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1.
—¿Cuándo es tu cumpleaños? —Mo Ran miró al joven maestro del pico Sisheng, Xue Meng no lo miró de vuelta mientras preguntaba.
—¿Cumpleaños?
Xue Meng por fin lo miró. —Si, tu cumpleaños, ya sabes, cuando te hacen fiesta por el día de tu nacimiento y comes fideos de la longevidad además de dulces y comida deliciosa —su tono dejaba en claro que pensaba que Mo Ran era un tonto por no saber algo tan básico.
El problema era que en realidad Mo Ran no lo sabía. El concepto de cumpleaños era algo nuevo para él, pensó un poco para tratar de no quedar como un idiota frente al joven- su primo.
Recordaba a su madre quien ahorraba un poco más para comprarle un pan entero y fresco para él una vez al año junto a gachas calientes. Recordaba que cuando trataba de darle la mitad ella se negaba, le decía que era suyo, un regalo. Cuando preguntaba por qué ella sonreía y decía que era para celebrar su nacimiento.
—Yo… el noveno día del cuarto mes —Si, Mo Ran recordaba que era ese día cuando su madre lo dejaba comer todo sin darle nada, ese día en que Mo Ran se sentía fatal pero no se negaba porque su madre sonreía, ella era feliz de verlo crecer.
—Mmm —Xue Meng no dijo más y Mo Ran olvidó el tema mientras continuaba copiando los trazos lo mejor que podía.
Unas semanas después cuando el joven Mo Ran entró al salón Mengpo fue sorprendido por gritos por todas partes, gente que no conocía lo rodeó mientras lo felicitaban uno por uno. Su tío y tía se acercaron para abrazarlo, Xue Meng le dio un regalo sin muchas ceremonias y ese shixiong que también era discípulo del shizun de Xue Meng le sonrió suavemente.
—Feliz cumpleaños, Ran’er —su tío lo guió hasta la mesa más grande donde había mucha comida, demasiada, más de la que Mo Ran podía haber visto en un solo lugar. No muy lejos, en una segunda mesa muchas personas dejaron lo que habían dicho eran regalos. Mo Ran nunca había recibido ningún regalo que no fuera la comida que su madre le daba.
Toda aquella atención se sentía… incómoda.
Trató de sonreír mientras se sentaba en aquella gran mesa, su tía le pasó varios platos rebosantes de comida que olía deliciosa, nada parecido al pequeño pan y la suaves gachas que le daba su madre. —Come, Ran'er —su tía lo instó. Agarró los palillos con fuerza sin saber que tomar primero, ¿qué debería comer? ¿Realmente merecía comer algo así? Su madre nunca podría compartir esa comida con él, su madre quien hacía lo imposible por darle un pan completo en su cumpleaños, su madre que aguantaba el hambre para darle ese pequeño regalo.
Mo Ran apretó los labios, su estómago se sentía revuelto. Los palillos temblaban en su mano cuando la comida entró en su boca. Masticó lentamente, era delicioso, tan delicioso que dolía. Las lágrimas amenazaron con llenar sus ojos y bajar por sus mejillas.
Tragó con tanta fuerza que su garganta dolió, se levantó de golpe, todos lo miraron con sorpresa, la charla se detuvo por completo. Tantos ojos sobre él lo dejaron sin palabras, el aire empezaba a faltar, tenía que salir, quería alejarse, quería estar con su madre pero ella estaba enterrada a kilómetros de distancia siendo sólo huesos o polvo en una fosa común.
No merecía nada de esto, merecía estar muerto junto a su madre.
Corrió tan rápido como sus piernas se lo permitieron, escuchó las voces de sus tíos gritando su nombre, pero el sonido era cada vez más lejano hasta que se apagó por completo. Cuando volvió en sí estaba cerca del pico sur, no sabía porque había corrido hasta ahí, cerca del Pabellón del Loto Rojo. Mo Ran se ocultó entre los bambúes que rodeaban el lugar mientras las lágrimas calientes mojaban su rostro infantil. —A-niang… —dijo entre hipidos, se aferró a sus piernas y escondió su rostro entre sus rodillas.
No supo cuánto lloró, ni cuánto tiempo pasó. Las lágrimas se secaron lentamente, pero el dolor en su pecho no cesaba. La luz del día empezaba a desaparecer, seguramente su tío y tía estaban disgustados, Mo Ran abrazó con más fuerza sus piernas, no quería volver. Fue hasta que algo cálido rozó su mejilla que abrió los ojos, suave como una caricia frente a él una flor dorada flotaba cerca de su rostro. Mo Ran la miró con sorpresa, era pequeña y hermosa bailando a su alrededor.
Miró a todos lados tratando de encontrar a la persona que había creado aquel hechizo, pero nadie estaba a la vista. Sus ojos volvieron a posarse en la flor dorada que segupia rozando suavemente su mejilla antes de caer lentamente en sus manos. —Tan bonita… ¿Tú… viniste a buscarme? —Nadie respondió, pero la flor brilló un poco más fuerte. Una suave risa escapó de sus labios, la calidez que desprendía en sus manos viajaba por todo su cuerpo y se arremolinaba en su pecho, como el abrazo de una madre.
Las lágrimas volvieron a surgir y las limpió rápidamente. Tenía que volver, el señor Xue y su esposa deberían estar preocupados.
No, reformulo, sus tíos debían estar preocupados, ¿quién más podría haber enviado aquella hermosa flor para encontrarlo? Sonrió tímidamente.
Cuando regresó su tío corrió para ver si no le había sucedido nada, todos lo habían estado buscando, realmente preocupado lo abrazó. —Ran’er, sé que es difícil, tu madre no está más para celebrar contigo, pero somos tu familia ahora, espero que eso pueda ser un pequeño consuelo —Xue Zhengyong le sonrió y Mo Ran sintió las lágrimas picar una vez más.
Asintió tratando de devolverle la sonrisa a su tío.
Cuando miró hacia abajo, hacía su mano, la flor ya había desaparecido.
2.
La botella en su mano estaba casi vacía, el olor a licor se desprendía de su cuerpo con mucha intensidad. Mo Ran levantó la pequeña jarra, las últimas gotas corrieron por su garganta, la sacudió tratando de obtener más, pero estaba completamente vacía. Enojado maldijo y la lanzó lejos sin importarle donde pudiera caer. Una risa amarga llenó el lugar, junto a él la pequeña lápida con el nombre de Shi Mei se erguía.
Era el noveno día del cuarto mes. Era su jodido cumpleaños. Había escuchado que su tío estaba tratando de organizar una pequeña celebración, ¿pero cómo podría celebrar si la única persona que le importaba estaba enterrada en ese lugar?
—Cumpleaños de mierda —murmuró, palpó su cintura en busca de otra jarra, sonrió cuando sintió la última jarra que había robado del almacén, la llevó a sus labios para dar un gran trago. El licor lo hizo calentarse rápido, el clima aunque ya no era helado aún era frío, su cuerpo tembló ante una ráfaga de viento, se acurrucó más cerca de la lápida y un gran árbol le servía para recargarse. Mo Ran levantó la vista para mirar el cielo estrellado—. Ojalá estuvieras aquí.
Era su primer cumpleaños sin Shi Mei. El primer cumpleaños sin comer sus wontons como regalo. Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas.
—Creen que podría celebrar algo cuando la única persona que me hacía feliz no estará ahí. Que estúpidos —escupió—. ¿Tener que soportar al imbécil de mi primo y sus palabras sarcásticas? ¿La mirada de lástima de mis tíos? ¿Tener que soportar la presencia de Chu Wanning? —Bufó divertido—. Bueno, si es que le importará estar ahí —se burló.
Dio otro trago largo antes de soltar la jarra vacía, sin licor su temperamento se volvió peor.
—Estúpido Chu Wanning, él es quien debería estar en esta maldita tumban —pateó la hierba con el talón, hubiera pedido el equilibrio si no estuviera sentando—. Lo siento Shi Mei, sé que no quieres escucharme hablar de ese idiota, pero nadie más podría escucharme, sólo tú… —su respiración se volvió pesada mientras las lágrimas caían—. Cuando por fin encontré otra persona que se preocupaba por mí, con quién podía celebrar este día simplemente… —lloró con más fuerza. Su pecho dolía mientras trataba de respirar. Jadeaba y sollozoba, sus manos cubrieron su rostro cuando el llanto se volvió más desgarrador.
Si alguien hubiera estado alrededor para escucharlo se podría haber preocupado de que algún alma en pena estuviera rondando por ahí, pero nadie estaría en un lugar así, nadie que realmente se pudiera preocupar por él. Lloró tanto por el recuerdo del shixiong que ya no estaría más para él y por su madre quien hace mucho se había ido. Ya nadie estaba ahí para quererlo y decirle con una sonrisa que estaba feliz de que hubiera nacido.
Nadie.
En algún punto entre el alcohol y el llanto Mo Ran se quedó dormido, entre la sueño y la vigilia sintió como alguien le tocaba suavemente la mejilla, el cálido toque lo hizo querer más, antes de que perdiera de nuevo el conocimiento pudo ver una amables ojos que le recordaron a su madre.
Cuando despertó al día siguiente estaba en su cama y sobre él una capa color blanco lo protegía del frío. Mo Ran no recordaba haber caminado hasta su dormitorio, pero a juzgar por la capa era seguro que su tío lo había encontrado y llevado de vuelta.
Volvió a acostarse, el sueño se apoderó de él una vez más mientras la cálida capa le daba calor.
3.
—Que alegría que Su Majestad haya regresado —el Liu-gong se inclinó para recibir a Mo Ran, la pesada armadura poco a poco fue retirada de su cuerpo. El hedor a sangre se impregnó en la habitación una vez más, pero no le importó, estaba acostumbrado a ello.
—¿Qué está haciendo el consorte Chu? —No miró al anciano mientras preguntaba.
—El consorte Chu se encuentra en su habitación, se resfrió poco después de que Su Majestad se marchara —Taxian-Jun se mofó ante el comentario, Chu Wanning siempre estaba enfermo cuando regresaba. Para su mala suerte esa noche se sentía de buen humor y quería pasarlo con su consorte favorito.
—Dile a alguien que lo llame a mi habitación, no importa si está enfermo.
Liu-gong sólo se inclinó más en muestra de escuchar su orden antes de retirarse, los demás sirvientes también salieron trás él dejándolo solo. Mo Ran caminó hasta la pequeña mesa en el fondo para esperar a su shizun.
Al abrirse las puertas se encontró con la mirada fría de Chu Wanning, su nariz estaba ligeramente roja y sus ojos llorosos dando una imagen más lamentable de la que podía soportar proyectar, Chu Wanning aún se aferraba a su dignidad aunque esta ya no existía. Se quedó parado en la puerta sin dar un paso más. Su mirada enfocada en la pared detrás de él. El mismo juego de cada noche.
—Ven aquí —ordenó. Chu Wanning no se movió, Mo Ran estaba acostumbrado a esto, pero su paciencia era finita—. Chu Wanning, es mejor que obedezcas —la amenaza en su voz era clara. El hombre mayor frunció el entrecejo antes de dar pasos lentos hasta el más joven resignado a su destino.
—Mo Weiyu —dijo cuando estuvo frente a él, Mo Ran sólo se burló antes de jalarlo a su regazo. Chu Wanning trató de pelear y alejarse de su abrazo, Taxian-Jun no lo permitió, lo sostuvo con más fuerza mientras tomaba sus labios con furia y deseo. Una de las manos de Chu Wanning logró escapar de su agarre y golpear la mejilla de Mo Ran, sus uñas habían rasgado la piel, lo suficientemente profundo para que un pequeño hilo de sangre bajara hasta su barbilla—. Suéltame… bestia.
—Shizun, con la forma en que peleas no pareces tan enfermo, yo pensaba ser delicado, pero viendo como es la situación creo que podemos hacerlo como siempre, eh.
Levantó a Chu Wanning en sus brazos antes de lanzarlo a la cama, arriba de él usando su cuerpo como barrera ya no podía escapar a ningún lado. Taxian-Jun sonrió con crueldad antes de tomar una vez más los labios de su antíguo shizun y morderlos hasta que la sangre llenó su propia boca.
Al abrir sus ojos la luz del día llenaba la habitación, se dio media vuelta para capturar en sus brazos el cuerpo de Chu Wanning y lo que encontró fueron sábanas vacías. Molesto golpeó el colchón, odiaba que Chu Wanning se escapara en medio de la noche, aunque era lo mejor, su día se podría arruinar si él fuera lo primero que viera al despertar. Volvió a su posición inicial para volver a dormir, pero la voz del viejo Liu frustró sus planes.
—Su Majestad, la emperatriz desea tener una audiencia con usted —Mo Ran gruñó en respuesta, ¿Song Qiutong no podía esperar un poco más? ¿Cuál era su urgencia para molestarlo tan temprano?
—Déjala pasar —las puertas se abrieron, Mo Ran apenas se estaba poniendo una ligera túnica interior cuando Song Qiutong entró. La mujer se detuvo con sorpresa antes de apartar la mirada un poco sonrojada, Taxian-Jun rodó los ojos—. ¿Qué quieres? —Se sentó en la cama aún desarreglada y llena de fluidos que dejaban en evidencia que había pasado la noche anterior. Song Qiutong trató de no darle importancia.
—A-Ran vine para poder ser la primera en felicitarte y entregarte un presente.
—¿Felicitarme? ¿Por qué?
—Tu cumpleaños, A-Ran, ¿acaso lo olvidaste? —Ah, cierto, era el noveno día del cuarto mes, pensó. Lo había olvidado por completo.
Dejó que la mujer hablara sobre las cosas que había traído. Todo sólo eran baratijas sin valor ante los ojos de Mo Ran, nada que no tuviera, aún así las aceptó para no dejar mal parada a su emperatriz. Sus ojos recorrieron con aburrimiento la pila de regalos hasta que algo llamó su atención. —¿Tú trajiste eso también?
Song Qiutong detuvo su discurso y miró con duda al emperador, volvió su mirada a lo que veía fijamente para encontrarse con un plato aún humeante de wontons con aceite de chile. Song Qiutong abrió y cerró la boca mientras miraba a Mo Ran caminar hacia la mesa, se sentó y tomó los palillos entre sus manos para dar una probada, sus ojos se abrieron con sorpresa.
—Sabe como los wontons de… —sus penetrantes ojos oscuros miraron a Song Qiutong, ella tembló antes de que una sonrisa apareciera en el rostro de Mo Ran—. Son buenos, lo hicisteis bien, Qiutong —dijo antes de volver a comer.
—Oh, si… —Song Qiutong recuperó un poco el color en su rostro, dejó que el aire en sus pulmones volviera a salir y sonrió de una forma que la hacía parecer a Shi Mei—. Sé cuánto A-Ran ama esos wontons, me alegra que te gustaran.
—Puedes tomar lo que quieras de la sala de tesoros, tal vez sea bueno que salgamos para festejar, ¿no? Prepárate —Song Qiutong asintió y salió rápidamente seguida de su séquito. Mo Ran continuó comiendo lentamente aquel plato, no quería terminarlo.
—Liu-gong, ¿y el consorte Chu?
—Para responder a Su Majestad, el consorte Chu regresó a sus aposentos, su enfermedad se agravó y no puede levantarse de la cama.
—Mmm… ¿Te dijo algo o te dio algo?
—No, Su Majestad, este sirviente no recibió ningún recado u objeto del consorte Chu.
—Tsk, ni siquiera me sorprende, olvídalo, prepara un carruaje, saldré a celebrar con mi emperatriz —y Chu Wanning puede pudrirse en su habitación, pensó antes de llenarse la boca de wontons.
4.
—¿Mo-gongzi? —Mo Ran se detuvo cuando lo llamaron, el dueño de la posada se acercó a él al verlo llegar—. Que alegría que pude encontrarlo cuando regresaba —Mo Ran le sonrió.
—¿Sucede algo? ¿Algún problema en el pueblo?
—Oh, no, nada grave, simplemente recibimos un paquete para usted —el posadero empujó el paquete a sus manos, era pequeño y envuelto de una manera elegante—. Una ave mensaje lo dejó esta mañana, es una fortuna que aún no se haya ido para que pudiera encontrarlo —Mo Ran le agradeció al hombre y subió a su habitación.
Llevaba ya poco más de un año viajando desde que su shizun había entrado en reclusión, era muy raro que se quedara en un lugar por mucho tiempo, pero en esa ocasión estaba tomando clases en una secta cercana como invitado, por lo tanto su tío sabía que no sería difícil encontrarlo. Dejó el paquete sobre la cama, lo abriría después de tomar un baño.
No fue hasta después de la cena que tomó el paquete. Desató la cuerda que lo envolvía y abrió la carta encontrándose con la letra de su tío.
«Espero que puedas recibir estas palabras con una sonrisa, porque escribir es como reunirse, Ran'er.
Si estás leyendo esto quiere decir que el paquete llegó a tus manos, ya casi es tu cumpleaños así que este viejo quiere hacerte llegar esto. Sé que será difícil que regreses para poder celebrar, pero espero que esto te reconforte para que te sientas acompañado por nosotros. De la misma manera, hay un regalo extra que tu shizun me pidió que te entregara.»
Los ojos de Mo Ran se abrieron con sorpresa antes la mención de Chu Wanning.
«Yuheng me dió este paquete con anticipación, no creo que pensará que sucedería todo esto, simplemente estaba siendo tímido. No le digas que dije eso. De todas formas, espero disfrutes estos pequeños presentes, tu tía te manda saludos y felicitaciones, Meng’er también.
Feliz cumpleaños, Ran’er.»
Mo Ran no pudo evitar reír ante la carta de Xue Zhengyong, sinceramente lo había olvidado, su cumpleaños era algo que rara vez disfrutaba, aún así sus tíos siempre trataron de celebrarlo con él, en su vida pasada nunca supo agradecer ese tipo de detalles.
El paquete tenía un hechizo que lo hacía pequeño y fácil de transportar, pero cuando retiró el hechizo pudo ver el tamaño real, Xue Zhengyong nunca escatimaba en regalarle cosas ostentosas, su tía había mandado medicinas especiales y comida deliciosa la cual Mo Ran agradeció. Xue Meng por su parte había enviado una caja de pastelitos y dulces que le gustaban. Mo Ran no esperaba ver algo de su primo, pero ahí estaba, seguramente obligado por la tía. Negó antes de que su atención cayera sobre algo más entre todas las cosas.
Un par de guantes negros.
El diseño era simple, pero llamativo. El guante cubría sólo los tres primeros dedos, el anular y meñique estarían a la vista una vez que se los pusiera. El cuero del guante era suave y resistente, un patrón casi imperceptible lo decoraba alrededor de la muñeca. Era un hermoso trabajo. Recordó que su tío en la carta mencionaba que había un presente de Chu Wanning. ¿Sería ese? Mo Ran trató de imaginar a Chu Wanning buscando este tipo de regalo, no pudo hacerlo sin reírse, sin embargo eso no evitó que su corazón se sintiera cálido. En su vida pasada pensó que a Chu Wanning no le importaba, tantos años que pasaron juntos nunca recibió ningún tipo de regalos o felicitación. Mientras más pensaba en ello se dio cuenta de lo equivocado que estaba.
Aquellos wontons con aceite de chile que siempre aparecían en su habitación, wontons que creía Song Qiutong hacía.
Mo Ran apretó los guantes en sus manos al recordar aquello, sus labios temblaron mientras pensaba que él único que hacía aquellos wontons sólo era una persona. Sólo era su shizun, Chu Wanning.
Los guantes en sus manos se humedecieron lentamente, sus lágrimas no podían parar al igual que los recuerdos de todos esos años donde le había causado dolor a Chu Wanning, como secretamente lo había castigado por no recordar su cumpleaños, por no darle algún regalo como lo hacía Song Qiutong cuando el mejor regalo siempre se lo había dado él.
—Estúpido, estúpido, eres un maldito perro Mo Weiyu —murmuró una y otra vez recriminando a aquel que había sido. Ni en un millón de años podría recompensar a su shizun por aquello.
Mientras las lágrimas seguían corriendo por su rostro, los guantes se ajustaron a sus manos de una manera perfecta, soltó una risa seca seguida de un sollozo.
—Wanning… cuando volvamos a encontrarnos sin duda te devolveré tu amabilidad mil veces, no, cien mil veces. Te respetaré y te apreciaré. Seré el mejor discípulo para ti. Lo siento —lloró con más fuerza—. Lo siento, shizun.
Respetalo, aprecialo, amalo.
Esas fueron las palabras que se repitió hasta que cayó dormido con los guantes negros aún cubriendo sus manos.
5.
Taxian-Jun miraba el estanque de lotos rojos, no sabía cuánto tiempo llevaba ahí, mirándolo mientras tomaba taza tras taza de vino. Una ráfaga de viento trajo consigo los lentos pasos del anciano Liu.
—Su Majestad —Mo Ran no lo miró, volvió a llenar su taza hasta el tope—. Es hora de regresar.
Mo Ran no quería irse.
—Es… mi cumpleaños otra vez —murmuró. Liu-gong no dijo nada—. ¿Cuántos cumpleaños han pasado ya?
—Bastantes, Su Majestad.
Taxian-Jun rio. —Si, bastantes, ya ni siquiera su cuerpo está aquí.
Mo Ran dejó suavemente la taza en la pequeña mesa, de nada servía beber, no estaba vivo, el alcohol no lo emborracharía.
—Su Majestad, el señor Hua envió otra carta —la mención de ese hombre pareció llamar su atención. No esperó a que el anciano terminara de hablar y corrió de vuelta al salón principal. La carta esperaba por ser abierta.
No hubo ceremonias, rasgó el papel y sus ojos se movieron maniacos sobre las hojas. Su mirada se iluminó cuando apareció el nombre de Chu Wanning en ellas.
«Tu shizun está bien, salió de reclusión no hace mucho, ahora está en una misión con tu yo de este mundo, si todo va de acuerdo al plan podrás verlo pronto.»
Pronto… Esas palabras calentaron el corazón helado en su cuerpo muerto. Pronto… Taxian-Jun sonrió.
Pronto sus cumpleaños dejarían de ser tan solitarios.
6.
Mo Ran despertó lentamente, el suave olor a haitang impregnaba los alrededores, pero junto a él la cama estaba vacía. Mo Ran se levantó cuando no sintió la presencia de Chu Wanning a su alrededor. Despertar sin tener a su shizun en sus brazos era algo que no le gustaba.
Mo Ran se vistió con su túnica interior, vagó por la cabaña sin encontrar rastro de su esposo, tampoco veía a Goutou. Se acercó a la puerta, el frío del exterior era soportable así que salió. El lugar se veía igual de solitario.
—¿Wanning? —Nadie respondió. Mo Ran se empezó a sentir un poco ansioso—. ¿Baobei?
Silencio. Caminó un poco más, sus pies tocaron la húmeda hierba bajo él, por más que buscaba con su mirada no encontraba rastro de Chu Wanning.
—¿Shizun? —Murmuró, su respiración empezaba a volverse irregular, los sueños… no, los recuerdos de su anterior vida regresaron uno por uno. Al final, Chu Wanning ya no estaba más ahí.
—¡Wanning! —Corrió montaña abajo como un loco, las lágrimas picaron en sus ojos mientras trataba de retenerlas. Sin mirar, su pie chocó contra una piedra y rodó cuesta abajo.
El dolor era ensordecedor, las lágrimas cayeron y sollozó como aquel día en que se había despedido de su madre.
—¿Mo Ran? —Escuchó una voz a la distancia, pasos se acercaron apresurados a su lado, un suave ladrido y la humedad de una lengua contra su mano—. ¿Qué te sucedió? ¿Por qué estás así? —El olor a haitang llenó sus sentidos, levantó la mirada para encontrarse con los ojos miel de Chu Wanning.
—¿Wanning? —Se abalanzó sobre él, lo abrazó con tanta fuerza que Chu Wanning sintió que le partiría las costillas. Dio suaves palmaditas en su espalda mientras trataba de calmarlo.
—Está bien, está bien. Estoy aquí —Mo Ran lloró con más fuerza empapando su hombro.
Una vez que se calmó lo soltó lentamente. Chu Wanning lo miró con preocupación en su rostro mientras limpiaba suavemente las lágrimas en sus mejillas. Mo Ran se acercó más a su calor.
Él estaba ahí, era real.
—¿Un mal sueño?
—Si —sonrió con tristeza, después de un tiempo Chu Wanning lo ayudó a levantarse, sin decir nada se quitó su capa blanca y la puso sobre los hombros mucho más anchos de Mo Ran.
—Hace frío pero tú saliste de esta manera, te vas a enfermar —tomó su mano suavemente y condensó una flor dorada en ella—. Esto te mantendrá caliente en lo que regresamos a casa —Chu Wanning sonrió, tomó la canasta que había dejado en el suelo y ambos subieron nuevamente la montaña hasta la pequeña cabaña.
Una vez dentro mandó a Mo Ran a tomar un baño caliente. Relajado en la tina los recuerdos de sus sueños volvieron, todos ya eran un poco borrosos, pero los recordaba. Su primer cumpleaños en el pico Sisheng, sus cumpleaños después de la supuesta muerte de Shi Mei, sus cumpleaños sin Chu Wanning. No sabía por qué todo eso había regresado a su mente.
Cuando volvió a la cocina el olor a wontons picantes llegó a su nariz, con una sonrisa se acercó a Chu Wanning que estaba sirviendo el caldo rojo en una plato, lo abrazó por detrás dejando un suave beso en su cuello.
—¿Wontons con aceite de chile? ¿Por eso bajaste al pueblo? ¿Qué celebramos hoy?
Chu Wanning lo miró por un momento antes de sonreír levemente. —Un día especial.
—¿Uh? —Mo Ran trató de pensar que era, ¿su aniversario? No, todavía faltaba. ¿Una fecha festiva? Tampoco. Exprimió su cerebro pero no logró recordar qué día especial era.
Chu Wanning dio media vuelta en su abrazo para quedar frente a frente, el platillo de wontons en sus manos era cálido y olía delicioso. —Feliz cumpleaños… esposo —las mejillas de Chu Wanning se volvieron rojas en un instante mientras miraba a otro lado evitando el rostro de Mo Ran.
Era su cumpleaños.
Una suave risita salió de su pecho, Chu Wanning lo miró indignado pensando que se estaba burlando de él, listo para alejarse, Mo Ran lo sostuvo con más fuerza, sin separarse de él tomó el tazón para dejarlo en la mesa y rodear por completo a Chu Wanning, enterró su rostro en el costado de su cuello y aspiró el olor a haitang que siempre desprendía. Pensó en todos esos cumpleaños que creyó había pasado solo, pensó en esos wontons que siempre encontraba cada cumpleaños sin excepción cuando era emperador, cada año siempre creyendo que era la persona equivocada, como casi toda su vida.
Creyendo que Chu Wanning lo odiaba, que no le importaba, sin saber que siempre estuvo ahí. —Gracias —susurró. Gracias por estar ahí, gracias por perdonarme, gracias por no rendirte conmigo, gracias por amarme. Antes de que pudiera decir todo aquello Chu Wanning habló.
—Gracias por nacer, Mo Ran —Chu Wanning lo abrazó de vuelta—. Gracias por cada año que has vivido hasta hoy.
Rompió a llorar como un niño mientras abrazaba con más fuerza a Chu Wanning.
—Gracias por nacer, Ran’er, mamá está feliz de tenerte, cada año que tú cumples es una bendición para mí —su madre besó suavemente su frente—. Y en el futuro muchas personas estarán agradecidas por ello también, no lo olvides.
Feliz cumpleaños.
