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Percy no iba a las obras de teatro a no ser que fuera necesario. Siempre había sido demasiado difícil concentrarse en una sola cosa. No comprendía la historia, lo que tenía entendido, era el punto de ir en primer lugar. Si agregabas su incapacidad de quedarse horas en un asiento sin moverse y en silencio, Percy era la peor elección para acompañarte. Incluso su madre se había resignado, y ella era una fanática del arte en todas sus expresiones.
En conclusión, nunca iría por voluntad propia.
... O al menos eso creyó hace una semana.
Es por Annabeth Chase que está ahí, en su lugar menos favorito en el mundo, un viernes por la tarde. Aunque si alguien le preguntara, diría que era apoyo moral para su amiga con un pequeño papel secundario. Conocía a sus amigos, si descubrieran la razón real, empezarían a molestar a Percy con bromas sobre cómo quería «ganarse a la chica». Percy ya había vivido esa etapa muchas veces con Rachel, Calipso y Reyna. Y si Annabeth también lo recordaba —lo cual esperaba porque se vería ridículo hablando con ella como si se conocieran—, en el campamento de verano al que su madre lo llevaba cuando era niño. Los campistas mayores solían bromear con ellos actuando como una «vieja pareja casada». Aún recordaba lo mortificado que se había sentido el día que Beckendorf le había preguntado si le gustaba Annabeth y si haría algún movimiento. Admitió que ella le gustaba, pero nunca hizo nada al respecto. La cosa quedó como un pequeño crush infantil. Percy perdió el contacto después de que ella se mudara a San Francisco.
Pasaron años en los cuales no volvió a pensar en ella.
No fue hasta ese año que descubrió que estudiaban en la misma universidad. Sus amigos hablaban de la hermosa joven rubia que se presentaba en los teatros con una habilidad para crear guiones complejos y entretenidos para el público. Es por ella y su organización que el club de teatro logró destacar entre tantos y recibió nuevos integrantes ese año, si lo que decía su amiga Piper, que entró justo a tiempo antes de que se cerrarán las inscripciones, era cierto. En realidad, es por ella que sabía que Annabeth aparecía al final del show para agradecer y despedirse.
Percy planeaba llegar en el último minuto. Luego lo pensó mejor y se dio cuenta de que no tendría ningún tema de conversación con ella si ni siquiera se había tomado la molestia de dejar su ego atrás y ver la obra. Decidió que el sacrificio valía la pena.
Así que ahí estaba, sentado a dos filas de la primera, mirando a los actores hablar e interpretar sus papeles con todo lo que tenían. Percy odiaba la cosa, pero podía apreciar el esfuerzo que ponían como mínimo. Sally estaría orgullosa.
No era el mejor crítico ni el más imparcial para decir si la historia era mala o buena. Supuso que era buena, si los chillidos emocionados o jadeos de sorpresa de Grover eran algo de lo que podía guiarse. Agradeció a su amigo por acompañarlo, pese a que él fue el motivo principal por el que Percy se animó a acercarse al lugar. Había insistido en que no se rindiera con su primer amor, contra las protestas de Percy. A veces odiaba que Grover recordara tan bien sus peores momentos.
Justo cuando el asiento empezó a incomodarlo y la puerta de salida se veía tentadora, algo llamó su atención. Era una chica que había salido detrás de las cortinas con Piper y otra chica que juraba haber visto al menos una vez por la universidad. Aquella primera chica no traía nada a su mente. Parecía salida de la nada, con su gracia fácil y movimientos elegantes. El vestido rojo sangre giraba con ella si la coreografía lo dictaba. Su cabello negro no era muy largo. Imaginó que era esponjoso por como marcaba bien sus rasgos delicados; Percy se encontró deseando tocarlo para confirmar si era tan suave como se veía. Miró a los lados para asegurarse de que no era el único impresionado por la presencia de la chica y descubrió gratamente que todos los ojos se dirigían a ella. Por una vez podía decir que tenía buen ojo para el talento.
Al volver a mirar, ella ya se movía para ocultarse detrás de la escena.
Por un segundo, juró que sus ojos se encontraron. Saltó en su asiento de la sorpresa. Observó el lugar donde había estado casi como si eso fuera a traerla de vuelta.
El ruido del siguiente acto fue lo único que lo despertó de su ensoñación.
Trató de concentrarse en el resto de la obra y falló cada vez. Su mente ya no lo dirigió a la incomodidad de los asientos o los gritos de la audiencia, lo único que repetía era la chica dando vueltas casi hipnóticas.
No se dio cuenta de que la obra había terminado hasta que sintió a Grover jalar la manga de su camiseta. Los aplausos y los vítores se sintonizaron en sus oídos. Grover lloraba a moco suelto y balbuceaba sobre la historia. Percy asintió a pesar de que no entendía lo que decía. Probablemente no era necesario molestarse en fingir escuchar. Grover solo debía querer desahogarse con alguien, incluso si ese alguien era Percy «odio las obras de teatro, no me lleves nunca a una si quieres que sigamos siendo amigos» Jackson.
Para su suerte, los actores salieron para inclinarse ante el público, lo que lo alejó a Grover de él. Para su mala suerte, la chica no se encontraba entre ellos.
—Ahí está, ve a por ella.
Percy se apenaría de lo mucho que tardó en contestar a su amigo si todavía estuviera en sus cinco sentidos y no en el fondo del mar, como les gusta llamar su estado de «perdido en sus pensamientos».
Primero imaginó que se refería a la chica misteriosa. Por supuesto, ese no era el caso.
Todo lo que logró decir era un simple:
—¿Quién?
Grover lo miró incrédulo.
—¿Annabeth?, ¿Annabeth Chase? —Con disimulo, apuntó con su cabeza al escenario. Percy por fin se fijó en la rubia sonriente que saludaba al público. Su reacción no debió ser la que su amigo esperaba porque dijo con exasperación—: Hombre, es increíble. ¿Has estado babeando por ella por años y ni siquiera la viste?
Percy logró ser escupido por el mar y caer en tierra firme con eso. Oh, no otra vez.
—No he estado babeando por ella por años —replicó, molesto. ¡Solo había tenido un pequeño enamoramiento! Después de enterarse que esa amiga de la infancia estaba en boca de todo el campus había querido hablar con ella. ¡Se lo había explicado cientos de veces!—. Fue en secundaria, Grover. Secundaria. Éramos niños.
Grover meneó la cabeza, sin creer sus palabras.
—Lo que tú digas, amigo. —Percy estaba a punto de protestar hasta que Grover continuó—: ¿Aún vas a intentar hablar con ella después de esto? Ya están retirándose.
De hecho, el telón ya se había cerrado. Si quería hablar con alguien del club tendría que correr a la parte trasera del escenario. Se levantó con prisa de su asiento, despidiéndose de su amigo. Trató de ignorar la sonrisa triunfal de Grover. Percy no veía el día en que dejara de intentar emparejarlo con cualquier chica que cruzó dos palabras con él.
Subió las escaleras de dos en dos. Su corazón latía tan rápido en su pecho que pensó que explotaría. Lo atribuyó a su falta de ejercicio; le diría a su madre después de clase que tal vez era mejor volverlo a meter en natación. Incluso su respiración estaba acelerada.
Detrás del escenario encontró a todos los estudiantes que habían participado arreglando sus cosas para irse. Annabeth estaba ahí, para su alivio. Piper también. Se veía sudorosa y un poco despeinada. Ella reía de algo que había dicho su compañera.
Su mirada vagó alrededor de la sala. No encontró más rostros conocidos. Una opresión en su pecho lo dejó congelado en su lugar. No supo porqué estaba decepcionado. Si ella se había quedado atrás en los agradecimientos, era obvio que se adelantaría a sus compañeros para irse temprano.
Sus ojos y los de Piper se encontraron. Ella sonrió, moviendo su mano para que se acercara.
—¡Percy! ¡Pensé que no vendrías! —Piper lo abrazó con efusividad. Al atraparla en sus brazos, sospechó que la adrenalina del baile aún la tenía sobrecargada y radiante. Ella terminó el abrazo al recordar algo. Su ceño estaba fruncido—. Grover me dijo que no eres fan de las obras de teatro. Si hubiera sabido que era mentira te habría reservado un lugar en primera fila.
Si Percy hubiera estado ahí para hablar con Annabeth como tenía planeado en un inicio, la estrangularía por revelar su poco entusiasmo por la actuación. En cambio, le golpeó el hombro con suavidad para hacerle ver que estaba ahí por ella. Era una pequeña media verdad por su bien y el de él. Piper no necesitaba saberlo.
Percy sonrió con cariño al escucharla maldecir a Grover en voz baja.
—Oh, Grover te mintió de verdad. —Disfrutó ver la ira en el rostro de su amiga por un instante antes de añadir—: No solo no soy fan. Yo odio las obras de teatro. —Ya que Piper lo había dicho, no tenía una razón para ocultarlo.
Piper lo miró como si hubiera pateado a un bebé. O rayado su auto nuevo, que era peor.
—Eso no importa, no vinimos a hablar de mí. —Para apaciguar, agregó—: No podía perderme tu momento de brillar —Percy aduló con facilidad. Ella lo empujó de vuelta, avergonzada—. Lo hicieron increíble, tú y tus dos compañeras.
Piper se iluminó ante eso, sin notar el intento su intento sutil de conseguir información de la chica. Muy sutil, Perseus. Se golpeó mentalmente.
—¡Oh, no tienes ni idea! Era terrible hace dos semanas. —Ella miró a Annabeth para que confirmara su declaración, lo cual hizo con una mueca.
—Casi pienso en cancelar toda la obra.
Percy giró su cabeza hacia Annabeth al escuchar eso, sorprendido de que hubiera llegado a tal punto como para que ella pensara en abandonarlo. Si algo sabía de Annabeth Chase era que no se rendía con facilidad.
—¿En serio? —preguntó.
Annabeth alzó una ceja, cruzando sus brazos.
—Hola, cerebro de algas. Sí, estoy bien, gracias por preguntar. —Percy rodó sus ojos con exasperación fingida ante el apodo.
—Hola, chica sabia. Me alegro de verte.
—El sentimiento no es mutuo.
Percy se encontró sonriendo de inmediato. Era increíble lo fácil que cayeron en su vieja pero familiar dinámica, casi como si nunca hubieran dejado de hablar por años.
Piper, confundida, preguntó cómo se conocían. Ambos explicaron su tonta rivalidad y cómo Quirón había logrado unirlos al hacer que no pudieran hacer nada sin el otro. Para sorpresa de ambos, se habían vuelto inseparables. El recuerdo los hizo reír.
Hubiera seguido con las historias del campamento si no fuera por Annabeth, que encaminó la conversación como solía hacerlo años atrás.
—Respondiendo a tu pregunta —ella comenzó—. La mayoría de los veteranos se graduaron el año pasado, y no había suficiente experiencia entre los que quedaron. Agrega que vinieron nuevos ingresos y es una fórmula para el desastre. —Annabeth suspiró, majaeando sus sienes—. Y sin ofender Piper, pero tus pasos eran un desastre. Por mucho que tu canto sobrepasara las espectativas, necesitabamos toda la ayuda que pudieramos reunir.
Piper se sonrojó ante eso, rió con nerviosismo y negó que su voz tuviera algo en especial. Annabeth no la dejó no aceptar el cumplido, diciendo que era la verdad.
Percy observó el intercambio entre las dos. Uh, curioso.
—¡No me ofendes!, y gracias. —Ella tomó un mechón de su cabello y empezó a girarlo entre sus dedos—. Yo estaba fuera de ritmo en las prácticas.
Annabeth asintió, cerrando sus ojos mientras lo hacía. Piper la miró con intensidad, una sonrisa más grande y brillante en su cara. Doble uh. ¿Cómo Percy no lo había notado antes? Él no era un experto en el amor, pero le gustaba pensar que podía atrapar cuando alguien tenía un enamoramiento tan claro —por supuesto, eso no aplicaba si el objetivo de los afectos era él, como había comprobado anteriores veces—. ¿O Grover, que había estado intentando empujar a Percy hacia Annabeth desde el inicio del año? ¿Lo había notado o lo ignoraba? ¿Por eso no incluyó a Piper en su grandioso plan para juntarlo con Annabeth? Las preguntas se acumulaban en su cabeza.
—¿Qué fue lo que hizo que avanzaran con normalidad la obra? —Percy indagó para detener su cerebro de trabajar a la velocidad de la luz. También para no sentirse la tercera rueda en lo que sea que parecía estarse desarrollando con esas dos. Ambas chicas lo miraron al escucharlo hablar—. Digo, no creo que Piper y los demás pudieran mejorar de la noche a la mañana.
—No lo hicieron —confirmó Annabeth. Percy esperó expectante a que continuara—. Y no fue un qué, si no un quién. Fue Coni quien nos ayudó.
Percy no se percató de la sonrisa burlona en el rostro de Annabeth al decir el nombre. Su mente volvía a moverse con un nuevo misterio en el que centrarse.
—¿Coni? —Percy no pudo evitar asociar el nombre con la chica pelo negro. Casi parecía encajar con el rostro. Casi. Por alguna razón, sentía que algo no estaba bien del todo. No se sentía correcto.
—¡Sí! —Piper se emocionó al mencionar a la chica—. Siempre pasa cerca del club antes de ir a casa, supongo que fuimos tan malos que quiso acercarse —ella bromeó.
—Creo que fue más porque su hermana estaba ahí con nosotros y no quería que pasara vergüenza con el desastre que íbamos a ser —Annabeth razonó. Ella se alejó para recoger sus cosas. Piper la siguió como un cachorrito. Fue adorable. En serio, ¿Percy era tan terrible notando las señales?—. Ella pasaba por el club porque quería recoger a Hazel, sabes cuánto se preocupa por su hermanita.
—Él... —Annabeth tosió de repente, distrayendo a Percy—. Uh, um, ¡ella! Ella es adorable —Piper tropezó un poco mientras hablaba.
Ellas siguieron conversando de lo rápido que Coni se había unido a sus actividades, ayudándolos con la actuación y dando instrucciones constructivas para los bailarines. Fue fácil entenderla: Coni tenía una manera de atraer la atención si decidía tomar la iniciativa para mostrarles cómo debían hacerlo. Percy no dudó de ello. Recordó el escenario, donde nadie se atrevió a respirar o parpadear.
Antes de darse cuenta, todos habían mejorado bastante y estaban listos para la obra. Según Annabeth, Coni no quería participar. Su negativa fue ignorada por todo el equipo y la convencieron de hacerlo. La imaginó parada frente a los miembros del club, rechazando la idea de estar en el escenario. Absorbió la información y deseó conocerla más que nunca. Sonaba como el tipo de persona con la que Percy podía verse hablando por horas y reírse de las anécdotas que debía tener guardadas. Él mismo contando las suyas.
Cuando estaban apunto de irse, notaron que Hazel había dejado su manuscrito con los guiones para la siguiente obra.
Annabeth los tomó, suspirando.
—Será mejor que le entregue esto ahora mismo; estaremos en épocas de exámenes la semana que viene. No nos dará tiempo a reunirnos y ensayar.
—¿No puedes dárselos después?
—Hazel es de primer año, no hay muchos que compartan clases con ella. —Salieron del lugar. El pasillo estaba vacío—. Coni no pasará por aquí si Hazel fue a buscarla, como estoy segura que hizo. Los necesita si no quiere tartamudear con sus diálogos otra vez.
Percy no supo qué se apoderó de él. Tal vez solo estaba todavía impresionado por la chica misteriosa, deseando al menos conocerla y ser su amigo. Además, aquella sensación expectante de descifrar qué había de diferente en ella para hacer a Percy saltar ante su sola mención movía su curiosidad.
—Yo iré —dijo antes de pensarlo dos veces y notar lo raro que era que él, quien no conocía muy bien a Hazel, fuera a entregarle el guión. Hurgó en su cerebro por algo que lo ayudara a sonar razonable—. Antes dijiste que necesitabas correr a una exposición de arquitectura, ¿no? Llegarás tarde si te desvias —Percy agregó para sonar más convincente.
Annabeth murmuró una maldición al recordarlo. Se habían distraído bastante recuperando el tiempo perdido.
Señaló dónde podía conseguir a Hazel, lo que significaba que Percy había cumplido su propósito con éxito. Piper se rió detrás de su mano, mirándola con ternura.
—Puedo llevarte a tu casa —dijo ella como quien no quiere la cosa. Annabeth la miró agradecida—. Tengo que buscar a Jason y Leo ahora mismo antes de que empiecen a quejarse de que los abandoné. Estaré libre después de eso.
—Eso sería genial. Gracias, Piper.
Ambas se miraron con una intensidad abrumadora. Percy decidió que esa era su señal para irse.
Se despidió de ellas mientras corría en la dirección que Annabeth había señalado. El golpeteo en su pecho volvió a acelerarse.
Al llegar, Percy no encontró a Hazel por ningún lado. Supuso que las chicas debían tardar en desmaquillarse y cambiar su ropa. Aunque el vestido que usaron se veía ligero en el baile, tenía bastantes capas. Pensando en ello, había observado con demasiada atención ese pequeño momento en el escenario. Se sorprendió de lo bien que memorizó todo en su cabeza. En clases le costaba recordar la más mínima cosa a la perfección, tenía que estudiar horas para llegar a ese punto. Tal vez ahora que estaba en contacto con Annabeth le pediría ayuda en sus estudios. Claro, si no estaba muy ocupada con Piper.
Iba a sentarse y esperar hasta que vio una figura salir del baño. Su cabello negro estaba húmedo y tenía un paño alrededor del cuello con el que secaba sus labios. Percy sintió su rostro caliente. Si hubiera estado prestando atención a su entorno, vería que ella salía del baño de hombres. Sin embargo, sus ojos estaban entrenados en la chica que caminaba en su dirección. No se había quitado el vestido, lo que hacía resaltar su esbelta figura al caminar.
Percy tragó. Trató de arreglar su cabello en un movimiento; no tuvo mucho efecto.
Percy apretó su agarre en el guión. Era ahora o nunca.
—Uh, ¡disculpa! —Se adelantó para estar enfrente de la chica. Ella se detuvo y lo miró con los ojos abiertos por un segundo antes de relajar su expresión a una indiferencia practicada. Interesante, fue lo primero que Percy pensó ahora que la tenía cara a cara—. Tú… eh, estabas en el teatro, ¿no? Te vi bailar. —Percy vio como el reconocimiento destellaba en su rostro. Ella asintió. La falta de respuesta solo lo envalentonó para llenar el espacio con su propia voz—. Ya sabes, no suelo ir a ver cosas así. Tampoco soy experto en danza, pero hasta yo pude notar que lo hiciste increíble.
La chica alzó una ceja, poco inclinada a darle una sonrisa fácil por el alago. Percy sentía las palmas de sus manos sudar. Trató de limpiarlas contra sus jeans disimuladamente. Calmate Percy, se dijo a sí mismo, no estás apunto de morir por hablar con una chica.
Ella debió apiadarse de él al verlo cambiar su peso a su otro pie y pasar el papel de una mano a otra. Tal vez no estaba disimulando tan bien como creyó. Nunca fue un gran actor.
—¿Y tú eres…? —fue lo único que dijo ella, dándole espacio a Percy para contestar; o podía estar diciéndole con sutilidad: lárgate antes de que llame a la policía. Esperó que fuera la primera.
Casi trastabilló al oír su voz. Era profunda y ronca, todo lo contrario a lo que esperaba cuando la vio bailar con tanta delicadeza.
Percy se apresuró a contestar después de descifrar que la indiferencia en su rostro se volvía molestia.
—¡Oh! Sí, perdona, olvidé por un momento mis modales. —Rió nerviosamente, rascándose el cuello—. Mi madre estaría decepcionada si me viera, ella es increíble por cierto. Ama las obras de teatro casi tanto como escribir libros. ¡Son muy buenos! ¿Te gusta leer? Pareces el tipo que lee, no es que importe si no lo haces. ¡No digo que necesites hacerlo!, es solo que tienes un aura intelectual —se apresuró en corregir. No podía detenerse—. Yo no puedo leerlos bien por mi dislexia, pero ella los lee para mí y mi hermana si está libre. Mi hermanita es una dulzura, ella te amaría si te conociera. Todo el mundo ama a Estelle. En fin, uh, ¿estoy hablando demasiado? Sí, estoy hablando demasiado. ¿En que estaba? Ah, sí, y el libro lo publicará este año si todo sale bien y...
—Estás divagando... —ella dijo con suavidad. A primera vista, su rostro no había cambiado de una seriedad educada. Sin embargo, Percy pudo ver cómo se mordía el labio para contener una sonrisa. Casi aprieta su puño en victoria. Luego recordó que esa victoria había implicado vomitar temas al azar como si se conocieran de toda la vida.
—Disculpa, me distraje. TDAH. Vengo con el paquete completo. Yyyy me estoy yendo otra vez por las ramas. —Percy maldijo por lo bajo su cerebro traicionero—. Olvida todo lo que dije antes, por favor. Soy Percy, estoy en la carrera de Biología marina. Casi en mi último año. —Se sentía un idiota por minuto mientras hablaba. ¿Era necesario decir toda su información como si estuviera en una entrevista de trabajo? Golpearía su cabeza contra la pared a este paso.
Ella lo miró en silencio.
—¿... Eso es todo lo que querías decir? —ella preguntó. No parecía querer burlarse, para su tranquilidad. Se veía de verdad curiosa.
Luego, ella miró por encima de su hombro, como si esperara a alguien. Percy pensó que Hazel aparecería tarde o temprano.
La presión de la despedida se hizo clara.
—No —dijo con seguridad. Luego dudó si era demasiado atrevido—. ¿No lo creo? Yo solo… Hum, quería decírtelo en persona. Sé que ya lo dije, pero fue impresionante. Parecías volar mientras te movías, nadie decía nada porque todos tenían sus ojos en ti y pensé que… —Percy se detuvo antes de avergonzarse mucho más. Oh, sí. En definitiva su madre estaría apenada de ver a su hijo tartamudear así.
Ella se veía conflictiva. Miró a Percy como si fuera una prueba difícil de pasar. después de unos segundos en los que él temió lo peor, ella dejó salir un suspiro derrotado
—Gracias, supongo. Nunca me habían dicho algo tan... Lindo. —Percy agradeció que no comentara lo incómodo que había hecho todo con su balbuceo. Piper parecía casi sutil a su lado. Ella miró su reloj de mano—. Fue, uh, agradable escucharte hablar. En serio. Tu madre suena increible y tu hermana tambien... Es solo que ahora mismo me tengo que ir. Mi hermana está esperándome.
Percy asintió, bajando la cabeza. Una sensación pesada se asentó en su pecho; quizás era tonto, pero sentía que no tendría oportunidad de hablar con ella después de esto.
Recordó el papel en sus manos y lo extendió torpemente. Se había estirado y arrugado un poco con todos los jalones que le había dado para calmarse.
—También vine para entregarle esto a Hazel. Lo olvidó detrás del escenario. —Ella dudó antes de tomarlo—. Annabeth dice que será mejor que esté preparada la próxima vez.
—Annabeth tiene que aprender a calmarse por un segundo si quiere que vuelva para la siguiente actuación —ella trató de bromear. Percy lo agradeció por dentro. Sintió que la comisura de sus labios se elevaba—. Se lo daré, no te preocupes.
Se quedaron uno frente al otro en silencio. Ninguno sabía cómo despedirse.
Percy movió sus pies, distraído. En realidad, no quería que la interacción terminara. Aun así, estaba asustado de la reacción que ella tendría después de su desastre de primera impresión.
—¿... Hay algo más que quieras decirme? —Ella adivinó de manera correcta.
Percy respiró hondo. Podía hacer esto. ¿Qué había dicho Grover una vez? Naciste para enamorar a las chicas, Percy. No dudes en decirle a una que te gusta. Caerá por ti tarde o temprano.
No iba a decirle eso, por supuesto. Solo era un pequeño enamoramiento. Con su número y ser amigos bastaba.
Ella esperó paciente su respuesta. Percy no quería irse sin preguntarle.
Dilo de una vez, Perseus.
—Uh, se que no nos conocemos, pero me gustaría que fuera así... Eh, pareces una chica increíble y yo, bueno, quería saber si tú y yo podíamos salir un día y… hablar. Conocernos. ¿Ser amigos primero, tal vez? ¡Si tú quieres, por supuesto! no te volvere a molestar si no quieres.
Grover era un mentiroso. Él en definitiva no podía hacerlo.
Percy iba a matarse apenas llegara a su casa. Morir ahogado sonaba como una buena opción, llenaría su bañera de mucha agua y...
Ella hizo una mueca. No necesitaba ser un genio para deducir lo que eso significaba.
Percy cerró los ojos, preparado para el rechazo amable de no querer volver a verlo. No la culparía.
La respuesta que recibió no fue la que esperaba.
—Percy… soy un hombre.
No tuvo tiempo de emocionarse por oír su nombre salir de sus labios por primera vez porque la última palabra lo desconcertó por completo.
Ella... Él... ¿Hombre? Sentía que su cabeza iba a explotar.
El ambiente ya era bastante incómodo, ¿pero ahora?, ahora era tan pesado que sentía como si estuviera cargando el cielo para no morir aplastado por la presión.
—Pero… pero tú eres… Coni no era... —balbuceó en un intento de asimilar en su cabeza la idea de la chica misteriosa siendo un hombre. Su cerebro parecía rechazarlo cada vez. Odiaba que le costara tanto ponerse al día con la revelación.
El chico miró a los lados, sus manos retorciéndose con nerviosismo, malinterpretando la sorpresa en el rostro de Percy. Toda confianza anterior se desvaneció.
—Mira, he estado ayudando al club por mi hermana por un tiempo. No tendría problemas en admitirlo y que me vieran hacerlo si no hubiera faltado un rol de chica. Me pidieron hacerlo . No... No podía negarme, se habían esforzado mucho para este día. Hazel estaba teniendo su primer papel. No sería justo que yo los dejara colgando. —Percy tuvo dificultades para entenderlo con lo rápido que hablaba—. Y Coni... Uh, Coni era su manera de llamarme cuando estaba vestido de chica para que nadie supiera que era yo.
Percy tardó en entenderlo. Cuando lo hizo, solo pudo llegar a una conclusión:
Iba a estrangular a Annabeth la próxima vez que la viera.
No había manera de que ella no supiera eso y aun así dejó a Percy ir y confundir el género de este chico que obviamente se sentía incómodo y aterrado por toda la situación. ¿Creía que a Percy no le gustaría si se lo decía? Ella debió juntar las piezas. Annabeth solía saber lo que pensaba sin problemas, era uno de sus rasgos que más amaba y desesperaba. Él no podía leerla así de fácil. Dejando de lado su dixlesia, dicho sea de paso.
Al parecer, ella no pensó el daño que haría con eso mientras el fin justificara los medios. Recordó que era una de las cosas que no le gustaban de Annabeth y por la de las cuales le fue fácil pensar en porqué no habrían funcionado en el pasado.
—Entonces… eres un chico —Percy preguntó despacio, obligando a su cerebro a procesar la información.
—Sí, desde que nací. ¿Quieres que te muestre mis documentos, oficial? —Aunque resultaba bastante obvio que era algo que no solía hacer, él trató de aligerar el ambiente. No funcionó.
De hecho, fue incluso más incómodo.
El silencio cayó de nuevo.
A Percy no le molestaba que fuera hombre. Dioses, Percy jamás juzgaría a nadie por eso. Sería el primero en salir a discutir con cualquiera que no aceptará que cada persona era diferente y eso no significaba que estaba mal. Percy lo sabía muy bien desde niño.
Se había dado cuenta de su sexualidad cuando comenzó la universidad. Le gustaban los chicos y chicas por igual, y quería decirle al chico eso, pero la noticia fue tan repentina e impactante que no tenía palabras para expresarse como le gustaría.
El chico confundió su falta de respuesta con indignación y comenzó a retroceder un poco. Su rostro cambió a un color más pálido de lo que ya era.
—Oye, siento decepcionarte y sé que no es normal, creeme. —El cerebro de Percy empezó a gritar en alarma ante esas palabras—. Solo supéralo, ¿bien? Encontras una verdadera chica a la que perseguir muy pronto si continuas así. —Sus nudillos estaban casi blancos de lo apretado que era su agarre en el bolso. Reajustó la correa, pasando a Percy como si no hubiese hablado con él y dejado paralizado más de una vez en ese día.
Espera no. No, no, no.
Solo en ese instante el cerebro de Percy se puso al día con su cuerpo y se movió con rapidez para tomar el brazo del chico. No quería que se fuera y tuviera la impresión de que Percy era un idiota que solo buscaba una chica linda para divertirse; que enterarse que era un hombre asqueaba a Percy. El pensamiento le dio ganas de vomitar.
Él se volteó a verlo, la ira escrita en su cara, listo para atacar si era necesario. Percy podía sentir el ligero temblor en el brazo del chico, sin embargo.
—¿Qué quieres? —espetó.
Percy se encontró con los ojos del chico. Se sintió como la primera vez en toda la conversación. Eran grandes y redondos, le recordaban a los documentales de ciervos que vio por la televisión con su mamá en sus días libres. El color era un marrón tan oscuro que casi los podía confundir con negro; resaltó aún más su tamaño y forma. Se veían un poco húmedos y rojos. Percy se sintió horrorizado de pensar que fue él quien provocó aquello. Se perdería en cada pequeño detalle si no recordara que tenía que hablar.
—No me importa.
La confusión que vino con su declaración reemplazó la ira.
—¿Qué?
—No me importa —repitió con mayor seguridad—. No me importa que seas un chico. Todavía me gustas —aseguró, rogando a los dioses que él pudiera ver en su rostro que no había rastro de mentira.
No reparó que lo último que dijo podía tomarse como una confesión. Su prioridad estaba en hacerle entender que Percy quería hacerlo sentir cómodo.
Debió conseguir su objetivo, porque el chico dejó de mirar su rostro; evitó sus ojos a toda costa. Un rubor suave decoraba sus mejillas. Percy solo se concentró en lo lindo que se veía así de apenado.
Sonrió en victoria cuando el otro habló.
—Pero querías una chica —su voz era baja, insegura—. Yo no soy una chica.
Percy pensó en lo dolorosa que se escuchaba su voz; la manera en la que se quebró al final. La gente podía decir que él no era el tipo inteligente de su grupo, pero Percy podía entender cuando algo causaba dolor en alguien. Esas simples palabras tenían más significado de lo que se decía y se encontró deseando tranquilizar al chico. Quería saber qué era lo que le molestaba, entenderlo de verdad.
Ignoró la declaración, porque tenía la sensación de que eran más para sí mismo que para Percy y, podía apostar, no estaría listo para hablar de eso con un tipo que acababa de conocer.
Soltó el brazo del otro.
Eso captó la atención del chico, sorprendido por la falta de contacto repentina. Percy se acercó un poco aprovechando la confusión, solo lo suficiente para no verse extraño hablado a cuatro pasos de distancia.
—¿Cómo te llamas? —Preguntó en su lugar, tratando de ser casual. Quería darle un nombre a ese rostro: a este chico que lo miraba conmocionado, con sus labios suaves abiertos, con sus ojos marrones como el chocolate caliente que preparaba su madre en navidad, con el cabello negro que le recordaba a las noches oscuras sin estrellas llenas de relatos y risas en familia, la piel pálida que lo traía a un día de invierno en su apartamento.
Se preguntó cómo se vería el chico delante de él en la playa gritando porque Percy había tirado agua a su rostro, o en invierno con sus mejillas rojas por el frío mientras se acurrucaba junto al fuego.
Justo a un lado de Percy.
Quería tiempo para conocerlo porque sabía que si se lo daba, que si este chico decidió que quería darle una oportunidad a Percy, nunca lo soltaría. Era una sensación que recorría su cuerpo como las olas chocando contra la costa. Las palabras que su madre le había dicho una vez regresaron como la marea. El rostro de su madre lleno de nostalgia y tanto cariño. No lo había entendido en ese momento, pero ella le había asegurado que lo haría en el futuro. La sensación de que una persona movería tu vida con solo mirarla, que te atraía a su lado sin siquiera intentarlo. Una felicidad que se construía lentamente, pero que valía cada segundo. Sally lo había sentido una vez con Poseidón, su padre biológico. Luego con Paul, su padrastro, que era una de las mejores personas que Percy había conocido. Un apoyo que su madre merecía después de soportar tantas cosas malas.
Algo en este chico, que solo había estado frente a Percy dos veces ese día y ya había movido cada parte de su ser, le gritaba a Percy para no dejarlo ir. Percy siempre había sentido un poco más que la mayoría, su corazón demasiado grande, como decía su madre. Lo asustó un poco lo mucho que quería que este chico fuera parte de su vida.
Oh, dioses. Percy estaba tan perdido.
Con timidez, el chico tocó el lugar donde la mano de Percy había estado minutos antes. El corazón de Percy latió aun más rápido por alguna razón.
—Nico —susurró, mirando a Percy como si esperara que se alejara en cualquier momento.
No podía estar más equivocado.
Nico. Percy se encontró deseando decir ese nombre en ese mismo instante.
Quería mostrarle a Nico que lo veía como era, que Percy no lo dejaría a menos que Nico se lo pidiera. Quería decirlo porque sabía que no dejaría de repetirlo una vez que su cuerpo recordara cada sílaba. Incluso si perdía la memoria, su corazón recordaría el nombre de Nico. Incluso si los dioses lo separaban de él, Percy lucharía con uñas y dientes para quedarse con su nombre.
Solo recordaría a este chico. Nico, Nico, Nico.
—Nico. —Saboreó la manera en la que el nombre caía en sus labios. El chico casi saltó al escuchar su nombre venir de él. Percy se sentía extasiado. Quería sacar muchas más reacciones de Nico, quería ver todas sus facetas—. Es un placer conocerte. Soy Percy.
Nico entendió lo que quería hacer, asintiendo. Le dio la mano para estrecharla con la suya. Su rostro estaba rojo y Percy bebió de cada reacción como un hombre sediento. Sus manos también eran bastante suaves.
—Bueno, Percy —comenzó Nico. Percy no tuvo tiempo de temblar de alegría al escuchar su nombre con la voz de Nico. Aunque podría decir que soñaría con ese momento por días; quería oír ese sonido toda su vida. Sus manos seguían unidas, esta vez los ojos de Nico destellaban con decisión y un fuego que calentó el rostro se Percy tanto como el de Nico—. ¿Aún quieres esa cita?
Sí, sí, sí. Percy sonrió aún más que antes.
—Oh, dioses, sí —Percy gimió de alivio mientras Nico se reía de su reacción, ahora mucho más relajado en su presencia. Fue gratificante.
Podía ver un largo camino antes de llegar a algo más que amigos, pero disfrutaría el viaje. Nico sonrió, una sonrisa pequeña pero estaba ahí, dirigida a Percy. Supo que valdría cada maldito segundo la espera.
