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Lo más difícil de la despetrificación había sido tener que encontrarlo. El proceso en sí fue sumamente fácil. Senku, quien encabezó la operación durante meses, guardó recelosamente suficiente líquido para él, ni siquiera cuando aún faltaba más de la mitad de despetrificados de la cuota prometida pensó por un milisegundo usarlo. Incluso todos los miembros de la búsqueda habían comenzado a dudar que lo hallarían, puesto que en realidad no había ninguna prueba en concreto que mostrara que lo harían, sin embargo, tampoco nadie quería romper la esperanza del chico por encontrar a su papá.
Lo irónico fue que estaba más cerca de lo que creían. La estatua había sido localizada apenas a quince minutos de la aldea Ishigami. Suika fue quien lo encontró y Tsukasa se ofreció a cargar la estatua de regreso. Por más ansioso que estuviera por revivirlo en ese momento, la gran parte lógica de él habló primero diciendo que sería mucho más fácil explicar todo una vez estuvieran en el laboratorio. Nadie reprochó, pero tuvo que soportar todo el parloteo de Taiju de regreso.
Fueron recibidos por rostros asombrados y miradas curiosas, algunos incluso tuvieron la audacia de acercarse a observar la estatua. Había un ínfimo impulso infantil por parte de Senku que quería aferrarse a ella y huir lejos de todos, sin embargo, no cedió a su capricho y pretendió que no los notaba.
Yuzuriha se acercó con algo de ropa que había confeccionado especialmente para Byakuya. Taiju no tardó en contarle todos los detalles de la misión. Con una mirada rápida comprendió que su mejor amigo necesitaba espacio, así que atrajo a todos los curiosos a escuchar su historia exagerando lo más posible.
Sin ninguna indicación, Tsukasa se dirigió hacia el observatorio, lo cual desconcertó a Senku. Los petrificados siempre eran llevados al laboratorio, un lugar un poco obvio, pero que al mismo tiempo resultaba mucho más práctico. Trató de disimular su estupefacción, aunque no pareció ser suficiente porque podía sentir la mirada del estudiante primate sobre él. Tampoco dijo nada, simplemente apartó la mirada como si estuviera interrumpiendo un momento muy íntimo. El científico agradeció en silencio la acción, aunque no sabía muy bien qué hacer con el repentino sentimiento de incomodidad que se instalaba en su pecho.
Le tomó una milésima de segundo notar que el resto de su equipo se había dispersado, estaba tan ensimismado en sus sentimientos que ni siquiera notó cuando se habían ido. El observatorio estaba demasiado callado, el único sonido perceptible era el de Tsukasa posicionando la estatua en el centro de la habitación. Se despidió con un ademán de la mano, dejando finalmente solo a Senku.
Niveles elevados de dopamina, serotonina, oxitocina y endorfinas, señales claras de su emoción. Ahora en soledad podía romper a llorar, agradecer a cualquier divinidad que estuviera por ahí el haber encontrado a su padre, respirar por primera vez en meses después de buscarlo con desesperación al enterarse de la segunda ola de petrificación. Pero no hizo nada de eso, se limitó a verter el líquido para revivir sobre la cabeza de la estatua y volvió a contener el aliento esperando a que se despetrificara.
Pequeños fragmentos de piedra resquebrajada cayeron al suelo y pensó con fastidio que en algún momento tendría que limpiar eso, pero ese pensamiento no duró mucho. Un parpadeo, después un “crack” que le indicó que el recubrimiento rocoso se había roto por completo Un hombre le regresaba la mirada mientras trataba de procesar el entorno en el que se encuentra. Tardó unos segundos en asimilar lo que sus ojos observaban, segundos en los que Senku olvidó todo lo que sabía de ciencia y volvía a ser ese niño emocionalmente insensible que adoraba a su padre.
—¿Senku? —Su voz lo hizo regresar a la realidad. Había un recuerdo, uno en el que su mente infantil solía rechazar la idea de que Byakuya no fuese su padre biológico por el gran parecido que ambos tenían y durante ese segundo de irracionalidad que se permitió tener, volvió a creerlo.
Cuando sus brazos lo rodearon se siente como volver a casa. Ni siquiera tenía que ver con sentimentalismos baratos. Se sentía más como una familiaridad, algo que constantemente rechazaba y que ahora a más de tres mil setecientos años después se permitió ser un poco vulnerable ante ella. Tres segundos fue su máximo antes que el rechazo surgiera de manera casi instintiva. Una mirada fugaz le recordó que el hombre frente a él estaba desnudo.
—No seas asqueroso y mejor vístete. Yuzuriha hizo esto para ti.
Aprovechó la vacilación del hombre para apartarse con un movimiento rápido, se giró para tomar la pila de telas que descansaba sobre la mesa contigua y con disimulo frotó sus ojos para deshacerse de la picazón en sus lagrimales. Que fastidio. Esa clase de sentimentalismos era lo último que necesitaba. En cualquier momento alguien de la aldea interrumpiría, ya fuese para conocer al padre de Senku o para acudir a él con un problema que sólo el líder de la aldea podía resolver. Él mismo tenía preguntas para Byakuya, algo que le pudiera servir para resolver el misterio de la petrificación. Tenía su cuestionamiento en la punta de la lengua cuando se giró para ofrecerle la ropa, pero se le adelantó.
—Te extrañé Senku.
Fue rápido y letal. Era al diez mil millones por ciento peor que una bala al corazón. Hirió fuertemente las fibras nerviosas de todo su cuerpo. Químicos que su entorpecido cerebro no podía enumerar. Atontado y ligeramente mareado por el choque de emociones mezcladas, miró a Byakuya a los ojos con incredulidad, teniendo la fría sensación de estar viendo a un muerto, como si estuviese mancillando la tumba de un occiso.
—Me preguntaba si seguías igual de viejo, pero ahora veo que lo eres aún más. —Las palabras fluyeron por sí mismas. Su método defensivo había vuelto a levantarse y eso le ayudó a fingir indiferencia, aunque había un trasfondo de preocupación en su voz. A diferencia de Senku, para su padre el tiempo sí pasó y el que sea tan evidente no es buena señal.
Estaban suspendidos en el tiempo. Un reencuentro de millones de años. Un padre y su hijo separados por un sueño que se convirtió en una pesadilla. O al menos así era hasta que la entrada al observatorio se abrió de golpe.
—¡Senku, queremos conocer a tu papá! —La molesta voz de Ginro cortó por completo la atmósfera.
Se obligó a sí mismo a ponerse una máscara de indiferencia mientras se tragaba su frustración, que obviamente era a causa de su pregunta no formulada.
La avalancha de personas que entraron fue sorprendente. Aparentemente todos en la aldea ansiaban conocer a Byakuya Ishigami, el padre del gran fundador del reino científico. Había un mar de murmullos, pero nadie se acercó, no hasta que finalmente todos se apartaron para dejar pasar a una linda chica rubia quien hizo una reverencia.
—Es todo un honor conocerlo al fin Byakuya Ishigami. Soy Ruri, la sacerdotisa de la aldea Ishigami. Durante años nos hemos dedicado a preservar íntegramente las cien historias. No puedo creer que estoy frente al creador de todas ellas.
El hombre parpadeó atónito, había incredulidad en su mirada como si estuviera determinando qué responder ante el halago.
—Bueno, no puedo tomar todo el crédito. Tomé algo de inspiración de grandes hombres de mi época y mi mayor objetivo siempre fue ayudar a mi hijo.
—Aun así, eso no le quita lo impresionante. Las historias conforman una parte importante de nuestra cultura —dijo Ruri con una sonrisa —. Será mejor que vayamos afuera, sino toda la aldea querrá entrar aquí. Todos estamos muy emocionados por conocerlo y también porque conozca la aldea. Ha tenido muchos cambios desde que Senku llegó, pero sigue manteniendo su encanto
Había un pequeño destello de orgullo en los ojos de Byakuya cuando miró a su hijo y sin apartar la mirada de él, asintió.
—Me encantaría conocer la aldea.
Senku sintió la oleada de un sentimiento que le dio cierta repulsión bajo su mirada. La altivez jamás había sido algo totalmente propio y ese momento no iba a ser el inicio de eso.
Ante la afirmación al ofrecimiento de Ruri, Kinro se apresuró a sacar a los intrusos del observatorio, junto con Ginro que se tomó el atrevimiento de acercarse al padre de Senku, pero no lo consiguió.
El científico no se movió de donde estaba parado, ni siquiera cuando finalmente las demás personas abandonaron el lugar. Ruri al notarlo sin abandonar su parsimonia le preguntó:
—¿No vienes Senku?
—No, ustedes adelántense. Tengo algunos asuntos que resolver. Los alcanzaré cuando termine.
La sacerdotisa pareció estar a punto de decir algo, probablemente relacionado con el hecho de que no quisiera acompañar a su padre, pero Byakuya habló antes de que ella siquiera tuviera oportunidad de reprochar.
—Está bien Senku. Te veré en un rato. —Se giró hacia la chica—. ¿Nos vamos?
Ella le dirigió una mirada severa al Ishigami menor, pero su rostro se suavizó cuando aceptó el brazo que Byakuya le ofreció. Y así ambos salieron del observatorio.
Al fin solo, el científico comenzó a tomar los pedazos de piedra que estaban desperdigados por el suelo. La calidez del abrazo de su padre aún se sentía impregnada en su piel. Su padre que acababa de revivir.
Vio un par de gotas caer al piso y no tardó en darse cuenta de que eran suyas.
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La aldea no había estado tan animada desde que Senku fue nombrado líder de la aldea. Sólo que el motivo de ese día era incluso más especial. El fundador de la aldea Ishigami, creador de las cien historias, había despertado de un sueño de más de tres mil años. Era un día memorable que se celebraría en años venideros.
Ruri caminaba a su lado mientras él la observaba de soslayo. Había un enorme parecido entre ella y Lilian que era imposible de negar. Tenía tantas ganas de que ella y Senku se hubieran conocido, estaba seguro de que ella lo habría amado tanto como él, y tal vez, sólo tal vez, el sentimiento podría haber sido mutuo. En temas emocionales su hijo era todo un enigma. Si tan sólo conociera a alguien… bueno quizá la cosa cambiaría.
Tal vez esa chica, Ruri, sería una buena opción. Parecían tenerse un respeto recíproco, aunque no podía asumir nada en concreto.
Su línea de pensamiento se vio interrumpida cuando notó que en el centro de la aldea se está armando un festejo en su honor. Casi todos abandonaron sus tareas, para acercarse a conocer al legendario Byakuya Ishigami.
—¡Que malote! ¿Ese es el papá de Senku?
No pudo evitar sentirse un poco abrumado por tanta atención, sin embargo logró disfrazarlo con una sonrisa. Afortunadamente solía ir a muchos eventos sociales y estaba acostumbrado a qué lo entrevistaran constantemente, una habilidad que había perfeccionado con los años.
Primero se presentó ante él el antiguo líder de la aldea. El padre de Ruri y otra chica que después conoció como Kohaku. Tropezaba con algunas palabras y exuda nerviosismo cuando estrecharon sus manos . Trató de bromear un poco con él para amenizar el ambiente, aunque no sirvió de mucho.
La siguiente persona que conoció fue Kohaku, la hermana menor de Ruri, quien le contó que fue salvada por Senku cuando se conocieron, y en cómo usando el poder de la ciencia lograron salvar a su hermana de una enfermedad de años. En sus ojos podía leer la enorme admiración que tenía por su hijo.
Antes de que pudieran presentarle a la siguiente persona, uno de los aldeanos se acercó a Ruri para advertirle de un ligero contratiempo que sólo ella podía resolver. Se disculpó y comentó que volvería pronto alegando que era algo muy sencillo de resolver. En su ausencia un chico rubio de apariencia ligeramente escuálida se le acercó con una enorme sonrisa.
—Hola señor Byakuya. Mi nombre es Ginro, soy casi la mano izquierda de su hijo. ¿Ya conoce a la pareja de su hijo? Estoy seguro de que está muy emocionado por presentársela —parloteó sin darle tiempo de decir algo al respecto.
—¡Ginro ven acá! ¡Más vale que no estés holgazaneando!
—Lo lamento. El deber me llama. Espero volver a coincidir con usted en otro momento.
Y así como llegó, desapareció. Lo cual desconcertó por completo a Byakuya, y no sólo por lo extraño que había resultado su encuentro, sino por su declaración. ¿Senku con pareja? Era… extraño, por no decir increíblemente raro. Aunque en parte de cierta manera resultaba reconfortante el imaginar que su hijo tenía a alguien que se preocupaba por él.
Ahí es cuando surgía la pregunta de diez mil millones de puntos; ¿quién era la pareja de Senku?
Recordó a Ruri, la familiaridad con la que la sacerdotisa trataba con él, incluso estuvo cerca de reprocharle el no querer estar con su padre. ¿Tal vez podría ser ella? O Kohaku, la manera en que hablaba de su hijo, en cómo se le iluminaba la mirada.
La verdad es que no tenía idea. Podía ser cualquier chica de la aldea. Recién comenzaba a conocer a sus habitantes y había tantas posibilidades. Lo cierto era que debía ser alguien muy especial.
Mientras esperaba a que Ruri regresara, deambuló él solo por el lugar tratando de asimilar la nueva información. Senku, su Senku, el niño por el cual siempre había estado preocupado por su carencia de sentimientos ahora tenía una pareja romántica. Incluso cuando lo imaginaba restaurando el mundo moderno, el pensar en lo solo que estaría le aterraba, por eso creó las historias, dedicó mucho tiempo a recolectar materiales y grabó ese disco recordándole que no importaba dónde estuviera, confiaba plenamente en él.
Tenía que conocerla, agradecer lo que hizo por su hijo. Porque podía intuir que Senku lo había creído muerto cuando escuchó el disco, y el no romperse cuando tenía todo el peso de la humanidad en sus hombros debió ser increíblemente agotador.
No tuvo mucho más tiempo para seguir dándole vueltas al asunto, pues Ruri regresó y esta vez acompañada de cuatro chicos que ni siquiera aparentaban la mitad de su edad.
—Byakuya, me gustaría presentarle a cuatro de los cinco generales sabios. Ellos junto con Senku se encargan de tomar decisiones importantes para el reino científico.
El rubio fue el primero en acercarse a estrechar su mano.
—Es un placer finalmente conocerlo señor Byakuya. Ryusui Nanami para servir. Experto en navegación.
El chico albino a su lado hizo una reverencia.
—Ukyo Saionji, encantado de conocerlo.
—Chrome el cientícero. —Su vestimenta delataba que pertenecía a la aldea, a lo que no pudo evitar sentir cierta simpatía por él—. No puedo creer que por fin lo conozco. Senku me dijo que fue al espacio. ¡Que malote!
Algo en su entusiasmo resultaba contagioso, por lo que no pudo evitar querer hablarle un poco de su experiencia.
—Sí, entrené mucho para ser aceptado en el programa espacial y después…—Su mente se quedó en blanco cuando notó algo particular en el último de los generales. Tenía la impresión de ya haberlo visto—. Un segundo, ¿no te conozco de algún lado?
Se trataba de un joven de cabello monocromático que se puso nervioso cuando Byakuya mencionó su presencia. Estaba seguro de que su rostro le resultaba familiar.
Y entonces algo en su cerebro hizo clic.
—¡Eso es! ¡Eres el mago de la televisión! Gen Asagiri
Con eso automáticamente pareció recuperar la confianza.
—Ah, ¿así que usted es fanático de mi trabajo? —Sin esperar una respuesta Gen hizo un truco sencillo que consistía en sacar un montón de flores de su capa.
—¡Esa sí que es una presentación! —exclamó Ryusui puntualizando la frase con un chasquido.
—Ese Gen siempre sabe cómo dar un espectáculo— dijo Ukyo a nadie en particular.
Hubo un recuerdo fugaz. Había vuelto a casa por un par de semanas, Taiju los visitaba y en un intento por entablar una conversación sintonizó el programa de Gen, Senku de inmediato se quejó alegando que se trataba de basura televisiva con nulas bases científicas. Un escalofrío lo recorrió al tratar de imaginarse como es que él y su hijo debían llevarse, aunque por lo que dijo Ruri todos ellos tenían la plena confianza y respeto de su hijo para trabajar.
—Por cierto, ¿dónde está Senku? —preguntó Ukyo mirando a su alrededor—. Creí que estaría con su padre o al menos en el laboratorio terminando el experimento, pero no lo he visto en ningún lado.
—No lo sé —responde Chrome—. Cuando Ruri y su padre salieron del laboratorio él no iba con ellos.
Casi de manera instantánea los tres se giran para ver a Gen. Aquello encendió una alarma en Byakuya, una pregunta silenciosa que jamás haría en voz alta. ¿No deberían haberles preguntado a Ruri o a él que habían sido los últimos en verlo?
—Bueno… —balbuceó Gen con cierta vacilación en su voz—. Ya saben cómo es Senku cuando tiene algo en la mente, es difícil hacer que suelte la idea —movió las manos haciendo una seña para restarle importancia al asunto—. Quería tomar muestras de la petrificación de su padre para compararlas con la primera petrificación, y por más que le insistí en que se nos uniera, dijo que eso también era importante. Incluso usó un término científico al que no le entendí mucho.
—Suena como algo que Senku diría —dijo Chrome asintiendo con la cabeza.
Pero aun así había algo que aún no le cuadraba al astronauta. Todo lo que decía Gen, esa familiaridad, la particularidad del tono de su voz cuando decía el nombre de Senku, la forma en la que todos sabían exactamente a quién preguntar para saber el paradero de su hijo. Estaba seguro de que no habían pasado ni veinte minutos, ¿en qué momento el mago había visto a Senku? ¿y por qué? Aparentemente se acercó con la intención de invitarlo a unírseles, pero todos los demás parecían tener una comprensión de algo que era obvio que no sabía. ¿Qué podría ser?
Entonces, la respuesta le golpeó tan fuerte que necesitó unos milisegundos para recuperarse.
¡Era él!
“¡Eso es!”
Todos los presentes lo miraban con curiosidad y le tomó un instante en darse cuenta de que lo había dicho en voz alta. Sin embargo, estaba tan asombrado de haber sido capaz de darse cuenta tan rápido que sin filtro alguno dijo:
—Tú eres la pareja de Senku, ¿no es así Gen?
El susodicho lo miró con incredulidad. Su rostro se puso pálido y pudo notar un pequeño temblor en la comisura de su boca que trató de disimular moviendo las manos de manera escandalosa.
—¿Y-yo? ¿D-de qué habla señor Byakuya? ¡Estoy al diez mil millones por ciento seguro que está equivocado en esa afirmación! ¡Senku sólo tiene ojos para la ciencia y una relación es lo último que buscaría en este mundo de piedra! —Buscó apoyo en sus compañeros para respaldar su punto, sin embargo, sólo logró tropezar aún más con las palabras—. Además, estoy seguro de que si Senku tuviera pareja buscaría una chica bonita, alguien como Ruri, pero no exactamente Ruri porque a ella sólo la ve como una amiga. Él y yo sólo somos amigos sin ningún sentimiento romántico de por medio, ¿verdad? —Miró desesperado a sus amigos intentando obtener algún tipo de respuesta.
—Lo siento, pero no puedo ayudarte en esto— negó de inmediato Ryusui.
—Sí Gen. Esta vez te atraparon —agregó Ukyo.
—Te delataste con el diez mil millones por ciento —coincidió Ruri.
El mago dejó escapar una especie de ruido estrangulado mientras agachaba la cabeza en señal de derrota.
—Gracias. —Fue lo único apropiado que se le ocurrió decir a Byakuya en esa situación.
Atónito Gen levantó la mirada. Podía ver cómo los engranajes de su cabeza se movían. Estaba intentando leerlo, averiguaba si estaba molesto, feliz o confundido.
—Senku nunca ha sido una persona precisamente cariñosa o emocional —comenzó a hablar una vez que estuvo seguro de que nadie más los estaba escuchando—, ni siquiera cuando perdió a sus padres. Eso es algo que siempre me ha consternado y cuando tuve que irme a vivir al otro lado del mundo ese sentimiento sólo creció. Que tuviera amigos como Taiju y Yuzuriha me calmó por muchísimo tiempo, pero aterrizar en un mundo completamente diferente y no tener la certeza de que volverás a ver a tu hijo, te cambia la perspectiva. Te llena de preocupaciones que antes no tenías, más si confías en que él se encargará de regresar al mundo moderno. Cosas como: ¿estará solo? ¿Tendrá buenos amigos o si quiera buenos aliados? ¿Se cerrará emocionalmente como siempre lo hace y no dejará que nadie se acerque? Saber que está rodeado de buenas personas es reconfortante. —Miró a todos los presentes, quienes parecían estar absortos en su discurso y luego se giró hacía Gen—, pero saber que estás a su lado incondicionalmente, incluso con su horrible carácter y su necedad, es como si todas mis inquietudes desaparecieran y estoy muy agradecido por eso. Entiendo que probablemente Senku te dijo que no le dijeras nada a su viejo al respecto, pero lo conozco, y sé que no elegiría a nadie a menos que fuera una persona extraordinaria y digna de admiración. Después de todo, es algo de familia.
Cuando terminó su perorata todos a su alrededor tenían los ojos vidriosos, con excepción de Gen quien tenía lágrimas deslizándose por sus mejillas.
—¡Que alivio que piense así! —exclamó el chico frotándose la cara con las mangas de su túnica— ¡Senku no me dijo nada! Yo estaba asustado de que nos descubriera tan rápido y como me tomó con la guardia baja, mi primer instinto fue negarlo todo, no pretendía mentir.
Observó en silencio llorar al mentalista, sin atreverse a hacer nada a causa de su mente en blanco. Ciertamente no era el tipo de persona que podría imaginar en un inicio para Senku, pero por lo poco que lo había conocido y conociendo las altas exigencias de su hijo, no podía pensar en nadie mejor para él. En cierta manera el chico le recordaba a Lilian, una celebridad que sin esfuerzo podía brillar con la misma fuerza que el sol, pero que en la intimidad lucían tan pacíficos, aunque sólo fuera una fachada para controlar la marea de su interior como la luna.
“Tal vez la luna se enamoró de ti Senku”.
Quizá no estaba tan equivocado en ese entonces.
—Lo entiendo Gen —respondió Byakuya de manera calmada mientras hacía una pausa para sopesar sus palabras—. No voy a dudar de tu cariño hacía Senku sólo por unas palabras sin sentido. Puedo escucharlo en la manera en que dices su nombre y verlo en como brillan tus ojos. Después de todo, yo también sé lo que es estar enamorado.
El chico parecía anonadado, como si esas fueran exactamente las palabras que deseaba escuchar, tal vez era así, porque su expresión se suavizó y las lágrimas pararon de fluir por su rostro.
—Senku es tan afortunado de tener un padre como usted —dijo apenas recuperó la compostura.
Por sí sólo el comentario era inocente, sonaba como lo que se le diría al padre de tu pareja sólo para quedar bien. Pero algo en particular, algo como la sinceridad en su voz, la expresión en su rostro o el momento, que le indicaba que había mucha más profundidad de la que parecía. Y por alguna razón eso hizo que experimentara una oleada de un cariño profundo por Gen, como una especie de familiaridad que le hacía sentir como si lo conociera desde muchos años antes.
—Ahora tú y yo somos familia.
Inmediatamente lo dice, Byakuya se arrepiente un poco de hacerlo. No porque no lo sienta, sino porque podría llegar a sonar como una especie de imposición de su parte. Pero contrario a lo que creyó, una pequeña sonrisa comenzó a formarse en su cara como si recordara algo.
—¡Pero no sé olviden de nosotros! —exclamó Ryusui rompiendo por completo toda la atmósfera.
Vaya, con toda la emoción Byakuya casi olvidó que ellos estaban ahí.
—Por supuesto que no —respondió de inmediato para enmendar su error—. Cualquier amigo de Senku es amigo mío.
La conversación se terminó abruptamente cuando Ukyo levantó la mano al aire en un indicativo para que todos guardaran silencio. Los presentes estaban desconcertados ante tal acción, y él a manera de respuesta señaló un par de mechones verdes apenas visibles sobresalir.
Gen no pudo evitar reír en voz baja.
—¡Vaya Senku y yo que comenzaba a preguntarse cuándo te unirías a nosotros!
Sin mostrar pudor alguno, el susodicho sale de su escondite.
—Tendría que haberme imaginado que si te dejaba mi papá a solas con ustedes terminaría hablando de sentimientos —fue lo primero que dijo, cruzándose de brazos—. De alguna forma, incluso sin ciencia, lo convierte todo en un experimento emocional.
—¿Desde hace cuánto tiempo estás ahí? —preguntó Ruri intentado disimular su molestia por la aparente insensibilidad hacia su padre.
—Un rato —contestó a secas—. Por cierto, fue muy gracioso escuchar como tratabas de negarme ante mi papá, sobre todo el “diez mil millones por ciento”, fue una autodelación de lo más vergonzosa —dijo en un tono burlón.
—Si no hubieras insistido en que ocultáramos nuestra relación a los demás esto no hubiera pasado. Es tu culpa —dijo Gen haciendo un mohín mientras ponía ojos de Giordano.
Aquello pareció cambiar por completo la actitud de Senku.
—Tsk —chasqueó la lengua al apartar la mirada, al instante sus ojos se desviaron hacia Byakuya—. Vaya discurso, ¿no? Gran forma de invadir la privacidad emocional de tu hijo.
—¡Senku no seas insensible con tu papá! —le reprochó el mentalista con un golpe leve en el pecho.
—¿Desde cuándo estás de su lado? —había una ligera ofensa en la voz del Ishigami menor.
—Tu padre sólo se preocupa por ti.
—¿Sí? ¿Y después qué sigue? ¿Se harán mejores amigos? ¿Le contarás todos mis secretos? ¿Vas a traicionarme como lo hiciste con Tsukasa?
—¡Qué! Esa acusación está totalmente infundada. Tú sólo quieres lastimar mi pobre y frágil corazón. ¡Después de todo lo que hice por ti!
De acuerdo, como que esperaba que pasara algo similar a eso.
—¿Eso es algo que pasa seguido? —Byakuya le susurró a Ruri quien estaba justo a su lado.
—Más o menos —le respondió en el mismo tono—, lo hacen más a menudo cuando se encuentran a solas. No suelen tener demostraciones tan públicas de afecto. Además, no todos saben de su relación. En realidad somos muy pocos. Sólo los presentes; Taiju y Yuzuriha; mi hermana Kohaku; Françoise, el mayordomo de Ryusui; y la pequeña Suika sabemos.
Byakuya frunció el ceño, claramente desconcertado, pero no pudo decir nada porque su razonamiento se vio interrumpido.
—¿No tienes nada mejor qué hacer que hablar de nosotros? —espetó Senku, cuyo espacio fue invadido por Gen, quien tenía los brazos rodeando su cuello, mientras él lo sostenía por la cintura. Probablemente el Ishigami mayor no disfrazó bien su asombro porque lo siguiente que le dijo fue: —No nos veas así es asqueroso. Parece que soy tu hija cuarentona que creías que nunca encontraría pareja.
—Es sólo que pareces tan feliz. No puedo recordar la última vez que te vi así de feliz.
—Eso es porque ya estás viejo. Por tu edad, probablemente tengas una deficiencia de acetilcolina, lo que provoca pérdida de memoria a largo plazo. —Sintió un ligero tirón en la piel del cuello y ni siquiera tuvo que girarse para saber que su novio lo miraba con severidad.
—¡Y eso que no estuvo cuando todavía no se declaraban! ¡Era tan frustrante! —exclamó Chrome—. E incluso un poco extraño. Senku todo el tiempo hacía esa cosa rara de sobre analizar las cosas, más si se trataba de algo relacionado con Gen, ¡incluso una vez casi nos hace explotar! Verlos coquetear tan descaradamente, intercambiar sonrisas ¡y hasta darse regalos! Recuerdo que estuvimos a punto de hacer algo al respecto, pero Yuzuriha nos detuvo.
—Ja, es cierto —intervino Ryusui— ¿Cómo olvidar el intento de las flores?
—O el fiasco de las cartas —agregó Ukyo.
—La propuesta de irse al infierno juntos —dijo Chrome.
—También estuvo la construcción del observatorio —finalizó Ruri.
Decir que Byakuya estaba asombrado era quedarse corto. No sabía con certeza a qué se referían con todos esos sucesos. Sin embargo, sí estaba seguro de que era algo completamente mutuo y que su hijo estaba irremediablemente enamorado de Gen Asagiri.
—Bien, eso es todo. Aquí muere la conversación sobre todo lo relacionado a Gen y a mí. Si alguien más vuelve a mencionar algo al respecto, lo pondré a hacer baterías de magnesio. —Tal vez fue su imaginación, pero creyó ver a Gen estremecerse—. Así que será mejor que vuelvan a lo que estaban haciendo.
Ninguno de los presentes replicó y poco a poco cada uno de ellos se fueron apenas intercambiando unas cuantas palabras de despedida. Ruri fue la única que se quedó, esperando al fundador. Byakuya asumió que no se trataba de una amenaza sin fundamentos.
—Sólo una última pregunta antes de dejar por completo el tema, ¿puedo?
Senku inmediatamente abrió la boca para responder, pero el mago se le adelantó.
—Por supuesto —asintió con una sonrisa.
—Gen, ¿tú amas a mi hijo?
La pregunta pareció tomarlo por sorpresa. Su sonrisa desapareció casi de inmediato mientras adoptaba una expresión pensativa. Uno, dos, tres segundos. Tiempo en el cual lo único que se escuchaba era el sonido de las hojas de los los árboles chocando entre sí a causa de la leve brisa.
—Sí —dijo sin rodeos—. Amo a Senku desde el primer momento en que desperté en este mundo de piedra, cuando descubrí que había alguien que contó cada segundo que transcurrió desde la petrificación, jamás sentí tanta admiración por alguien. Y después de eso no dejó de sorprenderme con su ingenio, su capacidad de imaginar, de pensar, de crear. Todo con tal de reconstruir un mundo que parecía tan lejano. Aquella vez, que hizo la luz en un lugar sumido en la oscuridad fue que lo supe, jamás podría apartarme de su lado. Incluso si era como su compañero o su pareja de crímenes, me conformaba si así podía ser testigo de la maravillosa persona que es Senku Ishigami. El observatorio, las flores, todo fue una manera de demostrar mi aprecio por él, pero en el fondo, también era una especie de declaración. Aunque siendo sincero, jamás creí que él podría corresponder mis sentimientos. Había demasiadas señales contradictorias.
Si Byakuya tenía aún tenía alguna duda, las palabras de Gen se las llevaron para siempre. Una certeza donde antes había incertidumbre y por primera vez, desde que reconoció a Senku como su hijo, tuvo la certeza de que tenía a alguien a su lado que iba a cuidarlo tan bien como él.
Sin decir nada, el científico tomó la mano del mentalista.
—Bien, supongo que nos veremos en el festejo dentro de dos horas. —Se acercó a su padre para murmurarle—. En realidad fue un buen discurso. Supongo que de cierta manera yo también me sentí de la misma manera cuando me enteré de tu petrificación. Tendrás mucho que contarme de cuando regresaste a la tierra y yo tengo mucho que contarte sobre la restauración del mundo moderno. —Hizo una pausa—. Tal vez podríamos hablar de ello en la noche, en el observatorio. Estoy seguro de que te gustará.
—Me encantaría.
—Bien. —Fue lo único que respondió antes de tirar ligeramente la mano de su novio para indicarle que debían irse.
Los observó alejarse. La sensación de alivio invadió todos sus sentidos, causándole una euforia difícil de controlar. Siempre supo que podía confiar en Senku, pero Gen era una adición a la ecuación que, si bien resultaba inesperada, era más que bienvenida. Y también estaban los demás, algunos ya conocidos como Taiju y Yuzuriha, y otros que recién conocía como Ruri, Kohaku, Ryusui, Ukyo, Chrome y estaba seguro de que había muchas más que al igual que él, seguirían a Senku hasta el fin del mundo.
Todo le resultaba tan grande, mucho más de lo que pudo haber imaginado. Mas trascendental que cualquiera de ellos. Ahora que podía verlo por su propia cuenta, por fin podía entender la importancia de todo lo que hizo, algo que empezó como una forma de apoyar a su hijo, terminó volviéndose en toda una cultura que sobrevivió al paso de los años.
Y justo en ese momento no pudo evitar sentirse más orgulloso de su mayor logro: su hijo Senku Ishigami.
