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Hay algo que a Sakura aún le molesta sobre Sugishita Kyotaro.
Claro, ya habían hablado sobre muchas cosas, eran una pareja que trataba de tener una buena comunicación —lo cual era más fácil de lo que se había imaginado—, por lo que a este punto se conocían bien.
A Sakura no le molestaban las pequeñas riñas que mantenían como un extraño ritual de cortejo que solo ellos entendían.
No, era otro detalle que había comenzado a irritarle hasta que llegó a la conclusión de que le molestaba de verdad.
—¿Por qué me miras así? —le cuestionó Sugishita.
Incluso ahora a Sakura le molestaba tener que mirarlo desde abajo por su estúpida diferencia de alturas. Haruka se había desarrollado adecuadamente en los últimos años, pero Kyotaro seguía siendo exageradamente alto para su edad. Haruka se estaba comenzando a resignar a que siempre lo superaría al menos por una cabeza de altura. Que maldito desequilibrio más descomunal.
Hoy ambos tenían puesto sus sombreros de verano para protegerse del sol, habían ido a la escuela para velar por el huerto durante las vacaciones, como parte de una tradición heredada.
—¿Así como? —desvió la respuesta, para ir a buscar un poco más de fertilizante al otro lado de la azotea.
Dejaron de lado el tema por un momento hasta que Sugishita se agachó para colocar cuidadosamente el fertilizante y revisar las raíces de las plantas, ese año los tomates habían tenido unos pequeños problemas para crecer. Un poco antes de salir de vacaciones Sakura había encontrado a Sugishita cantándoles una canción de cuna a las plantas para tratar de hacer que crecieran mejor. Suo lo había engañado, pero Haruka no lo desmintió hasta que terminó de cantarle a los rábanos.
Tanto en ese entonces como ahora, Sakura notó que eran una de las pocas ocasiones en donde Sugishita se agachaba hasta por debajo de él.
Sugishita solía tener un porte encorvado, por lo que Sakura sabía que a él tambien su altura le era un poco molesta, no es algo que pudiera controlar, simplemente eran los genes. Sakura no era un tonto para reprocharle a su novio ese tipo de cosas.
No, la altura de Sugishita en realidad no era un problema, ni su diferencia corporal. No debería ser un problema si Sakura aprendía a sacarle provecho.
Como en este momento.
Sakura se paró detrás de Kyotaro, apoyándose sobre los hombros ajenos, llamando su atención.
—¿Qué te pasa hoy? —le preguntó el otro, alzando su vista hacia arriba.
El problema de su maldita altura era que gracias a ella, era Sugishita quien siempre comenzaba los besos y Sakura tenía que pedirlos para que el otro se inclinara a dárselos. Por una vez quería ser él quien le robara un beso.Haruka sonrió y se inclinó para besarlo.
Tomó la mandíbula del otro firmemente mientras mordía suavemente el labio inferior de su novio antes de retirarse, no sin antes acariciar su mentón con picardía.
—No me pasa nada, ya hice lo que quería —sonrió con dientes, relamiéndose los labios.
Kyotaro desde abajo se había quedado embodado por un momento, su sombrero había caído sobre sus hombros en el proceso, afortunadamente su abuela les había puesto un lazo para que no se volarán con el viento.
Cuando tuvo tiempo de reaccionar, Kyotaro gruñó algo inentendible y volvió a las plantas. Sakura notó que sus orejas estaban sonrojadas por algo más que el sol. Aún se avergonzaba con facilidad.
Le acomodó el sombrero antes de ayudarlo con el fertilizante.
Sakura no lo sabía, pero ahora había comenzado una pequeña competencia de besos robados que se aseguraría de no perder.
