un niño al que le encuentra potencial para ser su aprendiz o algo peor.
Un escalofrió detuvo su caminata. Ya había abandonado el colectivo y por la dirección que le entregaron, estaba a una cuadra de su destino.
¿Realmente se encontrará a Emiya? No tenía sentido que siguiera en Fuyuki, no con lo que conocía sobre él. Dos años son mucho tiempo, podría estar en cualquier lado, en cualquier país o continente.
Así que venir aquí era estúpido. No tenía sentido continuar. Solo sería otro camino sin salida. Tenía que aceptar la realidad, Luca se había ido, su hijo ya no se encontraba en este mundo y solo estaba aferrándose a un caminó vació.
Aun así, sus pies volvieron a caminar. Siguió avanzado hasta llegar a lo que parecía ser la entrada de una mansión de estilo oriental.
Esta era la dirección que le había entregado Takahashi-san. La dirección que le entregó le llevó a la ciudad de Miyama. Fuyuki estaba dividido en dos secciones por el Río Mion. Se podía decir que Fuyuki estaba conformada por dos Ciudades, Miyama y Shinto.
Miyama es un área suburbana dividida principalmente en dos, en el distrito de casas japonesas y el de casa extrajeras.
Ahí estaba ella en el distrito de casa japonesas, inmóvil en la entrada exterior, la cual estaba abierta a las nueve de la mañana un sábado. Eso era extrañó, pero no parecía que fuera algo que tuviera darle importancia.
Lo que importaba es que había llegado a su destino y estaba nerviosa, muy nerviosa, pero no es como que tuviera problemas para controlarla. Ella ya ha estado en situaciones de vida y muerte, aunque nunca contra un Magus Killer, pero siempre había una primera vez.
Aunque también se le cruzó una idea. Son las 9 am un domingo, era posible que no hubiera nadie en casa, aunque la puerta exterior está abierta. Pudo haber llamado a la residencia antes de venir aquí. Venir de improvisto un sábado en la mañana era de muy mala educación.
Cuando escucho el nombre Emiya Kiritsugu, no pensó sobre su educación o respeto, solo pensamientos sobre la imagen del cruel Magus Killer y Luca. Así que estaba aquí lo antes posible, incluso la resaca de anoche sigue en su cabeza. No durmió, aunque no era muy notorio.
Tal vez fue efecto del alcohol en su cuerpo, pero tuvo que pensarlo más. si no resulta ser el mismo Emiya, realmente dejará una mala imagen si interrumpe ahora, pero la oportunidad, aunque fuera la más mínima de encontrar a Luca no le permitía retroceder.
Así que dio el primer paso a la entrada que era formada por dos puertas de maderas y entró a la propiedad Emiya. Lo que notó, es que definitivamente era una mansión japonesa, con una entrada tradicional techada en el edificio principal.
El patio delantero era bastante vasto, con vegetación en su alrededor la cual estaba cubierta de blanco. Era una sorpresa que incluso bajo toda está nieve, lograran resistir el peso que sucumbía toda la ciudad.
Una pequeña sonrisa se forjó en su rostro.
Ya estaba bajo el techo de la entrada y observó el timbre, su respiración era visible ante el frió de la mañana. Tocó el timbre y el ruido de este resonó en sus oídos. Solo duro unos segundos, pero se sintieron eternos.
El silencio se hizo presente. Lo único que podía oír eran los latidos de su corazón, pero no vaciló. Mantuvo su compostura.
Estaba preparada para encarar a Kiritsugu Emiya y el ruido de pasos proveniente del interior anunciaba la presencia de un residente.
Elza conoce la apariencia de Emiya Kiritsugu. Había obtenido algunas fotos de contactos y aún lo recordaba. Un hombre de una altura promedio, de cabellos negros desordenados, unos ojos oscuros y vacios que fueron lo último que vieron varias de sus víctimas. Las victimas que fueron dignos de ser asesinados personalmente por él y no por alguna artimaña o un rifle de francotirador. Ropas negras, un traje formal cubierto por una gabardina del mismo color, incluso la corbata era negra.
Parecía que le gustaba el color negro.
No había expresión en aquel rostro, un rostro en blanco con ojos sin brillo alguno. Un cuervo o una maquina, tal vez ambos. Ese es Emiya, el rostro que estaba esperando y la puerta se abrió, expulsando el aíre cálido de alguna estufa.
Fue recibida por ojos rojos que le miran con desconfianza.
¿Ojos rojos? No era el Magus Killer quien abrió la puerta, si no una muñequita de porcelana de ojos rojos y cabellos blancos en forma de una niña de unos diez años.
—¿Hola?
La niña preguntó y Elza reaccionó finalmente a la sorpresa. Agachó levemente la postura para acercarse más a la altura de ella. Una costumbre que tiene cada vez que habla con los pequeños.
Elza sonrió con naturalidad, como si la tensión de su cuerpo hubiera desaparecido.
—Disculpa, mi nombre es Saijo Elza, un gusto. Estoy buscando a Emiya Kiritsugu ¿Se encuentra en casa?
La pequeña con confusión la miro unos segundos sin hablar y cuando abrió la boca, soltó un grito.
—¡Una joven mujer busca a Kiritsugu! —la niña corrió hacia la casa, perdiéndose en la curva del pasillo y Elza quedo pasmada como una estatua.
Logro reponerse después de unos segundos, los suficiente que, al levantar la mirada, una sombra se acercara en un paso calmado.
Recordó la silueta de la imagen del asesino de magos, pero el contenido, es muy distinto. En donde esperaba una mirada filosa, se encontró con uno ojos que rebozaban de paz.
La niña se oculto atrás del hombre, pero sus ojos se asomaban como unas cámaras fija en la mujer extraña que está buscando a su padre.
El hombre mira a la niña y sonríe, acariciándole la cabeza con ternura.
¿Es el mismo Emiya Kiritsugu? Las personas cambian o tienen mascaras para las distintas situaciones sociales. Un hombre podía ser tan cruel como un monstruo o ser el padre más amoroso, todo dependiendo del contexto en que se encuentre, pero por un momento, no pudo conectar ambas imágenes, pero está segura. Ese es Emiya Kiritsugu, el asesino de magos. Un hombre más complejo de lo que esperaba.
—Disculpe por el comportamiento de mi hija—hablo el hombre que vestía una camisa y pantalones negros.
—No, no se tiene que disculpar. Es solo una niña y puedo entender la confusión.
—Gracias por su comprensión. Mi nombre es Emiya Kiritsugu ¿Me está buscando?
—Mi nombre es Saijo Elza y disculpe por mi mala educación, por molestarle un sábado en la mañana, pero la razón de esta visita es urgente.
—No se preocupe. Tuvo suerte, si hubiera llegado más tarde, no me hubiera encontrado. Ahora, ¿Cuál es la razón de su visita?
—Mi razón para visitar su hogar, es que necesito hacerles unas preguntas sobre su hijo adoptivo, Emiya Shirou.
El hombre entorno los ojos y ahí está, tan sutil como un susurro, su mirada de paz se transformo en una mirada filosa como un cuchillo.
Esta es la manera en que conoció a Emiya Kiritsugu, el asesino de magos, en persona. El asesino y la periodista se encontraron.
(*)
El humor de Emiya Kiritsugu desapareció y su fría intuición se alertó. Si no fuera por la presencia de Illya, su actúa se hubiera vuelto frio como el hielo. Analizo la situación. El primer punto es que la barrera no la reconoció como un peligro.
No debería considerarla una enemiga o una antagonista, pero sus gestos no son sutiles. En esos ojos verdes existe una pisca de miedo.
Miedo controlado en base de la experiencia.
—Entiendo. Imagino que es una conversación que nos tomara un buen tiempo. Por favor, pase.
—Muchas gracias—Se saco los zapatos y entró con un agradecimiento.
La llevo al comedor y cuando entró, se da media vuelta y miró a su hija.
—A tú habitación y solo saldrás cuando te diga.
—Pero…
—Sin peros, luego hablaremos de esto—de lo que pueda decir, pensó.
La chica hizo un puchero, pero ante la mirada de su padre, se fue a su habitación. Kiritsugu no es tonto, puede tomar malas decisiones, pero conoce a su hija. Es probable que no le haga caso, pero desea terminar esta conversación antes que llegue Shirou, porque no sabe lo que implicara.
(*)
Ahora está en el comedor de la mansión del asesino de magos. ¿Es la peor situación en la que ha estado? Posiblemente no, pero si está en su lista de que podría sufrir una muerte en donde nadie encuentre su cuerpo.
Emiya Kiritsugu le preparó un té verde japones.
—Me disculpo, mi té no es tan bueno como el que prepara mi hijo.
—Gracias.
Lo acepto y tomo un sorbo. Sabe a simple té, eso está bien. Kiritsugu hizo lo mismo y se sentó al lado opuesto de la mesa, en silencio. Dándole su momento.
Observo el lugar. Es un buen comedor que da a la cocina, bastante limpio y bien cuidado. No parece la mazmorra de un asesino a sueldo. Aunque las apariencias engañan, la atmosfera que le transmite no parece falsa. ¿Este es el hogar de Luca en los últimos dos años?
¿Realmente Emiya Kiritsugu lo adoptó? Dijo: Mi hijo. ¿Se refiera a Luca o tiene otro hijo? Nunca le enseño hacer el té a Luca.
Dio un último sorbo y agradeció el té.
—Mis razones para molestarlo, Emiya-san. Hace dos años, antes de la tragedia de Fuyuki, dos semanas antes, mi madre por razones que desconozco visitó Fuyuki junto a mi hijo y la hija de un vecino. Creo que puede imaginar lo que pasó después. La tragedia de Fuyuki sucedió y los tres desaparecieron junto a mil personas más.
Kiritsugu no respondió, pero su animosidad disminuyó. Elza continuó con su monologo.
—He pasado los últimos dos años buscando. No hay evidencia de su muerte, pero ninguna pista sobre ellos. Desaparecidos en el fuego, como todas las victimas de la tragedia. Puede sonar tonto, que me aferrada por dos años al simple hecho que no hubiera evidencia de sus muertes, pero ¿Qué lo diferencia del resto de desaparecido? La respuesta es nada, solo el espíritu de una hija y madre que no pudo aceptar la realidad, porque Emiya-san. No he encontrado ninguna pista en dos años. He excavado toda posibilidad y nada, nada de mi madre, mi hijo y de la niña. Hasta ayer que recibí una llamada de una enfermera, que me hablo de un chico que encajaba con la descripción de mi hijo, la memoria de esa mujer, de esa preciosa y santa mujer, es la única pista que he tenido.
Extrajo una foto, una foto que se saco con su madre, Luca y Tachie. Se la entrego a Emiya y continuo. El hombre la levantó y su expresión fue inescrutable.
—Disculpe por contarle está historia que no tiene alguna conexión con usted, pero mi corazón se cristal se aferro a no romperse.
El hombre no alejo la mirada de la foto.
—No quiero ponerle un peso encima. Si este es un callejón sin salida, ya he aceptado que se han ido—Elza Saijo sonrió con suavidad. Una sonrisa que ocultaba sus lágrimas.
Kiritsugu dejo la foto sobre la mesa y saco su billetera, en donde extrajo una foto y se la entrego.
—Su hijo se parece a Shirou—su voz fue monótona, pero no insensible, era el tono de un hombre de trabajo—. Shirou ha perdido los recuerdos de su pasado, por lo que desconozco sobre su pasado antes que lo adopte—absortó ante la foto por unos segundos agónicos—. Me gustaría hacer una prueba de sangre lo antes posible y si resulta ser su hijo, por el bien de su salud mental, me gustaría llevar este proceso con lentitud.
Elza miro el contorno de la imagen, sin enfocarse en sus contenidos. Un dolor pulsante le invade en su cabeza y sus músculos se tensan.
Su corazón no está listo para la decepción o la confirmación.
No puede respirar y no puede moverse. La madre se ha dado cuenta que su corazón agrietado, colapsará. La madre moriría y como defensa, se niega a dar el paso, pero Elza Saijo no solo es una madre, es una fotografía que se observó las peores facetas del ser humano y logro levantarse ante este mundo injusto.
¿La fotógrafa se rendiría, aunque tuviera que avanzar en un paisaje de fuego y muerte? No, no lo haría.
La fotógrafa tomó la foto entre sus dedos y la madre acaricio la imagen del pequeño pelirrojo de ojos dorados.
Saijo Elza parece haber encontrado a la luz de sus ojos.

Nota de autor:
Saludos, bienvenidos a Sugar Life, para los que ya me conocían, hola otra vez, hace más de un año que no nos vemos. Creo que ya había mencionado que trabaja en un nuevo fanfic y este es el resultado. Este capítulo lo tengo escrito hace dos años.
¿Qué pueden esperar de sugar Life? Me gustaría tenerle una respuesta más concisa, pero depende de unos factores, lo que puede llevar a dos caminos, pero antes de hablar del futuro. ¿De que nace este fanfic?
El concepto del fic nación por mi headcanon favorito de la franquicia, Elza como madre de Shirou y varios conceptos que me gustaría explorar en el Nasuverse.
Una idea robada por aquí, otra por allá, esta historia busca unir bastantes obras de Type Moon, desde el clásico FSN, con aspectos de Prototype, Apocrypha, Kaleid, GO y entre otras, teniendo como núcleo la relación de Shirou, Elza y Kiritsugu quienes son los protagonistas.
¿Respetaré el canon del nasuverse? Si y no, me tomaré mis libertades, pero me mantendré apegado a varias reglas.
Los dos aspectos que determinaran lo que pasará con este fanfic son mi tiempo libre y el recibimiento. Actualmente escribo un libro y mi objetivo en tenerlo terminado para fin de años, ya tengo un primer borrador que debe ser muy manoseado para ser legible, por lo que será mi prioridad. En el segundo, si el fanfic tiene una buena acogida y me motiva para avanzar, tendremos Sugar Life por años, ya que no está planeada como una historia corta.
Con esto aclarado, los dos posibles futuro para la obra es que termine siendo una obra extensa dividida en tres libros, que contaran el crecimiento de Shirou en su familia hasta la ¨Quinta Guerra del Grial¨ y las repercusiones en el mundo. La otra es que se quede como un fic corto que hable únicamente de la relación de Shirou, Elza y Kiritsugu.
No se que espera en el futuro, pero igualmente sean bienvenidos a Sugar Life, disfrutemos este nuevo viaje juntos y divirtámonos.
El siguiente capítulo saldrá el próximo mes si no tengo inconvenientes, ya tengo escrito dos capítulos más, pero debo revisarlos y quiero tener el capítulo cuatro listos.
Hasta la próxima.