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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-05-01
Updated:
2026-04-07
Words:
12,987
Chapters:
8/?
Comments:
24
Kudos:
12
Hits:
178

Solos juntos.

Summary:

Rayan un nuevo profesor de universidad encuentra en un camarero algo de compañía.Ambos están solos y ambos desean que alguien abrace sus corazones en la nueva ciudad en donde viven, pronto se dan cuenta que involucrarse no será tan fácil.

(es una reinterpretación de como me imagino que seria la historia de ellos si hubiera pasado lo que describen en el cap 9 de la universidad y como pienso que son los sentimientos de Rayan respecto a su esposa sobre todo en las primeras etapas del juego)

Notes:

Primer intento de fan fic, perdon la ortografia.

Chapter Text

Rayan, algo cansado y desvelado, terminaba de desarmar cajas y de tirar plásticos a la basura. Oficialmente se había mudado a Amoris. Solo quedaba ir a comprar algo de café, pues apenas había dormido ya que tenía que organizarse.

Le quedaba una semana para empezar como profesor en la universidad Anteros Academy, y eso se traducía en planeaciones de clase y preparación de materiales. Decidió ir por un café bien cargado y comenzar a trabajar, pero fuera, ya que sabía que si se quedaba probablemente se quedaría dormido en su sillón.

Fue a tomar un baño tibio. Cuando se lavaba la cabeza y cerró los ojos, aquel pensamiento vino a su mente de nuevo al verse al espejo: la idea triste de estar abandonando sus problemas más profundos en su ciudad natal, que estaba abandonando a ella. Pero cada que seguía pensando en que apenas había salido de su casa en siete años, la idea le roía la piel. Quería ser libre, ¿por eso había venido, no? ¿Por eso se mudó?

Al salir de bañarse, sus ojos cansados se encontraron a sí mismos en el espejo de cuerpo completo que había en el baño. Analizándose, se vio viejo y desgastado, descuidado y pálido, y su rostro aún se veía exhausto. Puso una toalla en el espejo, cubriéndolo desmotivado, y fue a rasurar su barba tratando de pensar en otra cosa. Pero no podía, se comenzaba a sentir atrapado y solo salió del baño.

Un poco irritado por la ansiedad, corrió por su nuevo departamento tomando cosas por el camino hacia su cuarto, como su laptop, su libreta y su billetera. Las puso en la cama y se cambió casual: jeans, suéter tejido de color verde oscuro y una chaqueta gruesa y cálida para aguantar el frío de afuera. Como si fuera maratón, puso sus cosas en una pequeña mochila y tomó de la mesa de la entrada sus llaves, encontrándose de frente con la pequeña foto de... Ella en la entrada.

“Perdón, Cloe... ya no estás y debo seguir. Ojalá pudieras perdonarme...” Sostuvo las llaves con fuerza mientras pensaba algo melancólico y salió como si quisiera convencerse a sí mismo de la idea.

Ya bastante ansioso, no podía pensar bien, así que solo buscó en su teléfono cafés que estuvieran cerca de él.

Hyun, animado como siempre, se encontraba solo en el café. Este chico irradiaba bastante energía ese día. Además de ser bastante guapo, era amable y servicial. Aunque él no se considerara atractivo, era muy popular sin que él mismo lo supiera. A diario, las jovencitas de la preparatoria cercana iban a tomar algo en los horarios en que Hyun o el “pastelito” trabajaba, y aunque este ya se estaba dando cuenta, no le representaba nada; las veía como a su hermana menor, que le preocupaba tanto.

Algo bailarín, limpiaba platos detrás de la barra tarareando la canción animada que había puesto en los altavoces del Cozy Bear. Escuchó la puerta y se lavó las manos rápido para atender al cliente. Cuando se volteó, se encontró con unos bellos ojos verdes enmarcados por unas cejas oscuras y unas ojeras profundas.

—Buen día, señor, ¿en qué le puedo servir? —Ni siquiera había terminado de acomodar las mesas, y el café general se estaba colando. Además, aún tenía la chaqueta gruesa arriba de su suéter tejido de color verde claro.

—Buenos días, quisiera un café con un shot de expreso para beber aquí, sin nada —dijo el hombre cansado y agobiado, sacando su billetera.

—Bien, serían 2G —se preparó para cobrar y tomó una taza pensando que a ese pobre hombre algo le pasaba, y si bien no había sido grosero, se sintió algo ofendido por su sequedad.

El hombre demacrado pagó por su café y fue a una mesa cercana a la estación de café y a la ventana. Dejó sus cosas y se quitó la chaqueta, dejando ver un suéter que Hyun reconoció: era el mismo suéter que tenía, solo que de un verde más intenso. Un poco divertido, Hyun decidió quitarse también la chaqueta, y en lo que el expreso se colaba, iba a acomodar rápido las mesas que faltaban en el interior, mientras veía al hombre acomodarse en la mesa y ponerse lentes para comenzar a leer algo en su laptop.

Había algo en él que le llamaba la curiosidad, pero se veía amargado y los clientes amargados no dejan buenas propinas.

Terminó el necesitado café, pero antes de llevárselo le ganó su curiosidad y puso un par de galletas en la orilla del plato pequeño debajo de la taza.

—Su café, señor —puso su taza con su pequeño detalle frente al hombre, que de inmediato tomó la taza y bebió sin despegar los ojos verdes de la pantalla, sin importarle que estuviera muy caliente el café.

—Muchas gracias, ya puedo ser una persona —bromeó como todo un señor con una ligera sonrisa y bebió otro sorbo.

Hyun no se movió en los siguientes segundos por verlo un poco más. No estaba seguro de por qué. Tal vez era su educación servicial o su carácter maternal, pero ese hombre tenía algo oculto, como todos.

Desde que entró a comprar el café, se sentía observado. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué tan mal se veía? Después de beber dos veces, siguió sintiendo la presencia del mesero, así que se giró viéndolo a los ojos, encontrándose con... ¿preocupación?

—¿Ocurre algo, chico? —preguntó Rayan. Ya se estaba arrepintiendo de haber salido sin dormir.

—N-no... Digo, lo que pasa es que —hizo una pausa el joven, algo nervioso, como quien es descubierto en algo vergonzoso—. Lo que pasa es que me di cuenta de que tenemos casi el mismo suéter tejido, ¡qué gracioso, no? Aunque a veces me siento un poco mal porque me da frío con él —dijo sospechoso el jovencito, como si quisiera dar a entender algo.

—¿Sentirte mal? Entonces creo que debes arroparte más, pero... ¿todo está bien? —se quitó los lentes—. ¿Acaso es porque es muy temprano?

—No sé, ¿usted está bien? —sonrió apenado Hyun.

Se estaba poniendo incómodo, pero no sabía si era su culpa por haber salido medio vulnerable ese día o por ser feo, así que solo le quedaba aceptar la pobre preocupación del joven.

—Claro que lo estoy, solo acabo de mudarme a la ciudad y no he dormido muy bien, ¿tú crees? ¿Tan horrible me queda desvelarme? —intentó bromear para bajar la incomodidad.

—Ohhh, ya veo, es un nuevo comienzo y... ¡No! No es usted feo, es bastante guapo... digo, no por nada en... bueno, usted entiende... —Cerró un segundo los ojos para tomar aire y no sentir la vergüenza subiendo lento en él—. Y sí, lo entiendo, ¡yo hace poco me mudé también! Es algo difícil, ¿no?

—¿El tema de mudarse? Sí, es caótico, pero me las arreglo, solo que no te das cuenta que tienes tantas cosas hasta que no hay suficientes cajas —compartió, sintiendo la empatía del amable chico y le sonrió leve.

—Entonces... de nuevo... ¿ya fue a darse un paseo por la ciudad? Amoris es bastante bonito y tranquilo, aunque también un poco pequeño.

—Es pequeña, pero es bastante interesante, hay museos y está alejada de mi ciudad —se le escapó.

—Ya veo, ¿huyes? Yo también un poco, mis padres y mi familia a veces me asfixian —el joven agobiado se sentó a su lado riendo un poco incómodo, sin saber si estaba aturdido por lo temprano que era o por el sentimiento de nostalgia que el frío le daba. De repente, estaba emocional.

—Así que atrapado... La verdad creo que está bien, aún eres joven, pero tú no huyes, estás creciendo, aprovecha tu libertad y no le temas a sentir.

—Son lindas esas palabras, pero en mi caso no es el problema. Mis hermanas... Mis hermanas son muy inquietas y soy el mayor, así que... —rió leve, algo pesado. A pesar de que su rostro era amable diciendo eso, se veía agotado.

—No puedes hablar muchas cosas, ¿verdad?... Sí... supongo que lo comprendo... —Rayan se atrevió y le dio una palmadita en la espalda y frotó leve su palma en la espalda del chico.

—A veces es muy difícil hablar con los que están cerca, a veces saben tanto de ti que no sabes si contarles lo que pasa sin que te juzguen, no sabes si te comprenderán o insistirán en lo que es mejor para ti desde su perspectiva, pero solo intenta ser firme y tomarlo como preocupación porque te quieren.

Rayan por un momento pensó cómo reaccionó su madre al decirle que se iría de su ciudad al menos un tiempo, lejos, y cómo ella insistía en métodos de separación más convencionales que a lo que Hyun correctamente llamó “huir”. No estaba del todo equivocado, el joven había puesto una palabra a ese sentimiento raro que tenía, de ser perseguido por sus problemas, por la idea de verla a Ella en todas y en todo.

—Y que lo diga... —suspiró Hyun sintiendo el suave tacto mientras veía a la ventana igual que Rayan, mientras pensaba en cómo su familia se había asustado de tenerlo lejos para que fuera a la universidad. Sintió que el ambiente cambiaba a uno nostálgico, pero como si ambos se hicieran compañía en esos segundos de reflexión.

Los dos hombres se quedaron en sus mentes, un poco abrumados por los recuerdos y por extrañar sus casas, pero aliviados de no quedarse en lo seguro. Ambos tenían en común el dejar para avanzar, también su suéter y también el estar sentados uno al lado de otro viendo a lo lejos y... despertar del trance en el que se quedaron, apartándose uno del otro como si ese leve confort de la mano de Rayan acariciando el brazo del joven hubiera sobrepasado una línea y como si la trayectoria a donde iba la cabeza de Hyun hacia el hombro de Rayan, aunque inconclusa, era demasiado delatora.

—Bien... creo que... —No sabía qué decir, así que solo le dio un trago a su café.

—Sí, yo... —el joven de verde claro se paraba lento y algo apenado—. Si necesita algo, llámeme, el café es tranquilo a esta hora. —Casi corriendo, fue a ponerse a trabajar de nuevo sintiendo que algo estaba extraño.

El ambiente era algo extraño, pero no incómodo. Se había sentido una rara curiosidad, un deseo de conexión. Ambos sabían que no sería la última vez, sobre todo porque Rayan, al salir del café junto con la propina, dejó un coqueto papelito de color naranja con su número.

Rayan se sentía algo inquieto por el momento de sinceridad, pero a la vez se alegró de haber tenido una experiencia así. Al final, esto era precisamente lo que estaba buscando al mudarme: ¡Conexiones!