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Characters:
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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-04-20
Completed:
2025-11-02
Words:
37,218
Chapters:
8/8
Comments:
66
Kudos:
195
Bookmarks:
18
Hits:
3,067

Casate conmigo, después te explico

Summary:

Enzo está preocupado por sus finanzas y le pide ayuda a Julián.

Notes:

Hola! Como dije en los tags, esta parte va a ser medio bajón, pero es para que tenga sentido la propuesta. Después va a cambiar a un tono ligero y por ahí medio exagerado (la otra opción sería escribir un angst muuuy sentido, pero no estaba de humor para algo así). Bueno, acá va este capítulo breve a modo de introducción...

Disclaimer: si bien sigue al canon, hay situaciones que se cambiaron con respecto al orden cronológico de la vida real y a motivaciones de las personas. No tengo nada en contra de nadie del entorno de Enzo ni de Julián. Insisto: es todo para darle un contexto más o menos creíble a la idea del fic. Por ejemplo, acá la pareja de Enzo será un poco villana, por lo menos en un principio, pero mi idea no es demonizarla a ella, ni dar a entender que en la realidad puede estar ocurriendo algo de esto.

(Nada que ver con nada, pero aprovecho para aclarar que tengo un problema con los sobrenombres ya en mi vida, y no hay chances de que me refiera a una Valentina como "Valu", por lo que acá Enzo la va a llamar así, pero Julián le va a decir "Valen". Si leyeron otras cosas mías, por ahí se dieron cuenta de lo mucho que me cuesta escribir "En" o "Enzi". Hasta el "Enzurri" llego porque suele ser en joda).

Chapter 1

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Enzo no entendía muy bien lo que estaba pasando en el juicio por la muerte de Maradona. Más allá del debate por la posible mala praxis, había dos cosas que le llamaban sumamente la atención: la primera, que su entorno en los últimos tiempos fuese gente completamente ajena a su familia y la segunda, que hubiese ocurrido en una casa alquilada. Tampoco entendía cómo era que ese tal Matías Morla se quedó con toda su plata y tuviese la patente de su apellido como marca registrada.

Esos pensamientos lo rondaron por varios días hasta finalmente quedar en un segundo plano. Después de todo, la vida seguía y los problemas cotidianos propios tenían un protagonismo mayor en su día a día que la noticia de turno.

Luego ocurrió la rotura de ligamentos de Licha. El entrerriano estaría varios meses fuera de las canchas. ¿Y si hubiese tenido otro tipo de lesión, una lo suficientemente grave que lo obligara a dejar el fútbol para siempre? Enzo no podía dejar de pensar en que algo así le podría pasar a él. Si llegara a darse el caso de que, de la noche a la mañana tuviera que colgar los botines para siempre, ¿podría garantizar el futuro de sus hijos con lo que había ganado hasta el momento? ¿Y si le pasaba algo como al Diego?

Esa era la incógnita que no lo estaba dejando dormir. Parte de él le decía que no se preocupara. Nada le pasaría, además era millonario. Incluso si se lesionaba, tenía un contrato que el club debía cumplir. Todo estaría bien. Pero… ¿y si no?

Estuvo varios días con ese tema en la cabeza hasta que decidió contactar a su contador y a su abogado para quedarse tranquilo de que ninguna letra chica le arruinaría los planes si alguna vez ocurría el peor escenario.

Le confirmaron que todo estaba en orden. Sin embargo, Alejandro, el dueño del estudio contable que le llevaba las cuentas, le recomendó extraoficialmente que le diera una revisada a sus pagos mensuales y que evitara los gastos innecesarios.

Su primer instinto fue desestimar la recomendación. Estaba forrado en guita, tenía una dieta estricta y se desvivía en cada entrenamiento para dar todo de sí en cada partido. ¿No era libre de darse los gustos acaso? De todas formas, cuando llegó a su casa, se dispuso a leer el informe detallado que el hombre le había enviado junto con aquel consejo.

Por supuesto, encontró gastos que podría reducir si quisiera. La mayoría eran provenientes de Argentina. Enzo estaba orgulloso de poder sostener económicamente a sus padres y de ayudar a sus hermanos, no tocaría nada del dinero que les pasaba. Algo similar le ocurría con la familia de Valentina. No veía sentido a que gente de su entorno pasara necesidades cuando él estaba más que en condiciones de ayudar. No obstante, le gustaría que Francisco, uno de sus cuñados, le encontrara un rumbo a su vida.

Enzo siempre tuvo muy en claro la gran responsabilidad que asumía al involucrarse en el fútbol. Todo el esfuerzo de sus padres debía valer la pena, de lo contrario se vería obligado a recurrir a un plan B que no tenía. En cambio, el hermano de Valentina tenía varias puertas abiertas: el mediocampista podía pagarle estudios, utilizar sus contactos para que jugara en las inferiores de un club, proporcionarle los fondos para poner un local. Propiciar lo que sea que quisiera hacer con su futuro. Sin embargo, se dedicaba a “vivir la vida” y, de acuerdo con el informe, venía alcanzando el límite de su extensión de la tarjeta de crédito los últimos meses.

Enzo lo entendía, era todavía un pendejito y recién estaba buscando su rumbo. No todos tenían por qué compartir el hambre de victoria y la pasión que él había tenido desde chico.

Negó con la cabeza al ver los gastos del chico y se prometió a sí mismo que llamaría al banco para que le redujeran un 20% el límite de la tarjeta. Siguió mirando y encontró algunos montos llamativos tanto en los Fernández como en los Cervantes, pero eran gastos ocasionales que no requerían atención urgente. Quizás charlara con ellos la siguiente vez que se encontrasen en el mismo país y les pediría que se midieran un poco.

Luego se dedicó a los gastos de Inglaterra. Su primera decisión fue reducir los viajes de sus visitas. La mayoría de sus afectos estaban en otro continente, pero podían curar la extrañitis con videollamadas y algún viaje por semestre. Las familias deberían limitar sus reencuentros a las convocatorias de la FIFA o a sus vacaciones. Listo.

Lo que en verdad llamó su atención fueron los gastos de su pareja.

La morocha tenía un montón de transferencias a Argentina. A sus padres, a sus hermanos, a sus amigas, a otros miembros de la familia.

—¿Qué onda?

 

—Me parece que me están cagando plata, Juli —concluyó Enzo después de resumirle lo que había descubierto.

Era septiembre y hace un par de horas había llegado desde Madrid junto a sus compañeros del Atleti. Ni bien ingresó a la habitación que compartía con el mediocampista, su amigo le pidió un momento para hablar. Llevaban treinta minutos sentados en sus respectivas camas, uno frente al otro.

—Por ahí estuvieron en aprietos por algo y Valen los ayudó. ¿Por qué no lo hablás con ella y te dejás de hacer la cabeza? —le recomendó. Sabía que Enzo iba a especular hasta volverse loco si no encontraba una explicación.

—Lo hablamos. Me dijo que también era su plata y que podía hacer con ella lo que quisiera. Para mí ni ahí porque no estamos casados.

—No se lo dijiste, me imagino. ¿No?

—¡Obvio que se lo dije! —protestó Enzo poniéndose de pie y empezando a recorrer la habitación, mientras Julián lo seguía con la mirada—. Ella no entiende que no me molesta darles plata en sí. Bah, a su familia por lo menos. Que las amigas se caguen.

—¿Y qué te molesta?

—Que me lo oculten y gasten en un montón de cosas al pedo, como si la plata me la sacara del culo. Encima después vienen y se instalan en casa, en Londres y me los tengo que fumar —se cruzó de brazos, chinchudo, volviéndose a sentar frente al delantero.

—¿Te puedo decir algo sin que te enojes?

—¿Qué?

—Ella tiene algo de razón: sí es su plata también porque ustedes están conviviendo desde antes de que firmes los contratos —Enzo abrió la boca para protestar, pero Julián levantó la mano, pidiéndole que lo dejara terminar—. Igualmente, estoy de acuerdo con vos en que no puede decidir esas cosas sin tenerte en cuenta.

El delantero no le quiso decir que le sonaba raro que la pareja de su amigo hiciera transferencias a sus espaldas porque no quería echar más leña al fuego.

—Eso es lo que más me molesta —se apoyó los antebrazos sobre los muslos, inclinándose hacia adelante—. Además me lo tiró lo más tranquila. Un poco me desilusionó su actitud.

Julián estiró un brazo y le apoyó la mano en el hombro a modo de consuelo. No había nada que agregar. Era una verdad universal que no hay que sumarse a los amigos cuando bardean a sus parejas: ellos se arreglan y uno queda como el malo de la película.

Enzo pareció pensativo por un largo rato antes de preguntar:

—Si vos algún día te querés separar de Emilia, ¿no tendrías problema en la división de bienes porque empezaron a salir después de que firmaras con el Manchester?

—Tal cual. Algo le correspondería, pero no tanto como a Valen.

El mediocampista suspiró.

—No sé qué hacer. Son muchos gastos al pedo y ella está como necia con eso. No quiere dar el brazo a torcer.

—Qué sé yo. Cásense pero firmen un contrato prenupcial antes —tiró a modo de sugerencia, soltándole el hombro no sin antes darle una palmadita en la zona. Era evidente que su amigo necesitaba consejos que estaban muy lejos de las respuestas que podía dar. Lo que no significaba que no fuese a intentar darle ideas.

—No, si me decís que ya le corresponde la mitad de todo.

—Pero por ahí, arreglan otro porcentaje y quedan los dos tranquilos. Si no, la que te queda es volver atrás en el tiempo —dijo en broma.

El cordobés no tenía ni idea de cuánto iban a resonar sus palabras en la mente del morocho durante el siguiente mes.

Notes:

Esta historia va a tener pocos capítulos (cinco como mucho). Originalmente iba a ser un one shot, pero cuando estaba por la mitad me di cuenta de que el final iba a ser muy "bleh" y ahí caí en que la trama pedía varios capítulos y ser encarada por otro lado. Así que dije "lo dejo para más adelante" y acá estamos.

Más allá del disclaimer, no me voy a hacer la boluda: la idea original era que se tuvieran que casar en secreto para hacerle un favor al otro y, si bien todo se exagera para que lleguen a ese punto, sí me estoy agarrando del vivo de ciertos en el que se quejaban de que E no les pasaba más plata. De algún lado me tenía que agarrar🤷‍♀️