Actions

Work Header

Manos arriba

Summary:

Si Li Hao tiene el hábito de tocar a Zhou Xing o no, lo cierto es que su tacto siempre es ingenuo, si acaso tierno, nunca malintencionado y con la pura y neta intención de transmitir confianza, credibilidad y, tal vez, comprensión. O quizá compasión… Zhou Xing espera que Li Hao entienda porqué necesita que deje de hacerlo.

Chapter 1: Manos arriba (y dónde pueda verlas)

Chapter Text

Li Hao tiene esta costumbre graciosa. Es. Todo sonrisas y todo confianzas; cuando se acerca a Zhou Xing y sin muchas premeditaciones le pone las manos donde bien pudiera (en el brazo, en el hombro, la espalda, espalda baja en ocasiones incluso) a la hora de demostrarle su apoyo.

Zhou Xing entiende esto al poco rato de entablar amistades con él. Entiende que Li Hao está acostumbrado al contacto físico y que es y puede llegar a ser bastante afectuoso (o al menos así lo parece, Wan Tanmeo y Li Hao suelen estarse colgando uno al cuello del otro no solo con bastante frecuencia sino que también con total casualidad) y que eso es parte de su forma de interactuar con sus compañeros, sus amigos y seres queridos.

Y al principio, lo toma desprevenido: Zhou Xing no está acostumbrado a que lo toquen; mucho menos con tanta familiaridad. Entre Los Gatos, criados y educados en cunas de oro y plata, tienen este grado de educación tan conservador en que omiten todas las muestras de cariño que parezcan excesivas (a Che Lin y a Chao Mao se les nota que quieren repartir y compartir abrazos por doquier, pero que de todas maneras se controlan). Y por más amigos de la infancia que fueran entre algunos de ellos, seguía habiendo una brecha de contacto (si acaso a Che Lin lo había atrapado dándole un abrazo apretado pero concreto a Shuu Chuna por su cumpleaños e incluso había visto a Tao Lu, no tan afectuosa, recargarse en el hombro de Xiao Rau, todavía menos adepta al contacto, cuando es hora de descansar y ambas se entretienen viendo cada una sus cosas en sus teléfonos celulares).

Li Hao, por otro lado, comienza por ponerle la mano en el hombro y se la deja en este por un largo, largo, rato (en lo que se asoma a comprobar las anotaciones del entrenador para el menú de entrenamiento del día o a analizar junto a Zhou Xing las estadísticas de todo el equipo); durante los partidos pasa a darle un ligero empujón desde la media espalda luego de que acuerdan las estrategias a seguir y no duda en cogerlo de la muñeca si lo que necesita es hablar con él de cualquier cosa que empiece por solo involucrarlos a ellos dos. Y, si bien, aquello pasa por resultarle extraño al inicio, Zhou Xing pronto deja de sentirlo así y se acostumbra y acomoda al calor de las manos de Li Hao sobre su cuerpo (las manos de Li Hao son pequeñas y cálidas y tiernas, y le resulta agradable, sino es que hasta entrañable, saberse respaldado por Li Hao en todo momento y más en cuanto le pone las manos encima y, sus ojos se encuentran y no necesitan tantas palabras para comunicarse y, no hay absolutamente nada de malo con aquella complicidad ni la sensación apretada en su pecho cuando siente que podría decirle cualquier cosa a Li Hao y encontrar el mismo rápido y fácil entendimiento que con sus miradas, ¿cierto?).

Eso, hasta que ocurre la separación. Un nuevo mundial se acerca y con la información que les ha filtrado el entrenador Zhao Jinyun tras el sabotaje del Fútbol Frontera Internacional anterior en las clasificatorias asiáticas (del que casi que salieron enteros por puro milagro), se ven en la obligación de partir caminos: Li Hao viaja a Japón bajo la guarda del entrenador con dobles intenciones de espionaje; el resto de La Tropa se concentra en su entrenamiento espartano con la esperanza de conseguir el nivel necesario para poder rescatar a algunos de sus amigos, antiguos integrantes de los Rojiura, que también habían acabado en las garras de Orión.

Es una separación de algo así como un poco más de un mes. Y cuando finalmente La Tropa se reúne en tierras niponas: los Rojiura se lanzan al encuentro de su estrella, pronto tomándole la delantera al capitán, mientras el mismo y los Gatos los contemplan en su emotiva reunión. —Uh, ¿no piensas ir a saludarlo también, Zhou Xing?

Tiene que regresarse hacia abajo para poder toparse con el pequeño Che Lin. La pregunta resalta por si sola pero más aún teniendo en cuenta lo cariñoso que el que la hace puede llegar a ser y que que, de hecho, se haya detenido en unirse a la celebración de los Rojiura (como muchas veces Che Lin termina por hacer, dejándose llevar por la animosidad de los callejeros) tan solo para mirarlo a él con extrañeza.

Zhou Xing arquea una ceja y puede ver como Wan Tanmeo abraza e incluso alza un poco por sobre el suelo a Li Hao, aprovechando que el susodicho conversa con su propia hermana, acariciándole el cabello y mirándola con todo el cariño y la nostalgia que un hermano mayor pudiera tener luego de no poderse ver con su hermana en poco más de un mes entero. Wan Tanmeo aprovecha para agacharse y con el abrazo desde sus piernas, apenas por sobre la rodilla, se encarga de alzarlo y Li Hao casi que tira y despeina a su propia hermana, que en lo mismo eso de la improvisación de aquel acto, Wan Tanmeo pierde el balance por los movimientos erráticos del desprevenido Li Hao y de repente los tres, Yuchen, Li Hao y Wan Tanmeo, ya están tumbados en el suelo del aeropuerto.

Zhou Xing casi salta a intentar detener la caída de cualquiera de los hermanos Li, mas la distancia es obvia y sabe que no va a llegar. Se devuelve entonces a Che Lin, que se está riendo aunque también se le mire preocupado, y Zhou Xing dice igual: —¿qué me dices de ti, Che Lin?

—Yo estoy esperando a que vayas tu primero.

Che Lin se encoge de hombros y echando una mirada hacia el resto del Hoshinekodan, parece haber una broma secreta compartida entre ellos que intercambian sonrisas y miradas (a las que Zhou Xing no termina de comprender incluso si las atiende y ellos se las regresan). Cuando Zhou Xing trata de abrir la boca para preguntar y enterarse bien del chiste, sin embargo, una voz ajena lo interrumpe:

—¡Ey, capitán!

Quien le habla no es otro más que el mismísimo Li Hao, que corre a su encuentro y por un segundo a Zhou Xing le da la impresión de que este se le va a venir abalanzándosele encima (lanzándose a sus brazos en un suceso tan solo visto en películas norteamericanas románticas). Pero Li Hao se detiene a unos pasos de él y Zhou Xing se da cuenta de que ha contenido la respiración cuando, al tratar de decir algo y al ir a abrir la boca, toma una bocanada de aire de golpe. Se lleva la mano al pecho, golpeándose justo encima del corazón, al mismo tiempo en que se contiene de toser y en consecuencia a la boca la aprieta en una línea estrecha.

—Eeh...

—Yo- ¡Li Hao!

Zhou Xing se siente demasiado consciente de sí mismo en cuanto abre los brazos en medio de un gesto abrupto en el que se obliga a bajarlos prontamente y Li Hao se lo queda viendo como si le acabara de salir una segunda cabeza.

Para la suerte de Zhou Xing, él no es el único que se comporta extraño a la hora de su reencuentro: Li Hao se ha detenido como a más de un par de metros de distancia de Zhou Xing y… Entonces, luego de darse cuenta de ello, Li Hao tiene que recuperarse con unos pasos tímidos hasta que queda a una distancia normal para dos personas que se conocen de años y han vuelto a verse en persona luego de solo tener contacto el uno con el otro por los medios de comunicación a distancia.

—Hola...

—... ¿qué tal todo?

La Tropa contempla este intercambio a la sombra de la vergüenza ajena y a un costado del estado de confusión múltiple (porque, para ellos, los chicos que los habían liderado en conjunto para hacer posible la creación de la Tropa Acrobática del Fútbol, de repente no parecían ni capaces de mirarse bien a los ojos mientras intercambiaban palabras).

Los primeros días tras su reunión se siente, pues, como si la distancia entre ellos fuera aún mayor a cuando estaban en distintos países (teniendo noticias diarias uno del otro por mensajería y llamadas alarmantes en las que Li Hao saltaba en pánico pidiéndole ayuda a Zhou Xing en la distancia). En teoría, todo debería de haber regresado a la normalidad acostumbrada con el contacto casual de siempre, el intercambio de miradas y las risas naturales a las bromas compartidas entre ellos; no obstante, y durante su estancia en Japón, cuando sus miradas se encuentran inmediatamente saltan a direcciones opuestas, no hablan más allá de lo estrictamente necesario e incluso Li Hao parece dudar cuando sus manos inquietas revolotean alrededor de Zhou Xing sin llegar a ponérselas encima.

Y Zhou Xing no sabe si debería prestarle más atención a la inquietud ansiosa que se asienta en su vientre bajo cuando se da cuenta de la falta de interacción persona a persona que se da entre ellos o al vuelco que da su corazón cuando, en medio de los entrenamientos, recibe, todavía, uno que otro mensaje espontáneo de Li Hao sobre su vida diaria mientras que está lejos de ellos y con los japoneses.

—Gracias, otra vez…

Zhou Xing parpadea cuando, aprovechando el oportuno momento en que el resto del equipo se ha metido a las duchas al fin, Li Hao se retrasa a propósito mientras él termina de secarse el cabello luego de verse obligado a salir antes del partido por cubrir a Li Hao cuando el juego sucio del otro equipo casi logra que su estrella sea expulsada del campo. Zhou Xing quisiera estar todavía enfadado con Li Hao por dejarse llevar por la situación, pero al mismo tiempo en que lo ve ahí, encogido sobre sí mismo con una expresión de pena y arrepentimiento, aún cuando lo que hace primero es agradecerle y no disculparse, no puede evitar también comprenderlo y excusarlo y que una escueta sonrisa le crezca en la boca: —no tienes nada que agradecer, como capitán del equipo, asegurarme de que nuestra estrella pueda jugar todo el partido es también parte de mi trabajo.

Li Hao abre la boca una vez antes de volver a cerrarla y luego de pensarlo bien, que una risa y una sonrisa adorables se le escapen: —eso es, capitán, de verdad que estás hecho para el trabajo, ni siquiera necesitas estar dentro de la cancha para que los demás te sigan todavía… —Li Hao parece dudar, pero al final sí que da un paso adelante y parece volver a encogerse, su sonrisa temblorosa un tanto como melancólica también—. Pero, ahora no solo hablaba de esto que has hecho por mi hoy; hablo de todo, Zhou Xing. Todo lo que has hecho por mí en estas semanas que estuve aquí con el jefe y me estuviste ayudando por teléfono y mensajería. Desde que llegaron al aeropuerto quise agradecértelo en persona pero por una u otra razón siempre acababa sin poder hacerlo…

Es... tierno. Zhou Xing se da cuenta de que Li Hao le provoca ternura y un calor abrupto comienza a subírsele a la cara.

—Así que, uhm, gracias... yo-

El gesto de Li Hao es abrupto y a Zhou Xing lo toma tan desprevenido que no logra hacer nada. No logra reaccionar a los brazos del otro chico rodeándole y tan solo se queda quieto, tieso, en lo que recibe el abrazo sin llegar a corresponderlo (Li Hao lo termina pronto y sin nada más que una mirada esquiva y una sonrisa incómoda, se marcha con cualquier excusa hacia el interior de las duchas) y. Zhou Xing.

Zhou Xing siente que le han arrebatado el aire. Jadea, entonces, yéndose casi que a atragantar con la prontitud de lo hecho. Se rodea a si mismo con sus propios brazos cruzándosele por enfrente del pecho y no deja de sentir… a Li Hao rodeándolo con sus brazos, el calor de su pequeño cuerpo, sus manos tiernas por su media espalda presionando su cuerpo más cerca del de él y.

Ayy.

Ay, ay, ay, ay, ay…

¿Por qué no había sido capaz de reaccionar en ese mismo instante para abrazarlo de vuelta?

¿Por qué no había podido…?

Sin embargo, y a pesar de seguir preguntándose cosas de la misma índole. Cuando Li Hao está de vuelta (el resto del equipo también, pero a Zhou Xing de pronto solo le importa Li Hao y su presencia), cerca de él; dedicándole sonrisas y miradas de reojo sueltas como las que acostumbraban a compartir antes de que todo lo relacionado con el FFI de ese año comenzara; Zhou Xing se da cuenta de que hay algo nuevo en el interior de su pecho porque este se agita y se aprieta y manda señales a sus entrañas que le provocan mareos cada que nota las miradas de Li Hao y con cada sonrisa que recibe de su parte siente que las rodillas se le hacen como de gelatina.

Tras aquel abrazo, las cosas parecen volver a lo que solían ser con Li Hao poniéndole las manos encima a la más mínima oportunidad. La única diferencia puntual (que Zhou Xing tarda en digerir del todo) es que cada que el tacto tibio de sus manos se presenta, una oleada de sensaciones nuevas lo asaltan: Hay cosquillas y el rostro se le comienza a poner rojo en medio de la cercanía y Zhou Xing parece necesitar recordarse a detalle cómo se supone que se le hace para tan solo respirar. Las manos le sudan y de repente tartamudea, pero… lo peor del asunto no es eso. Lo peor del asunto es la revoltura de su estómago que le provoca vértigo, su corazón corriendo como desquiciado y sus locas (extrañas y ridículamente tontas) ganas espontáneas de plantarle besos a Li Hao en cualquier parte de la cara.

Zhou Xing comienza a sentir que, en cualquier momento, no va a lograr resistir el impulso y está a nada de lanzársele encima a Li Hao cuando por sí mismo decide que no pueden seguir por ese camino.

—¿Qué estamos viendo ahora, capitán?

Por su parte, Li Hao no parece darse cuenta de todo lo que le provoca. Su gesto, más deliberado que accidental, suele sentirse incluso hasta tentador: Li Hao pone ambas manos en su cintura e intenta estirarse sobre su hombro para ver sobre este o pone sus dos manos en los hombros de Zhou Xing para, tan solo unos momentos después, comenzar a masajeárselos sin consultarle primero.

Esta vez, sentado en la mesa con el detalle de las tácticas a practicar ese día, Zhou Xing siente las manos de Li Hao apoyándose en su espalda primero (cerca de sus hombros, a la altura de los omóplatos) y, luego, yendo a deslizarse con cuidado hacia abajo donde, luego, se apoyan a la altura de sus costillas, un poco por encima de su cintura y…

Li Hao…

Zhou Xing deja que la pequeña pizarra se le resbale de las manos y, rígido como una tabla, toma una respiración larga buscando reprimir el escalofrío que está a nada de sacudirlo entero. Una vez logrado, dirige sus manos a las de Li Hao y nada más tomarlas las separa de su cuerpo y, sin darle espacio de tiempo a reaccionar, se da la vuelta. Teniéndolo de frente, sus ojos van directo a los de Li Hao, que en su conjunto lo mira devuelta, y lo que sigue es un tanto impulsivo y no sabe bien qué es lo que ve en su gesto pero acaba por cogerle las manos al aire y se las sostiene, con las suyas, tirando incluso un poco de Li Hao hacia él también, quien, por la sorpresa, por poco y pierde el equilibrio y se le va viniendo encima a Zhou Xing.

Entre los dos logran atajarse pero eso solo los hace quedar en una posición algo más comprometida, los dedos de sus manos entrelazadas, Li Hao un poco demasiado cerca de Zhou Xing y este tan solo con un espacio entre las piernas en el que presiona entre ellas a las de Li Hao, todavía de pie, para sostenerlo mientras él sigue en su silla y con sus manos un tanto ocupadas.

Ah…

Li Hao parpadea, un poco perdido en el poco espacio que lo separa de Zhou Xing y en la sensación de sus manos unidas pegadas hacia su propio pecho (resultado de la última atajada). Zhou Xing se apresura a deshacer aquella unión tan íntima de manos, endereza a Li Hao (sosteniéndolo con manos que hacen de todo por tocarlo lo menos y el menor tiempo posible) y echa su silla lo poco que puede hacia atrás antes de devolver los ojos hacia la expresión de Li Hao y, vuelve a estirar sus manos y cogerle las suyas por los dedos a Li Hao una vez más. —Discúlpame, yo no pretendía- yo no quería- yo no-

Zhou Xing se apresura a tratar de explicarse pero ahora está tan nervioso que no consigue hacer más que balbuceos. Li Hao solo puede quedarse mirándolo mientras sus manos se sienten acogidas con delicada cautela y tanto mimo que lo único que logra hacer después de momentos de contemplar el gesto es apretárselo de vuelta y.

Zhou Xing logra detenerse en ello y pausar, él también, observando con cuidado a la forma en que le toma las manos a Li Hao.

—… Tienes que dejar de hacer eso.

Logra decir, entonces, luego de tragar saliva y hacer el ademán de ir a soltarle las manos al mismo tiempo en que Li Hao lo detiene, manteniendo el agarre por su propia cuenta, y hace que devuelva su mirada a su cara. Se sostienen la mirada. Li Hao parpadea, luego abre la boca. Luego la cierra una vez más y vuelve a parpadear, para entonces decir: —¿hacer qué?

Inclina la cabeza, y sus ojos confundidos tan solo se confunden más cuando ve a Zhou Xing bajar la mirada hacia sus manos otra vez. A Li Hao le da entonces un asalto de vergüenza, que de repente suelta las manos de Zhou Xing y se aleja de ellas como si el tacto de estas quemaran.

—¡Ah-m… ¡perdón! ¡no sé qué estaba pensando- ¡eso solo-

Zhou Xing suelta una risita nerviosa. —No, uhm, no estaba hablando de eso… digo, yo fui quien lo empezó así que sería extraño que me quejara… —acaba tocándose la mejilla en un gesto ansioso antes de devolver la mirada a Li Hao—, como sea, yo me refería a- tus- eeeh- necesito que tus manos dejen de, de… de tocar-… de tocarme, pues…

Y no puede evitarlo. Es bochornoso por el doble sentido que sus palabras pueden tomar y no le extraña sentirse enrojecer hasta las orejas.

Li Hao parpadea, perdido por completo. —¿Mis…?

Se mira las manos como esperando encontrar explicaciones a de lo que Zhou Xing le está hablando escritas en ellas. Zhou Xing logra adelantarse y no lo deja ni terminar de preguntar cuando ya se está explicando por su propia cuenta: —sí, es que- escucha- entiendo que eres alguien de mucho, eh, contacto físico y no sé si te habrás dado cuenta de esto en todos estos años que nos conocemos peeero, yo, yo no, yo no lo soy y tú siempre me… pones las manos encima, por cualquier cosa…

Li Hao abre la boca una vez más como para replicar, luego vuelve a cerrarla y de pronto parece considerarlo. —Y… ¿eso te molesta? ¿Te he estado molestando todo este tiempo cada que-

Li Hao comienza a parecer horrorizado y a Zhou Xing como que se le contagia que de inmediato interrumpe:

—Qué- no, ¡no! No, no, no, NO. No, Li Hao. No me has molestado, te lo aseguro. De hecho, antes no me importaba mucho pero-

—¿Antes de qué?

Zhou Xing se queda callado. De repente, sin saber qué contestarle. Acaba por encoger los hombros, yéndose a morder el labio sin darse cuenta, voltea la mirada hacia cualquier parte. —Antes de que te vinieras a Japón, creo…

Li Hao arquea una ceja. —¿Crees?

—¡No sé!

Zhou Xing responde a la defensiva y Li Hao no puede evitar que sus brazos se crucen sobre su pecho, de pronto malhumorado: —… pero ahora sí te molesta… —masculla, encogiéndose un poco en lo que parece ser un especie de berrinche y un mohín adorable incluso se le forma en la boca.

Zhou Xing no consigue contenerse y aclara: —¡no me molesta!

—¿¡Y entonces de qué te quejas?!

—¡De nada! ¡Solo te estoy pidiendo un favor!

El gesto de Li Hao se tuerce en una mueca que Zhou Xing no consigue interpretar bien, así que, bajando la mirada otra vez, el que ahora parece encogerse es él y se lleva de nuevo la mano a la nuca, —no sé porqué pero ahora me siento raro cada vez que me tocas…

Li Hao parpadea a consciencia una vez más. Abre la boca y respira largo antes de suspirar igual.

—Vale, trataré de no tocarte por "cualquier cosa", si es lo que quieres…

Y aunque Li Hao parece estarlo diciendo a regañadientes, también se le nota sincero, incluso un poco culpable (aunque Zhou Xing no llega a entender bien eso). Y Zhou Xing agradece enormemente el que no haga más preguntas (ni indague más al respecto sobre lo raro que lo hace sentir, porque él mismo no está seguro todavía de eso que le pasa con Li Hao).

Incluso llega a tener un impulso extraño por ir a abrazarlo pero eso tan solo se le queda en una mirada de adoración del tipo que un cachorro tiene con su dueño (a lo que Li Hao vuelve a quedarse en silencio apretando los labios y el entrecejo sin llegar a decirle nada más, pasando por desviar la mirada en cuanto lo nota).

Los días siguientes pasan con Li Hao manteniendo su promesa. Pasa uno. Pasan dos. Pasan tres y poco después, Li Hao vuelve a ponerle una mano en la media espalda, vuelve a sostenerse de su hombro sin rastro de duda y cuando quiere llamar su atención lo coge por una esquina de la camiseta (lo último, a pesar de lo esquivo del contacto, agitándole el corazón con todavía más fuerza cuando Li Hao lo mira con ojos de cordero a punto de ser degollado).

—Dijiste que no te molestaba…

Cuando vuelve a enfrentarlo por lo mismo, Li Hao responde, resuelto, a la defensiva y con una cara de culpabilidad, al mismo tiempo que intenta sacarle provecho a su dulce y tierna carita de niño que no rompe ni un plato a propósito sino que solo por accidente, por lo que debía de ser perdonado y dejársele escapar sin ningún castigo.

Zhou Xing siente que la piel le hormiguea con la mano de Li Hao en su antebrazo (una de las pocas veces que lo hace, aunque lo ha tanteado como a un toro antes con eso de agarrarlo por el borde de la camiseta). Siente que el estómago se le aprieta en nudos que se le hacen y deshacen como si este tuviera voluntad propia. Siente que como Li Hao siga mirándolo así va a lanzarse de una sola al vacío y tan solo le estampará la boca en los- la- ¡la frente!

—Y tú dijiste que ibas a tratar de no tocarme por cualquier cosa…

—¡Y traté! —Li Hao suena hasta ofendido cuando recalca, primero, con el ceño fruncido, luego bajando la mirada y empezando por apretar la boca, pasando a morderse el labio—. De verdad que traté…

Acaba dirigiéndole una mirada atiborrada de culpabilidad y, al final deja ir su brazo con una expresión puntual desconsolada. Zhou Xing quiere hacer hasta lo imposible para consolarlo.

—Pero es que, no entiendo —reniega con la cabeza y la mueve de un lado a otro, mientras, sin poder estarse quieto, empieza una caminata en círculos pequeños que se despliegan en tanto comienza a hablar: —Si no te molesta no debería de haber ningún problema con que lo haga —alejándole y acercándole a Zhou Xing cuando se planta delante suyo y hasta agita las manos para enfatizar—. Quiero decir- eres mi- eres uno de mis mejores amigos y no puedo no intentar alcanzarte aunque sea un poco digo- es que- ¿qué es lo que tanto te molesta de que te toque, Zhou Xing? ¿Qué ha cambiado en este tiempo que estuvimos lejos? Dijiste que solo ha empezado a molestarte desde que me vine a Japón con el jefe, ¿es que ya no te agrado, Zhou Xing? ¿Es que ya no me, me…?

Y conforme avanza en su cuestionamiento, los ojos se le empiezan a llenar de lágrimas a Li Hao y la voz empieza a temblarle. Y Zhou Xing siente que se le parte el corazón y se siente como un verdadero imbécil porque se sabe responsable de ese llanto que Li Hao está esforzándose por contener y detener (Li Hao respira por la boca y se lleva las manos hechas puños a los ojos, tallándoselos entre con los nudillos y con el dorso para desprender un poco del cúmulo de agua en estos).

—No-... No seas tonto, ya te dije que no es que me moleste- no me molestas, ¡tampoco me desagradas! ¡Li Hao!

Zhou Xing coge las manos de Li Hao hechas puño y lo obliga a apartarlas de sus ojos para poder mirarlo a estos, que, entonces se fija en que los tiene rojos y los tiene aguados y hay un rubor creciente en su nariz y Li Hao se ve terriblemente adorable aunque el que esté llorando le desgarre el alma.

—Te molesté mucho, ¿verdad...? Fue porque estuve llamándote mucho mientras estaba aquí solo con el jefe, ¿verdad...?

A Li Hao le tiembla la voz y le tiemblan las manos y le tiembla el pecho y la respiración la tiene agitada. Y sus ojitos tiernos le gotean en lágrimas.

—No, no, no, no, por supuesto que no, Li Hao, por supuesto que no, Li Hao.

De repente, a Zhou Xing se le olvida todo lo demás respecto a sus sensaciones. De repente, lo único que tiene claro es que necesita que Li Hao deje de llorar, tiene que lograr que Li Hao deje de llorar y tiene que hacerlo del modo que sea, así que, sin dudarlo un segundo más, pega su frente a la de Li Hao mientras sus manos le sostienen el rostro por las mejillas y sus pulgares limpian una tras otra las lágrimas que va derramando.

—Perdóname, Zhou Xing…

—No hay nada que perdonar, ¿bien? No es nada de eso, ya te lo he dicho, no me molestas, Li Hao, Li Hao, entiende, por favor, que no se trata de nada de eso…

—Pero… —Li Hao se sorbe los mocos al intentar recuperar su tono de voz normal (no aquel gracioso, tierno, constipado que le suena) y es un sonido terrible que a Zhou Xing le saca una automática mueca de asco y a Li Hao una sonrisa y risa temblorosa en consecuencia—, lo siento, ahora estoy hecho un asco…

Zhou Xing se apresura a negar con la cabeza y separándose entonces, se revisa en los bolsillos en búsqueda de algún pañuelo o algo con lo que ayudarle a sonarse: —ven aquí —indica, en cuanto lo único que logra conseguir es una toalla pequeña para el sudor que no duda en ir apretándole en la nariz—, anda, sopla…

Li Hao hace como le pide y Zhou Xing da unos pocos apretones intercalados antes de que Li Hao aleje su mano con la toalla de su propia cara.

—Así está bien, gracias…

Suena menos nasal y Zhou Xing inclina la cabeza y una sonrisa dulce se le escapa porque Li Hao está entre que lo mira y no lo mira y se le nota un sonrojo de vergüenza pronunciándosele en sus mejillas que se le sonrosan con tan solo unos pocos minutos al sol. Tiene unas terribles ganas de volver a acercarse a Li Hao, apoyar sus frentes juntas, dejar que las puntas de sus narices se rocen y entrelazar los dedos de sus manos como hace días atrás habían hecho sin pensarlo bien. Su corazón responde tal y como lo hace siempre que pensamientos fortuitos como aquel se le pasan por la cabeza y siente que se acalora, pero es entonces que Li Hao continúa: —pero, si no se trata de eso, ¿entonces qué te molesta tanto de mí, Zhou Xing?

—¡Ya te dije que no me- —sin pretenderlo, incluso comienza por alzar la voz y a medio camino se da cuenta de que eso no está, para nada, ayudando a dejar claro su punto y mirando a Li Hao, siente que este tan solo está manipulándolo para conseguir tener la razón (incluso cuando esta pareciera estarle doliendo tanto)—; no me molestas, Li Hao. Te lo he dicho mucho y necesito que lo entiendas, ¿por favor?

Li Hao le dedica una larga mirada a la que un suspiro pesado y un asentimiento, más que nada dado a la fuerza, acaban por ponerle fin.

—Pero entonces…

A Li Hao se le vuelven a aguar los ojos y se muerde el labio y parpadea mucho para intentar no volver a echarse a llorar.

—No es que no me agrades más ni que me hayas molestado ni nada parecido —Zhou Xing interviene con premura, sintiendo la ansiedad trepándole por la garganta en forma de nudo al verle los ojos así otra vez a Li Hao—. De hecho, siempre esperaba tus llamadas aunque, también esperaba que esta vez no estuvieras tan abrumado como la anterior. Estaba muy dispuesto a ayudarte y saber que todavía contabas conmigo incluso estando lejos me hacia sentir, uhm, especial…

Sin darse cuenta, Zhou Xing comienza a sonreír.

—Y me hacía feliz saber de ti porque también mientras no sabía no podía dejar de pensar en ti y preocuparme por lo último que me habías dicho- digo, no es que no confiara en ti, pero siempre lograbas despedirte de una forma en que me dejabas preocupado…

Robando una mirada hacia Li Hao, Zhou Xing se lo encuentra, apenado, sonriendo mientras se mira las manos también.

—… lo siento.

Zhou Xing suspira, se siente tonto mientras sonríe pero no le importa.

—Como digo, está bien —estira su mano y con las falanges de su dedo índice alcanza a hacerle una pequeña caricia en la mejilla a Li Hao—. Y no creo que el problema sea que me desagrades porque, no lo haces, ¿bien? Nunca podrías desagradarme Li Hao…

Necesita que Li Hao lo mire, necesita que Li Hao lo entienda. Es por eso que se inclina y sin pensárselo mucho toma la barbilla de Li Hao para levantarle el rostro. Y eso... Eso se siente como mágico. Demasiado extraño.

—Quizá el problema sea en realidad todo lo contrario…

Li Hao lo cuestiona con la mirada y Zhou Xing deja caer su mano y echa la cara al otro lado. —Que es más posible que sea porque me agradas demasiado que estoy comenzando a sentirme… raro…

Echa un vistazo rápido hacia Li Hao y alcanza a verlo con su boca abierta en una perfecta 'o'.

—Zhou Xing…

La mano de Li Hao se pone en su mejilla y desde ahí, Li Hao consigue voltearle el rostro en su dirección de nueva cuenta.

—Entonces, no te molesta, pero, te hace sentir… raro que te toque… ¿verdad?

Zhou Xing siente un rayo de luz y esperanza al fin dentro de aquella tormenta. Por lo que no duda ni un momento en afirmar. Si Li Hao lo entiende al fin, entonces quizá dejaría de ponerlo en aprietos y entonces de verdad intentaría dejar de ponerle las manos encima-

—Entonces, ya que no te molesta, seguiré haciéndolo. ¿Vale?

Li Hao es todo sonrisas cuando declara y Zhou Xing siente que le va a dar algo.

—¡Li Hao…!

—¿Ahora qué?

Li Hao le frunce el ceño y Zhou Xing no termina de creer lo indignado que parece (¡si el indignado tendría que ser él!).

—No- ¿no entiendes lo que te digo? ¡Te estoy diciendo que cuando me tocas me haces sentir raro! ¿Acaso quieres que me sienta raro? ¿No te importa que me sienta así?

Li Hao le dedica una mirada, como evaluándolo. —Pero es que ya dijiste que no es que te moleste, me importaría si te molestara pero como no es el caso…

No está entendiendo. No, Li Hao no lo está entendiendo.

—¡No me estás entendiendo! ¡Si me tocas empiezo a ponerme raro! ¡Me haces cosquillas y el corazón se me agita y me cuesta respirar con normalidad! ¡Y eso no es lo peor de todo!

—Y qué es lo peor de todo, Zhou Xing.

Zhou Xing se detiene abruptamente. No le agrada el tono petulante de Li Hao. Normalmente, suele admirarse de aquella muestra natural de confianza aún cuando esta provocara alguno que otro problema con personas igual de confiadas. Suele divertirle, sí, porque después de haber perdido ese primer encuentro con las Ratas Callejeras de Shanghai, había pasado a dejar de sentirse el rey del mundo frente a Li Hao y algo de humildad se había instalado dentro de su sistema, por lo que, tendía a respetar y tomar en cuenta las opiniones de Li Hao muy por encima de las de los demás. Y por lo general, Li Hao era imprudente pero también audaz y brillante. En esta ocasión, sin embargo, Zhou Xing tan solo alcanza a verle lo imprudente y.

—Lo peor de todo, Li Hao, es que si tú continúas tocándome así yo…

—Tú…

Y Zhou Xing podría ser todo lo líder nato que se le diera y con ello haber logrado ganarse el respeto de los Rojiura en general, pero.

—… no puedo asegurarte, que sea capaz de controlarme…

Pero también, podía llegar a ser muy tranquilo y sereno (y muy manso y prudente). Y en ocasiones demostraba que solo sabía ladrar pero casi no morder. Contrario a Li Hao.

Teniendo lugar tal intercambio, Li Hao no había dejado de provocarlo desde su declaración oficial. Había pasado de apuntar al pecho de Zhou Xing con un dedo picudo a ponerle una mano entera en el pecho y ahora mismo tenía a las dos puestas en ambos pectorales, sin rastro de duda, ni un poco de vergüenza. Aunque, sigue mirando derecho y, para poder mirar a Zhou Xing a los ojos, Li Hao necesita alzar la barbilla debido a su diferencia de alturas.

—¿Controlarte?

Desliza las sílabas de la palabra, con cuidado, como paladeándolas antes de dejarlas caer de su boca y. Entonces sí alza la mirada a Zhou Xing, que apenas puede mantener la respiración y a su corazón bajo control.

Las manos de Li Hao se sostienen de su camiseta y Zhou Xing sigue mirándolo estupefacto, atraído y atrapado, sus ojos deslizándose a la boca de Li Hao en lo que este se la repasa con la punta de la lengua.

—No creo que sea necesario que te controles…

Zhou Xing puede escuchar los latidos de su propio corazón retumbándole en los oídos.

—¿No lo es…?

Li Hao larga una sonrisa divertida, burlona.

—No… lo tuyo se trata de una cuestión de que te atrevas.

Al final, Li Hao usa el apoyo de sus manos para dar un pequeño empujón y al mismo tiempo en que estira los brazos también da un paso hacia atrás. Se retira, deja de agarrar su camiseta. Lo vuelve a provocar, esta vez, tomando distancia y escondiendo sus manos detrás de su espalda, como un niño travieso atrapado haciendo una travesura.

No se lo dice en voz alta, pero Zhou Xing logra entenderlo con tan solo una mirada.

Y estoy esperándolo con ansias.