Chapter Text
Lograron escapar de ese venado desquiciado con ayuda del guante. Veruca arrastró a Klaus con la poca fuerza que le quedaba a lo más profundo de un bosque para descansar y lejos de otro peligro desconocido.
El plan no estaba saliendo como ellos pensaron y para disgusto de la alfa, Klaus, el cerebro de la misión estaba fuera de servicio.
Estaban perdidos y Klaus no dejaba de quejarse por su brazo lastimado, Veruca reprimió su propio malestar y prefirió ayudar a su hermanito.
Se acercó para abrazarlo y tratar de amortiguar su ira con un masaje, pero el omega la empujó como si el contacto con su cuerpo lo quemará, gruñó en su dirección y con molestia en sus palabras le exigió que comenzara a caminar.
-¡Me estoy desangrando y tú solo estás perdiendo el tiempo!
-Al menos yo intento ayudar- respondió con fastidio, girando los ojos
-No tenemos ni una sola pista de dónde encontrar la otra arma y estamos perdidos en este horrible bosque, ¡Y tú solo piensas en toquetearme!
-Klausy, estás cansado y golpeado, lo mejor es que descanses un poco. No digas nada de lo que te puedas lamentar después
Explico suavemente, con un tono neutral y escogiendo las palabras correctas para no molestar aún más a su pequeño omega. También es un recordatorio importante para ella misma.
Veruca estaba al borde del colapso. Si pierde el control de sus emociones, liberará todo el mal que estaba golpeando su pecho, exigiendo salir y descargar toda su furia acumulada, desde el primer instante que tuvo la desgracia de pisar este lugar.
Klaus quería seguir discutiendo pero su cuerpo dejo de responder debido a la pérdida de sangre. Veruca se apresuró a sostenerlo, evitando que su cabeza golpeará el suelo y lo acunó entre sus brazos.
-¡Klaus, despierta!
El Omega gimió de dolor, pero su cuerpo seguía sin responder a los desesperados llamados de su alfa.
Veruca se apresuró a buscar un pueblo con un médico que pudiera curar a su hermanito. Acuandolo en su regazo mientras avanzaba con determinación, guiado solo por su instinto y su desesperación por salvar a su esposo.
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Avanzaron durante horas pero el camino no mostraba señales de cambiar. Veruca estaba harta de mirar los mismos árboles. Le dolían los pies y sentía un dolor agudo en las piernas.
Sus piernas protestaron con cansancio y Veruca se desplomó en el suelo junto con Klaus.
-No puedes morir ahora, Klaus. Tenemos una misión
Susurró con dolor en sus palabras, esperanzada en recibir alguna respuesta del cuerpo debilitado debajo de ella; un regaño, un suspiro de cansancio o una mirada reprobatoria por su comportamiento, pero nada. Klaus no tenía intención de abrir sus hermosos ojos verdes, que brillan con intensidad y que hacen que su corazón latiera con fuerza. Cada vez que los miraban, sentía una profunda gratitud por estar viva un día más en este asqueroso mundo.
Pero de nuevo, el destino reconoce que hizo sufrir mucho a los hermanos en el pasado y decide mostrar un poco de piedad, poniendo en su camino a una enorme señorita que estaba absorta en su propio mundo, cantando como un ángel mientras recogía hongos para su carreta de provisiones.
Una sonrisa interna se dibuja en su rostro mientras preparaba su cuchilla, lista para comenzar el espectáculo.
