Chapter Text
Ella está en último año de preparatoria.
Ni siquiera sabe cómo ha llegado tan lejos— con pies de plumas, tal vez.
Pero esa no era la metáfora adecuada, porque como si de un yunque invisible se tratase, sus piernas estaban más que apoyadas al suelo.
En cambio su mente... Ha.
Esa sí estaba hecha de pluma y escarcha. Agua y licor...
Pero incluso una mente así de perdida puede reaccionar, y...
perderse mucho más.
En algo completamente diferente.
Así es, este es uno de esos momentos de reacción - reposo, búsqueda - suspensión, ensoñación - realidad.
Sus ojos no podían creer lo que habían escuchado.
Ella parpadeaba aún nublada.
— ¿...me estás escuchando?— Una voz hizo eco en su cráneo, pero provenía más cerca de lo que pensaba. Los ojos de alguien más se entrecerraron; verdes. Mirándola.
— ¡Ah!— La realidad pareció sacudirla en su silla.— S-sí estoy escuchando, por supuesto. Sí.— Se sujetó ambas coletas como si fuesen las cuerdas que terminarían de bajarla de su nube.
— Lo repetiré una vez más...— La misma voz– ahora con forma de mujer–, suspiró.— por si "no escuchaste".— insinuó con tono crítico, y la jovencita se puso roja. Asintió levemente.
La mujer frente a ella era más que conocida.
Era la aliteración frecuente de un verso.
Era esa poesía hermosa pero destructiva.
Era fija, constante, y arrasadora: como el tiempo en el que debías entregar algo preciado para completar un sueño...
Un espíritu en pena, tal vez; si mirabas demasiado sus bonitos ojos felinos.
Era alguien que coleccionaba tijeras como si fuesen postales.
Yako Misaki.
Su tutora.
— Lo diré sin adornos.— Atrajo su atención nuevamente, cruzando sus manos enguantadas bajo su mentón.— Estás bajando notas en mi asignatura.— Pronunció lentamente, como una serpiente siseante, avisando su próximo movimiento con cautela.
La contraria hizo ademán de abrir la boca para debatir algo increíble. Pero la rubia continuó:
— Tres años siendo tu profesora; ...tres años leyendo tus "reseñas" de libros mierdas en exposiciones de dos horas..— Sonó dolida— ¡ Tres años participando en cada concurso estúpido que se te atraviesa aquí..! — Puso un dedo entre ceja y ceja; la niña la miró nerviosa. El toque en su frente era fuerte.
— Y jamás habías hecho esto— dió un manotazo sobre una hoja, atrayendo su atención.
La de ojos rubí llevó su mirada allí, dubitativa.
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¿Qué opina sobre la historia?
R:// Fue buena, ligera de leer.
Argumente detalladamente el personaje que más destacó, a su parecer.
R:// Ninguno.
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La hoja continuaba con extensas preguntas; que requerían respuestas igual de extensas. Pero estas, se volvieron cortas; igual de cortas en cada una. Sin alma.
Es cierto.
Ella había escrito eso.
Pero tenía una explicación.
— Estamos hablando de Shakespeare, ¿siquiera estás consciente, Nene?— Seguido a esto, el tic del ojo izquierdo hizo presencia en su rostro de porcelana: era pura irritación.
Su boca se mostraba en una fina línea bien pintada.
No hubo palabras por parte de Nene, quien solo asintió con la cabeza gacha.
— Hubo una reunión en el consejo de maestros... y quedamos en la misma conclusión.— Suavizó la mirada ante la contraria, que ya estaba acuosa.— Nos preocupas...— susurró. Y el corazón de Nene saltó un poco.— Suspendiste Cien-
— Sí, soy consciente...— Por fin hizo uso de su voz. Evitando escuchar ese conocido reproche. Suspendiste, suspendiste...
— Muy bien, entonces oponerse no es una opción.— Le extendió otro documento, con una pequeña sonrisa. Por alguna razón pensó que era de pura maldad.— Léelo con calma; y firma. — Le dedicó una larga mirada por encima de sus lentes pequeños. Nene frunció el ceño.— No es opcional. Es "por tu bien".— Rodó los ojos ante lo último. Otra risa extraña.
Osea que es .. ¿obligatorio?
— Gracias Señorita Yako...
Nene se levantó despacito, aún temerosa de hacer contacto visual directo. Se sacudió la falda y se reprendió internamente por haber escogido la más corta el día de hoy.
Llegando casi a la puerta, con la correa sudada de su bolso en un puño, la mujer volvió a hablar. A sus espaldas.
—Ah.. no te agregué uno de Literatura porque sé que dominas el contenido. Pero si gustas apoyo, vé con la profesora de práctica, en la biblioteca. Nanamine Sakura. Excelente ex-alumna mía.— Hubo un silencio, Nene se desesperó, aún sin voltear—. Eso es todo.
La peliplata asintió y se marchó de allí con el papel contra el pecho.
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El siguiente documento improvisado a última hora es una carta hacia:
Dr. Tsuchigomori Ryuujirou
Donde Yako Misaki, mayor representante del estudiante ___________________.
Pide una citación a su mejor alumno ___________________.
Como tutor de las siguientes materias:
Ciencias de la Tierra.*
Química-Física.
Matemáticas.
(Hay cambios de dichas asignaturas dependiendo del desempeño del estudiante u opinión personal del tutor.)
Relevante*
Nota del tutor principal:
Omori, soy Misaki, compañera suya de la enseñanza en Preparatoria, Nivel Superior, 3er año, grupo A-1.
La siguiente citación la hago con el poder y conciencia de un educador previendo un cambio positivo en el educando. Por motivos de leves observaciones metodológicas que estamos yo— y el consejo de maestros— aplicando sobre mi estudiante. Estudiante estrella (en apuros) Hemos decidido hacer solicitud de su mejor alumno. Sabemos su nombre; revisamos cada expediente de 3er y 2do año.
No te hagas el listo.
No es opcional.
Y no es favoritismo hacia el educando. "¡Es preocupación por cada uno de mis estudiantes"!
- Yako M.
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Una risa carrasposa rebotó contra las losas del laboratorio.
— Profe... ¿cree que esté bien así...?
— "No es favoritismo... es preocupación".— Citó su propia frase, que pronunció hace dos años; una mera excusa barata para justificar sus acciones desmedidas con un estudiante en específico. Frase que ahora, estaba impresa frente a él. Una sátira. Algo que llevaba nombre y apellido.
—Maldita zorra...
El joven frente a él, estaba concentradísimo, en ese punto en el que sacas la lengua levemente para agarrar mejor ambiente de concentración... Sí.
Bueno, eso se esfumó. En un instante alzó la cabeza casi de forma inhumana, y soltó lo que sostenía. Horrorizado por la palabrota de su mentor.
Se hizo añicos. El sonido pareció incrustarse bajo sus pieles.
El adulto se volteó escandalizado.
— ¡Mierda niño! ¿¡Ahora qué hiciste!?
—¡L-lo siento sensei...! ¡Es que-...!— Lloriqueaba nervioso frente a él, sin saber qué hacer. El tubo de ensayo estaba hecho trizas. Y el líquido, se había vuelto algo viscoso contra el suelo.
— De verdad lo lamen-...
— ¡No!— Una tercera voz gritó desde la puerta, lo suficientemente alto para alarmar al tembloroso estudiante.— No puedes tocarlo una vez se vuelve sólido — Explicó acercándose con pasos frenéticos, temiendo que fuese como un bebé, y tocase la mezcla, se la comiese, la tomara como una pelota y terminase lanzándola por la ventana....
Reacciona. Él no es Tsukasa. — Le regañó una voz incorpórea.
La mochila que llevaba era gigante, y el estudiante se preguntó cómo no tenía el hombro dislocado.
Ese chico es increíble...– Pensó.
— Es extremadamente tóxico.— Explicó ya junto a ellos. Tsuchigomori lo miró con una ceja alzada, y bufó dándole la razón.— Ni aunque lleves una armadura de Grafeno, Tungsteno, u lo que sea...— Le quitó importancia en un gesto suave— Te desharás igualmente, como un malvavisco al fuego.— Dijo con una mirada espeluznante, y los lentes cayéndole del puente de la nariz. Siniestro.
Era mentira obviamente.
— ¡Yugi-san!— Exclamó el joven, reconociéndolo con alivio.— ¡No fue mi intención lo juro...!— Le agarró ambas manos como pidiéndole que calmara al maestro que refunfuñaba al fondo.— ¿Qué debería hacer?!— Dijo intercalando la mirada entre el suelo, y el profesor.
— Tranquilo yo me encargo— apretó su mano para que se tranquilizase.
Y como si hubiera dicho: "Tranquilo, yo me encargo, vete corriendo como si pronto fueras a morir, sin mirar atrás, justo ahorita, y no digas palabras."
El joven se fue de dos saltos.
— ¿Qué pasó ahora Tsuchi?— Le dijo al adulto como si fuese un gato mimado, mientras recogía los guantes y demás utensilios que aquel niño había dejado por ahí.
— No me llames así... estamos en la escuela.— respondió cortante.
— ¿Entonces fuera de la escuela sí~?— dijo con una sonrisa pícara.
—¡Tampoco!— le gruñó.
— ¿Y bien..? "Tsuchigomori-sensei".— dijo tomando una respiración larga; exhausto. — Qué desperdicio de saliva en un nombre tan exageradamente largo...— Fingió estar sofocado.
— Qué desperdicio de persona.
— Há.— Se encogió de hombros sin gracia.
Tiró la mochila en una banca, luego abrió un grifo cualquiera de un lavamanos cualquiera, y comenzó a quitarse la mezcla.
Para despegarla del suelo había usado alcohol, pero algunos restos se habían quedado entre sus uñas.
Se secó las manos en el aire, sacudiéndose exageradamente. Para luego detenerse junto a él, hombro con hombro. Esperando que chillara. O algo.
Tsuchigomori en cambio lo miró de reojo, burlándose con los ojos chiquitos. Pareció vocalizar: "Tan grande como papá ~"
Él técnicamente no era su padre.
Técnicamente...
Todo recaía en la burla de su último año en la escuela media, que, sin querer había dicho "papá" en vez de "profe". No tenían nada que ver una palabra con otra, pero al parecer, Amane era un disléxico en toda la regla.
— Me voy— Dijo acomplejado, y algo más.
— No, tienes que ver esto.
—¿Hmm?
Leyó todo rápidamente.
Las gafas parecieron caérsele.
—¡¿Ayudar!? ¿¡A quién?!— la voz le salió chillona. La ansiedad y fantasma antisocial parecían chirriar junto a él.
—¿Tengo cara de saber?
—¡Sí!
— Sólo sé que es alumna estrella de la zorr- ehém, de Misaki.
— ¡Es lo mismo que dice aquí-! Espera.— Hizo una pausa procesando — ¿Y si es "estrella" por qué necesitaría tutorías?
— Las estrellas no brillan para siempre, tú más que nadie lo sabe— Le revolvió el cabello con molestia.
Cariño.
El joven lo miró indignado.
— No quiero...— hizo un puchero.
— Debes, ¿quién mejor que tú?— Lo miró esta vez sin dobles intenciones rayando la burla.— Además, te tienen fichado.. Piénsalo como una oportunidad para tu expediente, en cuanto ingreses a la universidad...— Le había pasado un brazo por encima del hombro y se había puesto a divagar. ¿Aparentemente emocionado..?
Amane lo miró mosqueado. Fuera de lugar.
—Ehem..
—...dirán oh, este flacucho sabe de todas las Ciencias: Química, Física, Matemáticas... ¿qué más? ¡Ah, robótica!...— La risa estaba en todas sus facciones, pero se mantenía serio.— Eres todo un nerd— se permitió carcajearse, con aliento a humo viejo.
— *Un nerd brillante.— Le corrigió el castaño inflando el pecho, ignorando las sacudidas de risa ahogada en su hombro.
— Amha... “mi mejor alumno”— Dijo secándose una lágrima falsa.
—Trato.— No leyó el sarcasmo en la oración, por lo tanto se sintió halagado. Qué fácil era.
Tsuchigomori sonrió victorioso.
—Qué fácil es comprarte-
—¿Me van a pagar ciert-?
Ambos se miraron.
— ¿Me van a pagar-?— Repitió mirándolo fijamente. Sus cejas se unieron inquisitivas.
— No lo sé.— se encogió de hombros, indiferente.
—Entonces no.— Se giró como quien da por terminada la conversación.
• • •
Había firmado... ya está.
Tendría un "tutor" a partir de ahora.
¿Por qué sentía que se estaba condenando de la peor manera?— tal vez lo hacía.
Los "tutores" mayormente, se pagaban. Esto no era un simple peer teaching, donde ambas partes acordaban intercambiar conocimientos; no, esto era insípidamente unilateral. Y eso la aterraba.
Los tutores llevaban paga.
Pero no había nada de dinero mencionado en este trato barato.
La preparatoria a veces era extraña.
¿Qué tal si todo giraba en su contra y su pobre tarjeta: anhelante de un nuevo perfume floral; se veía saboteada por sucias y numéricas clases de preparatoria?
Pero era demasiado tarde para desistir.
Ya estaba en la boca del lobo.
Nene se encontraba sentada en un salón vacío. Esperando reunirse con su nuevo guía del conocimiento no-adquirido por andar fluetando en las nusbes— Sí, no leíste mal, dice "fluetando" y "nusbes".
Los minutos pasaban como horas y nadie venía.
No había brisa colándose bajo las cortinas, ni timbre de las 4:30 arrullándole entre corcheas "es momento de ir a casa linda"..
Solo el sol naranjoso más allá de los cristales.
Miró su teléfono por décimo quinta vez.
Abrió el chat sin nombre.
¡Hola mucho gusto!🐣 Soy la alumna de 3ro A-1, ¡la profesora Misaki fue muy amable de ponernos en contacto! 🤗🌸💕✨
Dijo que hoy podíamos reunirnos, ¡pero me gustaría tener tu propia confirmación!👀 ¡Estaré en el club de poesía luego de clases! Salón 2-B💕🌸✨
12:04 a.m✓✓
Ok.
3:36 p.m✓✓
N: ¡Tardó tres horas en responder! ¡No habla!
A: ¡Usa demasiados emojis, y... habla mucho!
A & N: ¡Qué persona más extraña!
Habían sido los pensamientos de ambos....
Amane suspiró por nosecuanta vez en el día, desde que recibió la noticia se la pasaba sudando frío y sobrepensando mil escenarios.
Ya había abierto ese dichoso chat tres veces. TRES VECES. ¡JAMÁS LEÍA ALGO TRES VECES! ¡Él captaba todo a la primera, memorizaba en un instante!
¿Pero esto?
¡Esto era bizarro! ¡Era vómito de unicornio en una taza con estampado floreado!
Y aún así, no paraba de verlo.
Le revolvía la vista, le encandilaba los cristales de sus lentes.
Pero seguía leyendo aquello con desagrado, tratando de ponerle una voz menos gruesa que la suya mental.
Sin darse cuenta de la dirección de sus pasos.
Miró la hora:
4:45 p.m
Quince minutos tarde debería ser suficiente para espantar a alguien.
Le dió un escalofrío exagerado mientras divisaba el cartel "2-B".
Pero Yashiro Nene no era alguien.
Era algo.
Algo que él no estaba listo para soportar.
Como si de un escenario ensayado, y completamente dramático se tratase; abrió la puerta lentamente,— esperando encontrar todo desolado— y un rayo de luz le derritió los ojos.
Esa pareció ser la señal.
El viento hizo volar las cortinas blancas.
El aire cambió.
Y entre todo aquel espectáculo de luces estaba ella...
La brisa le mecía los cabellos, el sudor le recorría la sien levemente...
La falda se le subía..
Sus labios temblaban. Toda ella.
Toda ella temblaba. Jadeante.
— Eh.
Escupió inmóvil, en el marco de la puerta.
— ¡¡¡¡KYAAAAAAAAAAHHHH!!!!
Sonido de mesas y sillas cayéndose, y una voz ahogada contra el suelo.
Ella estaba parada de manos, literalmente.
Y al verlo perdió el equilibrio.
Amane por fin salió de su burbuja y corrió a ayudarla.
—¿¡Estás bien?!— Preguntó ya sobre ella, como una sombra maldita. El sol no parecía besarlo con la misma gracia que con ella.
—Ow..owww— Nene se sobaba el trasero, pero en realidad, el chichón de su frente buscaba más atención.— ¿¡Qué manera de entrar es esa!?— Lloró sin mirarlo— ¡Me asusté!
Pero si ni quiera hice ruido.— Se dijo internamente.
—¡Yo me asusté! ¡Estabas... estabas literalmente de cabeza!— la señaló con un dedo acusatorio.
—¿¡Así es como tratas a una dama!? ¿¡Ni siquiera piensas darme una mano!?— Le exclamó desde el suelo con lágrimas de cocodrilo.
Decidió tragarse sus palabras y le extendió la mano.
— Ahí tienes, levántate.
Nene abrió los ojos.
¿Qué era lo que veía frente a ella?
¿Un ángel?
¿Un ángel muy obediente y chillón?
Había demasiada luz, no podía ver bien su rostro. También las lágrimas le nublaban la vista...
Sus ojos son expresivamente claros...— Notó en un suspiro—. ¿o es el sol haciéndolos dorados? Parecen derretirse..
¿Y por qué era tan alto?— estiró el cuello para verlo.
¿Era porque estaba despatarrada en el suelo?— miró hacia su regazo.
Extendió los dedos imperceptiblemente.
—Gracias...— Murmuró.
Él sólo asintió, y el flequillo le rozó la nariz. Nene miraba de nuevo.
Su cabello era...
¿Rojo?
¿Naranja?
¿Era la luz del sol, verdad?
¿O era así de malditamente bello y brillante siempre?
Por fin se levantó, y con su silueta de espaldas a la ventana, tapó la luz que residía en él. Abrió los ojos en asombro, viéndolo mejor.
¡Madre mía! ¡La luz le dá de lleno en el pelo... ¡largo!— Un pensamiento se le había escapado a Amane con la acción de ella. Para nada sentía debilidad por el cabello largo.
Un halo brillante adornaba la silueta de Nene.
Amane se acomplejó.
¿Pero qué cosas estoy pensando?
¿Es porque estoy en la sala de poesía, cierto?
Ni siquiera es tan bonita.— Le quitó importancia viéndola de arriba a abajo, mordiéndose la mejilla.
Bonita....
Negó, como si así pudiera borrar su historial de frases más cursis del siglo.
Lástima eso no llegaba hasta la mente de alguien más...
¡Es muy alto! ¡De verdad, de verdad! ¡No es la perspectiva, ni... posición!— Se sonrojó sin razón ante lo último.
¿Tiene explicación las repentinas ganas de coquetear que sacudieron a Nene en este momento?
Probablemente no.
Pero el latido de su corazón sí tenía explicación: estaba inspirada.
Muy bien Nene, ¡sólo debes agarrarlo del brazo y lo demás fluirá!— Se dijo a sí misma lanzándose hacia delante.
Nuevo objetivo en la mira.
Puso su mejor sonrisa, no muy alegre, quizás un tanto tímida y flaqueante: la combinación perfecta. El teatro perfecto.
Las cortinas ondeantes parecían aplaudirle, y el timbre de las 5:00 p.m parecía una mera melodía romántica. Todo al fondo, desenfocado.
Esas escenas brillantes en cámara lenta, sí existían.
Pero él no reaccionaba en cámara lenta.
Nene enredó sus zapatos a propósito para caer en su pecho.
— Oh my~... ¡qué torpe soy..!— Murmuró contra la tela de su camisa.
—KHGHH— Se sarandeó en cuanto la fémina lo abrazó.
Sin perder tiempo, la agarró por los hombros para apartarla de sí— ¿¡Q-qué haces!?— Soltó descolocado, con los lentes torcidos y empañados.
— Ow.. creo que me torcí el tobillo...— Se agarró con más fuerza a él, tanteando sus hombros.— ¡Y... alguien me dejó plantada esperando..! ¡Qué desdichada me siento!— Movió la cabeza repetidas veces, y sus coletas le rozaron la cara.
Estaba horrorizado.
En cambio Nene, daba saltos y volteretas internas:
¡Paso uno completo!
¡Acercarse naturalmente!
Consiste en inventar una excusa para medir el perímetro (individuo), ¡ y así demostrar lo bien que huele esta chica! ¿Quién no la querría cerca?
El olor a fresas lo tenía loco.
— Suéltame, por favor.— Le agarró las muñecas para aflojar su agarre pertinente.
— No puedo, no puedo, me voy a caer...— Se agarró a su corbata, acercándolos más.— ¡Me lastimé el tobilloooo!— Lloró en su hombro.
— ¡Bien entonces, deja de.. abrazarme y sólo.. sostente de forma... normal!— Las palabras le salían entrecortadas.
— ¿Así?
Amane se estremeció.
Si se le había salido un chillido no sabía. Ni quería saber.
Ella enredó los brazos por su cuello, pasando los dedos por su nuca.
Una sonrisa victoriosa se extendió por sus mejillas, sin poder ocultarlo.
— ¿Po...podrías alejarte?— Dijo el más alto, ya sin voz.
¿Está...llorando?
—¿Eh?— soltó la chica en voz alta.
— Que me sueltes, carajo.— Endureció la expresión, arrugando la nariz. Pero sus ojos eran vidriosos.
—Pop.
Nene no se contuvo y le dió un toque en la punta de la nariz.
Se sintió un poquito mal por su estado.
— Eres gracioso.— Le halagó un poco fuera de su burbuja teatral. Es extraño que no haya caído ya... Se lamentó.
—¡Esto no es gracioso!— La empujó y se levantó las gafas torpemente con las manos; limpiándose las lágrimas.
¡Está... llorando! —Pareció reaccionar ella por fin, con la boca abierta. Cual pez.
Su corazón dió un tumbo grande contra su pecho.
Hizo llorar a... ¡un chico!
Sonrió de verdad. Tanto que se sintió extraño para sus mejillas acostumbradas a la falsedad del romance.
—¡Deja de sonreír así, rara!— Y lo demás sólo fue el golpe metálico de las puertas, y pasos escándalos por los pasillos. Un alma traumada huyendo de su eterno martirio.
Ella se quedó de pie ahí con su desorden de persona.
Lo sacó de quicio.
—Me encanta.
Y su corazón latió más que nunca.
