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Cola

Summary:

𝐌𝐲 𝐞𝐲𝐞𝐬 𝐚𝐫𝐞 𝐰𝐢𝐝𝐞 𝐥𝐢𝐤𝐞 𝐜𝐡𝐞𝐫𝐫𝐲 𝐩𝐢𝐞𝐬
𝐈 𝐠𝐨𝐭 𝐬𝐰𝐞𝐞𝐭 𝐭𝐚𝐬𝐭𝐞 𝐟𝐨𝐫 𝐦𝐞𝐧 𝐰𝐡𝐨 𝐚𝐫𝐞 𝐨𝐥𝐝𝐞𝐫
𝐈𝐭'𝐬 𝐚𝐥𝐰𝐚𝐲𝐬 𝐛𝐞𝐞𝐧 𝐬𝐨, 𝐢𝐭'𝐬 𝐧𝐨 𝐬𝐮𝐫𝐩𝐫𝐢𝐬𝐞 🍬✨

Senku había alcanzado límites que consideraba físicamente imposibles de experimentar.
Leyó,investigó y comprendió teóricamente los cambios hormonales que llegarían con la pubertad para evitar el tortuoso sufrimiento de la ignorancia, pero todo eso se fue a la mierda cuando su mente y cuerpo parecían existir solo para una persona: Ishigami Byakuya

Notes:

Byakuya era un profesor respetado y amado dentro del internado para jóvenes estudiantes universitarios, mientras que Senku era un alumno brillante que ingresó a pesar de su corta edad de 15 años.

Byakuya está casado con Lilian

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Senku había alcanzado límites que consideraba físicamente imposibles de experimentar.
Leyó,investigó y comprendió teóricamente los cambios hormonales que llegarían con la pubertad para evitar el tortuoso sufrimiento de la ignorancia, pero todo eso se fue a la mierda cuando su mente y cuerpo parecían existir solo para una persona: Ishigami Byakuya, el hombre que había creído en él cuando el resto lo trataba con desprecio, el único adulto que lo veía como un igual y a quien había acorralado contra la pared en el laboratorio de física después de su última clase.

—Senku, esto no es...— balbuceó el mayor evitando la intensa mirada de su alumno, el joven huérfano que había ingresado a aquel prestigioso internado por su excepcional talento y a quien había tratado como su propio hijo.

—La cámara cinco, siete y tres repiten el video de un pasillo y salón vacíos— explicó mientras deshacía el nudo de su corbata escarlata con dedos ágiles—. El intendente se encuentra en su descanso.

—¿Qué es lo que...— Las palabras quedaron suspendidas cuando el joven acarició su barbilla rasposa con la delicadeza de quien estudia un espécimen valioso, mientras su mano libre, aún apoyada contra la pared, temblaba traicionando su aparente seguridad.

—La profesora de química está con el profesor de matemáticas— murmuró acercándose hasta que sus alientos se entrelazaron. Byakuya tragó en seco al sentir aquellos labios tan cerca de los suyos, una invitación descarada a continuar con lo que ya habían empezado.

Un hijo, así era como lo veía, una mente brillante destinada a iluminar el camino de la humanidad, no a ser utilizada como herramienta ajena. Era el mantra que repetía cada día. Su deber era protegerlo, desviar sus impulsos juveniles. ¿Entonces por qué no lo apartaba? La rigurosa preparación astronáutica le había dado la fuerza para empujarlo sin esfuerzo. ¿Era fácil marcharse? Definitivamente, pero no lo que deseaba, y lo sabía.

Entre pensamientos no aceptados flotaba el hambre voraz nunca confesada: dedos que se demoraban innecesariamente al corregir ecuaciones, cumplidos que trascendían lo académico, miradas furtivas durante las prácticas, tutorías nocturnas, suspiros ahogados contra la almohada, celos disfrazados cuando otros docentes reclamaban la atención del prodigio. Cada acción, cuidadosamente justificada con interés pedagógico, era un escudo para negar sus más íntimos deseos.

El oxígeno pareció evaporarse cuando sintió una audaz caricia sobre su pantalón cerca de la entrepierna. El mundo giraba mientras luchaba por conservar los últimos vestigios de su compostura profesional.

—Y tu esposa Lilian... bueno, a ella no le importará— La sonrisa victoriosa de Senku, aquella que mostraba cuando se salía con la suya, fue el catalizador final. Byakuya cedió ante la evidencia: el alumno había superado al maestro en este juego de seducción.

Con un movimiento fluido, tomó su cintura y lo atrajo hacia sí, invirtiendo sus posiciones. Ahora era Senku quien sentía el frío abrazo de la pared mientras sus labios inexpertos y el temblor de su cuerpo contradecían la arrogancia previa. Su boca conservaba aún la dulzura infantil, casi podía jurar que aún sabía a leche. Era un niño envuelto en la piel de un estratega, y esa paradoja resultaba perturbadoramente irresistible.

Sus dedos se enredaron en aquella cabellera mientras exploraba la cintura bajo la bata, tan delgada y perfecta como había imaginado. Si aquello era un sueño, no quería despertar jamás. Era verdad que amaba ver su sonrisa confiada cuando resolvía ecuaciones imposibles, pero descubrió un placer superior en verlo desmoronarse bajo sus caricias.

Senku se separó abruptamente, sobrepasado por la falta de aire y el tsunami de sensaciones. Había eyaculado con solo un par de besos y el firme agarre de aquellas manos que tantas veces había observado manipular instrumentos con precisión. Se desplomó sobre el asiento del profesor como un títere con los hilos cortados, mientras Byakuya se arrodillaba frente a él con un pañuelo para limpiar sus labios entreabiertos, que aún luchaban por normalizar su respiración.

—Tu pasión se refleja en todo lo que haces, y es una de las cosas que los profesores más admiramos de ti— pronunció con voz serena mientras se incorporaba y bebía de una botella de agua cercana, ofreciéndole después el líquido—. Hay cosas que tu mente y corazón anhelan, pero para las cuales tu cuerpo aún no está listo. El tiempo es tu aliado, no tu enemigo.

Senku intentó articular una réplica, pero las palabras murieron en su garganta al ver que Byakuya se alejaba hacia la salida con las llaves en mano.

—No tardes en recuperarte, Chrome no puede mantener el video en repetición mucho tiempo antes de que alguien lo note— sentenció con una serenidad pasmosa que encendió en Senku una mezcla de ira y humillación. Allí estaba él, temblando e incapaz de levantarse, mientras su mentor se erguía impecable. Había perdido en un juego que él mismo había planeado, pero... ¿realmente fue él quien tuvo el control al principio?

Pese a su aparente calma, Byakuya corrió a su auto y lo estacionó lejos del instituto. Con dedos frenéticos buscó en su celular las fotografías del concurso de ciencias donde su pupilo había triunfado. Sin dilación comenzó a masturbarse recordando que él y solo él había logrado dejar a Senku temblando, que él y solo él era capaz de transformar su brillante cerebro en un caos de hormonas. El contraste entre la imagen mental y la fotografía precipitó su liberación con intensidad abrumadora. Cuando terminó, una risa histérica brotó de su garganta, mezcla de nerviosismo y absurda alegría. Estaba jodido y aun así no se arrepentía de nada.

—¿Por qué el hombre más atento del mundo decidió esperarme a dos cuadras del estudio? —inquirió Lilian mientras se acomodaba en el asiento y ajustaba el cinturón. Su olfato captó inmediatamente el aroma inequívoco y los vestigios mal disimulados mientras él mantenía la mirada perdida hacia el frente con una sonrisa que no había visto en años.

—¿Lista para irnos, cariño? —La actitud despreocupada y entusiasta del hombre le recordó la verdad fundamental: no importaban los desvíos mientras fuese ella quien llevase el anillo.

—Espera— susurró, entrelazando su mano con la de su esposo en una silenciosa reclamación de propiedad. Sus labios buscaron los de él en un beso lento y profundo, apreciando cada segundo de ese momento. Se separó y relamió sus labios como un gesto de confianza—. Ahora sí, completamente lista —afirmó sonriente aún después de reconocer aquel sabor ajeno que impregnaba la boca de su compañero.

Notes:

Cada uno de sus comentarios me animan a continuar escribiendo sobre ésta maravillosa shipp, espero que les haya gustado <3

Pd: A Lilian genuinamente no le importa lo que haga Byakuya no con quién se meta, mientras siga siendo suyo, lo demás sale sobrando.