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Basorexia.
Del latín bāsium ( « beso » ) + ὄρεξις ( órexis , « apetito » )
La basorexia se define como una necesidad compulsiva de besar o ser besado.
—Mmm...— Oikawa hizo zumbidos mientras sentado observaba la práctica de su equipo. Practicaban saques y los de primer año iban más que bien a su no-tan-humilde opinión.
El se encontraba en la banca ya que el día anterior el entrenador Mizoguchi lo había castigado por una situación que le cobró la actividad en el club el dia de hoy. Básicamente tenía que estar presente toda la práctica pero sin poder practicar en si.
—¿Qué pasa? ¿No deberías estar feliz de tener un día de descanso?— llegó a molestarlo Matsukawa.
—Seguro está recibiendo malas influencias de Kunimi— su compañero vino acompañado de Hanamaki. El dúo dinámico se tomó un pequeño receso para tomar agua y claro, ir a hablar con Oikawa.
—Mattsun ¿¡no entiendes el dolor que tengo!? ¡Estoy encadenado a esta silla!— Oikawa respondió exaltado. Antes había intentado escabullirse con la excusa de ir al baño pero recibió un regaño. Y no hacía mucho fue a recoger una pelota que terminó cayendo cerca de él; le gritaron a consecuencia.
—¿Qué fue lo que hiciste ayer?— Matsukawa preguntó con curiosidad y comenzó a secarse el sudor con una toalla.—No creo que haya sido poca cosa considerando que hoy el entrenador vino a dar la practica entera para vigilarte
—Nada nada, solo me quede mas tiempo para practicar—Oikawa dijo cruzándose de brazos.— Agh, deje mi teléfono en mi casillero, aunque...— su expresión cambió de molestia a una más relajada.— No está mal verlos desde esta perspectiva.
—Que me mires tanto me va a dar vergüenza, capitán— Hanamaki agregó con un tono más agudo de voz, tapándose la cara con su termo de agua.
—Ja, pequeña no digas eso— Oikawa lo miró con brillos en sus ojos dirigiendo una sonrisa serena y mirada con los párpados bajos a su persona. Rosas y burbujas de manga shojo los rodearon unos segundos.
—¿De qué hablan?— Iwaizumi llegó a la pequeña reunión y luego vio a Oikawa. Rápidamente volteo a ver hacia otro lado; aun así manteniendo la conversación.—Lo que sea que haya dicho Oikawa, tiene toda la culpa
—OYE, A QUÉ TE REFIERES— El pelimarrión dijo extendiendo su pierna para intentar patearlo aunque falló en el cometido.
—Que está justificado el regaño por lo que sea que hayas hecho— Iwaizumi admite estar de acuerdo con el entrenador y evita otra patada de Oikawa moviendose rapido hacia atrás.— Igual esto es bueno para ti, necesitas mantener un balance-
—Lo que necesito es mover las piernas— Oikawa interrumpió con una sonrisa formándose en su rostro al mismo tiempo que una vena representando molestia.
El tema de conversación cambió una vez se acercaron Yahaba y Kunimi a preguntarle algo a sus superiores. Oikawa se mantuvo callado sorpresivamente, escuchando como Iwaizumi les aconsejaba mientras Hanamaki y Matsukawa se involucraban para agregar su propia opinión. Fue algo reconfortante poder hablar con sus compañeros pero el sonido del silbato alertó a todos y estos se fueron a dejar sus termos y toallas en sus lugares para continuar el entrenamiento, dejando a Oikawa de nuevo solo en la banca.
Ver y analizar a los demás fue un tiempo que Oikawa no iba a considerar del todo perdido, pues aquella información le serviría para mejorar el mismo al adaptarse mejor a la manera de jugar distintiva de cada uno. Aparte, lo distraía completamente de pensar en la razón principal por la que fue castigado.
Mientras, en el pasillo de arriba que conectaba con el gimnasio y tenía vista plena de las canchas, se encontraban varias colegialas cotilleando.
—Oikawa no nos ha notado...— La primera chica dijo, con su mentón apoyado en sus brazos los cuales se encontraban posados en la barandilla. Ella y varias de sus amigas habían estado presentes toda la práctica esperando a que su caballero les enviara un saludo o siquiera una mirada.
—Parece estar super concentrado en los demás hoy, quisiera ser el objetivo de su concentración— admite otra, sonrojada, sin despegar sus ojos del capitán.
—Pilla como analiza a los demás ¡Que guapo se ve cuando está serio!— Una tercera habló mientras daba pequeños aplausos emocionada.
Las tres muchachas habían estado hablando desde hacía varios minutos, mas apenas se termino el receso alzaron mucho la voz, haciendo que casi todos los de la práctica pudieran escuchar sus comentarios sobre el capitán.
Iwaizumi se comió con la mirada a Oikawa. El último sintió un aura pesada, filosa y negativa viniendo de su amigo de la infancia. Oikawa si entendía de dónde provenía su mirada asesina más se hacía el pendejo evitando verlo.
. . .
Ya se había terminado la práctica. Con todos camino a casa, incluido el entrenador, Iwaizumi había tardado más de la cuenta debido a problemas con encontrar en donde Hanamaki había escondido su corbata del uniforme. No fue divertido durar media hora en los vestidores revolviendo todo para que estuviera en lo profundo de la balonera.
El silencio invadía los vestidores. Los zapatos del pelimarrón oscuro rechinaban con estruendo, siendo el único sonido rebotando por todo el pasillo. Vio su teléfono y tenía un mensaje de Oikawa… que se había marchado sin él a casa.
—Este idiota en vez de ayudarme a buscar, tch.
Iwaizumi apagó las luces y quiso emprender rumbo a su casa. Cuando de repente, se escuchó algo más proviniendo del gimnasio. ¿Alguien se había quedado tan tarde? ¿O era un ladrón? ¿¡Un ladrón!?
No, estaba sacando conclusiones demasiado rápido. Camino lento hacia la entrada del gimnasio. Apenas se acercó lo suficiente notó una luz prendida saliendo por debajo de las puertas. Definitivamente había alguien ahí.
Procurando no hacer tanto ruido, pudo asomarse a la puerta. Acercó la cara al espacio libre de la entrada y movió una de las puertas lo suficiente para ver de manera decente que sucedía.
—Haah... Uugh.. Mmmm...
"¿Qué?"
Del verbo infinitivo quedar.
Fue lo único que pensó Hajime durante segundos.
Iwaizumi dejó de mirar, volteando a ver los pasillos oscuros en busca de una respuesta, desesperado por tener la mente en blanco de la nada. Se devolvió a su posición original y no. No estaba soñando.
—Aah...! Yoi-chan... Mmm...
"QUÉ MIERDA" pensó con más fuerza Hajime. Mentón abajo, algo asqueado y confundido. No porque era homofóbico, si no porque no esperaba terminar su jornada escuchando como gemía su mejor amigo de toda la vida.
Oikawa estaba con quien reconoció como Isagi Yoichi en una situación comprometedora.
Iwaizumi conocía al futbolista. Estatura promedio, cabello azul oscuro tirando a negro. Ojos azules. Oikawa lo había mencionado seguido y cuando preguntó sobre él, le mostró distintas fotos. Estaba clarísimo que se traían algo pero Iwaizumi no lograba encajar las piezas del rompecabezas.
Bueno, hasta ahora.
Oikawa se encontraba apoyado de espaldas contra la pared, sus manos apretando con fuerza toda la espalda de Isagi. El otro, por su parte, era toda la razón de sus gemidos.
El de pelo color azul tenía una de sus manos agarrando la cintura del pelimarrón; la otra intentando meterse en la camiseta del más alto.
Isagi extendió su pierna derecha por todo el centro de las piernas de Oikawa acercando su cuerpo al otro. Oikawa comenzó a moverse de adentro hacia afuera lentamente, rozando su entrepierna con la pierna del futbolista.
El jugador de voley estaba hecho un desastre. Se notaba su desesperación por tener más cercanía al mover de arriba a abajo sus manos con tal de sentir a Isagi. Su cuerpo temblaba lo suficiente como para que el contrario lo notara.
Los labios de ambos se juntaban unos segundos y se movían demasiado, volviendo a pegarse y despegarse de manera discontinua. Había un pequeño rastro de saliva cada vez que se separaban después de intentar profundizar los besos.
Se encontraban ambos en la búsqueda de una epifanía.
Sobre todo Tooru, quien ansiaba con impaciencia ser devorado por Isagi.
Dejaron de besarse un rato solo para recuperar aire y acostumbrarse a la emoción del momento. Isagi, transpirando, con su mano derecha tomó del mentón a Oikawa y lo inclinó lo suficiente para acercar su cuello donde depositó múltiples besos suaves.
Oikawa apoyó su mentón en el hombro de Isagi, gimiendo de manera desvergonzada en respuesta al placer que recibía. A pesar de tener una temperatura corporal alta por la excitación, los labios de Isagi recorriendo su cuello se sentían algo fríos, erizando su piel de manera inmediata.
—Aah.. Huff... Yoi- UHm... Yoi-chan~... No te detengas
—Tooru...— Isagi se separó y se ubicó frente a frente de él. Ambos respiraban agitados, sudor pasaba por sus mejillas coloradas. Sentían la respiración caliente del otro en la cara.— ¿Por qué me llamaste hoy... mmh... hoy también?
—¿Porque... quiero ver a mi novio~?
—Ayer nos descubrieron— Isagi expresa preocupado.—¿Por qué no vamos a un almacén? siento que aquí es demasiado... ampli-
Oikawa no dejó terminar a Isagi. Entrelazó sus brazos en el cuello de Isagi y atrajo su cabeza hacia la suya, empezando una nueva ronda de besos.
Oikawa aprovecho ser el que llevaba ahora el timón, intentando chupar el labio inferior de Isagi. Luego lo mordió con suavidad y volvió a seguir besando.
Isagi podía saborear parte del sudor de ambos que pasaba por el puente de la nariz hasta sus labios. A pesar de eso, seguía besando.
Los besos no eran consistentes carajo, más si aumentaban en humedad.
Oikawa estaba completamente ido. Isagi en sí era como una droga potente de la cual tenía riesgo de depender. Tal vez estaba completamente enamorado, pero desde que compartieron su primer beso, se hizo adicto a ellos.
Desde ese momento habían muchas veces que se distraía por la urgencia desmedida de volver a besar a Isagi. Con solo pensar en sus labios, podía sonrojarse de manera leve. Llegó al punto de que las llamadas no eran suficientes, lo necesitaba ahí con él. Todo era su culpa a ojos de Oikawa. Era su culpa de aquellos pensamientos impulsivos, y como culpable, debía hacer algo en compensación.
Iwaizumi ya se encontraba camino a casa con la intención de borrar de su mente todo lo que alcanzó a registrar de esa experiencia.
Oikawa e Isagi siguieron hasta que un guardia de seguridad los encontró en plena acción. Era fácil dar una falsa explicación como que se les había pasado la hora, incluso el que estuvieran abrazados se podía desviar como una pequeña muestra de afecto. Lo imposible fue buscar una excusa para las manos de Oikawa dentro del pantalón de Isagi.
Eso sí iba directo a un regaño disciplinario.
