Work Text:
Quizás eran las perlas de su boca en el ser humano o tal vez en el azul de la piel cuando cambiaba a ser uno de esos grandes gatos o mejor dicho avatares.
Lo que era cierto, era que el amor que le tenía Ratchet a la Doctora Grace, era distinto al que le dio a alguno que otro autobot.
La doctora Grace Augustine era diferente a cualquier otro ser humano que y ella era amable incluso cuando conoció al autobot que le sacó un susto.
Ratchet tenía una bitácora o diario, en el que escribía prácticamente de todo, pero luego de haber aterrizado en el planeta de Pandora se daría cuenta que el planeta azul o mejor conocido como planeta Tierra tenía seres ambiciosos, ya sea de poder, de conocimientos, de amor ó de miles de otras cosas, entre ellas curiosos humanos.
El día en que aterricé, me encontraba desorientado, con algunas fallas técnicas y múltiples problemas de circuitos, el lugar estaba abarrotado de vegetación, me levante con cuidado, aunque me encorbaba por el dolor me mantuvo en pie.
Caminé dentro de una fauna un tanto diferente a las demás, ya que era un robot que requería de asistencia, aunque en el fondo sabía que lo iba a hacer todo yo. Siendo un autobot médico, nadie mejor para curarse, la fauna silvestre me sorprendía más y al llegar a un árbol vi que los nativos me observaban con miedo.
-Vengo en paz -pronuncié con algo de esfuerzo y levanté uno de mis brazos en señal de paz, no obstante el dolor comenzaba a ser mayor llegando a producir que me encorvara mas de lo que deseaba. Escuché unas palabras étnicas que me hicieron levantar la cabeza dándome cuenta del hermoso rostro de Grace por primera vez.
Se abrió paso entre los nativos hasta llegar a mí, se hincó un poco, sus dedos tocaron mi espalda y luego observó con detenimiento mi herida. Se levantó y otra vez palabras que no entendía, poco a poco ellos bajaron sus armas y de repente me susurró.
-Cuando diga ya te vas a poner de rodillas, es la única forma de que no te hagan chatarra antes de que vea tu herida en mi laboratorio, ahora dame unas tuercas para que lo crean y después de que me levante caigas de frente ¿me oíste? -sujeté su mano.
-Tú hablas su dialecto ¿por qué no dices que no les haré ningún daño? -, el dolor era un poco soportable para que siguiéramos susurrando en la conversación.
-No lo entenderías, te digo que debemos hacer ese plan, los nativos no confían en ninguna máquina, te quiero ayudar, tengo algunos repuestos en mi laboratorio, pero no te puedo sacar de aquí porque sospecharían -agaché la cabeza.
-Al menos dime por favor tu nombre terrícola -me supuse que se impresionó que yo supiera de dónde reconocía que ella era.
-¿Acaso eres una nueva creación de parte del General o algo por el estilo? -seguíamos susurrando, seguía siendo extraño ver que me asociaban más con su tecnología a que pensaran que fuera un ser de diferente tecnología e inteligencia.
-¿Qué? No, claro que no, acabo de llegar, soy un autobot y tuve que aterrizar de emergencia, si pudiste verme, son mis heridas y necesito ayuda médica pronto.
-Bueno, no podríamos conseguir nada tuyo en esta parte de Pandora, tengo un laboratorio de emergencia, pero queda algo lejos y con tu estado no creo te vayan a querer ayudar.
-Increíble eso da muchos ánimos -respondí sarcásticamente.
-¿Quieres la ayuda o no? -su tono de voz fue más agresivo y me paralice por un instante.
-Sí, señora.
-Doctora, Doctora Grace -algo apenado asentí, me sentía intimidado por un ser más pequeño que yo, solo que no estaba en disposición de desobediencia.
Al final, arrodillandome frente a los nativos es como pude pasar y teniendo a la doctora, llegamos al lugar que tanta insistencia me decía, tenía varias cosas y entre ellas repuestos que me ayudaron a curar mis fallas técnicas.
-¿Qué eres exactamente? Porque tu tecnología no parece ser la que construimos nosotros -hablaba mientras me reparaba.
-Soy un autobot, médico también como usted, pero de diferente raza -soltaba una parte de mi costado y traté de hacerme el fuerte, evitando quejas.
-Sobra decir que eres médico de tus colegas, más teniendo en cuenta la cruz que tienes en el hombro, bien debo checar los flujos de aceite ¿correcto?
-Correcto, pero preferiría que no, si es que no te molesta -el que sus mejillas dieran un hermoso rubor me dio ternura.
Estando de espaldas pude revisar, pese a que no poseíamos en sí un órgano sexual, no estaba demás ser cuidadoso y más en un mundo que poco conocía.
Al acabar, me había dado a la tarea de ayudar, pude divisar la majestuosidad de la existencia botánica además de que quería llegar a ayudar a la mujer que me ayudó.
Era asombrosa cada especie diferente de lo normal y humano, en la noche parecía que era mejor, las criaturas nocturnas eran las más impresionantes.
-¿Me podría responder algo, Doctora? -estaba tomando datos en su computadora mientras su cuerpo mundano se encontraba en la base secreta militarizada.
-¿Qué ocurre, Rachet? -me vio por un instante y desvíe la mirada. Moví un poco mi cabeza para centrarme.
-Entiendo que Pandora es un mundo bastante increíble, asombroso y maravilloso. Sólo que no entiendo ¿qué es lo que más te retiene aquí?
Dejó de lado la tecnología, se levantó y fue a una de las ventanas del laboratorio.
-No tengo mucho que decir, Pandora no sólo son los paisajes, la fauna, la flora ó sus propias tribus. Pandora es un mundo misterioso, rico y no por sus minerales o la energía. Sino por su cultura, el dialecto o incluso su forma de conectar con las diferentes especies y preservan juntos al planeta. Pandora nos puede enseñar tanto -su cara la bajó estando en un instante de caída.
Regresó a sentarse en la silla, pero no veía el ordenador, en cambio se encargó un poco y sus enormes manos taparon su cara como si tuviera vergüenza. Di un paso en su dirección para darle algo de aliento con un toque en su hombro, sólo que ella siguió el relato.
-Creo que ya supiste ver que no soy asemejan al teniente o a mis asistentes en el laboratorio y es que yo me enamoré de Pandora. Yo daría lo que fuera para permanecer en este lugar que pareciendo un paraíso, quiero creer que alguna vez fue así como se hubiera pintado el planeta Tierra, deseo preservarlo tal y como está.
-Tienes un alma muy pura y hermosa -la Doctora Grace no se sorprendió y en cambio me regaló una sonrisa muy amplia.
-Y tú eres un autobot muy considerado y con un corazón que parece más humano de lo que pensé.
Fue en ese momento que mi motor comenzó a tener varias revoluciones, lo que podría decirse como un cuerpo humano, era que palpitaba agitado y por una persona.
∞
Era raro experimentar afecto entre autobots, no que fuera imposible, sino que era poco probable que sucediera, a menos que trabajara con por lo menos dos o tres años, pero comenzaba a experimentar todo lo que los humanos comenzaban a tener en una atracción hacia alguien. Su nombre era Grace y todos los días agradecía que estuviera presente, ya sea investigando o ayudando a alguna que otra criatura diferente a su raza de origen.
Su mente era trasladada de un cuerpo al otro en un instante, si yo pudiera hacer eso, no sabría cual sería mi cuerpo y también si tuviéramos esa atracción.
Poco a poco comencé a acostumbrarme a ese afecto que tenía, las diferentes especies me llegaron a reconocer como uno de los suyos, incluso ayudé a una de los animales a dar a luz. Fue algo hermoso, lo que serían unos gatos o felinos salvajes; Pandora tenía su definición de esta criatura.
-Wow, sí que fueron bastantes -comenté maravillado después de presenciar toda esa experiencia.
-Vaya, ¿eres nuevo en esto? -me sonrojé apenado, aunque no sé notara que estaba apenado.
-Comúnmente no se experimenta dichos eventos y me agradó verlo, también de los humanos, debe ser muy bueno.
-Lo es, aunque no tanto como en Pandora, me encanta la forma en que conviven desde los primeros meses. Son adorables.
-Cómo me encantaría experimentar todo eso -murmuré bajo y sólo para mí agregué-: y junto a ti.
-¿Tú llegas a experimentar eso? -agaché la cabeza y miré al suelo dándome cuenta de la vegetación.
-El nacimiento de un autobot es prácticamente nacer sabiendo que eres un autobot, podría decirse que venimos siendo adultos jóvenes.
-Oh, lo lamento, creo.
-Oh descuida si algo sé es que Pandora, la Tierra ó incluso otras especies como ustedes, llegan a experimentar mejores vínculos y eso es lo que a nosotros nos suele hacer preguntarnos ¿qué tiene de especial el ver que una indefensa criatura necesite forzosamente un apego desde los primeros años de existencia? Y lo estudiamos, como tú haces para estar con los de este mundo.
Mis palabras llegaron a impresionar a la Doctora, quien analizaba mi punto de vista, levantó su mirada a mi lente y señaló.
-Tal vez, si supiera crear otra especie de avatar y logrará que te conectaras, quizás la experiencia sería más práctica y guardarías esos datos para futuras investigaciones -me dejó sin habla. -Ó sólo por una vez, tú… llegarías a sentir todo por completo.
∞
Esa noche por primera vez soñé, abrí mis ojos y mis extremidades eran de carne y hueso, con la tonalidad del mar me asombró, era un avatar.
Me entraba afuera, estaba descalzo e iba corriendo sintiendo las texturas, siendo de noche la selva me recibía con luces fosforescentes, el aire estaba helado y llegue a un estanque donde me agache, con una mano comencé a beber de esta, sentí el tacto en mi hombro haciendo que volteara, era Grace.
-Veo que te diviertes -ella uso su traje de avatar- ¿Te puedo acompañar?
Esas palabras me hicieron estremecer, pero no era de miedo, sentía una emoción qué deseaba permanecerá conmigo y asentí. Dimos unos pasos, tomé una flor no tóxica y la coloque en su mano.
-Una flor para otra flor -no me dijo nada, llegamos al laboratorio, vi un espejo y me di cuenta de mi rostro, me asombré, era por completo de un avatar.
-Mira -volteé y me asombré que ella tuviera en sus manos una cría de avatar, por instinto extendí mis brazos, deseaba cargarlo, pero al hacerlo el pequeño terminó creciendo llegando a una etapa de niñez, me era asombroso imaginar ese desarrollo.
Mi vista fue directa al hermoso cielo que teníamos por encima de nosotros y la maleta que abundaba, un sonido me hizo girar la cara y era un Banshee de montaña, por un instante me quedé paralizado, pero ver a otros nativos correr produjo un efecto replica, siendo guiados por ellos hasta que llegué al laboratorio.
-No deberías estar jugando por allí, te recuerdo que aún no te ganas el confianza de los nativos, ni tampoco la mía autobot.
-¿Qué?, pero doctora Augustine yo soy Ratchet, su amigo, ¿no se acuerda de mí?
-Mira si tratas de hacer que yo caiga para destruir este mundo, estás muy equivocado.
-Para nada, a mi me agrada este mundo y también me agrada usted, por favor, Doctora Grace acuérdese de mí.
-Ratchet, no me suena, pero tengo cosas que hacer, así que adiós.
Dio media vuelta y por más que tratara de acercarme a ella no podía. Extendí mi mano tratando de alcanzarla, no logrando lo y cayendo al suelo.
-Al menos déjeme decirle que la amo.
Desperté agitado y me senté tratando de calmarme, llevé una mano a mi motorizado corazón y me levanté de forma rápida llendo a buscar a Grace; ella ya estaba trabajando en una criatura mal herida, al abrir la puerta y aún agitado mis sensores y mis lentes se veía cuán alterado me encontraba.
-Grace -ella volteó y se sorprendió.
-Ratchet, ¿te ocurrió algo? ¿Estás bien? -veía mis piezas asustada.
-Grace dime ¿tú confías en mí? -le vi fijamente y se extrañó.
-¿Qué? -se encontraba confundida por mi pregunta.
-Que si tú confías en mí -insistí, continuaba alterado.
-Qué preguntas haces, Ratchet -tomó un martillo y dio un leve golpe a mi lámina y frunció su ceño-, ¿qué acaso eres un tonto? Yo pensé que te había ocurrido algo grave y con tu tecnología es complicado repararte, obvio que confío en ti, sólo que, no debes espantarme de esta forma.
-Lo lamento, no fue mi intención, debí tener una pesadilla, me disculpo -mis ojos miraban fijamente al suelo, estaba avergonzado.
-Yo te dije que no bebieras ese aceite antes de dormir -suspiró y muy gentil levantó lo que era mi barbilla. -Oye no te auto castigues, tuviste miedo de perder a una amiga, eso es normal, pero no debes espantar a una humana como yo o por lo menos no sin estar en el avatar.
-Sí, se me olvidó que eres un ser humano -agaché la cabeza estando muy avergonzado sobre mi forma tan anticipada de actuar.
Seguía sin poderle ver a la cara, no obstante ella sujetó mi mano, tenía su puño cerrado y mis lentes le vieron.
-Abre su mano -obedecí su orden.- Cuando pienses que no confío en ti, porque te llegó una pesadilla quiero que tengas esto.
Lo que me dio fue un pequeño gravado con la leyenda “Salvemos al mundo”, era lindo de su parte ya que, siendo doctores es lo que muchas veces queremos hacer al tener un paciente.
-Cuando me recibía como Doctora, siempre creía que el mundo estaba en una constante sala de urgencias porque tenia una serie de enfermedades que uno siendo doctor tenía que descifrarlo y curarlo. Te la quiero dar, para que si tienes otra pesadilla en la que te digo que no confío en ti, puedas ver esta placa y así te puedas calmar, Ratchet -cerró mi mano y acarició lo que sería mi mejilla-, confío en ti ciegamente y te estimo bastante.
-Gracias, Doctora Grace -nos sonreímos y sujetó el martillo.
-Y si aún no te queda claro -me intimidad un poco señalandome con el mazo de la herramienta. -Tendré que ajustar tus circuitos para que no te vuelvan a hacer tener una mala noche.
-Oh, no. Ya te aseguro que estoy mejor de lo que estaba hace unos minutos, gracias Grace.
Tocó mi hombro, con una sonrisa en la boca me sentía más tranquilo, estuve un buen tiempo a su lado y el pensar que la perdería, se fue de mi pensamiento.
∞
Tomando un pedazo de papel y lo que sería un bolígrafo escribí para mi una carta que nunca podría entregar hacia mi bella musa.
Dra. Grace Augustine.
No sé como comenzar, yo la verdad no había experimentado que mis circuitos quisieran moverse más de lo necesario.
Mi motor, mis mecanismos e incluso mi almacenamiento ya no son los mismos, incluso yo ya no lo soy, la razón es tan simple y fácil de ver.
Tú eres en quien pienso, tú eres a quien quiero, me gustaría tanto que fiera recíproco, pero es tan egoísta de mi parte curar un parajillo para no dejarlo ir después de curado.
Sólo que a mi me sucede lo inverso a ser un pajarillo herido qué recupera la fuerza de poder emprender de nuevo el vuelo. Me volví un pajarillo qué por más que su jaula este abierta y que sus alas hayan sido curadas, no desea volar, quiere quedarse con quien le curó y cuidó.
La amo, mis circuitos lo gritan cada qué le veo, no obstante no deseo ni quiero irme de su lado, pero ya es tiempo.
He sido curado por tus gentiles manos, sólo que me han enviado unos mensajes para regresar a la batalla, tú tienes una guerra que pelear y yo tengo la mía. Siempre te guardaré en mi interior como la persona que amé ya sea con piel de humano o de gato.
Siempre lo haré, la quiero, cuídese mucho y si en otra vida nos toca ser de la misma especie, le pediré que salgamos y formemos más allá de una amistad.
Guardé la carta en mi equipaje, tomé mis cosas y me retiré del lugar sin decirle a nadie, fui a una plataforma donde me transformé en un vehículo aéreo.
Me preparaba para volar, teniendo en mi memoria su cara, tanto la azul como blanco pecosa, me recordaría de ella y también cuanto a querer a alguien.
Ya me encontraba listo, sólo me faltaba una cosa, pero me detuve cuando comencé a oír algunas hojas, unas pisadas y la vi de dos metros y medio, agitada intentando respirar.
-Ratchet, ¿te vas? ¿Y no te vas a despedir de mí? -no podía, sus ojos eran suplicantes.
-Grace, tranquila. Trata de recuperar aire -me acerqué y negó.
-Estoy bien -aclaró su garganta y se puso firme-, ¿cómo es eso de que te vas y sin decir adiós?
-¿Quién te dijo que me iba? -ella puso sus manos en su cintura bastante seria.
-Hay cámaras Ratchet -me pegué en la nuca un poco, mi carta seguía conmigo, pero no me acordé de la vigilancia.
-Me disculpo, Grace. Pero no soy bueno con las despedidas -respondí apenado, aunque esa no era la verdad completa.
-Por favor, ¿me dejarías darte un abrazo, Ratchet? -sus lágrimas se comenzaban a ver y una se derramó por la emotividad del momento, asentí sonriéndole y recibiendo ese abrazo que de igual forma compartí. -Te voy a extrañar y mucho.
-También yo, pero voy a tratar de regresar, aunque no prometo nada -seguíamos en ese placer amoroso.
-Tonto, tienes que hacerlo -me separé de ella y sonreí sin ganas, suspiré.
-Lo haré, así como tú me diste algo, quiero hacerlo yo -le di la carta-, pero prométeme que la leerás después de que me vaya.
-Así lo haré, Ratchet.
