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El príncipe Tamaki estaba aburrido, aburrido de no tener un amigo con quien conversar, no era nada nuevo saber que un príncipe y como tal se aburrió de estar entre tantos lujos.
En una escapada de sus lecciones se topó con una joven y bella señorita que al verla se enamoró.
Tamaki no sabía disimular y la muchacha le sonrió ante su cara teñida de rojo.
Desde aquel momento, ya nunca más la volvió a ver y a su padre se le hizo más fácil organizar un baile en el cual participarían jóvenes con la descripción que dio su hijo.
Cabello castaño, ojos miel y una sonrisa dulce. Lo que no contaban es que una persona que parecía un chico, entrara, aunque a muchos les sorprendía que le vieron con total atención, la reacción que daría el príncipe. Tamaki la vio y arquea una ceja.
-Eres un joven muy bello, pero me gustan las señoritas.
-Pero yo soy una chica -se señaló a sí misma.
-¿Eh?
-Mi padre, cayó en la pobreza y tuve que vender algo de mi cabello para pagar una cabra.
Tamaki llamó a sus sirvientes para que ayudarán a desmentir la verdad que "ocultaba" según el príncipe y su sorpresa fue tal que pidió quedar a solas con ella.
-¿Puedo saber su nombre, señorita?
-Haruhi, me llamo Haruhi y no creo ser la mujer que en su descripción estaba.
-Oh, descuida no te preocupes por eso, dígame -se acercó y tocó sus dedos- ¿me dejaría desposarla?
-No creo sea lo correcto, después de todo parezco...
-La mujer de mis sueños, por favor. Deseo ser su esposo.
-¿No me escuchó? Usted, debería casarse con una princesa, no con una joven pobre que solo tiene a su padre y una cabra.
-Entonces cambiaré las leyes, por tí lo haré -se acercó a sus labios y la besó siendo correspondido por la joven. Se separaron un poco y susurró.
-Pero quiero que ambos estén conmigo.
-Y así será, mi bella Haruhi.
