Chapter Text
En las profundidades del bosque donde las estrellas lloran y puedes casi alcanzarlas, vive un misterioso brujo que si bien era casi imposible encontrarlo debido a que este gozaba de viajar.
Varias personas, seres y monstruos que necesitaban su ayuda a él acudían, siendo capaces de realizar hechizos y librar maldiciones. Por lo que se había ganado su respeto, pero eso no es solo lo que se dice él, un oscuro pasado cargaba en sus hombros, pero de eso hablaremos más adelante.
Dentro de su cabaña vieja, el brujo miró por su gran espejo que lo alertó sobre la llegada de unos visitantes que se adentraban en el bosque, sabía muy bien que necesitaban de sus servicios, decidió ver más de cerca, sintiéndose cada vez más atraído por ellos. Fijó su mirada en el joven que iba montado en un caballo blanco, ocultaba su apariencia en una capucha café oscura, llevaba una armadura de color grisáceo. Iba acompañado por una ninfa de mediana estatura, quien con sus flechas cuidaba las espadas de su compañero derrotado a toda criatura maliciosa que intentaba interponerse en su camino.
Lo que realmente llamó aún más la atención del brujo, fue la espada del joven, su hoja era plateada, tenía un zafiro azul en el pomo en forma de flor, tenía una idea de quien podría tratarse por lo que quería ponerlo a prueba.
Atravesó las paredes de su cabaña, como si de un fantasma se tratase, se elevó en el cielo ya lo lejos pudo verlo montado en su corcel.
Levantó su mano izquierda, recitando un conjuro mientras esparcía semillas al rededor de su cabaña, surgiendo unas extrañas criaturas del suelo de color blanco, con una forma fantasmal, tan alargadas y delgadas, muy parecidas a los hongos. Utilizó sus habilidades de telepatía para darle órdenes e instrucciones.
<< Hanttifatteners... Busquen al viajero ya su compañero e intenten que no traspasen la barrera... >>
Al observar que su trabajo estaba hecho, se quedó observando de lejos. Las criaturas fueron en busca del misterioso viajero, quien se asombró por la forma rara de las criaturas, bajando la guardia por un momento.
—Que criaturas tan curiosas, se ven tan inofensivas. – Se bajo de su corcel para acercarse a mirar más de cerca.
—Este bosque no es el más seguro, mantente alerta. –tomó su arco en señal de defensa.
—Siempre a la defensiva, ¿Verdad, Little My?
Sin darse cuenta las criaturas comenzaron a abalanzarse encima de él, pero Little My, pudo lanzarle unas flechas, para impedir que fuera electrocutado por ellas.
—¡Solo usa tu maldita espada y no seas un idiota, príncipe de pacotilla! –lo regañó.
—Para ser alguien tan pequeña tienes un mal carácter. Además, no parecen criaturas maliciosas, no puedo matarlas –comenzó a cuestionarse si lucharía con ellas.
—¡Vuelve a decir eso y te dejo un agujero en tu cabeza! ¡Deja de ser un debilucho!
En un momento, miraron como las criaturas comenzaban a agruparse, convirtiéndose en un solo ser, tan grande como un castillo.
—¡Genial, ahora esa cosa se hizo más grande! ¡Tú y tus ideas, hay que ir por el brujo! ¡No puedo matar a esas criaturas! ¿¡Alguna brillante idea tuya!?– Little My comenzó a protestar.
—No lo sé... ¿Correr? –se le habían agotado las ideas.
Ambos fueron perseguidos por la gran criatura mientras intentaban no sufrir sus ataques eléctricos. El joven brujo le produjo risa, y le intrigó la bondad del joven príncipe, le recordó a una persona en particular. Utilizó su poder de telepatía una vez más...
<<Guíen al joven príncipe y a su acompañante a la cabaña, liberaré los sellos.>>
—Creo que me he divertido fastidiándoles –comenzó a descender del cielo y atravesó nuevamente su cabaña, esperándolos sentado en su gran sillón gastado.
La gran criatura blanca logra llevarlos cerca de la cabaña, los viajeros se dan cuenta de esto y comienzan a correr más fuerte, por desgracia no tenían la ayuda de sus caballos, los habían dejado atrás tratando de huir.
—¡Mira, veo una cabaña! ¿Será la del brujo? –preguntó feliz el príncipe.
—¡Me importa un pepino tu brujo, solo quiero que esa cosa no me maté! –le regañó con su aliento entrecortado.
Por suerte lograron abrir la puerta de la cabaña, el joven príncipe sintió como si un sello se rompiera, pero Little My no lo notó y solo cerró la puerta aliviada, cayendo al suelo de lo cansada que se encontraba.
—Al parecer tenemos visitantes, bienvenidos –Un misterioso joven con un sombrero en punta de color verde y una pipa en la mano, les sonríe dándoles la bienvenida.
El joven príncipe se queda impactado y puede sentir una gran magia alrededor del lugar .
—¿Eres el brujo del sur? –lo miró con intriga.
—Así es, pero para ser más formales les diré mi nombre, me llamo Snufkin, es un honor –levanta su sombrero en señal de respeto.
—¿Por esto vinimos? Es apenas un niño, incluso parece un espantapájaros – Little My quedó totalmente decepcionada, que comenzó a fastidiarse.
—No deberías juzgar a un libro por su portada. –Dijo sonriente el joven brujo.– por lo que veo han viajado desde muy lejos, aún que me intriga porque ocultas tanto tu apariencia.
El joven dudó, pero finalmente se liberó de sus prendas, dejando al brujo asombrado, un frío escalofrío recorrió su cuerpo, dejándolo asombrado.
—Es una maldición... Mi familia luce con un aspecto muy parecido. –comenzó a lamentarse.
Mientras Snufkin inspeccionaba la situación y miraba el cambio físico que tenía el joven, que era muy parecido a un hipopótamo, Pero blanco y peludo.
—Oh, entiendo, eres una especie de troll, para ser más específico esa raza pertenece a los Moomintroll. –Toca sus velludos brazos y queda fascinado.– ¿Dices que toda tu familia también fue afectada así?
—Así es... También mi prometida y su familia.
—Oh, entiendo...–Se acercó a su pecho para escuchar su corazón, posando su cara, cerró los ojos.
—¿¡Pero que haces pervertido!? –Little My tomó su arco.
—¡LITTLE MY! Tranquila... Solo hace su trabajo... ¿Creo? – lo miró con duda.
—El corazón no fue dañado en su totalidad... –Abrió los ojos y se alejó.
—¿En su totalidad a qué se refiere? –Cruzó los brazos frustrados por no entender.
—Algunas maldiciones afectan al corazón y al ser así es sin más difícil liberarte de ellas, mientras más tiempo pase más peligroso será. –mencionó seriamente– ahora toca ver la mente, con esto es probable que podamos ver qué destruyó esa maldición.
Tocó con sus manos la cara del joven. Príncipe, se acercó y tocó con su frente la frente del chico, cerró los ojos y se encontró con su inconsciente, miró como la mente del joven podría perderse y convertirse en un monstruo si la maldición no se rompía, también vio la sombra de quien parecía ser su maestro, quien con una voz aterradora le dijo;
"Snufkin, no metas tu nariz en esto o lo lamentaras."
Asustado y abrumado de aquella experiencia se alejó y se sentó un momento en su sillón.
—¿Sucedió algo?–preguntó el joven preocupado.
—¡Vamos, no te lo guardas para ti, habla brujo! –su voz era amenazante.
—Solo pude canalizar quien te maldijo. –comenzó a fumar su pipa.– También que si tú maldición no se rompe, poco a poco te convertirás en un monstruo.
Al escuchar esas palabras los jóvenes viajeros se quedan boquiabiertos, no sabían muy bien cómo reaccionar.
—¡No hay nada que puedas hacer!? – La joven ninfa lo miró con prepotencia.
—Para ser honesto, el brujo que te maldijo fue mi maestro... Entenderás que esa situación escape de mis manos... Aunque fue divertido, Pero no puedo hacer nada –Sonrió.
—¡O sea, vinimos aquí por nada!? ¡Grr, mar maldita! –Little My comenzó a molestarse ya patear un pequeño bote de basura.
—Puedo ofrecerles comida y abrigo, pero solo eso, no hay nada que hacer. –Dijo sonriente.
—Por favor, te lo ruego, ayúdame, no es solo por mí, mi familia no tiene que cargar con esto... –Se inclinó y tomó las manos del brujo.
Con un solo toque dulce y sincero de manos, Snufkin pudo sentir la bondad del joven.
— ¿Cómo piensas que las maldiciones se rompen? –soltó sus manos y lo miró fijamente.
—Bueno, yo... Realmente no lo sé, tal vez algo como el amor verdadero o un beso, algo de ese estilo. –Dijo con vergüenza.
—Entiendo... – Snufkin se acercó al joven príncipe y lo besó.
—¡Oye, aléjate no te pases de listo!. –La sobre protección de Little My era muy evidente.
—¡Por- Por qué hiciste eso!? –El joven príncipe se había enrojecido y se alejó del brujo, se había abrumado.
—¿Ves? Sigues igual, ni el verdadero amor ni una cosa tan banal como un beso te liberará de tu condición. –cruzó los brazos.– tal vez pueda hacer algo... Solo necesito tiempo para alistarme.
—¿Alistarte? ¿Nos iremos de viaje o algo así? – La pequeña My lo miró con duda.
—Claro, debemos ir por las respuestas, ero al menos por hoy, descansen... Por cierto, no le he preguntado sus nombres, que mal educado...
—Little My – dijo seriamente y no quitándole la mirada de encima.
—En este momento no me siento como yo mismo, solo llámame Moomin...
CONTINUARÁ...
