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superstar › jaywon.

Summary:

Park Jongseong, recientemente más conocido como Jay, era el nuevo fenómeno dentro del mundo de la música. Dentro de su banda musical era, sin duda, el que más destacaba, el que más traía a las chicas locas y el que más autógrafos firmaba. Pero antes de todo eso, Park Jongseong, había sido un adolescente normal y corriente, uno que no había levantado demasiado las masas durante sus años en secundaria. Uno que no había destacado.

Yang Jungwon, por contra, había sido toda una estrella de secundaria en el Instituto -no todos los días había un estudiante coreano rondando por Seattle-. Una estrella, que de un día para otro, sin previo aviso, se apagó. Tanto que ahora sólo era un chico universitario que por las tardes estudiaba y por las noches trabajaba en un supermercado.

Entonces, con vidas tan distintas, ¿por qué el rockero parecía tener tanto que ver con el simple coreano fuera de lugar?

Chapter 1

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Yang Jungwon.

La noche era aburrida, la oscuridad un símbolo deprimente en mi cabeza y la calle vacía señal de que las peores horas de mi día llegaban. Lo único bueno de mi trabajo —que era poco a comparación de sus puntos malos— era el dinero y que realmente no debía hacer mucho. Poca gente solía entrar en el mini-supermercado —que paradoja tan absurda— en la brecha de seis de la tarde a doce de la noche. Además, estaba en uno de los barrios menos concurridos de la ciudad. Por lo que habitualmente sólo éramos yo y mis pensamientos. O al menos hasta que el idiota de Ted instaló un televisor en una de las esquinas al lado del mostrador. Decía que era para entretenernos durante los turnos, pero la televisión americana no era de mi gusto y menos a aquellas horas de la noche.

Alargué la mano sobre el mostrador, donde reposaba el mando a distancia y justo cuando lo tuve entre las manos, una cara conocida me hizo detenerme y fruncir el ceño. Un momento. Me quedé congelado. ¿Eso era real? Bueno, tenía toda la bendita pinta.

—No me lo puedo creer... —murmuré en mi idioma natal, como solía hacer siempre conmigo mismo. Nunca se me había dado bien el inglés y diréis, "Oh, Jungwon, pues vaya idea tuviste al mudarse a los jodidos Estados Unidos de America". Pero es que antes de llegar aquí no odiaba el idioma, llegué a odiarlo con el tiempo y de hecho aquella persona...

El sonido que hacía la campana de la puerta al abrirse me hizo reaccionar, pulsando el botón rojo sobre el que se había quedado paralizado mi dedo segundos atrás, dejando el mando donde estaba ahora con el silencio habitual de la tienda. Me giré a medias para ver quién narices entraba a esas horas en la tienda —eran cerca de las diez y media y lo decía en serio cuando mencioné que prácticamente nadie entraba allí—. Se trataba de un muchacho con gorra y gafas de sol, una chaqueta gris y con una altura razonable. Vamos, que me sacaba un par de centímetros.

—Bienvenido—saludé con el «protocolo estrictamente estricto» que Ted nos obligaba a seguir con los clientes. El chico sólo hizo un movimiento de cabeza mientras se adentró por alguno de los pasillos. Decidí ignorarlo, porque en el protocolo y manual estricto de Ted, también residía la regla de ignorar a los locos, porque hasta el mismo Ted sabía que aquel barrio no era el mejor para una tienda con empleados a medio tiempo adolescentes o jóvenes. Y bueno, no hacía falta recalcar que aquel sujeto muy bien no estaba para ir por la calle con gafas de sol en plena noche de invierno. A los pocos minutos volvió, con varios botes de fideos instantáneos en las manos. Rodé los ojos suavemente, a los malditos americanos les encantaba comer aquella cosa. Si de verdad probaran unos buenos, se volverían locos. A veces echaba mucho de menos Corea—. Serán cinco dólares —le dije, después de haber escaneado los diferentes envases.

El chico se me quedó mirando mientras hacía tal labor y luego rebuscó en su chaqueta gris, que por cierto, pude fijarme que era de marca. Después de unos segundos, desvíe la mirada del logo de la chaqueta y la fijé en el muchacho, que seguía buscando.

—¿Algún problema? —pregunté con lentitud, alzando una ceja. El chico, esbozó una pequeña sonrisa que pude identificar como nerviosa y se sacó las gafas de sol, dejando al descubierto su rostro completo. Era un chico joven, tal vez de mi edad y de piel clara.

—Creo que he perdido mi cartera.

—Pues, paga con el teléfono.

—Tampoco lo encuentro —lo siguiente fue un silencio entre los dos, largo y hasta incómodo, sobre todo porque él no borraba su sonrisa que encima era perfecta y muy blanca—. Escucha, de verdad necesito los fideos. Y de verdad que quiero pagarte-...

—No me vengas con cuentos —interrumpí, posando mis manos sobre los tres envases que había sobre el mostrador—. O los pagas o no te los llevas —el chico volvió a soltar una pequeña risa y negó con la cabeza.

—En serio, quiero pagarlo. ¿Puedes apuntarmelo en una cuenta o algo?

—Pero, ¿tú te crees que soy tonto, tío? —fruncí el ceño. Odiaba ese trabajo y no tenía el día como para tener que soportar algo como eso—. Aunque lo fuese y quisiese aceptar tu tonta estrategia de robarme; no tenemos permitido eso. O pagas, o te vas.

El chico borró por primera vez su sonrisa y genuinamente pude ver que actuaba algo nervioso. Parecía tan tonto que estuve casi seguro de que todo lo que me decía era verdad y de que no era un ladrón.

—Mira, me llamo Jake, ¿vale? Déjame llevármelos, por favor. Han debido de robarme el móvil, eso ya es suficiente desgracia —sus ojos oscuros brillaron suavemente y pude ver que estaba algo triste, como un pequeño cachorro. Solté un suspiro, todavía con el ceño fruncido—. Es mi primera vez por este barrio, hazme el favor, venga. Te juro que te lo recompensaré.

Estuve mirándolo durante unos segundos, unos segundos en los que me debatí mentalmente. Odiaba aquel trabajo, oh, claro que lo hacía. Odiaba aquel trabajo, aquella ciudad, aquel país, odiaba el jodido idioma. Odiaba Estados Unidos.

—Está bien —murmuré al poco tiempo, rebuscando en el bolsillo de mi tejano para sacar un billete y meterlo en la caja—. Como no cumplas tu promesa, irás al mismísimo infierno.

El tal Jake soltó una risa nerviosa, como si no entendiese si mi comentario era broma o una amenaza. Debía parecer más lo segundo, pues a menudo me decían que mi expresión causaba algo de inquietud, cuando realmente era mi cara normal. Mi expresión neutra.

—Lo sé, lo sé... —agarró los tres envases entre sus brazos—. Gracias... Jungwon. —leyó la placa plateada en mi pecho, en la cual residía grabado mi nombre. Me tensé al escuchar mi nombre tan bien pronunciado. En mi parálisis el chico se apresuró hacia la puerta y juraría que había salido, pero no. Antes de ello, con la puerta abierta, haciendo que el frío se colase en la estancia volteó hacia mí con una sonrisa brillante—. ¿Cuándo son tus turnos turno?

—L-los sábados, lunes y jueves. Misma hora siempre.

—Bien. Adiós, Jungwon.

 

⋆.˚✮🎧✮˚.⋆

 

Mientras cerraba la persiana, el frío me calaba los huesos y había un suave viento que despeinaba los flequillos que caían sobre mi frente. La calle estaba desierta y cómo no, si eran las doce de la noche. Ted debía estar loco si pensaba que dejar la tienda abierta hasta esas horas le sería productivo. Metí la llave en el candado y a pesar de todo, mi mente no podía dejar de pensar en la persona que había visto en la pantalla de la televisión mugrosa de Ted. Y en aquel extraño sujeto, que decía llamarse Jake. En ese momento yo no sabía que esos dos cabezas huecas estaban más relacionados de lo que creía.

Una vez me coaccioné de que la tienda estaba cerrada, di media vuelta y me adentré en la acera de la oscura calle.

Saqué el teléfono de mi bolsillo del abrigo y vi varias notificaciones, ninguna realmente importante. Posiblemente, la más relevante fuese la de Jamie. Una pequeña sonrisa se escapó de mis labios. Jamie era la única amiga que podía considerar real, a la cual podía hablarle de mis cosas sin sentirme juzgado o con la que realmente me apetecía pasar el rato.

Jamie 🐸

JAJAJJAJAJJS

pero cómo va a hacer eso

me quedo loca...

por eso harvis rompió con ella lol

POR CIERTO WONN

vendrás mañana a lo q te dije no?

Yo

heyy acabo de terminar mi turno.

¿mañana?

ahhh eso del grupo q te gusta


Caminaba a pasos apresurados, zancadas largas, mi mano derecha tecleando en el teléfono y la izquierda resguardada del frío en el bolsillo de la chaqueta. Recordé que Jamie había comentado algo sobre que su nueva obsesión, un grupo de música de pacotilla, iba a estar dando una charla en la sala de conferencias cerca de la facultad de estudios musicales, debido a que dos de sus miembros habían estudiado allí. Obviamente, Jamie, como la fan obsesiva y loca que era, no podía perderse algo como eso.

Jamie 🐸

siii

joder cuando vea a david posiblemente llore

Solté una pequeña risa sin despegar la mirada del aparato electrónico.

Yo:

entonces no

si me vas a dejar en ridículo, paso

Jamie 🐸

jungwonnnn

va

a cambio iré a la cosa esa benéfica

Yo:

lo dices en serio??

tampoco quiero obligarte

Jamie 🐸

pero q dices jaksjaj

tus dibujos estarán allí expuestos

iré para verlos :)

La conversación se alargó hasta que llegué a mi apartamento. Nos despedimos, ya que mañana los dos debíamos levantarnos relativamente pronto y ya era prácticamente de madrugada. Al entrar en el piso me saqué los zapatos en silencio, tratando de no hacer ningún ruido que pudiese molestar a mis dos compañeros de piso, que seguramente ya dormían. Tampoco quise comprobar si seguían despiertos, así que me encerré directamente en mi habitación. Había sido un día largo y mi mente no paraba de darle vueltas a la noticia que había visto en la televisión, tanto que hasta se me había olvidado casi del todo que había hecho caridad con un chico desconocido —seguramente rico— y que tenía cinco dólares menos en el bolsillo.

Con un suspiro me dejé caer sobre la cama individual y relativamente pequeña. Estirandome todo lo que se podía sobre ese colchón. El techo parecía bastante interesante mientras mi mente funcionaba sola. ¿Por qué tenía que recordar esos momentos? Esa época, esa que me esforzaba en su totalidad a olvidar.

—Así que una estrella del rock, eh... —murmuré más para mí mismo que para nadie, pues estaba completamente solo—. Quién lo diría... Park Jongseong.

Pronunciar su nombre en voz alta se sentía como una atrocidad y a la vez como un ensueño. Realmente, la pregunta ahí era, ¿por qué estaba tan obsesionado con borrarlo si se suponía que lo había perdonado? La respuesta era incierta y mis sentimientos no eran la respuesta porque al pensar en él sentía una mezcla de ira y a la vez de algo extraño y difícil de catalogar en el estómago.

—Joder... —me acosté de lado, haciéndome una bola, encogiendo mis piernas y cerrando los ojos clavando el rostro en la almohada.

 

⋆.˚✮🎧✮˚.⋆

 

Por la mañana, con cara de culo y una Jamie emocionada enganchada de mi brazo, me encontraba fuera de la sala de conferencias. El sol golpeaba mi rostro con fuerza y debía cerrar los ojos para evitarlo, aunque sin éxito. Jamie daba pequeños saltos sobre su lugar, logrando moverme de vez en cuando y agravar mi estado de ánimo —nulo—. Mi amiga era una chica bastante extrovertida y habladora, así que éramos la perfecta prueba de que los polos opuestos se complementan. Era una chica algo más baja que yo, su pelo rojizo caía sobre sus hombros y espalda en pequeñas ondas que le causaban estrés. Siempre alegaba que las chicas de pelo liso lo tenían mil veces más fácil, cosa que no sabía porque yo siempre dejaba mi pelo así como estuviese al despertarme.

—Ay, Dios, ¿estoy bien? —preguntó por tercera vez, obligándome a mirarla. Jamie no solía maquillarse con frecuencia y el día de hoy, llevaba algo sutil que quería resaltar los mejores puntos de su rostro. Y realmente lo había conseguido. Rodé los ojos—. ¡Jungwon!

—¿Qué? —pregunté con un tono agudo, tratando de excusarme—. Simplemente pienso que estas demasiado emocionada. Solo es una charla, no un concierto. Y además con la oscuridad de la sala, ¿piensas que te van a ver? Por Dios, no estamos en una de esas novelas rosa-...

En medio de mi monólogo guiado por mi mal humor, una orda de chicas llegaron apresuradas al lugar. Mis ojos se abrieron con grandeza al verlas, todas con camisetas de la banda y algunas hasta con carteles. Quise llorar en aquel mismo lugar, de pena ajena, no os vayáis a pensar. Pero vamos a ver, sólo era un grupo de música que había triunfado por poner cachondas a las chicas. Jamie me miró con una cara de satisfacción, como si me quisiese demostrar que, efectivamente, yo era el que estaba fuera de lugar allí.

Al poco tiempo, nos dejaron entrar en la sala de conferencias y posiblemente aquello, fue la peor parte de todo aquel suceso de malos acontecimientos y eso era mucho decir, porque lo que venía después era terrible, ya veréis. La marea de muchachas me empujaba de un lado a otro mientras tratabamos de entrar, todas locas por agarrar los mejores sitios antes que nadie. Esto, en vez de ser una charla sobre música y académica, se había convertido en una rueda de prensa o algo así. Jamie me entrelazaba la mano para no perderme, aunque tuve miedo por momentos, pensando que alguna de aquellas personas nos iba a romper el brazo a ella o a mí. Finalmente, Jamie como la ganadora innata que era, había encontrado un sitio razonable en una esquina de tercera fila. Nos sentamos y solté un suspiro, sintiendo mis mejillas arder y la respiración suavemente acelerada. Saqué el flequillo de mi frente hacia atrás y escuché la risa de mi amiga.

—Da gracias que yo no soy como ellas.

—Si fueras así, para empezar, no sería tu amigo.

Nos unimos en suaves carcajadas hasta que las luces de la sala se apagaron. Un pequeño murmullo se hizo presente y Jamie me agarró la mano, con un rostro iluminado por la emoción. Yo sonreí inconscientemente, divertido al ver a mi mejor amiga de aquella forma por unos simples cantantes. Empezó a escucharse un ruido y finamente, pasos resonando contra el pequeño escenario de madera en frente de nosotros. Gritos desesperados se escucharon por toda la sala y dejé ir una mueca desagradable. Ya lo había dicho, pero eso no era un concierto aunque lo pareciese. Las luces enfocaron la silueta de cuatro muchachos sonrientes que saludaban hacia las sillas.

Moví mis ojos, uno por uno, siguiendo cada silueta. Hasta que mi corazón casi se para.

—¡Pero si ese es Jake! —dije, queriendo que fuese para mí, pero lo había dicho en voz alta y por supuesto, Jamie lo había escuchado. Ella frunció el ceño con una sonrisa brillante sobre sus labios.

—¿Lo conoces? Pensaba que no habías visto nada de ellos.

—¡No! —negué y no me atreví a volver a mirar al escenario, estaba algo nervioso—. ¡Hice caridad con él!

Mi amiga me miró confundida pero pronto devolvió la mirada al escenario al escuchar una voz retumbar por la sala a través de los altavoces. Sin embargo, yo, me quedé paralizado.

Oh, joder.

Yo conocía esa voz. Seguramente, mejor que cualquiera dentro de aquella sala.

—Hola a todos —exclamó, con tono animado, yo solo podía seguir girado, mirando a Jamie, algo incrédulo—. Soy Jay, vocalista y guitarra de XO.

Me levanté de un salto de las butacas y aunque quise ser rápido, sigiloso, silencioso; nada de eso pasó. Todas las miradas acabaron en mí de alguna forma. Jamie tiró de mi manga, susurrando algo con el ceño fruncido. Las chicas de atrás se quejaban, porque les estaba tapando la vista de su maldito grupo de música.

Y Park Jongseong tenía sus ojos clavados en mí. Y yo en él. En su pelo negro, más largo que antes, peinado en suaves ondas, en su chaqueta de cuero, en sus vaqueros rotos, en su mirada sorprendida. En sus labios rosados entreabiertos.

—Perdón —me disculpé con las chicas de atrás y luego dirigí una mirada a mi amiga. Jamie debió leer la incertidumbre o tal vez la angustia en mi ojos y ceño fruncido, porque no dijo nada cuando salí corriendo de la sala.

Notes:

Buenooo, capítulo más que nada para situar a Jungwon y conocerlo un poco más! Sinceramente, aunque me gustaría más acción entre Jungwon y Jay, pienso que para que todo salga bien hay que darle su tiempo a cada cosa. No seáis impacientes :)

El próximo capítulo veremos un poquito más de Jay...