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Cool With You

Summary:

Siempre hay una excepción para las barreras que impone el amor, incluso para el mismísimo Cupido, quién se suponía que solo debía cumplir con el deber que se le fué otorgado.

Notes:

Una historia mitsukou inspirada en la canción Cool with You de NewJeans!
Con un amorío entre cupido y un humano, ¡Espero les guste!

(Final feliz)

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Aquella chica corría rápido entre la multitud.

 

Para él era difícil poder divisarla entre toda esa gente. Un paso en falso y podría arruinar el plan qué, cautelosamente, había planeado con anterioridad.

 

Sus ojos la escanearon al completo y al fin se tomó un momento dónde pudo suspirar, siguiéndola de cerca a donde sea que ella fuese. 

Sus ojos pegados en la fina espalda de aquella muchacha, siguiendo sus pasos tanto como si fuera a pisarle los talones y haciendo que su propio cabello rosado se alborote con cada paso que daba.

 

No importaba en lo absoluto, al fin y al cabo nadie se daría cuenta de su presencia.

 

Con sus ojos fijos en ella como si fuera un depredador en mitad de su caza, terminó por seguirla a un elevador que conocía perfectamente. Un elevador tan pequeño y antiguo, que la dirigiría rápidamente al último piso del edificio, donde estaban aquellas pinturas tan famosas de la ciudad en la que en ese momento se encontraba.

 

Por el rabillo de su ojo vió como antes de que la pequeña puerta se cerrase por completo un cuerpo masculino se dió paso en su interior.

 

Su plan había resultado.

 

Con desdén desvío su mirada que se encontraba posada en aquella peliblanca para dirigirla hacía aquel intruso en aquel cubículo.

 

Como si él les hubiera hablado al oído a ambos, ellos se miraron, surgiendo una chispa instantánea.

 

La chica habló primero, con aquel tono coqueto que ya estaba harto de escuchar. El joven sonrió y le correspondió, debido a esto aquella deidad decidió dejarlos en paz.

 

Las flechas del amor habían sido disparadas con facilidad. Sousuke sabía perfectamente que solo él u otro señor Cupido serían capaces de destruir un amor nacido de una flecha.

 

Se permitió maldecir un poco ante lo aburrido que estaba siendo ver y sentir esa escena dejada atrás.

 

La galería estaba repleta, a aquel ser de Amor le gustaba pasearse por los pasillos repletos de pinturas de aquellos seres sobrenaturales, que para él, no eran nada más que recuerdos de algún momento de la vida.

 

Divisó a una mujer frente a él, flechándola al instante y siguiendo su paso hacía una de las secciones que él mas recordaba: La sala del amor, dónde estaba en exhibición aquella pintura tan famosa de la Diosa más bella existente, Afrodita.

 

Con un suspiro y un rápido movimiento de ojos logró divisar a un muchacho a la distancia, emparejando a ambos y haciendo que la gran chispa del amor florezca entre ellos. Resignado los observó sonreírse mutuamente y alejarse mientras conversaban.

 

Sintiéndose extraño, mantuvo su mirada fija en aquellas manos que se rosaban levemente. Sousuke sabia que significaba aquello: una evidente muestra de interés en el uno y el otro, con aún más intenciones escondidas detrás.

 

En medio de su tramo al lugar su cuerpo fue atravesado por un tumulto de gente que murmuraba de forma molesta. 

 

Una mueca de asco se dibujó en su rostro. Los humanos no sabían controlar sus emociones como un ser normal, no eran capaces de hacer las cosas bien y de mantener la calma en el momento en el que algo nuevo se presentaba ante ellos. Algo nuevo que los hacía emocionarse de cualquier manera que sus sentimientos les permitieran, como lo era el ver una pintura en exhibición.

 

Giró su cuerpo con decisión y se encaminó hasta detenerse justo delante de dónde debería estar el nacimiento más hermoso plasmado en un lienzo.

Sin embargo, lo único que encontró fue una obra completamente distinta a la esperada, una completamente brillante que captó su atención en un instante.

 

En ella estaba aquella hermosa princesa siendo acompañada por el antiguo Dios del Amor. Él le hacia compañía, la miraba y la alababa de pies a cabeza mientras ella ni siquiera notaba su presencia.

 

La pintura era tan gigantesca y llamativa que no tardó en recibir la atención que merecía de las personas en aquel lugar. Era una verdadera obra de arte que era digna de admirar.

 

Sin embargo, el guía solo habló y se fue, siendo perseguidos por el grupo completo. Su rostro cambió su serenidad y volvió a su habitual mal humor.

 

Los humanos eran insensibles.

 

Los humanos no admiraban la belleza.

 

Los humanos no entendían el significado de las cosas.

 

Los humanos no podian admirar la existencia de un ser superior a ellos por mas que asi se los impusieran desde un principio.

 

Todos los humanos eran iguales.

 

En eso, un cuerpo apareció a su lado, suspirando palabras de admiración y asombro en dirección a la pintura.

 

No pudo evitar girar en su totalidad para ver al recién llegado, tampoco pudo evitar disparar su flecha en el momento en el que se giró para mirarlo. Pero ahí estaba, observando a un humano con las manos vacías y usando sus propios ojos para poder analizar con detenimiento la obra de arte frente a sus ojos.

 

El señor Cupido no pudo evitar dirigir su total atención hacía él, viendo como este sonreía y evitaba pestañar en cada momento para poder observar un poco más.

 

Se acercó más a esta persona, notando la diferencia que este tenía sobre los demás humanos. Ojos azules como el mar de donde emergió la Diosa del Amor y la Belleza, y de dónde el Dios del Oceano gobernaba sin descanso. Cabello rubio, brillante como el mismísimo Sol que iluminaba todo a su alcance. Se preguntaba si no estaba frente a algún ser celestial como los que veía por sobre las nubes.

 

A un ser divino parecido a él.

 

Lo vió sonreír poco más y algo dentro de él se derritió al ver sus colmillos marcados, parecidos a los que poseían las bestias de los bosques encantados de donde provenía. Aquella mezcla de suaves y aterradores rasgos lo hizo temblar en su lugar.

 

Con cuidado trató de forzar un minimo contacto visual con este ser, hasta el punto de poder ver sus propios ojos rosados brillar en el iris del contrario. Más no recibió una correspondencia a su comportamiento y este ser humano simplemente se marchó del lugar.

 

Lo había visto.

 

Lo había flechado inconscientemente al posar sus ojos en él.

 

Y debía flechar a alguien más para que el humano no sufriera las consecuencias de anhelar un amor que nunca llegase. Ese era su deber como Cupido y no debía romper las reglas.

 

Pero no quería.

 

No queria ver a nadie más.

 

No queria ver que aquel humano tuviera un final feliz como las demás parejas.

 

Quería observarlo más de cerca.

 

Sin perder un segundo más, corrió detrás de él. Las calles estaban vacías por lo que pudo divisarlo fácilmente. 

 

Su cuerpo se impulsaba involuntariamente hacía aquel muchacho, anhelando no ver la nuca de su objetivo, sino que buscando su rostro en cualquier oportunidad que se le presente.

 

Para complacerse a sí mismo se adelantó varios pasos hacía delante del joven rubio, sonriendo ante lo infantil que se sentía revoloteando su ropa y cabello.

 

Caminando de espalda se permitió observarlo un poco más. 

Sus mejillas estaban acaloradas, seguramente por la tenue luz del Sol caliente que poco a poco se preparaba para cederle su lugar en el cielo a la Luna. Era una escena hipnotizante.

 

Mientras lo observaba sentía una curiosidad creciente en su interior, que se manifestaban en un anhelo por conocer a quién tenía en frente.

 

¿Cuál era su nombre?

 

Por más qué intentara hablarle le resultaba imposible que el humano pudiera escucharlo, este simplemente seguia con su día sin ningún tipo de preocupación.

Completamente ajeno a la sensación que llenaba el cuerpo de aquel Cupido.

 

Mientras ambos caminaban, Sousuke se sentía acompañado. Era una nueva sensación que comenzaba a llenarlo desde dentro al ver aquella aura resplandeciente que emanaba del ojiazul.

 

Sentía nuevas ganas de salir a caminar con él, de estar rodeado de esa buena vibra y dejar de usar aquella estúpida y anticuada túnica de deidad para usar aquellas prendas vívidas que lucian los humanos siempre que los veía pasar.

 

No importaba cuántos kilómetros recorriera, su cuerpo invisible al ojo humano saltaba de alegría al estar en compañía.

 

Aquel rubio entró a un departamento y se dió paso en el elevador del lugar. 

A su lado, otra chica subió de manera apresurada y con bolsas cargadas de artículos valiosos de alguna joyería.

 

Era el momento perfecto en el que su papel como Cupido debía cumplirse y su extraño juego con el humano debía terminarse.

 

Dió todo de sí para poder observar a la muchacha.

 

Puso todo su esfuerzo en poder disparar aquella flecha hecha de pluma con sus ojos rosados en dirección a la señorita.

 

Pero no lo logró, sus ojos no querían dejar de ver al humano frente a él.

 

No querían dejarlo fuera de su vista y mucho menos emparejarlo con alguien más.

 

Fue entonces que el corazón de Sousuke dió un vuelco al recordar al Cupido del que fue sucesor. Al recordar la trágica historia de su amor imposible con la princesa y de la infeliz vida que tuvo que soportar hasta el día de su solitaria muerte por no obtener el amor que él antíguo ser deseaba.

 

El ascensor se abrió y dejó ir a ambos jóvenes, quiénes siguieron sus propios caminos hacía sus hogares.

 

La puerta volvió a cerrarse y devolvió al Dios hasta la planta más baja del edificio.

 

Él queria ignorarlo.

 

Sousuke quería ignorar a su parte humana que ansiaba un amor como los que otorgaba a los demás, pero sabía perfectamente que era algo imposible si quería conservar su rol como el tan aclamado Señor Cupido.

 

No obstante, eso no le impedía observar al muchacho las veces que quisiera.

 

🏹🏹

 

A medida que fueron pasando los días y semanas, las sensaciones nuevas y agobiantes crecían en el interior de Sousuke.

 

El mortal que había visto y que había captado su atención era alguien bondadoso, a quien le gustaba pasear por las calles y charlar con las personas. Eso le permitía a Sousuke hacer su trabajo y disparar las flechas hacía aquellos que tuvieran un destino prominente al lado de una pareja. Sin embargo, esto era difícil, pues debía hacerlo aleatoriamente y sin ver para evitar que su querido humano resulte unido a otra persona.

 

Era agotador, pero definitivamente aquella sonrisa brillante frente a él lo reconfortaba.

 

Pero, a veces, la sola presencia del joven lo llenaba de una nostalgia profunda, la cuál lo hacia regresar a esos viejos tiempos.

 

Los ojos azules del chico brillaban cuando comía. A veces se preguntaba que se sentiría volver a saborear una comida.

 

Su cabello rubio se movía lentamente por la leve brisa que recorría las calles de la cuidad. A veces se preguntaba si era justo para él no ser percibido en la tierra ni por el mismísimo viento.

 

Y lo más importante.

 

La piel bronceada que se contraía sobre sí al sentir frío, lo que le hacía preguntarse a si mismo como se sentiría tocarlo.

 

Había pasado ya un tiempo desde la última vez que vivió como humano, tanto que casi no recordaba su propia cara.

 

A veces su mente solía divagar en el pensamiento de poder ver su rostro y sentir el contacto humano una vez más.

Pero recientemente, se percató que ese deseo de volver a ser un ser mortal solo se manifestaba cuando aquel joven estaba cerca.

 

Ahora mismo, lo observaba dormido en su habitación. Estaba sin camisa gracias a la temperatura elevada del ambiente en el que residía, tendido sobre su cama y respirando tranquilamente.

 

Aquella vista le hizo sentir un nuevo anhelo que no había experimentado antes, algo como un fuego interno que lo impulsó hacia adelante.

El pelirrosa se acercó y se trepó en la cama, viendo como sin importar que tan pesado sea esta no se hundía en dónde él tocase.

 

Sousuke observó con cuidado el rostro sereno y de facciones angelicales debajo suyo. El rubio estaba completamente sucumbido en los brazos de Morfeo y se veía extremadamente bien a pesar de eso.

 

Sabía que no debía admitirlo. Que por más que el humano le genere buenas sensaciones no debía ceder ante los encantos que el rubio le proporcionaba.

 

Una sonrisa se dibujó en sus labios mientras acercaba una de sus manos a la mejilla contraria. No podía sentir ningún contacto, pero podía imaginarse la dulzura y calidez brotar de la piel de aquel joven.

 

En su estómago se formaron grandes olas de mar y múltiples tornados que amenazaban con golpear su pecho y garganta, ansiando salir. Sousuke sabía que significaba aquello.

 

Cupido no debía enamorarse, ya que fue bendecido para otorgarle el don del amor a alguien más. Él lo sabía perfectamente.

 

Sin embargo, el deseo y anhelo que sentía y luchaba por liberarse eran más fuertes que él. Se preguntó si podía estar con él a pesar de la clara diferencia de naturaleza.

 

Sabía que los ángeles y demonios lo juzgaban, al igual que los demás dioses y semidioses que eran testigos del Amor imposible de una deidad hacía un simple mortal.

 

Su mirada fue a parar a un espejo cercano a la cama, en donde se reflejaba el cuerpo del humano en completa paz mientras descansaba. Su pecho dolió al ver que nadie más se mostraba allí, sintiendo como si su existencia fuera completamente ignorada.

 

Con una última mirada salió del apartamento y tomó aire, mirando hacía el cielo e implorando una respuesta a los dioses, quiénes no hacían más que abandonarlo en su propia desdicha.

 

Al ver que estaba completamente solo corrió bajo la luz de la Luna, quién también parecía observarlo con curiosidad. Sousuke juraba que en su mirar había un deje de empatía que se le era dirigida a él.

 

Se dió paso entre las paredes del museo donde empezó todo. El gran lugar, ahora vacío, estaba en completa calma, lo que le permitía pensar con claridad. Posó su mirada en el gran lienzo frente a él, el mismo en el que su humano y él se habían encontrado por primera vez.

 

Sus ojos repasaban cada contorno del tinte sobre aquel pedazo de tela, simulando los trazos perfectos del pintor que la creó.

A pesar de eso, su mente solamente podía concentrarse en el rubio de ojos azules que ocasionó estragos en cada lugar de su cuerpo y mente, aún si este no le había dirigido ni una sola palabra o mirada.

 

Sousuke dejó de ser un humano hace tiempo. Él había aceptado el rol que se le fue asignado de poder emparejar a aquellas almas perdidas y solitarias. Él mismo se percibía como un alma perdida y solitaria.

 

Decidido y dandole una última mirada a la pintura, salió del lugar. Fue recibido por la suave lluvia que caía por montones sobre sí mismo, atravesandolo como si él no estuviera ahí. 

A medida que caminaba con un rumbo fijo, dejó caer su ropa, la que alguna vez fue hecha por los mismos dioses y miró al cielo, susurrando las palabras de renuncia hacía su puesto como el Señor Cupido que unía a las personas desamparadas.

 

Fue en ese entonces en el que su cuerpo sintió la frialdad del verdadero mundo después de mucho tiempo. En el que su cuerpo poco a poco fue entrando en contacto con la mortalidad.

 

La suave lluvia que caía y solía atravesarlo, ahora estaba bañandolo completamente, dándole la bienvenida a su nuevo cuerpo como humano. No importaba que tan frío se sintiese, tampoco importaba el hecho de que estaba siendo completamente mojado y luego tal vez sufra las consecuencias por su nuevo cuerpo débil.

Él estaba conforme con esta forma y no importaba que sacrificios tuviera que hacer de ahora en adelante.

 

Intentó avanzar unos pasos, pero sus piernas flaquearon y cayendo de rodillas contra el duro suelo. Emitió un leve gemido y trató de reincorporarse y limpiarse mientras el agua se encargaba de ahogar su rostro.

 

En ese mismo instante, su mirada se posó en un pequeño charco de agua limpia debajo de un gran farol con luz blanquecina, donde su propia cara se reflejaba relucientemente como si un ángel hubiera descendido del cielo.

 

Una serie de recuerdos borrosos lo abrumaron. Su vida pasada y lo miserable que esta fue, su muerte y su incorporación al círculo de deidades de la Tierra, le devolvió todo el dolor que creía que había olvidado, haciendo que se enconja cada vez más debajo de la lluvia que parecia no tener intenciones de apiadarse de él.

 

Un grito a la distancia, casi que camuflado por el sonido del agua chocar sobre la acera, lo sacó abruptamente de sus pensamientos y lo hizo levantar suavemente la mirada. Contrariamente, lo único que su cuerpo atinaba a hacer era debilitarse cada vez más hasta tenerlo recostado sobre el frio suelo.

 

¡Oye! ¡¿Te encuentras bien?!

 

Esa voz le dió la fuerza suficiente para enderezarse lentamente, viendo lo que tanto ansiaba desde hacia tiempo.

 

Frente a él, el mismo chico de ojos azules, cabello dorado e hipnotizante sonrisa lo veía preocupado, cubriéndolo con una manta y proporcionandole calor. Sousuke sintió como su cuerpo se llenaba de una calidez incomparable de un momento a otro.

 

¿Qué haces aquí solo y desnudo en medio de la lluvia?— El ojiazul lo envolvió en sus brazos y trató de levantarlo.— ¿Estás borracho? Dime, ¿te hicieron algo?

 

Por más de que el pelirrosa intentará responder, su mirada estaba completamente perdida en el rostro de quién había sido su obsesión durante semanas enteras.

 

Al no recibir respuesta, el muchacho más alto lo tomó en brazos y lo arrastró como pudo hacía una zona techada, con cuidado de no agobiarlo.

Por su parte Sousuke se abrazó al cuerpo ajeno, implorando al universo nunca más alejarse de aquella sensación.

 

El rubio se alejó un poco y trató de encontrar su mirada, resignandose cuando este simplemente lo evitó.

 

¿Qué te sucedió?— El pelirrosa negó rotundamente, mientras sus manos cubrían su rostro.— ¿Como te llamas?

 

Sousuke elevó la mirada hasta unir sus ojos con los contrarios, sintiendo una corriente de calidez recorrer su cuerpo desde sus dedos hasta la punta de sus orejas.

 

El muchacho frente a él sonrió de manera reconfortante y se colocó sobre sus rodillas en el suelo para estar a la altura del pelirrosa.

 

¿Cuál es tu nombre?— Preguntó sin más.

 

Como si se hubiera teletransportado, su mente regresó a aquellos momentos en dónde lo menospreciaban por ser un hombre débil, donde se burlaban de su apariencia femenina y hasta de su propio nombre. Mientras lo miraba a los ojos, suspiró, aliviado de que todo haya válido la pena.

 

M-Me llamo Mitsuba Sousuke...— El más bajo sintió sus mejillas calentarse en cuánto el contrario sonrió aliviado y se acercó más.

 

Yo soy Minamoto Kou, un gusto.— Habló, sonriendo en grande, aún con un deje de preocupación.

 

Minamoto Kou.

 

Así que ese era su nombre.

 

Estaba seguro que no podría olvidarselo jamás.

 

Antes de que Sousuke pudiera reaccionar, fue tomado por la cintura y hombros, siendo elevado hacia arriba y arrastrado hacía un lugar en concreto.

 

Mi departamento esta por aquí cerca, es probable que tengas una conmoción por algún golpe y no voy a dejarte tirado y desnudo en medio de la lluvia...— Suspiró y afirmó su agarre.— Además, ¡Debes decirme si algo paso! No tengas miedo en hablarme.

 

El olor corporal de Minamoto no era desagradable y su tacto desnudo era más cálido de lo que esperaba. Fue justo después de esas palabras que el antíguo Cupido se percató de que ahora no estaba solo, y que lo esperaba una larga y nueva vida, siendo acompañado por quién más amaba, y que esperaba, que lo amará de vuelta, dándole la oportunidad de conocerlo y de pasar tiempo juntos.

 

 

Fin.

 

Notes:

Gracias por llegar al final <3, continuaré subiendo historias de esta hermosa pareja, ¡espero les haya gustado!

Twt: @Sousukefresita
Eunice

(Subo AUs en Español)