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Dane estaba tarareando, de hecho, ni siquiera era una canción real, simplemente se sentía bien para hacerlo. Entre sus dedos se entrelazaba el cabello rubio de su novio, tan sedoso y largo. Desde que le había dicho que no se lo cortara más Grayson no tuvo el mayor reparo en dejar de recortarlo cada mes. Un año hacía de aquello.
El día estaba nublado, algunos rayos de sol se filtraban por las nubes y el cielo lúgubre que auguraba lluvia tomaba un color gris momentáneo. Estaban en el balcón de la habitación de Grayson, tumbados en el piso, Grayson acostado sobre las piernas de Dane cómodamente, con los ojos cerrados, casi podía suponer que estaba a punto de quedarse profundamente dormido.
- Podría hacer esto toda la vida -dijo Dane en voz baja.
- Yo también -murmuró Grayson abriendo los ojos.
Dane sonrió leventemente, sin dejar de ver al cielo. Era cierto, podría hacer aquello toda la vida, parecía que había nacido para estar en compañía de Grayson Miller y, aquella realización, le seguía asustando tanto como el primer día.
- ¿La vida no es solamente nosotros estando en los veinte, cierto? -preguntó Grayson con cautela.
Dane no respondió, solamente soltó una carcajada que podría confundirse con un bufido. Definitivamente nada le había salido como quería en sus cortos veinte años de vida. Para empezar, su madre lo había abandonado cuando era pequeño, luego lo había adoptado una pareja de japoneses que estaba de paso por California, pero se habían enamorado tanto de Santa Mónica que decidieron vivir ahí por un periodo muy, muy largo de tiempo.
Su madre siempre bromeaba con que Dane ya dominaría el japones si hubieran seguido los planes originales y hubiesen regresado a Japón instantáneamente. En cambio, su japones seguía siendo bastante regular a pesar de hablarlo en casa con dificultad todos los días durante los últimos catorce años.
Grayson se removió ansioso en sus piernas al no encontrar respuesta, Dane apretó más el cabello entre sus dedos, la cercanía de la fecha tan esperada por su familia lo ponía casi triste.
- Calma, bonito -murmuró Dane dejando que sus manos vagaran por toda la cara de su novio-. La vida es muy larga.
- Dane… -habló Grayson tomándolo por las manos-. Yo podría…
No lo dejó terminar de hablar, sabría que iba a decir lo mismo de siempre, pero era absurdo. Así que Dane se agachó buscando sus labios, apretando los suyos contra los de Grayson, suspirando ante cada roce suave. Grayson apretó sus manos entre las suyas, era increíblemente cálido.
***
- ¿Cuándo te volviste tan blando? -quiso saber Joshua, su mejor amigo desde que estaban en jardín de infantes-. Conocer a Grayson debió de freírte el cerebro.
- Cállate -respondió Dane dándole una calada más a su cigarro-. Tú también te volviste blando desde que conociste a Chase.
Josh no pudo objetar aquello, después de todo, gracias a que conoció a Grayson, su amigo pudo conocer al hermano, Chase Miller. Ellos se volvieron novios incluso antes que Dane con Grayson. Fue un flechazo a primera vista, de esas cosas ridículas que parecían pasar una vez cada millón de ocasiones.
Aunque una cosa era cierta, Dane jamás se imaginó estar en una relación tanto tiempo, ni siquiera se imaginaba teniendo pareja, hasta que conoció a Grayson en preparatoria, habían experimentado de todo antes de darse cuenta de que estaba enamorado.
Tres años después el simple recuerdo de su primera vez lo hacía entrar en calor, recordaba lo bien que se había sentido que Grayson lo hiciera suyo y que su corazón latiera tan rápido que pudo explotar en cualquier instante. Aquel fuego seguía presente entre ellos, era algo que jamás podría apagarse, en ninguna circunstancia, incluso la distancia.
Ni siquiera la distancia.
Pensó en silencio terminando su cigarro y tirando la colilla, eso creía… pero pensar de manera tan cursi incluso le parecía... triste.
***
Dane soltó una carcajada, se revolcó en la cama mientras trataba de mantener la mirada en Grayson, pero sus ojos se comenzaban a nublar por las lágrimas de tanto reír. Hacía mucho que no reía de tal manera, todo era gracias a la bella pasarela que su bonito le estaba presentando.
Grayson por su parte seguía cubriéndose con las manos entre las piernas. El traje de perrito resultaba ser más revelador de lo que Dane había planeado.
“Mierda.”
Pensó Dane, podría ponerse duro en cualquier momento. Grayson estaba sonrojado, tan cohibido de escucharlo reír tanto, pero sus orejas respingaron cuando sintió la mirada de Dane fija sobre su cuerpo.
“También le excita todo esto.”
Dane contuvo alguno que otro comentario grosero o burlón. Grayson era tan obediente que no le podía decir que no a nada.
- Ahora date la vuelta, cachorro.
- Pero Dane... -Grayson iba a negarse, hasta que Dane se volvió a enderezar en la cama, con la expresión seria.
Automáticamente cerró la boca y se dio la vuelta. Dane contuvo un jadeo ante aquella vista. La cola salía por el hoyo de la tanga, Grayson se la había puesto. Dane de pronto se sentía decepcionado, se había perdido al gran Grayson Miller metiéndose un maldito plug en el trasero.
- ¿Sabes, bonito? -Comenzó a hablar Dane poniéndose de pie y caminando hacia Grayson-. A veces quisiera que te revelaras un poco, que me cuestiones.
- Dane... -murmuró Grayson al sentir sus manos sobre sus nalgas-. Entonces merecería un castigo, ¿cierto?
Claro, Dane había domesticado tanto a ese cachorro, jamás se atrevería a rebelarse. No dijo nada ante la respuesta obvia de Grayson, simplemente hizo que se diera la vuelta y lo jaló por la nuca para besarlo.
Sus labios pronto se humedecieron por la saliva, el beso se volvió salvaje, intenso. Dane mordía los labios de Grayson y recibía lo mismo de regreso. Grayson había sido su primera vez en muchas cosas, en el periodo que llevaban juntos, que ahora parecía corto, Dane había probado muchas cosas en la intimidad y los juegos de rol le gustaban bastante. Grayson nunca se había declarado tan fan, pero por Dane hacía cualquier cosa.
Grayson lo sostuvo entre sus brazos y Dane, tuvo que aceptar, que en ningún otro abrazo volvería a sentir la calidez que conseguía de Grayson. Dejó que lo guiara a la cama, ambos cayeron entrelazándose en un abrazo más profundo, parecía que Grayson no quería dejarlo ir jamás.
El hecho de que Grayson nunca lo dejaría si no se lo pidiera Dane primero era casi... triste.
***
Dane comía el brunch con sus padres, su hermana a un lado embobada con el celular, mensajeándose con quién sabrá Dios. Ella parecía tan tranquila con el tiempo que se acercaba, a pesar de ser una persona tan sociable. Lila era menor, nació justo después de que adoptaran a Dane cuando tenía seis. Al parecer su hermana tenía más vida social a los catorce años que él a los veinte.
- Esta niña está loca por el aparato -soltó Dane metiéndose un pedazo de pollo a la boca, su comentario avivaría la llama de una llamada de atención.
- Es cierto Lila –dijo su madre levantando la vista hasta su querida hija-. No es normal que a tu edad le sonrías al celular.
- Son solo tiktoks -replicó Lila mandándole una mirada asesina Dane en el proceso, él solamente se alzó de hombros y le sonrió burlón.
¿Para qué eran los hermanos menores sino para molestarlos?
- No teclearías tanto si sólo fueran tiktoks –dijo su padre-. Deja eso y termina de comer, los domingos son familiares.
Lila pateó a Dane por debajo de la mesa, pero dejó su celular a un lado sin decir nada, el brunch terminó sin ningún otro incidente.
Dane salió al jardín y su hermana fue tras él, Dane salió corriendo para que no lo alcanzara, su madre gritó que no corrieran en japones y ambos respondieron que entendían, aunque sin hacer caso corrieron hasta tropezar, cayeron al piso y Lila intentó golpearlo, Dane reía mientras la sostenía de las manos. Su hermana era adorable cuando hacía berrinches.
Dane sabía que esa era la vida que debía de estar viviendo, ninguna otra. No merecía menos de lo que tenía y le había costado años llegar a esa conclusión. En parte ese entendimiento se lo debía a Grayson, que le decía que lo amaba sin importar nada.
Se quedaron tirados viendo el cielo nublado de verano. Su mente vagó a Grayson otra vez, pensó en lo fugaces que parecían los recuerdos que tenía con él. Todos ellos eran parte de Dane, las peleas y las reconciliaciones, los abrazos y los besos, todas las veces que Grayson se acostó sobre sus piernas y Dane acarició su cabello por lo que parecía una eternidad.
Todo ahora parecía tan fugaz, que era casi triste. No alcanzaba a ser triste porque, definitivamente, eran recuerdos reales, no eran ningún espejismo de su mente y aquello le aliviaba. Se permitió amar y ser amado, no había arrepentimiento en ello.
¿Grayson volvería a amar a alguien después de Dane?
Ese pensamiento no lo dejaba en paz últimamente, la idea de Grayson mostrando interés y todas esas facetas que a Dane le encantaban a alguien más. Grayson era una persona noble a pesar de lo que otros podrían pensar sobre él. Claro que no era perfecto y no todos comprendían su manera de pensar a veces, pero Grayson era perfecto para Dane.
¿Habrá en el mundo alguien perfecto para Grayson?
Dane llegó a la conclusión de que sí y, aquella otra realización, fue casi triste también. Pero no tanto como la idea de imaginar a Grayson solo, incomprendido y carente de amor, aquello sí que era triste, porque Grayson era alguien muy romántico, lleno de amor para la persona que amaba.
Dane quería ser esa persona, toda la vida...
***
- No entiendo –dijo Grayson viendo la fachada del local a donde Dane lo había llevado, se veía claramente confundido, Dane simplemente esbozó una sonrisa cálida por ver esa faceta suya.
- Vamos a tomarnos fotos -respondió Dane, como si no fuera obvio que estaban enfrente de un estudio fotográfico, las orejas de Grayson se movieron alegremente por la simple idea-. Debemos tener recuerdos, ¿no?
- No me gustan los recuerdos que no se pueden repetir.
- Lo sé.
Dane pensaba igual, por eso se dedicó mucho tiempo en hacer recuerdos que pudiera simplemente recordar a base de la memoria, como debía ser. Le parecía absurdo las personas que guardaban cosas tan significativas en fotos y sólo las recordaban cuando las veían. Si tenías que ver fotos para recordar ciertas cosas, ¿eran de verdad recuerdos valiosos?
Las fotografías perdían significado rápidamente, Dane sentía la necesidad de crear algo físico que le recordara cómo eran cuando estuvieron juntos; las suaves y hermosas facciones de Grayson en sus veinte años, lo largo y rubio que era su cabello, lo bien que se veía en traje.
Por eso estaban ahí, con el traje que usaron en su graduación hace un par de meses, ambos llamaban demasiado la atención. Grayson comenzaría la universidad pronto, por su parte Dane, realmente no sabía qué estaría haciendo cuando Grayson ingresara al campus e incluso se hiciera parte de alguna fraternidad.
Suspiró tomando a Grayson por la mano, entrelazando los dedos con los suyos, tratando de guardar en su memoria la sensación de la calidez en la unión.
- Vamos, bonito –dijo Dane jalando a Grayson dentro del local.
***
- ¿Cómo puedes ser tan guapo? -se quejó Dane en cuanto abrió la primera fotografía en su celular.
El fotógrafo le había mandado copias digitales al correo, mientras que Grayson estaba sentado en el escritorio viendo las reveladas. El sobre era más grueso de lo esperado, el fotógrafo había tomado demasiadas.
- Parezco un mapache a comparación tuya –Dane soltó una risa divertida.
- ¿Cómo puedes decir eso? -Grayson se volteó en su silla giratoria con expresión seria-. Eres la persona más hermosa que he conocido, Dane.
- Lo sé -murmuró como respuesta Dane, avergonzado, pero no tenía caso negarlo, Grayson siempre encontraba la manera de ganar esas discusiones.
- Dane... -lo llamó Grayson con la voz en un tono que no supo catalogar.
- Ven aquí, bonito.
Grayson se levantó de la silla para caminar obediente como un cachorrito hacia Dane. Se acostó junto a él en la cama, Dane dejó que lo abrazara y que sus manos recorrieran su abdomen hasta llegar a su pecho. Grayson se detuvo especialmente ahí.
- Se está poniendo flácido –se quejó Grayson.
Dane soltó una carcajada, era obvio que estaba perdiendo un poco de masa muscular, había jugado en el equipo de voleibol desde secundaria, su madre le insistió en que debía de hacer algo más que sólo quedarse en casa. Para la sorpresa de muchos, Dane resultó ser bueno en ello.
Pero solamente lo hizo por el valor de la extracurricular en su colegio. Nunca le interesó jugar profesionalmente, aunque había recibido propuestas de becas deportivas de unas tres universidades. Aun así, mientras se dedicaba a ello casi todas las tardes tuvo que ejercitarse y entrenar, Grayson amaba los resultados de todo aquel ejercicio, después de todo, era el único que disfrutaba tocando su cuerpo tan íntimamente.
Dane no tenía intención de regresar a hacer alguna actividad física y a Grayson le estaba costando aceptarlo, tanto que lo estaba obligando a ir al gimnasio con él por las mañanas mientras estaba de vacaciones.
- ¿Ya no me quieres más, entonces? -preguntó Dane en tono ofendido.
- Te amo -soltó sin reparos, como respuesta predeterminada-. Te amo, Dane.
- Yo también de amo, Grayson.
Las orejas de Grayson se movieron juguetonas, Dane las acarició, mientras Grayson sonreía ampliamente y se abrazaba más a él.
Dane sonrió aspirando el aroma de Grayson, cerrando los ojos y disfrutando de aquel otro recuerdo valioso.
¿Qué haría cuándo no pudiera abrazar a Grayson de aquella manera?
¿Cuándo no pueda escuchar más sus te amo susurrados al oído?
Aquel momento feliz y cálido se volvió casi triste al llegar esos pensamientos extraños.
***
Las vacaciones casi terminaban, el verano se estaba acabando para darle paso a un fresco otoño.
Se habían dedicado a visitar Santa Mónica las veces que quisieran, a comer en sus restaurantes favoritos y a tomar largos paseos en coche para ver amaneceres y atardeceres, según les apeteciera.
Por supuesto, también invirtieron bien el tiempo teniendo sexo, en los lugares que siempre habían querido y en otros que querían repetir hace mucho. Entre ellos el primer motel barato que pagaron.
Ahora que miraban el pacífico mar y el cielo se pintaba de rojo por el atardecer que terminó minutos antes, el recuerdo del sexo que habían tenido media hora antes le parecía fascinante.
- ¿Deberíamos regresar al motel? -preguntó Dane después de soltar el humo de su cigarro.
- ¿No fue suficiente? -quiso saber Grayson con una expresión alarmada en su rostro.
Dane soltó una carcajada, lo cierto era que nunca parecía tener suficiente de Grayson. Cuando terminaban se quedaba rememorando el sonrojo en las mejillas de Grayson, la manera en la que sus labios se abrían un poco durante su orgasmo y dejaba salir un gemido placentero. Cada vez que lo recordaba sentía que tenía el poder de hacerlo veinte veces más, aunque implicara morir en el proceso.
Le hizo una seña para que se acercara, con los labios bien cerca de la oreja de Grayson habló tranquilamente.
- Eres tan bonito que lo haría por siempre contigo si pudiera.
Grayson se enrojeció en ese momento, llevándose las manos a la boca. Era obvio que cubría aquella sonrisa que otros tanto le criticaban porque parecía algo macabra. Dane simplemente tomó las manos de Grayson y se acercó para besarlo en los labios superficialmente.
- Me gusta cuando sonríes, no tienes que ocultarlo.
Grayson asintió. Siguieron observando el mar hasta que todo se oscureció, Dane terminó su cigarro y, tomando de la mano a Grayson, se dirigieron al auto para volver a casa.
***
- ¿Qué es esto? -preguntó Dane aunque la respuesta era evidente.
Grayson le acababa de regalar un anillo, Dane supo que era caro solo con mirar la caja aterciopelada en la que venía. Conocía la marca por publicidad en redes sociales, parecía estar muy de moda.
- Para que te acuerdes de mí -respondió Grayson, ligeramente sonrojado.
- ¿Y el tuyo? -quiso saber Dane, siempre que le regalaba cosas caras sentía un poco de culpa-. Muéstramelo -sentenció, siendo más claro, no había manera en la que Grayson no hubiera aprovechado para hacer anillos de pareja.
Vio a su novio alzar la mano, en el dedo anular lucía uno muy similar, más masculino, el que había elegido para Dane era más delgado, pero no llegaba a ser tan llamativo como el de Grayson.
- No es igual, porque sé que no te gusta llamar la atención.
- Sí, lo sabes.
Ambos guardaron silencio, viendo la caja abierta con el anillo que resaltaba demasiado, a pesar de que había sido comprado para no hacerlo.
- Debiste haber esperado -murmuró Dane-. Debería de habértelo puesto yo.
Dane alargó la mano para alcanzar la de Grayson, tocando el anillo que ya llevaba puesto.
- Puedo ir a comprar otro y cuando esté listo tú puedes ponérmelo.
- No -respondió rápidamente Dane-. Está bien así, me gusta como se ve este.
- ¿Puedo ponerte el tuyo?
Dane asintió, las orejas de Grayson se agitaron con alegría. Tomó el anillo de la caja y con la otra mano sostuvo la de Dane, su tacto era tan delicado, como si ese momento fuera más especial que cualquier otro. Deslizó el anillo con cuidado, ambos conteniendo la respiración.
- Es hermoso –lo elogió Dane cuando lo tuvo puesto, alzando la mano a lo alto-. Gracias, Grayson.
- Te amo, Dane.
- Y yo te amo a ti, bonito.
Dane sonrió más tímidamente que de costumbre. Sus cuerpos se acercaron casi por inercia, sus labios se unieron en un beso inocente al principio.
Las vacaciones de verano estaban llegando a su final. En el pecho de Dane asediaban demasiadas emociones, quería detener el tiempo y por otra parte saltarse lo que vendría. Grayson le daba una profunda alegría, pero las despedidas se le daban fatales.
Conforme el tiempo pasaba la situación no era solo casi triste... pronto sería triste de más. Y no podía evitarlo.
***
El día que tuvieron que dejar Los Angeles fue uno nublado. El otoño a punto de entrar volvía las cosas un poco frías, el sol oculto entre las nubes todo lo pintaba de gris.
El aeropuerto era bullicioso como siempre, Dane detestaba los viajes largos, por eso solamente había ido a Japón tres veces en toda su vida, aquella sería la cuarta, pero no sería por vacaciones.
Sus padres no se habían cansado de Santa Mónica, pero por fin era el momento de que su padre volviera a la empresa familiar, ahora que el abuelo había muerto la primavera pasada. Era una lástima , le dijeron a Dane, tenían que dejarlo todo y volver a Japón a pesar de tener una vida hecha en la ciudad que los había visto crecer a su hermana y a él.
Ahora muy probablemente regresarían a Santa Mónica de vacaciones, Dane sentía migraña de pensar en las horas que tendría que pasar en el avión.
¿Por qué no se quedaba en Santa Mónica?
Era una pregunta que rondaba su cabeza desde que sus padres plantearon el hecho de que regresarían a Japón al terminar el verano. Dane no podía hacerles eso...
Su madre estaba emocionada por presentarles a toda la familia de nuevo, quería enseñarles sus lugares favoritos en Kamakura, donde había crecido hasta que se mudó a Tokio para la universidad. Su padre estaba ansioso de que Dane comenzara la universidad y que aprendiera el negocio familiar.
Trataban a Dane como su propio hijo... no, pensar así era una falta de respeto para ellos. Dane era hijo de esas maravillosas personas, desde que había sido adoptado se esforzaron por aprender a amarlo, haciéndolo pertenecer a la familia como si siempre hubiera estado ahí.
Dane no podía simplemente renunciar a su vida como su hijo. El apellido Striker había quedado en su niñez, ahora era Dane Takahashi, y lo había sido incluso desde antes de conocer a Grayson.
Sentado en el aeropuerto al lado de Lila se sintió a gusto con ese hecho. Iría a Japón y extrañaría a Grayson, pero aún podían hablar por mensajes y llamadas todo lo que quisieran, ¿cierto?
- Dane...
La suavidad y cariño con la que llamaron su nombre lo sacó de sus pensamientos. Grayson había llegado agitado, seguramente corrió hasta ahí, no habían entrado todavía a la sala de espera porque lo estaba esperando. Lila ya se había impacientado, sus padres se fueron por un café. El vuelo saldría en dos horas, pero con los aviones nunca se sabe.
- Por fin llegas, bonito –Dane sonrió y se levantó del asiento.
- Hola, Lila -saludó Grayson a la niña más por compromiso, su mirada estaba completamente en Dane, ella respondió el hola de vuelta.
- No debes correr en estos lugares llenos de gente.
- ¿Estás seguro? -preguntó Grayson tomándolo de las manos, sabía que ya no hablaban sobre correr en espacios públicos-. Puedes quedarte aquí, conmigo... podría hablar con mi padre y él arreglará todo para que entres a la universidad. La educación aquí es mejor, las personas vienen de Japón a estudiar aquí, no al revés.
Dane sonrió, pero fue una sonrisa llena de pura tristeza, su pecho estaba desolado. Desde que Grayson lo había mencionado a principio de año, había respetado la petición de Dane de no hablar sobre las opciones que le permitirían quedarse en Los Angeles.
- Estás siendo cruel, Grayson –Dane susurró, aquellas palabras lo lastimaban, porque lo hacían sentir que quería quedarse, con el corazón dividido no podía tomar una decisión, tenía que probar lo que sus padres le estaban ofreciendo, porque sabía muy bien lo que Grayson tenía para él-. No quiero sentir que te dejo abandonado, me duele.
- Lo siento, rompí mi promesa de no hablar sobre ello –se apresuró a disculparse Grayson-. Lo siento, Dane.
- Descuida -habló Dane, tratando se mantener a raya las ganas de llorar, sus ojos comenzaban a arder-. Por ahora... siento que mi lugar está al lado de mi familia.
- Lo sé -soltó con amargura Grayson-. Y eso también son palabras crueles.
- Estamos a mano entonces –Dane soltó una risita, que hizo que Grayson sonriera.
- Te enviaré fotos de mi habitación en el campus, tú has lo mismo cuando llegues a casa de tus padres. Puedes mandarme mensajes cuando pienses en mí, los leeré por la mañana si llegan muy de madrugada.
- Bien, lo haré.
Dane bajó la vista a las manos de Grayson, las tomó entre las suyas, los anillos brillaban.
- Dane...
- Si encuentras a alguien más que pueda amarte por quién eres y soporte todas tus locuras y, de pura casualidad, terminaras enamorado de esa persona... prométeme que me lo dirás.
- Yo te amo a ti.
- La distancia puede ser más cruel que las palabras, Grayson.
- Te amo, Dane.
- Lo sé -murmuró Dane-. Yo te amo también, Grayson.
- Y tú no tienes permitido enamorarte de nadie más o iré a Japón en ese mismo instante en el avión privado de mi papá.
Dane soltó una carcajada de puro alivio al escuchar esas palabras. No quería dudar de Grayson, pero sí creía que la distancia podía ser cruel, solitaria y casi triste. Sobre todo, cuando lo tienes tono con una persona y al otro momento tienes solamente la mitad. Le parecía fácil que esa mitad se convirtiera en nada.
- Oh, Grayson –la voz de su madre llegó por su espalda-. Muchacho, me siento tan triste de que tengan que separarse.
Dane se volteó pellizcando a Grayson antes de que les dijera que lo dejaran ahí con él. Grayson entendió la indirecta y simplemente sonrió cortésmente.
- Dane y yo mantendremos el contacto, sólo vamos a estar separados físicamente.
- Ustedes los jóvenes tienen mucha suerte de tener la mensajería instantánea.
- Lo mismo pienso, señor Takahashi –respondió Grayson apretando la mano de Dane entre la suya.
Siguieron intercambiando palabras, Dane no prestó atención a nada. Lo único que robaba su atención era intentar grabarse en la cabeza la sensación de la calidez de Grayson. Era la última vez que lo iba a tocar en mucho tiempo.
- Tenemos que irnos, Dane –los instó su madre-. Nos veremos el próximo verano, Grayson, siempre es un gusto verte.
Las palabras de su madre resonaron entre ambos, porque mientras Grayson se despedía de sus padres, apretaba con más fuerza la mano de Dane. Lila le hizo un ademán en despedida y le dijeron a Dane que se apresurara para documentar sus maletas. Dane vio a su familia alejarse.
- Supongo que las despedidas sí que apestan -concluyó Dane en voz alta.
- Te amo, Dane –fue la única respuesta de Grayson.
Cuando lo regresó a ver supo que se iría con el corazón roto, a pesar de que no sentía que estaba cometiendo una equivocación. Grayson estaba llorando, silenciosas lágrimas rodaban por sus mejillas. Fue entonces que Dane ya no pudo contener las suyas.
Se abrazaron entre las miradas curiosas de las personas, Grayson estaba tan cálido como siempre. Dane aspiró su aroma y esperaba que se impregnara en él por unos minutos más.
- Te amo, Grayson Miller.
Ambos sonrieron y juntaron sus labios en el último beso que compartirían, por lo menos ese año. Dane se separó de Grayson que no parecía tener intensión de alejarse. Con más fuerza de voluntad de la que imaginó ocupar, lo miró a los ojos sonriendo.
- Nos vemos, te aviso cuando llegue a Japón.
- Buen viaje, Dane.
Dane suspiró y dio la vuelta. Por temor a no poder abordar ese avión, no regresó la vista hacia atrás.
Su corazón se sentía casi triste, no, Dane se sentía triste, no había duda de ello.
