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Pedri anda por el pasillo en penumbra del hospital tan silenciosamente como puede. Sabe que no tendría que estar aquí, hace horas que terminó el horario de visitas y los pacientes merecen su descanso, pero él tiene la necesidad de estar aquí. La rúa de la victoria ha sido larga e intensa, y Pedri está completamente agotado. Lleva combatiendo el sentimiento de vacío desde el momento en que pisó el bus de la victoria esta tarde, y sabe que la única manera de calmarlo es viendo a Ferran.
Ser un futbolista de Primera División, que encima juega para el equipo de la ciudad y que acaba de ganar La Liga tiene sus ventajas, y el personal del hospital parece determinado a ignorar su presencia para no tener que llamarle la atención.
Cuando finalmente llega a la puerta, Pedri tiene que parar un momento y tomar aire. Puede no parecer tan grave, pero anoche, cuando vió a Ferran por primera vez en la cama del hospital estuvo a punto de llorar, y ahora no quiere que le pase lo mismo. Desde el momento en el que se llevaron a Ferran a urgencias, Pedri se ha sentido en shock. Al principio no sabía lo que ocurría, y el equipo tardó varias horas en enterarse de lo que pasaba con su compañero.
Ha estado tan preocupado, y ha sido tan raro tener que barajar dos sentimientos tan intensos y contradictorios a la vez. Ganar por fin La Liga fue mágico, era el partido 200 de Pedri con el Barça y tendría que haber sido un día fantástico, pero durante los últimos años, Pedri se ha acostumbrado a tener a Ferran a su lado en cada victoria, en cada celebración, y también cuando las cosas se han torcido, la presencia del valenciano ha sido constante. Tener que vivir un momento tan intenso sin él ha sido muy duro.
La puerta se abre sin rechinar y Pedri lo agradece, porque la imagen de Ferran durmiendo tranquilo en la cama blanca del hospital es casi religiosa. La habitación está en penumbra y en silencio como el resto del hospital, a excepción de Urgencias seguramente. La familia de Ferran no está, y aunque Pedri les quiere casi tanto como a los suyos, se siente aliviado por su ausencia.
Estaban aquí anoche cuando Pedri, después de anunciar a un vestuario eufórico que se iba para el hospital, acabó llegando con todo un grupo de hombres eufóricos. La escena fue tan surrealista como entrañable, y tanto Ferran como su familia parecían disfrutarla.
Ahora la habitación está callada, y Pedri se acerca con cuidado después de cerrar la puerta. Ver a Ferran dormir tranquilo hace que se le llenen los ojos de lágrimas. Toda la tarde ha estado combatiendo el vacío, intentando disfrutar de la celebración, intentando participar de los cánticos, los bailes y los abrazos. Maravillado con la cantidad de gente que ha llenado las calles para celebrar con el equipo, y con tantos niños ilusionados vistiendo la camiseta del Barça y coreando los nombres de sus jugadores favoritos. Y en muchos momentos, Pedri se ha sentido eufórico, pero todo el rato le ha acompañado la sensación de que allí faltaba alguien importante.
Pedri toma un momento para observar la expresión serena de Ferran y la manera en que su pecho se mueve con cada respiración. Incluso cubierto por todo el blanco del hospital, está guapo, y Pedri se permite mirarlo con calma. Mirar a Ferran ha sido algo que se ha convertido en rutina para el canario, aunque normalmente disimula un poco más, así que ahora se permite observar sin tapujos.
Siente un cosquilleo en los dedos que es la necesidad de tocar, de asegurarse de que Ferran está realmente aquí y que está bien. Se acerca un poco y tan suavemente como puede, deja que su mano roce el pelo corto del delantero. Después no se detiene, con cuidado acaricia la frente de Ferran, y finalmente, recorre su nariz elegante con la punta del dedo. Lo primero que ve es como Ferran arruga la nariz, y unos segundos más tarde, sus ojos parpadean y Pedri se encuentra cara a cara con las irises color chocolate.
Ferran resopla y vuelve a cerrar los ojos por un momento, y entonces parpadea otra vez, y sonríe de la forma más dulce. Pedri no aparta la mano, simplemente la lleva hasta su mejilla y recorre su barba incipiente con cuidado.
—Qué —la voz rasposa de Ferran resuena en la habitación. Pedri siente la necesidad de callarle y tranquilizarlo, pero el alivio de verle despierto le detiene—. ¿Qué haces aquí?—pregunta cuando al fin puede enfocar los ojos en Pedri.
—Te echaba de menos —dice mucho más serio de lo que pretendía.
—Tendrías que estar celebrando —dice Ferran llevando una de sus manos sobre la de Pedri.
—Ya lo he hecho —contesta—. Y ahora quería verte —añade con un tono más tierno.
—Te he visto —Ferran dice con una sonrisa—. Comías más que celebrabas —añade a tono de broma.
—Hey —protesta Pedri, pero Ferran se ríe y él no puede evitar una sonrisa—. Tendrías que haber estado allí.
—Habrá más —Ferran dice.
—Lo sé, pero es tan injusto —Pedri protesta y nota como se le llenan los ojos de lágrimas otra vez—. Has trabajado tanto y has hecho tanto por el equipo —dice con un sollozo que no puede contener.
—Vamos, ven aquí —Ferran dice más calmado y abre los brazos como invitación. Pedri deja que le estire en un abrazo que resulta un poco raro por ángulo y la cama—. No pasa nada, cariño. No ha sido culpa de nadie.
Ferran lo hace de vez en cuando, lo de soltar apodos cariñosos para dirigirse a Pedri, y a él le encanta cuando ocurre. Le hace sentir especial. Por unos minutos, Pedri deja que Ferran le abrace y le acaricie el pelo con calma.
—Tendrías que dormir un poco —Ferran susurra—. Sé que no has dormido mucho estos últimos días…
Pedri no dice nada, solamente esconde un bostezo contra el pecho de Ferran y pretende que no escucha su carcajada. Le encanta hacer reír a Ferran, es una de sus cosas favoritas; jugar a fútbol, estar con su familia y la risa de Ferran. Desde el momento en que se conocieron, Pedri ha estado maravillado por él. Siempre se ha sentido afortunado de haber acabado siendo su amigo porque Ferran es una de esas personas que está dispuesta a hacer lo que sea por aquellos a los que quiere, y Pedri sabe que es una de esas persona, y eso le fascina. Ferran es divertido, sorprendente, y también una persona muy tierna. Es una de las mejores personas que ha conocido.
Pedri sabe que hay gente que cree que entre él y Ferran hay algo más, y no están completamente equivocados. A él le gustaría que hubiese algo más, pero nunca se ha atrevido a cruzar la línea, aunque muchas veces ha estado a punto. Ambos están cómodos siendo amigos, compartiendo esta cercanía especial, aunque a veces Pedri siente el anhelo de algo más. La verdad es que con Ferran lo quiere todo, pero no se atreve a pedirlo, porque aunque muchas veces cree que podrían tener un amor como ningún otro, otras veces no está seguro de sí todo son imaginaciones suyas. Un paso en falso podría romper lo que tienen ahora, así que prefiere dejar las cosas como están y disfrutar de lo que tiene.
Ahora, Pedri está agotado y afectado por todo lo que ha pasado en las últimas horas; lo bueno y lo malo. La sensación del calor que emite el cuerpo de Ferran contra su mejilla, a través de la tela fina del camisón de hospital, le calma y a la vez, le hace sentir un deseo intenso.
—Vamos, chiqui —Ferran susurra—. Tienes que descansar —Repite suave mientras le acaricia la espalda. Pedri levanta un poco la cabeza y le mira. Están tan cerca que solo tendría que moverse un poco para besarle, pero no lo hace. Solamente sonríe.
—Vale —responde Pedri notando el cansancio. Entonces mira a su alrededor, y lentamente camina ante los dos sillones reclinables que están junto a la ventana.
—¿Qué haces?—pregunta Ferran como si hablase con un niño—. Mañana tienes entreno y el domingo, partido. No puedes dormir ahí—Pedri le responde con su cara más triste.
—No me quiero ir —dice, y cruza los brazos para ser más convincente. Aunque duda que el conjunto que lleva puesto, que Hansi escogió para que todo el equipo fuese cómodo a la rúa, le haga parecer especialmente convincente. Ferran suspira y le mira con cariño antes de dar unos golpecitos en el colchón.
—Entonces ven aquí —dice.
—No puedo —Pedri protesta—. Te acaban de operar, no quiero hacerte daño.
—Me operaron del otro lado, dudo que puedas hacerme daño —Ferran dice señalando a su costado derecho—. No pesas lo suficiente para eso.
—¿Me estás llamando pequeño?
—Sí, eres pequeño y muy mono —Pedri asume que Ferran pretendía bromear con sus palabras, pero solamente suenan adorables y no puede evitar una risita.
—¿Crees que soy mono?—pregunta, porque aparentemente su cerebro ya ha dejado de funcionar.
—Sabes que sí —Ferran insiste y vuelve a señalar el trozo de colchón. Pedri se acerca sonriendo.
—Yo también pienso que eres mono —dice, un poco avergonzado, hasta que ve la sonrisa enorme que le regala Ferran.
—Eres adorable —Ferran dice y Pedri quiere comérselo de lo mucho que le quiere en este momento. Con cuidado, se sienta en la cama, procurando no moverla y no hacerle daño a Ferran, y entonces le mira sonrojado—. Creo que quiero besarte —Ferran añade un poco más serio. El estómago de Pedri se contrae y se muerde los labios por un segundo.
—¿Crees? —pregunta, esperando que no fuese otra broma.
—No. Estoy seguro —confirma con asintiendo, y Pedri se pone a su altura y conecta sus labios. El dulce e inocente hasta que Ferran le coge de la mandíbula y lame sus labios, tomando control total del beso aunque es él quien está convaleciente en una cama de hospital.
Pedri siente el calor que se concentra en la parte baja de su vientre, y devuelve el beso, usando su lengua para abrirle la boca a Ferran. Sin pensar mucho, se apoya más en la cama para mejorar el ángulo, pero entonces Ferran se queja y todo se detiene.
—¿Te he hecho daño?—pregunta, asustado. Y mira rápidamente, buscando el origen del problema.
—No, he sido yo —Ferran le asegura— He intentado moverme más de lo que debería.
—¿Va a ser raro ahora?—Pedri pregunta, buscando una respuesta en los ojos de Ferran.
—No—Ferran responde rápido—. A no ser que sea raro para ti —Pedri niega con la cabeza y vuelve a acercarse para darle un pico en los labios.
—He estado mucho tiempo esperando a que me besaras —susurra.
—Solo tenías que pedirlo —Ferran responde en el mismo tono, y le roza la nariz con la suya. Antes de poder evitarlo, a Pedri se le escapa un bostezo que hace reír a Ferran—. Vamos, cariño, tienes que descansar —dice Ferran acariciándole la mejilla.
Pedri se quita las zapatillas y, con el máximo cuidado, se estira intentando hacerse pequeño al borde del colchón, hasta que Ferran suavemente tira de él para que se apoye más, y repose su cabeza sobre su pecho.
—Ojalá hubieses estado allí para celebrar conmigo —Pedri dice después de unos segundos de silencio, mientras traza formas con su dedo sobre el pecho de Ferran—. Me gusta cuando me levantas —añade, y siente como el calor se extiende por su cuerpo imaginando la escena—. Me habría subido a ti… Incluso si hubiésemos tenido que huir del campo como hace dos años. Habría sido tan sexy —Ferran suelta un gruñido y Pedri le mira confuso—. ¿Qué?
—¿Cómo que qué? Me estás matando —suelta mirando a Pedri con intensidad.
—¿Qué?—Pedri repite, sin entender qué ha hecho mal.
—Mi amor —dice con seriedad—. Me acaban de operar, no se cuantas semanas voy a tener que estar sin hacer ningún esfuerzo, y ahora te tengo aquí junto a mí, diciendo estas cosas, haciéndome imaginar todo lo que quiero hacerte y sin saber cuando voy a poder.
—¿Qué quieres hacerme?—pregunta, coqueto. Sabe que se está sonrojando pero la conversación es demasiado interesante.
—Tantas cosas —Ferran dice con intención.
—¿Cómo cuáles?
—Eres tan malo —Ferran dice con un suspiro—. Digamos que algunas de ellas pueden incluirte a ti trepando mi cuerpo, pero no en medio del césped.
—Oh —la mente de Pedri reproduce las imágenes de todas las veces que han bromeado en la playa o la piscina, tirándose y agarrándose el uno al otro, piel contra piel, y cómo podría haber sido mucho mejor si Pedri hubiese sido más valiente.
—Si te parece bien, claro —Ferran dice.
—Mucho —Pedri asiente convencido.
—Bien —Ferran le acompaña para que vuelva a tumbarse—. Y ahora a dormir.
—Vale
Incluso con todas las emociones y la excitación que parecen estar a punto de hacer explotar el corazón de Pedri, él deja que el cansancio se apodere de su cuerpo, respira el olor de Ferran que lo envuelve, y finalmente se duerme.
***
