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Itsy Bitsy araña

Summary:

Con desdén, tomando el poco vino que tenías en tu copa, volviste tu vista al papeleo en frente el cual no había cambiado ni un poco a la última vez que lo revisaste, notas, entrevistas y recortes de periódicos y, algo más, una foto, y la razón de la que estuvieras un viernes en un bar a las 12 de la noche, algunos lo llamaban la mancha, otros lo llamaban una amenaza, algunos “The spider”

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Work

Chapter Text

El zumbido de la gente en el bar llena tus oídos, cosa normal para un viernes en la noche y más en un fin de mes, la gente aprovechaba estas ocasiones para juntarse en familia o con amigos a celebrar, verse o simplemente estar en compañía de otros, aunque claro, eso solo es tomando el hecho de que tengas familia cercana, o amigos, cosa que no era el caso. Y aunque habías elegido un lugar que tu parecer era lo bastante solitario y aislado como para poder trabajar a gusto pero no lo suficiente para escapar del sonido. tus únicos amigos eran tu vaso medio lleno en tu mano y decenas de papeleo semanal de la oficina del Diario “The Bugle”, lugar que había pasado de ser un trabajo de medio tiempo a ser toda tu vida al encontrarte con una pasión por desenmascarar y documentar el presente que te rodeaba, aun si no era uno muy brillante dada a la situación económica que se había presentado algunos años atrás.

El presidente lo llamó “la depresión” nombre adecuado para un período que se caracterizó por ser la cara más fea de la pobreza vista en tu amada Nueva York, aunque lo que vino después solo demostró que esto solo era el principio; atraco; pobreza; asesinatos y conspiraciones era lo que normalmente tomaba la portada del diario, y dado a que eras uno de los reporteros con el salario mínimo predilectos para el trabajo tenías el “privilegio” de ver cada atrocidad en primera fila, cuando creías que ya habías visto todo lo siguiente que pasaba demostraba lo equivocado que estabas. Sin embargo, las cuentas no se pagan solas así que tomabas tu cámara para poder subsistir un día más. 

Miraste alrededor de ti, una pareja tenía una velada a tu izquierda, era una pareja joven, probablemente ninguno de los dos pasaban los 25, tu por tu parte te encontrabas trabajando 24/7 a tus 24 y sin embargo no tenias a ningún pretendiente esperando en casa, nunca estuviste realmente interesado en conseguir pareja, o en las personas en general, vivas para tu trabajo y solo para él, lo que hacía que tener una relación no fuera viable en ningún sentido, más que todo por el hecho de que, aparte de que una pareja significa crear una familia, conlleva el largo y tortuoso camino de criar y proveer a 2 bocas (o más) del que tú y tu salario no podrían soportar el peso que conlleva una responsabilidad así.

El sonido de la risa de la pareja te saco de tus pensamientos recobrando la conciencia del hecho que tu mirada prolongada a la pareja te hacía ver como nada menos que un raro “maldición..” susurraste por tus adentros mientras mirabas a los lados, por suerte nadie te había notado.

Con desdén, tomando el poco vino que tenías en tu copa, volviste tu vista al papeleo en frente el cual no había cambiado ni un poco a la última vez que lo revisaste, notas, entrevistas y recortes de periódicos y, algo más, una foto, y la razón de la que estuvieras un viernes en un bar a las 12 de la noche, algunos lo llamaban la mancha, otros lo llamaban una amenaza, algunos “The spider” y algunos un vigilante que velaba por la seguridad de nueva york, y claro, algunos lo consideraban un espía, tal vez ruso o extranjero, lo que si se sabía era que había aparecido de la nada, derrocando al magnate Osborn desde las sombras, también había sido noticia de que había sido el culpable del asesinato JJJameson, director del diario en el que trabajas, The bugle, aunque luego se demostró que había sido una jugada para incriminarlo, o bueno, eso dicen algunos después de la aparición de este mismo después de su presunta muerte.

Mentirías si el caso no te había intrigado desde un principio, habías estado llevando una investigación independiente para desenmascarar las intenciones de este individuo, ya eran malas o buenas, la curiosidad era tu mayor motivador incluso si el dicho más famoso referente a ello no terminará bien para cierto gato, de todas maneras entre más te adentras en el caso más difícil era de abandonar, no solo por el hecho de que habías dedicado 2 años de tu vida descifrando y desenredando esta telaraña de misterios, si no también por el presentimiento de que estabas a punto de encontrar la historia del año, un pez gordo. 

Incluso si tu jefe te había dicho una y otra vez que abandonaras el caso, lo cual te extrañaba ya que es el tipo de persona que exprimiría la idea hasta más no poder con títulos como “¿¡Espía Soviético!?, Enmascarado aterroriza las calles de Nueva York” o “Lo que se esconde en las sombras: ¿Héroe o Amenaza?”, o algún título sensacionalista parecido a los anteriores.

Aunque te intrigaba con qué burrada podría sugerir al Sr. Jameson para el reportaje, era el menor de tus problemas en este momento, desde hace ya un mes que no habías podido seguir con la investigación y te encontrabas en el mismo punto muerto una y otra vez. Sacaste de tu bolsillo, la máscara, era indiscutiblemente del tipo que habías estado siguiendo, la razón de por que hacías esto y sin embargo, el hecho de que la tuvieras ahí, en tus manos solo significaba algo, había desaparecido o estaba muerto, y la primera pensabas era la más probable entre las dos, no obstante a tus suposiciones tus años de experiencia te habían enseñado que nadie desaparece de la nada sin dejar tipo de rastro.

Tomando un último trago te decide que habías tenido suficiente de pensar en enmascarados, con tus papeles debajo del brazo y pagando la cuenta emprendiste tu viaje a casa, había sido una semana dura y llena de papeles, mereces un descanso. Decidiste por premiarte pasando el fin de semana escuchando la radio y leyendo el periódico además de tu ocasional libro y, quien sabe, ir con tus colegas a por trago, tu mente fue yendo por las opciones que tenías, doblando esquinas y cruzando calles a para llegar a tu hogar. 

En la mirada se te cruzó un sujeto, tomando desde una esquina, probablemente alguno de los cientos de desempleados que azotaron al país tras la crisis, casi te hacía difícil apreciar el poder trabajar, aunque sea en un empleo lleno de amarillismo y polémica.

Meditaste que no querías tentar al destino, cambiando de sendero y tomando un atajo hacia tu hogar, caminando en aquel callejón claustrofóbico sentiste la presencia, o la mirada de alguien acechándote, caminaste con mayor intensidad tratando de llegar a tu destino con al menos, una cartera vacía pero con tu identificación y órganos intactos, entre la ansiedad de llegar al final del corredor una fría pero indiscutible boca de pistola toco tu espalda, maldijiste tu suerte, ya sabia de que se trata de esto.

–Cartera y reloj, ahora– siseó el tipo, presionando el cañón contra su espalda.


Asentiste con ligereza, con cuidado de no hacer ningún movimiento brusco, como si cualquier movimiento en falso fuera de la señal para terminar con plomo incrustado entre las costillas. Con la mano temblorosa manejaste en sacar tu cartera, tan gastada que parecía deshacerse entre sus dedos, levantándose sobre tu hombro y sentiste como era arrebatada de un tirón. No reaccionaste. No vale la pena. Sólo esperaba que el ladrón se conformara con las sobras de su salario mínimo y lo dejara regresar a casa en una pieza.

 

–El reloj– lo escuchas murmurar

–no vale nada, lo juro, es…

–No pedí tu opinión, el reloj o te vuelo los sesos. Tú decides– advirtió, este tipo no andaba con rodeos

 

No había caso en rehusarse, era el reloj o tu vida. Irónico, considerando que ese reloj era tú vida. Lo único que le quedaba de ella, pero una vez el destino te arrebataba la posibilidad de elegir. Con un movimiento lento fuiste acercando ambas manos, el frío se filtró entre tus dedos al momento de tocar el frío metal, tomando con una mano el extremo de la correa mientras alzaste la mano nuevamente, con la esperanza de no provocar ningún arranque.

 

Solo tienes que aguantar, te repetiste.

–Muy bien… buen chico–

Solo tenía que dejarlo ir.

–¿Eh? ¿Acaso eres tonto? deja ir el reloj–

Solo deja ir el reloj…

–¿Eres sordo? ¿Quieres que te llene de plomo?...escúchame pedazo de…–

 

Una fragata de viento te saca de tus pensamientos, casi como una bofetada de frío que te devuelve a la realidad. tal vez finalmente se le agotó la paciencia y te dio un tiro de gracia, tal vez un milagro había llegado, o tal vez…solo tal vez…

 

Algo peor…

 

Giraste sobre tu talón. Un suspiro pesado escapó de tus labios mientras el frío de la noche se colaba en tus pulmones, perdiendo el equilibrio y cayendo de espalda mientras tu mirada permanecía en lo que había frente a ti. Un cuerpo sin conciencia junto a la basura del lugar, ya su lado una mancha negra que la miraba con atención y en su mano, tu reloj. La figura giraría a tu dirección. Tú reflejo reflectante en sus binoculares mientras se acercaba lentamente desde las sombras.

El instinto de autopreservación hizo que retrocedieras, tu espalda golpeando contra el faro el cual era tu única fuente de luz en aquel callejón. Si pensabas que las cosas no podían empeorar el destino, volvía a recordarte lo equivocado que estabas. La figura se acercaba con paso pesado. Lento. Implacable. Y su figura intimidante con su penetrando hasta tu alma. 

Comprendiste que aunque trataras no habría escapatoria. Callejón sin salida. Tu destino era morir en un callejón. Una muerte lamentable para una vida lamentable, tú cuerpo que estuvo dolorosamente tenso durante todo este tiempo se aflojo al comprender esto las ataduras y un suspiro escapó de tus labios. No de alivio, sino de resignación. Imploraste internamente que al menos pudieras encontrar a Consuelo en tus últimos momentos en este plano.

Luego escuchaste un paso, luego otro, luego otro…

 

– John Carter…– la figura resopló

– ¿Vienes a algún trabajo privado? ¿Tal vez la cortesía de alguien al que haya hecho enojar?– una risa seca resonó, vacía.

La figura paró su paso, observando.

– Dime…¿pudieras hacerle el favor a este hombre de fumar su último cigarro antes de dejar este mundo?– 

 

Saque una caja ya casi vacía junto a un encendedor. La figura permaneció inmóvil, analizando la escena. Decidiste seguir y colocaste el cigarro en entre tus labios, prendiendo una llama, tus ojos hipnotizados por el furor de aquello antes de apagarlo, casi imaginándolo como si fuera tu propia vida.

 

– Entonces, ¿Quién te ha…?–

–Creo que confundes mis intenciones– respondió con una voz fuerte y firme

–Sin embargo si esas son tus suposiciones deberías replantear tus acciones en la vida– Retorno al paso lento, acercándose poco a poco a la luz

 

Aquello te helaste completamente. Algo no encajaba, era claro que te conocía y sobre todo, era obvio que te había estado siguiendo, pero, ¿Qué otro propósito ameritaba todo este esfuerzo?

 

– Ah, debes estar confundido– Se acerco, la luz posando en su sombrero negro y binoculares polarizados. Una chaqueta tan grande como su figura lo cubría por completo y su cara estaba cubierta con una máscara de cuero. Tus ojos se abrieron ante la vista, casi dejando caer el cigarro entre tus labios.

Se arrodilló ante ti mientras elevaba su mano, mostrando la cartera y el reloj. La persona a la que habías estado siguiendo por meses, la única razón por la que te encontrabas arrastrado hasta este punto, era definitivamente él. La araña.

–Te he estado observando por un tiempo- rebozo calma -Eres hábil e inteligente, John Carter, tal vez demasiado para tu propio bien–

 

Una pausa...

 

–¿Te gustaría ayudarme a resolver un caso?–

Notes:

¡Hola! primera vez publicando por aquí, no tengo mucha escribiendo (en general) pero espero disfruten mi historia y que por lo menos tengan un buen rato leyendo, ¡acepto cualquier recomendación o feedback que puedan tener!