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Está por empezar una nueva edición de Gran Hermano en el canal de la familia. Santiago del Moro ya hizo su presentación al público; y sin perder más tiempo, introdujo al primer participante. Tanto en la pantalla del estudio como las de todos los televisores que estaban sintonizando Telefé, apareció un joven atlético y de pelo castaño, vistiendo una remera blanca lisa, acompañada por un buzo celeste encima de los hombros y unos jeans negros. Este mira a la cámara, mostrando una tímida sonrisa, y despliega unos toscos pero simpáticos pasos de baile, mientras suena de fondo el estribillo de la canción “Soy cordobés” de Rodrigo.
—Hola, soy Julián Álvarez y estudio periodismo. Me dicen "La Araña", porque cuando juego al fútbol con mis amigos corro una locura.
Mientras continúa la presentación pregrabada, Julián se encuentra presente en la puerta del estudio del canal, en la más absoluta penumbra, para entrar apenas se termine de reproducir el video. Aún no entiende cómo es que logró quedar en el reality.
—Estuve con un futbolista famoso… pero no pienso dar nombres.
O bueno, quizás sí. Mencionar un romance con un futbolista famoso en su casting, más allá de que no haya nombrado al involucrado, seguramente haya sido una pieza clave para hacerlo destacar de entre tantos participantes que podrían estar ocupando su lugar. «Después de cómo terminaron las cosas, Enzo no se puede quejar de nada», pensó el cordobés, en el momento.
Tras varios meses de una relación oculta con el centrocampista de la selección, Julián le había hecho un ultimátum, y Enzo decidió volver con su mujer. Aunque no fuera el resultado que esperaba, el chico jamás sería tan cruel de sacarlo del clóset… pero sí podía aprovechar la anécdota para entrar en un reality y distraerse de lo sucedido. De todas formas, no pensaba darle entidad en la casa: ya había logrado su cometido.
—...soy el típico cordobés que le gusta el fernet, fanático de los Caligari… puedo ser algo tímido, pero donde entro en confianza me puedo poner un poco pesado —desvía la mirada riéndose tras decir esto, y continuó— ¡Espero que me banquen, país!
Con el fin de la grabación, todas las luces del estudio pasaron a enfocar a “la araña”, encandilándolo por completo. Santiago del Moro, conductor del programa, se acerca a él para hacerle unas preguntas antes de partir para la casa.
—Bueno Juli, ¿listo para entrar?
—Obvio, Santi. Es un honor ser el primero que va a entrar en esta edición.
—Sí, sí, todo un privilegio. Así qué… ¿estuviste con un futbolista famoso, eh?
«Ni lento ni perezoso, del Moro», pensó para sus adentros.
—Tuvimos lindos momentos, pero viste como son las cosas en ese ambiente…
—Es una pena que en 2025 todavía no se normalicen ciertas cosas en el mundo. Ahora, en el video decías que eras un poco tímido… ¡No sé si eso se condice con estar con un futbolista!
—Y bueno, es que justo entré en confianza con él… —rió con nerviosismo— pero ahora no voy a pensar en eso, toca entrar a darlo todo en la casa.
—Eso quería escuchar, araña. —y dirigió la mirada a las cámaras— Bueno, tribuna, prepárense porque ahí va: Julián Álvarez. Ya, sale hacia la casa. ¡Vamos!
Luego de esa incómoda conversación con Santiago, Julián se subió al Cabify para dirigirse a la casa de Gran Hermano. El conductor del vehículo no tenía ningún interés en charlar con él, así que pudo estar sólo con sus pensamientos un momento: «¿Me estará mirando? ¿Sabrá que me anoté a esto? ¿Le interesará siquiera?»
Pronto, racionalizó lo infundado de su optimismo al recordar cómo terminaron las cosas: «Seguro anda ocupado con su familia en Inglaterra.»
Por suerte, no tuvo que seguir maquinando más, porque había llegado a la que sería su residencia por varios meses… al menos, mientras el público del programa así lo quisiera. Tras bajarse del auto, entró por una puerta escondida, que daba a un largo pasillo oscuro. Una chica que vestía un conjunto negro y una gorra que decía “staff” en mayúsculas lo acompañó durante todo el trayecto.
—Bueno, Julián. Vos sos el primero en entrar, así que obviamente no vas a tener con quién hablar dentro de la casa al principio. Lo que les sugerimos a los que entran primero es que hablen a las cámaras para llenar los espacios vacíos y empezar a generar una conexión con el público, ¿entendido? Pero es una sugerencia nomás, hacé la tuya según te parezca.
—Buenísimo, gracias por el consejo.
Recibidas las indicaciones, Julián abrió la puerta de la casa. Tenía un amplio patio, con una larga pasarela que daba hacia la casa. Las paredes del edificio eran de vidrio, por lo que podía observar el amplio living y la moderna cocina desde allí. Seguro se pondría incómodo cuando entraran todos, pero no se podía quejar del lugar en sí.
Al notar que estaba siendo captado por las cámaras –situadas, en su mayoría, en las paredes de todo el entorno– y siguiendo al pie de la letra el consejo que había recibido de la producción, el cordobés se puso a hablarle al aire como si estuviera loco:
—¡Buenas noches, Gran Hermano!
Con esa misma extraña energía, recorrió toda la casa como si fuera un nene chiquito, comentando cada cosa que se le pudiera ocurrir: «¡Guau, pero qué lujo el microondas!», «Esta cama la canto mía», «…ya extraño mi celular…».
Ya se estaba quedando sin ideas cuando, afortunadamente, vio que la entrada volvía a abrirse. Un hombre joven pasó por la entrada. Era bastante apuesto, y se notaba que su vestimenta era muy pensada y a la moda, con una remera boxy fit que acompañaba a un jean oversize, siguiendo las tendencias del momento.
—¡Buenas, buenas! –el recién ingresado se dirige por la pasarela hacia Julián, que se encontraba parado en la cocina– Me llamo Rodri.
—Gracias a Dios que entraste, no iba a aguantar ni un segundo más hablando sólo.
—Un gusto, Juli. Me imagino —y soltó una pequeña risa.
El cordobés lo miró, confundido. ¿Por qué se sabía su nombre? Rodri se dio cuenta de que eso lo había descolocado, así que aclaró rápidamente la situación.
—En la sala donde me tuvieron esperando se escuchaba todo lo que sonaba desde los parlantes del estudio, así que me tuve que fumar toda tu video presentación, “araña”.
—Ah… —Julián se quedó recalculando por un segundo, pero continuó— No digas nada de lo que escuchaste al resto cuando lleguen, por favor.
—¿Qué cosa, que sos un cordobés que le gusta tomar fernet? No creo que se sorprendan –acotó, con una risa burlona; pero al notar que el mencionado no cedía su cara de preocupación, recuperó la seriedad– …no tengo problema en mantenerlo un secreto, Juli. Pero me debes una, ¿eh?
Julián suspiró aliviado en respuesta.
—Gracias, Rodri.
—Ahora, antes de que lleguen todos, tirame algo de info al respecto, che —dijo, sacando su lado chusma al instante— ¿Es argentino, no? ¿Jodeme que es un campeón del mundo? Si estuviste con uno de ellos, sos mi ídolo.
La verdad que lo último que quería hacer Julián era darle información a un desconocido sobre quien había sido su amante, pero sentía que por ahí era una manera de agradecerle su silencio.
—No voy a darte mucho detalle porque… —y apuntó vagamente a las cámaras que habían presentes en el patio— …esto. Pero sí te puedo decir que lo conocí en Inglaterra.
—¡Apa! Qué levante tenés para poder agarrarte un inglés, arañita.
Confió en que su “info” hiciera que Rodrigo piense que su ex-chongo era algún jugador británico cualquiera, y no Enzo Fernández, mediocampista de la selección argentina y jugador de Chelsea en la Premier League.
—¿Y qué onda, cómo terminaste con un jugador de fútbol inglés?
—Estuve un año en el país por una beca, soy estudiante de periodismo. Un día, un amigo inglés me había invitado a un boliche muy top … y daba la casualidad que él estaba ahí, celebrando una victoria con su equipo.
—Del Moro tiene razón, tan tímido no sos, eh, si en una noche lo engatusaste al británico ese.
—Hoy están dudando mucho de mi timidez, che… —sonrió, con un leve dejo de vergüenza.
Antes de que tuviera que pensar en más información que darle a su compañero de juego, y que a su vez no hiciera muy obvio de quién estaba hablando, volvió a abrirse la puerta para darle paso a más participantes. Desde ese instante hasta la cena, Rodrigo de Paul no preguntó más acerca del futbolista con el que estuvo Julián.
La gala inaugural del programa había terminado. Todos los participantes se habían reunido en la mesa para cenar un gran banquete de celebración que Gran Hermano les había preparado. La mayoría estaban ocupados devorando la deliciosa comida que tenían enfrente, pero una de las chicas, Emilia, alzó la voz para preguntarle algo a todos:
—Bueno, chicos, hay algo que tengo que saber ya mismo. ¿Quiénes están solteros, quiénes con pareja?
«De ninguna manera voy a contestar eso» pensó Julián, pero Rodrigo tenía otros planes.
—¡Que arranque ventilando un poco mi amiga, la araña! Tiene una historia muy interesante. –exclamó, abrazando de costado al susodicho.
El cordobés lo miró con desprecio, pero el otro le guiñó el ojo, riéndose.
—No veo por qué no. ¿Qué onda en casa, Julián? ¿Alguna chica esperando afuera?
—Pues… —y pausó por un segundo— no, no estoy con nadie. Hace poco salí de una relación bastante complicada. Era alguien con el que lo pasaba… muy bien, pero no se aceptaba cómo era. Nos veíamos a escondidas, pero llegó un punto en el que yo ya no aguantaba más la situación. Lo fui a encarar y… no me eligió.
Se detuvo unos segundos, durante los cuales nadie dijo nada, y prosiguió:
—Igual, no lo culpo. Tenía hijos que cuidar, el ambiente por el que se manejaba no era muy abierto… no íbamos a funcionar de todas formas, supongo.
Emilia lo miró un poco extrañada por un momento, pero se recompuso y tomó la palabra:
—¿…entonces sos gay? Qué pena, eras de los lindos.
Algunos pusieron caras de frustración en respuesta al desubicado comentario de la chica.
—¡Qué poco tacto, nena! …será una pena para vos en todo caso –acotó Giuliano, risueño, desde la otra punta de la mesa.
—Y ahí va otro para tachar de la lista de solteros disponibles… —dijo la chica, con decepción fingida.
Una vez terminada la cena, y habiendo ventilado mucho más sobre la situación de lo que hubiera querido, Julián se dirigió hacia la habitación, cuando fue detenido por una mano en el hombro.
—Juli.
—Gracias por mandarme al frente, culiado.
—Perdoname, no sabía que era tan reciente lo del chico ese… pensé que habría sido una anécdota de hace unos años, como para darle un picante al casting nomás.
El cordobés quería demostrar la decepción hacia su compañero en su expresión, pero este lo miraba con una cara de perrito mojado que poco a poco lo hacía ceder.
—…Pues sí, es bastante reciente. Todavía me pesa.
—Y lamento mucho que hayas tenido que pasar por eso. Estar con famosos es un lío, no es tan divertido como parece.
—¿...qué sabés vos de estar con famosos?
—¡Ah! Qué NO sé. No será un futbolista, pero yo he tenido mis encuentros con cierta diva pop. —dijo, orgulloso.
—Ah, bueh… ¿Quién? Contame y te perdono.
—Ya quisieras… cuando sepa de quién fuiste botinera te cuento. Hasta entonces… —y cerró su frase con el gesto de un cierre sobre su boca.
—Dale, Rodri… voy a maquinar hasta que me vaya con quién estuviste.
—Mejor, así te distraigo del hijo de puta ese.
Julián rodó los ojos en respuesta. Pero, pese a que lo había dejado vendido en la cena de hace apenas unas horas, esa conversación que tuvo con Rodrigo de Paul había dado inicio a la que sería su mayor amistad en el juego.
Rápidamente, el primer día quedó en el pasado. Tras meses de juego ya quedaban solamente doce de los veinticinco participantes. En el camino hubieron repechajes, reemplazos y reingresos, como es típico en el formato; pero Julián y Rodrigo permanecieron en la casa semana tras semana. Más allá de los percances iniciales que tuvieron, habían logrado entablar una amistad bastante sólida.
Sorprendentemente, De Paul había dejado de lado el tema del futbolista. Conforme el tiempo encerrado crecía, sus preocupaciones empezaron a ser otras: la compra semanal, los juegos por el liderazgo, las campañas cuando quedaban nominados… siempre había algo en lo que pensar.
El cordobés todavía lo extrañaba a Enzo, pero también era consciente de que no tenía sentido pensar en él estando acá adentro.
Hoy era viernes, y eso significaba que esa noche había fiesta, organizada por los sponsors del programa. Esta semana, el auspiciante era Branca, y las gastadas no tardaron en llegar al cordobés de la casa, desde la primera hora de la mañana.
—¡Qué linda fiesta va a tocar hoy!
—No veo la hora de tomar un buen fernet con coca… –declaró Julián, desde lo más profundo de su alma.
—¿Recién levantado y ya pidiendo escabio? –y Rodri, burlón, se dirigió a Giuliano– Ya te adelanto que cierta araña va a terminar despatarrada del pedo que se va a agarrar.
—Qué decís, culiado... Yo me manejo muy bien con la bebida.
—Uf, me imagino… tenés toda la pinta de que sos de los que borracho hacen puras payasadas.
—¡Nada que ver! –respondió, exagerando su indignación.
Llegada la noche, se demostró pronto que Rodrigo tenía razón. Pese a que nunca les ofrecían demasiadas bebidas a los participantes, dos vasos bien cargados fueron suficientes para que Julián estuviera colorado y risueño por la pista de baile. Por suerte, no era más que un borracho gracioso, y el resto se reían observándolo ir de un lado al otro.
—¡Vení a bailar, Giu! ¡Estamo’ en la tele, culiado!
Giuliano no sabía dónde meterse. Más allá de que le gustara el cordobés, llamarle “papelón” a lo que estaba viendo se quedaba corto. Sin embargo, no le quedó de otra cuando el borracho le tiró del brazo, y decidió seguirle la corriente por un momento.
Entre temas y en el medio de la pista, hubo un cambio de parejas de baile, y tuvo enfrente a su mano derecha en el juego, que lo miraba sonriente.
—Ya era hora que dejaras la cara de culo por un segundo, arañita.
—¿Qué decí’, vo’?
—No te hagás el que no sabés de lo que te hablo. ¿Tenías abstinencia de fernet nomás, o es que todavía lo extrañás a ese pibe?
Julián se quedó boquiabierto, en silencio. «¿Tan evidente es cómo me siento?» Rodrigo lo llevó de la mano a los sillones de la sala, para que pudieran hablar más cómodos.
—No me malinterpretes, ya ni me interesa saber quién es en este punto… pero a veces parece como si estuvieras acá sólo para fingir demencia de la vida y eso no está bueno, che. Si querés desahogarte, soy todo oídos, amigo. Que no te amargue la experiencia ese pelotudo.
A pesar del estado en el que se encontraba, un mar de emociones y pensamientos que el cordobés mantenía ocultas salieron a la luz al ser confrontado de una manera tan directa.
—...”ese pelotudo” quería que siguiera con él. Fui yo el imbécil que no se conformó con compartirlo con su familia. —y Julián procedió a quebrar en llanto como nunca antes lo había hecho.
—Ay, Juli… —y lo abrazó con fuerza para contenerlo.
—Entiendo que todo ese ambiente está muy caldeado con… lo que somos, pero… ¡¿¡tan mal estaba lo que yo quería!?!
La alegría que había demostrado el cordobés borracho durante toda la noche había desaparecido, para dejar paso a una angustia que cargaba consigo desde su entrada.
Enzo Fernández necesitaba urgentemente unas vacaciones.
Los que habían sido unos meses de ensueño junto a un joven cordobés que había conocido en Inglaterra terminaron bruscamente y con un sabor amargo. Julián le dijo que quería una relación de verdad. Lo que él no sabía era que ese día se había reconciliado con Valentina, llegando a un acuerdo de mantener la apariencia de la relación para facilitar el cuidado de sus dos hijos.
Aunque el jugador quería seguir con el muchacho, también entendía que no era justo pedirle continuar viéndose en secreto; especialmente considerando que, por más acuerdos que tuviera con su esposa, Julián seguiría siendo “el amante” de la relación.
Por mucho que lo hubiera racionalizado, el deterioro anímico que resultó de perder a Julián se hacía notar en los partidos; si ya de por sí el rendimiento de Chelsea era inconsistente incluso en su mejor estado, ahora que tenía la cabeza en cualquier lado estaba teniendo unos partidos bastantes lamentables, lo que no lo ayudaba en lo absoluto.
Llegó a extrañar tanto al cordobés que en un momento, hasta le escribió para regresar, aunque sea como amigos. Pero nunca leyó los mensajes. «De haber sabido que se iría de mi vida por completo…»
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando vio salir a Valentina de su habitación, con el celular en mano.
—Eu, amor, mirá lo que me apareció en TikTok. –y le mostró la pantalla de su teléfono– ¿No es ese el cordobés que andaba por tu casa de vez en cuando?
Enzo no podía creer lo que estaba viendo. ¿Julián se había metido a Gran Hermano? Era la última opción que se le habría pasado por la cabeza, pero explicaba por qué jamás le había contestado. Siguió escuchando el que parecía ser su video presentación, sonriendo de oreja a oreja al ver los incómodos pasos de baile que había demostrado, y los datos de color de su vida que decidió develar.
—En una parte dice que estuvo con vos, Enzo.
Enzo se puso pálido como un papel al escucharla a Valentina, que tras unos segundos se rió a carcajadas en consecuencia.
—¡Yo sabía que estuviste con él! Sos malo, no me dijiste nada. –Enzo la miró, confundido, por lo que siguió hablando– Julián dice en el video que estuvo con un futbolista, no te nombró. Pero sabiendo que anduvo en casa cuando nos separamos, se me hizo obvio.
—Está bien… anduve con Julián hasta que nos “reconciliamos”. ¿Feliz?
—¿Le dijiste de nuestro acuerdo?
—Sí, pero no quiso seguir conmigo. Creo que una cosa era salir en secreto, pero tener que verme jugar a la familia feliz era demasiado.
—Pobre chico… se nota que es bueno, al menos de lo que me sale en las redes.
—¿Hace cuánto que está en ese programa?
—Hace unas semanas creo. No creo que haya hablado mucho de vos, o nos habríamos enterado antes.
Enzo decidió buscar cuanto clip del cordobés haya en las redes. El discurso que dió en la primera cena y su posterior conversación con Rodrigo habían sido momentos clave para su personaje del reality, por lo que no tardó en encontrarlos. Ver con sus propios ojos cómo lo había lastimado se sintió como una punzada al corazón.
Desde ese entonces, Enzo siguió el programa a través de los streaming y los recortes de las redes, obviamente siempre enfocado en el cordobés. Incluso presenció en vivo el exabrupto de Julián en la fiesta de Branca, no pudiendo evitar soltar una lágrima al ver cómo su cobardía lo había lastimado.
Tras ver dicha escena, decidió llamar a su agente de inmediato:
—Convocá a una conferencia de prensa, por favor.
Al día siguiente de la fiesta, Julián estaba sufriendo las consecuencias de su noche de borrachera, y se había quedado en la cama. En cambio, Rodrigo no tenía pensado saltarse su entrenamiento matutino bajo ningún concepto, por lo que se dirigió hacia las cintas de correr que se encontraban en el patio apenas se despertó. Ese día, Giuliano había decidido acompañarlo.
Llevaban corriendo media hora cuando, de la nada, escucharon un grito desde las afueras de la casa.
—¡JULIÁN! ¡ENZO TE AMA!
Los dos detuvieron sus máquinas y se miraron entre sí.
—¿Escuchaste eso, Rodri? Me pregunto si ese tal Enzo será el chico enclosetado del que hablaba Juli…
Pero De Paul no emitió palabra. Él seguía siendo el único en esa casa que sabía que el “chico enclosetado” del que su amigo hablaba era un futbolista que había conocido en Inglaterra… había presupuesto que era un jugador inglés, pero sólo había un Enzo que le venía a la mente con ese perfil, y era campeón del mundo.
Rodrigo detuvo su cinta, ignorando a su compañero, y se dirigió rápidamente hacia adentro, para contarle a Julián lo que acababa de escuchar. Pero cuando estaba rumbo a las habitaciones, la voz de Gran Hermano –llamada por los de adentro como “el Big”– retumbó de repente por la casa.
—Rodrigo. Dirigite hacia el confesionario. Ya.
El mencionado tragó saliva. ¿Se había mandado una cagada sin saberlo? Decidió no contradecir al dueño de la casa, y se dió vuelta para ir hacia donde le habían indicado.
—Hola Big, ¿pasa algo?
—Te informo que, desde ahora, ya no se pueden comentar los gritos del afuera con nadie de la casa, ni insinuar la información que brindaron.
Quedó incrédulo.
—¡¿¡...me están jodiendo!?!
—No. Esta regla actúa a partir de ahora. Como vos y Giuliano acaban de escuchar a voces del afuera, y observamos que estabas yendo hacia la habitación de uno de los involucrados, decidimos advertirte al respecto antes de la gala de hoy.
—Dale, Big, no sean así…
Pero por mucha carita triste que pusiera, no lo pudo convencer.
—De romper la regla, la sanción será severa, resultando en una expulsión inmediata.
No podía creer que hubieran actuado de semejante manera por un simple grito. ¿Enzo sería capaz de mandar abogados con tal de que no salga información incriminante al aire? No le terminaba de cerrar esa explicación. De todos modos, por mucho que lo quisiera a Juli, no iba a expulsarse a sí mismo de la competencia sólo por un comentario que podía ser una mentira, o significar cualquier otra cosa.
—De acuerdo, Big. Quedó claro.
Llegó la noche. Hace unos pocos momentos, Santiago del Moro les había contado a los participantes desde la pantalla del living de la casa que la modalidad del “Congelados” entraba en vigencia, por lo que de ahora en más tendrán visitas de lo más variadas en la casa. Luego de recibir el comunicado, Julián y Rodrigo se fueron hacia el patio a tomar aire.
—¿Qué te pasa, Rodri? Desde hoy que estás re tenso. El “Congelados” arranca recién cuando suena la alarma, viste.
El cordobés dijo lo último en joda, pensando que su amigo solamente estaba cansado; pero cuando vió que no reaccionaba en lo absoluto, lo fulminó con la mirada de semejante manera que lo sacó de su trance.
—No- no sé de qué me estás hablando, Ju. –respondió, tartamudeando.
—¿Vamos a fingir demencia de lo que sucede, nomás?
—Después te cuento, araña, ahora no puedo.
A Julián lo desestabilizó verlo responder tan serio a su amigo, como muy pocas veces lo había hecho, por lo que decidió soltar el tema.
—Bueno, está bien. ¿Y? ¿Quién pensás que van a hacer entrar? Luck Ra, los Caligaris.
—Vos siempre cordobés nunca incordobés, che.
—Andá, vos…
—No creo que entren famosos tan pronto. Es más para familiares y eso, creo.
Julián se puso a pensar en quién entraría por él, en ese caso. Se llevaba bien con su familia, pero reconocía que eran de un perfil más bajo. Seguramente le iba a tener que comprar algún regalo al pobre infeliz que tuviera que entrar por su culpa.
Siguieron charlando pavadas por unos minutos más. Después de todo, ninguno de los dos estaba nominado esta semana, y tampoco es que tuvieran mucho que hacer en la casa. De repente, una alarma resonó por toda la casa y el patio. La voz del Big retumbó en conjunto:
—Congelados.
Siguiendo el protocolo, los dos chicos se quedaron completamente quietos. Rodri había quedado de frente a la puerta de entrada, mientras que Julián justo quedó de espaldas a ella.
«Qué tarado, ahora no voy a ver quién entra…» pensó.
Luego de lo que habrían sido cerca de diez segundos en silencio, empezó a sonar una canción que cualquier argentino sentiría en el alma. « En Argentina nací, tierra de Diego y Lionel, de los pibes de Malvinas que jamás olvidaré »
Inevitablemente, la mente del cordobés fue hacia Enzo. La canción que para muchos era un recuerdo de uno de los momentos más felices del país tomaba un tinte un poco amargo para él.
La canción continuó reproduciéndose por la casa, que no hacía ni un ruido. Al llegar al famoso estribillo, Julián escuchó el sonido de la puerta de la entrada abriéndose. «¿Quién será?». El andar de unos zapatos resonaba a lo lejos, detrás suyo.
—¡Rodri! Mucho gusto. Gracias por cuidar tan bien de él.
Sintió cómo el corazón se le detenía cuando creyó reconocer la voz de quién estaba hablando. Escuchó cómo los pasos sonaban cada vez más cerca de él, hasta que lo tuvo de frente.
—Cuánto tiempo, Juli, te extrañé.
Los ojos se le empezaban a poner brillosos al ver a Enzo por primera vez desde su separación. «¿Qué hace acá?»
—Sé que no podés hablar, así que voy a aprovechar para decirte todo lo que te tengo que decir. Primero y antes que nada, perdoname. No sólo te perdí a vos, sino que te hice sufrir un montón de mambos sólo por cagón… —en ese momento, cambió la cara de seriedad que tenía por una sonrisa picarona— Te anduve siguiendo todo el programa, soy tu fan número uno. La cantidad de plata que metí cuándo estuviste en placa, no te imaginás…
El cordobés seguía con una mezcla extraña de emociones; en llanto, pero inmóvil, tal como el programa le exigía. El morocho le corrió las lágrimas suavemente con el dedo, y la cara alegre que tenía se iba desvaneciendo, para también entristecerse junto a él.
—Perdón… perdón… Toda la vida voy a arrepentirme de lo que te hice… –y acto seguido, lo abrazó con fuerza, sorprendiendo al cordobés.
Tras mantener un sentido agarre durante unos segundos, lo soltó para mirarlo a los ojos.
—Calculo que te habrás dado cuenta por el hecho de que estoy haciendo todo esto en un programa de prime time nacional, pero ya lo hice público. Alguien tiene que bancar esas cosas por el resto de los futbolistas trolos, y si tengo que ser yo entonces lo hago con gusto.
Julián escuchaba todo lo que decía el jugador, pero entre el estado de shock que le generaba la situación y el hecho de que su cuerpo no podía reaccionar de la forma que le gustaría, sólo podía continuar llorando. Sin embargo, escuchar ésto último reveló una sutil sonrisa en su rostro. De repente, la voz del Big irrumpió en el momento.
—Enzo. Va siendo hora de que te retires.
—¡Dale, Big! ¡No seas así! –gritó con rabia el futbolista hacia sus alrededores. Luego, se volvió a Julián: —Cómo me gustaría poder hablar con vos como se debe, y no… así.
Ahora, el cordobés no era el único con los ojos húmedos, sino que el futbolista lo acompañaba.
Enzo decidió mirarlo fijo a los ojos, para dirigir sus últimas palabras con la mayor calidez que podía demostrar en el momento.
—Por favor, Juli, lo que sea que me tengas que decir, decilo cuando me vaya, a las cámaras. Juro que lo voy a escuchar. Y cuando salgas, si todavía me tenés algo de cariño… llamame, ¿sí?
El cordobés ya se encontraba más calmado, poco a poco asimilando lo que estaba ocurriendo. Teniendo cuidado de no hacer ningún movimiento brusco que pudiera costarle caro, movió apenas la cabeza en afirmación a lo que Enzo le decía.
—Diez, nueve… –«Qué apurados son en la tele, che» ironizó Enzo para sus adentros.
—Bueno, se ve que me tengo que ir. –amagó a irse, pero se volvió a decirle una última cosa– Ah, y Juli… te ves lindo en la tele, pero sos mucho más bonito cara a cara, bombón –y finalizó el momento dándole un suave beso en la mejilla derecha.
El cordobés se puso rojo como un tomate en consecuencia, pero logró mantener la compostura mientras sentía que Enzo se alejaba. Escuchó cómo se cerraba la puerta, y unos segundos más tarde, finalmente la orden del Big llegó:
—Descongelados.
Apenas se escuchó la palabra en la casa, Rodrigo salió corriendo a abrazar a su amigo.
—¡Juli! ¿Estás bien?
—...no lo puedo creer.
—Yo tampoco. Así que, Enzo y vos…
—Sí. Enzo y yo.
—Cómo me boludeaste con lo de que era inglés, che… ¿Y, qué vas a hacer? Lo escuchaba bastante enganchado al pibe.
—Unas ganas de irme a la mierda de esta casa y hablar con él, culiado…
—¡No digas eso, boludo! Falta re poco para que termine. Decile lo que le tengas que decir a las cámaras como te dijo, "bombón".
Lo que le decía Rodri tenía sentido. Pensó en ya mismo decirle lo que sentía al respecto, pero vió cómo Giuliano y el resto de los participantes que se encontraban dentro de la casa se acercaban a él.
—Fua, Juli, qué hombre el tuyo… ¡¿encima futbolista de la selección!? Mis felicitaciones.
—Hubiera estado bueno que entrara a saludarnos a todos… Al final Rodrigo nomás lo pudo ver de cerca. –acotó Emilia, fastidiada.
Esa noche, antes de dormir y con las ideas ordenadas en su mente, Julián decidió seguir las indicaciones que le había dado Enzo, y se puso de frente a una de las cámaras que hay en el camino al confesionario.
—Bueno, Enzo, tal como me pediste, te dedico este mensaje a vos. Más te vale que lo escuches, eh. De más está decir que te perdono, y nos debemos una charla cuánto antes. No debe haber sido para nada fácil hacer lo que hiciste, y seguro que obviaste las mil y una dificultades que debe haberte traído para no amargarme mi estadía acá. Espero no haber entendido mal las cosas, pero… no veo la hora de volver a estar juntos.
—Mirá qué tierno que sos cuando querés, arañita.
Julián reaccionó sobresaltado al escuchar a Rodrigo detrás suyo.
—¡Qué escuchás, vos!
—Tan bien que te cuido para que me hables así, qué cosa…
Más allá de la intromisión, era evidente que el humor de Julián había cambiado por completo. Los dos siguieron charlando boludeces hasta que decidieron irse a dormir.
Pasaron dos semanas desde el “Congelados” de Julián. Si bien al principio había entendido que no le quedaba otra más que seguir el programa, la ansiedad de no saber en qué andaba Enzo lo estaba carcomiendo cada vez más. No sólo eso, sino que Rodri tenía que soportarlo en consecuencia.
En lo que ya se había vuelto rutina para la dupla, Rodrigo y Julián se encontraban sentados en el sillón, uno escuchando los desvaríos del otro.
—Te juro, Rodri, en cualquier momento me tiro por la giratoria y no me ves más, eh.
—Andá, ya fue. Enzo esto, Enzo aquello… quién me mandó a anotarme en este Gran Hermano, te juro.
Ya era la hora de la gala, pero extrañamente, Del Moro aún no había hecho su aparición. Todos en la casa estaban extrañados al respecto, pensando si había algún feriado que no tuvieron en cuenta, o si ocurriría algo extraño pronto.
De repente, se escuchó un ruido extraño desde la otra punta de la casa, como si algo se estuviera moviendo. Al darse vuelta, los chicos se dieron cuenta de que la puerta giratoria era la causante de los disturbios. Todos se acercaron a ver qué estaba pasando; y Julián en particular se vió sorprendido al ver que cierto morocho estaba entrando con valija en mano por la puerta giratoria.
—¡Hola chicos! …Hola, Juli.
—¡¿¡Enzo!?! Qué hacés acá…
—Veo que te la pasás diciendo que querés irte y pensé: ¿Y si vengo yo acá? Así que vengo como tu familiar.
En el momento que terminó de hablar Enzo, la televisión del living se encendió para mostrar finalmente a Del Moro.
—¡Chicos, chicos, chicos! Como se imaginarán, comienza la etapa de los familiares. Bueno, no sé si es la palabra correcta para su vínculo, Juli, pero dudo que tengas alguna queja al respecto.
—Para nada, Santi. Estoy muy contento de tenerlo a mi lado.
—Me imaginaba. En fin, en el transcurso de la semana van a entrar los familiares de todos, chicos, así que estén atentos. ¡Chau! –y tan rápido como entró, volvió a irse.
Apenas terminó el comunicado, y aunque todos tenían ganas de hablar con alguien tan conocido como lo es un jugador de la selección, Julián se lo llevó de la mano hacia la sala del streaming; una habitación en la que podrían hablar relativamente cómodos.
—¿Y? ¿Estás contento de verme?
—¿Qué te parece? Nunca me lo habría imaginado. ¿Cómo hiciste con los partidos? Los familiares se quedan bastante tiempo, creo yo.
—A Chelsea le chupó un huevo, la verdad. No venía teniendo buenos partidos desde que cortamos, y hay algunos acuerdos de marketing que renegociar con el tema de “mostrarse puto”, como tan dúlcemente lo puso mi manager, así que… nada, son unas mini-vacaciones.
—Ah… Perdoná, Enzo.
—No te disculpes. No es que lo hiciera sólo por vos. Si no pasaba ahora, seguro sería en unos años. No me viene mal el descanso.
Julián se encontraba muy nervioso. Lo había deseado tanto, pero tenerlo físicamente al lado se sentía extraño. Tampoco sentía que podía hablar con total libertad como quisiera, especialmente de los temas más sensibles. Era consciente de que estaban siendo filmados por miles de cámaras en todo momento.
—Toda esta situación… es todo un loco, ¿eh? –exclamó el cordobés, tratando de cortar como sea el silencio que se había generado.
—Decímelo a mí, que desde Inglaterra me vine a aparecer en un reality acá.
—Cierto.
Enzo podía sentir que se aproximaba un nuevo silencio incómodo entre los dos, al no saber cómo abordar esta reunión, y decidió ser completamente franco con el cordobés.
—...Juli, tenemos mil cosas que hablar, y mucho tiempo para hacerlo. Pero la verdad que ahora mismo quiero comerte la boca, por no decir más porque yo te adoro pero esto está televisado.
Julián no necesitó escuchar ni una palabra más: vió la atrevida sonrisa del morocho mientras decía esas palabras, y se lanzó a los labios del chico como si fueran agua en el desierto.
Mientras tanto, Rodrigo y Giuliano espiaban la secuencia desde la casa.
—Fua, las ganas que se tenían… parecen adolescentes, en cualquier momento les piden el consentimiento a estos alzados.
—¿Dónde está mi novio futbolista, universo?
El reality siguió su curso naturalmente. Enzo, como todos los familiares, habría tenido conflictos con otros miembros de la casa, y habría dado show de la manera que se esperaría. En algún momento le tocó irse, y tuvo su emotiva despedida con Julián, quien ahora era oficialmente su novio. Tras su salida, miró todos los programas sin excepción, mientras que el cordobés avanzaba semana tras semana.
Obviamente, ya que su pareja había llegado a dicha codiciada instancia, hizo acto de presencia en la gran final.
—¡Acá se define el ganador, país! Julián o Rodrigo, Rodrigo o Julián... ¡Y el ganador es...!
Aunque no pudo ocultar su decepción inicial cuando vió a Del Moro anunciar que Rodrigo le había ganado la edición a su amado, pasó de página rápido al ver que a este no parecía importarle demasiado. «La verdad que se lo merecía más, de todos modos», pensó.
Al llegar al estudio, Julián salió corriendo y saltó hacia los brazos del morocho, para darle un sentido beso frente a toda la multitud allí reunida. Cualquiera que hubiera visto ese accionar pensaría que el cordobés había ganado. Y quizás no estarían tan errados: Gran Hermano es solo un juego, mientras que lo que ellos tenían perduraría por el resto de sus días.
—Te amo, Enzo.
—Y yo a vos, Juli.
