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Una cita que no es una cita

Summary:

Jacaerys sabe que su profesor favorito está buenisimo y es inalcanzable, pero, ¿agregale un bebé en brazos? ¡Tenemos daddy issues a bordo! Así, merece la pena intentarlo.

Work Text:

Levantarse para tomar una clase a las siete de la mañana jamás seria algo que una persona pudiera disfrutar, sobre todo cuando es tu única clase hasta el mediodía, pero era eso o tomarla en el verano y Jacaerys no sacrificaría vacaciones por nada del mundo.

Afortunadamente para él, los Dioses le dieron un buen motivo para que valiera la pena estar despierto tan temprano.

Cregan Stark era su profesor de Derecho Civil en el segundo año de la carrera y vaya que el hombre le ayudaba a mantenerse despierto. El señor Stark era como un sueño erótico hecho realidad, un alfa con fuertes brazos, pecho voluminoso y un trasero para morirse. Siempre vestía de traje y una vez se arremangó la camisa y Jace pudo ver sus tatuajes en primera fila, porque por supuesto que se sentaba hasta el frente, porque el desgraciado no solo era precioso, sino sumamente inteligente y escucharlo era un deleite.

Todos los omegas de la clase (y uno que otro alfa) babeaban por él, y nadie podría juzgarlos.

Le llevaba algunos años (diez, para ser exactos), pero ¿a quién le importaba? No es como que realmente iba a salir con él, era solo un enamoramiento fugaz, hasta que el semestre terminara y no tuviera más clases con él.

‒ ¿Qué crees que traiga puesto hoy? –preguntó Daeron, dándole un sorbo a su café.

‒Ojala sean esos pantalones negros, le sientan de maravilla.

Cotillearon un poco más al respecto, con un pequeño sentimiento de culpa por cosificar tanto al pobre hombre que solo venia a dar su clase, probablemente menos entusiasmado que ellos por estar ahí tan temprano.

La clase ya estaba llena, a excepción de las personas que siempre llegaban tarde. Jacaerys sacó su libreta y plumas, listo para los apuntes, bebiendo café bien cargado porque tampoco es que Cregan hiciera milagros para espantarle el sueño por completo.

La puerta se abre y, en efecto, el profesor trae puestos esos pantalones negros que resaltan las curvas de sus glúteos, pero también entra con un bebé en brazos.

‒Buenos días.

Todos responden, confundidos y pasmados, con miles de preguntas que no pueden hacer, pero eso no los detiene de susurrar.

¿Cregan tiene un hijo? Pero, no usaba argolla de matrimonio, tampoco es que hablara de su vida privada, pero, son cosas que siempre se saben, y por la forma en que el pequeño se refugiaba en su cuello y se aferraba a su camisa, era obvio que debía ser suyo.

‒Todos saquen sus apuntes de la semana pasada, espero hayan leído la lectura que les encargué, haré algunas preguntas y… Ow, lo siento pequeño—se disculpó con el bebé, que resbaló un poco en sus brazos y se quejó— ¿En qué estaba? Ah, sí, la lectura…

El pobre hombre luchaba contra su maletín, el proyector, equilibrando el pequeño cuerpo en sus brazos mientras trataba de sacar su computadora y presentar la clase del día. El niño debía tener al menos dos años, balbuceaba cosas ininteligibles y se rehusaba a que su padre lo sentara, aunque fuera un momento, sobre el escritorio para tener un poco más de espacio para moverse.

Era doloroso de ver, obviamente su profesor no podía con tanto, pero ¿sería correcto hacer algo? Las feromonas del alfa ya comenzaban a esparcirse por el lugar en un intento por calmar a su hijo, pero mezcladas con su desesperación, no hacían más que inquietar más al bebé y Jace tuvo que cubrirse la nariz un momento.

Jacaerys no lo pensó dos veces y se puso de pie para ayudarle. No dijo nada, no creía que fuera necesario, simplemente se colocó a su lado y comenzó a sacar las cosas por él y en cinco minutos, el proyector estaba encendido y la presentación de PowerPoint se veía para todos.

‒Gracias—susurró Cregan y Jacaerys se sonrojó.

Parecía que por fin todo seguiría su curso normal, hasta que el bebé comenzó a llorar. Fue estruendoso y si alguien continuaba dormido, definitivamente había despertado. El rostro de Cregan se contrajo en algo que solo podía ser desesperación y vergüenza.

‒Lo siento—dijo a todos, cambiando al bebé de brazo—Será solo un momento.

Pero no fue solo un momento, el niño simplemente no quería calmarse. Cregan buscó en su mochila (que ahora era obvio era una pañalera) un chupete, pero lo rechazó; también le ofreció un biberón, pero tampoco lo quiso.

‒Una enorme disculpa chicos—alzó la voz para que se escuchara por encima del llanto—La clase se cancela, nos vemos mañana.

Todos comenzaron a guardar sus cosas con rapidez y salieron como un rayo por la puerta, probablemente deseando descansar sus oídos del escándalo. Jace y Daeron fueron de los últimos en salir, pero, algo no se sentía bien.

‒Te veo luego—se despidió de Daeron y regresó al salón.

Cregan continuaba meciendo al bebé de un lado a otro con un tacto que no parecía posible en un alfa de su tamaño, le susurraba cosas lindas y palabras amables, pero el niño simplemente no parecía tener ganas de obedecer.

‒Am, ¿profesor? –lo llamó desde la puerta, inseguro de si hacia lo correcto— ¿Necesita ayuda?

Lo pensó unos segundos, pasando sus ojos del omega y de regreso a su hijo, rindiéndose al final.

Jacaerys caminó hasta él y, con brazos temblorosos, se ofreció a cargar el bebé. Cregan se lo entregó con cuidado, obvio el niño se resistió, pero en el momento en que Jace liberó un poco de sus feromonas, el llanto finalmente se detuvo.

‒ ¿Qué? ¿Cómo? –preguntó anonadado, era casi cómico ver a un hombre como él tan sorprendido.
‒Tengo muchos hermanos pequeños—explicó—Cuando mi padre omega tenia que salir de la ciudad, así es como los calmaba.

Parecía magia y maldición, lo hizo sonreír. No lo suficiente como para ver sus dientes, pero la comisura de su boca se levantó y a Jacaerys le revoloteó algo en el estómago. Su celo debía de estar cerca, porque, ¿de qué otra forma se sentiría tan susceptible ante la presencia de un alfa?

‒Joven Velaryon, es usted un regalo del cielo.

Cregan siempre se refería a sus estudiantes por su apellido, ayudaba a mantener la formalidad, pero había algo en la profundidad y gratitud de su voz que lo hizo sentir personal.

‒N-no es nada, solo, no me pareció correcto irme sin ayudar.

‒Hizo más que eso, sí tiene un truco para dormirlo en menos de diez minutos, le juro que pasará la clase con excelencia.

El chiste aminoró el ambiente, pero Cregan debía hacer algo para quitarle al niño de los brazos, porque su aroma y la imagen delante de él le estaban jugando una mala pasada.

‒Rickon—lo llamó el mayor—Ven con papá.

Jacaerys estaba en problemas, porque Dioses benditos, que delicioso había sonado eso. Esperaba que no lo hubiera percibido en sus feromonas.

‒ ¿Estás mejor? –le preguntó al bebé, quien le sonrió un poco y volvió a esconderse en el cuello de su camisa—Creo que lo estoy malcriando.

Rickon balbuceo un “papá” tan adorable que le provocó a Jace un estrujo en el corazón y la sonrisa de Cregan le revolucionó las hormonas hasta sonrojarlo.

‒Muchas gracias por tu ayuda, ¿cómo podemos regresarte el favor? –miró a Rickon y se puso de lado para que el pequeño también lo mirara—Y no aceptamos un “no” por respuesta.

‒ ¿Qué tal ir por un café?

No lo dijo. Oh no, lo dijo.

Cregan lo observó como cuando su hijo empezó a llorar y el rostro de Jacaerys estaba caliente, ardiendo, deseando meter la cara en la tierra. Lo dijo sin pensar, porque claro que estar cerca de semejante hombre, y además verlo sostener un bebé, le desconecto el cerebro de la lengua.

‒Q-quiero decir, que, amm—comenzó a balbucear, le temblaban las manos y deseaba tanto salir corriendo—Es temprano y, es mi única clase hasta la tarde, sería una cita agradable… ¡No una cita, no! Usted es mi profesor y, o sería correcto. Me refiero a que, estoy algo cansado, y su clase normalmente me despierta… No es que lo culpe, entiendo que no era su intención cancelar, además, yo…

La risa de Rickon interrumpió su verborrea sin sentido e hizo todo lo humanamente posible por no ver a su profesor directo a los ojos, y Cregan le agradecía eso, porque vaya que el chico era lindo, con esos rizos tratando de ocultar su sonrojo, el subir y bajar de sus hombros y ese delicioso aroma.

‒Un café suena apropiado—dijo con voz profunda y unos ojos que indicaban problema—Este cachorrito no me dejó dormir, así que también necesito algo para mantenerme despierto.

Era una excusa bastante sosa, pero Jacaerys no tenia porque saberlo. Su alumno le ayudó a guardar las cosas y cargar su maletín, su presencia ayudó a mantener el buen humor de Rickon y cuando se sentaron en la estación de café en el campus después de ordenar, el pequeño parecía encantado con tanta atención y feromonas revoloteando alrededor de él.

‒El mejor de la clase y bueno con los niños—lo elogió Cregan, después de un sorbo a su café, meciendo a Rickon en su pierna— ¿Algo que el heredero del mejor bufete de abogados no pueda hacer bien?

‒ ¿Sabe de mi familia? –preguntó asombrado.

‒Bueno, cuando uno tiene un alumno estrella como tú, es difícil no mostrar interés.

A Cregan le gustaba la sonrisa de Jacaerys, era la misma que le daba cuando le daba la palabra para participar o le reconocía su buen trabajo; feliz de la aprobación, sacando el pecho y alzando el mentón, como si se estuviera probando o compitiendo consigo mismo y luego ganara.

‒Eres competitivo—reconoció también, pasándole a Rickon un pedazo de la galleta que quería y luego guardando el resto—El joven Hightower y, ¿Lannister? Siempre pelean por el primer lugar. Pero, siendo honestos, no tienen oportunidad contra ti.

Lo notaba, Cregan le había puesto atención.

‒Los Stark también tienen lo suyo—se aventuró con la confianza—Pero, si mal no recuerdo, son más de arquitectos y negocios internacionales.

‒Siempre fui la oveja negra de la familia.

Podía creerle eso sin problemas. Rickon se balanceó sobre la rodilla de su padre, riendo de un lado para otro, divertido de buscar el equilibrio, perderlo y luego ser ayudado por su padre para volverlo a intentar.

‒Se parece a usted, profesor. Tiene sus ojos.

Rickon era idéntico a su padre, a excepción de la forma de la nariz y el color de cabello, que era un poco más claro que el del alfa.

‒ ¿Escuchaste eso, cachorro? –lo llamó con cariño, besando sus regordetas mejillas y haciéndolo reír—Serás tan apuesto como papá.

‒Ojala.

Mierda.

‒Alguien intenta subir sus notas—le dijo Cregan a Rickon, fingiendo que le contaba un secreto y mirando a Jace a través de esas pestañas tupidas y oscuras—Y esta funcionando.

Se apiadó de él y cambió el tema, pero Jacaerys no podría olvidar esas palabras en lo que le restaba de vida. La hora de la clase por sin terminó y Cregan tuvo que disculparse para ir a la siguiente. Jace se ofreció a acompañarlo para continuar ayudándole con las cosas, pero el alfa probablemente ya había cedido demasiado.

‒Señor Stark—interrumpió su retirada, pensando seriamente en sí lo que estaba a punto de hacer era una buena idea—Sí quiere que Rickon duerma rápido, le recomiendo mantenerlo un buen rato con poca luz, quizás cantarle una canción y dejarlo recostado mientras le acaricia la frente y la nariz. Eso hará que cierre los ojos y, con el tiempo, se acostumbrará a dormir a la misma hora.

Cregan lo observó morderse el labio por los nervios, reprendiéndose por desear que el joven no fuera su alumno, ni que tuviera diecinueve.

‒Nos vemos mañana, joven Velaryon—dijo con una sonrisa que Jace no supo descifrar, pero que le hizo sonreír también—Sí funciona, podrá pedirme lo que quiera.

La verdad era, que el consejo no funcionó, Rickon lloró casi toda la noche de nuevo, pero Cregan no le contó esa parte a su alumno favorito cuando lo llevó a tomar otro café, aprovechando que ambos tenían una hora libre.