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Law siempre fue una persona solitaria.
A veces, cuando descansaba bajo algún árbol milenario o simplemente paseaba por la playa de alguna isla perdida en el mundo, intentaba recordar cosas de su pasado como el cumpleaños de su difunta madre mortal, la sonrisa de Cora-san, su hermana mortal, pero siempre le resultaba difícil.
Ser un inmortal lo había hecho vivir demasiado tiempo y un ser tan longevo como él, con los años, va perdiendo memorias.
A Law le gustaba estar solo en muchas ocasiones, pero no sentirse solo.
Entonces, ¿por qué durante la mayor parte de su vida se obligó a estarlo? No lo sabía. Pero creía que no volvería a estarlo por un tiempo.
Cuando Nika se presentó ante él, lo reconoció de inmediato. ¿Cómo no hacerlo? Era el dios del Sol, todos lo conocían y adoraban. Solo que no esperaba que él —un ser inmortal, repudiado incluso por la misma muerte— hubiera llamado la atención de alguien tan poderoso.
Y no pudo negarse a su petición, incluso sabiendo que, seguramente, se trataba de un simple capricho del antiguo dios.
Law había vivido durante demasiado tiempo.
Había visitado todo tipo de islas: veraniegas, llenas de colores y un calor infernal; otras con regímenes dictatoriales; islas gobernadas por temidos piratas; islas en paz; islas tan frías como un témpano de hielo… y más islas. Pero también había escuchado muchas leyendas. Historias sobre hazañas maravillosas de dioses, sobre sus aventuras y sus vidas.
El dios del Sol, Nika.
“Rey de reyes”, le decían.
Un dios poderoso, temido y querido a la vez. Se contaba que, con una simple mirada, podía quemarte hasta los huesos. Un dios caprichoso, siempre en busca de su propia aventura; se interesaba en las cosas con la misma facilidad con la que luego perdía el interés.
Pero también era conocido por su gran carisma: rodeado siempre de personas, atrayéndolas con su risa melodiosa, haciéndolas felices, organizando banquetes por la razón más mínima.
Entonces, ¿por qué con Law sería diferente?
Solo era un ser inmortal. La muerte lo había repudiado sin siquiera verlo una sola vez, y Nika seguramente se interesó en él por su longevidad ya que no existía, de origen humano, nadie con una vida tan extensa como la suya.
Así que simplemente lo aceptó.
Cuando Nika se aburriera de él, ya vería qué hacer. Mientras tanto, disfrutaría de aquella calidez que derretía el severo frío que lo había envuelto durante milenios sin poder siquiera negarse.
Y así fue como se encontró en esta situación, en el templo divino del Rey de reyes recibiendo un tour guiado por la famosa historiadora del dios.
Nico Robin, como se había presentado, era una elfa de una ancestral isla ya desaparecida incluso en las runas más antiguas que Law pudo encontrar, Ohara.
Una isla repleta de conocimientos —típico de las tierras élficas— y también con mucha práctica de la magia oscura, la cual asustó fácilmente a los humanos que jugaban a ser dioses.
Law había tenido la oportunidad de estar allí hacía algunos milenios. Disfrutó de los amplios conocimientos médicos de la isla y de sus encantadoras costumbres relacionadas con la naturaleza y el origen mágico.
Cuando por fin supo cuál había sido el destino final de Ohara, ya habían pasado varias décadas.
Fue una pena la pérdida de tanto conocimiento, causada por un acto egoísta influenciado por el miedo humano.
—“Ohara fue una maravillosa isla. Siento tu pérdida.”
Eso fue lo que Law le dijo a Nico Robin cuando ella misma se le acercó y se presentó. Robin simplemente sonrió con serenidad y comentó en voz baja cómo Nika, su querido dios y “capitán”, se había asegurado de compensar esa pérdida.
Tras aquella pequeña conversación, a Law tal vez —solo tal vez— se le asentó una incomodidad en el pecho. Envidia.
¿Él no merecía también a alguien que cubriera sus pérdidas? ¿Por eso la muerte lo repudiaba?
Antes de que siguiera en ese mismo círculo vicioso de autodesprecio, Nico Robin llamó su atención ofreciéndose a guiarlo por el templo.
Law solo pudo aceptar.
—“Nika tiene un gran ojo para la gente. Vio algo especial en ti, como para permitirte llegar aquí.”
Robin lo miró con una suave sonrisa que ocultó tras su abanico de encaje negro.
—“Tu dios solo tiene un capricho conmigo.”
Nico Robin simplemente rió, sin negar ni confirmar el comentario, y cambió de tema.
—“Este templo no siempre perteneció a Nika, pero lo adaptó tanto a su manera de ser que lo ha vuelto propio.”
Law tarareó suavemente en señal de que escuchaba mientras observaba las grandes columnas de mármol con curiosas formas doradas.
—“Como nosotros mismos. Muchos estamos aquí por un ‘capricho’ de nuestro dios.”
El inmortal, en vez de ofenderse por la burla sutil de la elfa, se sintió curioso —un sentimiento que creía olvidado—, y sin pensar, preguntó:
—“¿A qué te refieres, Nico Robin?”
—“Déjame presentarte a todos. Tal vez, después, entiendas a lo que me refiero, señor inmortal.”
Continuaron por el largo pasillo lleno de escrituras y símbolos solares —algunos de los cuales Law no lograba descifrar, pero supuso que eran parte de la “personalización” que Robin había mencionado—, escritos en oro sobre el mármol blanco que formaba las paredes.
Llegaron a un gran patio interior, extrañamente, lleno de vegetación y con múltiples nubes y espíritus del viento jugando entre ellos a falta de su querido amo eterno, la vida en el templo se sentía activa como toda la eternidad.
Allí también estaba una chica de largo cabello anaranjado, entre árboles de naranjas, jugando con algunos espíritus del bosque y una pequeña nube que la seguía.
—“Ella es Nami, nuestra navegante. Conoce el cielo y los vientos como si fueran propios.”
Robin cerró su abanico y descendió los escalones con gran gracia, pisando el camino de nubes con forma de piedras mientras Law la seguía de cerca.
—“Siempre fue un espíritu del viento, pero un ser marino logró capturarla y manipularla durante gran parte de su vida. Nika la encontró mientras ella cumplía uno de los caprichos de aquel ser, Arlong, y enfureció tanto al descubrir que alguien había mantenido cautivo a uno de sus compañeros de juego, los vientos , que lo quemó hasta los huesos. Fue Nika quien le otorgó un cuerpo físico y desde entonces Nami le juró lealtad eterna y nunca se separó de nuestro dios.”
Law se sorprendió. La mujer se veía tan alegre y libre que no habría imaginado jamás que tuviera un pasado tan trágico.
Durante su larga vida había conocido muchos seres marinos —reyes del mar, sirenas, hombres pez— y, en general, todos habían sido amables. Bueno… siempre hay excepciones, ¿no?
Cuando se acercaron, Nami los notó y se lanzó hacia ellos con una velocidad inhumana —propia de un espíritu del viento— para saludarlos alegremente. La pequeña nube que la seguía se estrelló con su espalda, empujándola suavemente hacia adelante.
—“¡Zeus! ¡Ten cuidado!” Y la nube pidió disculpas apresuradamente.
Nami se peinó con elegancia, moviendo su melena pelinaranja, y se volvió hacia ellos para seguir con su saludo.
—“Hola, Robin. ¿Quién es este tipo?”
—“Él es Trafalgar Law, el ser inmortal que Nika trajo esta mañana.”
Nami lo observó con una mirada inquisitiva, arqueando una ceja y cruzándose de brazos, tintineando asi su joyería de oro puro y hermosas gemas.
—“Así que tú eres el famoso ‘Torao’ ”
Law solo pudo sonrojarse ante el apodo que le había dado el dios, y asintió con timidez. Por suerte, Robin se apiadó de él y despidió a la chica para continuar su camino.
—“¿A dónde vamos?”
—“Al taller del templo. Ahí conocerás a alguien más.”
Ambos caminaron en silencio durante algunos minutos. Robin parecía disfrutar de la brisa suave del cielo mientras paseaba con elegancia por el templo, y Law aprovechó para observar los detalles de la arquitectura.
Había algo extrañamente cálido en ese lugar. Las columnas blancas, las piedras doradas, la vegetación que parecía imposible a tanta altura, y esa constante sensación de que todo ahí estaba vivo. Incluso las paredes parecían respirar.
Llegaron a un ala diferente del templo. El mármol daba paso a bloques de metal, vigas expuestas, cables que colgaban del techo como si fueran raíces, y un constante eco de herramientas, martillos y chispas de fuego. Era un lugar caótico, pero lleno de energía.
También notó que había una gran variedad de estantes llenos con diferentes maquinarias del mundo mortal y del mundo celestial, también en una parte más alejada de la entrada divisó una de las muchas mesas llenas con diferentes pócimas y plantas exóticas.
—“Bienvenido al taller del templo,” dijo Robin con una ligera sonrisa mientras se giraba para ver a Law “Aquí trabajan los dos artesanos de Nika, y mas importante del reino divino”.
“ Usopp es también un ser inmortal como tú, pero él ya nació como uno. Su padre es compañero del dios de la fiesta, Shanks.
Fue rescatado por Nika hace unas décadas de un sacerdote humano que lo identificó como demonio y quiso acabar con él, ya que era el único que conocía sus verdaderas intenciones. Usopp seguramente sea el más parecido a ti en este templo, y aunque es un inmortal hijo de seres divinos, creció como humano y se enamoró de una mortal.”
Robin invocó, moviendo su mano con suavidad, un pequeño espejo. Peinó su suave pelo negro con las manos y se aplicó un gloss delicadamente.
“Franky por otro lado fue más un ‘capricho’ de Nika. Él es una máquina ancestral formada por el antiguo dios de la construcción, conoció hasta al antiguo habitante de esta templo. Y, aunque sea sorprendente, cuando Nika lo conoció, no le agradó ya que Franky lo retó y también le robó a Nami. Al final todo se arregló y Nika se encaprichó tanto que Franky accedió a venir bajo amenaza. Ahora es de los más felices por estar aquí.”
Al terminar de retocarse, con un chasquido de su mano el espejo desapareció y Nico Robin se preparó para entrar al taller.
Al momento siguiente una leve explosión sacudió la sala. Law retrocedió por instinto al ver como, del humo, emergía una imponente figura metalizada riendose a carcajadas.
—“¡Qué mujer más atractiva estoy viendo! ¡Mi SUUUPER historiadora Robin!”
Robin rio suavemente para acercarse delicadamente al hombre, que se quitaba sus oscuras gafas de sol, y apoyarse en él para besarlo con una sonrisa feliz.
—“ Franky! Te dije que tuvieras cuidado con los polvos estelares!”
Un hombre narigón salió de entre el humo tosiendo. Era bastante alto, no más que Law, de tez oscura y cabello negro rizado. También iba con una variedad de herramientas detrás suya que lo seguían, seguramente, con magia.
Law se sintió un poco fuera de lugar, podía sobrellevar la presencia de una o dos seres en su mismo espacio, pero ¿tres? Ya era demasiado para él.
La última vez que estuvo con tantas personas en una misma habitación, hace unos cinco años —¿o fue hace una década?—, no termino bien para él.
Apartándose lo máximo posible de la multitud intentando hacerse lo más pequeño que su cuerpo le permitía evitando la mirada de todos los presentes. Para su desgracia esta vez Nico Robin no le tuvo tanta piedad.
—“ Os presento a Torao, Nika lo trajo esta mañana del mundo mortal”
—“ Oh! Eso es tan suuuper! ¿Qué habrá visto nuestro el jefe en él?”
— “El ser inmortal? Estaba impaciente de contarle las increíbles historias de god Usopp en el mundo terrenal a otro inmortal!”
Si bueno, al parecer la estrategia no le iba a funcionar. Law volvió a su postura recta y se aclaro la garganta antes de hablar.
—“ Soy Trafalgar Law, es un gusto conocer a los compañeros del dios del Sol mientras esté en el templo”
Inmediatamente después de su presentación el espacio se volvió silencioso, hasta incomodo podría decir Law. ¿Dijo algo malo acaso? ¿O ya lo querían fuera? ¿Tan rápido?
—“ Uh si, bueno..” comenzó el hombre más bajo, Usopp “ Soy Usopp, el inventor e francotirador del templo. Él es Franky, es el ingeniero y el tipo de repara todo cuando algo se rompe, un gusto conocerte, uh, Torao”.
El ambiente tenso siguió en la sala incluso después de la presentación de Usopp. Law solo quería que las nubes bajo sus pies se abrieran y lo dejaran caer nuevamente en el mundo mortal para volver a su vida solitaria, por suerte Nico Robin volvió a apiadarse de él y bajo de los brazos de la maquinaria ancestral para seguir su recorrido despidiéndose con gracia del par de artesanos.
—“ ¿Dije algo malo? “
Aunque no le guste admitirlo, Law no queria irse del templo todavía.
El lugar estaba lleno de vida, más de la que había visto en toda su longevidad, y el sol era tan brillante y cálido a esta altura que podría derretirse de puro placer en una nube.
¿Debería ir con Nika para, quizás, poder entretenerlo? ¿Para eso lo quería aquí no? Seguramente así podría quedarse más tiempo.
—“ No dijiste nada malo, señor inmortal, solo evita presentarte de esa manera”.
Por suerte Nico Robin no parecía molesta con él, era un alivio, no creía sobrevivir si todos los compañeros de Nika lo miraran de forma hostil.
Siguieron su camino en silencio, Robin sacó nuevamente su abanico para taparse con delicadeza parte de sus facciones mientras le contaba algunas historias sueltas a Law sobre Nika y sus hazañas.
Cómo liberó Dressrosa.
Law quedó maravillado con esa historia. Dressrosa era una de sus islas veraniegas favoritas, aunque era bastante pobre seguía adelante y los ciudadanos siempre fueron abiertos a los dioses y seres no humanos.
Cuando se enteró que fue puesta bajo una dictadura pirata no pudo evitar decepcionarse, al final era el destino al que muchas islas pobres se condenaban. Todavía recuerda la felicidad que sintió —desde de mucho tiempo— cuando se enteró que la isla fue liberada. De eso ya fue hace pocas décadas, una casualidad que el mismo Nika la haya liberado con su felicidad.
—“ Aunque me gustaría presentarte a todos los compañeros de Nika hoy, creo que será imposible”
Por fin llegaron al gran jardín trasero del templo, también lleno de vegetación humana y múltiples amigos eternos del dios del Sol —espíritus del viento, nubes, estrellas— jugando entre los rosales y arboles milenarios.
Siguieron el camino de nubes hasta una zona más apartada y con menos vegetación.
Una zona de entreno, supuso Law al ver bloques de obsidiana y diamante maltratados y llenos de cortes.
—“ En estos días podrás conocerlo seguramente, de mientras te dejare con nuestro capitán, señor inmortal”
Pasando la zona de entreno, llegaron al borde del monton de nubes esponjosas que sostienen el templo con gracia. A lo lejos, entre las nubes, Law pudo observar a Nika jugando con ellas, riendo y saltando alegremente.
Con el sol, y también seguramente porque Nika este en su templo, se veía mas tranquilo. El gran tatuaje de sol que tenía en el hombro, su cicatriz, las joyas de oro puro que hacían ruido —incluso parecía una melodía— por sus movimientos, y su ropa blanca suelta.
Todo Nika era tan imponente —atractivo— sin siquiera querer serlo que era abrumador. Law nunca conoció a alguien como él, y no cree poder soportar a otro igual.
Tal vez debería aprovechar al máximo su tiempo en el templo, la risa de Nika era tan contagiosa —y ruidosa a la vez— que derretía mas rápido el témpano de hielo de Law. Si, debería hacerlo, al final él fue quien lo trajo aqui ¿no?.
Robin se detuvo y lo miró con una media sonrisa. Aunque sus palabras eran amables, Law pudo sentir un deje de advertencia en ellas.
No era malintencionado, simplemente era un recordatorio, Nika no traía a cualquiera a su templo. Cada uno tenía un propósito.
Incluso si ese propósito era un capricho divino.
Law asintió con suavidad, agradeciendo el aviso implícito. A pesar de su naturaleza solitaria, no quería ser una molestia. Mucho menos para una deidad como el dios del Sol.
Y allí estaba.
Nika.
Y Nika lo notó.
Se giró apenas, como si ya supiera que estaba allí. Una sonrisa se extendió por su rostro, amplia y encantadora, con un dije de picardía.
—“Torao! Allí estabas”.
