Work Text:
— ¡Vamos, Parvati! Debemos estar listas para cuando los chicos nos empiecen a invitar a salir —Pero Lavender no pensaba en ningún chico en ese momento, sin embargo, aquella excusa era perfecta. Agitaba el brazo de su mejor amiga quien, ceñuda y con las mejillas algo sonrojadas, evadía su mirada desde que llegaron al dormitorio.
— ¿Y a quién se supone que esperas? ¿Seamus? ¿O alguien mayor? Seguro Seamus, siempre te ríes de sus patéticos chistes en el comedor —dijo en tono acusatorio al fin mirando a Lavender y cuando llegó a sus celestes ojos su expresión se relajó. Parvati tampoco pensaba en chicos como le proponía siempre.
— Nadie en especial… aún… ¡Pero quizás en las vacaciones de Navidad! No lo sé… Vamos, una vez más…
— Mh… está bien. ¡Una última vez!
Ambas, casi al mismo tiempo, miraron a su alrededor. En su dormitorio solo habían tres camas: las de ellas dos y la de Hermione. Esta última no estaba y probablemente no volvería hasta adentrada la noche, siempre se la pasaba en la sala común haciendo deberes con sus amigos Harry y Ron, de su mismo año.
Estaban solas y era momento de repetir lo que habían comenzado a hacer desde las vacaciones antes de septiembre, en una de sus reuniones antes de empezar el curso en Hogwarts.
Fueron a la cama de Lavender, la más cercana a la ventana. Se sentaron una frente a la otra. Se miraron a los ojos y unas sonrisas leves llenas de bochorno y timidez se dibujaron en ambos rostros. Siempre les ganaba la vergüenza al inicio, así como sus estómagos se revolvían ligeramente con el sentimiento de confusión frente a lo que estaban haciendo.
— ¿Quién hará de chico?
Habló primero Lavender, pero ambas, en su interior, sabían que esa pregunta era absurda. Usaban eso de excusa para evadir la verdadera conversación. Cuando “practicaban” besarse ninguna fingía ser un chico, eso no pasaba, se besaban. Y se besaban como lo que eran: dos chicas. Dos mejores amigas que se besaban en los labios y lo habían hecho tantas veces que perdieron la cuenta hace mucho.
— ¿Tú? Creo que te sale mejor. —Unas risitas nerviosas salieron de Patil y Brown la acompañó asintiendo varias veces. — ¿Cierro los ojos?
— Si quieres —se encogió de hombros.
Parvati no quería, nunca quería. Le gustaba ver como las pestañas descansaban en los ojos cerrados de su amiga y aquel rostro se acercaba con esos labios rosados, brillantes y bonitos.
No cerró los ojos y vio cómo Lavender sí, se acercaba y a su vez las manos tomaban con delicadeza su rostro, deslizando los dedos por los costados de su mandíbula, colando la punta de los mismos a su cabello, acariciando cerca de sus orejas en el proceso. Así la besó.
Ahora sí cerraba los ojos y se dejaba llevar. Sentía los labios suaves e hidratados de Lavender. Podía oler, así como saborear, aquel bálsamo con esencia de frambuesa, era diferente al de la vez anterior. Se mezclaba con el de menta que siempre usaba Parvati.
Al inicio los besos eran torpes choques de labios que se repetían una y otra vez. Ahora eran diferentes, ahora sus bocas encajaban como si hubieran sido moldeadas para permanecer en ese estado. Los labios se rozaban entre sí, abriendo y cerrando las bocas de forma constante y cuidadosa. Se besaban tanto como podían y no, ninguna pensaba que estaba besando a un chico, los chicos dejaron de importar desde el primer beso, aunque se negaran a admitirlo aún.
Aunque intentaban mantener la calma, la verdad es que las caricias solo aceleraban sus ritmos cardíacos y respiraciones, teniendo que detenerse cada tantos momentos. Allí se miraban a los ojos, agitadas y rojas, se sonreían en lo que retomaban la respiración, y volvían a besarse. Ciertos días tenían tanto tiempo que sus labios quedaban ligeramente hinchados y enrojecidos, y sus bocas sabían a fruta con menta.
— ¿Ahora eres tú? —propuso con cierta emoción Brown.
— Okay.
Eso significaba que Parvati empezaría el beso, nada más. Porque, nuevamente, Lavender no podía (ni quería) pensar que su amiga era un chico. Quería y disfrutaba de besar a su compañera y amiga, a la única Parvati Patil de quinto año de la casa de gryffindor.
Ese día se besaron hasta las siete de la noche, porque habían olvidado hacer sus deberes, solo por eso no siguieron más. Se retocaron el bálsamo de labios y bajaron como si no hubiera pasado nada, el secreto se mantenía entre ambas.
Aquella ocasión no fue la última vez como propuso Lavender y ni de lejos lo sería. Se besaron al día siguiente, también el viernes en el recreo; el domingo Lavender despertó a Parvati con más besos porque «así lo harían cuando se casaran de adultas», eso argumentó la rubia, y también porque Granger no estaba; el miércoles lo hicieron en la sala común y casi fueron pilladas por unos alumnos de tercero y prometieron que solo lo harían en su dormitorio. Entonces llegó el siguiente sábado y sacrificaron su visita a Hogsmade para aprovechar la tarde.
«¡Es para hacer deberes!» Ambas habían coincidido en eso, así como sabían que no era cierto y lo demostraron luego de desayunar, porque cuando regresaron al dormitorio, y no vieron a nadie allí, comenzaron a besarse de nuevo.
Entrelazaron los dedos de ambas manos cuando se las tomaron. Ahora usaban la cama de la castaña para sentarse. Los pulgares de Lavender hacían círculos suaves sobre las manos de Parvati, apreciando lo suave y delicada que era su piel. No tenían idea si ya besaban bien, tampoco les importaba porque solo se concentraban en disfrutarlo y sí que disfrutaban esos besos.
— Un… poquito más —murmuró Brown cuando sintió abandonar el beso los labios de Patil. — Por favor, prometo que será la última vez.
— Siempre dices eso, Lav —suspiró sobre los labios enrojecidos. Aquel pareció descolocar a la nombrada porque se apresuró a tomarla del rostro, manteniendo muy cerca el rostro de Parvati. — Tenemos que hacer los deberes…
— ¡Por favor!
Lavender se veía linda con esa expresión de cachorro en busca de atención. Maldijo en sus adentros no poder negarse a esa cara ni al aroma floral que provenía de su cabello y que también la forzaba a mantenerse muy cerca. La castaña se reprochó el llevar sus manos a las mejillas de la rubia e iniciar un nuevo beso que le volvía a robar el aliento.
— ¡Eh, ya nos vamos! Quería preguntarles antes de…
Estaban ladeando sus cabezas para encajar mejor sus bocas cuando una voz algo aguda se escuchó acompañada de unos pasos que no habían detectado a tiempo. Hermione Granger acababa de cruzar la puerta y las había visto, era imposible que no lo hiciera, sobre todo porque ambas seguían sin separarse.
— Yo…
La morena se levantó de inmediato y juntó sus manos tras su espalda, poniéndose tan roja como su amiga que no sabía donde esconderse ni que hacer, por eso fue Parvati quien decidió hablar.
— Hermione, hola. N-No íbamos hoy a Hogsmade por… deberes.
— Ajá —Entornó los ojos y las miró de forma acusatoria. — Se nota que harían sus deberes, sí claro… —frunció el entrecejo recorriendo el dormitorio con la mirada, como si examinara una escena del crimen. — ¿Sí sabían que no deberían hacer esto, no?
— Granger por favor, somos chicas, podemos estar aquí, es nuestro dormitorio —al fin hablaba Lavender.
— Como sea, ¿a qué venías? —preguntó Parvati.
— Cambiando de tema no harán que me olvide de esto. No pueden besarse en el dormitorio, solo que ustedes pudieron hacerlo sin problema porque las reglas fueron escritas pensando que solo podría ser posible entre chicos y chicas.
— ¿Acaso le dirás a la profesora McGonagall o qué?
— No es mala idea…
Parvati y Lavender se miraron entre sí. Hermione a veces era un dolor de cabeza con esa voz chillona recordando lo que no debían hacer en el colegio y en ocasiones, esa por ejemplo, era difícil de deducir si sería o no capaz de acusar con tal de hacer cumplir el reglamento.
— ¿Podrías, —la castaña suavizó el tono de voz — por favor, no decir nada de esto? No pasará de nuevo. ¿Verdad, Lavender? —y la rubia asintió.
— Mh… —la mirada de Hermione optó un cierto brillo que las hizo arrepentirse, por un momento, de haberle pedido que guardara el secreto. — Creo que tengo una idea, pero tienen que ir a Hogsmade, hoy.
— ¿Eh?
— Solo así no dirás nada, ¿en serio? Hermione, promételo.
— Lo prometo, pero deben ir a reunirse con nosotros en Cabeza de Puerco, en realidad les tengo que explicar varias cosas, pero dense prisa.
— Promételo —repitió Parvati y Lavender asintió varias veces para reafirmar lo dicho.
— Que sí, lo prometo —y Hermione levantó ambas manos, así como abrió un poco más los ojos. — ¿Bien? Dense prisa, quedan diez minutos, las espero en la sala y les explicaré allí todo.
Aún rojas y con cierta angustia, ambas se cambiaron de ropa, así como se peinaron para bajar las escaleras y encontrarse con Hermione. No iban tan arregladas como de costumbre (cada que salían para ir al pueblo) y estaban algo fastidiadas ya que tampoco se pondrían al día con las tareas esa mañana y tarde.
Hermione les explicó brevemente de una reunión que se daría en el bar de mala muerte del pueblo, sería en esa locación ya que no querían que las narices de la profesora Umbridge se metieran en el asunto.
Si bien reconocían la causa y hubieran estado dispuestas a escuchar a Potter, así como aprender de verdad Defensa contra las Artes Oscuras, no se sentía tan agradable acudir a la reunión como pago por el silencio de su compañera de cuarto.
Cuando fue hora de salir del castillo, ambas se dirigieron hacia la entrada, casi huyendo de la mirada de Granger, manteniendo la palabra de acudir a la reunión. Y entre ambas se prometieron dejar de “practicar” tanto, o al menos se tendrían que asegurar mejor de que estarían completamente solas para hacerlo.
