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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-04-20
Words:
2,257
Chapters:
1/1
Kudos:
5
Hits:
39

505

Summary:

En un cuarto de hotel marcado por encuentros y despedidas, Jisung y Hyunjin luchan por mantener viva una relación que se deshace entre la fama y la distancia. Él, una estrella en ascenso; el otro, un refugio que ya no sabe cuánto más puede esperar.

Notes:

One-Shot inspirado en la canción 505 de Arctic Monkeys.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

—¿Otra vez?

Los cautelosos pasos de Jisung se detienen cuando escucha la voz bañada en sueño de Chan. Reprime un suspiro y cierra los ojos lentamente mientras piensa alguna excusa para librarse de cualquier tipo de interrogación. Se relame los labios al darse cuenta que no se ve capaz de mentir, no a Chan, quien se ve tan vulnerable y preocupado.

—No puedo evitarlo —murmura.

Su voz no debió haber salido tan rota.

Una luz tenue ilumina el recibidor y es en ese instante cuando Jisung finalmente puede apreciar el rostro teñido de preocupación de Chan. Traga un poco de salvia debido a los nervios y ya está listo para quitarse los zapatos y volver a la cama cuando Chan suelta un suspiro pesado, como si estuviera arrepintiéndose de algo.

—¿Estarás bien? —Jisung se mantiene en silencio y Chan niega levemente con la cabeza—. ¿Volverás a tiempo para la entrevista que tenemos por la mañana?

Jisung asiente rápidamente mientras ignora la repentina ansiedad que se clava en su pecho. Nota que la mirada de Chan sigue siendo intranquila, pero no se le ocurre ninguna oración para aliviar sus preocupaciones. Se acerca un poco dudoso antes de dejar un suave beso en su sien izquierda, Chan bufa casi con sarcasmo. Detrás de él está Changbin, quien se mira igual de preocupado que Chan. Alzas las cejas, intentando comunicarle que sea prudente. Antes de que pueda decir nada, Chan lo aparta y le dice que se largue de una vez antes de que se arrepienta por dejarlo ir.

Jisung no tiene que escucharlo dos veces.

Corre hasta el coche de Chan con una gran sonrisa, la alegría recorre por todo su cuerpo hasta terminar en las yemas de sus dedos. Acelera más rápido de lo que debería, pero en lo único que puede pensar es en reducir esos 45 minutos de viaje en coche a la mitad. Conduce hasta un hotelucho de baja calidad, pero donde guarda muchos de sus mejores —y quizá también peores— recuerdos. El chico rubio de la recepción lo mira pasar por la puerta casi con aburrimiento, pero en cuanto Jisung se planta delante de él, una sonrisa impregnada de burla se dibuja en él.

—¿Has visto qué hora es, Han? —pregunta el rubio con burla. Jisung suspira y le regala una mirada molesta—. De ser él, me hubiera ido hace tres horas, o cinco.

—Solo dame la llave —murmura Jisung, impaciente.

—¡Por supuesto! Habitación 505, la de siempre.

Jisung ignora la sorna en su voz y comienza a subir las incontables escaleras de ese maldito hotel. No se deja amedrentar por los comentarios de Felix que, pese a tener razón, no cree que sea algo que le incumba. Sube escalón tras escalón con una sonrisa en su rostro, se imagina a su acompañante esperándolo, acostado en su respectivo lado de la cama y con su mano descansando entre sus muslos. Una pose tan suya, una imagen tan banal, que provoca un remolino de felicidad centrado en el estómago de Jisung.

Le gustaría ser recibido por esa imagen todas las noches.

Abre la puerta y, pese a no estar como se lo imaginó, de todas formas, se encuentra despierto, esperándolo, sentado en la cama con una mirada casi angelical que se clava en él al cruzar el umbral de la puerta. Jisung tiene que detenerse un par de segundos para mirar bien al joven antes de dejarse llevar por la vorágine de complicadas emociones que amenazan con controlarlo.

—Hyunjin... —suspira Jisung.

Se vuelve difícil saber, con la mirada que Hyunjin le da, lo que este espera. Puede querer que corra a la cama y lo sostenga entre sus brazos, puede que quiera que Jisung lo bese y no separarse nunca de él. El silencio se vuelve ensordecedor, ambos corazones laten con fuerza y Jisung solo es capaz de cerrar la puerta con un ligero movimiento, le cuesta moverse de ese lugar viendo los dedos de Hyunjin juguetear con la sábana como si buscara desesperadamente algo a lo que aferrarse. Jisung suelta un jadeo débil cuando Hyunjin lo observa con esa manera tan suya de mirar que parece traspasar la piel y arrancarle cualquier mentira que lleve encima.

—Son las tres de la mañana... otra vez —dice por fin, con una pequeña sonrisa que no termina de llegarle a los ojos—. ¿Es tu hora favorita para romper el corazón?

No es necesario preguntar si Hyunjin ha llorado, por mucho que quiera ocultarlo y parecer sereno. Jisung lo conoce y tiene sus ojos completamente memorizados, nota la diferencia más mínima, como la leve hinchazón en ellos o, centímetros más arriba, un piercing en su ceja que no tenía la última vez que se vieron. La tensión que cubre la habitación 505 está llena de una tensión dolorosamente conocida, la misma que nace entre ellos cuando su amor está cansado, pero es incapaz de rendirse.

Jisung avanza, por fin, lo hace con torpeza y casi se tambalea ante lo dolorosas que resultaron ser las palabras de Hyunjin. Deja caer su mochila al suelo, sin importarle que los regalos que le lleva se rompan, sus zapatos suenan contra la alfombra y Jisung termina ahí, en la misma, arrodillado frente a Hyunjin. Alza su mano con cuidado y le acomoda un mechón de su largo cabello detrás de la oreja. Hyunjin cierra los ojos mientras suelta un suspiro, no parece placer sino más bien agotamiento, como si ese simple gesto le removiera más que cualquier palabra.

—Yo no quiero que lo nuestro se acabe, Hyunjin.

La voz de Jisung es apenas un susurro, un hilo que puede romperse con la brisa más tranquila de todas. El dolor llena su pecho, sus palabras duelen porque son honestas. El miedo cubre su cuerpo una vez más porque cuando tiene el momento tan cerca, la bomba está a punto de explotar en su cara, es cuando se da cuenta que lo que más teme es perderlo.

Jisung baja lentamente su cabeza hasta terminar apoyando su frente en la rodilla de Hyunjin. El cuerpo entero tiembla, conteniendo todas las emociones que lleva días, semanas —joder— incluso meses acumulando. La mano de Hyunjin no tiembla ningún instante cuando la alarga para dejarla caer sobre la nuca de Jisung, sus dedos se enredan entre el cabello, sin fuerza, es como si el gesto fue únicamente hecho para confirmar que él seguía ahí.

Una lágrima traicionera se escapa de Jisung.

—Haz que valga la pena quedarme, entonces —murmura Hyunjin antes de jalarlo con suavidad hacia la cama.

Jisung se recuesta a su lado mientras Hyunjin limpia la humedad que dejó la lágrima que cayó. Los ojos de Jisung brillan, quizás siendo estos una metáfora del vidrio frágil que ahora es su corazón y que en cualquier momento puede romperse por un pequeño descuido. Se miran a los ojos y sus manos se buscan a tientas bajo las sábanas arrugadas.

—Jisung... Cada vez que te vas, me quedo en esta habitación recogiendo los pedazos de lo que éramos y... y me pregunto si estoy loco por seguir haciéndolo.

Jisung traga con dificultad y se odia más que nada en este mundo porque su Hyunjin no debería sentirse así. Se odia por no saber cómo hacer que todo vaya bien, se odia por dejarlo solo, por no poder detener el tiempo, los conciertos, las entrevistas ni las decisiones que otros toman por él.

—Tú me haces querer volver, aunque esté a miles de kilómetros —dice Jisung, acariciándole la mejilla con suavidad—. Aunque esté al otro lado del mundo... yo siempre estoy volviendo a ti, porque si no eres tú, no hay nadie más a quien pueda llamar hogar... Pero siento que llego tarde todo el tiempo, siento que... sé que llego cuando ya estás harto, cuando ya no te quedan ganas.

Hyunjin no se aparta, pero tampoco lo abraza. No se mueve ni un ápice, solamente lo mira directamente a los ojos mientras le permite hablar, porque siente que a veces es lo único que puede hacer: escuchar como la distancia los quiebra y su amor se desmorona tan dolorosamente delante de ellos, dando pie a la impotencia porque, aunque puede verlo, no hay nada que Hyunjin pueda hacer.

Jisung lo sabe, sabe lo que Hyunjin está pensando porque lo mira a través de sus expresiones. Se derrumba porque él no quiere darse por vencido, quiere seguir luchando, aunque duela. Entiende la frustración que Hyunjin siente, es como un cuchillo que se retuerce al pensar en que debe caer cerca de una frágil marca que ambos dejaron en el otro.

—Estoy cansado, Jisung —murmura entrecortado, con lágrimas contenidas en los ojos—. Y tú también lo estás, ¿no lo ves? —añade antes de que Jisung comience con las múltiples negaciones—. ¡Esta distancia nos está destruyendo! Las despedidas son cada vez más largas. Las llamadas más frías. Y yo... yo ya no sé si soy suficiente para que te quedes.

Jisung se permite derrumbarse un poco y se inclina hacia Hyunjin para apoyar la frente con la suya. Sus dedos se entrelazan con la fuerza de alguien que sostiene con miedo algo que sabe que perderá.

—Tú eres lo único que me hace querer quedarme —afirma con voz temblorosa—. Pero no sé cómo sostenerte sin destruirte y tampoco sé cómo amarte sin herirte.

La segunda lágrima de la noche cae, pero esta no es derramada por Jisung, cae desde la comisura del ojo de Hyunjin hasta perderse en la almohada. Es la lágrima más silenciosa que puede haber, pero es suficiente para romperlo absolutamente todo. Jisung la notó, brillante y la siente como un grito desgarrador, casi como una despedida sin palabras. Siente como si una cuerda apretara cada vez con más fuerza su garganta. No puede evitarlo y abraza a Hyunjin por la cintura, apretándolo más fuerte de lo necesario, como si con sus simples brazos pudiera evitar verlo partir. Jisung anhela poder detener el tiempo, quisiera poder dejarlo absolutamente todo.

El abrazo no sirve para calmar a Hyunjin, es más, lo termina por destruir y comienza a temblar entre sus brazos. Entonces, sin necesidad de que Hyunjin se lo diga, Jisung sabe que lo está haciendo otra vez. Él siempre está llegando tarde, él siempre está corriendo hacia Hyunjin solo para encontrarlo al borde de una despedida. Jisung siempre es recibido con su mirada angelical, las emociones tragadas, con los ojos hinchados por haber llorado antes de su llegada. Y él... él siempre arruina el momento porque no sabe quedarse sin desmoronarlos.

Entonces otra lágrima cae.

Hyunjin apenas se separa, lo suficiente para quedar cara a casa, sus respiraciones rotas chocando en un intento de poder arreglarse. Los largos dedos de Hyunjin suben hasta el rostro de Jisung y lo acarician con la ternura más dolorosa con la que jamás lo ha acariciado. Jisung solloza inevitablemente.

—No quiero verte llorar por mí, idiota —murmura Hyunjin con cariño—. No cuando sé que despertaré sin ti otra vez.

Es la primera vez que Jisung siente que odia a Hyunjin. No lo dice, es algo estúpido, lo odia porque tiene razón. Casi siempre llega con un "te extrañé" cuando en su lugar debería estar pidiendo perdón. Entonces Jisung se da cuenta que siempre arruina las sorpresas al encontrarse, que no importa cuántos regalos consiga, ni cuantas palabras de añoranza le dedique. No importa nada de eso porque Jisung siempre permite que el peso de la culpa sea más grande que el alivio de volver a tocarse.

Jisung ve las palmas de las manos de Hyunjin dirigirse a sus ojos, casi como si quisiera jugar, como si aún quedara un poco de los adolescentes enamorados e inocentes que fueron antes de todo. No lo permite, Jisung se mueve y reacciona demasiado rápido, por lo que toma las muñecas de Hyunjin y las baja.

Exige ver, saber y sentir.

Al hacerlo, se encuentra con una expresión que no debería estar ahí. Una mezcla de amor y resignación en el angelical rostro de Hyunjin, como si hubiera estado preparándose para despedirse desde antes de que él llegara.

—No me tapes los ojos —susurra Jisung, dejando suaves besos en sus manos—, no me escondas de lo que ya tenías pensado. Si vas a llorar, por favor, déjame verlo y si me odias por esto, por favor... por favor, déjame sentirlo.

Pero Hyunjin solo lo observa un largo momento, antes de acurrucarse en su pecho, con un suspiro tan largo que parece despedirse de algo que ha dolido demasiado. Jisung tiene miedo de que ese algo se trate de ambos, lo envuelve entre sus brazos una vez más y no sabe si lo está protegiendo o si simplemente está aferrándose a él como a un salvavidas.

La sorpresa se ha arruinado. La distancia sigue ahí.

Conocen la manera de romperla y Hyunjin es quien lo empieza, con húmedos besos en su cuello. Jisung lo continúa, jadeando ante cada caricia que Hyunjin deja por todo su cuerpo. Se toman su tiempo, como si este fuera eterno, lo disfrutan como si no hubiera un mañana. Se aman y ninguno de ellos lo duda, no después de cada beso, de las pequeñas risas o del clímax que los hace pensar que, mientras se sigan amando, es más que suficiente.

Todo es perfecto por un instante, lo notan por como la distancia se va disipando al ver que su amor sigue fluyendo entre ellos como el primer día. Y, como siempre, lo que más les duele y ninguno es capaz de decir, es que el amanecer está cada vez más cerca.

Notes:

Es el primer escrito que hago sobre cualquier pareja de Stray Kids. Se me ocurrió en un rato, llevo tiempo con un bloqueo y tenía ganas de repentinas de escribir, le pedí a una amiga que me dijera una canción aleatoria y una pareja cualquiera para inspirarme un poco. No pensaba publicarlo, pero ella me dijo que lo hiciera, así que aquí está. Espero que os guste y podamos leernos pronto con algún otro fanfic mejor preparado de Stray Kids.