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Aunque las ropas tenían un encanto único, no podía expresar con mayor entusiasmo que no me resultaban del todo cómodas. Aún así, las chicas creían que sería una estupenda idea visitar el templo con las ropas tradicionales de aquél país.
El anfitrión de la mansión, por alguna razón, nos había dejado a todos un par de pasaportes (todos legales, por supuesto, alguien de tal importancia en el mundo del arte como yo no podría verse envuelto en un viaje sin lo correspondiente), y boletos con nada más ni menos que Japón. Por supuesto, habíamos oído bastantes cosas gracias a las palabras de la señorita Michiko, quién con un perfecto inglés (nos había relatado que estuvo casada con un hombre americano, y por tal motivo su nivel de inglés era avanzado) contaba sobre las bellezas de la tierra del sol naciente.
Sus relatos sobre aquel país me causaban una gran curiosidad, puesto que cualquier paisaje desconocido para mí sería una buena fuente de inspiración.
Teniendo eso en mente, fui de los primeros en aceptar positivamente el viaje, pues de forma obvia, no todos se veían de acuerdo, algunos, con un miedo notable hacia los aviones, en cambio otros, como aquella chica militar se veían más que entusiasmados por volar.
Para mi no era ninguna gracia tener que tomar más de un avión, en viajes largos, pero aquel anfitrión había sido bastante considerado al conseguirnos boletos de primera clase, quizás eso serviría como un bálsamo para un viaje tan largo y con tantas escalas.
Ahora, encontrándonos en las vísperas de año nuevo, todos en Japón (a excepción de algunos que mencionaron algo de "problemas legales", no le di mucha importancia) nos habíamos separado en grupos de interés para realizar diversas acciones. Algunos se encontraban planeando un tour por los sitios más populares, otros por los lugares más insólitos y extraños.
Otros simplemente se limitaron a quedarse disfrutando del hostal, no parecía tan mala idea, teniendo incluso aguas termales en nuestro humilde hotel posado entre montañas.
Aún así, todos querían visitar los festivales que habían por la zona, yo estaba más interesado en visitar los bellos paisajes que aquél país podía entregarme. De cualquier manera, de una forma y otra terminé siendo arrastrado hasta la idea de visitar el templo local.
No era tan mala idea después de razonarlo, así podría pedir por un año lleno de creatividad e inspiración, que era lo que realmente me importaba de todo aquél viaje, además, Él estaba conmigo, lo cual me brindaba un poco más de interés en visitar el festival para proseguir hasta el templo durante la madrugada.
Cuando abandoné el hostal, la señorita Michiko y yo llegamos al mismo tiempo. Intercambiamos un par de palabras formales, notando como la mujer se veía realmente feliz al estar en su tierra natal, cosa que podía comprender en parte. Aunque mi tierra natal ya no me causaba gran impacto, aún habían cosas que me hacían ruido, como el volver a visitar a mi hermana o dejar un par de flores en la tumba de mi madre.
La charla dio termino cuando Luca se apresuró a llegar donde nosotros, él, como siempre, tan ruidoso, se abalanzó contra nosotros.
Francamente, sobre mí. La señorita Michiko imponía mucho respeto como para hacer un acto tan impulsivo.
- ¡Edgar! ¡Si viniste! -
Mencionó entusiasmado, y podía entender por qué. Aunque solíamos compartir mucho juntos, en muchas ocasiones negué sus invitaciones por querer estar encerrado. Simplemente salía para poder tomar inspiración, esta era una de esas oportunidades.
Aunque no negaba que poder pasar tiempo con él era de mis cosas favoritas, también, sobre todo ahora, últimamente estábamos mucho juntos...Espero que sus amigos no vayan a ponerse celosos de mi, no es como que quiera su atención todo el tiempo. De cualquier forma, se ven felices de que su amigo este abriéndose más, aunque sea, conmigo y la chica mecánica.
La señorita Michiko y nosotros dos nos posicionamos cerca de la entrada del festival, esperando que de dicha forma Emma y Emily pudieran vernos con mayor facilidad al llegar. Pero de pronto, la señorita nos dejó, mencionando algo sobre "la suerte" y de que iba a estar ayudando. No entendí mucho pero no le di muchas vueltas al tópico, puesto que la señorita Emily llegó desde atrás nuestro.
- Hola chicos, ¿Hace mucho que esperan? Estaba acompañando a una niña que se había separado de su madre...-
Podia comprenderla, no mucha gente conocía el idioma, por lo que hallar a su madre sería todavía algo más complejo. Por suerte, como nos mencionó la doctora, el dueño de uno de los puestos de comida sabía hablar inglés y logró localizar a la madre.
Nos mantuvimos un rato conversando entre los tres mientras esperábamos a Emma, la última de nuestro pequeño grupo para ir al templo. La vimos correr en nuestra dirección, con unos ánimos quizás más grandes que los del mismo Luca Balsa.
- ¡Chicos! ¡Disculpen la tardanza! El kimono no me entraba ..¡Digo! ¡No supe ponérmelo bien! Así que tuve que pedirle ayuda a Vera para que me lo ajustara...-
Emily soltó una risa suave, apoyando moralmente a la joven que llevaba una mano a su nuca con el rostro enrojecido.
En ese instante de desconcentración, Luca tomó mi mano.
No la solté, pero si di un sobresalto, ¿Por qué haría eso tan repentinamente?
- ¿Luca? ¿Qué pasa? -
Quizás no quería perderse, o vio algo que le dejó mal, pero para cuando voltee a mirar a sus ojos, parecía estar bien. Excepto por la típica cara de estúpido.
Tonta sonrisa que quisiera golpear y quizás que otra cosa hacer con ella.
Hmph.
Terminamos caminando de la mano -O bueno, en algún momento de la caminata me solté, pero apenado volví a entrecruzar mi meñique junto al suyo- detrás de las chicas que venían con entusiasmo viendo todo lo que había en cada puesto de camino al templo, parando de vez en cuando para comprar algo de comer (Realmente unas chicas especiales, comían de todo) y hacer algunas actividades.
Paramos en un puesto de pesca y Luca no tuvo mejor idea que intentar lucirse. Levanté una ceja con incredulidad.
- Ya verán, esto será pan comido. -
Los primeros tres intentos fallaron, pero de igual forma como premio de consolación, le regalaron un pececito.
- Que pan comido....-
Me dio un tenue empujón y comenzamos a reír. Luca no estaba tan entusiasmado por cuidar de un pez así que se lo obsequió a Emma, quién se separó de nosotros junto a la mano de Emily para poder ir a comprar una pecera.
Me quedé mirando a Luca mientras nos mantuvimos solos. Él me miró de vuelta, sonriendo como bobo.
- ¿Qué te parece si vamos por unos premios? - Dijo Luca.
- Será todo un placer verte fallar otra vez, Balsa.- Mencioné sonriendo, algo de malicia en mi mirar, pero todo con cierto grado de broma. Por supuesto, quería ver al chico cumplir sus metas en la vida, solo que era divertido verle fallar en esa clase de juegos no letales como apuntarle a una botella o a un globo.
Finalmente, luego de cinco puestos más, Luca logró obtener un premio, saltando de la emoción por su suerte.
Negué con la cabeza, divertido. Luca era todo un personaje.
- Ten, es para ti.~ ¿No te recuerda a alguien? -
Luca prosiguió a dejar en mis manos un peluche de tamaño mediano que consistía en un oso Panda, un animal bastante popular de Asia. Observé las manchas que éste tenía en sus ojos, para volver a observar a Luca con el ceño fruncido. Eso había sido tan vergonzoso...Pero el solo se limitó a reír.
Nos mantuvimos así por un rato, disfrutando de la compañía del otro hasta que las chicas regresaron para caminar a nuestro lado.
A simple vista, pareciera que se trataba de una cita doble, no obstante, no era el tipo de cita que la gente podría imaginar que era, al contrario, si vieran nuestras manos, las mías entrelazadas con las de Balsa, les sorprendería mucho.
Finalmente, luego de estar de puesto en puesto disfrutando de la cultura y los manjares de la zona, llegamos al tan esperado templo. Era más grande de lo que me imaginaba que fuera, dejándome boquiabierto. Dibujarlo estaría excelente.
Hicimos la fila para poder ir a rezar y hacer nuestras peticiones para el año, y mientras íbamos subiendo los últimos escalones, Luca le dio un suave apretón a mi mano, tomándola por completo antes de nuestro turno.
- Más vale que pidas seguir teniéndome a tu lado Edgar~ -
Me sonrojé, y miré hacia otro lado.
Hubiera sido muy vergonzoso que aquél chico mirara la sonrisa que me provocó.
- Tonto, los deseos no se dicen en voz alta.-
Entre los cuatro tiramos un par de monedas y nos pusimos a pedir nuestros deseos.
¿Qué pedí? Bueno, lo dejaré como un secreto incluso para mí.
Junto al templo, pudimos ver a la señorita Michiko encargándose de entregar unos papeles que, según su tradición, te explicaban como iría tu suerte durante el año.
Nos acercamos hasta ella para volver a saludarla y hacernos participe de esa tradición. Incluso Joseph, quién también se encontraba en el festival para sacar fotos, se nos acercó para pedir por su suerte.
Tuvimos bastante suerte, por lo que todos sonreímos con tranquilidad al ver que los papeles eran bastante positivos. Definitivamente sería un buen año, y no necesariamente por los papeles.
Luca parecía estar realmente feliz.
Me acerqué a él para poder decirle algo importante que llevaba hace un tiempo queriéndole decir, sentía que las condiciones eran perfectas.
Pero en cuanto abrí mis labios, sentí un estruendo. Y el cielo se llenó de colores.
Miraba con atención y entusiasmos todas esas luces en el cielo, y aunque el ruido no me gustaba del todo, era algo realmente bello de ver, como flores en el cielo.
No solía haber fuegos artificiales en donde vivíamos, por lo que fue algo para recordar. Y creo, jamás olvidaré este día tan especial, junto a lindas personas a mi lado.
Para finalizar la jornada, Joseph nos dijo que fotografiaría el momento, y así fue. Entre todos nos posamos para poder hacer de ese recuerdo algo físico, teniendo cada uno una copia de la foto, mientras que la original descansaría en el salón principal de la mansión.
Antes de abandonar el festival, observé por última vez aquél bello paisaje que nos había dado tan buenos momentos. Me dispuse a descansar un poco los ojos para cuando sentí la presencia de alguien desde atrás.
Era Luca, que se había devuelto para buscarme. Le sonreí, esperando saber que pasaba.
- ¿Qué sucede? -
El mencionado me sonrió de vuelta, ofreciéndome esta vez, aparte de su mano, una cajita. Le miré con sorpresa, sin saber como reaccionar.
- Feliz año nuevo, Edgar. -
Recibí la cajita con el corazón en la mano. Miré una última vez a Luca y, ante su movimiento afirmativo con la cabeza, abrí la caja.
Dentro, se encontraba una pequeña piedra de tonalidades verdosas. Pude distinguir, pese a la oscuridad de la noche, que se trataba de Jade. Le miré de vuelta con una ceja levantada, sonriendo ante el regalo, por supuesto, pero sin comprender por qué esta piedra.
- Es un lindo obsequio, Luca, muchas gracias. Pero me gustaría saber el motivo, debes decírmelo con palabras. -
El muchacho desvió su mirar del mío, rascando su cuello un poco nervioso. Sus mejillas se volvieron, pese a la oscuridad, un poco iluminadas por la sangre bombeando y sus pupilas, posadas en las mías luego de aquel gesto.
- Ya sabes la respuesta, ¿No? -
Asentí con la cabeza, mirándole con cariño.
Luca era todo un caso, sin embargo, así lo quería. Y así se mantendría.
- Volvamos a casa, Luca. -
