Work Text:
Ser desplegado a misiones de campo nunca fue realmente un fastidio para Stanley Snyder.
Le gustaba su trabajo; algunas experiencias difíciles le causaban problemas en su mente de vez en cuando., pero siempre había querido ser militar y gozaba de superarse así mismo.
Stan nunca se molestó por irse largos periodos de tiempo, Xeno comprendía y le esperaba pacientemente en la casa donde vivían desde hace más de cinco años juntos con comida casera (que le pedía a su madre realizar) y comprando sus burritos favoritos para que cuando regresara Stan se sintiera de nuevo como humano y menos como el soldado que era.
Nunca tuvo miedo de dejar solo a Xeno, para ser sincero, jamás hubo desconfianza o miedo de que Xeno lo cambiara, después de todo su elegante prometido permanente (hasta que la ley los dejara casarse) era un hombre leal y de palabra.
Antes, regresar a casa era algo más picante.
Xeno lo recogía después del trabajo con una sonrisa grande y un abrazo que Stan reconoce como necesitado y lleno de alivio de verlo bien. Le hablaba sobre lo poco que había hecho mientras no estaba y aseguraba no haber incendiado su hogar o ponerlo a la vista de autoridades gubernamentales por experimentos peligrosos; después de todo, lo último con lo que Stan quería lidiar cuando volvía a casa era con espías vigilando su hogar.
Llegando a casa se besaban con alta necesidad y cogian todo lo que no pudieron durante los meses de su partida. Xeno solía tomarse unos pocos días libres del trabajo y la pasaban juntos la mayor parte del tiempo en actividades recreativas como el sexo o solo pasando tiempo en casa.
Comían comida comprada en su gran mayoría o Stan se esforzaba en cocinar cuando creía era demasiada comida comprada.
No era una mala vida, jamás sería una mala vida. Es más, extrañaba un poco esa vida.
Pero, no cambiaria lo que tiene ahora por nada del mundo.
Stan camina por los pasillos del aeropuerto con calma, su bolso militar está bien colgado en su espalda e intenta caminar lo más rápido que puede entre el mar de gente que está ahí.
Ha tenido una misión larga, un año y tres meses lejos de su hogar, ha sido una tortura porque hace mucho tiempo que no se iba tanto y menos tan lejos.
Pero había vuelto, y mientras evitaba a soldados que caminaban arrastrando los pies o quienes hablaban entre sí, llego pronto a la parte inicial del pasillo con el grupo de personas que caminaban ansiosas por llegar a su familia.
Su vista de halcón jamás había sido una bendición hasta hoy, hasta que logró ver ese cabello platino que amaba desde joven.
— ¡Papá! — sus manos se alzaron emocionadas — ¡Papi, ya vi a papá!
Y él se soltó de la mano de Xeno.
Stanley sonrió en grande al ver a su joven hijo correr hacia él, así que lo copio, corrió entre la multitud mientras se quitaba su mochila la cual arrojó cerca al tiempo que se arrodillaba para recibir en brazos a su adorable hijo.
— ¡Volviste! — exclamó su pequeño
— Te dije que volvería, Gen — quejo divertido con un cariño inmenso en cada palabra mientras sus brazos apretujaban a su adorable hijo
Xeno se acercó a ambos más tranquilo y con una sonrisa llena de devoción mientras guardaba su celular; luego pediría esa foto.
— Xe — llamó Stan cargando a Gen en brazos mientras se levantaba — ¿Estas seguro es Gen? Esta demasiado grande — bromeó separándose de su hijo un poco
Su hijo jadea indignado por algo que seguramente ha sido culpa de Xeno por la forma en que voltea a verlo, y aunque Stan quiere saber, no quiere una pelea en el día de su regreso así que solo toma a su hijo del rostro y besa su mejilla varias veces para distraerlo.
Gen era el niño más lindo que sus ojos hubieran visto. Su hijo era parecido a Xeno, tenía su enorme inteligencia, el mismo rostro, su bonito cabello platinado y algunos de sus tics de trabajo; pero algo de lo que Stanley adoraba Gen se pareciera a su esposo era en que era fácil distraerlo con suficiente cariño.
Besos en la mejilla lo distraen y lo hacen reír. Sus manitas se pegan a las mejillas de Stan para darle besos de regreso con felicidad.
— Te extrañe mucho, Gen. — aseguró Stanley apretando a su hijo con fuerza — ¿Te haz portado bien? ¿Comiste tus verduras?
— He comido todo, papá es quien no lo hace — acusó señalando al hombre a su lado
— He comido todo lo que está en mi plato, es una falacia intentes hacerme ver como alguien que hace trampa a la hora de comer — quejo Xe con su ceño suavemente fruncido — Nada elegante Gen
— Pero no comiste los pimientos ni la berenjena que la abuela nos preparó — acusó el menor
Stanley libra uno de sus brazos para poder atraer a su prometido a él. Lo besa encantado y de forma corta sabiendo su hijo haría ruidos de arcadas en cualquier segundo.
Había extrañado a su familia.
Es normal que se vaya por largo tiempo, antes realmente no había inconvenientes, sabía que Xeno podría esperar lo que fuera necesario para volver a verlo, entendía el funcionamiento del mundo — aunque este no le gustara tanto — y que de todos modos, Stan iría a él de una u otra forma.
Gen no lo entendía tanto.
Era pequeño, y aunque muy inteligente para su edad, seguía siendo un niño que dependía de sus padres y que no entendía mucho del mundo adulto como para saber porque Stanley se iba cada cierto tiempo y por tantos días. No entendía porque a veces su padre despertaba aterrado en las madrugadas y mucho menos el porque a veces, Stan lucía tan perdido.
Pero ahora estaba aquí, estaba en casa siendo recibido por burritos que su hijo hizo con ayuda de su abuela, recibió miles de dibujos hechos por Gen junto con la larga plática de todo lo que había hecho desde que se fue.
Ahora, Stan conocía desde como Gen descubrió su serie favorita solo repetía capítulos constantemente hasta como un libro mal etiquetado de la biblioteca le había hecho aprender psicología.
— Yo solo quería saber hacer un truco de magia que…¡Magia! Papi espera debes ver esto
Gen corre a su habitación, se mueve lo más rápido que sus piernas de siete años le permiten y desaparece en las escaleras. Stan ríe, se estira por su cajetilla para poder fumar un poco sntes de que el niño vuelva; desde que Gen nació, Xeno había dejado en claro que el humo tóxico de sus cigarrillos estaría lejos de los pulmones del menor, Stan accedió, no había mucho que pelear a decir verdad.
— Stan
Unos brazos flacuchos y una camiseta de algodón muy elegante se envuelven en su cuello. Xeno se sienta en su regazo reclamando todo el tiempo libre que tiene ahora mismo y prohibiéndole encender su tabaco. El cigarro es dejado a un lado para que sus propios brazos puedan rodear el cuerpo de su esposo para reclamarlo como suyo.
— Estoy de vuelta — enunció su frase con el tono más complaciente que jamás haya usado.
Era una tradición rara que crearon la primera vez que se fue, luego de que se casaran, Stan lo considero divertido en su momento y lo uso en cada regreso a casa.
— Es bueno hayas vuelto a casa — susurro Xeno con su rostro escondido en el cuello de Stan — Te extrañabamos
Los dedos de Xeno se aferran a la espalda de su ropa, su cuerpo tiembla por breves segundos antes de que vuelva a respirar y pueda calmarse.
— Yo también los extrañé — admitió en un susurro vulnerable. Jamás se había sentido tan vunerable — Cada hora, cada segundo del día los extrañaba
Un beso delicado es depositado en el pómulo de Xeno.
Es aterrador irse, da miedo, mucho. Por más que Stan prometa y haga los intentos por regresar, hay demasiadas variables —Xeno hizo un cálculo— de que algo salga mal y él jamás pueda volver a ver a su familia.
Aterra.
Y luego es peor en las noches desoladas después de días terribles y largos donde todo lo que ha visto ha sido la maldad del mundo. La mente de Stan imagina cosas, cosas sin sentido, pero que pueden ocurrir y asesinarlo de mil maneras diferentes sin matarlo.
Imaginando alguien entra a casa y asesina a su familia, escenarios donde desastres naturales ocurren y ellos se quedan debajo de escombros sin salida, donde alguien intenta robarlos y todo sale mal. Escenarios donde él podría hacer todo para salvarlos, peor no está y no puede hacerlo.
Pero ahora está en casa, está con ellos y es todo lo que necesitan.
Es todo lo que la familia necesita.
Los pasos ansiosos de Gen se escuchan y ellos solo rompen su abrazo. Es curioso como Gen soporta ver a Xeno —las pocas veces que lo hace— sentado en su regazo, pero no dándose afecto romántico como besos o palabras amorosas.
— ¡Muy bien papá!— exclamó Gen saltando el último escalón antes de correr a ponerse frente a él— ¿Listo para quedar impresionado?
— Enséñame que tiene, oh gran mago — dramatizo Stan con una sonrisa
Es hogareño.
Es bueno volver a esto.
Antes había excelentes bienvenidas a casa.
Pero Stan duda algunas superen a las bienvenidas que tiene en este momento.
