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No disfrutaba estar de vuelta en Grimmauld Place, aquellas paredes estaban colmadas de amargos recuerdos para él, sin embargo, Dumbledore necesitaba un cuartel para la Orden y aquella casa era lo único que podía brindarle.
La había estado limpiando, sacando cosas que ya no quería o simplemente consideraba inútiles para él, por supuesto que aquello no le agradó a Kreacher, lo había descubierto escondiendo todo lo botado dentro de un pequeño almacén en la cocina. Cubrió los molestos retratos familiares y los refundió en una de las habitaciones del tercer piso, esperaba que con eso se callaran un rato, los únicos que dejó en su lugar fueron los de sus padres y hermano, no atrevió a tocarlos.
— Harry estará aquí en cualquier momento.— Remus apareció por la puerta.
Se giró para verlo y asintió. Después de tantos meses por fin podría ver a su ahijado.
— Bien.— Pasó junto a Remus y observó el comedor. Le había ordenado a Kreacher cocinar lo necesario para una gran cena, la situación se estaba tornando complicada, pero aún así quería brindarle algo de tranquilidad a Harry.
Eran lo más cercano que tenía a una familia, una real, esperaba que esa noche pudiera aligerar un poco su carga.
Un ruido en la puerta atrajo su atención, Moody entro a la casa y detrás de él lo hacían Harry y sus amigos. Sonrió con alegría al ver a su ahijado, lo recibió con los brazos abiertos, rodeándolo en un fuerte abrazo.
La cena fue servida y todos los presentes comenzaron a sumergirse en divertidos e interesantes relatos sobre su estadía como estudiantes. Bromas, partidos de Quidditch ganados gracias a las habilidades de James, anécdotas que Harry apreciaría de ahora en adelante.
El buen ambiente de la cena se vio interrumpido ante el sonido de la puerta abriéndose nuevamente, todos se pusieron algo tensos pues no esperaban a algún otro miembro de la Orden. Moody sostuvo su varita, listo para el combate en caso de ser necesario, mientras que Sirius y Remus caminaron con lentitud hasta la entrada, Remus quien iba al frente quedó estático cuando llegó a la sala principal.
Harry intentaba ver que era lo que pasaba, pero no lograba ver nada incluso poniéndose de puntillas. Sólo tenía la corta visión de un Remus completamente impactado frente a la puerta.
Sirius se impacientó al ver cómo Remus permanecía quieto y sin decir nada, pronto caminó hasta quedar a su lado y entonces la vio, de pie en medio de la sala.
— Hola Sirius.— El sonido de su voz lo hizo estremecerse.
— Venus… — No recordaba la última vez que había pronunciado aquel nombre.
Moody volvió a meter su varita entre su túnica y con una expresión algo molesta se dio la vuelta para volver a la mesa. Harry seguía confundido junto a Ron y Hermione, Remus sobó la parte trasera de su cuello mientras caminaba lentamente lejos de Sirius, podía ver cierta incomodidad en él.
— ¿Quién es ella? — Preguntó cuando Remus estuvo a su lado.
La mujer parecía tener más o menos la edad de Sirius y Remus, su rubio cabello estaba cuidadosamente peinado en un moño elegante y sus ojos grises desprendían un aura fría, aunque la tenue sonrisa sobre sus labios daba una vibra completamente diferente.
— Es la esposa de Sirius.— La respuesta sorprendió a Harry, quien lo observaba fijamente, buscando alguna señal de que lo dicho por Remus fuese una broma.
— Antes de eso también fui su prima.— Respondió la mujer.— Aunque ninguno de esos títulos son del agrado de Sirius, me temo.
Remus agachó un poco la mirada, Sirius seguía de pie frente a ella, sin siquiera moverse, simplemente la miraba fijamente, como si quisiera asegurarse de que la persona frente a él fuese real y no sólo otro fantasma de su pasado.
— No era mi intención interrumpir su reunión.— Continuó hablando ante el silencio.— Recibí una carta hace algunos días y el remitente fue muy insistente en que hiciera una visita a la antigua casa de los Black.
— ¿Quién… — Remus comenzó, pero se detuvo al encontrar la respuesta él mismo.— Dumbledore.
— Siempre ha sido un hombre muy… especial.— Venus terminó diciendo.
— ¿Por qué estás aquí? — Sirius finalmente había decidido preguntar.
— Han pasado más de diez años desde la última vez que te vi.— Le recordó con algo de dolor en la voz.— Supongo que sólo quería verte una vez más.
Remus les hizo una seña a Harry y los demás, terminó sacándolos de aquella habitación para darles algo de privacidad a Sirius y Venus, tenían asuntos pendientes y a nadie más le concernía aquella conversación.
— ¿Vas a burlarte de mí? — Había rabia en aquellas palabras. Sirius podía jurar que era diferente al resto de su familia, pero todos los Black odiaban de la misma manera, era un odio que iba de generación en generación.
— ¿Por qué haría eso? — Por años se preguntó cómo sería un reencuentro entre ambos, ahora estaba justo frente a ella y seguía sin saber que hacer o decir.
— Para tener la satisfacción de poder mirarme a la cara y decirme `te lo dije’ — Su rostro se contrajo en una mueca.— La espera debió ser eterna para ti.
— No vine a eso.— Sus brazos se cruzaron frente a su pecho.— No estoy aquí para reclamarte algo o para burlarme de ti Sirius. Años atrás tomaste la decisión de dejarme y corriste a salvar a tus amigos y con el pasar del tiempo hice las paces con ese hecho.
Venus sabía que no existía poder en todo el mundo mágico que impidiera que Sirius corriera directo a James, él siempre estaría ahí para ayudar a su mejor amigo, sin importar que. Por eso guardó silencio, lo dejó irse, porque así era Sirius y con una guerra a la vuelta de la esquina ella debía enfocarse en cosas más importantes. Cuando se enteró de que había sido enviado a Azkaban su corazón se rompió en mil pedazos, quiso volver y ayudarlo a demostrar su inocencia, pero no pudo y así fue como él terminó pasando doce años encerrado, doce años volviéndose loco y ahogándose en la culpa de no haber podido salvar a sus amigos.
— Al menos podrías decirme que te dejé en vano.— Verla tan tranquila delante suyo, diciéndole que lo había perdonado por abandonarla años atrás lo hacía sentir inquieto y molesto.
— Tienes la prueba de que eso no es cierto justo en la habitación de al lado.— Señaló la puerta que daba al comedor.— Tu ahijado esta bien y vive para ser la esperanza de los demás.
— ¿Sabías que te busqué después de lo ocurrido con James y Lily? — Su mirada melancólica se clavó en ella.
— ¿Qué?
— Corrí devuelta a ti después de dejarte, pero me topé con la casa vacía.— Nunca se lo había dicho a nadie. La noche en que perdió a James y a Lily fue una de las peores de su vida, quiso volver a casa y esconderse, lo primero que pensó fue en correr a los brazos de Venus, pero no la encontró por ningún lado.
Las esperanzas de verla una última vez continuaron persistentes en él, pensó que la vería durante su juicio, entonces le diría que era inocente y ella le creería y haría todo lo posible por ayudarlo. Pero le negaron el derecho a tener un juicio justo, con eso lo sentenciaron a pudrirse en Azkaban y también le negaron la oportunidad de verla a ella una última vez.
— No podía quedarme.— Su respuesta fue apenas audible.
— Esperaba que lo hicieras.— Confesó con egoísmo.— Y cuándo vi que no lo hiciste, comencé a arrepentirme.
Su labio tembló ligeramente, podía sentir como algunas lágrimas se acumulaban en sus ojos.
— Había ocasiones en las que podía escuchar tu voz llamándome.— Sus manos se cerraron en puños llenos de frustración.— Lo peor era soñar contigo, la culpa no me dejaba tranquilo. Seguía preguntándome de manera constante si estarías bien, si me odiabas o si al igual que todos tú también me creerías un traidor capaz de entregar la vida de sus amigos.
— No había forma de que yo pensara eso de ti.— Lo tranquilizó mientras mostraba un ligera sonrisa.— Tu devoción por James siempre estuvo por encima de todos.
— Incluso por encima de ti.— Mencionó con desgano.
— Sobretodo por encima de mí.— Reconoció con cierta amargura en su voz.— Pero era algo comprensible, a diferencia del resto de nosotros tú lo elegiste a él, tu relación con él no fue algo impuesto por la sangre o la conveniencia de la familia.
— No todo sobre nosotros fue una obligación, Venus.— Si, habían sido comprometidos en contra de su voluntad y terminaron casándose en consecuencia, pero el inicio de lo que tuvieron antes de eso no fue impuesto por nadie.
Cuando cruzaron aquella línea durante su época de estudiantes en Hogwarts sabían muy bien que nada volvería a ser lo mismo. Pero les importó poco, frente a sus amigos y el resto de sus compañeros de Gryffindor decía odiar a su familia y sus tradiciones arcaicas sobre la pureza de la sangre y sin embargo, a escondidas la buscaba a ella, buscaba su mirada, su presencia y su toque, estaba jodido.
El abuelo Pollux solía decirles que habían nacido el uno para el otro, eran apenas unos niños y no comprendían el peso de sus palabras, conforme pasaban los años y su rivalidad se asentaba en el colegio menos entendían aquel decreto. Pero entonces, un maldito día todo se fue a la mierda, él la vio llegar del brazo de Snape a aquel estúpido baile organizado en honor al aniversario de Hogwarts y no pudo apartar la vista de ambos, siempre atento a lo que hacían.
— No.— Admitió.— Y nos costó muy caro el que no lo fuera.
Él asintió con lentitud ante sus palabras y terminó riendo sin ganas. Llevó sus manos hasta su rostro, frotándolas dos veces para intentar calmarse un poco, peinó su oscuro cabello hacia atrás y volvió a mirarla.
— ¿Te vas a quedar? — Sabía que era una pregunta tonta, pero aún quería una respuesta positiva a su ofrecimiento.
— No.— Su respuesta cortó sus ilusiones.— Debo volver a casa.
— ¿Dónde has estado todos estos años? — Era poco probable que después de su encarcelamiento en Azkaban, Venus decidiera mudarse a alguna de las otras propiedades pertenecientes a la familia Black.
La opción de quedarse con algún otro familiar también estaba descartada, no quedaban muchos Black ahí afuera, al menos no de apellido. Y la conocía lo suficiente como para saber que tampoco acudiría a sus hermanas mayores, la desquiciada de Bellatrix terminó en Azkaban junto a él, había pasado años sin tener contacto con Andromeda después de su expulsión de la familia y Narcissa, ella podría haber sido la única opción.
— En Francia.— Tenía sentido ahora que lo pensaba.— Usé parte de mi herencia para comprar una casa y terminé mudándome. Es la primera vez en doce años que pongo un pie en Londres.
— Es una lástima que no quieras quedarte por más tiempo.— Después de haber estado tanto tiempo separados el uno del otro, definitivamente le gustaría poder hablar más con ella.
— Si haces un espacio en tu concurrida agenda tal vez podría venir de nuevo.— Sirius le sonrió en respuesta, una sonrisa genuina, una que había pasado años sin ver.
— Me encantaría.— Estuvo de acuerdo en su propuesta.— Te estaré esperando para un agradable almuerzo.
— Es una promesa.— Le apuntó con el dedo mientras sonreía. Él asintió en respuesta, hubo un pequeño silencio antes de que ella volviera a hablar.— Debo irme ahora.
Quiso decirle algo, pero ella ya había tomado la decisión de no quedarse en Londres, no debería insistirle con eso. Camino hasta ella y con su mano señaló el pasillo de la entrada principal de la casa.
— Te guiaré.— Venus aceptó gustosa el amable gesto y comenzó a caminar seguida por él.
No tardaron mucho en llegar hasta la puerta, se dio la vuelta para verlo una última vez antes de irse, sus rostros estaban más cerca de lo que creía, ambos pares de ojos grises se mantuvieron firmes sobre el otro. Estando así de cerca fue capaz de notar como los años que pasó encerrado en Azkaban le habían pasado factura, seguía viéndose algo demacrado, de manera casi inconsciente su mano derecha acunó su mejilla y la acarició usando su pulgar.
— ¿Ya no soy tan guapo, verdad? — Comentó con tono de burla.
Ella negó suavemente para después apartar su toque de su rostro.
— Siempre has tenido tu encanto.— Sirius siempre fue alguien atractivo, incluso ahora después de pasar más de una década encerrado en el peor lugar posible seguía teniendo ese toque seductor que lo caracterizaba durante los mejores años de su juventud.
Depositó un suave beso de despedida sobre su mejilla, gracias a sus tacones no tendría que ponerse de puntillas. Le brindó una última sonrisa y se dio la vuelta, abriendo la puerta y saliendo de aquella casa que albergaba un montón de recuerdos buenos y malos, él la vio irse, no miró atrás en ningún momento.
— Hasta luego, Venus.
