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Fandom:
Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2025-04-15
Words:
961
Chapters:
1/1
Comments:
6
Kudos:
50
Bookmarks:
2
Hits:
359

Suficiente

Summary:

A veces la vida no lucía perfecta. Era aterradora, de hecho.

Sin embargo, durante momentos así, a Itoshi Rin se le olvidaba el dolor y el estrés del mundo. Teniendo a dos niñas con el apellido Shidou, sabía que eventualmente todo resultaría.

Notes:

Está feísimo pero no me odien ok twitter es un lugar díficil

Work Text:

No era perfecto.

No se veía como una escena de película: el sudor pegado a su piel, el ruido fuerte de las gaviotas, el calor sofocante y un mar estúpido de personas. No, esa escena no era siquiera un tanto similar a su situación actual. El sol estaba oculto tras las nubes, tal y como si fuera un corazón oculto tras una mirada distante. El gris predominaba la batalla de colores en el cielo, la arena se sentía casi congelada y las olas chocaban la una contra la otra de una manera tan sigilosa que daba miedo. El sonido de risas silenciosas resonaba en los oídos de Rin, quien observaba a su esposo y a su niña de tres años tirándole una pelota -que estaba tan alterada por mordiscos que probablemente ya no podía llevar ese título- a su perro.


Solo podía escuchar aquella risa, o más bien, se limitaba a escucharla solamente a ella. Aquella risa chillona que hacía que Shidou Ryusei, con una sudadera negra, se partiera de risa también mientras el perro la tiraba al suelo con una facilidad casi preocupante. Shidou Ryusei. El hombre más inoportuno del momento, el hombre más energético que uno podía conocer, la persona que Rin detestó con toda su alma y corazón por unos cuantos meses. Sí, ese Shidou: el padre de sus hijas, su compañero de desveladas y cuentos absurdos, el Shidou que ahora contaba con el cabello suelto y una sonrisa más relajada gracias al cansancio. Arrojó la pelota de nuevo, el perro velozmente persiguiéndola sin siquiera procesarlo mientras Rika se abalanzaba contra él de nuevo, tirándolo a la arena.

 

Rika había sido... un milagro. Tenía tres años, nació cuando Rin tenía 21 y Shidou 23, y no era un secreto que ambos evitaban hablar del día de su nacimiento. Era su milagro, su niña, su amor. El amor que rompió sus corazones por horas cuando les dijeron que no pasaría la noche, el amor que tres años después, seguía ahí. Su risita alcanzaba a Rin mientras el perro la jalaba del brazo, provocando que una sonrisa se dibujara en su rostro.

 

 

Son un desastre. —murmuró, frotando su nariz contra la de la bebé dormida en su pecho—agradezco que saliste a mí y no a ese idiota. Tengo suficiente con dos. —suspiró.

 

La niña, Aiko, se aferraba a su suéter con una manita firme, como si estuviera asustada de que el mundo se extendiera de Rin y la manta. Rin la acunaba con una mano y sujetaba la manta con la otra, resguardándola del viento helado que se encargaba de recordarle que el invierno lentamente se asentaba en su ciudad.

 

Shid... —Rin comenzó, pero rápidamente fue interrumpido.

¡Mírala, RinRin! —le gritó Shidou desde a orilla, la espuma blanca apenas alcanzando sus pies-¡La niña es natural en esto!

 

Exclamó mientras se carcajeaba, Rika parándose en sus manos extendidas. El menor lo observó perplejo por unos dos segundos, antes de fruncir el ceño.

 

Bájala, Ryusei. Bájala antes de que te parta el portabebés en la cabeza.

¡Pero mírala! —el mencionado protestó entre risas, aquel sonido que a veces le perforaba a Rin el cerebro.

No pasé doce horas, doce, en trabajo de parto para que me la mates a los tres años. Abajo.

 

Shidou soltó un suspiro exagerado, como si le quitaran a un elefante de los hombros mientras comenzaba a dar quejas inaudibles--lo cual Rin genuinamente agradecía.

 

Detrás de todo el caos de las pantallas, los partidos, las derrotas... solo eran ellos. Solo ellos y sus niñas rubias con los ojos punzantes de Rin, cada una -por alguna extraña razón- siendo una copia exacta de este. Aquellas dos niñas quienes adoraban a Shidou como si fuera una extraña especie de Dios. Por esa misma razón, en momentos así de tranquilos con la bebé, Rin odiaba que su esposo se asomara. Esa niña era un radar humano de su padre. No importaba si Rin la estaba alimentando, si dormía o si jugaba; en cuanto Shidou se asomaba, la calma que parecía instalada se volvía efímera.

 

El perro dio un par de vueltas antes de echarse sobre la manta azul que habían tendido sobre la arena. Como si leyera el ambiente, Rika bajó el ritmo al instante. Se lanzó hacia Rin en un impulso rápido y se acurrucó junto al perro. Shidou, con aquella sonrisa desnuda, se sentó a su lado y lo envolvió en un abrazo, atrayéndolo con ternura hacia su cuerpo.

 

Y, como era de esperarse, la bebé se despertó: chupete en boca, sonriendo con los ojos mientras estos encontraban a Shidou, tal y como si no llevara dos horas dormida.

 

Tienes seis semanas y duermes en mí. ¿Cómo lo adoras tanto ya? —murmuró Rin, dándosela a Shidou, recostándose mejor en su esposo.

 

Su vida no era perfecta, pero era lo suficiente. Su vida era como arrancarse del rostro una máscara repleta de inseguridad, dolor, ansiedad, y... y empezar a vivir. Las lagrimas que Rin negaba que inundaban sus ojos cada noche, las sonrisas apretadas de Shidou que se notaba que contenían gritos ahogados, dos personas extremadamente jóvenes que no tenían idea de cómo ser padres... eran un desastre, pero esas personalidades destructivas los habían llevado a esto.

 

Aiko tiene hambre. —suspiró Rika exageradamente.

¿"Aiko"? —le preguntó Shidou, levantando las cejas.

Ella no. Intenté darle de comer cuando vinieron y nada. —respondió Rin con una sonrisa fugaz.

 

La niña se colocó una mano sobre la frente dramáticamente, soltando otro suspiro igual al anterior. Sí. Tenía tres Ryuseis, pero, ¿y qué? El dramatismo de Rika era el mismo del que se había enamorado cuando eran adolescentes.

 

No importaba el caos, los berrinches, las lagrimas... eran suyas, Shidou Ryusei era suyo.

 

Y no lo cambiaría por absolutamente nada del mundo.