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Hold On

Summary:

Después de una misión difícil, Bob apenas tiene energía para mantenerse en pie, pero tiene a John.

Notes:

Otra vez con un corto de estos dos que no parecen querer salir de mi cabeza.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

El helicóptero aterriza en el techo de la base con un chirrido agudo de metal sobre concreto. John se quita el casco, lo deja a un lado y gira para mirar a Bob. No ha dicho una sola palabra desde que subieron.

No es raro. Bob calla cuando se pasa de fuerza. Cuando se desborda.

Se sienta encorvado, los codos apoyados en las rodillas, el torso subiendo y bajando con respiraciones medidas, como si contara hasta diez una y otra vez. Tiene el traje rasgado a la altura del hombro y el dorado todavía le parpadea bajo la piel como brasas bajo ceniza. No ha terminado de apagarse.

John se acerca despacio, sin tocarlo todavía.

—Bobby —dice, suave—. ¿Estás conmigo?

Los ojos azules de Bob se levantan, pesados, y lo miran. Tardan más de lo normal en enfocar. Finalmente asiente.

—Sí. Solo… necesito un segundo.

John respira aliviado.

Está aquí. Todavía es él.

Afuera del helicóptero, el equipo empieza a dispersarse en silencio, sabiendo que lo mejor que pueden hacer es no intervenir. Hay tensión bajo la superficie, la misma que arrastran desde que Valentina decidió incluir a Bob en las misiones activas.

Muchos aún dudan de si fue la mejor decisión. No porque Bob no lo intente, sino precisamente porque lo intenta demasiado. Porque se esfuerza tanto por no perder el control que a veces termina al borde del colapso. Algunos creen que no está listo. Que ese poder —inmenso, volátil— todavía pesa demasiado sobre sus hombros. Pero Valentina los empujó a aceptarlo de todos modos. No fue una sugerencia.

Y Bob aceptó, no por obedecerla, sino porque estaba cansado de que lo miraran como al vengador roto. 

Bucky intuyó que se sentía así porque hace un mes había intentando evitar que ese pensamiento siga en su mente. Lo llevó al Congreso con la esperanza de conseguirle un trabajo de escritorio, algo estable, sin riesgos. Pero Bob no duró más de tres días entre pasillos blancos, formularios y desconocidos que lo observaban como si temieran que fuera a explotar en cualquier momento.

Yelena fue más directa. Se opuso abiertamente. Casi termina saltándole encima a Valentina en plena sala de reuniones. La discusión terminó solo cuando Bob le tomó la mano y le dijo, con la voz temblando, que necesitaba hacerlo. Que necesitaba demostrarles —y demostrarse— que podía ser útil.

Que ya era hora de apoyarlo como él los había apoyado.

Yelena lo entendió. No le gustó. Pero lo entendió.

Ahora, mientras todos se bajan, ella se detiene unos segundos en la escotilla, justo antes de irse. Mira a Bob —hundido en su propio cuerpo, casi sin moverse— y luego a John.

No dice nada. Solo cruza la mirada con él. Es un gesto breve, casi imperceptible. Pero John lo entiende.

Quédate con él.

John solo asiente. Por supuesto que se quedaría.

Ya en el piso común del equipo, Bob caminó directo hacia su habitación sin decir mucho, como si sus pies supieran exactamente a dónde lo necesitaba llevar. Sin detenerse, se metió al baño… y dejó la puerta entreabierta tras de sí.

No dijo nada, pero no hacía falta.

Fue una invitación silenciosa. Una que John entendió sin dudar.

Una ducha rápida —más por costumbre que por comodidad— los ayudó a bajar apenas un poco la carga que aún chispeaba bajo su piel. Cuando salió, el cabello húmedo le caía desordenado sobre la frente, y llevaba puesta una camiseta amplia que claramente no era suya junto a unos pantalones de algodón. Cómodo. Seguro.

John salió del baño segundos después, también cambiado. Se frotaba el cuello con una toalla mientras observaba a Bob, que se secaba el cabello con movimientos lentos, distraídos, como si el cansancio le pesara incluso en las manos. Finalmente, dejó la toalla colgar de un hombro y exhaló profundamente.

—Voy a la cama —murmuró Bob, sin energía para fingir nada más.

John solo asintió mientras lo veía cruzar la habitación con pasos arrastrados y dejarse caer sobre la cama como si su cuerpo pesara toneladas.

Se quedó de pie un momento, mirándolo.

Se ve más joven cuando está agotado así. El cabello rubio despeinado le cae sobre la frente. Tiene la mandíbula apretada, los ojos bajos, y todo el cuerpo en modo defensa. Como si aún esperara que algo explotara.

John se arrodilla frente a él.

—¿Puedo? —pregunta, señalando el pantalón 

Bob asiente. Apenas. John se lo quita con cuidado.

—¿Dolor de cabeza? —pregunta mientras lo observa.

—No. Es como… como si hubiera ruido en todo el cuerpo.

—¿Zumbido?

—Sí. Pero no molesta. Solo… no para.

John no responde de inmediato. Se endereza, toma una almohada y lo acomoda detrás de la espalda de Bob, luego va por la manta que sabe que le gusta: la gris suave, esa que siempre huele un poco a él y que ha dejado en su habitación. 

Cuando vuelve, Bob ya esta totalmente desnudo tumbado de lado, una mano cubriéndose la frente, la otra colgando sin fuerza. Se ve tan cansado que a John le duele el pecho.

—Voy a estar detrás de ti —avisa, más por costumbre que por necesidad.

Bob solo asiente y se acomoda sin decir nada cuando John lo abraza desde atrás, ajustando la manta alrededor de ambos. Su respiración todavía es profunda, como si estuviera aterrizando.

John se permite cerrar los ojos por un momento, la mejilla apoyada contra el cabello aún húmedo de Bob. Huele a jabón, a un leve rastro de hollín, y al champú de lavanda que siempre usa.

Es una mezcla extraña, pero familiar.

Suya.

No le importa.

La verdad, ni siquiera le habría importado si Bob se hubiese metido a la cama directamente, sin ducharse, cubierto de cenizas y polvo de misión.

Con solo tenerlo así, en sus brazos, bastaba.

Desliza los dedos por su cintura con movimientos lentos, constantes. No necesita decirle que está bien. No necesita que Bob diga nada tampoco. El cuerpo que tiembla apenas bajo su tacto, la respiración que se va volviendo más tranquila… eso ya lo dice todo.

—¿Estás temblando? —pregunta en voz baja, sin mover la cabeza.

—No es nada —responde Bob, aunque se encoge un poco más, buscando su calor.

John lo envuelve mejor. La manta, sus brazos, su pecho, todo lo que tiene para ofrecer.

—¿Quisieras que encienda la televisión? —pregunta en voz baja, apenas un murmullo contra su cabello—. Para que nos acompañe mientras dormimos.

Bob niega con un leve movimiento de cabeza, sin abrir los ojos.

—No. Solo tú.

John sonríe, más con el corazón que con la boca. Lo abraza con más firmeza, como si pudiera protegerlo incluso de su propia mente.

—Estoy aquí, Rob.

—Gracias—murmura Bob, medio dormido ya.

No tienes por qué 

Después de todo el caos.

John esto es todo lo que necesita.

Bob, respirando lento, sobre su pecho.

 

Notes:

Quisiera escribir algo jugoso de esta ship pero no sé cómo ahhhhhh