Work Text:
'Lo que siento es solo curiosidad pura, y eso es normal', piensa Steve mientras toma con su compañero en un bar de mala muerte, después de una muy larga jornada laboral.
"Do I have something on my face, Murphy?", la voz del hombre en cuestión lo saca de su cabeza y se obliga a desviar la mirada, exhalando el humo de su cigarrillo. No responde al instante, porque realmente tampoco sabe que decirle. Los pensamientos extraños sobre su compañero y amigo (puede considerarlo eso? se conocen lo suficiente? le queda ese título muy grande o muy chico?) surgieron de golpe y no parecen querer irse. Los interrogantes se arremolinan en su cabeza cada vez que tiene un segundo de silencio, aparentemente decididos a no dejarlo encontrar la paz.
"Let me dissociate for a sec, goddamn", se digna a contestar un ratito después, suspirando aliviado cuando Javier se ríe sin darle mucha importancia a su silencio.
Entre vasos de whisky y cigarrillos, la noche pasa como siempre y, unas horas después, Steve se apoya contra la puerta de su casa mientras mete las manos en sus bolsillos torpemente en busca de sus llaves. Con movimientos un poco desordenados, entra y, desabrochándose la camisa, camina hasta tirarse en el sillón del living. La cabeza le da vueltas incluso cuando tiene los ojos cerrados, por lo qye no puede hacer nada mas que reírse y pasarse las manos por el pelo mientras espera que se calme la sensación.
Es un peligro y lo sabe, pero mierda, como le encanta tomar. Por este mismo motivo, es consciente de que tiene bastante aguante, y le toma mucho sentir el efecto del alcohol en su cuerpo. Aún así, siempre termina volviendo a la bebida como forma de confort, porque incluso si no se emborracha sigue sintiéndose lo suficientemente tonto y físicamente contenido como para olvidarse de todo un rato.
El alcohol no lo pone agresivo ni deprimido como a algunos de sus amigos, sino que simplemente lo pone estúpido. Le baja un poco la guardia, habla con menos restricciones y actúa por impulso. Nunca había tenido problemas con eso, porque no se permite tomar de más si no está con gente de total confianza.
Nunca, hasta ahora.
Las últimas veces que había tomado, desde la despedida de Connie, había terminado todo raro. Era una descripción ambigua, pero es que ni él mismo entendía que le pasaba cuando tomaba cerca de Peña.
La primera vez que algo le hizo ruido, fue la noche luego de ir (y no llegar) a ver a Connie antes de que volviera a Estados Unidos sin avisarle. Había empezado a tomar en el bar del aeropuerto hacía ya casi doce horas, por lo que apenas podía mantenerse parado cuando abrió la puerta de su casa. Se sorprendió de encontrarla sin llave, pero estaba tan ridículamente borracho que caminó adentro de todas formas.
"Murphy, where the hell have you been?", Javier apareció desde las sombras de su cocina, y él simplemente le revoleó los ojos e intentó caminar hacia su habitación, dispuesto a acostarse y dejar que la noche siguiera su curso.
Intentó, porque apenas había pasado por al lado del hombre cuando sintió que lo empujaban, obligándolo a sentarse en su propio sillón.
"Javier, fuck, get out of my house", jadeó. Su voz era ronca y sus palabras casi un murmullo mientras intentaba enfocar los ojos en su compañero y descifrar la forma en la que lo miraba, "I just want to sleep, come on"
Esta vez fue él quien no obtuvo respuesta, porque Javier solamente resopló y caminó de vuelta hacia su cocina, reapareciendo con un vaso de agua que le forzó a tomar.
"I'm out. Next time, how about you call me first if you wanna disappear like that, huh, hijo de puta", soltó mientras cerraba la puerta detrás suyo.
Había sido una interacción dentro de todo normal, con ese sub-tono agresivo que siempre tenía Peña en su forma de actuar. Al finalmente entrar a su habitación, de todas formas, se acordó de que aunque Javier se hiciera el malo, era estúpidamente considerado con él. Al lado de su cama le había dejado otra botella de agua, un recipiente por si vomitaba y unas pastillas.
Suspirando, se acostó.
Ahí había aparecido el primer pensamiento raro, fugaz como sí solo, mientras sus ojos se cerraban y se cabeza se sentía cada vez más pesada sobre la almohada.
'Javi es tierno a veces'
'Lastima que seguro es así con todas las que se coje, tambien'
'Que envidia'
La segunda vez fue después de la muerte de Carrillo, esa misma noche.
Desde que le había llegado la noticia, todo era un borrón. Como Connie ya no estaba para buscar consuelo en ella, se había dedicado a tomar y vomitar, y estaba por abrir otra botella para repetir el proceso cuando algo se le apareció en la cabeza. Alguien.
Vieron cuando tenés algo así como una epifanía?
Cuando, sin explicación alguna, algo se revela en tu mente? Realmente tan así no era, pero así lo sintió Steve cuando pensó en que no había visto a Javier hacía horas. Y que durante la última conversación que habían tenido él se veía raro. Y que quería ir a verlo, que tenía qué.
Sí, le había dicho que nada de lo que había pasado era su culpa y que él solo estaba intentando hacer lo correcto pero, que tan efectivo sería ese consuelo en un hombre como Peña? Si él se sentía devastado por la situación, como estaría quien había traído a la informante que había terminado-indirectamente-con la vida de su Coronel?
Levantó el teléfono sin pensarlo dos veces y llamó. Sin respuesta. Lo hizo de nuevo, golpeando el pie contra el suelo en un intento calmar su ansiedad que solo parecía incrementarse con cada tono que sonaba sin respuesta del otro lado.
Antes de poder pensarlo demasiado ya estaba bajando las escaleras y golpeando la puerta del departamento del hombre. Cada segundo que pasaba sentía que su corazón iba más rápido, y se apoyó contra la pared para evitar marearse aún más.
"Murphy, im kinda busy right now, what's going on?", la imagen de Javier, semidesnudo de la cintura para arriba, apareció detrás de la puerta después de unos minutos, sacándolo un poco del trance de preocupación en el que había entrado.
"Can i come in?", soltó mientras lo escaneaba de arriba a abajo, probablemente con menos disimulo de lo que pretendía. Ante su pregunta, vió como Peña se tensaba y esquivaba su mirada, frunciendo el ceño.
"You're drunk. Also, I'm with someone", y aunque su respuesta era coherente, porque Peña sí solía pasar la noche con mujeres para olvidar las penas y lo sabía, también sabía que esta vez eso era mentira. Se había dado cuenta, porque todo estaba muy callado y oscuro como para que otra persona estuviera en el departamento. Sabía que Peña estaba solo, porque estaba demasiado tranquilo, demasiado triste, demasiado mal como para haber estado con alguien de esa forma. Y sabía que le estaba mintiendo en la cara, primero que todo, porque vivía analizándolo.
Podía leerlo casi como un libro abierto.
"Don't fucking lie to me", afirmó después de unos segundos, entrando al departamento y ganándose un suspiro harto por parte de su compañero, quien de todas formas no intentó frenarlo.
Efectivamente, confirmó sus sospechas, Peña estaba solo.
Apenas habían pasado dos horas, pero las estaba sintiendo como una tortura. Quería decir algo, cualquier cosa, pero no sabía ni cómo ni por dónde empezar, así que simplemente estaban en silencio, tomando en el oscuro comedor de Peña. A medida que la botella iba bajando, notaba como su mareo empeoraba, y como su compañero parecía cada vez más y más perdido, más disociado de la realidad.
Sentía que cada segundo, cada vaso, cada tic tac del reloj los alejaba.
Javier estaba ahí, con él, pero a la vez estaba más inalcanzable que nunca.
Sin saber que hacer o decir, puramente como manotazo de ahogado, estiró la mano y, tentativamente, la apoyó sobre el bíceps de su compañero. Apretando un poco a modo de llamado, sintió como los músculos se tensaban bajo su palma.
La mirada de Javier encontró la suya, y él no pudo hacer nada más que sonreírle tristemente. Por unos segundos solo se miraron fijo, pero al final su compañero le devolvió la sonrisa, una cargada en igual medida de arrepentimiento y gratitud.
Para su sorpresa, además, Peña apoyó la mano sobre la suya, y se quedaron así por unos instantes. Entonces, sintiendo el calor y la presión de la palma de su compañero sobre su mano, ahí volvieron los pensamientos.
'Quiero protegerlo, que nunca más tenga que sentirse así'
'Algún día me gustaría poder hablar con él de lo que nos pasa'
La última vez, y la más preocupante, había sido una noche que Messina había invitado a todos a tomar cervezas para, según sus palabras, mejorar el entorno laboral.
En base a los pensamientos extraños que estaba teniendo y que, actualmente, adjudicaba a la cantidad de alcohol que venía consumiendo, su decisión esa noche había sido rechazar la bebida en su totalidad.
Así que estaba sentado en una esquina, con un cigarrillo en la boca mientras el resto de la gente tomaba y caminaba por el bar entre bromas y risas. Siempre se sorprendía de lo mucho que cambiaba el ambiente fuera del trabajo, de como quienes normalmente eran serios y amenazantes parecían dejar caer la fachada y relajarse por unas horas.
Era una escena tranquila, la música no estaba muy fuerte y, como Messina había reservado el bar, eran los únicos esa noche. Se estiró en la silla, bostezando y frotándose los ojos mientras el agotamiento del día poco a poco lo alcanzaba.
Su mirada saltaba de persona en persona, como si se tratara de personajes de una película, hasta que se posó en Javier. Si, pensó sin querer, definitivamente él sería el principal de su peli.
Peña se reía, con una jarra de cerveza en la mano y un cigarrillo en la otra, mientras conversaba con dos cadetes que Steve no podía reconocer porque le estaban dando la espalda.
Su compañero estaba un poco despeinado, y los lentes de sol que siempre usaba durante el día colgaban de su camisa, brillando cada vez que la luz de la lámpara les daba en un ángulo específico.
En un momento de su sesión de espectador, los hombres con los que Peña estaba hablando se rieron fuertemente, y uno brindó con él en celebración de algún chiste que el hombre había hecho.
Viendo como se llevaba la jarra de vidrio a la boca, Steve se sorprendió a sí mismo demasiado concentrado en la acción, y ni siquiera fue consciente de lo detenidamente que estaba enfocando su vista en la forma en la que la manzana de Adán de Peña subía y bajaba cada vez que tomaba un trago de cerveza.
Cuando el hombre bajó la jarra, y como él estaba tan perdido mirándolo, terminaron haciendo contacto visual por un segundo, uno que en su cabeza se sintió como una eternidad. Sin esperar a intentar adivinar la expresión del hombre, sacó la mirada al instante, por poco ahogándose con el humo del cigarrillo.
Tosiendo con fuerza, volvió su mirada al suelo para calmarse del sobresalto de ser descubierto, aparentemente, con las manos en la masa.
'Quiero que todos vean a Peña, pero que sepan que su compañero soy yo'
'Javier tiene que tener ojos solo para mí'
La expresión que Steve tiene en su cara al rememorar las escenas con su compañero es casi adolescente, y mientras gira en la cama se pregunta qué tan bien está ocultando lo que le pasa. Como ni él se entiende y, en el fondo, sabe que no puede sentirse así, está haciendo su mejor esfuerzo para disimular sus emociones.
Qué tan efectivo viene siendo ese esfuerzo? De eso sí que duda.
Ruega que bastante, porque no quiere, de ninguna manera, que Javier note lo que le pasa. Fuera lo que fuera que le estuviera ocurriendo internamente, eran dos hombres, y esos sentimientos estaban fuera de lugar. No puede permitirse perder el vínculo que tienen.
No puede, bajo ninguna circunstancia, dejar ver que está todo raro con su corazón.
Javier lo nota, obvio que sí. No lo considera una gran hazaña, de todas formas, porque tenías que ser simplemente muy idiota para no darte cuenta a estas alturas.
Steve Murphy está ocultándole algo, y cree saber por que lado viene la cosa. Sus ideas son las siguientes:
1)Va a volverse a Estados Unidos (por Connie, por frustración o por lo que fuera) y no sabe como decirle porque cree que se va a sentir traicionado y abandonado (y tiene razón).
2)Bueno, realmente opción dos no tiene. No se le ocurre otra cosa. No puede haberlo traicionado, porque Steve directamente no haría eso, no se cambiaría de bando por ningún motivo.
Pero definitivamente lo que está ocultando es casi igual de grave porque Javier viene notando, ahora y hace semanas, como el hombre le esquiva la mirada y parece cada vez más nervioso a su lado.
Según su teoría, Steve está esperando el momento perfecto para darle la gran noticia. Por eso mismo, se había preparado hacía unos días el guión de lo que le dirá para no hacerlo sentir mal, para no dejar ver lo sorprendentemente dolido que se siente ante la idea de ser abandonado.
No sería el primer compañero que pierde, y este final es infinitamente mejor que otros, pero por algún motivo la idea lo destroza igual. Por lo menos su despedida será en un aeropuerto y no en un campo de batalla o un cementerio, se repite.
Mientras se pone el chaleco antibalas y suspira, Javier observa la oficina llena de personas que entran y salen a las apuradas preparándose para la misión. Habían conseguido intel sobre una posible llamada con Escobar en una de las comunas limítrofes de Medellín, y aunque faltan solo minutos para entrar en una situación peligrosísima, su mente no parece querer salir del hombre rubio que, en la otra punta del cuartel, está muy concentrado cargando su revolver como para notar que sus ojos están posados en él.
Lo pone nerviosísimo que Steve esté así, que tenga tanto miedo de decirle las cosas. Verlo tan tenso lo molesta, lo frustra, lo hace sentir triste. Son demasiados sentimientos negativos, y no puede permitirse sentirlos en momentos como este. Bloqueándolos a la fuerza -como a estas alturas, ya aprendió a hacer de memoria- camina fuera del lugar.
No pasa mucho tiempo hasta que Steve aparece, sentándose a su lado en la Jeep mientras acomoda su chaleco, y él tiene muchas ganas de decir algo pero no lo hace, en un intento de permitirle hablar a su compañero, que tampoco toma la iniciativa.
De nuevo, como suele pasar últimamente, están en silencio. Y no es cómodo. Ni para ellos, ni para el resto.
Otro oficial sube también, obligando a Steve a pegarse contra su cuerpo para darle espacio al nuevo.
"Sorry, this is a bit weird", la voz del rubio suena casi en su oído y lo sobresalta un poco, pero simplemente sacude la cabeza y le sonríe burlón.
"Come on, Murphy, you really think im that much of a faggot?", y aunque sus palabras salen con tono sarcástico como él pretende, incluso así su compañero se tensa visiblemente y vuelve a esquivarle la mirada, riéndose con una apenas disimulada incomodidad.
Evidentemente le viene errando con las palabras, porque esto también es habitual y está cada vez más cerca de enloquecerse. Nunca tuvo que medir su forma de hablar, ni con Steve ni con nadie, pero ahora se encuentra a sí mismo repitiendo una y otra vez oraciones en su cabeza antes de animarse a decirlas, por miedo a sonsacarle esa expresión a su compañero, esa que acaba de ver de nuevo, esa que parece ser la única que consigue últimamente.
"Estamos todos! Si, te sigo, vamos!", el Coronel Martinez prende el motor sin aviso, y el movimiento inicial del vehículo lo devuelve a la realidad y lo marea tanto que por un segundo aprieta la pierna de Steve sin darse cuenta, demasiado concentrado en no vomitar como para notar su accionar.
"Hey, Javi... Breathe", Javier no sabe que cara está haciendo cuando lo mira, pero asume que debe verse terrible, porque la expresión que Steve le muestra está tan llena de cariño y preocupación que lo hace sentir enfermo. Cómo puede él verse así de afectado justo antes de dejarlo solo? Cómo puede fingir que le importa su bienestar cuando está a punto de abandonarlo? Y por qué le molesta tanto la idea de perder contacto?
Asiente sin prestarle demasiada atención, decidiendo apoyarse contra el vidrio y aprovechar los pocos minutos de viaje para despejar su mente.
No puede permitirse cometer errores en la lucha que está peleando solo porque su compañerito ya no va a ser suyo.
No tiene cinco años. Él sabe estar solo. Él sabe compartir.
La mirada de Steve se clava sobre su compañero en el momento en el que este aprieta su pierna, y todo el mundo se le viene abajo por un segundo cuando ve su expresión. Con el ceño fruncido y los ojos apenas abiertos, sus labios se separan con cada respiración entrecortada que toma. No puede evitar tensarse instantáneamente, medio por el contacto pesado de la mano de Javier contra su pantalón y medio por pura preocupación.
Suelta unas palabras de consuelo, ve como el hombre se aleja y apoya la cabeza contra el vidrio con un suspiro. No sabe que tan efectiva fue su intervención, pero que tanto puede hacer ahora?
...
Se separan apenas entran a la comuna y, mientras él está corriendo a Limón -uno de los sicarios más importantes actualmente-, su cabeza viaja peligrosamente hacia Peña cada un par de segundos. Tropieza con algo que ni siquiera llega a registrar (la estructura de este lugar es, mínimo, nefasta), pero se obliga a levantarse sin pensar demasiado en el dolor y sigue corriendo. Ve como Limón se aleja cada vez más, y golpea una pared con frustración cuando, poco después, lo pierde de vista.
Intentando recuperar el aliento, vuelve a sentirse como las últimas dos, tres, cinco redadas, en las que siempre cometió errores por estar pensando en otra cosa. Nunca le había pasado esto antes de Javier, nunca le había pasado ni siquiera con Connie, y aunque se vive repitiendo que no puede dejar que su corazón afecte su trabajo, lo está haciendo ahora mismo.
Empieza el camino de vuelta a la camioneta, trotando cuesta abajo por las conflictivas y angostas calles de la comuna, pero algo lo obliga a frenar en seco apenas se acerca al lugar donde están estacionados.
Todo está hecho un puto caos. No lo había escuchado antes, seguramente por la adrenalina y la concentración en su propia persecución, pero la zona parece haberse convertido en una batalla campal, y puede ver los cuerpos de varios cadetes en el suelo, rodeados de charcos rojo oscuro. No suenan más balazos, así que asume que esta misión fue solo un fracaso más y se acerca, todavía con el revolver apretado en una mano.
"Martinez, Trujillo, Peña!", como no puede verlos, grita los nombres de sus compañeros, pero nadie le responde. Siente como la ansiedad le pone todos los pelos de punta, como de a poco el miedo se apodera de él, pero sigue caminando con el arma cargada.
Apenas escucha la voz de Martinez gritando su nombre antes de empezar a correr, asustado y aliviado en igual medida por la urgencia en su tono. Siguiendo el sonido, entra a una de las casas estrechas del lugar e instantáneamente se queda en blanco, paralizado en el marco de la puerta.
Trujillo lo mira, sin frenar su accionar de sacarse la camisa y tirársela a Martínez. Este la rompe de un tirón y la aprieta con fuerza, a modo de torniquete improvisado, alrededor del muslo izquierdo del hombre que se encuentra en el suelo entre los dos, casi inmóvil.
"Javi, fuck!", Steve no sabe si lo grita o lo murmura, pero no logra contener su impulso y se arrodilla a su lado, su mirada saltando de Martínez a Trujillo y viceversa, "Martinez, what the fuck happened!"
"The ambulance is on its way, calm down", escucha que le responden, pero la voz no es del Coronel sino de Peña, y tiene muchísimas ganas de pegarle y de abrazarlo, pero no hace nada. Solo asiente, ahora enfocando sus ojos en su compañero y tratando de convencerse de que todo está bien.
Realísticamente, probablemente sí va a estarlo y lo sabe, porque un balazo en la pierna es muy difícil que te mate, y porque Peña está perfectamente consciente y lúcido, pero cree que va a vomitar del susto y puede sentir el ardor tan característico de las lágrimas incluso si está haciendo su mayor esfuerzo para contenerlas.
"Peña, agarra mi mano e intenta levantarte. Apoyate en mi", esta vez el que habla sí es Martinez, estirando su mano hacia Javier, pero no le permite al hombre en cuestión ni hacer el intento de moverse antes de levantarse y plantarse frente a él.
"I'll carry him, you've done more than enough", al responder despectivamente está siendo injusto y lo sabe, como también sabe que el balazo seguramente se deba más a Javier siendo irresponsable que a un error por parte del Coronel o Trujillo, pero no puede dejarlo solo, no ahora.
Peña hace un sonido que parece ser una queja, quizá un poco por el dolor o por bronca, pero no tiene la fuerza para resistirse cuando Steve lo levanta y lo lleva en sus brazos hasta la ambulancia que -gracias a Dios- ya está afuera.
Pelea con los médicos, con un tono tan intenso y amenazante que al final terminan dejándolo quedarse con él. Ahora están otra vez solos en silencio como siempre excepto que esta vez, a diferencia de hace solo un par de horas, Steve no puede parar de temblar y se da cuenta que su compañero lo nota.
"Murphy, man, I'm fine. It's not the first time I've been shot and you know it", puede prácticamente escuchar el dolor detrás de las palabras de Peña aunque este intente disimularlo, y tiene que contener las ganas de gritar. Apoya los codos en sus rodillas y se agarra la cara con las manos, asintiendo débilmente. El hombre se ríe amargamente, y agrega "Seriously, I'm telling you, it is a pain in the ass but nothing unbearable. I'm more annoyed with having failed yet another mission, to be honest"
Quiere pedirle que se calle, que no intente calmarlo como si fuera un niño porque eso solo lo asusta más, que no se esfuerce por hablar cuando probablemente debe estar sintiendo un dolor impresionante, quiere pedirle muchas cosas. Pero sobre todo, cuando Steve se vuelve a apoyar contra la pared y lo mira de nuevo, quiere pedirle que por favor deje de mostrarle esa expresión de cariño que él no entiende, porque aunque sabe que no es ni el momento ni el lugar para eso, verlo solo le da ganas de acercarse y besarlo hasta que ninguno de los dos pueda respirar.
Quiere no ver nunca más esa cara, esa sonrisa cómplice, pero a la vez quiere ahogarse en ella, quiere ser el único espectador de todas las facetas, todas las expresiones de Javier.
"M-Murphy? You crying?", escucha que le pregunta, y aunque no había notado la reacción sabe que posiblemente es verdad y vuelve a esconder su cara entre sus manos. Siente que le tocan el pelo, reconoce la presión de la palma de Javier, como sus dedos se entrelazan con sus mechones rubios, y sin pensarlo apoya su frente contra el costado de la camilla.
Sabe que es una reacción tonta, que está siendo un exagerado, que seguro está incomodando a su compañero, pero no puede parar. Incluso cuando Javier susurra cosas que no termina de entender, incluso cuando el tacto del hombre contra su cabeza lo reconforta, incluso así su llanto de a poco se vuelve más y más fuerte, y de repente está llorando como hace años no lo hace.
De repente llora porque perdió a Connie, porque no la extraña tanto como debería, porque está trabajando mal hace meses y se siente estancado en su vida, porque evitar sus problemas le está costando caro y se le están acumulando, porque finalmente acepta que lo que siente es amor, amor romántico, y sobre todo porque el hombre que ama está bien. Llora porque no perdió a su compañero en la guerra, pero sabe que seguramente lo pierda pronto.
Llora porque sabe que nunca fue bueno guardándose lo que le pasa, porque es demasiado sensible para su propio bien, y porque siente que va a reventar de amor por Javier Peña.
"Ay pobrecito, Mur- Steve, mi chiquito", murmura Javier y, aunque su español es malo como mínimo, Steve reconoce varias cosas de esa oración. Primero, su nombre, por el que su compañero nunca lo llama, y el sonido le parece más hermoso que cualquier otro que jamás oyó en su vida. Segundo, el tono casi romántico con el que le habla. Piensa que seguro no lo hace a propósito, que seguro él está poniendo las intenciones que quiere en las palabras del otro, y sigue llorando.
De hecho, no para de llorar hasta que el ambulancista abre la puerta y se lleva a Javier para ser atendido. Hace el intento de seguirlo, de meterse en el quirófano con él, pero termina siendo empujado afuera entre palabras en español que no termina de entender, y está demasiado en shock como para hacer otra cosa que pararse y esperar.
Toma uno y otro y otro vaso de café de la maquinita dispensadora, y de a poco el líquido caliente parece calmarlo. Se seca las lágrimas, todavía abombado de la repentina descarga de emociones, y finalmente se sienta en una de las sillas de la sala de espera.
No sabe en que momento pasó, pero cuando se permite relajarse se da cuenta de que está todo mojado, mitad por las lágrimas y mitad por su hábito de transpirar de los nervios, y se desabrocha la camisa lo más que puede sin quedar como un enfermo. Esconde el revolver un poco, porque no es tan idiota como para no notar la mirada alerta que el resto de gente del lugar tiene sobre él. No los culpa, porque sabe que entró prácticamente gritando -y en inglés!-, con el chaleco antibalas todavía puesto y el arma brillándole en la cintura. Obviamente que van a tenerle miedo, sobre todo cuando está todo desarreglado, manchado de sangre ajena y con los ojos rojos.
Está muy ocupado intentando verse menos agresivo cuando la puerta del quirófano se abre de nuevo, y antes de poder siquiera internalizarlo se encuentra parándose a una velocidad sobrehumana, sin dudar ni por un segundo antes de correr hacia la camilla que le están acercando.
"Hey- ah- como está?", entre que ya de por sí es malo comunicándose en un idioma que no es suyo, y que su mente está particularmente enfocada en su compañero, las palabras le salen cortadas y con ese tono de extranjero que tanto parecen odiar en Colombia. Registra como el médico bufa a su lado, pero decide ignorarlo y repite, "Por qué está así?"
Con así, se refiere a inconsciente. No es tonto, y cree saber que no tendrían por qué haberle dado anestesia general para esa herida, si solo tenían que sacarle pedazos de bala y nada más.
"No es anestesia general, por las dudas. Aparte de la local, solo le administramos un analgésico. Se durmió, probablemente gracias a eso y en parte al dolor", llega a registrar lo suficiente de esa oración como para asentir, prácticamente colmando al médico de agradecimientos por los que no obtiene respuesta. El hombre solo camina a su lado, llevando a un Javier dormido por el pasillo.
Como él se niega a separarse de su compañero pero este sigue estando no responsivo, Steve pasa los eternos momentos del post operatorio caminando silenciosamente en círculos por la pieza diminuta a la que Peña fue asignado.
No deja que nadie entre, ni siquiera Trujillo o Martinez, y tiene una pelea con este último por el mismo motivo. Al final el Coronel termina cediendo a dejarlos solos, no sin antes hacer una escena al respecto, una en la que deja bastante en claro su decepción con el accionar infantil de Steve.
"You're not his fucking boyfriend, and I'm your boss. Unbelievable, Murphy, you're goddamn unbelievable", escucha que murmura antes de irse, y su enojo es remarcado por la fuerza con la que sus pasos retumban en el pasillo, unos que Steve escucha incluso con la puerta cerrada.
...
Cuando pasan tres horas y Peña sigue dormido, empieza a estresarse de nuevo. Una parte de él está tranquila de que su compañero esté recuperando el descanso que se merece, porque sabe que viene sobreexplotándose bastante; pero la otra parte, latiendo con igual fuerza, está aterrada de que quizá, por cualquier surreal motivo, Javier no despierte.
"Javi...Javi...god...oh god", se arrodilla al lado de la cama, como si fuera a rezar (y quizá lo haga, si se ve obligado a pasar más horas en este maldito hospital), y vuelve a apoyar la frente en el borde como lo hizo en la ambulancia unas horas atrás. Siente el fantasma de la mano de su compañero en su pelo, y no quiere volver a llorar pero sabe que está a nada de hacerlo.
"Ugh...dios...", está seguro de haber alucinado las palabras, la voz magistral que llega a sus oídos. Igualmente, solo por si las dudas, levanta la mirada y ahí su corazón se detiene por un segundo. Uno solo, porque al instante se obliga a hacerse RCP a si mismo y forzarlo a funcionar de nuevo.
Javier está despierto, y se lleva la mano a la frente para masajearse la sien. Sabe que el hombre probablemente ni está seguro de donde se encuentra actualmente, por lo que no dice ni hace nada, y se dedica solo a mirarlo.
Lo mira con detenimiento y observa como sus ojos se abren y cierran lentamente, como enfoca su vista en su mano, como estira y flexiona los dedos, moviéndolos como para asegurarse que están ahí y son suyos. Lo escucha quejarse, y el sonido de dolor que sale de su boca hace que él inhale bruscamente, alertando a Javier de su presencia.
A Steve se le cruzan veinte posibles finales en un parpadeo, veinte posibles formas en las que Javier va a mandarlo a la mierda.
Va a decirle que está exagerando, que está enojado por la escena que causó en el hospital, que está incómodo con él, que va a pedir que lo muevan a otra oficina, que no quiere tener a alguien como él de compañero. Se prepara para todos lo más rápido que puede, en los pocos segundos que tiene desde que el herido encuentra su mirada y abre la boca para hablar.
"Steve, tell me, have I done anything wrong?", la voz de Javier sale gutural, tosca, y la combinación que el tono y su nombre le genera en el estómago le da tanta vergüenza que no puede contenerse de bajar la mirada y apoyarse en el borde de la cama de nuevo. Aparentemente su compañero detecta e interpreta la naturaleza evitativa de su movimiento porque agrega, esta vez tratando de sonar menos serio, "You wouldn't lie to a wounded guy, would ya?"
Entonces, Steve sacude la cabeza, pero no puede responder. No quiere mentirle, no más de lo que lo viene haciendo, porque tampoco es bueno en eso en primer lugar. Pero, qué puede hacer? Qué puede decir? Qué sentimiento puede intentar explicar para conseguir otra cosa que no sea una expresión de asco?
No termina de decidirse si estaba mejor antes, cuando sus sentimientos eran tan confusos que se volvía más loco día a día; o ahora, que de repente nunca nada le pareció tan obvio, tan natural, como el amor que siente por Javier.
"Javier... I'm sorry... I'm so sorry", se escucha a sí mismo decir, pero desde antes de terminar la frase ya sabe que está más allá que acá, que está metido en su cabeza por miedo a la respuesta que pueda conseguir. Cierra los ojos, suspira, y ya no está en la habitación sino en el cuarto de pánico de su cerebro, "I swear I tried to make this feeling go away... I tried to convince myself, to make myself believe otherwise but... I can't, Javi, I can't help it. I can't help myself"
Javier no responde pero Steve, incluso con los párpados cerrados, siente que sus ojos marrones están enfocados en él. Le gustaría saber que expresión está regalándole, pero no se atreve a hacer otra cosa que hablar, porque ahora que abrió la canilla el agua no quiere parar de salir.
"It's wrong and I know it. Fuck, Javi, I am so aware of that... But it all just...", se fuerza a respirar a un ritmo regular, pero la concentración que eso le requiere parece un esfuerzo cada vez más inalcanzable a medida que las palabras siguen saliendo de su boca, "It all goes away when it's about you... I don't care, I don't mind if it's you, and- hell- I know it's more than a simple 'I don't mind'"
"I think I like you, Javier", suelta de golpe, y al mismo tiempo se ve expulsado de su cabeza y traído a tierra a la fuerza, todo por el sonido inesperado que invade sus oídos. Abre los ojos sobresaltado, y levanta la mirada para encontrarse con el hombre en cuestión riéndose a todo volumen.
No sabe que hacer, por la que parece ser la millonésima vez en el día, pero la vista de su compañero casi llorando de la risa lo distrae lo suficiente de lo mal que se siente al respecto de su confesión.
"God, Steve, so I was worried for nothing!", las palabras se sienten irreales, y honestamente no sabe si no está soñando pero responde igual, "What?"
"I thought you were going to the US again. I was so sure I even prepared my little speech for the moment", Steve abre los ojos como platos ante la revelación de su compañero, que lo mira con un poco de culpa.
Y ante esto es su turno de reírse, porque no hay ni chance de que eso pase, ni ahora ni nunca, menos después de su descubrimiento del día de hoy, después de haber vivido el terror de creer haberlo perdido.
"I couldn't go back, not without you, Javi", probablemente su tono delate que su previo 'i think' es menos un pensamiento y más una afirmación, pero no le importa quedar como un maricón si se trata de asegurarle a Javier que no lo va a dejar solo.
Cuando el ambiente se calma de nuevo, vuelve el silencio y con eso también el progresivo pánico de Steve, porque se acaba de delatar y lo que más -pero a la vez menos- quiere es tener una respuesta.
"Get up first, Steve, your knees will hurt if you stay down there", su mirada baja a sus rodillas en respuesta, y bufa pero obedece sin dudar. Ahora que puede mirar bien a Javier, se permite analizarlo de abajo a arriba despacio, y cuando llega a su cara nota que le está sonriendo, y él puede sentir en tiempo real a su cerebro haciendo cortocircuito.
Todavía sin decir nada, se acerca una silla al lado de la cama y se sienta, jugando con sus manos sobre su regazo. No sabe cuántos segundos o minutos pasa así, ridículamente consciente de como respira, de como su piel toca su ropa, de como es capaz de notar absolutamente todo lo que normalmente ignoraría sin ningún esfuerzo.
"I'll tell you something, but I'm gonna need you to let me finish first. Got it, Murphy?", Javier finalmente vuelve a hablar, pero Steve no puede evitar sentirse decepcionado cuando su compañero vuelve a referirse a él por su apellido. De todas formas termina asintiendo, y espera expectante mientras el hombre suspira y se moja los labios.
"I know I say a lot of weird shit, but... shit, I don't personally mind if you're into men or anything. First of all", Steve nunca cree haberle prestado tanta atención a nada o nadie, nunca como lo está haciendo ahora, mientras Javier continúa. En su foco, nota lo nervioso que se ve, una vista inusual en el normalmente calmo y sarcástico agente Peña, "And, if you want me to be actually honest with you... I don't think I would mind it. With you, I mean. I'm not into men normally, but you know... My mind does wander sometimes."
"I'm not into men either", siente la necesidad de defenderse pero Javier solo lo mira con desconfianza, por lo que sigue explicando, "I'm into you, and you just happen to be a man"
"I guess we just need to try it out, right?", le susurra Javier. Por la forma en la que su compañero lo dice, y por lo que el tono genera en él, Steve sabe que la respuesta ya está sobre la mesa.
De todas formas, y aunque se muera de ganas de hacer literalmente cualquier cosa con él, no está muy convencido con la idea, "You're wounded..."
"Come on, I'm a man, I can take a bit of roughness", las palabras de Javier lo hacen ahogarse con su propia saliva, y termina tosiendo de forma para nada disimulada, "Oh... You're a fucking pervert, Steve"
"Should I just kiss you?", pregunta, ignorando el tono de su compañero, mientras se levanta de la silla. Cuando Peña le da el sí, sus movimientos están tan llenos de duda que por un momento se siente como un adolescente, porque está tan tímido y ansioso que siente que el corazón va a salírsele por los oídos.
El primer segundo de contacto entre sus labios y los de Javier no le genera nada, o al menos no tanto como espera. De repente tiene miedo de haberse equivocado, de haber cruzado una línea y ya no poder volver atrás. Apenas se tocan y se paraliza, pero después Javier le muerde el labio inferior y eso solo alcanza para que él cambie de opinión. Al instante sabe que está intoxicado, que esto es lo correcto y que lo único de lo que se arrepiente es de no haberse animado a dar el paso antes. Entonces ladea un poco la cabeza, separando los labios de su compañero y permitiéndose explorar su boca con su lengua. No sabe si pasaron solo segundos o mil horas, pero cuando escucha el gruñido de Peña contra sus dientes sabe que podría pasar otros diez años simplemente así.
Profundizando el beso, de a poco Steve se olvida que tiene que ser cuidadoso con el herido y termina casi tirado sobre él, dejando viajar sus manos por la nuca y cuello del hombre. Solo se separan para respirar, y no intercambian palabra mientras siguen besándose, de forma cada vez más tosca y pesada. Siente como las manos de Peña reciprocan su exploración, y el mínimo contacto de sus dedos por encima de su camisa lo vuelve tan loco que por un momento cree que murió y esto que está viviendo es el mismísimo cielo, porque no puede ser que esta felicidad sea real y alcanzable para un hombre tan común como él.
En la desesperación del momento, la avaricia de querer más y el miedo a romper el beso y que el hechizo se rompa también, Steve trata de acomodarse y falla, por lo que termina cayendo con parte importante de su peso contra la pierna herida de Javier.
"Mierda- A-ah", siente el quejido del hombre contra su boca como un baldazo de agua fría, y se tira para atrás con tanta agresividad que casi se cae de la cama.
"Ow fuck- fuck- you okay?", jadea con preocupación mientras intenta recuperar el aliento, pero su miedo se ve rápidamente reemplazado por otra cosa al ver la expresión del hombre acostado, al notar el color rojo de sus mejillas y sus ojos brillantes, "Are you into pain or some shit? Damn it, Javi"
Javier se vuelve a reír, sin negar o afirmar su acusación, y Steve se da el lujo de acostarse a su lado. La cama es muy chica para dos hombres adultos de más de 1.80, por lo que están tan apretados que puede sentir como los músculos del torso del hombre se contraen y relajan con cada respiración que toma para calmarse.
Se permite, también, cerrar los ojos de nuevo. De golpe siente que le tocan la cara, y Javier lo acerca a su cuerpo antes de que pueda resistirse, aunque en el fondo sabe que tampoco habría querido hacerlo. Sonriendo de oreja a oreja, se frota contra la camisa de su compañero y exhala profundamente.
"You know what? Let's try this", dice Javier, y él reacciona a sus palabras con un honestamente ridículo sonido de felicidad, que lo hace reír una vez más. Steve siente las vibraciones a través de su ropa, y ya comienza a tramar su plan para hacerlo reír cada futuro día de su vida.
"So... Will you be my boyfriend?", pregunta dubitativamente, y tiene tanto tanto miedo de arruinar el momento que ni siquiera lo mira.
Unos segundos después, que vuelven a sentirse eternos para él, por fin escucha que Javier susurra su nombre, y lo obliga a dirigirle la mirada de nuevo. Su compañero levanta la mano y él, como si fuera algo que hacen hace años, entiende el pedido tácito al instante y entrelaza sus dedos con los suyos.
"Only if you accept to be mine", y mientras Peña habla, Steve nota como aprieta su mano (sospecha que no se da cuenta que lo está haciendo, que es un gesto inconsciente de un hombre más nervioso de lo que lo deja ver), y la presión es tan fuerte que le duele y lo emociona en igual medida.
"I've always been", confiesa y le devuelve el apretón, a consciencia.
